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AWEN: combinación de dos términos: AW: fluido o fluir, y EN: un espíritu o principio vital. AWEN: la faceta del ser que fluye, inspira y transforma. Desde una perspectiva celta, cristiana y pagana, este es un libro sobre el amor. Pretende explorarlo como un camino guiado por la templanza, la conectividad creativa, el propósito, la honestidad profunda, una consciencia de sombra, la gratitud, el perdón y la reparación de error y daño. Presenta esta visión del amor como estructura poderosa de la posibilidad humana y como manera de cuidarnos de otros caminos mucho menos nobles. Sostiene que el amor es una posibilidad permanente, no siempre elegido, pero siempre elegible. Sostiene que es el camino que ofrece las transformaciones más valiosas. No tiene ilusiones con respecto a la tendencia humana de elegir otros caminos, pero reposa sobre la serena confianza de que siempre habrá los que, como levadura en la masa o sal en la comida, elevarán y enriquecerán a muchos más.
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Seitenzahl: 424
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Dalton, Ray
Los nueve portales : de un camino Awen / Ray Dalton ; Editado por Estela Falicov. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Gran Aldea Editores - GAE, 2022.
(Trilogía Celta / Ray Dalton ; 1)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8458-15-1
1. Coaching. 2. Desarrollo Personal. 3. Filosofía Existencial. I. Falicov, Estela, ed. II. Título.
CDD 158.1
Cuidado de la edición: Estela FalicovDiseño de cubierta, interior y diagramación: Michelle Kenigstein
Primera edición: julio de 2022Edición en formato digital: septiembre de 2022
ISBN 978-987-8458-15-1
© 2022 © Gran Aldea Editores
Tel.: (5411) 2034-6265
Conversión a formato digital: Libresque
Se prohíbe la reproducción total o parcial, por cualquier medio electrónico o mecánico incluyendo fotocopias, grabación magnetofónica y cualquier otro sistema de almacenamiento de información, sin autorización escrita del editor.
Dedico esta trilogía a …
Mis padres Charlie y Frances, a mi hermana Sandra y su hermosa familia – Finbarr, Amy, Megan y Ólan. A todos los miembros de las familias O´Brien y Dalton cuyos caminos he compartido.
Mi maravillosa esposa Laura y mis hijas Ashling y Keeragh por todo el amor que he recibido a lo largo de los años. Me regalan belleza, alegría, afecto y amor cada día de nuestra vida juntos.
Tadgh O´Súilleabhaín (Teddy O’Sullivan), mi maestro de escuela primaria que compartió su amor por el aprendizaje, la arqueología y el misterio que reside en la Naturaleza.
Todos los que han compartido su camino conmigo a lo largo de casi cuarenta años de espacios de reflexión, psicoterapia, consultoría y coaching. Sin su confianza, coraje y compromiso estas palabras no habrían sido necesarias.
Al amor, que creo que es el origen y el fin último del gran misterio del vivir.
Al awen que reside en todos.
A ti por sumarte a esta conversación.
Me resulta imposible nombrar a todas las personas que me han aportado algo valioso en el camino de la vida. Sin embargo, me resulta de la mayor trascendencia sumar palabras de agradecimiento a las de la dedicatoria que antecede a estas palabras.
En primer lugar, dirijo mi agradecimiento hacia quienes dediqué esta trilogía.
A todos cuyos caminos se han cruzado con el mío a lo largo de estos sesenta dos años, gracias. Agradezco a quienes me han querido y acompañado; también a quienes no me han querido y hasta me han herido. Todos me han enseñado lo importante que es el amor sin condiciones.
Agradezco a Estela Falicov por haber rescatado el texto de mi tendencia a escribir en “spanglish” o una combinación particularmente mía de castellano, inglés e irlandés y por las muchas conversaciones que aportaron luz y ánimo en los procesos complejos necesarios en el camino de la creatividad.
Agradezco al awen que descubrí en mí durante mi niñez y que pude recuperar en los momentos más desafiantes de la vida.
