La psicóloga del Born - Noelia Arrotea - E-Book

La psicóloga del Born E-Book

Noèlia Arrotea

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Beschreibung

Novela negra mediterránea Un alegato feroz contra la doble moral tan nuestra, con humor, identificada en el sexo menos convencional, las relaciones personales y los abusos de poder. Este primer caso retrata como el sector del cava catalán, que en otro tiempo era símbolo de éxito, identidad y orgullo industrial, ha ido perdiendo el alma y el control ante los grandes grupos empresariales y las presiones del mercado global. Con la entrada de capitales extranjeros, las cooperativas y los pequeños productores quedaron relegados. Lo que antes era una expresión de la tierra y del trabajo artesano hoy es una marca desarraigada, vacía de significado y sometida a la lógica del beneficio. La historia es también, una metáfora de cómo la economía catalana, el país e incluso su identidad colectiva, se ha vendido a pedazos substituyendo el orgullo y la calidad por volumen y rentabilidad. Una elegía sobre la pérdida –del nombre, de la esencia y del sentido de aquello que antes hacía diferente a Cataluña. Este primer caso retrata como el sector del cava catalán, que en otro tiempo era símbolo de éxito, identidad y orgullo industrial, ha ido perdiendo el alma y el control ante los grandes grupos empresariales y las presiones del mercado global. Con la entrada de capitales extranjeros, las cooperativas y los pequeños productores quedaron relegados. Lo que antes era una expresión de la tierra y del trabajo artesano hoy es una marca desarraigada, vacía de significado y sometida a la lógica del beneficio. La historia es también, una metáfora de cómo la economía catalana, el país e incluso su identidad colectiva, se ha vendido a pedazos substituyendo el orgullo y la calidad por volumen y rentabilidad. Una elegía sobre la pérdida –del nombre, de la esencia y del sentido de aquello que antes hacía diferente a Cataluña. Pablo Odell

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Seitenzahl: 243

Veröffentlichungsjahr: 2026

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PSIBORN ①

LA PSICÓLOGA DEL BORN

Noelia Arrotea

Créditos

Título original: Quan en dèiem cava

© Noelia Arrotea, 2025

© De esta edición: Pensódromo SL, 2026

Traducción del catalán: Noelia Arrotea

Diseño de cubierta: Pensódromo

Editor: Pablo Odell — [email protected]

Esta obra se publica bajo el sello Pedra de Llamp

ISBN ebook: 979-13-87970-24-6

ISBN print: 979-13-87970-23-9

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

ÍNDICE

Prólogo del editor

Introducción

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Epílogo

Prólogo del editor

Dice Noelia, la psicóloga del Born, que lo que empezó concibiendo como un ensayo psicológico acabó cuajando en forma de narración humorística, identificada con el sexo menos convencional, las relaciones profesionales y los abusos de poder, con la voluntad de convertirse en un alegato feroz contra nuestra doble moral.

Elige el género negro como instrumento: un imaginario lleno de matices y de personajes de moral relativa, simplemente porque su talante encaja con su denuncia. La adscripción a la novela negra no sigue el camino de los autores nórdicos —por ejemplo—, donde todo es oscuridad, frío y tramas enrevesadas, sino que se manifiesta en una línea profundamente mediterránea: un reflejo catalán del género que quisiera compartir estantería con los casos del comisario Kostas Jaritos, del escritor griego Petros Márkaris.

Los casos de la psicóloga del Born se acercan al lector aplicando a la narrativa un ritmo de acción constante, loco e irreflexivo, dentro de una montaña

rusa de acontecimientos que, en realidad, pretende hacernos pensar. Evita la dicotomía clásica entre personajes buenos y malos: aquí nadie es trigo limpio, no hay ninguno bueno y, en cuanto percibe que está siendo demasiado condescendiente con alguno de ellos, lo corrige enseguida. Sin embargo, por muy forros que sean los protagonistas, los crea con la oculta intención de que resulten queridos. Si lo consigue o no, deberá alumbrarlo la lectura.

