Las elegidas - Margarita Arnal Moscardó - E-Book

Las elegidas E-Book

Margarita Arnal Moscardó

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Beschreibung

Descubre la vivencia de tres mujeres, acompañadas en el camino del crecimiento espiritual, la comprensión de su propio ser y su naturaleza. emocionante con sus historias y aprende cómo gestionar las situaciones que la vida nos presenta. Esta novela nos habla de las primeras civilizaciones, el origen del ser humano, la reencarnación, la vida después de la muerte y el despertar de la conciencia espiritual y mucho mas....

El libro Las Elegidas representa una apuesta acérrima y firme para afrontar la vida, superar las dificultades y cómo saber disfrutarla en cada momento recorriendo el camino de la evolución de la conciencia. En este sentido la autora Margarita Arnal Moscardó nos desvela a través de sus relatos un sendero para vivir la vida. 

Leer esta obra es darse la oportunidad de adentrarse en la fuerza ancestral femenina, su gran comprensión de los sentimientos y su conexión con una sabiduría que conecta con nuestra alma, ofreciéndonos respuestas en el camino iniciático de superación de las dificultades, a la vez que reconocen los momentos felices que brinda la vida.

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Veröffentlichungsjahr: 2023

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“A VOSOTRAS QUE SOIS CAPACES DE SENTIR TANTO”

Dedico este libro

En mi humilde existencia como ser humano, la grandeza de mi alma

se expresa siendo mujer.

A todas las mujeres hermanas, madres, hijas, esposas, amigas… Todas vosotras valientes, guerreras, en vuestros distintos grados y calidades, a todas sin excepción dedico este libro.

REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL B-2769-

ISBN Nº 978-84-09-10464-2

http:/margaritaarnalmoscardo.com

Índice

LUNA 5

CAPITULO I El final del círculo 6

CAPITULO II El inicio 11

CAPITULO III La misión terrenal 15

CAPITULO IV Cuando las diosas gobernaban la Tierra 20

CAPITULO V Viaje a lo desconocido 25

CAPITULO VI. El desenlace 33

CAPITULO VII El inicio y el final 36

SOL 41

CAPITULO I “En busca de la conciencia” 42

CAPITULO II La iniciación 44

CAPITULO III Historia de Lara y Sangoa 49

CAPITULO IV El final del aprendizaje de Sangoa 55

CAPITULO V LA VISITA DE LAS DIOSAS A LARA 58

CAPITULO VI El despertar al S.XXI 65

CAPITULO VII CONOCER A UNA MUJER MASONA 70

ESTRELLA 73

CAPITULO I Simplemente Estrella 74

CAPITULO II París, la ciudad de la luz 79

CAPITULO III BRUSELAS 83

CAPITULO IV MONS 90

CAPITULO V LA JUVENTUD Y LAS MUJERES CHAMAN 94

CAPITULO VI EL REGRESO A CASA 108

CAPITULO VII EL REENCUENTRO Y EL FINAL 110

CAPITULO VIII El final del círculo 112

CAPITULO IX REGRESO A BARCELONA 124

LUNA

CAPITULO IEl final del círculo

Era el comienzo de la primavera, aquel día lucía el sol y la temperatura era agradable. El reloj marcaba un poco más de las 9 de la mañana de un domingo en Barcelona, una ciudad con accesos modernos pero insuficientes para el tráfico en horas punta, sobre todo a raíz de la creciente inmigración, más palpable en el barrio gótico donde Luna se encontraba, de camino al templo masónico de la calle Avinyó, muy cerca del Ayuntamiento y la Generalitat. La habían citado porque iban a iniciarla en la Masonería. Anduvo por las estrechas callejuelas que configuran el casco antiguo; sus fachadas rehabilitadas le habían arrebatado el aire siniestro pero verdadero de antaño, mostrando una imagen más acogedora y vital. Por la calle se cruzó con la mirada triste de un niño emigrante con síntomas de desnutrición quien corría perseguido por una mujer -acaso su madre- de ropas árabes y cabeza cubierta. El portal entreabierto enseñaba la pobreza escondida tras la fachada rehabilitada donde un letrero del ayuntamiento que publicitaba “Barcelona posat maca” abofeteaba la inteligencia del mas despistado observador. La realidad de una sociedad superficial que inútilmente ha deseado disimular la pobreza que no desea combatir.

