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Muchos prejuicios y malentendidos pesan sobre la época novohispana: hay quienes en nuestro país incluso desconocen qué es eso llamado Nueva España, aunque todos creen recordar que la llegada de los españoles fue totalmente negativa para los inicios de esta nación y, sobre todo, para los pueblos originarios. No pocas veces la época virreinal se ve sombría justamente debido a los calificativos que se le adjudican, al estigma que se asigna a muchos de sus personajes y a las palabras con las que hoy se habla de ella. Este libro intenta mostrar que algunas de las palabras que usan los estudiosos para hablar de diversos asuntos novohispanos son equívocas, que esas palabras son complejas y tienen implicaciones que frecuentemente rebasan la realidad virreinal que pretenden designar, pues las palabras no son neutras, ellas aluden la relación que cada uno establece con la realidad y, por lo general, revelan un planteamiento específico sobre un tema, el cual obedece a alguna filiación ideológica o un tipo de fuentes de estudio o a un objetivo particular. En este libro se analizan cuatro términos ambiguamente planteados en la bibliografía sobre el siglo XVI novohispano -Nueva España, Hombre, Humanismo, Indio-, para establecer lingüística e históricamente su significado, precisar el objeto de estudio que corresponde a cada uno de ellos cuando es utilizado, argumentar sobre la problemática implicada, en suma, para clarificar algunos de los prejuicios que se tienen sobre la humanidad del indio y el humanismo mexicano, sobre el carácter peyorativo de la palabra "indio", sobre lo que se dice que es la "Nueva España".
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Seitenzahl: 186
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Quedan reservados todos los derechos.
Prohibida la reproducción parcial o total, por cualquier medio conocido o por conocerse, sin el consentimiento por escrito de los legítimos titulares de los derechos.
Primera edición en papel, septiembre de 2020
D.R. © Verónica Murillo Gallegos
Edición ePub octubre 2020
D.R. © 2020
Bonilla Distribución y Edición, S. A. de C. V.,
Hermenegildo Galeana #111, Barrio del Niño Jesús
Tlalpan, C.P. 14080, Ciudad de México
www.bonillaartigaseditores.com
ISBN: 978-607-8636-74-7 (Bonilla Artigas Editores)
ISBN ePub: 978-607-8838-52-3
Coordinación editorial: Bonilla Artigas Editores
Cuidado de la edición: André Urzúa Pla
Diseño de portada: D.C.G. Jocelyn G. Medina
Realización ePub: javierelo
Hecho en México
Contenido
Introducción
Filosofía y cultura novohispana
Un tema de antropología filosófica: los indígenas americanos son seres humanos
Humanismo novohispano
Colofón: “Indio”
Bibliografía
Sobre la autora
Introducción
Sobre la época colonial en nuestro país se escuchan muchas cosas. Además de algunas discrepancias para ubicar los comienzos de nuestra historia –en el periodo prehispánico o justo con la caída de la gran Tenochtitlan– o de las omisiones e inclusiones de episodios y personajes históricos que han ido sucediéndose, a lo largo de su existencia, en los libros oficiales de educación básica, tenemos importantes estudios de algunos académicos que han ahondado tanto en el mundo prehispánico como en el periodo colonial y, otros más, que han retomado episodios de esta historia fundacional para dar cuenta de la identidad mexicana, tema particular que fue predominante en buena parte del siglo XX.
