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Los cálices vacíos es el libro que le valió la consagración a Delmira Agustini. Publicado en 1913, todavía asombra por la claridad y vuelo imaginativo de sus versos. Es todo un canto a la pasión erótica. Pocas veces alguien escribió con esa devoción sobre el cuerpo que se inclina sobre otro cuerpo. Pocas veces se hablaba en aquella época de la noche y la cama como los lugares de tantas ensoñaciones celestiales y carnales a la vez, y ciertamente casi nadie hubiese esperado que lo hiciera una muchacha latinoamericana.
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Seitenzahl: 83
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Delmira Agustini
(POESÍAS)
Saga
Los cálices vacíos
Copyright © 1913, 2021 SAGA Egmont
All rights reserved
ISBN: 9788726602265
1st ebook edition
Format: EPUB 3.0
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This work is republished as a historical document. It contains contemporary use of language.
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De todas cuantas mujeres hoy escriben en verso ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agunstini, por su alma sin velos y su corazón de flor. A veces rosa por lo sonrosado, á veces lirio por lo blanco. Y es la primera vez en que en lengua castellana aparece un alma femenina en el orgullo de la verdad de su inocencia y de su amor, á no ser Santa Teresa en su exaltación divina. Si esta niña bella continúa en la lírica revelación de su espíritu como hasta ahora, va á asombrar á nuestro mundo de lengua española. Sinceridad, encanto y fantasía, he allí las cualidades de esta deliciosa musa. Cambiando la frase de Shakespeare, podría decirse « that is a vvoman », pues por ser muy mujer, dice cosas exquisitas que nunca se han dicho. Sean con ella la gloria, el amor y la felicidad.
Rubén Darío
Debout sur mon orgueil je veux montrer au soir
L’envers de mon manteau endeuillé de tes charmes,
Son mouchoir infini, son mouchoir noir et noir,
Trait á trait, doucement, boira toutes mes larmes.
Il donne des lys blancs á mes roses de fíamme
Et des bandeaux de calme á mon front délirant . . .
Que le soir sera bon! . . Il aura pour moi l’áme
Claire et le corps profond d’un magnifique amant.
Porque haces tu can de la leona
Más fuerte de la Vida, y la aprisiona
La cadena de rosas de tu brazo.
Porque tu cuerpo es la raiz, el lazo
Esencial de los troncos discordantes
Del placer y el dolor, plantas gigantes.
Porque emerge en tu mano bella y fuerte,
Como en broche de místicos diamantes
El más embriagador lis de la Muerte.
Porque sobre el Espacio te diviso,
Puente de luz, perfume y melodía,
Comunicando infierno y paraíso.
— Con alma fúlgida y carne sombría . . .
Fuera, la noche en veste de tragedia solloza
Como una enorme viuda pegada á mis cristales.
Mi cuarto: . . .
Por un bello milagro de la luz y del fuego
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras:
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices,
Y es tan vívida y cálida tan dulce que me creo
Dentro de un corazón. . .
Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso
Como flor de inocencia,
Como espuma de vicio!
Esta noche hace insomnio;
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente
Una rosa de sol. . .
En estas noches negras y claras no se duerme.
Y yo te amo, Invierno!
Yo te imagino viejo,
Yo te imagino sabio,
Con un divino cuerpo de mármol palpitante
Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo. . .
Invierno, yo te amo y soy la primavera. . .
Yo sonroso, tú nievas:
Tú porque todo sabes,
Yo porque todo sueño. . .
. . .Amémosnos por eso!. . .
Sobre mi lecho en blanco,
Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia,
Como espuma de vicio,
Invierno, Invierno, Invierno,
Caígamos en un ramo de rosas y de lirios!
Yo hacía una divina labor, sobre la roca
Creciente del Orgullo. De la vida lejana,
Algun pétalo vivido me voló en la mañana,
Algun beso en la noche. Tenaz como una loca,
Seguía mi divina labor sobre la roca,
Cuando tu voz que funde como sacra campana
En la nota celeste la vibración humana,
Tendió su lazo de oro al borde de tu boca;
—Maravilloso nido del vértigo, tu bocal
Dos pétalos de rosa abrochando un abismo. . . —
Labor, labor de gloria, dolorosa y liviana;
¡Tela donde mi espíritu se fué tramando el mismo!
Tú quedas en la testa soberbia de la roca,
Y yo caigo sin fin en el sangriento abismo!
Yo vivía en la torre inclinada
De la Melancolía. . .
Las arañas del tedio, las arañas más grises,
En silencio y en gris tejían y tejían.
¡Oh la húmeda torre!. . .
Llena de la presencia
Siniestra de un gran buho,
Como un alma en pena;
Tan mudo que el Silencio en la torre es dos veces;
Tan triste,que sin verlo nos da frio la inmensa
Sombra de su tristeza.
Eternamente incuba un gran huevo infecundo,
Incrustadas las raras pupilas más allá;
O caza las arañas del tedio, ó traga amargos
Hongos de soledad.
El buho de las ruinas ilustres y las almas
Altas y desoladas!
