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En esta historia verídica y fascinante experimentará el mundo interior de una joven de veinte años que se reía, cocinaba, corría y sobre todo, amaba a su Señor: Kirsten. En la mañana del 19 de noviembre de 2009 fue asesinada mientras corría en la isla de Yap, donde trabajaba como estudiante misionera. La noticia conmocionó al pueblo y devastó a su familia y amigos en los Estados Unidos. Esta es una historia de redención frente a una tragedia incomprensible; redención de una joven cristiana que amó mucho y era muy amada, de la terrible pérdida de una mártir de veinte años en zapatillas. A través de sus páginas, compartirá el anhelo de sus allegados del día en que finalmente se enjugará toda lágrima.
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Seitenzahl: 145
Veröffentlichungsjahr: 2021
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La verdadera historia de la estudiante misionera que lo dio todo
Rainey H. Park con Andy Nash
Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Los amo, Kirsten
Rainey H. Park
Andy Nash
Título del original: Love, Kirsten, Pacific Press Publishing Association, Nampa, ID, E.U.A., 2010.
Dirección: Martha Bibiana Claverie
Traducción: Claudia Blath
Diseño del interior: Marcelo Benítez
Diseño de tapa: Steve Lanto (PPPA), Andrea Olmedo Nissen (ACES)
Ilustración: (tapa) Wyntre Robinson
Fotografías: (interior) provistas por el autor.
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina
Primera edición, e - Book
MMXXI
Es propiedad. Copyright de la edición en inglés © 2010 Pacific Press® Publishing Association, Nampa, Idaho, USA. Todos los derechos internacionales reservados.
© 2012, 2021 Asociación Casa Editora Sudamericana. Esta edición en castellano se publica con permiso del dueño del Copyright.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-389-0
Park, Rainey H.
Los amo, Kirsten / Rainey H. Park ; Andy Nash / Adaptado por Wyntre Robinson / Dirigido por Martha Bibiana Claverie. - 1ª ed . - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo digital: Online
Traducción de: Claudia Blath.
ISBN 978-987-798-389-0
1. Vida cristiana. 2. Misiones cristianas. I. Nash, Andy. II. Robinson, Wyntre, adap. III. Claverie, Martha Bibiana, dir. IV. Blath, Claudia, trad. V. Título.
CDD 266.009
Publicado el 26 de marzo de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
E-mail: [email protected]
Website: editorialaces.com
Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
“Muchos se conmovieron ante la tragedia del asesinato de Kirsten Wolcott, y ahora muchos más se sentirán tocados por esta historia bien documentada. En estas páginas, la vida y el compromiso de una estudiante misionera se despliegan con una mirada honesta a sus luchas personales y a su muerte prematura”.
Gordon Bietz,
presidente de la Southern Adventist University
“Al llegar a las últimas páginas, que me hicieron llorar, no pude cerrar este libro. En muchos aspectos, Kirsten parecía otra estudiante universitaria más, en una aventura misionera a corto plazo. Pero, descubrimos muchísimas cosas más: luchas personales; su crecimiento espiritual; una profunda compasión. Es una historia de redención, frente a una tragedia incomprensible; de una joven cristiana imperfecta, pero hermosa, que amaba mucho y era muy amada; de la terrible pérdida de una mártir de veinte años en zapatillas”.
Gary Krause,
director de Adventist Mission [Misión Adventista]
“Estoy muy agradecida por este libro sobre mi hija. Derramé lágrimas muchas veces. Extraño a Kirsten todos los días. Y no puedo esperar a darle el abrazo más largo de todos cuando Jesús venga y mi ángel me reúna con ella. Oro para que todos los que lean este libro sean cambiados para siempre”.
Karen Wolcott,
madre de Kirsten Wolcott
“La historia de Kirsten sigue inspirando a los alumnos de la Southern Adventist University a fin de unirse a las mismas filas misioneras en las que ella perdió la vida. Esta biografía es honesta, y redactada con creatividad. Las anotaciones en el diario de Kirsten –hábilmente entretejidas de principio a fin– nos muestran su vida interior, y permiten que Kirsten comparta su historia en sus propias palabras”.
Brennon Kirstein,
capellán, Southern Adventist University
Cuando una estudiante universitaria de veinte años sale de su casa para ser misionera, se supone que regresará al hogar y contará historias de cómo es ser una misionera. Pero ¿qué ocurre cuando no logra volver a casa?
La mañana del 19 de noviembre de 2009, Kirsten Wolcott fue asaltada y asesinada mientras hacía jogging en la isla micronesia de Yap, donde trabajaba en voluntariado como maestra de segundo grado. La muerte de Kirsten consternó a los yapenses, y devastó a su familia y sus amigos, que vivían en Virginia, EE.UU. La tragedia, también, dejó aturdidos y desolados a los amigos y los profesores de la Southern Adventist University.
