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Carter:
Ella es mía. La quiero. La necesito y estoy cansado de esperar.
Emma:
Sólo pienso en él y no puedo esperarlo más. Hoy es la noche. Voy a usar mi virginidad.
Puedo ser un santo, esperando que ella esté lista para lo que le quiero dar. Cuando escuché sin querer que ella va a botar su virginidad con un tipo cualquiera del bar, decidí que ella no va a darle esas suaves curvas y esa boca deliciosa a nadie más.
Después de esta noche, ella nunca volverá a dudar a quién le pertenece. Y cuando esté gritando mi nombre, ella se dará cuenta que estoy preparado para darle mucho más que un simple placer. Yo la quiero por siempre.
La secretaria virgen es una lectura independiente con un felices por siempre, sin finales de intriga y SIN engaños. Si te gustan los chicos malos que saben exactamente lo que quieren, amor instantáneo tan caliente que te mojará las bragas y un garantizado Felices Por Siempre – ¡Haz clic ahora!
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Veröffentlichungsjahr: 2018
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Estreméceme
Acerca del Autor
Derechos de autor
Lip Service: Derechos de autor © 2017 por Jessa James
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico, digital o mecánico incluyendo, pero no limitado a fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de almacenamiento de datos y sistema de recuperación sin el permiso expreso y escrito de la autora.
Publicado por Jessa James
James, Jessa
Lip Service
Diseño de portada derechos de autor 2017 por Jessa James, autora
Imágenes/Crédito de la foto: Stocksy: WAVE
Nota del editor:
Este libro fue escrito para una audiencia adulta. El libro puede contener contenido sexual explicito. Las actividades sexuales incluidas en este libro son fantasías estrictamente destinadas a los adultos y cualquier actividad o riesgo realizado por los personajes ficticios de la historia no son aprobados o alentados por la autora o el editor.
Emma entró en la sala de conferencias, su delicioso trasero moviéndose de lado a lado en esa maldita falda de tubo y yo no lograba despegar mi vista de sus curvas. Ni siquiera cuando mi pene se puso duro como granito debajo de la mesa. Estuve mal por Emma. Mal. Tuve el peor caso de bolas azules imaginable y todo fue por culpa de ella.
Ella llegó a mi oficina hace un año con un brazo lleno de archivos, se presentó como la nueva secretaria de mi hermano Ford y yo casi me vine en mis pantalones en ese momento. Mi hermano es un maldito suertudo. Desde ese primer momento cuando vi sus tetas perfectas marcadas en ese suéter negro ajustado, sus amplias caderas y su trasero perfecto abrazados por unos pantalones largos de lino, lo único que podía pensar es tenerla sobre mi escritorio y hacerla mía.
Pero la compañía tenía una política estricta de no tocar. Diablos, y yo también. Pero RRHH tendría una demanda en sus manos si supieran de todas las formas en que quería follarla para reclamar esas curvas, aunque ella trabajara para Ford en un departamento completamente diferente.
No era sólo su cuerpo lo que me volvía loco y hacía que mi pene estuviera duro constantemente, era también su ágil mente. Al estar sobrecalificada para su puesto, ella hacía que el trabajo de Ford fuera fácil. Ella entró y organizó nuestros horarios de producción conjunta la primera semana y dejó luciendo al anterior asistente como un tonto y le dio un alivio a mi secretaria que ya necesitaba. Emma sabía lo que Ford y yo necesitábamos incluso antes que nosotros. Diablos, incluso también los otros ejecutivos. Consideré colocarla para un ascenso, pero extrañaría su suave “Buenos días, Carter,” mientras ella entraba a la reunión de personal todas las mañanas de los martes y jueves exactamente a las 8:00 am.
Sí, todos esos malditos pensamientos y esos pensamientos sobre follar me hacían un imbécil, pero yo no la he tocado. Lo he imaginado de muchas formas, pero todas tenían algo en común. Me la folle cruda, sin condón, y la llenaba de mi semen. Se lo lanzaba hasta el fondo y muy seguido para que no pudiera lavar mi aroma de su cuerpo. La marcaría como mía. Sí, cada festival de follar terminaba conmigo reclamándola en todas las formas elementales, llenándola con mi bebé mientras la hacía retorcerse y rogar que la liberara.
No es algo muy caballeroso de mi parte. Pero cada vez que la veía, mi educación de la Liga Ivy y mi mente analítica regresaban un millón de años. Cambiaba a algo primitivo, un cavernícola. Quería enredar mis dedos en su cabello y arrastrarla a mi oficina y follarla. Quería asegurarme que ella supiera a quién le pertenecía.
Le pregunté discretamente a mi hermano por ella en varias ocasiones. Ford me dijo que me largara y me buscara mi propia secretaria. Y es por eso que la he dejado sola por los últimos doce meses. No era sólo un imbécil, era un imbécil viejo. Le llevaba diez años. Ya estaba listo para asentarme, tener esa casa con una cerca, dos niños y un maldito labrador retriever. Ella me hizo pensar cosas locas y querer cosas que nunca me imaginé que querría. Pero lo hice, quería esa maldita casa. Yo la quería redonda y embarazada de mi bebé. Incluso quería al maldito perro. Pero sólo con ella.
Desafortunadamente, ella no estaba lista. Emma sólo tenía veinticuatro y tenía que vivir un poco antes de que un cavernícola dominante como yo tomara su vida. Una vez fuera mía, yo quería el control total. La follaría cuando quisiera, la mimaría como quisiera, me aseguraría que se viniera tantas veces en mi duro pene que nunca más miraría a otro hombre de nuevo. La arruinaría y ella no estaba lista para eso. No para lo que estaba listo para darle. Ya he esperado un año y ella se graduó hace unas semanas con una maestría en Finanzas. Sí, ella puede analizar mis putos números cuando quiera.
