Los cinco minutos de Dios - Alfonso Milagro - E-Book

Los cinco minutos de Dios E-Book

Alfonso Milagro

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Beschreibung

Meditaciones para cada día del año. Las páginas de este libro acompañan la búsqueda cotidiana del sentido de la existencia que todos los hombres y mujeres realizan en medio del ritmo vertiginoso de los tiempos actuales. La brevedad y profundidad de sus pensamientos, así como la claridad y sencillez con que fueron elaborados, son la clave del éxito de esta obra, permitiendo a tantas generaciones escuchar la voz de Dios desde los acontecimientos y en lo profundo del corazón.

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Seitenzahl: 398

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Alfonso Milagro - Misionero Claretiano

Los cinco minutos de Dios

Nueva edición

Breves reflexiones para cada día del año con la Biblia y con la vida diaria

Editorial Claretiana

Índice de contenido
Los cinco minutos de Dios
Presentación a esta nueva edición
Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Junio
Julio
Agosto
Setiembre
Octubre
Noviembre
Diciembre
Oraciones
Abreviaturas

Milagro, Alfonso

Los cinco minutos de Dios / Alfonso Milagro. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Claretiana, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-762-115-0

1. Espiritualidad Cristiana. 2. Oraciones Diarias. 3. Reflexiones. I. Título.

CDD 248.4

Editorial Claretiana es miembro de Claret Publishing Group

Bangalore • Barcelona • Buenos Aires • Chennai • Colombo • Dar es Salaam • Lagos • Madrid • Macao • Manila • Owerri • São Paulo • Warsaw • Yaoundè

Diseño de tapa: Equipo Editorial

1ª edición libro digital, diciembre de 2022

Versión: 1.0

Todos los derechos reservados

Queda hecho el depósito que ordena la ley 11.723

ISBN: 978-987-762-115-0

©Editorial Claretiana, 2022

EDITORIAL CLARETIANA

Lima 1360 - C1138ACD - Buenos Aires

República Argentina

Tel: 4305-9510/9597

E-mail: [email protected]

www.tiendaclaretiana.com.ar

Presentación a esta nueva edición

El padre Alfonso Milagro, que escribiera estas páginas interpretando las palabras de Jesús -“Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y haberlas revelado a los pequeños” (Mt 11,25)- tal vez no hubiera nunca imaginado que su invitación a encontrarnos cinco minutos con Dios en el ritmo vertiginoso de los tiempos actuales convocara a más de medio millón de personas.

Por ellas, y por los futuros lectores, presentamos una nueva edición de su obra con algunas adaptaciones menores que actualizan aun más el mensaje, sin alterar su particular estilo coloquial y popular.

Para esta edición se tomaron las citas bíblicas de El Libro del Pueblo de Dios, traducción de la Biblia que, por su estilo, resulta más cercana a nuestro lenguaje.

Además incluimos un índice de referencias que puede facilitarnos el acceso a las fuentes de los textos citados, que pertenecen no sólo a los libros de la Biblia sino también a documentos del Concilio Vaticano II.

Deseamos que estas páginas continúen inquietando a muchos hombres y mujeres que, en búsqueda de sentido para sus vidas, perciben la presencia de Dios y se sienten interpelados por su Palabra.

El editor

Enero

Gracias, Señor,

por este nuevo

año que me das.

¿Qué esperas de mí?

¡Aquí estoy,

atento a tu palabra!

Enero 1

Todos nos felicitamos hoy, deseándonos: “¡Feliz Año Nuevo!” Y somos sinceros al hacerlo.

Y también solemos repetir la conocida frase: “¡Año nuevo, vida nueva!”

Un nuevo año supone para cada uno de nosotros una nueva posibilidad de mejoramiento, de perfección, de propia superación. No te contentes con ser este nuevo año como fuiste el año pasado. No; no te digo que el año pasado fuiste malo; pero es verdad que en este nuevo año tienes que ser mejor.

Porque si fue bueno que el año pasado no hayas sido malo; sería muy malo si este año no fueras mejor. Es la ley del progreso, que es ley propia de todo ser viviente. Así como vas adelantando en todo, en edad, en conocimientos, en experiencias... también debes ir creciendo en tu espíritu.

Feliz año nuevo, pues, te deseo, con esa felicidad que es fruto del esfuerzo diario por superarse en cada uno de los actos.

La gracia, además de conciente, tiene que ser en ti “creciente”; ha de ir aumentando cada vez más; sigue el ejemplo de Jesús, que “iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él” (Lc 2,40).

Enero 2

Los niños y los adultos ya vamos soñando en los Reyes Magos; los niños por los Reyes, y los adultos porque añoramos nuestra niñez.

¡Es que resulta hermoso volver a soñar con sueños de niño!

Llega un rey de barba blanca y otro de barba de trigo; llega un rey de cara negra: los tres van buscando un Niño.

Montan en tres camellos, que por curvas y caminos los llevan en sus jorobas: los tres van buscando un Niño.

Pasan ciudades con torres, donde hay chiquitos dormidos, y cruzan campos de sombras: los tres van buscando un Niño.

Vienen de palacios de oro estos tres reyes magníficos, montados en dromedarios: los tres van buscando un Niño.

Este tiene un manto rojo y aquél un manto amarillo, un manto azul el tercero: ya lo encontraron al Niño.

Baltasar le ofrece mirra y Melchor presenta el oro; Gaspar ofrece el incienso: a los tres sonríe el Niño.

También los adultos debemos ofrecer nuestros obsequios al Señor; pero debemos hecerlo con corazón de niño. “Encontraron al niño con María, su madre, y postrándose le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra” (Mt 2,11).

Enero 3

Por los caminos del Oriente llegan los tres Reyes Magos con su cofre reluciente, para traer los regalos.