Personalidades como Joaquín García Icazbalceta, Edmundo O’Gorman, Miguel León-Portilla, Silvio Zavala, José M. Gallegos Rocafull, José Gaos y algunos otros, impulsaron la investigación sobre el periodo colonial contra algunas de las convicciones que –como herencia de la historia decimonónica o como convicción construida desde la perspectiva europea– siguen todavía hoy vigentes en el imaginario colectivo y, desafortunadamente, también en algunos círculos académicos. Todavía es lugar común decir que los indígenas creyeron que los españoles eran dioses, que los europeos dudaron de que los indígenas tuvieran alma, que la Malinche traicionó a su propio pueblo o que el cristianismo se impuso solo por la fuerza de las armas; en ocasiones estas convicciones se hacen patentes en frases que incluso el más vanguardista de los investigadores batalla por desterrar de su discurso: así el mote mismo de “descubrimiento de América” o el referirse a la colonización en términos de “proyecto civilizador”,1 o la frecuente reducción de ciertos eventos de la época a dicotomías como la de “indígenas y españoles” o “peninsulares y criollos”, no pocas veces planteadas como si se tratara de una “lucha del bien contra el mal”. Después de La invención de América y de La idea de América Latina,2decir “descubrimiento de América” implica, incluso sin proponérselo, a una toma de posición ideológica; pero la costumbre vuelve a esa frase más clara, para identificar el evento señalado, y hace muy difícil consensar sobre otra para denominar el mismo momento histórico. Asimismo, hay estudios y obras literarias que buscan dar una imagen de la Malinche más contextualizada,3 históricamente hablando, o que se dedican a “matizar” algunas de aquellas afirmaciones, mencionadas antes, remitiéndolas a alguna de las perspectivas que operaban en la época: los españoles entendieron que los indígenas los creían dioses.4 Sin embargo, todavía hay muchos asuntos de la época virreinal que demandan ser replanteados y precisados, pero también hace falta mucha difusión sobre estos asuntos so pena de continuar con visiones cerradas, cuando no equivocadas, sobre personajes y eventos históricos de tal relevancia, con lo que estamos impedidos de valorar adecuadamente nuestro pasado, como pasado, y nuestro presente como continuación de ese pasado.
El trabajo ha sido arduo y dista mucho de estar terminado pese a que se han ido sumando a esta empresa académicos de renombre que sería muy largo enumerar en un libro como el que ahora publicamos. Los fondos documentales coloniales siguen conteniendo millones de documentos que esperan ser descubiertos y analizados; desafortunadamente, son muchos los conocimientos indispensables para acceder a su estudio, como experiencia en paleografía, latín y lenguas indígenas por ejemplo, además de una formación adecuada en distintas disciplinas (teología, filosofía, historia, literatura, antropología, lingüística, filología, geografía, economía, etcétera) para poder detectar fuentes de estudio y temas de indagación pertinentes para el conocimiento de esos momentos que fueron perfilando a nuestra nación actual. Este es un trabajo, por fortuna, que está ya en proceso y con un importante empuje desde hace poco más de un par de décadas; pero ese mismo proceso ha hecho necesario tanto el rescate de documentos, personajes y episodios históricos, como el replanteamiento de algunas perspectivas de estudio. Esto puede notarse, por ejemplo, a lo largo de los treinta años en que se ha realizado el Encuentro de Investigadores del Pensamiento Novohispano5 y con el surgimiento de otros congresos y proyectos colectivos en torno a documentos y temas de la época colonial cuyo centro de reflexión no es solamente la historia, disciplina que siempre se ha ocupado del periodo virreinal, sino otras que, sin dejar de lado a ésta, realizan abordajes desde perspectivas disciplinarias como la literatura, la lingüística, el arte, el derecho y la economía, e impulsan los estudios interdisciplinarios, como se requiere para el análisis de un mundo que no distinguía, ni mucho menos separaba, tal variedad de disciplinas y de saberes.
El trabajo que aquí proponemos versa sobre la Nueva España o, más bien, pretende indagar sobre algunos temas que aunque de conocimiento común son polémicos por la manera en que generalmente, en el imaginario colectivo, se entienden o bien porque el entramado que subyace a ellos es tan complejo, a veces confuso, que obligan a planteamientos básicos que en primera instancia pueden sonar a verdad de Perogrullo: la pregunta sobre qué es lo que se dice cuando se dice lo que se dice. Esto último puede sonar a algún problema de la filosofía como análisis del lenguaje, como lo anunciaba Richard Rorty en su famoso ensayo de 1965,6 o quizá mejor: suena a una frase meramente cantinflesca; esperamos que, sin embargo, e incluso en este último caso, con lo que sigue logremos mostrar que preguntarse por el significado de las palabras clave que se usan en ciertos temas es pertinente. No queremos ofrecer solamente definiciones de diccionario, antes bien nos ocupa la tarea de mostrar el equívoco de ciertas palabras, su complejidad, sus implicaciones, queremos indagar sobre la manera en que se entendían en la Nueva España, en cómo se usan esas palabras hoy, pero, sobre todo, es importante mostrar que las palabras no son neutras, que siempre remiten a una red de relaciones y que, no pocas veces, derivan en problemas o planteamientos específicos de los problemas de investigación y del discurso ideológico. Usar tal o cual palabra, en lugar de otra, para decir algo es, en última instancia, establecer una relación entre nosotros y aquello de lo que hablamos, entre quien lo dice y aquello que es dicho.
