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Esdras es un personaje misterioso. ¿Existió? No lo sabemos con certeza, pero el hecho es que varios libros se han ubicado bajo su autoridad. ¿Por qué es presentado, siguiendo los textos, como un sacerdote, un escriba y un profeta? Los libros se presentan bien como relatos "históricos" (Esdras y Nehemías, por un lado, y, por otro, 3 Esd, con una preciosa leyenda sobre Zorobabel) o como relatos "apocalípticos" (4 Esd, con sus pasajes enigmáticos y magníficos, que ha sido reelaborado y reescrito). Proporcionamos en este número una presentación de conjunto.
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Seitenzahl: 120
Veröffentlichungsjahr: 2018
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Portada
Prólogo
Portadilla
Explicación preliminar
I – Los libros de Esdras y de Nehemías
Introducción
La construcción del retorno del exilio (Esd 1–6)
El sacerdote-escriba Esdras(Esd 7–10)
Las luchas de un gobernador (Neh 1–13)
II – 3 Esdras
Introducción
Después de Josías…
III – 4 Esdras
Introducción
El Apocalipsis de Esdras(4 Esd 3–14)
Las relecturas cristianas
Para saber más
Lista de recuadros
Créditos
CB 180
Esdras es un personaje que ha adquirido una talla casi mítica. En la tradición judía se añade a la figura de Moisés, ambos vinculados a la Ley, su recepción, su lectura, su puesta por escrito y su transmisión. Se le llama sacerdote, engalanado con el prestigio sacerdotal de los descendientes de Aarón. Pero también habría sido «escriba de la Ley del Dios de los cielos» (Esd 7,12.21). Finalmente, según un escrito apocalíptico, que presentaremos más adelante, entra en el linaje de los profetas-videntes, como Daniel. Según este mismo documento, habría dictado a cinco secretarios los veinticuatro libros de la Biblia judía, pero también otros setenta reservados a los iniciados.
En la Biblia solo se le atribuye un libro. Pero a veces se une al de Nehemías, de modo que este último pudo haber sido llamado el Segundo libro de Esdras. Otros libros, no seleccionados por los rabinos, han sido colocados bajo su nombre: tercer libro, cuarto libro, quinto libro y sexto libro de Esdras (véase «Explicación preliminar»). Para los eruditos, el tercer libro de Esdras es conocido por una preciosa leyenda, relativamente independiente del contexto, que exalta al misterioso Zorobabel. El cuarto libro de Esdras es un escrito judío de finales del siglo I o de comienzos del siglo II de nuestra era, cristianizado, integrado en la Vulgata latina y que, desde ella, pasó a la Biblia ortodoxa eslava y después rusa. Desde 2010, la TOB (Traduction œcuménique de la Bible) pone todos estos libros a disposición de los lectores. Los libros 3 Esd y 4 Esd se ubican entre los deuterocanónicos reconocidos por los ortodoxos (aunque no por todos), mientras que los católicos y los protestantes los consideran apócrifos.
Existen motivos para perderse en toda esta trama. Por eso se ha encargado un número explicativo a dos profesores de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lyon: Philippe Abadie y Pierre de Martin de Viviès. Son expertos en las cuestiones históricas y en este tipo de literatura que pretender ser histórica en ciertos pasajes y apocalíptica en otros, y sabrán guiarnos por un universo farragoso e incluso extraño.
GÉRARDBILLON
Philippe Abadiees doctor en Ciencias Bíblicas. Sacerdote de la diócesis de Mende, enseña exégesis de Antiguo Testamento e Historia antigua de Israel en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lyon. Especialista en cuestiones de historia, ha escrito varios números de «Cuadernos Bíblicos»: sobre los libros de las Crónicas (n. 87,1994), Esdras y Nehemías (n. 95, 1996), Josué (n. 125, 2003) y Jueces (n. 134, 2006). Entre sus últimas obras destacamos Des héros peu ordinaires. Théologie et histoire dans le livre des Juges (2011) y, en la colección «Ce que dit la Bible sur…», La violence (2014) y Le frère (2017).
Pierre de Martin de Vivièses doctor en Ciencias Bíblicas. Sacerdote de la Compañía de San Sulpicio, enseña exégesis de Antiguo Testamento en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Lyon. Anima la web introbible.free.fr. Especialista en literatura profética y apocalíptica, es autor, entre otras obras, de Apocalypses et cosmologie du salut (2002) y, en la colección «Ce que dit la Bible sur…», de La fin du monde (2014) y Les animaux (2015).
Los primeros cristianos nos transmitieron varios libros, herederos de las Escrituras judías, bajo el nombre de Esdras. Mientras que los de Esdras y Nehemías (que constituían uno solo en la Biblia hebrea) se integraron en el canon de todas las Iglesias, no ocurrió lo mismo con los otros dos. El 3 Esd es considerado deuterocanónico en toda la Ortodoxia, y el 4 Esd, que ha dejado varias huellas en la cultura occidental, es leído sobre todo por la Iglesia ortodoxa rusa. La última edición de la Traduction Œcuménique de la Bible (TOB), de 2010, los pone a disposición de todos. Presentamos una visión de conjunto, histórica y literaria.