Al trote de sus camellos salen de Jerusalén y marchan repartiendo por el mundo los juguetes del Niño de Belén.

Rey 1º:

Aquí me tienes, Señor, en tu presencia real;

me llaman el rey Melchor

por las tierras de Bagdad.

Te traigo el oro luciente, símbolo de caridad;

lo deposito en tus manos,

mientras beso el manto real.

Rey 2º:

Vengo de Arabia Feliz, tierra bendita por Vos,

que da perfumes al hombre

y da incienso para Dios.

Estoy rendido a tus pies,

Niño de extraña bondad,

que en tu corona de Rey brilla la divinidad.

Rey 3º:

Vengo al trote del camello por los campos de Etiopía; el amor sirvió de espuela y una estrella fue mi guía. Desde que salí de Jerusalén, he pensado en Ti, Niño de Belén.

“Vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,2).

Enero 4

Señores reyes de Oriente,

no nos vayan a olvidar

y vengan posiblemente en tren, para no tardar.

Pueden seguir los destellos

de la estrella de Belén,

pero venirse en camellos,

hoy día no queda bien.

Quiero que sepan también, por si nunca lo han

notado,que hay un chico muy de bien,

pero muy pobre, aquí al lado.

Tal vez no tenga botines que poner en la ventana

y haciendo tristes mohínes

se venga a vernos mañana.

Su madre cose y apenas le alcanza para vivir.

¡Los dos pasan unas penas!

¡Eso no puede seguir!

Ustedes, señores reyes,

que iban buscando al Dios Niño,

y lo hallaron entre bueyes

y le dieron su cariño,

acuérdense del de al lado,

que siempre nos ve jugar,

encogidito y callado, sin reírse, sin chistar.

Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre los principales ciudades de Judá; porque de ti surgirá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel” (Mt 2,6).

Enero 5

—¿A quién tus ovejas conduces, pastor?

—Al Niño Divino, del cielo Señor.

—¿En cuna de oro le viste, quizá?

—Le vi en un pesebre, sobre el heno está.

Transido de frío, sin ropas le vi,

mas el buey y el asno le alientan allí.

La Virgen María le canta y José,

gozoso a sus plantas, postrado se ve.

—¿A quién, mi linda estrellita, anuncia tu luz?

—Mis rayos te llevan al Niño Jesús.

—¿Por qué en sus camellos los Magos se ven,

cruzando desiertos? ¿Qué buscan? ¿A quién?

¿A quién lleva incienso el rey Baltasar?

¿A quién oro y mirra Melchor y Gaspar?

—Al Niño divino, que el astro anunció;

sus rayos dijeron que en Belén nació.

Los ángeles cantan; escucha y oirás:

“Gloria en las alturas y en la tierra paz”.

“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él” (Lc 2,14), a los hombres destinatarios de la benevolencia divina.

Enero 6

Dijo Mahatma Gandhi que el hombre no es más que el resultado de sus pensamientos; lo que él piensa es lo que llega a ser.

De ahí la importancia que tiene el cultivar buenos y rectos pensamientos; el que tú vayas formando tu conciencia día a día, con la reflexión seria de lo que eres y de lo que es la vida. De lo que eres en la vida y de lo que la vida debe ser para ti.

La idea siempre tiende al acto, nos afirma la filosofía; el hombre siente según lo que piensa y vive según lo que siente; porque si el hombre no vive según lo que piensa y siente, pronto pensará y sentirá según como vive.

Cultivar pensamientos serios, nobles, rectos, plenos de bondad, ha de ser tu principal cuidado; día tras día deberás oxigenar tu mente, purificar tu espíritu, limpiar tu conciencia, aclarar la vista de tu alma, rectificar la orientación de tu vida.

Para eso, nada mejor que un minuto para Dios, un minuto para ti, un minuto para la reflexión, para tu propia introspección.

“Los pensamientos tortuosos apartan de Dios, y el Poder, puesto a prueba, confunde a los insensatos. La sabiduría no entra en un alma que hace el mal, no habita en cuerpo sometido al pecado, porque el santo espíritu, que nos educa, huye de la falsedad, se aparta de los pensamientos insensatos y se siente rechazado cuando sobreviene la injusticia” (Sab 1,3-5).

Enero 7

Saber hablar y saber callar; no sabemos qué será más fácil o más difícil, más conveniente o más meritorio.

Callar de sí mismo es humildad; no hablar de sí, cuando siente uno el deseo de exponer los propios méritos o las propias ideas o iniciativas, es signo de verdadera humildad.

Callar los defectos ajenos es caridad; no criticar a los demás, sus actitudes, sus intenciones, sus actos; no emitir juicios comparativos; no hablar tanto de los otros, siempre con un dejo de crítica o pesimismo, es ciertamente caridad.

Callar a tiempo es prudencia; no hablar cuando nos sentimos con el impulso de la reacción, cuando nos viene a la punta de la lengua toda una serie de palabras, invectivas o denuestos, eso es prudencia.

Callar en el dolor es heroísmo; no tratar de volcar en los corazones de los demás las penas propias, los dolores íntimos; hacerles partícipes no tanto de los dolores, cuanto de las alegrías, reservándonos las penas, eso es heroísmo.

Los enemigos de Cristo lo acusan falsamente; pero “Él permanecía en silencio y no respondía nada” (Mc 14,61). “El hombre inteligente sabe callar” (Prov 11,12). “Uno se calla y es tenido por sabio y el otro se hace odioso por hablar demasiado... El sabio guarda silencio hasta el momento oportuno, pero el fanfarrón y el necio no se fija en el momento” (Eclo 20,5-8).

Enero 8

No es tan fácil confesarse a sí mismo que uno “no quiere” hacer las cosas; es mucho más fácil buscar una excusa que nos exima de los compromisos de nuestros deberes.