Varias semanas después, una de las compañeras de clase de Kirsten, Rainey Park, estaba sentada en la clase de Periodismo Literario, que dicto en la Southern. Como proyecto de la asignatura, Rainey manifestó que le gustaría escribir sobre Kirsten Wolcott. Aunque Rainey no conoció a Kirsten personalmente, creía que era necesario relatar la historia de la vida –y la muerte– de la joven.
Durante los meses siguientes, con la generosa ayuda de la familia Wolcott, Rainey bosquejó rigurosamente los meses finales de la vida de Kirsten: reconstruyó los hechos, estudió la correspondencia y las anotaciones del diario de Kirsten; y hasta viajó a Yap con medios propios, donde entrevistó a los colegas de Kirsten... y al asesino mismo. En muchos aspectos, la pasión de Rainey por contar esta historia se complementa con la pasión que definió la vida de Kirsten.
Kirsten Wolcott no tuvo la oportunidad de contar su historia. Así que, Rainey Park la cuenta por ella.
Andy Nash,
profesor adjunto de Periodismo, Southern Adventist University
Recogí material para este libro de varias fuentes. Kirsten llevó un diario escrito a mano, en Yap, hasta el 20 de octubre, un mes antes de su muerte. También, hacía anotaciones en la computadora durante sus devocionales, tomando notas, elaborando reflexiones y oraciones mientras leía la Biblia. La última anotación en su computadora es del 19 de noviembre, la mañana en que fue asesinada. Estas dos fuentes proveen de gran cantidad de vislumbres del mundo interior y exterior de Kirsten.
Además, extraje material del e-mail de Kirsten durante su estadía en Yap, y entrevisté a docenas de personas involucradas en esta historia, incluyendo a los miembros de la familia de Kirsten, amigos, compañeros misioneros y al asesino convicto.
Conservé lo máximo posible el lenguaje original de las citas, aunque en algunos casos corregí la ortografía, la gramática o la puntuación, a fin de mejorar la claridad para el lector. Por respeto a la privacidad, cambié los nombres de los niños de la escuela. Además, cuando el primer nombre de los estudiantes misioneros era similar, usé el segundo nombre (Kristen fue cambiado por Liz, para evitar confundirlo con Kirsten. Alex fue cambiado por Gus).
Estoy especialmente agradecida a la familia Wolcott y a otras personas que me han ayudado a relatar la historia de Kirsten.
Rainey H. Park
Otoño de 2010
www.raineypark.com
Me subo a la cama en la que dormía Kirsten. En el otro extremo del cuarto, en mi maleta, está el diario de Kirsten: un librito marrón, con una tapa de gamuza y dos broches de presión de color dorado. La última vez que este diario estuvo aquí, en Yap, Kirsten estaba escribiendo en él. Llenaba sus páginas de alegría y asombro; de confusión y descubrimiento.
¡Hola, Dios! Es una mañana hermosa; y estoy muy entusiasmada, porque este es mi primer día en Yap...
¡Mis niños son fantásticos!...
La esposa del director partió algunos cocos tiernos, ¡les puso sorbetes y nos dio a beber el agua de coco! ¡Miam! Realmente, estuvo delicioso...
Así que, hoy, medio que transgredí una regla...
Odio decir esto, pero, medio que me gusta él...
Vi un pez león y este asombroso coral púrpura...
Estoy en mi peso más bajo de un tiempo a esta parte, pero no tengo tanta hambre de mañana.
Salomón dice que todo tiene su tiempo. Mientras estudiaba, me preguntaba por qué había cosas buenas y cosas malas. ¿Por qué debería haber un tiempo para morir?
Como tú y yo, Kirsten tenía luchas personales. También tenía un espíritu contagioso y una fe vibrante en Dios. En las dos semanas siguientes, seguiré los pasos de Kirsten, hablaré con los estudiantes misioneros que fueron colegas suyos, visitaré su aula, conoceré a sus alumnos y entrevistaré a su asesino.
Pero, primero, descansaré. Cierro los ojos y aguardo el amanecer yapense.
Agitada, Kirsten subió corriendo los últimos escalones engastados en la ladera de la montaña. Desde este punto panorámico, podía ver la isla en toda su extensión, allí abajo, y las claras y azules aguas hawaianas, que relucían con la luz matinal.
¡Dios, eres tan extraordinario!, pensó.