Luna, era una mujer que percibía conscientemente las incongruencias de esta sociedad, de sus leyes y de sus normas. A Luna no le parecía tan diferente la cultura oriental de la occidental, ambas tenían en común la poca o nula voluntad de ayudar a los más necesitados: unos hacían ver que se preocupaban por ellos sin hacer nada para ayudarles realmente, otros les ofrecían la recompensa de otra vida, la del más allá. Las modalidades estaban servidas.

Luna era una mujer moderna que lucía con orgullo sus 40 años. Su rostro armónico y pelo oscuro se desvanecían en su mirada intensa y brillante de inmensos ojos azules que se alejaban cada vez que su sonrisa franca entraba en escena. Si hubiera llevado el pelo más largo, la habrían confundido por una mujer del norte de Europa, pero Luna era discreta y no le gustaba llamar la atención así que su forma de vestir era moderna pero muy poco llamativa: unos tejanos, una blusa y una chaqueta de piel.

La mente de Luna trabajaba a ritmo acelerado ironizando la existencia que le rodeaba de forma mordaz y ácida. Sus ideas fluían mostrándole todas las variables que teóricamente dominaban el mundo: los políticos, las macro corporaciones económicas, las distintas clases sociales, las injusticias... Pero Luna sabía que existía un territorio solo suyo en su interior, la espiritualidad solo depende de ti y solo tú eres dueño, amo y poderoso, rey y reina de tu reino, de tu alma.

Las personas más necesitadas tardan mucho en descubrir su fuerza interior, porque están ocupadas en subsistir. Por esta razón, los falsos poderosos necesitaban que el círculo de miseria continuara y la historia se repitiera una y otra vez. Unos pocos, los poderosos, controlando el núcleo del circulo y la gran masa, los necesitados formando la circunferencia. A veces alguien era capaz de subir en espiral y mirar en perspectiva todo lo que sucedía en el interior del círculo, y Luna deseaba ser uno de ellos, para poder observar y comprender la rueda de la vida.

Con paso firme, se dirigía al templo masónico. Quizá fuese el lugar que ella soñaba…el lugar adecuado para avanzar.

Llegó a la calle Avinyó y se paró frente a la enorme puerta de madera de un edificio antiguo. La puerta era majestuosa. Buscó el timbre mientras sonreía para sus adentros. Vio un timbre sobre el que había tres puntos en forma de triángulo. No lo pensó dos veces llamó tres veces instintivamente, le abrieron y se encontró con una escalera que daba a un gran recinto antiguo donde había un ascensor de cristal. Pero Luna decidió subir por las enormes escaleras, quería investigar todo cuanto sus ojos pudieran alcanzar. Llegó al segundo piso y la mujer que estaba esperando sin más preámbulos le dijo:

—¿Has llamado tú?

—Si —respondió— soy Luna.

—Al haber llamado tres veces, creí que eras una hermana, sígueme –su cara era de sorpresa, su aspecto de otro tiempo.

Entró por un enorme pasillo que atravesaba puertas cerradas de madera. Una majestuosa estatua de la diosa Minerva contemplaba el largo pasillo, confiriéndole una belleza antigua.

La condujo a una habitación agradable de mullidos sillones y las paredes llenas de títulos conmemorativos. Sus ojos se cruzaron con los de otra mujer de algo más de 35 años: -mejor,—pensó —así no estoy sola.