Como nos interesan los temas fundacionales de la historia y el imaginario de nuestro país, nos centraremos en los acontecimientos del siglo XVI, aunque haremos algunos apuntes que rebasan ese siglo; nuestra indagación girará en torno a un tema ineludible: el de la humanidad y la racionalidad del indio americano. Sin embargo, como este asunto ha adquirido a través del tiempo innumerables implicaciones, consideramos conveniente comenzar por preguntarnos qué se entiende –o se ha entendido– por “Nueva España” o “época novohispana”, por lo que podría hacer una disciplina como la filosofía cuando atiende a esa época, y qué se ha dicho sobre esto. El segundo capítulo, lo dedicamos a hablar del concepto “hombre” en el siglo XVI, justo para explicar la problemática y las implicaciones que tenía este concepto en aquel momento. El tercer capítulo versa sobre los estudios que se realizan sobre los documentos novohispanos, muchos de los cuales hablan de la influencia o del cultivo del “humanismo” en estas tierras, refiriendo con esta palabra temas y cuestiones muy variadas que, de alguna manera, implican lo que tratamos en los dos primeros capítulos. Terminamos con una breve consideración sobre la palabra “indio”, sus significados y sus relaciones con otras palabras en el siglo XVI, lo que ello revela sobre la realidad colonial de nuestro país y para los estudios contemporáneos sobre el tema, sobre nuestras relaciones con los pueblos originarios.
Este libro recupera dos trabajos ya publicados anteriormente: “Diversidad cultural y y lenguaje: una revisión sobre el tema del hombre americano (siglos XVI y XVII)”,7 que constituye la base del segundo capítulo sobre el concepto de “hombre”, y “Entre las palabras y los hechos. El indígena en la Nueva España”,8 antecedente del libro que ahora presentamos por su forma de proceder y que se recupera con nuevos elementos de reflexión en el último capítulo de este libro, sobre el “indio”. Todo lo demás ha sido parcialmente expuesto en conferencias y charlas, salvo el capítulo sobre el “humanismo”, cuya reflexión surgió de las sesiones plenarias con los alumnos del Doctorado de Estudios Novohispanos de la Universidad Autónoma de Zacatecas, a quienes dedicamos este libro.
Notas de la introducción
1Cfr. Georges L. Bastin: “Eurocentrism and LatinAmericanism in Latin American translationhistory”, Perspectives, nov. 2016, donde discute sobre los prejuicios eurocéntricos que todavía prevalecen en el estudio de la historia de la traducción en América Latina, tomando como prototipo de esto un artículo de M. A. Vega Cernuda, “La traducción en la obra evangelizadora y civilizadora tras la conquista y durante la colonia en la América Hispana” (2012). El primer prejuicio que Bastin analiza es denominado “civilizingtask of missionaries”: Vega menciona que la labor lingüística y traductora de los misioneros en la época colonial tuvo un “claro efecto civilizador” para los indígenas.
2 Edmundo O’Gorman, La invención de América, Fondo de Cultura Económica, México, 1958. Walter D. Mignolo, La idea de América Latina, La herida colonial y la opción decolonial, Gedisa, España, 2005.