Kirsten y los demás misioneros habían hecho una parada en Hawai para una capacitación de tres días. Luego, cada uno partiría hacia su destino final; en el caso de Kirsten, a la diminuta isla micronesia llamada Yap.
Destino final. Esas eran palabras extrañas. Me quedé pensando, escribió en su diario, que estas no son solo vacaciones. No volveré a casa en un par de semanas. Voy a enseñar a niñitos, y ni siquiera terminé de estudiar todavía. Pero, Dios, tú me diste calma, y me has traído hasta aquí. Sé que no me dejarás en tinieblas.
Dios, tengo que agradecerte nuevamente por la seguridad y la amistad, la salud, la naturaleza y toda la belleza que vi. Estoy a punto de llegar a mi casa lejos de casa, y realmente no puedo describir lo que siento. Las emociones, la falta de sueño, los cambios constantes, etc., hacen que mi cuerpo esté confundido. Estoy lista para instalarme. Estoy lista para meterme de cabeza y concebir una nueva manera de vivir. Úsame, Dios, y dame paciencia, fe, esperanza, coraje y denuedo extra para difundir tu evangelio. Prepara el corazón de aquellos a los que vengo a servir. ¡Brilla a través de mí, y permite que mi ejemplo muestre a estos niños y adultos cuán maravilloso eres realmente!
Kirsten dio una última mirada al hermoso escenario. Luego, bajó corriendo, para reunirse con los demás misioneros.
Trabajar en la escuela adventista de Yap no fue la primera elección de Kirsten; no era la primera elección de nadie.
Sin aire acondicionado.
Sin agua caliente.
Ningún lugar adonde ir.
Yap es pequeña –con solo 26 kilómetros de largo y 6 kilómetros de ancho–; mucho más pequeña que las islas vecinas del Pacífico.
A pesar de todo, en su primera mañana, Kirsten se sintió emocionada al despertarse y echar su primer vistazo real al departamento. Las paredes eran de color crema, y la pintura se estaba descascarando. Un ensamblaje de yeso y tablas de madera componía el cielorraso. No había mucho para mirar en el departamento, pero era sorprendentemente grande, con tres habitaciones, una cocina y una sala de estar.
Cuando las cinco chicas llegaron tarde la noche anterior, Kirsten y Katherine eligieron la habitación del último rincón. Tenía una ventana grande, que daba a la calle y a la entrada de la escuela. No había cortinas ni persianas; así que, cuando las chicas se despertaron, Katherine clavó una manta fina, para tener un poco de privacidad.
Esa tarde, el director, Nicholas Fonseka, y su esposa, Mary, llevaron a las misioneras a la ciudad. Los Fonseka eran voluntarios de Sri Lanka. El director Fonseka era un hombre fornido, con anteojos y cabello oscuro, en proceso de volverse gris. Usaba camisas de lino hindúes y pantalones caqui. Sus expresiones faciales eran serias, y frecuentemente se cruzaba de brazos mientras hablaba. Pero era conocido por su buen corazón.
Su esposa, conocida como la señorita Mary, era una mujer pequeña de cabello oscuro, que usaba atado en una coleta. Mechones de canas enmarcaban sus sienes. Tenía ojos grandes y profundos, y una sonrisa que con frecuencia destellaba a la vista de las estudiantes misioneras.
Generalmente, los misioneros que eran directores trabajaban por dos años, pero el director Fonseka estaba iniciando ahora su tercer año. La señorita Mary era la maestra del jardín de infantes.
–Allí está el YCA, un almacén –dijo el director Fonseka, después de veinte minutos de manejar.
La furgoneta se detuvo en una pequeña plaza comercial, en el centro de Colonia, la única ciudad de la isla. Una hilera de edificios blancos con carteles pequeños recibió a las EMs (estudiantes misioneras) al bajarse del vehículo.
Inmediatamente, Kirsten se dio cuenta de que comprar comestibles en la isla sería un desafío. Dentro del pequeño almacén de color gris, había varias filas de estantes, mayormente de alimentos enlatados. Todo era importado, por lo cual los precios eran caros, y era difícil encontrar frutas frescas y verduras. Avena arrollada: 7 pesos la caja; atún: 1,44 pesos la lata; manteca de maní: 4 pesos el frasquito; helado: 6 pesos el litro. Después de visitar varios minimercados, Kirsten encontró los ingredientes que necesitaba. Esa noche, preparó una comida maravillosa: pasta primavera, con una salsa jardinera revuelta con pimientos, cebolla, berenjena y brócoli congelado. Las chicas se ofrecieron para ayudar a Kirsten, pero ella se negó.
–De veras me gusta cocinar –aseguró–. Es una de esas cosas que tengo que hacer por mi salud mental, como correr. Si necesito ayuda, les aviso.