La excusa más fácil es decir “no puedo”, y con esa excusa ya quedamos tranquilos; pero en nuestro interior sabemos muy bien que no es cierto que no podemos; y así tratamos de serenarnos, diciéndonos a nosotros mismos que “no sabemos cómo hacer”; y como esta segunda excusa tampoco llega a serenar nuestra conciencia, recién entonces apuntamos a la realización, con un tímido “creo que no puedo”.

Quedan finalmente los tres últimos tramos antes de llegar a la realización de la obra, que son: “puedo, quiero, hago”.

Créeme, si hicieras todo cuanto puedes, tú mismo quedarías asombrado de lo que puedes; pero ahora te dejo mi pregunta: y, si puedes mucho más de lo que estás haciendo, ¿no estarás obligado a hacerlo?

Si Cristo cuenta contigo, ¿puedes defraudarlo? No olvides que lo único santo que hay es la voluntad de Dios. Cuando Pablo es derribado del caballo por el Espíritu de Dios, responde: “¿Qué debo hacer, Señor?” (Hch 22,10). Acércate hoy mismo al Sagrario, pregúntale y escucha lo que Él te responde.

Yo no sé lo que vale mi vida,

pero a Cristo la quiero entregar;

yo bien sé que su amor me recibe,

y en sus manos la vengo a dejar.

Enero 9

“La esperanza es lo último que se pierde”. ¡Cuántas veces has oído y quizá tú mismo has dicho esta frase!

Y no es que sea desacertada, sino que puede entenderse mal y, con ello, convertirse en un anestesiante de las fuerzas del espíritu.

Esperar y dejarse estar; esperar... y aguardar pasivamente; esperar... y dormirse; esperar... y engañarse... Todo esto son distintas formas de inacción, de pereza, de cobardía; son formas con las que cubrimos estados anímicos nuestros poco confesables para nuestra misma conciencia.

En cambio, trabajar con perseverancia, esforzarse con denuedo, pensar seriamente en orden a la acción, confiar en uno mismo y confiar en Dios, esperar en que nuestro esfuerzo personal triunfará y que para ello Dios nos ayudará, esto es verdaderamente “esperanza”.

La esperanza no puede inhibir, no puede alienar; la esperanza suelta más bien las alas y empuja hacia la acción.

Si ponemos toda nuestra confianza en el Señor, es que contamos con su ayuda. “Dichoso el hombre que pone su confianza en el Señor” (Sal 40,5). “Sólo en Dios descansa mi alma; de Él me viene la esperanza; sólo Él es mi roca salvadora, mi baluarte: no vacilaré; mi salvación y mi gloria están en Dios, Él es mi roca firme” (Sal 62,6-8).

Enero 10

Un joven se quejó a Daniel Webster:

­­–Ya no hay oportunidad para los jóvenes; todos los puestos buenos están ocupados.

– Aún hay sitio en las cumbres– le respondió.

Si quieres detenerte en el llano, ciertamente seguirás siendo un hombre anónimo, de la masa, vulgar, sin proyección; pero, si te lanzas hacia la altura, si clavas tu mirada en la cumbre, si no te contentas con lo común, con ser como son los demás, sino que aspiras a ser como fueron los menos, llegarás a la perfección.

Por eso tienes que subir, siempre subir, esforzarte por ser mejor, cada día con un nuevo esfuerzo, con redoblado aliento, con más entusiasmo.

No olvides que en las cumbres se respira aire más puro, más oxigenado; que en las cumbres del propio renunciamiento es donde el hombre se va purificando y se va haciendo mejor; que las cumbres son el único lugar que habitan los santos.

La gracia, además de conciente, ha de ser creciente; no puedes contentarte con ser amigo de Dios; profundiza cada vez más en esa amistad. “Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre ” (Jn 15,15).

Enero 11

Cuando vas por la ruta con tu coche a alta velocidad, vas con cierta tranquilidad si sabes que el coche responde bien.

Tu vida es eso: un coche lanzado a alta velocidad; debes conservar la calma y el dominio de tu vida; debes dominar siempre la situación en que te halles.

Cuando manejas tu coche, por más que éste te responda, si no eres dueño de tus nervios, si tus reflejos son tardíos, estarás al borde de la catástrofe.

Tu vida tendrá muchos encontronazos, si no eres dueño de ti mismo, si no dominas tus instintos, si no frenas tus impulsos. El dominio propio es el secreto de la vida; saber ir adonde se quiere, eso es control propio, eso es dominio, eso es mandar uno en la propia vida, eso es éxito.

¿Sabes dominarte? ¿Eres dueño de ti mismo? O, por el contrario, ¿te dominan tus pasiones, tus instintos, tus nervios? Cuidado, porque puede estar próximo a un accidente inesperado.

Pensaren Dios será un buen freno para tus impulsos; saber que Dios está contigo, te acompaña. “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24).

Enero 12

Si no con frecuencia, al menos de cuando en cuando te sorprendes a ti mismo después de una discusión, de una disputa, de una pelea con los tuyos, con los que más amas en la vida, o con los que te están rodeando a diario por motivos de trabajo, de vecindad, etcétera.

Y después del altercado, después de haberte dejado llevar por tu nerviosismo, ya sereno, comenzaste a recordar lo pasado y viste que ellos tenían razón, y no tú. Otras veces has visto con claridad que la razón era tuya, pero que fuiste bastante niño y terco en la defensa de tu razón.

Consecuencia: que en toda discusión, en todo encontronazo has salido perdiendo, que siempre toda pelea ha resultado negativa, que nunca sirvió para esclarecer la verdad, o para acercar los corazones; más bien los alejó, los agrió; con la razón de tu parte o en contra tuya, quedaste bastante lejos de los tuyos, amargado con los tuyos; ¿valía la pena, entonces, el altercado?