La ciudad de Barcelona se presenta también como un personaje más. La inmigración procedente del resto de España ha sido sustituida por filipinos, paquistaníes, magrebíes o sudamericanos, como la argentina Noelia Arrotea.

Una buena mentirosa no miente siempre; un editor, tampoco. En lo que respecta a la condición autobiográfica de los hechos narrados, la autora admite que todo tiene una base real, y que encontraremos algunas escenas cambiadas de lugar o tiempo, o adjudicadas a un protagonista distinto. Como guía de uso, señala que cuanto más inverosímil sea una situación, más se ajusta a la realidad. Cada caso tiene una trama corta en torno a una institución catalana, un tótem diferente para cada volumen, que permite leerlo de manera individual y sin ningún orden establecido. Pero también se filtra una trama larga que excede el marco de un libro concreto.

La conexión se produce cuando alguien vinculado a los eventos del caso visita, como paciente, la consulta de la terapeuta Gestalt argentina, la Dra. Noelia Arrotea, la psicóloga del Born, @psiborn en Twitter. Ella tendrá que tirar del ovillo, mal asesorada por su recepcionista Sensat, y con el apoyo ocasional de una serie de amantes habituales en la agenda de quien se define como una mujer sexualmente activa: un conocido músico gitano de rumba catalana, el vigilante ucraniano de un club de cannabis en Ciutat Vella y su compañero de piso —un travesti—, un repartidor de cerveza Moritz…

Toda la serie PsiBorn, de la cual este es su primer caso, es un homenaje por imitación —el mejor elogio— al escritor Manuel Vázquez Montalbán y su serie sobre el detective Carvalho, de la que Noelia se confiesa lectora incondicional y PsiBorn, su digna heredera. Se ha desplazado el centro de gravedad desde el viejo y pintoresco Raval de Carvalho —prostíbulos, droga— hasta otro barrio de Ciutat Vella, el Born, que ha ganado dinamismo y se ha convertido en el escaparate internacional de Barcelona. ¿Cómo sería actualmente Pepe Carvalho? Hoy se expresaría en catalán. La elección de esta lengua ya es, en sí misma, una forma de decir muchas cosas. El feminismo se impone: el macho alfa con pistola en la axila y navaja escondida en el tobillo deja paso a una mujer. Los detectives llenos de dudas existenciales quedan atrás, desplazados por una profesional con estudios universitarios.

El Carvalho del siglo XXI es la psicóloga del Born. Bienvenida al universo de la ficción.

Pablo Odell, diciembre 2025

Introducción

Hay más historia que geografíaen una botella de vino.

Jean Kressman, de Chateâu Latour-Martillac

En el mundo del teatro, encontramos la llamada «contrafigura», que pasa por el fondo del escenario imitando al protagonista de la obra, situado en primer término. En nuestra Cataluña iconoclasta, los grandes tótems no solo pueden ser tachados de contrafiguras, imitaciones o meros reflejos, sino que sirven para calificar a quien lo es. Lo contaba muy bien Vicente Blasco Ibáñez: «Existe en Cataluña un fabricante de champán español llamado Codorníu y, aunque su vino espumoso no es malo, los europeos burlones se mofan al compararlo con el champán legítimo, haciendo de este producto un símbolo de todo lo que no pasa de ser una imitación más o menos grotesca». A un escritor mediocre lo tachaban de Víctor Hugo Codorníu, un mal general era un Napoleón Codorníu y al gran protector de la empresa, Alfonso XIII, se le conocía como el Kaiser Codorníu.

