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Desde una perspectiva creativa y novedosa, Joyce Rupp nos invita en esta obra a adentrarnos en la espesura de la oración y el encuentro con Dios. Para ello, se vale de un símbolo de la vida cotidiana: una taza convertida en vaso sagrado. A través de este icono sencillo, descubrimos su riqueza como expresión de la vida, con su vacío y su plenitud, sus roturas y sus defectos. Usar algo tan simple como una taza ayuda a entender que la transformación ocurre en los pequeños momentos de cada día. La taza es la metáfora de la vida misma; para llenarla, necesita ser vaciada. Para andar este camino, el libro presenta oraciones diarias para un recorrido de seis semanas, siendo un instrumento muy útil tanto para reuniones en entornos parroquiales, comunidades religiosas y pequeñas comunidades cristianas como para su uso individual.
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Seitenzahl: 195
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Joyce Rupp
La taza de
nuestra vida
Guía para progresarespiritualmente
NARCEA, S.A. DE EDICIONES
Índice
Prólogo
Agradecimientos
Introducción
Al comenzar el camino
Un lugar y una hora para orar
El encuentro con los otros
Cómo llenar cada día la taza de la vida
Intención
Orar con la respiración
Reflexión
Texto bíblico
Escribir un diario
Conexión
Integración
Cuatro “señales” útiles
Elegir una taza
Antes de empezar la semana I
Sobre el lenguaje divino
Semana I
Semana II
Semana III
Semana IV
Semana IV
Semana IV
Encuentros de grupo
Guía para compartir en las reuniones de grupo
Sobre el compartir
Semana I
Semana II
Semana III
Semana IV
Semana V
Semana VI
Bibliografía
COLECCIÓN ESPIRITUALIDAD
Dedico este libro a todos los que le hemosdado vida rezandoante una taza de café.Esta taza tiene la misma cantidadde dolor y consuelo,de luz y oscuridad.Quien bebe de ella debe cambiar.May Sarton
Prólogo
El otro día, iba con prisa y rompí el asa de mi taza de café preferida al golpearla con el fregadero. Esta taza está decorada con delicadas flores de color purpura lo que hace que beber de ella sea algo “perfecto”. Cuando se rompió, pensé: “¡Qué ironía! He roto la taza que más me gusta precisamente cuando estoy escribiendo el prefacio de La taza de nuestra vida”.
Me enfadé conmigo misma y me entristecí por haberla roto, pero esta experiencia me hizo caer en la cuenta de la vida que se puede esconder en una taza. Esta taza me ha acompañado todas las mañanas después de mi meditación y de escribir mi diario y, a menudo, también en el té de la tarde. Ayer encontré un pegamento fuerte y pegué el mango, pero al mirar la taza esta mañana, las grietas en la parte reparada me recuerdan mis propios defectos que tienden a complicarse mucho.
Una taza puede evocar una conexión profunda con uno mismo como lo aprendí durante los veinte años que han pasado desde que escribí este libro porque aunque disfruté haciéndolo, no confiaba en que sirviera a quienes lo usaran. No estaba segura de que otros encontraran el potencial de crecimiento espiritual que yo encontré en el simbolismo de la taza. Al final resultó que desperdicié mucha energía por esta preocupación.
Durante algún tiempo he recibido innumerables mensajes de personas que cuentan cómo encontrarse con las imágenes de la taza, habían cambiado sus vidas profundamente.
Escuchar estas historias renueva mi creencia en el poder que tienen los símbolos para conectar nuestro ser mundano y con nuestro ser más profundo. En este sentido, podemos encontrar significado e inspiración para vivir más plenamente.
