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Cuando Gabriel García Márquez recibió en 1982 el Premio Nobel de Literatura abrió su discurso con un homenaje dedicado a Antonio Pigafetta y a su «libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy». Este libro relata la expedición, financiada por la Corona de Castilla, de las cinco naves al mando del portugués Magallanes, que, el 10 de agosto de 1519, partía de Sevilla con el fin de buscar el camino más corto hasta las "islas de las Especias". Tres años más tarde, el 8 de septiembre de 1522, y al mando del vasco Juan Sebastián Elcano, arribaba al puerto de Sevilla la nave Victoria, con sólo dieciocho hombres, «los más flacos y destrozados que podía ser». Si bien hubo algún beneficio económico, por encima de todo se había dado por primera vez la vuelta al mundo y se iniciaba una nueva era en la comunicación hacia el oeste. Pigafetta, embarcado sólo por afán de fama, con voluntad de escribir un libro que contase «todas las cosas pasadas día a día durante nuestro viaje» (no pocas ni poco accidentadas), dio fin a su intento y legó a la posteridad la relación de este viaje extraordinario.
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Seitenzahl: 352
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Antonio Pigafetta
La primera vuelta al mundo
Relación de la expedición de Magallanes y Elcano
Introducción, traducción y notas de Isabel de Riquer
Introducción, por Isabel de Riquer
La ruta de la Especiería
La Raya
Fernando de Magallanes
Elcano
Preparativos del viaje
El viaje en que se dio la primera vuelta al mundo
Después de la primera vuelta al mundo
Antonio Pigafetta
Las Relaciones de viajes: historia, ciencia y literatura
La Relación de Pigafetta
Antonio Pigafetta, explorador de lenguas
Los gestos
Los regalos
Otras Relaciones de la primera vuelta al mundo
Manuscritos y primeras ediciones impresas del libro de Pigafetta
Traducciones españolas
Ediciones italianas modernas consultadas
Aspectos lingüísticos
El nuevo mundo de Pigafetta
LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO
Dedicatoria al Gran Maestre de Rodas [1-4]
I. DESDE SEVILLA AL ESTRECHO DE MAGALLANES
Durante el año 1519
Preparativos [5-6]
Lunes, 10 de agosto de 1519
Zarpan las naves de Magallanes [7-8]
Martes, 20 de septiembre de 1519
Islas Canarias. Tenerife [9-10]
Lunes, 3 de octubre de 1519
Islas de Cabo Verde. Sierra Leona. El Ecuador [11-12]
Fuego de Santelmo [13]
Pájaros raros [14]
29 de noviembre de 1519
En el Verzín [Brasil] [15-16]
13 de diciembre de 1519
Río de Janeiro. Intercambios con los indígenas
Costumbres de los brasileños
Canibalismo [17-19]
Evangelización [20]
Algunas palabras de los habitantes del Verzín [22]
27 de diciembre de 1519
Río de la Plata [23]
Bahía de los Patos [24]
Enero de 1520
31 de marzo de 1520
Puerto San Julián [Argentina] [25]
19 de mayo de 1520
La Patagonia [26-28]
Junio de 1520
Costumbres de los patagones [29-30]
Julio de 1520
Complot contra Magallanes [31]
Naufragio de la Santiago [32]
24 de agosto de 1520
Río de Santa Cruz [33]
21 de octubre de 1520
Cabo de las Once Mil Vírgenes [Argentina] [34]
El estrecho de Magallanes [35-36]
24 de octubre de 1520
Tierra de fuego [36]
El río de las Sardinas [Chile] [37]
Búsqueda de la San Antonio
El estrecho más bello del mundo [38]
Peces voladores
Vocabulario de los gigantes patagones [39-40]
II. DE LA SALIDA DEL ESTRECHO HASTA LA MUERTE DE FERNANDO DE MAGALLANES
Miércoles, 28 de noviembre de 1520
Hambre [41]
24 de enero de 1521
En el mar Pacífico. Las islas Desafortunadas [42-43]
En el polo Antártico. La Cruz del Sur [44]
13 de febrero de 1521
El Ecuador [45]
Miércoles, 6 de marzo de 1521
La isla de los Ladrones [46-47]
Costumbres de los isleños [48-49]
Sábado, 16 de marzo de 1521
En Samar [islas Filipinas] [50]
Lunes, 18 de marzo de 1521
En la isla de Humumu [Homonhon] (o de Suluan) [51]
Los cocos [52]
La Aguada de las Buenas Señales [53]
Archipiélago de San Lázaro
Viernes, 22 de marzo de 1521 [54]
Costumbres de los pueblos cafres
Lunes Santo, 25 de marzo de 1521
Pigafetta a punto de ahogarse [55]
Jueves Santo, 28 de marzo de 1521
En Butuán [Mindanao] [56]
Viernes Santo, 29 de marzo de 1521
El esclavo intérprete [57]
Amistad con el rey de Butuán [58]
Banquete real [59-60]
La isla del rey de Butuán [61]
Domingo de Pascua, 31 de marzo de 1521
Pascua en Butuán [62]
La catequesis de Magallanes [63-66]
1-4 de abril de 1521
Oro [67]
Costumbres [68-69]
Domingo, 7 de abril de 1521
En la isla de Zubu [Cebú] [70-71]
Lunes, 8 de abril de 1521
Tratados de paz [72]
Martes, 9 de abril de 1521 [73]
Catequesis de Magallanes [74-76]
Pigafetta huésped del rey de Cebú, rajá Humabon [77]
Concierto de gongs [78]
Miércoles, 10 de abril de 1521 [79]