Los dos gigantes del sector del cava pudieron compaginar la cualidad de institución intocable en el imaginario catalán con su real vinculación al gran poder económico y político español, hasta que Cataluña decidió enfrentarse con España y los españoles pasaron cuentas con ellos como símbolos de catalanidad. Catalán malgré lui. La mala gestión, marcada por la soberbia dinástica y su sesgo político ultraconservador, les hizo pasar de los históricos beneficios astronómicos en un mercado interno protegido por las dictaduras a arrostrar pérdidas y deudas que la prenda de activos inmobiliarios —las joyas de la abuela— no conseguían enjuagar. La venta forzada por las circunstancias de Codorníu y Freixenet a empresarios estadounidenses y alemanes es la última humillación que estos incompetentes apátridas se han tenido que comer. Se acabaron las páginas de papel couché donde la presidenta mostraba su casa llena de lujos; los bautizos con el padrino ofreciendo cava en cucharita de plata al bebé, frente a la sonrisa meliflua del cura obsecuente; las hordas de primos mal avenidos manoteando a diestro y siniestro por los despachos de la empresa familiar. Su asistencia a los actos de la prelatura del Opus Dei en Torreciudad, las mujeres con la cabeza cubierta por una pudorosa mantilla negra, ya no tendrá ningún tipo de trascendencia; tampoco los encuentros espirituales en la torre de Castelldaura, en Premià de Dalt. A la Obra, consciente de la decadencia, ya solo le interesa heredar algo cuando se mueran. En el Consejo Asesor Internacional del IESE, donde antes les chupaban las medias, ya no quieren saber nada de ellos; quizás les dejarán continuar cuatro días más en el Senado del Círculo Ecuestre, bajo la cruel y compasiva mirada de los demás miembros.

En el ámbito internacional es donde las carencias de gestión se han hecho patentes: un pozo sin fondo en el que vertían lo peor de cada casa. A la bodega de Mendoza enviaban al primo más boludo; California aún era peor: iba el más gil, que se consideraba brillante porque hablaba inglés. Este era el que volvía a casa con ínfulas de administrador moderno, para acabar de arrasar la empresa después de haber dejado en Estados Unidos un agujero de proporciones bíblicas. Cuando la falta de dividendos entra por la puerta, el espíritu familiar sale por la ventana: empezaron a pelear con cuchillos afilados. Codorníu y Freixenet presentaban demandas recíprocas en los juzgados, denunciando las trampas que unos y otros efectivamente cometían contra las absurdas normas del Consejo Regulador del Cava, una institución que ellos mismos dominaban. Normas que los limitaban pero que no los protegían ni favorecían remotamente el producto. Una Denominación de Origen que no correspondía a un espacio geográfico —algo nunca visto—, sino a un sistema de producción que, además, resultaba contraproducente para la viabilidad del negocio. En el método champenoise o tradicional, obligatorio si quieres designar un espumoso como cava, la segunda fermentación se produce en la botella; mientras que, en el sistema Charmat, mayoritario en el resto del mundo, la segunda fermentación tiene lugar en un tanque presurizado. No tiene ningún sentido verte forzado a utilizar el método champenoise, mucho más caro y lento que el Charmat, para acabar vendiendo las botellas a precios muy bajos como marca blanca en los supermercados. La estulticia del Consejo Regulador permitió engendros como el cava extremeño, promovido después por la catalanofobia más rancia, para poder justificar el uso de uva proveniente de otras regiones, pensando en abaratar las compras en contra de los intereses de los campesinos locales, que ofrecían un producto de mayor calidad.

Por último, estas familias, marcadas por su actuación en la Guerra Civil y la represión que siguió, y por sus vínculos históricos e ideológicos con la España más oscura, fueron incapaces de abanderar la catalanidad del producto cuando los mercados internacionales más demandaban este tipo de diferenciación cualitativa.

La novela negra mediterránea que aquí presento se subleva contra la doble moral de las estirpes terratenientes ausentes, auténticos señoritos catalanes que dirigían el negocio desde un despacho de Barcelona y el Club de Polo. Para no limitarme en la narración, los fusiono en una única familia literaria: los Sadurní, de las cavas Sadurní, de Sant Sadurní d’Anoia. Sin embargo, no cuesta mucho identificar en el personaje Estevet —que ha desarrollado su carrera en Estados Unidos— un posible alter ego de Xavier Pagès, el último miembro del clan Raventós que dirigió Codorníu, hundiéndola. Sin menospreciar el sufrimiento de las familias despedidas este mismo año, en una sociedad rural sometida de forma casi feudal, no puedo evitar lanzar mi crítica desde el humor e ilustrarla con escenas de sexo no convencional.