No hace mucho, una de mis lectoras me recordó en una carta un retiro que yo había dado y su comentario me volvió a confirmar cómo se produce este movimiento del exterior al interior de nuestras vidas cuando nos detenemos a orar con un símbolo:
Nos pidió que cada uno trajéramos una taza y que nos presentáramos a los demás compartiendo el significado de esa taza para nosotros. Ese retiro me hizo comprender cómo las experiencias ordinarias de la vida se santifican cuando se ven a través de los ojos de la fe. Al orar con nuestras tazas durante esa semana de retiro, se me abrió un camino de valoración de las cosas sencillas de la vida que me trasladan al hogar sagrado. Vuelvo a este libro una y otra vez durante mis momentos de dificultad o de cambio.
No se trata de que el simbolismo santifique nuestras vidas si no, más bien, de que los símbolos nos inviten a ir más allá de nuestra visión amargada y cansada; nos hagan entrar en la dimensión oculta de nuestra vida y nos ayuden a refrescar nuestra conciencia de lo sagrado. Recientemente, en una conferencia, una mujer mayor cuya familia había sido asesinada en el Holocausto se acercó a mí y con los ojos húmedos, me dijo: “Exactamente, esto es lo que necesito ahora: la taza de la bendición. Ya es hora de que mire más allá de mi dolor y vea lo que hay de valor en mi vida”.
A las personas heridas por la vida y que han experimentado acontecimientos conflictivos, les influyen de manera especial las imágenes asociadas con la taza. Porque otro poder del simbolismo es que nos puede llevar a un lugar donde encontremos nuestra experiencia única conectada con la experiencia universal de los demás. Cuando esto sucede, nos puede proporcionar consuelo y dar fuerza. Geraldine lo expresó muy bien cuando escribió desde Irlanda: “En esencia, todos pasamos por cosas similares en diferentes momentos de nuestras vidas”.
Su comentario se refleja en el de Marci:
Le escribo para que sepa cuánto ha significado para mí La taza de nuestra vida a lo largo de los años. Cuando leí el libro por primera vez mi madre se estaba muriendo de cáncer, mi hija estaba luchando con problemas de salud y mi esposo estaba pasando por una transición profesional. Experimenté una tremenda sensación de soledad y desesperación. Lo único que deseaba cada mañana era sacar mi taza y mi libreta y leer La taza de nuestra vida. Era como si alguien abriera una ventana y dejara entrar aire fresco en mi alma. Las lecturas me daban valor y comencé a llevar una vida de oración que continúa sosteniéndome hasta hoy. Me alegra decir que superé ese momento difícil y salí de él con un mayor deseo de progresar en mi vida espiritual.
Me siento feliz al saber que este libro ha ayudado a alguien a progresar o mantener su vida de oración. Otros, también han hecho comentarios similares, como Gale que dice:
“Cuando leí La taza de nuestra vida, aprendí a orar. Al terminar el programa de las seis semanas, volví a leerlo y oré con él nuevamente… Me encontraba en un vacío espiritual hasta que el libro me hizo sentirme más humana. La experiencia de la tazame abrió un camino hacia Dios”.
Muchas personas de distintas edades y diferentes países, me han dicho que este libro ha influido en sus vidas. Es impresionante ver el crecimiento espiritual de parejas de recién casados, estudiantes universitarios, seminaristas, profesionales médicos y personas mayores, cuando prestan atención a cómo les habla una taza. Una de las historias más conmovedoras que he escuchado sobre este libro se produjo mientras visitaba una prisión en Ohio. El capellán me invitó a sentarme en un círculo de mujeres encarceladas que habían leído y rezado con La taza de nuestra vida. Mientras las mujeres compartían, me sentí conmovida por su profundidad y su deseo de transformación personal. Después, el capellán me habló de la experiencia de una reclusa con cáncer que había formado parte de ese grupo. Cuando el cáncer avanzó, la trasladaron a un centro de cuidados paliativos y cuando se preparaba para salir de la prisión, lo único que pidió fue llevarse la taza que había elegido y con la que había orado durante seis semanas.