El Espíritu Santo nos aconseja: “Hijo mío, realiza tus obras con modestia y serás amado por los que agradan a Dios” (Eclo 3,17). “Está siempre dispuesto en escuchar y sé lento para responder” (Eclo 5,11). “Las palabras traen gloria y deshonor , y la lengua del hombre puede provocar su caída” (Eclo 5,13). Será, pues, muy prudente pensar antes de hablar, pensar si tenemos que hablar o callar y pensar cómo debemos hablar.

Enero 13

Todos consideramos como una verdadera alabanza el que digan de nosotros que tenemos mucha personalidad.

Ahora bien, la propia personalidad no se forma sino con el dominio de sí mismo, con el acero de la voluntad, que sabe negarse muchas cosas y ser fiel a otras. No traicionar la propia conciencia, que es lo mismo que no traicionar a Dios.

Por el contrario, se considera como un insulto que nos digan que somos “cobardes”; pero resulta que, para adquirir una personalidad propia, es imprescindible el valor; el valor que sepa decir sí cuando hay que decirlo, pero no titubee en decir no cuando no se pueda decir sí.

Ser valiente, ser cobarde; tener personalidad, no tenerla.

Es la voluntad la que deberá regirnos; pero esa voluntad debe ser iluminada por el entendimiento y por la gracia del Señor; deberemos pedir esa luz y esa fuerza y con ellas lanzarnos a las cumbres sin titubeos, sin miedos, sin angustias de ninguna clase.

Si tenemos conciencia de que somos hijos de Dios, esa conciencia deberá regir todos nuestros actos. “El bautismo por el que ahora ustedes son salvados, el cual no consiste en la supresión de una mancha corporal, sino que es el compromiso con Dios de una buena conciencia por medio de la resurrección de Jesucristo” (1 Pe 3,21).

Enero 14

¿Cuántos millones de pesos cuesta controlar una nave espacial? No tortures tu cabeza; no es mi intención que me respondas con exactitud matemática; es mi intención que respondas o, mejor aún, que te respondas a ti mismo esta otra pregunta: y, ¿cuántos millones de pesos cuesta el controlar a un ser humano, el que una persona se controle a sí misma?

Ser hombre no es manejar palancas o apretar botones; ser hombre es saber usar rectamente las facultades humanas, orientarlas para el bien; serás más plenamente humano, cuanto mejor orientes para el bien todas tus facultades humanas; tanto menos lo serás, cuando esas facultades estén dirigidas al mal.

Puedes decirme ya: ¿te sientes íntegro, muy íntegro, o acaso deberás confesarte humilde, pero sinceramente que estás siendo cada vez menos humano?

¡Cuidado! Dios te creó para que seas humano, plenamente humano, íntegro, y trates de llegar a ser perfecto en tu humanidad.

Deberás esforzarte por ser cristiano; pero es que no llegarás a serlo si antes no eres una persona cabal en el amplio sentido de la palabra.

“¿Qué es el hombre, para que te acuerdas de él? ¿O el ser humano para que te ocupes de él? Lo hiciste por un poco inferior a los ángeles, y lo coronastede gloria y esplendor”(Heb 2,6). “Que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien” (2 Tim 3,17).

Enero 15

El dolor tiene su aspecto amargo, pero también lo tiene dulce; todo dependerá del lado que nosotros miremos.

Es duro trabajar muchos días sembrando la semilla y cuidándola; pero es agradable recoger la cosecha; es duro pasar horas estudiando, pero es agradable recibir el título y la aprobación; es duro realizar esfuerzos y más esfuerzos para construir la casa, pero es agradable poseer luego su propio hogar; es duro realizar cualquier esfuerzo, pero es luego muy agradable gozar del fruto de los esfuerzos realizados.

Para llegar a ser bueno de veras, hay que hacer también grandes esfuerzos, conseguir duras victorias, pero luego podemos gozar de la alegría de llegar a ser lo que debemos ser. No nos desalienten los esfuerzos que hay que realizar; aliéntennos más bien los resultados conseguidos por esos esfuerzos.

Dios permitirá éxitos y fracasos; pero no nos pide ni unos ni otros; Dios solamente nos pide nuestra acción apostólica; lo demás corre por su cuenta. “Ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios que hace crecer” (1 Cor 3,7).

Enero 16

Las dificultades están hechas para superarlas y no para dejarse superar por ellas; porque en la vida, quieras o no quieras, siempre te encontrarás con dificultades.

No temas los golpes de la dificultad; a veces son duros, son crueles, pero el atleta no se hace entre sábanas, sino en las pistas; el sabio no resulta de las diversiones, sino de los estudios; el santo no es fruto de contemplaciones, sino de vencimientos; el hombre no se hace entre blanduras, sino bregando con la dificultad.

Los espartanos con frecuencia trataban con severidad a sus hijos para hacerlos fuertes y resistentes; así llegaron a ser aquel esforzado pueblo indomable. A costa de sacrificios te harás hombre y llegarás a ser santo.

Tu palanca será la oración, pero también el sacrificio, que te moverá a negarte muchas cosas, y eso por amor; por amor a Dios y por amor a los hermanos. “Sin efusión de sangre, no hay remisión de los pecados” (Heb 9,22). Sin la muerte de Cristo no hubiéramos nosotros gozado de la Vida, y sin tu propia entrega, sin tu palabra de sacrificio, algunos de tus hermanos no recibirán la gracia. La cruz no pesa cuando estamos de colores; los colores de la gracia no sólo dan hermosura, sino sobre todo fuerza.

Enero 17

Tan cierto es que somos hijos de nuestro pasado, como que somos padres de nuestro futuro; pero no es menos cierto que nos conviene mucho más mirar y recordar y tener presente que somos más padres de nuestro futuro, que hijos de nuestro pasado.

