La niñera virgen - Jessa James - E-Book

La niñera virgen E-Book

Jessa James

0,0
3,99 €

oder
-100%
Sammeln Sie Punkte in unserem Gutscheinprogramm und kaufen Sie E-Books und Hörbücher mit bis zu 100% Rabatt.

Mehr erfahren.
Beschreibung

Érase una vez, un momento en que no sabía lo que quería...
Luego conocí a Mary, la joven niñera de mi sobrina. No actuaba, ni hablaba ni parecía inocente. Casi sin notarlo, en el espacio entre un latido y otro, dejé de preocuparme por la diferencia de edad. Como soy un poco mayor, sé cómo hacerme cargo de Mary, de la forma en que debe hacerlo un verdadero hombre. Mary es hermosa, inteligente y me provoca…

Es hora de hacerla mía.

¡Esta es una novela de romance independiente, una lectura rápida con un final feliz y sin engaños! ¿Te gusta instantáneo? ¿Te gusta disfrutar de algo dulce y excitante? Si te gustan los romances rápidos y calientes, con un macho alfa, dominante y posesivo, que sabe exactamente a quién quiere y cómo despertar el lado salvaje… entonces este libro es para ti .

Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:

EPUB

Veröffentlichungsjahr: 2018

Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



La niñera virgen

El pacto de las vírgenes, Libro 2

Jessa James

Índice

Hoja informativa

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Epílogo

Otras Obras de Jessa James

Also by Jessa James

Hoja informativa

Acerca del Autor

La niñera virgen: Copyright © 2017 Por Jessa James

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico, digital o mecánico incluyendo, pero no limitado a fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de almacenamiento de datos y sistema de recuperación sin el permiso expreso y escrito de la autora.

Publicado por Jessa James

James, Jessa

La niñera virgen

Diseño de portada copyright 2020 por Jessa James, Autora

Imágenes/Crédito de la foto: Deposit Photos: alla.foto-alla.ru; karandaev

Hoja informativa

Forma parte de mi lista de envío para ser de los primeros en saber sobre nuevas entregas, libros gratuitos, precios especiales, y otros regalos de nuestros autores.

http://ksapublishers.com/s/c4

1

Gabe

Ni siquiera había pasado por la puerta del frente de la casa de mi mejor amigo y mi pene ya estaba duro. No era por él, obviamente. No fue solo Greg quien respondió a la puerta, con él estaban dos mujeres jóvenes. Una era su nuevo amor, Jane, y aunque era bonita, era su amiga quien me hizo sentir como un jovencito que acababa de ver tetas por primera vez. Mary no solo capturaba mi atención, también la de mi pene.

Cuando Greg me dijo que tenía a alguien en mente para hacer de niñera de Ashley, mi sobrina, esperaba una adolescente socialmente rara que hubiera salido mal parada de la pubertad. ¿No eran así como se interpretaban las niñeras en películas, siempre con gafas, flequillos y una frente llena de granos?  

La miré a Mary, de pie a cabeza. Sí, tenía flequillo, pero sus ojos color esmeralda estaban libres de gafas y cada pulgada de su hermosa piel lucía perfecta. Ni siquiera parecía que estuviera usando maquillaje. Aunque ella era muy sutil, atraía la atención. Atrajo la mía.

Parpadeé un par de veces y miré instantáneamente esas tetas de copa D. No quise hacerlo, pero me estaban apuntando. Cuando alcé la mirada, pude ver que la sonrisa de Mary se convirtió ligeramente en una sonrisa traviesa. Como yo era bueno “leyendo” a las personas, percibí que le gustaba la forma en que la miraba por cómo reaccionaba ante mis ojos puestos en ella. Debía comportarme, lo sabía, pero no podía controlar el impulso de comérmela con los ojos, aunque verdaderamente lo que más deseaba era tocarla, besarla y saborear esa piel cremosa, provocándole un rubor en sus mejillas mientras la hacía gemir de necesidad, al llenarla con mi pene. Quería ver cómo sus curvas se balanceaban mientras la penetraba duro y hasta el fondo. Dios, estaba jodido y ni siquiera había pasado el umbral de la puerta.

Era un animal por pensar en ella de esa forma, pero no podía evitarlo: era hermosa, con su cara oval y sus pómulos altos… y sus piernas delgadas y sexys, su trasero redondo. Su cabello era largo y oscuro, casi negro y enmarcaba su cara perfecta, con sus labios rosados y ojos verdes que brillaban con inocencia y deseo al mismo tiempo. Mirarla hacía que mi cuerpo estuviera en alerta máxima y mi pene se pusiera duro. Esta era una mujer a la que podía enseñar, proteger y disfrutar completamente al introducirla en el mundo del sexo, del calor y del placer que dejan a uno sin aliento. No tenía duda de que ella era inocente. Puede que hubiera follado con algún chico de secundaria, de su edad, pero no había duda de que ella no había estado con un hombre. De la mayoría de las mujeres que me gustaban, siempre tenía que escoger entre inocente o sexy. No podía tener ambas. ¿Pero con Mary? Ella era perfecta, era las dos cosas a la vez . Y la deseaba.