Costumbres de esta isla [80]
Viernes, 12 de abril de 1521
Intercambios [81-82]
Domingo, 14 de abril de 1521
Bautizos en masa [83-84]
Bautizo de las reinas y sus damas [85-87]
Tratados de paz y regalos [88]
El milagro de Magallanes [89-90]
La ceremonia de la bendición del cerdo [91]
Costumbres sexuales [92-93]
Ceremonias fúnebres [94]
Viernes, 26 de abril de 1521
La batalla de Mactán [96]
Sábado, 27 de abril de 1521
Muerte de Magallanes [97-101]
Traición del intérprete Enrique [102]
Miércoles, primero de mayo de 1521
El banquete del rey de Cebú [103-104]
Vocabulario de estos pueblo gentiles [105]
III. POR LAS ISLAS DE INDONESIA HACIA EL MALUCO
Isla de Bohol [106]
En Mindanao [106-109]
Junio de 1521
En Burne [Borneo] [110]
Isla de Pulaoan [Palawan] [111]
Costumbres de los indígenas [112-113]
9 de julio de 1521
El lujo del rajá Siripada [114]
15 de julio de 1521
Intercambio de regalos [115]
16 de julio de 1521
Paseos en elefante [117-119]
El rajá Siripada [120]
Lunes, 29 de julio de 1521
Astucias de Juan Carvalho [121-122]
Agosto de 1521
Costumbres y productos de Borneo [123-124]
Religión [125]
Productos de la isla [126-127]
15 de agosto de 1521
Isla de Cinbonbón [128]
27 de septiembre de 1521 [129]
Una historia de perlas [130]
Octubre de 1521
En Cavit y Subanin [Cavite y Subanon, Filipinas] [131]
La canela [131-132]
El menú de «los peludos» [132-133]
Sábado, 26 de octubre de 1521
En Sarangani [134]
28 de octubre de 1521 [135]
Miércoles, 6 de noviembre de 1521
El Maluco [136]
Viernes, 8 de noviembre de 1521
Isla de Tadore [Tidore]. El sultán al-Mansur [137-139]
Domingo, 10 de noviembre de 1521
Un sultán curioso [140-141]
Muerte de Francisco Serrano [142]
La princesa parricida
Lunes, 11 de noviembre de 1521 [143]
Costumbres de los indígenas de Ternate [144]
Isla de Jilolo [Halmahera] [145]
Martes, 12 de noviembre de 1521
Intercambios comerciales [146-147]
Miércoles, 13 de noviembre de 1521 [148-149]
Visita de Pedro Afonso de Lorosa [150]
Viernes, 15 de noviembre de 1521 [151]
Sábado, 16 de noviembre de 1521
El rajá Jusuf [152]
Domingo, 17 de noviembre de 1521 [153]
El árbol del clavo [154]
La nuez moscada [155]
Costumbres de los indonesios [155-156]
Domingo por la noche, 24 de noviembre de 1521 [157-158]
Martes, 26 de noviembre de 1521
Amistad con el rey de Tidore [159-160]
Miércoles, 27 de noviembre de 1521 [161-163]
Domingo, primero de diciembre de 1521
Últimas compras [164-168]
Domingo, 8 de diciembre de 1521
Despedidas [169-173]
Domingo, 15 de diciembre de 1521
Boda en Bacan [174]
Lunes, 16 de diciembre de 1521 [175]
Martes, 17 de diciembre de 1521
Despedidas [176]
Las aves del Paraíso
Peculiar costumbre del rey de Bacan
Brujerías [177]
El jengibre
Miércoles, 18 de diciembre de 1521
Vía de agua en la Trinidad [178]
Viernes, 20 de diciembre de 1521 [179]
Sábado, 21 de diciembre de 1521
Partida de la Victoria [180]
Productos del Maluco [181-182]
Vocabulario de estos pueblos moros [183]
IV. ELCANO REGRESA A SEVILLA
Archipiélago de Sulach [Sulu] [184]
Isla de Buru [185-187]
10 de enero de 1522
Isla de Alor [187]
La pimienta [188]
Arucheto [189]
Sábado y domingo, 25 y 26 de enero de 1522
En Timor [Indonesia] [190-191]
El sándalo [192-194]
Costumbres funerarias y sexuales de Java [195]
La isla de las Mujeres
El pájaro garuda [196]
Febrero de 1522
En Siam y Camboya [197]
El ruibarbo
Lo que se contaba de la China [198]
El almizcle [199]
Martes por la noche, 11 de febrero de 1522
Salida de Timor. En el Océano Índico [201]
Castas de la India
El cabo de Buena Esperanza [202]
6 de mayo de 1522
Junio de 1522
Cadáveres arrojados por la borda [203]
Miércoles o jueves, 9 de julio de 1522
Islas de Cabo Verde. São Tiago [204]
Se había ganado un día
Traición de los portugueses
6 de septiembre de 1522
La vuelta completa al mundo [205]
Lunes, 8 de septiembre de 1522
Llegada a Sevilla de la Victoria [206]
Martes, 9 de septiembre de 1522
La promesa a Santa María [207]
Visitas de Pigafetta ofreciendo su libro [208]
Itinerario de la primera vuelta al mundo*
Créditos
Mapa de la expedición de Magallanes y Elcano, 1519-1522
Ante el rey de Suecia y la familia real, la Academia Sueca, los premiados aquel año y los embajadores de todo el mundo, Gabriel García Márquez recibió el 8 de diciembre de 1982 el Premio Nobel de Literatura. Abrió su discurso con un homenaje dedicado a Antonio Pigafetta y a su «libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy».
Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos.
En el año 1518 el navegante Francisco Serrano escribió a Fernando de Magallanes «Ven al Maluco, Magallanes, amigo mío, si quieres hacerte rico en poco tiempo»1. La invitación a viajar a las islas de las Especias era tentadora2.