El pasado ha de recordarse como experiencia de la vida, como enseñanza para nuestro porvenir, como lección de nuestra historia. Pero nunca será positivo recordar el pasado, si se hace para desalentarse, para ser pesimista, para perder fuerzas y entusiasmo.

El pasado ya no es nuestro; pasó, y pasó sin remedio y sin posibilidad de modificación: tal como fue, así seguirá siendo. El futuro no sabemos si será nuestro y ciertamente no es nuestro todavía. El presente es el que está en nuestras manos, es el que podemos hacer que sea de ésta o de la otra forma; y el presente es el que puede modificar nuestro futuro.

Vive el presente, pero fija la mente en el futuro.

Está en tus manos construir un nuevo mundo y lo harás si tú te transformas en un hombre nuevo; es la gracia la que realizará en ti esa transformación. “Si fueron enseñados según la verdad que reside en Jesús, de él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo... renovándose en lo más íntimo y revestirse del Hombre nuevo” (Ef 4,21-24).

Enero 18

Cuando nacemos, no somos todavía del todo hombres, al menos no somos los hombres que debemos ser, que luego llegaremos a ser.

Tenemos dos nacimientos. ¿Cuándo es nuestro segundo nacimiento? Cuando llegamos a tomar conciencia, no de lo que somos, sino de lo que debemos llegar a ser; no de lo que deseamos, sino de lo que debemos desear llegar a ser.

Al fin y al cabo, el hombre se hace a medida que va haciendo, que se va esforzando por ser lo que debe ser; si el joven es el producto del niño, el hombre es el producto del joven; en ese sentido el niño es el padre del hombre.

No nos hacemos viejos cuando ya hemos vivido cierto número de años, sino cuando vamos perdiendo el entusiasmo de nuestro ideal.

Santos llegaron a ser, no los que comenzaron, sino los que continuaron y continuaron continuando; los que nunca se cansaron de continuar.

De poco te servirá entregarte al servicio de Dios si no perseveras en él, si te encuentras con Cristo, pero luego te alejas de Él. El encuentro ha de ser definitivo, para ya nunca volverse a separar. “El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de los Dios” (Lc 9,62).

Enero 19

Indudablemente, todos debemos morir, pero no todos morimos igual.

Tú has de vivir de tal forma que, cuando tú mueras, lloren los demás y tú puedas reír; triste y trágico sería que, al morir tú, las lágrimas fueran tuyas y las alegrías ajenas.

La nobleza de la vida no está ni en el nacer, ni en el morir, sino en el vivir, en el modo de vivir y en el para qué morir. El índice de nuestra vida no lo da el vivir, sino el sentido que sabemos darle a nuestra vida. Por eso en la vida no tienes que hacer lo que te agrada, sino lo que más tarde te agradará haber hecho.

“Yo quisiera”, nada hizo; “intentaré”, ha hecho grandes cosas; “quiero”, hizo milagros. La vida es lucha, pero la lucha es vida. La vida sólo decepciona a quienes no esperan bastante de ella.

El verdadero sentido de la vida es “la Vida de la gracia”. Lo explica bien San Juan, cuando dice: “Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3).

“En la senda de la justicia están la paz y la unidad” (Prov 12,28).

“Quien a Dios tiene –dice Teresa de Jesús–, nada le falta”; nosotros repetimos que nada nos asusta estando con Cristo.

Enero 20

Tener un ideal es el único medio de hacer algo y de llegar a ser alguien; no se comprende lo que vale la vida, hasta que no se pone al servicio de un ideal; porque “la vida es triste si no se la vive con una ilusión”.

Es hora de que pienses sobre el por qué de tu existir.

Cuando alguien sabe adónde va, el mundo entero se aparta para darle paso. Cada soldado, dijo Napoleón, lleva en su mochila el bastón de mariscal; lo que hace falta es tener voluntad de vencer.

Cada ser humano lleva en su interior la imagen de un héroe y de un santo; lo que hace falta es que día a día y golpe tras golpe, vaya cincelando esa imagen, pues el hombre no se improvisa, y el héroe y el santo menos; y los éxitos acompañan más a los constantes que a los fuertes.

Ya sabes que el ideal del bautizado no puede ser otro que vivir lo “fundamental cristiano”, la Vida de la gracia. Para esto has sido bautizado y en esto vivirás tu bautismo. “En el bautismo ustedes fueron sepultados con Él , y con Él resucitaron por la fe en el poder de Dios” (Col 2,12). “Vine para que tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

Enero 21

Querer sin que cueste es propio de muchos; querer aunque cueste es sólo de los selectos; querer porque cuesta, es de héroes.

Un hombre no es verdaderamente hombre sino cuando ya aprendió a superarse cada día. Podría ponerse como lema: “Hoy más que ayer, y menos que mañana”.

Nada se hace en la vida sin sacrificio, sin esfuerzo; querer llegar a ser héroe, a ser santo sin esfuerzo, es querer un imposible.

Al acero hay que templarlo, al oro hay que purificarlo en el crisol; al hombre hay que fortificarlo con el sacrificio; el sabio no llega a serlo sin prolongados estudios y el santo no alcanzará la santidad sino después de numerosos vencimientos.

No te desalientes si todavía no te sientes tan perfecto como tú quisieras; lo único que tienes que hacer es seguir con tu empeño, duplicar tu esfuerzo y tener fe: la victoria llegará.

Si confías en ti, es seguro tu fracaso; si confías en Cristo, es seguro tu éxito; no por ti, sino por Él. “¡Tengan valor! Yo he vencido al mundo” (Jn 16,33). “No te dejes vencer por el mal, por el contrario vence al mal, haciendo el bien” (Rom 12,21). “Al vencedor le daré a comer el árbol de la vida... le daré el maná escondido...” (Ap 2,7-17).