Sin embargo, era algo estúpido. Tenía dieciocho. Era la mejor amiga de Jane. La maldita niñera. Y así de rápido me sentí como un idiota. Un verdadero imbécil, pero esto era amor a primera vista o una mierda parecida porque no podía evitar pensar que ella iba a ser mía. Mary era mía, solo que no lo sabía todavía.

—Hey, amigo, ¿estás bien? —Las palabras de Greg me trajeron de vuelta a la Tierra.

—Sí. —Me recuperé fácilmente de mi sueño. —¿Así que tú eres Mary?

Nuestros ojos mantuvieron el contacto, mis ojos azules con sus ojos verdes. Ella me miraba con su labio inferior como haciendo pucheros, y sus brazos estaban cruzados, uno encima del otro, justo debajo de sus senos. Con el apoyo adicional de sus brazos, su escote era más pronunciado al igual que su sonrisa. No sabía a dónde mirar.

—Encantada de conocerte…

—Gabe. —Fue mi respuesta y estiré mi brazo para darle un apretón de manos.

—Eso es muy formal —respondió Mary. Avanzó un paso, dos pasos, se me acercó, abrió sus brazos y me abrazó. Yo estaba demasiado sorprendido para abrazarla, demasiado sorprendido por el contacto de sus senos en mi pecho.

—¿No me digas que abrazas a tus maestros de esa forma? —le pregunté con un tono bromista. Cuando se alejó, me levantó una ceja y giró para mirar a Greg. Él enseñaba educación cívica y gobierno en la escuela privada para chicas que estaba cerca de aquí y Mary había sido su estudiante. Acababa de graduarse y quería ganar algo de dinero antes de comenzar la universidad en el otoño. Yo estaba buscando una niñera.

Mi hermana había tomado un empleo de seis meses en Medio Oriente y y le había prometido que cuidaría a Ashley, su hija de dos años. Sin embargo, yo también necesitaba trabajar. Al ser un arquitecto, los sitios de construcción no eran el mejor lugar para llevar a una niña pequeña. Cuando miré a Mary, no pude evitar pensar que el cielo me la había enviado. No solo lucía como un ángel, ella era uno. No sabría qué hacer sin una niñera. Amaba a mi sobrina, pero no podía estar con ella las veinticuatro horas, los siete días de la semana. Además, tampoco tenía ningún instinto materno.

—¿Alguien tiene hambre? ¡Yo estoy hambrienta! —exclamó Jane. Greg encontró a su mitad con ella y por la mirada satisfecha que tenía, él la había puesto donde más quería: debajo de él. O quizás en su regazo o en sus manos y rodillas. No estaba interesado en Jane y mis pensamientos se desviaban a imaginar a Mary en esas posiciones. Conmigo.

—¿Greg te hizo cansar? ¿Por eso tienes tanta hambre? —le dijo Mary en tono burlón y yo me atoré. Sí, estaba pensando lo mismo, ¿pero esas palabras salieron de la dulce Mary?

Miré a Jane y luego a Greg y pude notar que las mejillas de Jane comenzaron a sonrojarse. Ese era el tipo de mierda con que le bromeaba siempre a Greg y era por eso que éramos amigos. Que Mary se uniera a la broma hizo que fuera el doble de interesante. Esperaba poder hacerla sonrojar de esa forma.

No podía evitar mirar a esta chica… o mejor dicho, mujer. Mujer, a eso me refería. Para un par de chicas de dieciocho años, Mary y Jane lucían muy maduras, ya crecidas, de una forma extremadamente buena. Sus ropas eran ajustadas, destacaban sus pechos alegres y traseros firmes, pero Mary me noqueaba totalmente con su gran sonrisa que hacía que mi pene temblara. Algo que no era bueno, no ahora. No en frente de Greg, aunque un hombre que no las mirara era probablemente gay. Con razón Greg había enloquecido por Jane.

Cuando me dijo por primera vez que estaba caliente por una chica de dieciocho años, yo comencé a lanzarle mierda. Greg era guapo y sabía cómo trabajar su barba. Era un abogado, o lo sería una vez que pasara su examen. Era un buen candidato. Las mujeres de su edad se lucían para él, pero según Greg, había algo en Jane, algo que lo hizo meterse en una relación comprometida. La última vez que había hablado con él me había comentado lo del matrimonio, algo que me parecía una locura. Él no se lo había pedido a Jane todavía, pero ella prácticamente se había mudado con él. Su familia, por lo general, se la pasaba viajando por el mundo, así que dedicar su tiempo a Greg le pareció a Jane que era una buena alternativa. Y si yo tuviera una mujer así en mi cama cada noche...