La respuesta la llevaron cinco naves, con casi trescientos hombres dentro, al mando del Capitán General Fernando de Magallanes que zarparon de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Al cabo de tres años, el 8 de septiembre de 1522, sólo regresó al muelle sevillano la nave Victoria con dieciocho hombres «los más flacos y destrozados que podía ser»3,gobernada por Juan Sebastián Elcano, sin Magallanes. De la ruta y del comercio de las especias, que habían impulsado el viaje, casi no se habló al principio porque se había dado por primera vez la vuelta al mundo navegando siempre hacia el oeste.
Este excepcional viaje tuvo también un cronista excepcional: Antonio Pigafetta, natural de Vicenza (al nordeste de Italia), que se enroló en una de las cinco naves de la armada de Magallanes. Pigafetta no viajaba como descubridor, mercader, navegante o misionero. Lector voraz de libros de viaje, el vicentino había buscado importantes influencias para embarcarse y conocer tierras nuevas con el propósito de hacerse famoso como lo habían sido y lo estaban siendo en aquellos momentos los hombres que habían tomado parte en los viajes de descubrimiento: «decidí [...] ir a ver aquellas cosas que me pudieran satisfacer y, al mismo tiempo, hacerme con un nombre que llegase a la posteridad» [2] y escribir un libro que contase «todas las cosas pasadas día a día durante nuestro viaje» [208].
La ruta de la Especiería
La expedición que emprendió Magallanes tenía un objetivo muy concreto: encontrar el camino más corto para llegar al Maluco, a las islas de las Especias.
La canela, el clavo, la nuez moscada, el jengibre, el sándalo, el ámbar o el almizcle, todos estos sabores y olores se tenían en gran aprecio, incluso, a veces, más que la seda o las perlas; no eran sólo un lujo en la mesa de los grandes señores sino también una necesidad para cualquier alimento. Algunas de estas especias sólo daban, y no es poco, nuevos y sabrosos gustos a las viandas, pero otras poseían propiedades medicinales que avivaban la mente, calmaban el dolor o eran potentes afrodisíacos. El deseo de tenerlas y de saborearlas se acrecentaba al saber que venían de muy lejos, y en su recolección y manipulación circulaban toda una serie de leyendas pues se discutía si eran mejores las de tal isla o en aquella otra se preparaban mejor o si estaban más en su punto las que habían llegado por mar que las que lo habían hecho por tierra. Aunque el precio era muy bajo en su origen, el viaje desde las lejanas islas a las cocinas o boticas europeas era tan largo y complicado que las encarecía muchísimo, y su valor se elevaba considerablemente al pasar por una docena de intermediarios y de impuestos diferentes.
Desde las islas ecuatoriales, los nativos las transportaban en sus barcas a la India por el Océano Índico, atravesando el mar Rojo y remontando el Nilo hasta Egipto, desde cuyo puerto se vendían a los mercaderes europeos. Las caravanas que hacían su itinerario por tierra atravesaban el Asia central, aprovechando la ruta de la seda. Los italianos tenían el monopolio y los importadores y distribuidores más importantes eran las ciudades de Venecia, Génova y Amalfi. De allí se repartían por toda Europa hasta lugares lejanos como Moscú o Noruega. Si los árabes cerraban el paso a los barcos se tomaba la ruta alternativa de Asia menor, Turquía y Grecia. Las dos grandes potencias coloniales de aquellos tiempos, España (mejor dicho Castilla) y Portugal, rivalizaban en la búsqueda de una nueva ruta de las especias para traerlas directamente. Cristóbal Colón intuyó que el camino más corto era por occidente, pero el gran navegante no llegó hasta estas islas tan buscadas, sino a las de Centroamérica. Muerta Isabel la Católica, durante la regencia del cardenal Cisneros los intereses primordiales de los españoles se dirigieron a la evangelización del norte de África por lo que se interrumpieron los proyectos de la búsqueda de un paso para llegar a las islas de la Especiería.
Tras otras tentativas y avances, en 1498, el portugués Vasco de Gama llegó a Calicut y a Goa, en la costa Malabar al suroeste de la India, que eran importantes mercados de especias, y de allí regresó con un cargamento que compensó con creces los gastos de la expedición. A pesar de los intentos por parte de Venecia de boicotear el comercio entre Portugal y sus enclaves asiáticos, el primer virrey de la India, Alfonso de Albuquerque, extendió el dominio portugués por toda la costa sureste de la India en 1511. Con la finalidad de establecer contacto directo con los vendedores de las islas de la Especiería, zarpó de Lisboa, una expedición organizada por él mismo, al mando de Antonio de Abreu, en cuya tripulación iban dos experimentados pilotos: Francisco Serrano y Fernando de Magallanes, que llegaron allí en 1512.
La Raya
La repartición de las tierras descubiertas y de las que estaban aún por descubrir fue motivo de litigio durante muchos años entre Castilla y Portugal.
Tras intentos anteriores, los Reyes Católicos, para afirmar la soberanía castellana sobre los territorios recién descubiertos por Colón, solicitaron, en 1493, ayuda al papa Alejandro VI (el valenciano Rodrigo Borja) con el que tenían una larga relación de favores mutuos. El papa, tras fijar mediante una raya vertical (la Raya, a Raia en portugués) el meridiano divisorio, estableció que pertenecerían a la corona de Castilla las tierras y mares al oeste del meridiano situado a 100 leguas al oeste de las Azores y Cabo Verde y las que estaban al este (África, parte del Brasil y las Indias orientales) para Portugal. Ambas naciones podían tener derecho de paso. El rey Juan II de Portugal protestó, por lo que reunidos en Tordesillas el 7 de junio de 1494, veinticuatro personalidades entre astrónomos, marinos y políticos, portugueses y españoles, que representaban a los reyes de Castilla y Aragón y al de Portugal, se llevó a cabo un nuevo reparto, algo más favorable a Portugal que el anterior, acordando que el meridiano que había de separar la influencia de los dos países se situaría a 370 leguas al oeste de Cabo Verde, reconociendo como pertenecientes a la esfera de influencia de Portugal las tierras y mares situados al este de dicha línea.