Enero 22

No basta no ser malo; es preciso también no parecer malo; pues si pareces malo, aunque no lo seas, te haces mal a ti mismo y haces mal a los demás.

La bondad ha de ser antes que nada interna, de corazón, de verdad, auténtica: has de ser bueno ante tu conciencia y ante Dios.

Pero la bondad requiere ser expresada, visibilizada, manifestada, a fin de que todos los demás se sientan animados también a ser buenos y, siendo todos buenos, hagamos al mundo mejor de lo que es.

Pero la bondad de corazón no aparecerá en rostros tristes, alargados, ceñudos, en actitudes de rechazo, en palabras violentas, en negociaciones sin sentido; eso no es “aparecer” bueno, y te vuelvo a repetir que no basta ser bueno, sino que es preciso también demostrarlo.

Parecer bueno y no serlo, es hipocresía; serlo y no manifestarlo, es falsedad.

Cristo nos exige una perfección real y no aparente; no admite en nosotros ninguna falsedad; nos quiere auténticos cristianos y nos propone este lema: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt 5,48). Y el apóstol Pablo ordena: “Se tú mismo ejemplo de buena conducta” (Tit 2,7). Tienes que ser otro Cristo, de suerte que el que te vea a ti, vea a Cristo en ti.

Enero 23

Deberás esforzarte por ser valiente y por ser virtuoso; pero de poco te servirá ser una y otra cosa si no eres prudente.

Es que la prudencia rige los actos de todo el hombre, de toda la vida y todas las demás virtudes del hombre dejan de serlo, no bien dejen de ser regidas por la prudencia.

La valentía sin prudencia se convertirá en arrogancia; la virtud sin prudencia será ostentación, cuando no presunción.

La prudencia no reconoce excesos, no se extralimita nunca; sabe del justo equilibrio en todas las cosas y en todos los momentos.

Pero, ¡cuidado!, no confundas prudencia con timidez, con miedo, con no querer arriesgarse, porque entonces habrás caído en la cobardía y en ninguna parte habrás leído que la cobardía sea una virtud; como la prudencia nos aleja de la arrogancia, también nos aparta de la cobardía.

El apóstol ha de ser prudente, pero nunca tímido; con la prudencia de espíritu y no con la de la carne. “Los deseos de la carne conducen a la muerte: pero los del espíritu a la vida y la paz... Si viven según la carne morirán, pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán” (Rom 8,6-13).

Enero 24

De pocas cosas nos solemos quejar tanto, en nuestros tiempos, como de la ausencia de la paz; pocas cosas necesitamos tanto como la paz.

El pacífico siempre está en paz y siempre contagia paz; viene, pues, la reflexión: si todos estamos ansiando la paz, ¿no será que ninguno de nosotros es verdaderamente pacífico?

Porque si lo fuéramos, no solamente gozaríamos nosotros de la paz, sino que seríamos sembradores de la paz, productores de la paz, implantadores de la paz, dondequiera que actuemos: en el hogar, en el trabajo, en la oficina, en el ambiente, en el vecindario... en todas partes.

¡Al pacífico nunca le falta paz! ¡Qué hermosa reflexión para que cada uno de nosotros nos auto-analicemos y descubramos nuestra responsabilidad personal en la construcción de la paz en el hogar!

El cristiano es un sembrador de la paz; de la paz que tiene consigo mismo, al estar en paz con Dios. “Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Los ángeles cantaron la paz en el nacimiento de Cristo; es que el Dios del Evangelio es el Dios de la paz.

Enero 25

Dios te ha hecho completo: te ha dado cabeza, manos y corazón; la cabeza para pensar, las manos para obrar, el corazón para sentir.

Necesitas de las tres cosas; no pretendas desprenderte de ninguna de ellas, pues quedarías incompleto, imperfecto: no serías hombre.

No puedes prescindir de la cabeza, pues entonces tus obras serían imprudentes y podrían llevarte al fracaso; no puedes prescindir de las obras, pues, de lo contrario, tus pensamientos quedarían estériles e infecundos; no puedes olvidarte del corazón, pues tus pensamientos y tus obras resultarían muy fríos y por lo mismo no serían humanos.

Ni cabeza sin manos y sin corazón; ni manos sin pensamientos y sin corazón; ni corazón sin ideas y obras. La cabeza, para pensar; las manos, para obrar; el corazón, para sentir.

Y pensando, obrando y sintiendo llegarás a ser plenamente humano.

Dios como centro de nuestro pensamiento, obras y deseos; así nos iremos despojando de nuestro propio yo, para dejarnos llenar y absorber por Dios mismo. “Mejor es refugiarse en el Señor, que fiarse de los hombres” (Sal 118,8). “Líbrame, Señor, de la gente malvada, protégeme de los hombres violentos” (Sal 140,2).

Enero 26

¡El hombre por el hombre! Grito del humanismo absoluto, que pretende concebir al hombre prescindiendo de Dios.

Así como no podemos ir a Dios sin pensar en el hombre, tampoco nos es posible ir al hombre sin ver su proyección hacia Dios.

Hay entre ambos (Dios y el hombre, el hombre y Dios) una intercomunicación e interrelación que es imposible borrar o siquiera olvidar.

Por eso, cuántas heridas nos hacemos los unos a los otros cuando pretendemos herir a Dios; y cuántas heridas hacemos a Dios cuando nos herimos los unos a los otros.

Él no nos permitió herirnos; más bien, nos convocó a amarnos los unos a los otros; en cambio, el hombre aparece haciendo esfuerzos inauditos por cambiar su precepto por el de “ármense los unos contra los otros” y por eso las cosas van como van.

Sabe el cristiano que sólo con el amor se perfeccionará, aun como hombre; nada debe tener tan presente como el precepto del Maestro: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros; así como yo los he amado, amense también ustedes los unos a los otros. En esto todos conocerán que son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros.” (Jn 13,34-35).