De allí en más, Kirsten se autoproclamó como la cocinera.
Dos días después, el domingo, Kirsten se levantó antes del amanecer para hacer su culto personal y salir a correr. Aunque había prometido a su médico y al nutricionista que no haría ejercicio más que tres veces por semana en Yap, estaba decidida a hacer entrar en su agenda esos tres días.
Las misioneras no tenían permiso para salir solas del campus, por lo que Kirsten se contentó con correr alrededor de la escuela. Primero, siguió la vereda angosta desde el departamento hasta el patio de juegos de la escuela primaria. Luego, corrió alrededor del predio, dio la vuelta al patio del colegio secundario, y subió y bajó los escalones del edificio de Administración. Como no había mucho espacio, Kirsten pasaba la mayor parte del tiempo deteniéndose debajo de cada lugar cubierto, con el fin de hacer ejercicios adicionales de brazos y piernas. En total, su rutina duraba cuarenta minutos. Después, volvía corriendo al departamento, para darse una ducha fría –la única clase disponible– y desayunar.
El cereal y la papaya fresca estuvieron muy buenos después de una ducha fría, escribió en su diario. Ah, sí, ¡y el pan me salió fantástico! Lo había horneado la noche anterior. Mientras comía, pensaba en las demás EMs.
Estoy un poco preocupada por Aila, porque casi no come nada. Espero que no baje mucho de peso. El haber pasado por eso, haber hecho eso y ahora esto ¡me asusta!
**************
La tarea asignada a Kirsten en Yap era desempeñarse como maestra de segundo grado. Como los niños ya hablaban inglés, ella les enseñaría varias materias, muy similares al segundo grado de donde ella provenía. Mientras preparaba su aula –fregar los pupitres, quitar la decoración del año anterior, redactar la planificación de las unidades didácticas–, Kirsten reflexionaba en el año que tendría por delante.
Dios, mientras esté aquí, en Yap, quiero que sea más que mi acento, mi piel y mi ropa lo que me diferencie, oró. Quiero ser firme en lo que creo. Ayúdame a dejar de andar a la deriva. Quiero conocer lo que creo y vivirlo. ¡Dame la fuerza para ser valiente! Cuando tenemos problemas, sé que TÚ eres el único que puede sacarme de ellos. Por supuesto, tengo a mi director y a los coordinadores; pero, cuando todo se reduce a ti, ¡tú eres el único que eres poderoso para salvar! Ven, y sé mi castillo fuerte en mi vida. Lléname con el poder de tu Espíritu y dame el deseo de poder servirte fielmente hoy. Quiero brillar para ti, e iluminar el día de alguien.
**************
Cuando comenzaron las clases dos semanas después, Kirsten se sentía nerviosa. Hubiese deseado tener la oportunidad de conversar con su mamá la noche anterior, pero no funcionaba Internet. Se despertó a las 5:30, tomó su linterna y salió a correr: por la veredita, alrededor del campus, alrededor del patio del secundario y por las escaleras del edificio de Administración. Para las 7, ya estaba en su aula, lista para recibir y saludar a sus nuevos alumnos. Era un grupo de diez; un grupo perfecto: tres varones y siete niñas. Todos usaban el uniforme escolar de pantalones cortos o faldas marrones y una remera de color crema. A medida que iban entrando, los alumnos dejaban su calzado en la puerta.
Las primeras clases fueron difíciles. Kirsten trataba de presentar los temas despaciosamente, pero para la tarde los chicos parecían extenuados. La única actividad que captaba el interés de ellos era mirar mapas y aprender de otros países.
¡Ayuda!, anotó esa noche. Está bien, Dios, te la hago corta... ¡Mis niños son fantásticos! Tan lindos. Prestan mucha atención; pero no están a la altura del aprendizaje. Tengo algunos que apenas saben leer, otros que no pueden sumar ni restar; no pueden contar de dos en dos; no saben cuánto vale una moneda de diez centavos. Realmente se esfuerzan, pero les cuesta... Tienen muchas necesidades en este momento, y parecen pedir permiso para todo; lo que en algunos casos es bueno, ¡pero malo para otros! Trabajan muy calladitos y bien cuando tienen tarea. Realmente aprecio eso... Espero que todo vaya sobre ruedas de aquí en adelante... Por favor, dame algo de paz para poder calmarme y dormir esta noche. Gracias, Dios. Amén. Ke
Además del desafío de enseñar, Kirsten sentía el estrés de otros problemas escolares más grandes:
El director nos contó hoy que la escuela está teniendo algunos problemas, escribió.