También he querido conocer qué tipos de tazas eligen los lectores para hacer su camino de oración. Julen se describió meditando sobre el tipo de taza:
Estaba pensando en mi novia, que había elegido una taza con un platito de porcelana blanca y fina. Yo, por el contrario, me sentía como una pieza de cerámica gastada y astillada. Me pregunté por qué no podía ser yo una taza hermosa. La taza de nuestra vida me respondió que yo era cercano, asequible, no una taza para poner en un estante y admirar. Me di cuenta de que la gente me hablaba porque yo estaba abierto a ellos. Quizás el desgaste y las astillas de mi vida les recordaran la armonía de nuestra humanidad imperfecta.
Cuando diseñé este libro, lo hice con la esperanza de que no solo fuera útil individualmente, sino también para que pudieran usarlo grupos que buscasen profundizar su vida de fe, como afortunadamente ocurrió, por ejemplo, con Claudia que me escribió desde Colorado para decirme que estaba tan “profundamente impresionada” por el capítulo sobre “La taza perfecta” que reflexionó varios días sobre el perfeccionismo y utilizó otros capítulos para dirigir retiros y cursillos sobre la “reconciliación”. Últimamente está haciendo una experiencia de formación espiritual en torno al tema “La taza de la compasión”.
En Massachusetts, Patrick, que era diácono, y su esposa reunieron a algunos amigos, leyeron el libro y compartieron sus reflexiones, sus tazas y sus vidas. Patrick me escribió para agradecérmelo y añadió: “La experiencia nos ayudó a mirar y comprender, como ejemplo de lo que hacemos al compartir la fe”. De manera similar, Sara, una joven catequista de un Instituto, usó el libro con un grupo de profesores. Otra mujer mencionó que había “participado en actividades utilizando este libro tres veces, una vez con un amigo cercano, otra con un grupo de mujeres y una tercera con un grupo de amigas de la universidad” y que cada vez la taza le había revelado cosas nuevas.
Lo que no pensé fue en lo duraderos que serían los lazos entre los que oraron con La taza de nuestra vida. Las personas que ya se conocían, se hicieron amigas y los que eran amigos, profundizaron en su relación. Las parejas casadas aprendieron a verse bajo una nueva luz.
Esta unión en la fe a menudo proporciona el coraje que tanto se necesita en tiempos de adversidad. Como le ocurrió a Karen, de un grupo de Nueva Escocia de la Iglesia Unida de Canadá, que me dijo que:
Empezaron una actividad que consistía en reunirse semanalmente para compartir historias de vida simbolizadas por la taza… Rápidamente creamos un vínculo tan fuerte que cuando tres de nuestros miembros tuvieron problemas de salud como una operación de espalda, un tumor cerebral y un aneurisma cerebral, aprovechamos nuestra cercanía y nuestro apoyo mutuo para ayudarnos.
Otro aspecto que no imaginé que sucediera fue que los lectores pudieran usar repetidamente el libro y elegir una taza diferente cada vez. Supe esto porque Jeanne me dijo que sus tazas incluían una de arcilla rústica y otra de porcelana con rosas amarillas y mariposas que hizo en una clase de alfarería en el Instituto. Además, Jeanne me sorprendió cuando me dijo que muchas veces había regalado el libro junto con una taza que ella seleccionaba para el destinatario; estas tazas “podían ser una que yo había usado y la encontraba significativa. A veces, para alguien que ya ha manejado el libro, si encuentro una taza especial que le encaje, le sugiero que vuelva a leer el libro con esta nueva taza”.
Dios me ha sorprendido una vez más, ha ido mucho más allá de mis expectativas con este libro, tomó lo que me dio y lo convirtió en algo mucho más grande. Yo encuentro esta respuesta anonadadora y gratificante a la vez. Espero que ustedes, queridos lectores y buscadores, encuentren un enriquecimiento espiritual similar al adentrarse en La taza de nuestra vida.
Agradecimientos
Este libro se debe, sin duda, a mucha gente. Los participantes en mis talleres, retiros y conferencias han ido añadiendo nuevas percepciones creativas y profundas a la vez que con su aportación han colaborado a la redacción de esta obra.