Claro, esperé como un maldito caballero, intenté darle el espacio para que disfrutara sus excesos juveniles. Pensé que podría esperar unas semanas más.
Al menos ese era el plan. Pero todo cambió cuando escuché su voz pasando por el pasillo desde la habitación de las copias.
“Odio ser una virgen”, dijo ella. No creo que ella supiera que su voz se escuchaba, pero me alegro de haber sido yo el que escuchó su confesión. Si hubiera sido otra persona, los hubiera caído a golpes. Nadie se mete con Emma. Puede que ella sea la secretaria de Ford, pero ella era mía.
Yo estaba pasando por ahí, iba hacia los ascensores después de nuestra reunión de los jueves en el piso catorce cuando reconocí su voz. Fueron sus palabras las que me hicieron inclinar hacia la pared y escuchar a escondidas. Ella me convirtió en un maldito espía. No, fue debido a que ella dijo que era virgen.
“No hay nada de malo en ser virgen.” Reconocí la voz de mi secretaria, Tori. Ella estaba a punto de llegar a los 30, soltera y hermosa. Yo le dije que ella debería salir con Ford, pero ella levantó una ceja y dijo que juró dejar a los hombres. Ella trabajó para mí por un poco más de un año, pero no sabía más que eso. Y con el no me jodas en los ojos, yo no le pedí más detalles. No tuve tiempo de investigar sobre su vida privada. Como siempre, ella fue eficiente y profesional y pensé que sus palabras a Emma eran buenas
“Tengo veinticuatro, Tori. Debo ser la virgen más vieja en la tierra.”
Pensé en ella, intacta, pura. Dios, sólo saber que esa vagina no había sido follada me tenía acomodando mi pene. Tuve que echar un vistazo por el pasillo para asegurarme que nadie me viera con mi duro pene.
“Unos días más, semanas, diablos, incluso meses, eso no hará ninguna diferencia. Confía en mí.” La mujer merecía un ascenso por esa respuesta.
“Ese tipo, Jim, huyo de mi apartamento cuando le dije que nunca había tenido sexo antes. Me dijo que era un unicornio. ¿Qué diablos significa eso?”
Escuché que se abrió la puerta de fotocopiadora, y luego se cerró. La máquina comenzó a trabajar.
“Él era un imbécil”, dijo Tori.
Agradezco que fuera un imbécil. Yo ni siquiera sabía quién carajos era Jim, pero él no merecía a mi dulce Emma ni a su vagina virgen.
“Te lo digo, no lo hagas. No quieres darle tu virginidad a un tipo cualquiera del bar”, dijo Tori.
¿Qué tipo del bar? Me levanté de inmediato y me acerqué más.
“Bueno, mi virginidad está en mi camino. Nadie quiere meterse con una virgen, Tori. Soy como una niña jugando en la piscina de adultos. Es sólo una noche y luego se acabó. Puedo dejar el estúpido tema de la virginidad atrás y seguir adelante.”
¿Nadie quiere meterse con ella? Diablos, ella es perfecta como es. Perfecta como la chica de al lado y yo estaba aterrado de corromperla. Yo no era un buen tipo. Diablos, yo pasé por tantas mujeres como para saber lo que pensaban de mí. Yo era, o solía ser, el tipo que las follaba y las dejaba, pero nunca les ofrecía nada más que una noche y todas ellas lo sabían. Yo sólo quería un descanso, un pequeño respiro donde me olvidaba de todo en sus cuerpos dispuestos. No prometía más. Nunca. Nunca quise más. Hasta que llegó Emma y yo quería darle todo.
“Entonces escoge alguien que valga la pena. Ambas sabemos a quién quieres.”
Escuché a Emma reírse, pero el sonido no era dulce, sino triste. “Sí, eso no va a suceder. Él ni siquiera sabe que estoy viva.”
Tori se rio. “Quizás deberías desfilar desnuda. Él se dará cuenta, créeme. Y he escuchado que él es fantástico en la cama.”
“Dios, no me digas esas cosas,” rogó Emma. “Ni siquiera puedo pensar cuando estoy con él.”
“En serio, mujer. ¿Por qué no te arreglas un poco? Muestra un poco de escote. Ya sabes, sedúcelo.”
“Sí, claro. ¿Yo? Tienes que estar bromeando. Soy tan sexy como una maestra de preescolar.” Emma suspiró y la imaginé cruzando sus brazos, yo sabía exactamente la cara que probablemente estaba haciendo. “Ahí está el problema, Tori. ¿Gran y estúpida virgen, recuerdas? Él no perdería el tiempo conmigo. Él no parece ser el tipo que le gustan vírgenes. Esa es una de las razones por la que quiero acostarme esta noche.”
¿Esta noche? ¿Y por quién estaba languideciendo mi Emma? ¿De quién diablos estaba hablando? ¿Estaba Emma interesada en alguien? Nunca escuché que ella saliera en citas y Ford vigilaba de cerca a todos los que trabajaban para él. La oficina era lo suficiente pequeña para poder enterarme lo que estaba haciendo ella la mayoría del tiempo. Sólo Brad de Contabilidad se le acercó el pasado Acción de gracias y me encargué de callarlo fácilmente. ¿A quién diablos estaba deseando y por qué yo no sabía de él? Era un imbécil celoso por preguntármelo, pero diablos, yo era egoísta. Yo la quería para mí solo.
“Yo sigo pensando que una noche con un tipo que te encontraste en el bar es una mala idea.”