PHILIPPEABADIEPIERRE DEMARTIN DEVIVIÈS
En la edición de 2010 de la Traduction œcuménique de la Bible (TOB), se han incluido varios libros pertenecientes al canon de las Iglesias ortodoxas junto a libros bien conocidos de las Iglesias católica y protestante. Entre ellos figuran 3 Esd y 4 Esd. Es algo que parece enigmático, puesto que no aparece ningún 2 Esd en los índices….
De hecho, no resulta fácil orientarse entre los libros de Esdras, que, dependiendo de las épocas y de las ediciones, tienen títulos diversos, llegando a contarse hasta 6 libros de Esdras. Para entender cómo se ha llegado hasta aquí hay que comenzar por examinar la Biblia hebrea.
En esta aparecen dos libros reconocidos por el judaísmo y por todas las Iglesias cristianas, a saber, el libro de Esdras (sin número ordinal) y el libro de Nehemías.
Las cosas se complican con Septuaginta (LXX). Esta Biblia, iniciada en el siglo III a.C. en Alejandría, agrupa las traducciones en griego de obras pertenecientes a la Biblia hebrea y otras obras (traducidas o realizadas directamente en griego) que no pertenecen a la primera. La lista de los libros presente en la Setenta, o «canon alejandrino», es, por tanto, más amplia que la del canon de la Biblia hebrea.
En Septuaginta encontramos tres libros de Esdras: Esdras Alpha, Esdras Beta y Esdras Gamma (nombres de las tres primeras letras del alfabeto griego). Esdras Beta es la traducción del libro de Esdras de la Biblia hebrea y Esdras Gamma es la traducción del libro de Nehemías. Esdras Alpha es otro libro que no aparece en la Biblia hebrea.
Setenta
Biblia hebrea
Esdras Alpha
—
Esdras Beta
Esdras
Esdras Gamma
Nehemías
En la Vulgata, traducción en latín de la Biblia realizada por san Jerónimo (ca. 405), hace su aparición un nuevo libro atribuido a Esdras. En adelante, contamos con cuatro libros de Esdras. Sin embargo, los números de orden no se corresponden con los de la Setenta:
Vulgata
Setenta
Biblia hebrea
I Esdras
Esdras Beta
Esdras
II Esdras
Esdras Gamma
Nehemías
III Esdras
Esdras Alpha
—
IV Esdras
—
—
Para complicar aún más las cosas, los especialistas del 4 Esd han descubierto que este contiene un texto principal de origen judío (capítulos 3–14) enmarcado por un prólogo (caps. 1–2) y un epílogo (caps. 15–16) de origen cristiano. Han adoptado el criterio de llamar al prólogo «V Esdras» y al epílogo «VI Esdras». La parte central (caps. 3–14) es también conocida como Apocalipsis de Esdras. En este cuaderno nos atenemos a la numeración adoptada por la TOB. I Esdras corresponde, por consiguiente, al libro de Esdras y II Esdras al de Nehemías. Después, examinaremos III Esdras, y, finalmente, IV Esdras.
Sin duda, el libro de Esdras está lleno de acontecimientos, desde el regreso de la comunidad de exiliados a su tierra hasta la llegada del sacerdote-escriba Esdras con la ley del rey. Su redacción es tan diversa, ya que mezcla narración histórica con relato autobiográfico1, que da la impresión al lector de estar en contacto directo con la historia. Así sucede con la extensa descripción de los reveses de un retorno doloroso dirigido por Esdras desde la lejana Babilonia, y la tristeza que se apodera del héroe cuando constata el estado lamentable de los judeos.
La acción se acelera aún más en el libro de Nehemías que constituye su continuación: el copero del rey, convertido en gobernador sin título, emprende con entusiasmo la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, mientras que en su entorno se traman violencias e intrigas múltiples. En medio de tanta acción, estos dos libros dosifican, sin embargo, algunas reflexiones, como la oración de Esdras ante un pueblo arrepentido (Esd 9,6-15) o la larga lamentación de los levitas que, después de la lectura solemne de la Ley por el sacerdote-escriba (Neh 8), revisitan la extensa historia de un pueblo que ha sido a menudo infiel a su Dios (Neh 9).
Aunque los relatos de lo que acontece y las oraciones llenas de emoción dan un cierto encanto a estos dos libros, hay que admitir, no obstante, que el lector se enfrenta también a la aridez de largas listas supuestamente procedentes de algunos archivos: los primeros emigrados (Esd 2, retomado en Neh 7); la caravana guiada por Esdras (Esd 8,1-14); los judeos culpables por haberse casado con mujeres extranjeras (Esd 10,18-44); los pioneros constructores, compañeros de Nehemías (Neh 3,1-22) —sin olvidar las diversas estadísticas que componen el conjunto Neh 10,1–12,26—, que llegan a cansar al lector. Todo ello da una cierta credibilidad al conjunto, hasta hacer creer que está en consonancia con lo que verdaderamente sucedió… Sin embargo, no hay libro bíblico que plantee tantas cuestiones al historiador contemporáneo, y la primera se encuentra en el primer capítulo de Esdras con el edicto real Ciro, el rey persa que pone fin al largo exilio en Babilonia.