3 Por ejemplo, el libro coordinado por Margo Glantz, La Malinche, sus padres y sus hijos, Taurus, México, 2001.
4 Un ejemplo relevante del tratamiento de este problema, y que en cierto sentido coincide con el camino del presente libro, es el que realiza Miguel Pastrana Flores, Historias de la Conquista. Aspectos de la historiografía de tradición náhuatl, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2009, especialmente el capítulo “La naturaleza de los españoles”, donde el autor hace un análisis extenso del sentido de la voz teotl en la lengua mexicana para mostrar que su traducción como “dios” es, por lo menos, problemática.
5www.iifilologicas.unam.mx/pnovohispano/.
6 El título del ensayo es “Dificultades metafilosóficas de la filosofía Lingüística”. Nos referimos a lo que ha sido llamado, desde la tradición analítica, giro lingüístico.
7 Publicado originalmente en Cultura, Lenguaje y Representación, Revista de Estudios Culturales de la Universitat Jaume I, vol. XIV/2015, pp. 125-137.
8 Publicado en Revista istmo, IPADE Business School/Universidad Panamericana, núm. 344, junio-julio 2016, pp. 44-48.
Filosofía y cultura novohispana
El tema que nos ocupa en este apartado es doblemente problemático: por una parte, debemos preguntarnos qué se entiende por Nueva España y, puesto que nuestra perspectiva de análisis es filosófica –y no solo lingüística–, además debemos decir qué entendemos por filosofía. A primera vista parecen temas ajenos, pero conviene relacionarlos en la medida en que la pregunta por la filosofía, por su método y su naturaleza, ayuda a aclarar la pertinencia del estudio de los documentos y temas novohispanos. No es nuestro objetivo definir espacial e históricamente a la Nueva España,1 sino señalar lo que comúnmente se dice de ella para perfilar algunas cuestiones. Explicitar y explicar las ideas que tenemos de la época novohispana en general puede orientarnos hacia mejores maneras de abordar la problemática de esos tres siglos fundamentales de nuestra historia, con ello buscamos clarificar las imágenes del pasado y del hacer filosófico en nuestra nación y en nuestros días.
Hablar conjuntamente de filosofía y Nueva España lleva a pensar en “filosofía novohispana”, lo que obliga a otras problemáticas que no son pertinentes por ahora, como la de si existe una filosofía novohispana (o una filosofía mexicana) y si ella es original y por tanto digna de un estudio independiente de la “historia de la filosofía” en general, en cuyos manuales, dicho sea de paso, no suele mencionarse nada de aquélla. Esto nos obliga a una digresión necesaria: ¿Cómo debería realizarse un estudio filosófico? Esta pregunta obliga a plantear un método que si bien atañe a la filosofía en general (¿hay un método para filosofar?), queremos plantearlo aquí solamente para el caso del estudio del pensamiento novohispano o, en un sentido más amplio, para el estudio de discursos coloniales mexicanos y/o hispanoamericanos, por lo que seguimos la propuesta de Virginia Aspe,2 lo que además nos facilita plantear la propuesta del presente libro. Aspe construye su metodología para realizar su trabajo Aristóteles y Nueva España sobre la obra de tres autores, Cicerón, Skiner y Pereda, si bien completa su propuesta con algunos planteamientos tomados del trabajo de Mauricio Beuchot, Carmen Rovira y Ambrosio Velasco. La autora nos ofrece varios puntos que, sin pretender ser pasos a seguir en orden sino implicando un ir y venir entre ellos, proveen de una concepción del estudio filosófico pertinente para nuestros propósitos:
a) Se debe atender al carácter polémico de muchos de los discursos novohispanos, por lo que conviene atender para su estudio a algunas enseñanzas de la retórica: Cicerón.
b) Es necesario el contexto cuando se estudian textos antiguos, so pena de caer en anacronismos, suponer relaciones o, en suma, realizar interpretaciones erróneas atribuyendo a un autor lo que no dijo y, frecuentemente, lo que no podía decir: Skiner. Aspe afirma que se debe seguir la metodología de la historia de las ideas para captar la acción dinámica y vital de los discursos, las polémicas y, por supuesto, los argumentos filosóficos.