La modificación de la línea de demarcación que dividía el mundo entre España y Portugal dio origen al Brasil, cuya extremidad oriental quedó situada dentro de la zona portuguesa. Este documento es esencial para comprender la historia de América y las relaciones económicas y culturales entre América y Europa. Es una referencia importante no sólo en lo que concierne a la historia del Océano Atlántico, sino también para la memoria del mundo, ya que permitió el encuentro de continentes y civilizaciones separados por mares ignotos. Este tratado de partición oceánica presentaba la gran novedad de que por primera vez se establecía una frontera que dividía tanto el mar como la tierra, a la vez que una nueva concepción de división territorial que determinará la actual configuración de América del Sur4.
Según la Raya, las Molucas pertenecían a España, pues estaban en occidente: así se lo escribe Magallanes al rey Carlos V cuando ya ha embarcado.
Fernando de Magallanes
El portugués Fernão de Magalhães, Fernando o Hernando de Magallanes en español, nació en 1480 en Sabrosa, al norte de Portugal, dentro de una familia noble. Desde muy joven estuvo vinculado a la corte portuguesa al servicio de Doña Leonor, esposa de Juan II y después al del príncipe Don Manuel; allí adquirió formación militar y náutica. Eran los años de las grandes expediciones comerciales de Portugal por el Atlántico y en la corte portuguesa no se hablaba de otra cosa. Bartolomé Dias había conseguido en 1487 doblar el cabo de Las Tormentas (Buena Esperanza), con lo que quedaba abierta la ruta hacia Asia por mar. En 1505 Magallanes fue admitido en una gran expedición de veinte naves que, a las órdenes de Francisco Almeida, navegó por las costas de África doblando el cabo de Buena Esperanza hasta llegar a la costa Malabar.
En la expedición de Albuquerque de 1511, ya aludida, las tormentas y penalidades impidieron llegar a Magallanes a las Molucas y se quedó en Malaca; por el contrario, Francisco Serrano llegó y se estableció en la isla de Ternate con una doble función de agente comercial portugués y consejero principal del soberano isleño; no se trataba, pues, de una ocupación sino de un enclave mercantil. Y como a Serrano le fueron tan bien sus asuntos, al cabo de unos años escribió la famosa carta a su amigo Magallanes invitándole a reunirse con él, insinuándole además que las islas de la Especiería, por su lejanía respecto a las costas de Malaca, estaban dentro de la demarcación española.
De vuelta a Portugal, Magallanes se trasladó al norte de África en donde participó en varios enfrentamientos con los musulmanes de las costas marroquíes, en uno de los cuales resultó herido dejándole la secuela de una ligera cojera. En estos asuntos africanos Magallanes tuvo una actitud valerosa en los combates pero soberbia e independiente con sus superiores, como otras veces ya había demostrado. En 1512 o 1513 pidió la licencia obteniendo una modesta pensión nada adecuada a su categoría, nobleza y servicios prestados. Solicitó un aumento que la corte portuguesa rechazó, como también le denegaron un cargo oficial en Asia.
En la corte portuguesa Magallanes había hecho amistad con el astrónomo y navegante Ruy de Faleiro al que le unían las mismas ambiciones exploratorias; juntos habían consultado ciertas cartas de navegación que les permitieron creer en la existencia en América del Sur de un paso que les llevaría por una nueva ruta a las Molucas. Tras estudiar con precisión las longitudes meridianas ambos creyeron que este archipiélago, por su lejanía respecto a las costas de Malaca, pertenecía a España. Les ayudaba a precisar estos datos un mapa, que se conservaba en la corte del rey de Portugal, confeccionado por un cartógrafo de Nuremberg, Martín de Bohemia, o Behaim, [34]5 que había ya intuido la existencia de un estrecho; si así fuera también quedaría demostrada definitivamente la esfericidad de la Tierra, que desde hacía siglos astrónomos y geógrafos creían firmemente. Pero la corte portuguesa no aceptó financiar una nueva expedición de este tipo, quizá porque sospechaban que las Molucas podían encontrarse en la parte del hemisferio asignada a España por el Tratado de Tordesillas de 1494.
El descubrimiento del Pacífico en la expedición de Balboa de 1513, al que llamaron Mar del Sur, había reavivado el interés de la Corona española por la búsqueda de un paso entre los dos océanos. Juan Díaz de Solís había recorrido la costa atlántica suramericana hasta el Río de la Plata, en donde murió a manos de los indígenas en 1516.
Magallanes, renunciando a la ciudadanía portuguesa, se hizo súbdito de Carlos V en 1517. Mientras estaba en Sevilla organizando el viaje, se hospedó en casa de Diogo Barbosa, un portugués que también se había exiliado y que era entonces alcaide de los Alcázares y Atarazanas de Sevilla y caballero de la Orden de Santiago; Magallanes se casó con su hija Beatriz. Un mercader de Burgos, Juan de Aranda, y otros comerciantes notables financiaron parte de la empresa pues hacía años que les interesaba, poniendo en marcha un sistema de financiación que se consolidó. Colaborando el capital público (la Corona) y el privado (los mercaderes castellanos) se pudo recuperar con intereses la inversión. El 28 de marzo de 1518 el rey Carlos en las Capitulaciones de Valladolid estipuló el número de naves y de tripulantes, las condiciones del viaje, los pertrechos, los estipendios y recompensas de la tripulación y ordenaba no explorar los territorios de su tío el rey de Portugal; de este modo declinaba cualquier responsabilidad política en el caso que las Molucas estuvieran en la zona que pertenecía a Portugal. Magallanes y Ruy Faleiro serían los capitanes generales de la flota y el primero de ellos estaría al mando de la Trinidad. Poco antes de iniciarse la navegación Ruy Faleiro, que tuvo varios enfrentamientos con Magallanes, predijo que la expedición sería un desastre y no embarcó. Tomó su lugar el astrónomo Andrés de San Martín, de Sevilla, que murió en el trágico banquete de Cebú [103].