Aun cuando nuestras Biblias tengan la costumbre de separar estos dos libros, una mirada a su estructura retórica muestra que, de hecho, forman un conjunto construido sobre la repetición inclusiva de la lista de los repatriados en Esd 2 y Neh 7:
1. una introducción: Esd 1,1-4. El decreto de Ciro convoca a reconstruir el Templo
2. la aplicación del decreto: Esd 1,5–Neh 7,22
a. introducción (Esd 1,5-6) y lista de los repatriados (Esd 2,1-70)
b. construcción del altar y del Templo por los repatriados (Esd 2,1–6,22)
c. construcción de la comunidad de los repatriados por la Ley (Esd 7,1–10,44)
d. construcción de la muralla por los repatriados (Neh 1,1–7,5)
e. recapitulación: lista de los repatriados (Neh 7,6-72)
3. el éxito de la reconstrucción: Neh 8,1–13,31. Celebración de la Ley y dedicación de la muralla
Esta estructura pone de relieve el objeto central del conjunto, a saber, la construcción de la comunidad de los repatriados (Esd 2 y Neh 7) articulada en torno a tres polos: el Templo, la Ley y la tierra restaurada (simbolizada para la reconstrucción de las murallas de Jerusalén). Entre la introducción, que marca el término del exilio, y la conclusión, que celebra el logro de la restauración, la lectura solemne de la Ley (Esdras) ante una comunidad restablecida dentro de esas murallas (Nehemías) realiza la función del paso. Percibimos así cómo estos libros reconstruyen el pasado en torno a lo que legitima a los judeos purificados por la prueba.
Esta primera unidad literaria es más ficticia de lo que parece. Lleva al lector desde la devolución de los utensilios sagrados del Templo por Ciro hasta la dedicación del Templo reconstruido bajo el reinado de Darío, es decir, un período de varias décadas (del 538 hasta el 515 a.C.). En realidad, veremos que la narración es compleja: mezcla el hebreo con el arameo y altera en exceso la cronología de los acontecimientos relatados. Por consiguiente, el objetivo de este primer conjunto no es tanto contar la historia de la primera restauración judea justo al comienzo del período persa, cuanto construirla sobre el modelo de la salida de Egipto.
Cuando leemos el relato de Esd 1 observamos que todo comienza con alegría. Lleno de espíritu profético, el rey persa Ciro emite un edicto que permite a los judeos exiliados retornar a su país (1,1-4) y tiene un arrebato de generosidad (vv. 5-6). Sin embargo, en lo que sigue se despierta la sospecha de que el gesto del rey, devolviendo a los judeos los utensilios del templo de Jerusalén antaño transportados a Babilonia (vv. 7-8 + v. 11b), tiende a anular los efectos del exilio. Si la lista de los utensilios devueltos (vv. 9-11b) crea un efecto de credibilidad por parte del lector, la tonalidad misma del relato plantea dudas al historiador. De hecho, a lo largo de la lectura, un juego sutil de inclusiones unifica el relato y pone de relieve a los diferentes actores del drama, vinculando el pasado al presente:
v. 1 «Ciro, rey de Persia» (proclamación)
v. 7: alusión a la deportación (pasado)
v. 8a «Ciro, rey de Persia» (acción)
v. 8b: «Sesbasar»
v. 11b: «Sesbasar»
v. 11c: alusión a la deportación (presente)
Una tal claridad de expresión no deja de plantear problemas, comenzando por la indicación cronológica del v. 1: «el primer año de Ciro, el persa», que no remite al ascenso al trono de este rey (557 a.C.), sino a su conquista de Babilonia (539). No hay que poner en cuestión una cierta moderación de Ciro con respecto a los pueblos conquistados. Basta con recordar el cilindro con escritura cuneiforme (Museo Británico) en el que rey dice que debe su victoria a «Marduk, el gran Señor», a él, «que le hizo entrar en Babilonia sin batalla ni combate» y liberar la ciudad de la tiranía de Nabónidas, el último rey babilonio. El texto prosigue con la devolución por parte del vencedor de las esculturas de las divinidades a sus templos respectivos, esculturas de las que Nabónidas, el rey vencido de Babilonia, se había apoderado. Bajo esta luz, el relato no presenta ninguna incoherencia, salvo que la perspectiva que da es muy «judeocéntrica» y poco compatible con las actuaciones de un rey persa. Además, es difícil admitir, siguiendo el edicto mismo, que Ciro se reconociera muy en deuda con el dios hebreo: «Todos los reinos de la tierra, el SEÑOR, el Dios de los cielos, me los ha dado, y me ha encargado, él mismo, construirle una Casa en Jerusalén, que está en Judá». En realidad, la política persa apenas se diferenciaba de la babilónica: el respeto o la deportación de esculturas y emblemas religiosos dependían de la actitud de sumisión de los pueblos vasallos. Por consiguiente, las medidas adoptadas por Ciro a favor de los judeos no tienen nada de excepcional, en la medida en que estos se muestren vasallos fieles.