Nuestra vida pasa. Y con cada día que pasa puede aparecer algo de claridad. Por supuesto, también puede aumentar la confusión. Experimentamos ambas posibilidades. Además, tanto la claridad como la confusión pueden nutrir nuestras alegrías o ansiedades y llevarnos a la angustia o a la serenidad. Experimentamos ambas frente a todo paso propio y ajeno. Celebramos, y nos llenamos de temores, observando a nuestros hijos mientras aprenden a conducir el auto. Nos enamoramos, sintiéndonos plenos y vulnerables a la vez. Vivimos avances en ciertos dominios de la vida con registro del precio pagado desde la postergación de otros. Parece que vivir despierto es percibir y aceptar la luz y la sombra de cada instante y el movimiento constante del tiempo y del espacio. Y cada despertar o aumento de consciencia significa, además, conectar con nuestra capacidad para experimentar intención, es decir, de sentir la necesidad de un rumbo, de un fluir hacia algo, de un propósito. Parece que la misma vida se ha ocupado de que un hambre o una sed de intentar un proyecto apareciera dentro de nosotros por lo menos en distintos momentos a lo largo del camino. La cuestión abierta será, ¿qué ofreceremos a esta sed o hambre? O articulada de manera más cerrada, ¿será una búsqueda comprometida de la exploración de posibilidades elegibles para luego apropiarlas desde una elección personal no transferible? Si sientes esta sed o hambre y estás buscando, o si tu respuesta a esta última pregunta es “sí”, entonces este libro es para ti.
Las palabras que intento coser en frases y párrafos pretenden nutrir la búsqueda de una vida más plena. No ofrecen otra certeza que la incertidumbre que es, a la vez, consecuencia y garantía de la posibilidad. En ningún momento quitarán de tu espalda la tarea ardua de elegir por ti mismo, pero pretenden ser una especie de compañero de camino que llamará la atención a posibilidades. Como mucho, ofrecerán sugerencias. Toda elección queda en tus manos. Aunque a veces ciertas ideas serán presentadas de manera muy directa, siempre tendrán carácter de oferta, sugerencia o invitación.
Creo profundamente en la creatividad humana, en nuestra capacidad para transformar necesidad en avance, crisis en oportunidad y dolor en resiliencia. También creo que esta creatividad está íntimamente conectada con el lenguaje y que, a la vez, el lenguaje no es solo o simplemente el mundo de las palabras sino también el mundo de los mensajes. Un bebé que llora no tiene palabra, pero sí tiene mensaje. Un adulto puede recurrir a mil palabras, pero estar sin mensaje. A la vez el mundo de los mensajes es inmenso ya que abarca lo neuroquímico, lo gestual, emocional, lingüístico y sociocultural. Y por supuesto lo simbólico. La creatividad más poderosa está relacionada con la generación y el sostén integral de un mensaje o, para parafrasear palabras poderosas de un poeta del primer siglo, de encarnar una palabra.
Siendo del mundo celta y sintiendo estas raíces y alas tan particulares, he experimentado, desde que tengo memoria, una atracción hacia los símbolos, ritos, música e idiomas del gaeilge de Irlanda, el gaélico de Escocia o el galés de Gales. Encontrándome con el mundo Awen sabía intuitivamente que en algún momento me serviría para armar un andamiaje de posible utilidad para el buscador de camino, empezando, por supuesto, conmigo.
A lo largo del libro explicaré elementos del mundo celta, cristiano y pagano que forman parte del camino histórico del awen indicando su conexión con los distintos pilares y prácticas que ofrezco como guía para la creación de tu guion.
Como verás, el texto combina párrafos con estrofas de poesía mía que aparecerán intercalados con el texto con el propósito de nutrir reflexión. Posiblemente tendrán un efecto disruptivo. ¡Ojalá que sí! Además, al final de cada capítulo te encontrarás con lo que llamo “El rincón del poeta”. Este rincón, en el transepto sur de la abadía de Westminster, es un lugar físico donde están enterrados poetas y autores famosos como Geoffrey Chaucer, Robert Browning, Charles Dickens, Samuel Johnson y Alfred Tennyson. Sin embargo, la frase también puede representar un rincón que te animas a armar en tu vida personal donde puedes conectarte con tu propia creatividad y vivirla. Allí te invitaré a reflexionar, soñar y escribir. Será un espacio de soltura y de diseño donde podrás escuchar y ofrecer estructura a nuevas posibilidades. Por supuesto, también puede ser un rincón donde te encuentres con otros que están en búsqueda de lo mismo.