Actualmente, los actores con mejor criterio —los verdaderos protagonistas del Alt Penedés: Llopart, Nadal, Gramona, Torelló, etc.— reniegan de las contrafiguras otrora omnipotentes, estableciendo una verdadera Denominación de Origen: Corpinnat, en busca de la calidad que es la base de un negocio saneado, pagando precios justos a los viticultores y poniendo su alma en cada botella.

Capítulo 1

Por una cabeza, metejón de un día, de aquella coqueta y risueña mujer.

Carlos Gardel, tango «Por una cabeza».

La calle de Can Sadurní serpentea por las afueras del pueblo, camino de Masquefa, con los riscos de Montserrat bien dibujados sobre el horizonte y muy cerca del río Anoia, que atraviesa la finca dibujando largos meandros. El hecho de que la empresa esté ubicada en una calle que lleva el nombre de sus propietarios, pone de manifiesto la importancia de la familia Sadurní en la historia de la comarca.

Ya hace casi una hora que Sebastià Montagut pastorea las visitas arriba y abajo, por las bodegas de la principal compañía cavista del Penedès. Es el primer rebaño de turistas del día, visita en inglés, experiencia inolvidable que comenzó a las diez de la mañana. Hoy recibe un grupo numeroso de americanos bastante fáciles de contentar, sudorosos y de buen humor, entusiasmados con todas las pelotudeces que les explica el guía más experimentado de las viejas Cavas Sadurní S.A. Nacido en el pueblo de noche, pero no anoche, es hombre de numerosas vendimias, tiene larga experiencia en pasear a los huéspedes.

No es un laburo complicado, ya que los visitantes quedan entregados nada más iniciarse el recorrido, admirando la fachada modernista del edificio principal. Lástima que no sea obra del gran Gaudí, una pregunta que siempre le hacen, el bisabuelo Sadurní fue osado en sus emprendimientos, pero no tuvo suficiente visión a la hora de elegir arquitecto. Sin embargo, de tal palo tal astilla, se les informa a los turistas durante el audiovisual que Puig i Cadafalch era de la misma escuela arquitectónica que el maestro, prácticamente su ayudante. Los americanos son cándidos en primera instancia, incluso se han comido sin objeciones las fabulaciones habituales sobre la historia de la familia Sadurní. Invenciones románticas asegurando que la empresa se originó hace siglos, que es una de las más antiguas de Europa, solamente posterior a algunas grandes casas tradicionales japonesas.

Sadurní es la empresa familiar más antigua de España, con más de 450 años de experiencia en el mundo del cava. En el curso de esta visita, los asistentes tendrán oportunidad de conocer la tradición de Sadurní y los espacios más emblemáticos de la bodega. El recorrido nos conduce por la Catedral del Cava, obra del arquitecto modernista Puig i Cadafalch. Esta edificación, declarada Patrimonio Histórico Artístico Nacional en 1976, simboliza la alianza entre la naturaleza y el trabajo del hombre. También, las cavas subterráneas. Desde que en 1872 Josep Sadurní Raventós elaboró cava por primera vez en España, los espumosos de Sadurní realizan la segunda fermentación y crianza en estas bodegas.

Esta innovación vinculó el nombre de Sadurní en la historia del cava e instauró una industria completamente nueva en la región.