Elcano
Juan Sebastián Elcano (Delcano, del Cano). Poco se sabe de este gran navegante, nacido en Guetaria en 1486 o 1487. Desde muy joven se había enrolado en barcos pesqueros y comerciales con lo que adquirió gran experiencia marinera. Hacia 1509 tomó parte en la expedición militar contra Argel, dirigida por el cardenal Cisneros. Posteriormente, estuvo en Italia, esta vez a las órdenes del Gran Capitán. Y en 1519 se alistó en la expedición de Magallanes. Su experiencia de hombre de mar le valió un cargo relativamente importante; fue nombrado maestre (segundo de a bordo) de la nao Concepción que mandaba Gaspar de Quesada, que, por ser este uno de los implicados en el motín de Puerto San Julián, fue acusado de alta traición y abandonado en la Patagonia. «El Capitán General no lo quiso matar porque el emperador Carlos lo había nombrado Capitán» [31].
Después de la muerte de Magallanes, y tras el fracaso a causa de los capitanes elegidos [102-103], gracias a la pericia de Elcano, las dos naves que quedaban lograron salir del laberinto de islas del archipiélago filipino y llegar al Maluco. Allí fueron informados de que los portugueses iban en su busca y, tras hacer rápidamente provechosos intercambios comerciales, se acordó que la Victoria, en mejor estado que la Trinidad, iniciara el camino de regreso a España. Si la paternidad y la gloria de haber encontrado el estrecho que une el Océano Atlántico con el Pacífico nadie se la puede negar a Magallanes, después de su muerte quien figura como responsable de todo lo ocurrido, tratos comerciales ventajosos con los indígenas, salir de la maraña de las islas del archipiélago filipino y poner rumbo a las Molucas, escapar de los portugueses y llegar a España con importantes ganancias es Juan Sebastián Elcano.
Aquel mismo año 1522, Juan Sebastián Elcano fue llamado por Carlos V, ansioso por conocer el viaje. Elcano fue a Valladolid acompañado de «dos personas de las que han venido con vos, las más cuerdas y las de mejor razón», como le había escrito el emperador. Los acompañantes de Elcano fueron el piloto Francisco Albo y el barbero de la Concepción Hernando de Bustamante6: la mala relación, la antipatía personal, que hubo durante todo el viaje entre Elcano y Pigafetta se hizo evidente.
Tras salir bien parado de una investigación sobre el viaje en la que declararon algunos testigos, Carlos V asignó a Elcano una renta vitalicia de 500 ducados de oro, un título nobiliario y un blasón heráldico que lleva en la cimera el globo terráqueo y la divisa Primus circumdedisti me, «Fuiste el primero que me rodeó». El Archivo Histórico de Euskadi dio a conocer, en 2017, una carta de Elcano al rey Carlos I de España, con las demandas por su proeza. El documento es interesante por ser el único manuscrito escrito a mano por el propio navegante, y que da bastante información sobre su personalidad (entre otras curiosidades, tutea al rey). También se incluye la respuesta del rey, que poco le concedió de lo pedido, excepto una generosa pensión.
Elcano fue comisionado por el emperador para decidir con los representantes del rey de Portugal la pertenencia de las Molucas. El encuentro tuvo lugar en Elvas (Portugal) y en Badajoz en 1524, pero no se llegó a ningún acuerdo debido a la dificultad de calcular exactamente las coordenadas geográficas y establecer definitivamente si el archipiélago estaba en la zona que pertenecía a Portugal o a España. Elcano, al que estas tareas burocráticas le fastidiaban y sólo deseaba echarse a la mar, fue nombrado guía y piloto mayor de la expedición de Francisco García Jofre de Loaisa que partió de La Coruña con rumbo a las Molucas, a través del estrecho de Magallanes, el 24 de julio de 1525. Estaba formada por siete naves y cuatrocientos cincuenta hombres, algunos de ellos supervivientes del viaje magallánico. Elcano gobernaba la Santa María de la Victoria, nombre que debió hacerle recordar, si es que le hacía falta, las emociones y triunfos más importantes de su vida; y allí en la nave y en pleno Océano Pacífico ante las costas de Malasia, el 6 de agosto de 1526 murió, a causa del escorbuto, Juan Sebastián Elcano, uno de los pocos y gloriosos capitanes supervivientes de la primera vuelta al mundo. El Buque Escuela de la Armada Española lleva su nombre, Juan Sebastián Elcano, en honor a su destacado papel en la primera circunnavegación de la Tierra.
Preparativos del viaje
En el Archivo General de las Indias de Sevilla se conserva el registro, nave por nave, de la tripulación de los tres navíos, con los nombres y la función que tenía cada uno de los hombres durante el viaje, la paga, el nombre de los padres y el de los eventuales herederos. El número de tripulantes difiere según la información que se maneje: según el Archivo General de Indias el decreto real da orden de partida a 235 hombres, Navarrete dice que 265, Pigafetta 237 [7] y otros cronistas varían un poco estas cifras. También pudiera ser que en las Canarias o en otros lugares se incorporase algún marinero. Un 64% de la tripulación era española (sevillanos y vascos sobre todo), 26 hombres eran italianos (genoveses y sicilianos), 25 portugueses, 19 franceses, y los demás entre alemanes, bretones, holandeses, griegos, irlandeses, moros y un inglés que murió durante la travesía. Los historiadores Maximiliano de Transilvania y Pedro Mártir de Anglería, miembros los dos de la corte de Carlos V, escribieron, y lo repite López de Gómara, que los marineros de estas naves debían ser tan dignos de alabanza como lo fueron los Argonautas. Junto al nombre de estos navegantes hay alguna identificación muy simple, como negro, el sordo, morisco, de Francia, hijo de Cristóbal, etc.; no iba a bordo ninguna mujer [8].