Estoy muy agradecida al día en que Norm Litzner nos invitó a Richard Rehfeldt y a mí a orar con la taza. Ese fue un momento de gracia en el que concebí por primera vez la idea de este libro. Los dos, compañeros en la pastoral, han estado muy atentos a su propio camino espiritual y han bendecido en gran medida el mío.
Las huellas de Judy Cauley están por todo el libro porque fue ella quien revisó el manuscrito y me ofreció muchas interesantes sugerencias para mejorar el texto y las oraciones.
Varios grupos leyeron juntos el manuscrito durante seis semanas. No solo oraron con la taza todos los días, sino que también devolvieron lo que les ayudó y lo que no les ayudó cuando oraban. Les agradezco sus ideas y especialmente su generosidad al permitirme entrar en su vida de oración. Estoy muy agradecida a estos orantes: Janet Barnes, Lisa Brandser, Betty Honz, Joyce Hutchison, Mark Lindahl, Joan McLaughlin, Dee Malena-Polosky, Mike Polosky, Jean Smith, Cathy Talarico y Vicki Vanderkwaak.
Agradezco al director Frank Cunningham, al editor Robert Hamma y a la artista Jane Pitz por su cuidadosa y completa ayuda mientras trabajábamos en la preparación del manuscrito para su publicación. También tengo un recuerdo para todos los que trabajan “detrás de la escena”.
Este es mi cuarto libro con la editorial Ave Maria Press, y sigo asombrada por la eficiencia y el cuidado con el que se comercializan y envían los libros.
Este libro nunca habría cobrado vida sin la mujer que me dio a luz: Hilda Wilberding Rupp. Su entusiasmo por la vida y su mirada positiva cada día han sido unas maravillosas fuentes de ánimo para mí.
Al reflexionar sobre todos los que han ayudado a que este libro tome vida, agradezco a los que caminan de cerca conmigo: amigos, familia y mi comunidad religiosa, los Siervos de María, porque gracias a ellos, mi taza de bendición a menudo se llena hasta el borde.
Introducción
Recuerdo claramente el día en que comencé a considerar la taza como símbolo de mi camino interior. Sucedió la mañana de un miércoles, cuando fui a una oración programada por los dos pastores de la Iglesia luterana de Windsor Heights. Esa mañana, Norm nos había pedido a Dick y a mí que lleváramos a la oración nuestras tazas de café vacías. Cuando nos sentamos, Norm nos invitó a sostenerlas, mirarlas y pensar en nuestra vida espiritual. En ese momento, el simbolismo de la taza despertó la parte más profunda de mi ser.
Lo que pasó fue asombroso. Apenas había mirado la taza vacía cuando las lágrimas comenzaron a formarse en mis ojos. ¿Qué era esto? ¿Por qué esta cascada de tristeza? ¿De dónde venía esta profunda emoción? Mientras luchaba con mis lágrimas y continuaba mirando la taza vacía, descubrí que me sentía mucho más agotada espiritualmente de lo que me creía. Mirar dentro de la taza vacía fue como mirar dentro de mí misma.
Desde entonces, he descubierto que la taza ha sido una poderosa maestra de mi vida interior. La sencillez de la taza me recuerda que mi transformación personal ocurreen los momentos comunes de cada día. La taza es una imagen adecuada para los procesos internos de crecimiento. La taza ha sido un recordatorio de mi sed espiritual. Mientras la sostuve, la llené, bebí, la vacié y la lavé, aprendí que a través de experiencias humanas comunes, se ha calmado mi sed de Dios. En la taza veo la vida, con su vacío, su plenitud, sus rotos, defectos y bendiciones.
Una taza es un recipiente apto para contener algo, pero que hay que vaciarla para volver a poner algo en ella. He aprendido que no siempre puedo esperar que mi vida esté llena y que si quiero dejar espacio para lo nuevo, tengo que haber vaciado algo. El camino espiritual es así: un proceso constante de vaciarse y llenarse, de dar y recibir, de aceptar y dejar ir.