En realidad, en el siglo XVI, lo único que había en estas tierras era un pobre labrador mugriento y muerto de hambre, que fertilizaba el viñedo con sus propias heces. La compañía como la conocemos se inició en serio a finales del siglo XIX, del mismo modo que la mayoría de las empresas familiares catalanas, copiando sin ningún pudor lo que funcionaba con éxito en el extranjero. Y, sobre todo, franeleando bien a los Borbones, para que los designaran proveedores oficiales de la casa real española. Ahora, todo indica que esta jaula de las locas en que se ha convertido la sociedad dejará de ser propiedad de la familia Sadurní en breve. Será entonces cuando la Junta de Accionistas, formada por un grupo abigarrado de casi trescientos primos más o menos lejanos y mal avenidos, apruebe la oferta de compra presentada por el grupo alemán Henkell & Co. Quien ha negociado los términos por parte de los posibles vendedores es el primo más cortito, Estevet Sadurní, nuevo director general y yerno inesperado de Sebastià Montagut, aunque dicho vínculo no sea muy conocido en la empresa.

La iniciativa solo saldrá adelante en el supuesto de que su tío Ricard Pagès, director de operaciones del grupo cavista, no consiga evitarlo. Una tarea para la cual el tío está echando toda la carne en el asador. Ayer, el personal de la bodega comentaba y mejoraba la noticia, los amos habían discutido a voces en las oficinas de Esplugues de Llobregat, a la vista de todo el mundo. Eso no sería una gran novedad; en otras ocasiones se han tocado la cara, de no ser porque Ricard, poco después, llegó a tener una sonora agarrada con su prima Mar. La presidenta y principal accionista del grupo Sadurní siempre había sido intocable en su rol de líder moral y espiritual de la familia.

Nuestro guía Sebastià es un republicano de la vieja guardia, su apellido marca mucho en San Sadurní de Noya, no en vano es descendiente de Napoleón Montagut, el último alcalde del pueblo antes del franquismo. Ya le gustaría poder contar libremente a los turistas cómo sucedieron los hechos en realidad, en lo referente a la historia de los Sadurní. Podría encabezar un tipo de tour alternativo, en catalán y dirigido al público local, todos los fines de semana a mediodía. De hecho, por mucho que la venta de la empresa a manos extrañas pueda parecer un anatema, Sadurní S.A. ya dejó de pertenecer a la familia años atrás. Concretamente, desde octubre de 1936 hasta enero de 1939, en plena guerra civil, cuando fue colectivizada por impulso de los sindicatos UGT y CNT.

Pese a llenarse la boca con palabras huecas como transparencia y trazabilidad, los directores no permiten que Sebastià traslade estos detalles a las visitas, esconden sobre todo que la empresa obtuvo unos excelentes resultados económicos cuando fue abandonada a toda prisa por sus accionistas. La familia Sadurní, siempre tan arraigada a su tierra, salió por patas al ver que en Catalunya no triunfaba el golpe de estado militar liderado por el General Franco. Los hermanos Manuel y Magí se escondieron primero en un departamento discreto de Barcelona, donde vivía la amante de Magí, a ver si escampaba rápido y los soldados rebeldes conseguían dar vuelta a la tortilla. Sin embargo, cuando vieron que iba para largo, rajaron con el resto del clan familiar, para evitar que los agarraran. La mamá Montserrat, por entonces presidenta de la empresa, también salió de su escondite y se reencontró con ellos en el puerto de Barcelona, acompañada de los hijos chicos y la retahíla de hijas que había parido como buena cristiana.

A base de sobornos, embarcaron a finales de julio en dirección a Génova, provistos de los correspondientes salvoconductos emitidos por el Gobierno Civil, por el Consulado de Colombia y por la propia Generalitat, que también había recibido su parte. Desde la Italia fascista, la mamá viajó a Londres con su hija María, alojándose ambas en el convento de María Inmaculada de Kensington House. En cuanto a los hermanos Manuel y Magí, previo paso por Friburgo (Suiza), en marzo de 1937 ambos entraron por la frontera de Hendaya, pasando a residir en la ciudad de San Sebastián ya ocupada entonces por las tropas franquistas. La familia Sadurní se llevó al exilio por lo menos una criada: Mariona, que en paz descanse, madre del guía Sebastià que ahora se encarga de las visitas a la bodega.