Sol contemplo a la recién llegada. Le pareció que tenía un rostro interesante, sus ojos profundos tenían una mirada capaz de entrar en tu interior. Le gustó... ella no soportaba la gente superficial que habla sin escuchar y escucha sin prestar atención. -Bien —se dijo a sí misma -es auténtica como yo.

El cabello rubio dorado de Sol brillaba gracias a un rayo de luz que entraba por una ventana, sus ojos color marrón contrastaban con su piel blanca y su boca era sensual de dientes perfectos; el conjunto de su rostro desprendía una enorme personalidad. Era muy alta y eso le daba un porte majestuoso. Cuando se quedaron a solas Sol se levantó, alargó su mano y la saludó cariñosamente

-Hola me llamo Sol, hoy me inician y ¿tú cómo te llamas?...

—A mí también. Ah, me llamo Luna —sonrió-. Me parecen graciosos nuestros nombres, parecen hechos adrede, ahora solo nos falta una tercera que se llame Estrella—

Ambas rieron y sus risas hicieron eco con unas risas más lejanas, ancestrales. Eran risas de mujer.

Apenas unos instantes después, se abrió la puerta, y entró una tercera chica acompañada de la misma mujer.

—Ahora estáis todas, no os mováis de aquí hasta que vuelva.— Dijo con ademán firme mientras cerraba la puerta con llave y oía sus pasos alejarse.

Sol y Luna miraron a la recién llegada, algo mayor que ellas. Su cabello negro, su piel algo tostada por el sol y su rostro exótico de rasgos angulosos, de facciones fuertes muy marcadas, desprendía fuerza y vitalidad por todos los poros de su piel. Era….algo salvaje. Su mirada felina de ojos verdes con manchas marrones era afilada y profunda. Las dos pensaron que se hallaban ante alguien muy especial.

Al oír alejarse a la mujer, la recién llegada les miró a los ojos y les habló con voz profunda y pausada.

–Hola me llamo Estrella ¿y vosotras?...

Sol y Luna no rieron, pero en la lejanía de otros mundos, allí dónde ningún oído humano puede escuchar, excepto con el alma, se adivinaban unas enormes carcajadas de mujer. Las tres escucharon las carcajadas se miraron al unísono y Estrella dijo:

- ¿Habéis oído? alguien se ríe… ¿qué es lo gracioso?...

Al instante las tres supieron que tenían poderes psíquicos… Sol contestó

–Nuestros nombres son lo gracioso, yo me llamo Sol y ella es Luna— la señaló con el dedo.

-No me señales con el dedo, me incomoda.

—Lo siento no me he dado cuenta, ha sido un acto reflejo, no pretendía irrumpir energéticamente.

Luna la miró con comprensión, su instinto le manifestó que no había mala intención en Sol.

Estrella sonreía divertida y habló como si la historia no fuera con ella.

—En definitiva, simbolizamos el firmamento terrestre— Peor sería simbolizar el infinito, ¿Qué nombres tendríamos entonces?... Andrómeda, Cuásar, ¡qué horror! —Se puso las manos en la cabeza con gesto cómico. - Somos afortunadas, pertenecemos a la madre Tierra.—afirmó risueña.

Pero Sol y Luna no reían, estaban muy serias y pensativas.

La mente de Luna se disparaba de nuevo: -Algo quiere decir que las tres formemos el firmamento terrestre. Sol, Luna y Estrella, no es por casualidad, pero ¿Qué tengo que ver con estas mujeres?... las dos son…profundas, eso es, han trabajado la espiritualidad, se les nota, pero Estrella se burla de las circunstancias, como si no quisiera participar de ellas, le gusta ser libre. En cambio Sol, está tan preocupada como yo. ¿Qué debe pensar?...

–Algo tengo que ver con estas dos mujeres y con que nos hayan citado a las tres hoy para iniciarnos –pensaba Sol— no es por casualidad y, aunque lo fuera, al final es el destino. Aprendí que no es lo que se ve, sino lo que se siente y yo no me siento extraña con ellas, es como si las conociera de otras vidas. Son fuertes energéticamente, seguro que han pasado pruebas espirituales, pero Estrella es como si no quisiera unirse a nosotras, como si quisiera permanecer libre y sola.