La taza me ha enseñado muchas lecciones valiosas para mi crecimiento espiritual. He aprendido que mi vida tiene cosas pasadas que deben descartarse y que a veces se siente tan herida como una taza rota. He aprendido que tengo defectos, grietas y manchas, como las puede tener cualquier taza muy usada, pero que esas marcas de una vida bien recorrida no tienen por qué impedirme ser un regalo valioso para los demás. He aprendido que debo entregarme y compartirme constantemente en un generoso gesto de compasión, el contenido de mi vida, igual que el fin de una taza es que se vierta su contenido. He aprendido especialmente a dar gracias por todos esos momentos en los que lo inesperado ha transformado mi vida en una abundante taza de bendiciones.
Observa el borde de una taza. Es circular, sin principio ni fin, símbolo de plenitud. En el círculo, todo está conectado para formar una unidad. La vida espiritual es un camino hacia la plenitud, un movimiento diario de crecimiento continuo hacia la persona que estamos destinados a ser. Cada día, el borde circular de la taza me recuerda este anhelo de plenitud y conexión.
Este deseo de una mayor unidad espiritual con Dios es el fundamento de La taza de nuestra vida. Espero que esta guía para seis semanas, que se centra en las muchas facetas de una taza, te inspire a crecer en tu relación con Dios y llene tu taza de vida hasta rebosar.
Al comenzar el camino
La vida espiritual es un camino en continuo cambio. Al orar con la taza, indudablemente experimentarás la oportunidad de crecer quizás de manera casi imperceptible o puede que de manera notable. No tienes que llegar a ninguna “meta” mientras oras durante estas semanas; simplemente debes mantenerte abierto y en el refugio de Dios. A veces, al abandonarse, puedes descubrir que hay un desafío a tu seguridad, que tu situación con Dios te empuja a profundidades que no has experimentado antes, o que el enfoque de tu vida está al borde de su zona de confort. Si esto sucede, no huyas del borde.
Como metáfora de crecimiento espiritual, cada una de las seis semanas de oración se centra en un aspecto de la taza. Tengo la esperanza de que esta guía revitalice y enriquezca tu relación con Dios. Tómate tiempo con cada semana; no importa que puedas necesitar un mes para orar “una semana”. Lo más significativo de tu viaje con la taza es tu intención de acercarte a Dios.
No existe una forma perfecta para utilizar este libro porque depende de tus propias necesidades y de tu camino espiritual. Yo sugiero ideas, pero la clave está en que se ajuste a tu propio camino interior. Es vital que ores de la manera que te resulte mejor; por ejemplo, si eres una “persona nocturna”, puedes orar por la noche en lugar de por la mañana. Si la atención a tu respiración no ha sido parte de tu práctica espiritual, es posible que la “oración de respiración” sugerida te distraiga más que ayude.
Escucha los pensamientos, deseos y sentimientos que te brotan dentro. Confía en que Dios está contigo y te guiará. A veces, irás más allá de lo que te he sugerido y también puedes omitir algunos de los pasos del proceso. No dudes de tu propia experiencia espiritual. Es posible que tengas percepciones y sentimientos muy diferentes a los que te he mencionado. Confía en la dirección que te ofrece el “Guardián de su taza”.
Un lugar y una hora para orar
Elije un lugar y una hora para orar todos los días, preferiblemente por la mañana, cuando todavía no estés cansado. Si vives solo, encontrar un espacio puede ser relativamente fácil; si vives con otra persona, quizá resulte más difícil localizarlo. Búscalo. Encuéntralo. Reclámalo. Para realizar este camino interior es fundamental un poco de soledad y tranquilidad.