Mi deseo es que te encuentres con el awen que reside en ti, que vivas un compromiso con lo que te ofrece y que te lleve a crear nuevos caminos de vida. Vivir es cambiar. Crecer es diseñar, elegir y accionar para cambiarse. Que tu camino sea todo menos aburrido. Y como oración o bendición para este camino que conduce a diseñar, elegir y poner en acción te ofrezco estas palabras mías. En carácter de preaviso, sláinte es una palabra irlandesa que significa salud y bienestar.
ORACIÓN Y BENDICIÓN PARA EL CAMINO
QUE TU PASADO SEA TU GRAN RECURSO.
CADA ERROR YA UN APRENDIZAJE.
QUE TU FUTURO SEA TU INSPIRACIÓN
LLAMÁNDOTE A LA EXCELENCIA.
QUE TU AHORA SEA AMOROSAMENTE PLENO
CREANDO UN LEGADO DIGNO DE ADMIRACIÓN.
QUE ESCRIBAS CON TUS ACTOS
LO QUE SUEÑES CON TU ALMA.
QUE CONOZCAS LA PAZ, QUE ES GRAN REGALO DE LA AUTENTICIDAD.
SLÁINTE
Un preámbulo es un texto que pretende ofrecer un para qué además de un fundamento sobre dónde se pretende construir el texto que lo sigue. Por ejemplo, en el ámbito del derecho, y especialmente del derecho constitucional, el propósito del preámbulo es la aclaración del propósito y alcances de la misma constitución. Aquí uso un preámbulo para compilar observaciones o invitaciones interconectadas que pido tener en cuenta antes de avanzar. Forman parte de la base, el trasfondo filosófico o el fundamento del camino awen y las presento como sugerencias de la mayor trascendencia.
Consideremos la noción de posibilidad como anterior a, y necesaria para toda realidad humana.Consideremos a las realidades humanas como una red de multiversos que representan posibilidades estructuradas en movimiento continuo.Consideremos este movimiento en la realidad humana como una dialéctica entre grados de fluidez.Consideremos a las realidades humanas como emergentes de una dialéctica entre contrapuestos perceptibles e imperceptibles.Consideremos al amor no como la única posibilidad creativa elegible sino como la posibilidad humana más elevada.¿De qué se trata la filosofía? Aclarando que las palabras que siguen no pretenden ser abarcativas ni completas, podemos mencionar que, para Sócrates, era una preparación para la muerte mientras que para los estoicos era una preparación para la vida. Aristóteles la presentaba como un saber de los primeros principios y las primeras causas, principios considerados como puntos de partida.
Autores de la tradición cristiana como Tomás de Aquino, pensadores como Descartes y el idealismo alemán la presentan, respectivamente, como verdad alimentada desde la luz natural de la razón, la comprensión de todo lo que el espíritu humano puede saber, la ciencia de los fines últimos de la razón humana y el estudio de una idea que se piensa. Además de provenir de un amor por el saber, tiene como presupuestos que el saber, además de ser deseable, sea accesible.
En los últimos siglos se ha vuelto a enfocarse en estudiar la naturaleza del lenguaje y lo que este puede abarcar, prestándole particular atención como transformador de contextos humanos.
Sócrates está entre nuestros maestros en el poder de las preguntas, y Heidegger entre los que presentan a la filosofía como el extraordinario preguntar por lo extraordinario, quizás ajustando las palabras de Kant que hablaba de un destino poco alegre relacionado con hacernos preguntas que no podemos contestar. Entonces, ¡la filosofía parece ser una combinación compleja de grandeza y frustración! Porque la pregunta persiste y nuestra escucha detecta cómo aumentan a nuestras inquietudes y curiosidades; es decir, como aumentan la confusión y la claridad. Nos damos cuenta de que somos capaces de explorar, descubrir, describir, explicar y organizar. Nos mostramos capaces de diseñar y utilizar todo tipo de herramienta, sea cognitiva, ética, conductual o instrumental para crear, mejorar y avanzar; también para destruir, empeorar y retroceder.