Los capitanes españoles más importantes de la expedición, que eran parientes o íntimos amigos del arzobispo Fonseca, cuyo interés en la expedición fue decisivo para que la aprobase Carlos V, se enfrentaron a Magallanes desde el principio del viaje, cuestionándole la ruta que tomaba, desobedeciendo varias veces sus órdenes y provocando un motín en Puerto San Julián que fue duramente castigado por el Capitán General [31]; según Pigafetta, el motivo fue porque Magallanes «era portugués y ellos españoles» [5]. Por su parte Magallanes enroló a su cuñado Duarte Barbosa7, a su hijo natural Cristóbal Rebelo, a sus primos Álvaro de Mesquita y Martín de Magallanes y a su esclavo Enrique8 que le serviría de intérprete.
Las instrucciones que dictó el rey de España para el viaje tienen 74 apartados en los que se prescribe, entre otras cosas, no sobrecargar las naves y tratar a los indígenas con bondad y justicia, prohibía los juegos de azar, las obscenidades y las blasfemias; se establecía el valor de la quintalada y las normas a seguir respecto a la navegación, etc. La flota transportaba un gran número de piezas de artillería: 62 culebrinas, 10 falconetes, 3 bombardas gruesas, 50 arcabuces y decenas de ballestas y de escopetas, todo con su correspondiente munición; también, lanzas, picas, chuzos, espadas, dardos y toda clase de útiles para reparar las armas; así como armamento defensivo en gran cantidad: coseletes, petos, rodelas, capacetes, etc. La expedición costó 8.751.125 maravedíes y fue financiada principalmente por el monarca y los mercaderes de Burgos.
Magallanes hizo testamento en Sevilla que firmó como «Hernando de Magallanes, Comendador de la Orden de Santiago y Capitán General de la Armada de las Molucas de Su Majestad Imperial». Entre otras disposiciones concedía la libertad y 10.000 maravedíes a su esclavo Enrique9.
El viaje en que se dio la primera vuelta al mundo10
Al embarcar, los capitanes de las cinco naves eran españoles al mando todos de Magallanes que gobernaba la Trinidad, Luis de Mendoza la Victoria, Juan Serrano la Santiago, Gaspar de Quesada la Concepción y Juan de Cartagena la San Antonio. La expedición partió de Sevilla, por el Guadalquivir, el 10 de agosto de 1519 y no salió a mar abierto hasta un mes después desde Sanlúcar de Barrameda, el 20 de septiembre [7-8].
Tras una primera parada en Tenerife para cargar provisiones, agua y leña [9], la flota, siguiendo la costa occidental de África hasta el promontorio de Sierra Leona, tomó la ruta hacia el oeste y llegó el 29 de noviembre, ya en el Brasil, al cabo de San Agustín (cabo Branco)11, y el 13 de diciembre entró en la Bahía de Río de Janeiro [15]. Siguiendo hacia el sur, a finales de enero de 1520 se encontraron en el Río de la Plata, donde en 1516 los caníbales habían matado y se habían comido a Juan Díaz de Solís y a sus hombres tres años antes [23]. Recorrieron la corriente del río esperando que fuera el ansiado estrecho. América del Sur tenía una silueta más alargada que lo que creía Magallanes, pero confiando en el mapa de Martín de Bohemia, que tampoco resultó exacto, decidió continuar, hasta llegar, el 31 de marzo, a un puerto que bautizaron con el nombre de Puerto San Julián (al sur de Argentina). Allí pasaron el crudo invierno austral y establecieron el primer contacto con los indios patagones con los que trabaron relaciones amistosas [25]; algunos de los capitanes y tripulantes españoles se amotinaron contra Magallanes, por lo que fueron severamente castigados y se les redujo la ración de víveres [31]; pasaron hambre y penalidades, y la nave Santiago encalló y se hundió el 3 de mayo [33]. Después de cinco meses invernando, las naves de Magallanes, bordeando el cabo de las Once Mil Vírgenes de dos en dos, se adentraron el 21 de octubre en un estrecho serpenteante y enrevesado [35] que se extiende por el archipiélago de Tierra de Fuego desde el cabo Vírgenes y el cabo Espíritu Santo, al este, hasta el cabo Pilar, en la isla Desolación, al oeste, describiendo una amplia curva. Tiene 538 km de longitud y una anchura variable de 3 a 30 km y las fuertes corrientes y las tormentas son frecuentes. Aprovechando que las naves estaban separadas explorando los canales de la bahía en busca del paso, el piloto de la San Antonio, el portugués Esteban Gomes, dio media vuelta y puso rumbo a España con el pretexto de que las instrucciones ordenaban comunicar al rey la existencia del paso antes de continuar el viaje [36]12. Esta nave llegó a Sevilla el 6 de mayo de 1521 y sus tripulantes fueron arrestados. Unos días antes del 21 de octubre el jefe de los artilleros, Roldán de Argote, subiéndose a un monte en el cabo Deseado (cabo Pilar) avistó el Océano. Después de 38 días de navegar por el estrecho hasta lograr atravesarlo, la Trinidad y la Victoria entraron en el Océano Pacífico por el que navegaron durante tres meses y veinte días casi sin provisiones, enfermando a causa del escorbuto y muriendo muchos de los tripulantes [41]). Sólo divisaron dos islas deshabitadas a las que llamaron islas Desafortunadas [42]. Como experto navegante, Magallanes tomó el rumbo hacia el norte siguiendo la costa de Sudamérica y luego, navegando siempre hacia el oeste, en busca de los vientos alisios para llegar al Maluco. El rumbo que eligió fue el mejor y sigue siendo el mismo que recomiendan las cartas de EE. UU. para navegar desde el cabo de Hornos hasta Hawai. El 6 de marzo llegaron a las islas de los Ladrones (las actuales Marianas, llamadas así desde 1668 en homenaje a Mariana de Austria, viuda del rey Felipe IV y regente de España) [46-49], habitadas por indígenas chamorros, y de allí a un archipiélago, en donde llegaron el 16 de marzo de 1521 [50], que Magallanes llamó de San Lázaro y que son las actuales Filipinas [53]. El esclavo de Magallanes, Enrique, hizo de intérprete con los reyes de las numerosas islas que visitaron para hacer los tratos comerciales [56 y ss.]. Durante aquellos meses Magallanes catequizó a los isleños y, con sutiles pero duras coacciones, logró que se bautizaran reyes, reinas y centenares de indígenas de la isla de Cebú [81 y ss.]. Magallanes, entusiasmado por sus éxitos de navegante, mercader y misionero, pretendía hacer de la isla de Cebú, con tantas especias y con la población ya cristiana y súbdita del rey de España, una especie de protectorado, por lo que alternaba los elogios y regalos con demostraciones de artillería que aterrorizaban a los indígenas [83; 84], los incendios de los poblados que no querían hacerse cristianos [86] y la destrucción de sus ídolos [89].