La Sra. Sadurní, con el objetivo de salvar las joyas de mayor valor, urdió la estrategia de coserlas a la ropa interior de la buena mujer, convencida de que, si los milicianos los detenían en algún control y los registraban antes de subir al barco, dejarían de lado al servicio y se aplicarían a fondo en el cacheo de los miembros de la familia, como así pasó.

Nada más se supo de los jerarcas del Penedès, hasta que las tropas de su amado dictador entraron victoriosas por la avenida Diagonal de Barcelona, dos años y medio más tarde. El encargado de las cavas no tuvo tanta suerte como sus dueños, fue detenido poco después de la revuelta y encarcelado en Murcia. En general, el personal más cercano permaneció fiel a la familia, por un temor reverencial hacia los señores feudales, con derecho de pernada cuando era pertinente. En la mansión de la familia Sadurní, ya quedaba poca cosa cuando llegaron los primeros valientes, ya que el chofer de don Manuel, por iniciativa propia, había retirado todo lo que aún restaba de algún valor y lo había enterrado en el viñedo. En un acto tan simbólico como festivo, los milicianos sacaron sus pistolas y balearon un busto de bronce con la egregia figura de Ricard Sadurní Raventós (1824-1884), que encontraron instalado en la bodega.

En cuanto al palacete de Barcelona, allí las autoridades republicanas actuaron con más presteza, probablemente porque las servidumbres atávicas eran menores. El día 13 de agosto de 1936, a las cinco de la tarde, una patrulla de control de la sección 11 del Poblenou entró en el domicilio particular que la familia Sadurní detentaba en la Gran Via de les Corts Catalanes. Hoy en día ya no les pertenece, primero lo utilizaron como oficinas centrales de la empresa, pero Estevet se lo pulió para hacer caja en cuanto asumió la dirección del grupo empresarial. Treinta y dos millones de euros han cambiado de manos, la cadena Hoteles Catalonia abrió ahí un establecimiento boutique y la tradicional Sadurní S.A. ocupa unas tristes oficinas funcionales en Esplugues de Llobregat, con fuerte olor a clase media. Del palacete del Ensanche, las autoridades republicanas se llevaron en aquel entonces una caja fuerte, que forzaron después con un soplete, en cuyo interior había la llave de la caja de seguridad número 1032 de la Banca Soler y Torra. Una vez abierta, se hizo un riguroso inventario de cuanto contenía: 270 obligaciones de Gas y Electricidad, S.A. de 500 pesetas cada una; 400 de la Generalidad de Cataluña de 500 pesetas; 400 acciones de la Sociedad General de Autobuses de 500 pesetas; 5 hojas de cinco acciones de 2.200 pesetas de Cía de Valencia; 31 acciones de S.A. Cross de 500 pesetas; 200 acciones de deuda amortizable de 50 000 pesetas; 49 bonos de Energía Eléctrica de 500 pesetas; una lámina de deuda amortizable de 25.000 pesetas; cinco láminas de deuda amortizable de 2500 pesetas; una de la Compañía Telefónica de 500 pesetas; además de un juego de cubiertos de plata y joyas de oro con perlas. Nada mal, pero es que el 27 de septiembre, en un segundo registro, todavía se localizaron en el mismo inmueble 850 000 pesetas en valores, documentos y más joyas. Solo en títulos mobiliarios, había allí una fortuna equivalente a 11 398 000 pesetas nominales de la época.

Los Sadurní no comen vidrio, habían previsto un rinconcito, un legado, en bancos suizos de Friburgo, como hacen siempre gobierne quien gobierne, para poder vivir como un duque en el exterior durante los casi tres años que duró la joda. También se dedicaron a financiar con ardor guerrero las campañas del Generalísimo Franco, «caudillo por la gracia de Dios». No perdieron por esperar, se resarcieron con creces en cuanto volvieron a tener la sartén por el mango.