Parece que vivimos motivados no solamente por respuestas a lo que duele sino también, desde una innata curiosidad, siendo poseedores de una tremenda capacidad para imitar y una capacidad más poderosa aún de crear lo que aparentemente nadie nos ha enseñado. Sentimos que siempre hay algo más, que no estamos ni terminados ni terminables sino que siempre queda un resto de lo que llamamos posibilidad. Lo extraordinario se estira hacia y dentro de la misma posibilidad, testeando sus fronteras y generando realidades nuevas, haciendo perceptible lo que aparentemente no lo era.
La misma filosofía nos invita a tener presente dos asuntos. En primer lugar, nos invita a nombrar un principio, un lugar desde donde partir, una palabra que sería un primer principio o primera causa, que pasa la prueba de la luz de la razón, nutre la comprensión de todo lo que un ser humano puede saber, aclara todo fin último, despierta un amor para el avance, inspira toda pregunta extraordinaria además de ayudarnos a prepararnos para la vida y para la muerte. Esta palabra es posibilidad. No posibilidad abierta sino condicionada. Pero posibilidad al fin. No totalidad, sustancialidad, ni siquiera necesidad como fundamento. Posibilidad. O la pregunta ¿qué será posible?, como primera pregunta. Sería la única necesidad absoluta. Que algo sea posible.
¿Cómo veremos si es o si será posible? No es la única pregunta de gran valor. Pero es la primera. El trasfondo de nuestra realidad es, entonces, posibilidad abierta condicionada. Las palabras “es posible” y “no es posible” pasan a ser las más serias ya que vienen con la tremenda responsabilidad de mostrar su validez. Esta noción de posibilidad, entonces, nos permite tener un primer principio que es tangible y místico a la vez. Todos lo sentimos como alegría y como angustia, como claridad y como confusión. Es fuente de la libertad ya que nos cuida del reduccionismo y el determinismo. Y es disparador de toda iniciativa humana. ¿Quiénes se animan a declarar como posible lo que todavía no existe pero que puede empezar a existir?
En la película La vida es bella el protagonista principal es un declarador serial de la posibilidad frente a todo indicador de que su postura es mínimamente muy aventurera, estiradamente optimista y hasta loca. Sin embargo, logra conquistar a su “principessa” y casarse con ella, e inventa, en palabras de Nietzsche, un “juego divino del crear” que posibilita la protección y la sobrevivencia de su hijo en un campo de concentración. Por supuesto otro juego creativo construyó estos mismos campos de concentración, métodos cada vez más macabros de tortura y armas de destrucción masiva. “¿Será posible?” sigue siendo la pregunta que llama nuestra atención, el primer principio y causa. Sin embargo, no es la única pregunta que conviene tener presente. “¿Será sabio, bueno, justo y bello?” están entre otras que nos conviene interponer entre la primera pregunta, “¿Será posible?”, y las palabras “Entonces, ¿qué vamos a hacer?”
Si la primera observación presenta posibilidad como primer principio y consciencia de lo posible como un camino de despertar, la segunda observación o consideración nos invita a reflexionar sobre cómo el ser humano, como observador o intérprete con su particular memoria, manera de prestar atención y expectativas, diseña y construye una multiplicidad de mundos. En otras palabras, cada uno de nosotros es un observador que, a la vez, tiene distintas maneras de observar que se contraponen dentro de nosotros y entre nosotros mismos. El observador que mira los precios no es el mismo que mira el menú de platos o el vestido colgado en la vidriera. La voz encantada por el estilo del vestido o movilizada por la posibilidad de comer un plato exótico puede terminar frustrada por la voz que declara cerrada la billetera o que prohíbe el uso de la tarjeta de crédito.
En nuestra mente hay una multiplicidad de voces. Esto no es necesariamente un indicador de patología sino de la versatilidad, diversidad y riqueza de nuestra vida interior. Es más, entonces, un multiverso que un universo. Por supuesto, esto vale para cada ser humano. Existimos como multiversos en cohabitación y, ojalá, en convivencia. La realidad humana es, entonces, una galaxia de multiversos en constante interacción dentro de sí y entre ellos. Y lo que posiblemente crece, es nuestro grado de consciencia de esto.