El 27 de abril de 1521, Magallanes y ocho miembros de la expedición, después de un duro combate intentando ayudar a los nativos de Mactán contra un cacique13, fueron muertos en la playa de la isla [98]. Fueron elegidos sucesores de Magallanes Duarte Barbosa y Juan Serrano14 y, más tarde, Gonzalo Gómez de Espinosa y Juan Sebastián Elcano [102]. El 1 de mayo parte de la tripulación fue invitada por el rey Humabón de Cebú a un banquete, en el transcurso del cual fueron atacados y murieron veinticuatro hombres, entre ellos Duarte Barbosa, Juan Serrano, Andrés de Sevilla, uno de los capellanes, y otros hombres notables [103]. Según Pigafetta, en la traición intervino el esclavo intérprete de Magallanes, Enrique, y, quizá, insinúa Pigafetta, también Juan Carvalho [102-103]. Los supervivientes quemaron la Concepción casi destruida por la carcoma [106], y, con tan sólo dos naves, reemprendieron el viaje, casi a ciegas, dando vueltas entre Filipinas e Indonesia, añadiéndose la dificultad de encontrar pilotos que supieran la ruta. A través del mar de Sulu llegaron a Mindanao y a Borneo [110 y ss.] y a otras islas en donde hicieron sustanciosos intercambios comerciales, admiraron las riquezas de algunos reyes y tuvieron algunos enfrentamientos, hasta alcanzar ¡por fin! el archipiélago de las Molucas el 6 de noviembre de 1521 [136]. Allí comerciaron con el clavo, la nuez moscada, el sándalo y el jengibre, y, también allí, supieron por el portugués Pedro Afonso de Lorosa que el rey de Portugal había enviado naves en su busca para impedirles el tráfico de especias [150]. Dejaron allí la Trinidad a causa de una avería [178] y, una vez reparada, se acordó que se dirigiese al Pacífico por el norte, pero todos los esfuerzos fueron vanos y regresó al Maluco en donde sus tripulantes fueron hechos prisioneros por los portugueses. El 21 de diciembre la nave Victoria partió de Tidore al mando de Juan Sebastián Elcano y guiada por dos pilotos indígenas que contrataron. Iba cargada de especias, con cuarenta tripulantes y trece indonesios, tomando una ruta diferente a la habitual (que era el Océano Índico a través del mar de Java y el estrecho de Malaca), para no caer en manos de los portugueses [180]. La nueva ruta, hasta ahora desconocida, pasaba por el sur de Java, atravesaba el Índico por el norte y bajaba luego hasta llegar al cabo de Buena Esperanza [202]. Por fin, el 22 de mayo entraron en el Océano Atlántico. En una de las islas de Cabo Verde se enteraron de que habían ganado un día15, y, una vez reabastecidos, zarparon rápidamente de allí porque los portugueses querían capturarlos [204]. La nave Victoria con sólo 18 hombres a bordo llegó a Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522 y a Sevilla dos días después. Traía tratados de paz con muchos de los reyes de las islas con las que se había hecho comercio, un buen cargamento de especias, cuya venta cubrió todos los gastos de la expedición, y se había dado «por primera vez la vuelta completa al mundo, de levante a poniente» [205].
Empezó ahora para los supervivientes la ardua tarea de hacerse pagar los atrasos y los porcentajes, cosa que muy pocos consiguieron. Rodrigo, el hijo de Magallanes, había muerto en septiembre de 1521 y Beatriz, su mujer, en marzo de 1522.
Después de la primera vuelta al mundo
Los resultados científicos del viaje fueron importantísimos: el descubrimiento del estrecho de Magallanes, del Océano Pacífico, del archipiélago de las Filipinas y que el nuevo mundo era un gran continente, estaban, quizá, entre los más importantes. A partir de entonces fue incuestionable que la Tierra era redonda y que las zonas tropicales y las antípodas estaban habitadas. También cambiaron los conocimientos acerca de la proporción entre agua y tierra, pues, en contra de lo que se creía, la superficie del mar era muchísimo mayor que la de las tierras que emergían.