c) Además de lo anterior, un estudio filosófico requiere la realización de una lectura argumentada a la manera en que propone Pereda: abordar el andamiaje interno del argumento para ver su razonabilidad; esto nos permitirá volver a conectarnos con la realidad concreta y considerar la pertinencia del argumento en la actualidad, lo que a la postre permitirá ver la memoria argumental y su continuidad objetiva en la historia del pensamiento.
d) Con Beuchot, Tomás de Aquino y Cayetano, Aspe acentúa la necesidad de la presencialización de los argumentos del pasado y plantea una analogía entre las entidades poéticas y las históricas. Esto la lleva a señalar que debe atenderse a las entidades enunciadas en el argumento filosófico, donde los términos pretenden mostrar el significado que el autor les ha conferido. La cuestión es que hay un significado filosófico (en un discurso determinado de un autor determinado), pero también hay significados históricos (en una tradición, en un contexto, en un idioma, etcétera).
e) Virginia Aspe destaca que Rovira realizó, para el caso del siglo XIX mexicano, una clasificación de los tópicos filosóficos para realizar una historia de las ideas, con lo que logró aportar racionalidad a obras sueltas y dispersas. Velasco, por su parte, retoma esto y además se propone rastrear las tradiciones filosóficas, recuperando la vía política, filosófica y moral que las caracteriza, lo que le permitió enfrentar textos de modo contextuado y desde la óptica de las tradiciones.
Virginia Aspe reúne así estas actividades para orientar el estudio filosófico de textos del pasado, en aras de entenderlos pero también de presencializarlos, de mostrar su racionalidad, para poder descubrir las tradiciones de pensamiento y las problemáticas que han persistido a lo largo del tiempo. El estudio filosófico de los textos del pasado debe consistir en un ir y venir entre el análisis del argumento y las características del contexto; pero eso sí, señala la autora, ateniéndose a la lingüística, pues los términos evolucionan en el tiempo y en los contextos. Y es que hay muchos términos equívocos que se vuelven problemáticos, cuando no nos encierran en clichés y lugares comunes, si no tomamos las previsiones necesarias. Así tenemos términos como nominalismo, republicanismo, aristotelismo, humanismo, liberalismo o conservadurismo, dice la autora, pero también, como enseguida veremos, otros como colonial, cristiano, eclecticismo, escolástica, e incluso hombre.
Estos términos interesan por varias razones: no es solamente para saber cómo se entendían estos conceptos en ciertos momentos de la historia colonial o por ciertos autores, sino para advertir cómo esos términos implican una toma de posición ante un problema o un grupo social determinado, como cuando se habla de la “humanidad del indígena”. El uso de ciertos términos, su significado por quien lo usa, revela las relaciones que se tienen con las cosas que se denominan. En el tema de este capítulo, los términos revelan las relaciones que tenemos actualmente con la Nueva España y el pensamiento novohispano. Siguiendo la propuesta de Aspe, nos proponemos realizar un análisis de algunas problemáticas relacionadas con la Nueva España desde una perspectiva filosófica; sin embargo, nuestro objetivo es más modesto que el que ella se propuso en el libro antes citado, pues nos proponemos atender a lo más básico: a las palabras clave que por lo general se usan en ciertos temas relativos a la época novohispana. En primer lugar, a lo que se dice, y comúnmente se cree, de la Nueva España y de la filosofía novohispana.
La primera distinción que conviene realizar es que hay dos maneras de realizar un trabajo filosófico sobre la Nueva España: la primera, a la manera tradicional, indagando sobre la llegada y presencia de las diferentes tradiciones del pensamiento occidental a las tierras americanas y su desarrollo durante los tres siglos que conforman la época colonial; asunto relevante porque, después de todo, con esas tradiciones se reflexionó sobre los problemas americanos y, en los colegios y universidades coloniales, con ellas se enseñaba a pensar a sus habitantes.