La noción de multiverso no es compartida por todo observador humano. Se contrapone a la de universo, algo que desemboca en todo tipo de desencuentro. La noción de que la verdad es única y aplicable inmutablemente en todo contexto suele generar distorsión cognitiva, confundir hechos con opiniones, poner creencias en la misma categoría que descripciones y arrasar con el diálogo. Nuestra experiencia nos indica que la multiplicidad de voces y de miradas es esperable pero no lo es un diálogo productivo entre ellas. ¿Cuántas personas se sienten perseguidas por algunas de sus voces que, por ejemplo, critican todo de manera destructiva, o exigen perfección? Otras se encuentran cediendo frente a las voces que expresan temor y que provocan parálisis frente a lo nuevo o a lo que parece arriesgado. Y pueden aparecer los enemigos fieles que están detrás de las voces que dicen: “Es mucho esfuerzo. Ya estoy agotado. Arrancamos mañana” y “Me da miedo, déjame pensar – quizás después” o “El cuero no te da para esto – quédate donde estás”. Por supuesto también están las voces que representan nuestra capacidad para el entusiasmo, el coraje, el agradecimiento, el aprecio, y hasta el perdón. Somos, entonces, intra e interpersonalmente, más un coro acompañado por una orquesta que un solo músico cantando. Sin perder consciencia de esta multiplicidad y complejidad consideremos una de estas voces.
Tengamos presente a un hincha de un club de fútbol. Suele tener sus creencias, códigos y cultos. Cree que su club es un espacio especial, valioso y digno de su respeto y hasta de su afecto. Cuando capta los colores de la camiseta experimenta un arcoíris de sentimientos. Se acuerda de momentos especiales compartidos quizás con distintas generaciones de su familia o con amigos que ahora están lejos o con quienes sigue encontrándose con frecuencia. Cuando piensa en o llega al estadio o la cancha del club, siente afinidad y pertenencia. Es su casa o una extensión de su hogar. Allí canta canciones que celebran su identidad como hincha. Y la misma identidad contiene ciertas miradas y códigos. Por supuesto, no es su única realidad, pero su voz de hincha figura en su organización del tiempo, su aclaración de prioridades, su elección de color de ropa, sus planes de ahorro y su planificación de vacaciones. Puede influir hasta en su selección de pareja y también va a ser la elección que desearía para sus hijos. Esta voz puede tener mayor o menor incidencia, según el lugar que ocupa, pero se hace escuchar.
Cada club, y por ende sus hinchas, suele tener sus rivales, adversarios y archienemigos con quienes se enfrentan en clásicos y superclásicos. Y hay un camino de enfrentamientos que resulta en victorias, derrotas o empates y que genera un campeón único de cada torneo. El hincha suele abrazar ciertas creencias o puntos de vista de tal manera que termina filtrando hechos y descalificando interlocutores que los cuestionan, contradicen o desafían. Cree a la vez creyendo que creer es sinónimo de saber. Posiblemente se mueve como un observador que no sabe con claridad que su observar es un estilo de ofrecer estructura a la posibilidad y que no es ni único ni automáticamente superior o de mayor valor. Los distintos elementos de su escucha abren ciertas conversaciones y cierran u obstaculizan otras. ¡Estamos hablando de fútbol! Y estamos reflexionando sobre una sola voz entre muchas. Cuando pasamos a conversar sobre creencias de carácter religioso, político o relacionadas con otras facetas de la realidad humana como, por ejemplo, economía o ética en general, aparecen las mismas tendencias. Sin embargo, tomar una sola voz para explorar nos revela verdades importantes –cada voz tiene, en palabras de san Agustín, su memoria, su manera de prestar atención y sus expectativas.
Dentro de nosotros aparece un coro que requiere una obra que puede aprovechar la gran riqueza de esta multiplicidad y, por supuesto, alguna presencia que dirija. Así, la maestría del pasado, la apertura al presente y la inspiración del futuro pueden confluir sinfónicamente a través de un proyecto de vida.
Cuando miramos hacia afuera según las voces o miradas que surgen, aparecen también visiones o modelos que marcan la presencia de un nosotros y un ellos. La pertenencia a un grupo tiene sus grandes ventajas, además de sus dificultades. Porque ofrece la manera de entender y procesar la luz y la sombra del existir. Ofrece un qué, un porqué, un para qué, ya que sus creencias y códigos describen y explican lo que existe y promueven un rumbo hacia un existir superior y aun hacia una felicidad eterna.