Enero 27

Todos anhelamos la alegría, una verdadera alegría, pero no siempre la conseguimos.

Si quieres estar triste, piensa solamente en ti; si quieres estar alegre, piensa en Dios. Al pensar en ti, encontrarás sobrados motivos para la tristeza, porque tú te sientes limitado, y débil; en cambio, al pensar en Dios, encontrarás buenas razones para alegrar tu espíritu, ya que Dios es bondad y amor, y la bondad y el amor no pueden menos que producir una sana alegría.

El que está lejos de Dios, el que vive lejos de Dios o prescindiendo de Dios, está alejado de la fuente de la alegría y de la paz; en cambio, el que vive en Él y con Él, queda absorbido por la paz del Señor, que colma sus deseos de felicidad.

Y entonces es cuando uno descubre que la vida merece vivirse; y que uno puede tener paz, aun en los fracasos y en las propias deficiencias.

Nadie tiene tantos motivos para vivir hondamente feliz como el cristiano. “El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed; el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la vida eterna” (Jn 4,14).

Enero 28

Todos nos sentimos inclinados a aconsejar a los otros; y ciertamente lo solemos hacer bastante bien; hasta somos bastante acertados en los consejos que damos a los demás.

Si nos resolviéramos de una vez por todas a practicar lo que aconsejamos a los otros, pronto seríamos perfectos, pronto llegaríamos a la santidad.

Pero es que somos muy hábiles para aconsejar a los demás y no menos hábiles para evadirnos de los consejos que nosotros mismos damos; vemos con mucha lucidez lo que los otros deben hacer, y somos bastante miopes para reconocer nuestras obligaciones personales.

Y, si al menos fuéramos como deseamos, como pedimos, como exigimos y como aconsejamos que sean los demás, muy pronto nos veríamos libres de la mayoría de nuestros defectos.

No debemos juzgar, si no queremos ser juzgados: ¿quién nos ha dado autoridad para juzgar? Sólo el Señor es el que conoce el fondo de los corazones. “¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes en la viga que hay en el tuyo?” (Mt 7,3).Quisiéramos que todos estuvieran abiertos a la gracia, porque con la gracia nos hace vivir como hermanos.

Enero 29

Todo tiene su razón de ser en el mundo: el frío del invierno y el calor del verano, la fuerza del viento y la calma de la atmósfera, la luz y las sombras...

Tú también tienes una razón de ser en la vida; tu vida tiene una misión, que ha de ser cumplida por ti y sólo por ti, porque esa misión es personal e inalienable.

Todo tu empeño debe consistir en llegar a conocer cuál es esa tu misión, cuál es la razón de ser de tu vida; Dios tiene sobre ti unos planes, que debes realizar tú; si no llegas a conocer esos planes, no los podrás cumplir; pero, si los conoces, debes dedicarte plenamente a su realización y entonces verás que tu vida es plena y que has descubierto el verdadero sentido de la misma.

Busca, pues, los planes de Dios sobre ti, para que puedas cumplirlos.

Dios te ha señalado una misión que cumplir y esa misión es personal e intransferible; si tú no la cumples, quedará sin cumplir y en ti se frustrarán los planes de Dios; pero ¿por culpa de quién? “Que cada uno permanezca tal como lo encontró la llamada de Dios” (1 Cor 7,20). “Los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido” (Ef 4,1).

Enero 30

Nada dura mucho, si tiene fin. Nada es absoluto, si tiene límites.

Los días de dolor pareciera no tener fin; las noches de insomnio, los días de duro trajinar, la enfermedad molesta y dolorosa, el problema angustioso, la pena que se aferra al espíritu con garra lacerante... todo parece que durará siempre, que nunca acabará.

Sin embargo, todo pasa, todo perece, todo termina, todo desaparece y todo se olvida; por eso decimos que nada dura mucho si tiene fin, pues una vez llegado a ese fin, ya no se puede hablar de mucho: ya estamos en la nada.

En cambio, el Absoluto, el que no tiene ni principio ni fin, el que es eterno e inmutable: Dios, es el que nunca pasa, el que por lo mismo no sólo es mucho, sino que es Todo.

Por eso en tu vida Dios no puede ocupar un segundo lugar; nada puede haber superior a Dios; ni tampoco puede ocupar un “primer” lugar, sino que ha de ocupar “todo” lugar. “Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor Dios. El que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso” (Ap 1,8).

Enero 31

Hay una vida alegre; una vida en la que todo sale bien y en la que gozamos de todos y de todo.

Una vida llena de optimismo, de éxitos, de nuevos planes que se llevan a cabo; una vida de ilusiones realizadas; una vida de paz y de comprensión con los propios y los ajenos.

Y hay también una vida de dolor; una vida en la que la enfermedad muerde nuestras cuerpos; una vida en la que la enfermedad de algunos de los nuestros aprieta nuestro corazón; una vida de dificultades y de fracasos, de pobreza y de falta de trabajo, de incomprensiones y dificultades, de lágrimas y angustias, de sentida soledad.

Pero también puede haber una vida que sea la suma de las dos anteriores, vale decir: una vida que no sea solamente de alegría o de dolor, sino que llegue a ser de alegría en el dolor; la alegría y el dolor probablemente no dependen de tu deseo, pero el hacer de tu vida una vida de alegría en el dolor dependerá exclusivamente de ti.

Pero eso no lo lograrás si no miras el dolor en la cruz; la cruz sin Cristo se torna insoportable; el Cristo en la cruz la hace llevadera.“Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gal 2,19-20).“Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo” (Gal 6,14)

Febrero

Crea en mí,

Dios mío,

un corazón puro

y renueva

la firmeza de mi espíritu.

Salmo 51,12

Febrero 1

Ya iniciamos el segundo mes del año; los días ya se van pasando y el tiempo con ellos y la vida con él.