Recuerda que tu espacio sagrado debe adaptarse a tus necesidades específicas. Conozco a alguien que reza en la lavandería todos los días. Muchos encuentran un rincón en el dormitorio. Algunos eligen su oficina o tienen su escondite. Donde quiera que estés, encuentra el lugar y deja que se convierta en tu lugar sagrado. Elije una mesa, o incluso una caja o taburete, para colocar tu taza, una vela y cualquier otra cosa que te hable de tu propio camino espiritual. Tenlo enfrente o al lado todos los días.
Espero que encuentres al menos veinte minutos al día para orar. Esto conlleva tomar decisiones, establecer prioridades; tal vez consista en ver menos televisión, atender menos al teléfono, leer menos los periódicos o incluso ayunar de una comida, aunque esto no pretende inducir a la culpa; los días en los que no puedas completar, o tal vez incluso comenzar, tu práctica de oración, déjala y continúe al día siguiente.
Sé consciente de tus sentimientos y de adónde te llevan. Algunos días puedes estar deseando entrar en este proceso y otros, puedes preguntarte por qué continúa. Asegúrate de seguir, especialmente en aquellos días en que te sientes aburrido, inquieto, inseguro, estresado o vacío. A menudo, este es el momento en que las semillas del crecimiento están germinando.
Nuestra cultura fomenta el ajetreo, no el silencio; la actividad, no la tranquilidad; la extroversión, no la introversión. La mayoría de los que se unieron a mí para orar con este libro, para “probar”, lucharon por ser fieles a un tiempo de tranquilidad diario. Al final de las seis semanas, todos dijeron que la lucha valió la pena. Notaron un cambio porque se había profundizado su conciencia y su anhelo por Dios. Les había creado el deseo de continuar con la práctica espiritual diaria.
El encuentro con los otros
Al completar cada semana, es posible que desees reunirte con un compañero o un grupo pequeño para integrar y celebrar lo que ha sucedido durante la semana. En el capítulo “Encuentros de grupo” hay sugerencias sobre procesos, rituales y recursos para facilitar el intercambio y la oración en estas reuniones.
Cómo llenar cada día la taza de la vida
Intención
Te propongo una guía común para todos los días. Comienza leyendo el texto del tema del día y después haz tu “intención” que es la que rige tu dirección interior y que, por lo general, procederá del tema del día. Esto puedes expresarlo brevemente con tus propias palabras, como: “Espero en este día aprender más sobre mi amor o quiero descubrir el desorden que hay en mi vida” o “enséñame tus caminos” o “ayúdame a ser compasivo”. Si lo deseas, puedes escribir esta intención en tu diario. Luego, pasa a “la práctica diaria”. “Practicar” significa hacer algo con frecuencia para convertirlo en un hábito o en una forma de vida.
Orar con la respiración
Cada día, la oración incluye una “práctica con la respiración”. No hay un tiempo fijo para esta oración con la respiración por lo que se puede orar así todo el tiempo que se desee. Muchas tradiciones espirituales han descubierto que estar atento a nuestra respiración es una forma útil de centrarnos o enfocarnos en nuestro mundo interior. Respirar con atención, a un ritmo suave y regular, ralentiza y calma nuestra mente y nuestro cuerpo inquieto. La postura recomendada cuando se practica la respiración es la de sentarse con la espalda recta.
Se sugiere decir una palabra o frase breve cuando se inhala y otra mientras se exhala. Esto simboliza el llenado y vaciado de la taza, de nuestras vidas. También simboliza el nacimiento, la primera respiración, y la muerte, la última respiración de vida.
Al principio, este tipo de oración puede parecer incómoda e inútil, pero si se continúa todos los días, puede convertirse en una forma beneficiosa de interiorizar y de entrar en el tiempo sagrado con Dios.
Reflexión
Para esta parte práctica diaria utiliza siempre tu taza. En este momento es cuando se hacen las conexiones entre el camino espiritual y la taza. Sugiero mantener la taza en tu “altar” durante las seis semanas y usarla solo para este momento de la oración. Se convertirá en tu vaso sagrado.
Texto bíblico