Las consecuencias políticas también fueron notables. Cuando los portugueses tuvieron noticia de la expedición de Magallanes decidieron trasformar su presencia pacífica en las Molucas en ocupación militar. Empezaron queriendo eliminar a los españoles de las naves magallánicas que se habían quedado allí, cosa que no pudieron, pues, cuando Antonio de Brito llegó con esta misión en 1522, los españoles ya se habían ido. Portugal se quedó con el monopolio del clavo, y las guerras con los indígenas de las Molucas y con los de las islas de Banda se hicieron frecuentes.
Desde el punto de vista financiero, a pesar de las apariencias, el resultado no fue nada malo sino que los gastos quedaron cubiertos y aún quedó un buen margen de ganancias gracias a los 23.556 kilos de clavo que transportaba la Victoria que fueron vendidos por 7.888.634 maravedíes, mientras que la canela, la nuez moscada y el macis fueron vendidos por casi 65.000 maravedíes.
Como las ciudades del norte de Europa eran las más interesadas en la adquisición de especias, en 1522, Carlos V instaló en La Coruña una Casa de Contratación de la Especiería cuyo administrador fue Cristóbal de Haro y que funcionaba con independencia de la Casa de Contratación sevillana. Por el Tratado de Zaragoza, ya aludido, desapareció esta sede coruñesa con el fin de limitar el monopolio sevillano en el comercio de las especias.
La ruta de las especias inaugurada por Magallanes era demasiado larga, difícil y costosa; además, los portugueses, aliados con algunos reyes de aquellas islas, como el de Ternate, castigaban duramente a los españoles. Era preciso buscar otras rutas y buscar otros pasos que no fueran el estrecho, y que, naturalmente, ni Esteban Gomes en 1523 ni Sebastián Caboto en 1526, ni años más tarde otras expediciones, encontraron. Además, lo que ahora iba llegando del nuevo mundo era algo más sólido y menos efímero que las olorosas y sabrosas especias: Cortés trajo de México oro y plata y más tarde los preciosos metales llegaban del Perú. Carlos V se había casado con Isabel de Portugal el 10 de marzo de 1526 y las presiones diplomáticas lograron que la Corona española, a cambio de 350.000 ducados de oro, no financiara más expediciones a las Molucas. Algunos navegantes españoles que volvieron a las Molucas fueron asesinados por los indios papúa, como en la expedición de Grijalva de 1536, que fue quien rebautizó el archipiélago de San Lázaro como islas Filipinas en honor a Felipe II; y otros tuvieron que desistir, como Villalobos en 1542, hasta que se decidió la conquista directa de las Filipinas. La expedición militar, que partió de México el 31 de noviembre de 1564 bajo el mando de Andrés de Urdaneta (que había acompañado a Elcano en 1525), conquistó Cebú que se convirtió en la capital de los dominios españoles hasta que en 1571 pasó a serlo Manila. En este viaje se encontró finalmente la ruta de regreso «corta», que iba desde Manila a Acapulco y que se conoció con el nombre de «ruta de poniente» o Tornaviaje.
Antonio Pigafetta
No se conoce mucho acerca de Pigafetta. Nació en Vicenza a finales de 1492 o a principios de 1493. Gracias a las buenas relaciones que tenía con el obispo Francesco Chieragati, que en diciembre de 1519 estaba en España como nuncio del papa León X16, nuestro escritor logró embarcarse en Sevilla en la nave Trinidad. En la Relación de los tripulantes de las naves magallánicas conservada en el Archivo General de las Indias de Sevilla, Pigafetta aparece dos veces, como «Antonio Lombardo» en la lista de Sobresalientes(hombres de armas que en caso de necesidad reemplazaban a otro) y como «Antonio Lombardo, criado del dicho capitán [Magallanes], natural de Viçancio que es en Lombardia, hijo de Juan y de Anzola su muger, [que] ha de aver de sueldo a mil maravedís por mes». Desde la muerte de Magallanes hasta su regreso a España no sabemos si desempeñó alguna misión concreta, pero nos dice en su relato que le fueron encomendadas algunas misiones diplomáticas. Aunque Pigafetta no era el escribano oficial de la expedición escribió lo que sucedió en aquel extraordinario viaje.
Al regresar a España, Pigafetta entregó a Carlos V «no oro ni plata, sino algo que sería más apreciado por tal señor, [...] le ofrecí un libro, escrito por mis propias manos, que narraba todas las cosas pasadas día a día durante nuestro viaje» [208]. Asistió también a esta audiencia el secretario particular del monarca, Maximiliano de Transilvania, que, en una carta del 21 de octubre de 1522, explicó el viaje al cardenal de Salzburgo. Esta carta se publicó en latín en 1523, con el título De Moluccis Insulis difundiendo por toda Europa el viaje magallánico. Por lo que escribe Pigafetta, a continuación de la entrevista regia, «Me fui de allí lo antes que pude» [208], parece que en España no fue acogido con entusiasmo ni consideración, ni tampoco recibió ningún tipo de recompensa honorífica como obtuvieron Elcano y otros supervivientes17. Pigafetta se dirigió luego al rey de Portugal, Juan III, al que explicó «todo lo que había visto» [208], sin hacer otro comentario. Magallanes era ya considerado en Portugal como un traidor y a Pigafetta, quizá, no le gustó lo que debió oír en la corte. Después visitó a M.ª Luisa de Saboya, madre de Francisco I y regente de Francia entonces, a la que «le ofrecí [...] algunos regalos del otro hemisferio» [208], quizá fue uno de los pájaros disecados que le había dado el rey de Bacan para el emperador Carlos [176]. Una gradación de regalos muy interesante, e interesada, pues la primera vuelta al mundo ha sido una empresa española y el rey de España debe ser el depositario y el primer lector del libro como objeto material y también como memoria de haber dado la vuelta al mundo.