Náufraga de la Luz yo me ahogaba en la sombra . . .
En la húmeda torre, inclinada á mi misma,
A veees yo temblaba
Del horror de mi sima.
****
¡Oh Tú que me arrancaste á la torre más fuerte!
Que alzaste suavemente la sombra como un velo,
Que me lograste rosas en la nieve del alma,
Que me lograste llamas en el mármol del cuerpo;
Que hiciste todo un lago con cisnes, de mi lloro . . .
Tú que en mí todo puedes,
En mí debes ser Dios!
De tus manos yo quiero hasta el Bien que hace mal . . .
Soy el cáliz brillante que colmarás, Señor;
Soy, caída y erguida como un lirio á tus plantas,
Más que tuya, mi Dios!
Perdón, perdón si peco alguna vez, soñando
Que me abrazas con alas ¡todo mio! en el Sol. . .
Ojos á toda luz y á toda sombra!
Heliotropos del Sueño! Plenos ojos
Que encandiló el Milagro y que no asombra
Jamás la vida . . . Eléctricos cerrojos
De profundas estancias; claros broches,
Broches oscuros, húmedos, temblantes,
Para un collar de días y de noches. . .
Bocas de abismo en labios centelleantes;
Natas de amargas mares nunca vistas;
Claras medallas; tétricos blasones;
Capullos de dos noches imprevistas
Y madreperlas de constelaciones. . .
¿Sabes todas las cosas palpitantes,
Inanimadas, claras, tenebrosas,
Dulces, horrendas, juntas ó distantes,
Que pueden ser tus ojos?. . . Tantas cosas
Que se nombraran infinitamente!. . .
Maravilladas veladoras mías
Que en fuego bordan visionariamente
La trama de mis noches y mis días!. . .
Lagos que son también una corriente. . .
Jardines de los iris! devorados
Por dos fuentes que eclipsan los tesoros
Sombríos más sombríos, más preciados. . .
Firmamentos en flor de meteoros;
Fondos marinos, cristalinas grutas
Donde se encastilló la Maravilla;
Faros que apuntan misteriosas rutas. . .
Caminos temblorosos de una orilla
Desconocida; lámparas votivas
Que se nutren de espíritus humanos
Y que el milagro enciende; gemas vivas
Y hoy por gracia divina, ¡siemprevivas!
Y en el azur del Arte, astros hermanos!
— La tienda de la noche se ha rasgado hacia Oriente.—
Tu espíritu amanece maravillosamente;
Su luz entra en mi alma como el sol á un vergel. . .
—Pleno sol. Llueve fuego. — Tu amor tienta, es la gruta
Afelpada de musgo, el arroyo, la fruta.,
La deleitosa fruta madura á toda miel.
—El Angelus.— Tus manos son dos alas tranquilas,
Mi espíritu se dobla como un gajo de lilas,
Y mi cuerpo te envuelve. . . tan sutil como un velo.
—El triunfo de la Noche.— De tus manos, más bellas,
Fluyen todas las sombras y todas las estrellas,
Y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo!
En oro, bronce ó acero
Líricos grabar yo quiero
Tu Wagneriano perfil;
Perfil supremo y arcano
Que yo torné casi humano:
Asómate á mi buril.
Perfil que me diste un día
Largo de melancolía
Y rojo de corazon;
Perfil de antiguos marfiles,
Diamante de los perfiles,
Mi lira es tu medallon!
Perfil que el tedio corona,
Perfil que el orgullo encona
Y estrella un gran ojo gris,
Para embriagar al Futuro,
Destila, tu filtro oscuro
En el cáliz de este lis.
Érase una cadena fuerte como un destino,
Sacra como una vida, sensible como un alma;
La corté con un lirio y sigo mi camino
Con la frialdad magnífica de la Muerte. . . Con calma
Curiosidad mi espíritu se asoma á su laguna
Interior, y el cristal de las aguas dormidas,
Refleja un dios ó un monstruo, enmascarado en una
Esfinje tenebrosa suspensa de otras vidas,
¿Acaso fué en un marco de ilusión,
En el profundo espejo del deseo,
O fué divina y simplemente en vida
Que yo te vi velar mi sueño la otra noche?
En mi alcoba agrandada de soledad y miedo,
Taciturno á mi lado apareciste
Como un hongo gigante, muerto y vivo,
Brotado en los rincones de la noche
Húmedos de silencio,
Y engrasados de sombra y soledad.
Te inclinabas á mi supremamente,
Como á la copa de cristal de un lago
Sobre el mantel de fuego del desierto;
Te inclinabas á mi, como un enfermo
De la vida á los opios infalibles
Y á las vendas de piedra de la Muerte;
Te inclinabas á mi como el creyente
A la oblea de cielo de la hostia. . .
—Gota de nieve con sabor de estrellas
Que alimenta los lirios de la Carne,
Chispa de Dios que estrella los espíritus.—
Te inclinabas á mi como el gran sauce
De la Melancolía
A las hondas lagunas del silencio;
Te inclinabas á mi como la torre
De mármol del Orgullo,
Minada por un monstruo de tristeza,