Pero Estrella también pensaba profundamente, energéticamente –Esto es obra de las diosas, han debido reírse a nuestra costa un buen rato, es obra del destino, regido por las fuerzas superiores del ser humano. Los dioses, en este caso las diosas, pretenderán que a través de este encuentro resolvamos algo de nuestro pasado o sirvamos de canal para construir algo concerniente al futuro. Tendría gracia que después de la profunda soledad de la que vengo, me abrieran la puerta del compartir. Pero no sé si me apetece, me he acostumbrado a ser libre emocionalmente… no sería la primera vez que me revelo al mandato de la diosa. Pero al instante se escuchó un murmullo muy lejano: “¡Ni se te ocurra debes cumplir la ley!”— Estrella se sobresaltó y se levantó del sillón de un salto, se sentía atrapada.

Luna se acercó a ella: “tranquilízate” le dijo mientras la miraba a los ojos enviándole calma. Estrella recibió la energía y musito: “gracias”. No estaba acostumbrada a que le dieran algo gratuitamente y se sorprendió.

Entonces el rostro de Luna se transformó y con una expresión de serenidad profunda, pronunció unas palabras que Sol y Estrella escucharon con los sentidos, el corazón y la cabeza.

—Nada es porque sí, siempre estuvieron previstos todos los acontecimientos, ya que los ciclos se repiten dándonos la oportunidad de variar el final y salir del círculo para poder subir en espiral. Estoy segura de que las tres ya hemos estados juntas en otras vidas, quizá como amigas, quizá como enemigas…pero hemos vuelto a encontrarnos. El destino quiere que resolvamos algo, la vida es mágica y a veces, como hoy, nos abruma el misterio: —Yo no sé vosotras pero yo no quiero pasar de largo, si tengo una oportunidad de salir del círculo me gustaría aprovecharla.

Sol y Estrella sabían lo que significaba el círculo, era la rueda de la vida, la mediocridad de la existencia. Subir en espiral significaba asumir el control, no depender del designio de las diosas, de las fuerzas superiores.

Sol dijo; –yo quiero saber y conocer y desde luego no quiero dejarme atrapar por el Karma.— Ambas miraron a Estrella y ella respondió: –He andado mucho, necesito descansar, pero necesito saber y conocer para poder decidir. Bajo ningún concepto quiero dejarme atrapar por la rueda karmica.—Sus palabras iban cargadas con tanta fuerza que al pronunciarlas la habitación parecía temblar.

-De acuerdo, —continuó Luna-, ha quedado claro. Voy a explicaros mi historia por si puede ayudarnos a comprender que pretenden de nosotras y, quizá, uniendo los hilos de nuestras vidas a través de nuestras historias, entendamos qué tenemos que hacer.

Al instante, en la habitación estaban presentes tres diosas: Hathor, Maat e Isis. Ellas no las veían pero sintieron sus presencias... no era la primera vez, sabían reconocerlas, no estaban solas.

Luna comenzó su relato.

CAPITULO IIEl inicio

Luna era de Barcelona, concretamente del barrio de Gracia. De pequeña fue muy rebelde y nunca estuvo de acuerdo con lo establecido. Nacida en el seno de una familia católica muy tradicional, siempre fue la nota discordante. Desde muy joven quiso trabajar para ser independiente, esa decisión que hizo que su familia respirara profundamente y sus relación mejorara en la distancia. Terminó sus estudios de Biología con buenas notas, lo que le permitió acceder a trabajar en un laboratorio importante después de hacer unos meses de prácticas como becaria. Desde el departamento de investigación, se dedicaba a la búsqueda de nuevas sustancias que pudieran aplicarse en el terreno farmacológico. Pronto se ofreció voluntaria para realizar viajes de investigación. Así, a los 22 años, estaba recorriendo Sudamérica y fue entonces cuando una serie de acontecimientos cambiaron el concepto que tenía de la vida.