La gente vulgar sólo piensa en pasar el tiempo; la gente de talento piensa más bien en aprovecharlo; porque, entre el pasado que ya no es y el futuro que aún no es, está el presente en el que residen nuestros deberes y que está bajo nuestra responsabilidad.

Una cosa es perder el tiempo y otra es emplearlo; el poeta lo dijo con acierto:

“Y continuo se te acuerde

de que el tiempo bien gastado,

aunque parezca pasado,

ni se pasa, ni se pierde”.

¿Quién será el que pierde el tiempo? El que lo pasa sin ser útil ni para Dios ni para el prójimo.

A veces nos preguntamos qué día habrá sido el más feliz de nuestra vida; no es difícil responder: cada día es el más feliz, porque cada día se nos presenta la oportunidad de emplearlo mejor en el servicio de Dios y de los prójimos, y en ese servicio precisamente radica nuestra felicidad y la de los demás.

La causa de la alegría será la práctica del bien; tu acción en ti mismo, el esfuerzo por mejorarte; tu acción apostólica, que intenta hacer el bien en los demás; ojalá imites al Maestro, del que se pudo afirmar: “Pasó haciendo el bien” (Hch 7,38). ¿Se podría decir lo mismo de ti?

Febrero 2

A veces las noticias más insignificantes llevan consigo una importante enseñanza; no hace mucho, una pareja de equilibristas, integrantes de un circo italiano, decidieron casarse en la jaula de los leones.

La noticia podría parecer intrascendente, pero da pie a esta reflexión: muy pocas serán las parejas que se hayan casado en una jaula de leones; pero son muchas las que llevaron los leones al hogar después de casados.

Porque leones -y de los más bravos- son los enfrentamientos, las peleas, las discusiones violentas, las reacciones fuera de lugar; todo esto es algo así como los dientes desgarrantes de los leones, que sin piedad destruyen y matan la armonía del hogar.

¿Por qué no miras si en tu hogar hay ambiente propicio para leones o para mansos corderos? Indudablemente, no es tan agradable escuchar los rugidos, como las notas del Ave María de Schubert.

Has de vivir tu bautismo allí donde el Señor te puso; si te ha dado la vocación al matrimonio, allí es donde debes vivir tu fe y tu gracia. “Sométanse los unos a los otros por consideración a Cristo. Las mujeres deben respetar a sus maridos como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza y el salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo” (Ef 5,21).

Febrero 3

“¡Hombre de palabra!” Suele ser una de las mejores alabanzas que se pueden decir de una persona; y ¡cómo duele la infidelidad, cómo nos llega al alma comprobar que tal o cual persona nos ha fallado!

Porque el hombre falla y con frecuencia; en cambio, Dios no falla nunca: siempre cumple lo que dice, su Palabra es la Verdad.

Sin embargo, aunque Dios no falla nunca y el hombre sí falla, es preciso conservar la fe en Dios y la fe en los hombres; la fe en los hombres nos puede facilitar la fe en Dios y la fe en Dios nos va a pedir la fe en los hombres.

La fe no se fija en que el hombre pueda o no fallar; la fe se fija más bien en el corazón y nosotros debemos pensar que todos son buenos; de esta forma nuestra fe en los hombres, si no los encuentra buenos, los hará buenos y, en cambio, la fe en Dios nos hará buenos a nosotros.

En el bautismo fuiste consagrado como posesión, cosa exclusiva de Dios; ese Dios “cuenta contigo”; le has dado tu palabra; Él espera que la cumplas, que seas fiel a ella. Estás seguro de que Él cumplirá con la suya, pues “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc 13,31). Es de una profunda tranquilidad tener la seguridad de que las promesas del Señor se cumplirán.

Febrero 4

No es posible que todos te acepten; mientras unos aplaudirán nuestras obras, otros las rechazarán. Si eres bueno, los que no lo son te rechazarán; y si eres como ellos, te rechazará Dios; si eres justo, serás perseguido por los injustos; pero si eres injusto, los justos sufrirán por ti. Si te muestras soberbio y altivo, los humildes no podrán aplaudirte; aunque, si eres humilde, te verás despreciado por los soberbios. Si te preocupas por los demás, los egoístas se reirán de ti y te tildarán de loco y, si dejas que el egoísmo invada tu vida, los que sufren esperarán tu ayuda inútilmente.

Debes elegir lo que prefieres para tu vida: ser aceptado por los malos, por los soberbios y egoístas, o ser como los buenos, como los humildes, como los que se sacrifican por los demás.

Y en último término, así estas eligiendo si quieres ser rechazado por Dios, o ser aceptado por Él.

Ni a Cristo mismo lo aceptaron todos; y como los discípulos no pueden ser de distinta condición que el Maestro, los cristianos debemos estar dispuestos a ser rechazados por el mundo y los mundanos. “Serán odiados por todos a causa de mi Nombre; pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza. Gracias a la constancia salvarán sus vidas” (Lc 21,17-19).

Febrero 5

Nunca digas: “Lo que está perdido, perdido está”.

Es mucho más constructivo que pienses y digas que lo que está perdido, tú lo puedes encontrar, y lo que está caído tú lo puedes levantar.

Y esto, tanto en ti como en los demás:

—en ti, pues hallarás en tu vida buenas costumbres perdidas, buenos hábitos olvidados, santos propósitos descuidados, resoluciones no cumplidas; todo eso puedes y debes recordarlo, encontrarlo, cumplirlo;

—y en los demás, porque también en ellos podrás notar descuidos, hijos no tanto de la mala voluntad cuanto de la humana debilidad, y tú puedes y debes ayudarlos a mejorar.

Aunque todo esto deberás hacerlo: en los demás, con tacto y caridad, y en ti con firmeza y con constancia.

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