La otra manera consiste en realizar un análisis cuidadoso –desde ámbitos como la antropología filosófica, la teología, la filosofía política, la filosofía del derecho o la teoría económica– de los cuestionamientos motivados por el encuentro de los europeos con los americanos y su coexistencia, las relaciones que se establecieron entre ellos, lo que ello significó para el mundo de la época, la manera en que se fue construyendo una nueva sociedad, la interacción intercultural, etcétera, ya que, después de todo, el “descubrimiento de América” no afectó solamente al llamado “nuevo mundo”, sino a la Europa de la época: estamos en los inicios de la Modernidad, de los primeros impulsos de capitalismo y el comercio global, del nacimiento de los estados-nación modernos y de una serie de cambios ideológicos (políticos, religiosos, educativos, etcétera) en los que el tema americano estaría, de alguna o varias maneras, involucrado.
La primera manera propuesta de estudiar filosofía atendería a un estudio filosófico más tradicional, que procedería por autores, corrientes de pensamiento y temas filosóficos. La segunda, aunque podría enmarcarse en la filosofía de la cultura, se vería obligada a atender discursos que no son tradicionalmente tenidos como filosóficos –crónicas, sermones, manuales para confesores, dictámenes, leyes, etcétera– y tendría que apoyarse en disciplinas como la filología, la historia, la antropología, la lingüística, economía, derecho, etcétera. No se trata de enfoques excluyentes, al contrario; pero consideramos que esta distinción es pertinente porque con mucha frecuencia, sobre todo cuando el objeto de estudio no consiste en tratados de filosofía o por lo menos en apuntes escolares de las cátedras de arte, o bien cuando se ven involucrados temas teológicos por ejemplo, se considera que tal estudio no es filosófico sino histórico (y cuando un historiador accede a estos trabajos, con toda razón, podría decir que no se trata de una investigación histórica) o religioso o de cualquier otro tipo. En este sentido se explican las afirmaciones de que no existe una filosofía novohispana o, en el peor de los casos, de que se trata de una filosofía que solamente busca perpetuar el poder colonial, por lo que se la considera apenas poco más que una mera repetición de los grandes autores o las corrientes filosóficas europeas; lo que fácilmente ocasiona que su estudio parezca obsoleto. Por el contrario, las dos formas de estudio filosófico que proponemos se diferencian en que pueden poner, cada una, el acento en fuentes diferentes de estudio, en que una se interesa en primer lugar por la historia de las ideas y la otra por las situaciones y los discursos que no siendo propiamente filosóficos pueden ser analizados desde una perspectiva filosófica, porque plantean ellos mismos problemas filosóficos; pero en ambos casos, el interés debe ser el mismo: analizar problemas filosóficos, el argumento propiamente filosófico con respecto a la situación frente a la cual fue planteado y de cara a las tradiciones de pensamiento de donde se nutre; después de esto podemos considerar lo que esos discursos nos dicen de nuestra propia situación.
Los libros oficiales de historia para los niveles medio y básico suprimen momentos que suelen pasar desapercibidos también para la historia de las ideas en México. Hasta hace un par de décadas apenas se mencionaba en ellos algo de la historia y el pensamiento prehispánico; trataban del descubrimiento de América y la conquista de Tenochtitlán, solían callar sobre el resto de lo acontecido durante la colonia, aunque alguna mención se hacía del defensor de los indios Bartolomé de las Casas y de la poeta Sor Juana Inés de la Cruz. Poco se dice en estos libros de las culturas prehispánicas; el centralismo mexicano provoca que casi exclusivamente se hable de los mexicas o aztecas. Esto, el difícil acceso a los idiomas indígenas de nuestro país (poco o nada se impulsa el aprendizaje de las lenguas de los pueblos originarios y muy poco hay de manera escrita de los antiguos habitantes de estas tierras, entre otras razones porque ellos no consignaban su memoria con nuestro alfabeto) y el hecho de que una buena cantidad de documentos coloniales está en lengua latina, hacen parecer más oscura a esta época, siendo por ello fácil creer que no hubo filosofía en el mundo prehispánico y que los novohispanos fueron más teólogos que filósofos o que simplemente repetían el saber que provenía de la metrópoli.