Brasil, universidad de Sao Paulo, 1987.-

Luna recorría uno de los muchos pasillos de la Universidad intentando leer en las puertas el nombre del Dr. Varado. Iba muy rápida, pues solo faltaban cinco minutos para llegar a la cita y todavía no había localizado su despacho. Luna odiaba la impuntualidad, creía que era una descortesía propia de… pero de pronto paró en seco, la puerta decía: “Dra. Varado, catedrática de medicina tropical y antropología”. Ella creía que se trataba de un hombre y era una mujer. Naturalmente, ellamisma,por teléfono, le había dado la hora. Pensó que era su secretaria.

Luna sonrió para sus adentros: –esa mala costumbre de dar por supuesto y no preguntar— se dijo a sí misma.

Se dirigió a la puerta y llamó con tres golpes secos.

-Adelante— oyó una voz cálida.

Entró y vio a una mujer de unos 50 años que la miraba fijamente, analizándola. Su rostro, de aire inteligente, chocaba con una piel muy gastada por el sol. Sentada tras una enorme mesa de despacho llena de multitud de papeles, miraba con aire divertido a Luna, que tímidamente se dirigió a ella.

—Dra. Varado, ¿es usted?...

—¡Si! ¿Sorprendida?... Esperaba un hombre, pero ya ve, la inteligencia no distingue el sexo. —Tome asiento. —Señaló la silla, aquella mujer se anticipaba a sus pensamientos.

Bien –Luna estaba nerviosa- le agradezco que me reciba. Represento a los Laboratorios Europ y estamos buscando sustancias nuevas con propiedades curativas para investigar.— le extendió su tarjeta profesional.

-En realidad la he recibido porque la estábamos esperando —sonrió -Lo de su trabajo es una máscara del destino. Usted ha sido elegida para recibir la planta que crece en cualquier lugar y cuyas semillas curan enfermedades degenerativas de la piel. Pero será su responsabilidad y buen uso lo que determine que no se utilice como medio de destrucción, pues utilizado en estado gaseoso genera tumores y malformaciones que terminan con las vidas humanas en cuestión de segundos y en pocos minutos el hábitat vuelve a ser sano.

Luna casi no podía reaccionar y pensó; “¿se habrá vuelto loca?”. Pero en su lugar pronuncio estas otras palabras: -Perdone, pero no la entiendo muy bien, ha dicho que me esperaban...¿Quién? Y, si es para el motivo que me ha explicado, ¿por qué yo?... Solo soy bióloga, existen científicos mucho más cualificados que yo, me parece bastante absurdo…

La Dra. Varado levantó la mano en ademán de que se callara y sin dejar de sonreírle le contestó –Marla, ese es mi nombre. Nada es absurdo, solo lo parece. Eso también forma parte del plan. Pero debes saber que, aunque no seas una científica con una gran reputación, tienes unas cualidades energéticas que te hacen especial, casi única hay muy pocas como tú.

—¿Cualidades energéticas que me hacen especial?…: —No entiendo Luna seguía poniendo cara de asombro.

-Tú eres energía. Todos lo somos, pero la tuya vibra en una frecuencia armónica con la naturaleza, lo que te da un instinto natural para reconocer el peligro y la mentira. ¿Has oído hablar de los chamanes? —Marla sonreía.

-Sí, he leído mucho acerca de ellos, pero creí que era una especie de leyenda. Además sobre mi instinto natural, bueno, a mis padres les parece que es rebeldía.

Pero Luna comenzaba a sentir que las palabras de aquella mujer eran verdaderas y su tono de voz no sonaba convincente.