En lo que se refiere a la vertiente económica, el resultado de la brutal represión fascista de los años venideros fue que los Sadurní incrementaron exponencialmente su patrimonio. Eran de los pocos con disponibilidad de capital en el pueblo, iban agarrando todo lo que los pequeños campesinos se veían obligados a malvender en función de las circunstancias, cuando no forzados a punta de pistola. En San Sadurní, todo eran boinas rojas y uniformes azules de Falange, el nuevo régimen sentenciaba a diestro y siniestro, por el solo crimen de pertenecer a la Unió de Rabassaires, una organización campesina de base, el peor enemigo de los grandes propietarios. Si no eran inmediatamente fusilados en el Campo de la Bota, los represaliados regresaban destrozados después de una secuencia trágica de eventos. El castigo incluía largas estancias en campos de concentración tan lejanos como los de Astorga, Cuéllar, Santa María de Oya o Ciudad Rodrigo, seguidas de trabajos forzados construyendo puentes y carreteras, para acabar los más jóvenes viéndose obligados a repetir el servicio militar en el Sáhara, Sidi Ifni, Guinea Española, Ceuta o Melilla.

Al llegar al Penedès, se encontraban sin tierras y debiendo trabajar para los nuevos propietarios, como única alternativa para ganarse el pan. Y ojito, que no salían libres, sino con orden de prisión atenuada o de libertad condicional provisional; cualquier discusión, cualquier falta de respeto hacia los señores naturales del pueblo, e iban presos de nuevo.

Pero, hoy en día, querido Sebastián, vivimos en un mundo globalizado y estos agravios están olvidados. Sí, ya sabemos que pueblo pequeño significa infierno grande, pero cortala con tus viejas anécdotas que no interesan a nadie. Ya no hay vencedores ni vencidos entre nosotros, estamos todos reconciliados, parece mentira que no quieras verlo, republicano resentido.

Tanto es así, que ahora los cavas producidos por los fachos Sadurní reciben boicots por parte de los consumidores en España, porque son vistos, mal vistos, como productos emblemáticos catalanes.

Sebastià explica pausadamente a los turistas que a continuación se montarán en un trencito articulado, abierto de techo, en el que recorrerán los 200 000m2 de cavas del Celler Gran que, puestas en hilera, se extenderían a lo largo de unos 30km.

Como quien va en el tren de la bruja de un parque de atracciones de cuarta categoría, los norteamericanos se encaminan hacia la parte final de la visita, que terminará con una degustación general de vinos y cavas.

Una vez verificado que están todos ya bien alineados en los vagones, cinturones abrochados, comienza el recorrido entre los pupitres de botellas de cava y los muros cóncavos de piedra y ladrillo visto. No es una tarea fácil, nunca falta el tarado que se levanta, filma con el celular, otros alargan la mano para tocar los pupitres inclinados, llenos de botellas, que se encuentran a ambos lados del trayecto. Más vale que tengan cuidado, el techo es bajo, hay poca luz y se podrían llegar a topar con el muro cóncavo de roca si hacen demasiado el gil.

Los directores le tienen muy avisado —guarda que los gringos no se alboroten, no queremos accidentes ni demandas millonarias—. Su hija Mariona ha vivido muchos años en los Estados Unidos, fue en California donde conoció a Estevet, dice que allá te demandan por cualquier cosa. O sea, que el guía debería permanecer atento durante todo el trayecto del tren subterráneo. Sin embargo, todo el mundo agradece la frescura del ambiente, comienzan a relajarse y Sebastià puede descansar un rato, ya le toca, sentado junto al conductor, que tampoco luce demasiado buena cara.

Están un poco perjudicados porque estos días han sido las Ferias del pueblo: ayer se celebró la más sonada de todas, la Fiesta de la Filoxera, que recuerda año tras año la victoria de los campesinos contra dicha plaga. Hubo pregón en la Plaza de la Iglesia, seguida de fuegos artificiales, la exhibición del grupo casteller los «halcones del país del cava» y, ya entrada la noche, el carnaval de verano hasta la madrugada. El guía aprovecha, pues, para cerrar un ratito los ojos, echando una pequeña siesta sin perder la verticalidad ni que lo perciban desde los vagones traseros. Nomás un breve momento de paz, en medio de una jornada que se le hará larga y monótona.