-Dime, ¿por qué no quisiste subir al barco que cruzaba de isla en isla en el mediterráneo? Murieron treinta personas. Y ¿por qué contestaste en el test psico—técnico que tu máxima ambición era ejercer la biología?... ¿Cómo sabías que la respuesta adecuada para que te dieran el puesto de trabajo era esta?,… ¿Por qué mentiste a tu abuela sobre haber visto a tu tío el día anterior para que ella pudiera morir tranquila 24 horas más tarde, contra todo pronóstico de salud? De no haberlo hecho y explicarle que su hijo había muerto, siempre habrías pensado que la noticia la afectaría hasta matarla ¿Y…?

—Basta, -Luna se levantó- de acuerdo. Mi instinto, mivibración energética, lo que sea, ¿por qué yo? – Su rostro estaba en tensión. Alguien llamó a la puerta .Eran tres golpes secos.

-Adelante Aldo— apareció un hombre. Era muy alto, rubio, bien parecido. Sus ojos eran azules y miró fijamente a Luna.

—Buenos días— la miró comprensivamente. No desprendía ni una pizca de agresividad.

-Siéntate Aldo, sentaos los dos. –Marla señalaba dos sillas frente a su escritorio- Tranquilízate Luna. Ahora el tono de su voz era compasivo.

-Lo que hoy sucede aquí no es lo que yo esperaba y no sé cómo explicarle esto a mi jefe sin que piense que estoy rematadamente loca.—Luna trató de sonar convincente.

-No te angusties, —le dijo Aldo- a mí también me puso furioso al principio pero luego comprendí muchas cosas acerca de mí mismo y de la tierra y ahora estoy dispuesto a cumplir mi destino.

—De acuerdo, quiero comprender ¿porque yo?...,—Luna miró fijamente a Marla a los ojos. Estaba furiosa y si no le respondía se levantaría y se marcharía. Estaba dispuesta a ello.

—Muy bien, responderé, pero debes vaciar tu mente de prejuicios. Vamos relájate, respira hondo. Luna obedeció, no presentía peligro. Marla se levantó de su silla y le cogió las manos al tiempo que le hablaba –eso es, despacio, ahora mi voz te llevará a los recuerdos de tu pasado, allí donde tuvo lugar el inicio. Te verás a ti misma como eras, quien eras y qué hacías.

Luna se sintió transportada a otro tiempo, otra época. Las imágenes se sucedían de forma muy rápida: Egipto, Grecia, Roma, la época cátara, los templarios, la santa inquisición, la revolución francesa, la primera guerra mundial. Ella estaba en todas esas épocas y era una mujer muy poderosa, inteligente, egoísta…...Luna abrió los ojos de par en par llorando. – Hubiera podido salvar a tanta gente. ¡Hubiera podido ser más generosa, más valiente! pero ¿por qué no enseñé lo que sabía?.. ¿Por qué guardé con tanto celo el conocimiento?...

Marla la cogió de las manos, le daba energía. Cuando la sintió más calmada le siguió hablando.

—Hace unos instantes pudiste ver parte de tus acciones en vidas pasadas. Iniciaste el recorrido del círculo. Ahora el círculo se cierra y tienes la oportunidad de subir en espiral y aprender en perspectiva para ayudar a la humanidad en su desarrollo espiritual. No has visto tus buenas acciones, las hubo, pero tu maldad nunca fue más allá de no intervenir pudiendo remediar el dolor y la destrucción, lo que se transformó en un mal encadenado. Pero tu espíritu nunca sucumbió al mal consciente, por eso, ahora, tienes la oportunidad de evolucionar y ayudar al plan cósmico. Te necesitamos. Posees un conocimiento que te fue otorgado antes del inicio, que proviene de las diosas y eso te hace casi única. Por alguna razón que solo a ti te será desvelada, iniciaste el recorrido del círculo para una finalidad concreta. Solo a ti te corresponde descubrirlo. Es todo cuanto sé.

Pero Luna tenía un millón de preguntas.

—Marla, ¿acaso los que han sucumbido al mal consciente no tienen su oportunidad?...