O no. El incidente comienza con un frenazo seco del conductor —qué carajo hacés—, dice que vio algo raro en el costado izquierdo. Desde donde está Sebastià, no se adivina nada, pero el griterío de los yanquis parece algo más que mera indignación por la brusca parada. Una señora obesa con un trasero que son dos es la más alterada. Va repitiendo: A body, a body! A Sebastià, qué remedio, le toca bajar y dar la vuelta por delante del trencito. Efectivamente, la mujer con cara de luna tiene toda la razón: hay un cuerpo tirado en el suelo como si fuera un muñeco, medio escondido entre dos pupitres de botellas. A body, definición perfecta, puesto que se trata de un cuerpo decapitado. Y la cabeza no está. Al menos, por mucho que Sebastià la busque con la mirada, no está por ahí cerca.

Los turistas, pasado un momento inicial de sorpresa, ya se han convencido de que aquello no forma parte de la visita: un golpe de efecto inesperado, un supuesto fantasma de la familia ofreciendo degustación del nuevo lote de cava rosado. En estos momentos están muy asustados, temen por sus vidas.

El conductor parece perder los nervios procurando que nadie se aleje del recorrido del tren, pero conserva la suficiente entereza de carácter como para avisar inmediatamente al director de comunicación y relaciones institucionales, obviamente miembro del clan Sadurní. Mientras tanto, Sebastià logra vencer la natural repugnancia y se acerca al cuerpo. Hay algo familiar en esa mina, aunque no podamos saber qué cara tiene. Porque se trata de una mujer, eso sí que es bien visible. Quizás sea la ropa que lleva puesta, las joyas, no lo sabe a ciencia cierta, pero el caso es que el guía cree reconocer en aquellos restos a la gran dama del cava, doña Mar Sadurní.

Está seguro, es Mar. La conoce bien, de chicos fueron juntos a la escuelita del pueblo. Los Sadurní, en un brillante monumento al fariseísmo, tenían años atrás la costumbre de enviar a sus hijos al colegio municipal de San Sadurní de Noya, aunque solo fuera durante sus primeros años de aprendizaje. De este modo, pretendían fortalecer los vínculos con la comunidad que señoreaban y ser percibidos como parte de un mismo colectivo, junto con sus futuros trabajadores. Si desde siempre había sido este un comportamiento hipócrita, ahora ya no se molestan en seguir guardando las apariencias, ninguno pasa ni remotamente cerca del pueblo. Ya hemos visto que incluso las oficinas centrales de la empresa habían sido trasladadas a Barcelona, no lejos del Círculo Ecuestre, donde pasan la mayor parte del día los directores y el Senado de cuya institución integra la presidenta. A la nueva sede de Esplugues de Llobregat que ha inaugurado Estevet, procuran ir poco, dicen que trabajan desde casa.

La bodega del Penedès queda relegada a breves visitas de inspección con clientes extranjeros, bodas, bautizos y otras ceremonias. También se utiliza para la formalidad de las juntas de accionistas; acá se hicieron siempre, no en vano es el domicilio social de la compañía. Al personal todavía no les han confirmado los detalles sobre la que debe celebrarse el próximo lunes, para discutir la oferta de los alemanes; ya veremos si el nuevo director general saldrá con alguna gansada. Si ya se preveía que fuera movida por el mal ambiente que reina entre los directores, con lo que acaba de suceder lo será aún más.

No hay ni una gota de sangre alrededor del cadáver: no la mataron ahí.

Vuelve a verificar cuidadosamente entre los pupitres de botellas, pero sigue sin encontrar la cabeza por ningún lado. Bien, de hecho, sí que hay una cabeza, justo al lado del cuerpo. Sin embargo, es de mármol blanco y no pertenece a Mar. Se trata de la