El problema, sin embargo, no es la sola pertenencia a un grupo u otro. Los desencuentros y desencantos aparecen según los primeros principios de cada grupo, según su cosmología y antropología, según su fe en un universo o en un multiverso y según la aceptación o rechazo de la posibilidad de diversidad en convivencia. Cuando estamos frente a visiones unificadoras universales, suelen ocurrir dos movimientos. Uno es intrapersonal y el otro interpersonal e interobjetivo. En ambos movimientos, el multiverso tiene que ceder ante el universo. En el caso de la visión multiversal, y con cierta coherencia en la visión universalizadora, suele aparecer, irónicamente, una tríada de posturas interconectadas de iluminismo, fundamentalismo y elitismo. En este universo aplastador de multiverso, los que creen pueden ver con claridad todo lo que hay que ver, las verdades son indiscutibles y universales, y los demás sencillamente no entienden. Son, de alguna manera, todavía no iluminados o inferiores, ignorantes, ciegos, insalvables o enemigos. Y, trágicamente, muchas de las diferencias parecen ser un accidente o suerte de nacimiento en un particular lugar, en un particular momento, acoplado con una suerte de contacto con ciertos interlocutores. Por supuesto, acoplado también con tu grado de consciencia de lo que está ocurriendo.
Entonces, desde la cuna aprendemos quiénes son confiables, quiénes son amigos o enemigos, quiénes irán al cielo o al infierno y por qué, y quiénes, por supuesto, tienen el derecho a declararse guardianes de las verdades más valiosas. Por otro lado, algunos de los adherentes al multiverso, defendiéndose de los ataques, recurren a las mismas herramientas e, irónicamente, no demuestran el espíritu de diálogo necesario para todo avance. El desafío mayor, como en toda situación traspasada por el orgullo simétrico, es el de templarla con complementariedad enriquecedora a través de una mejora continua de nuestra escucha en particular y de nuestra capacidad para el diálogo en general.
Parece que el problema o desafío tiene que ver con negar la necesidad de un multiverso como estructura mejorable de posibilidad. Si cada uno de nosotros hubiera nacido en otra familia, en otro momento de desarrollo socioeconómico, en una zona de guerra o en una carpa llena de refugiados de una hambruna o si hubiéramos provenido de padres musulmanes en lugar de cristianos, o viceversa, para luego tener acceso, o no, a comida nutritiva, vacunas y una formación amplia académica – nuestras múltiples formas de mirar habrían sido completamente distintas. Todo habría confluido para plasmar distintos estilos de mirar, escuchar, creer y crear. Sin embargo, podemos lograr consciencia de esta faceta de la realidad humana. Es decir, podemos despertarnos y captar que estamos en laberintos que estructuran posibilidad pero que, a la vez, nos llevan a aferrarnos a filosofías de desencuentro, conflicto y destrucción mutua. Parece que, más que nunca, necesitamos aprender el movimiento hacia arriba que permite salir de los laberintos que nos fue sugerido por Marechal y asociado con Borges.
Entonces, vivimos en el multiverso que se manifiesta en la multiplicidad de observadores que existen dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Las palabras claves son consciencia y escucha: consciencia con su naturaleza expansiva que se manifiesta como despertares, y escucha nutrida por esta misma consciencia en expansión y que accede a una autoconsciencia como observador, como observador de las distintas maneras de observar y como observador capaz de diseñar y encarnar a nuevos observadores.
Así empezamos a observar que usamos modelos para pensar, sentir y crear. Y nos damos cuenta de que para no permanecer dentro de nuestra versión heredada e implantada necesitamos un diccionario que nos ayude a desarrollar nuestras capacidades para observar a nuestros distintos observadores o estilos de observar y, más poderosamente aún, a diseñar y poner en acción a observadores nuevos. Todo empieza con validar nuestra realidad humana como una red de multiversos que representan posibilidades estructuradas en movimiento continuo sobre un fluir de posibilidad.
La tercera invitación u observación es a considerar este movimiento en la realidad humana como una dialéctica entre grados de fluidez. La red de multiversos que ya mencionamos se mueve, a lo largo del tiempo, dialécticamente. Aceptando la alta complejidad del término “dialéctico”, sugiero mirarlo de la siguiente manera. Observamos el movimiento dialéctico registrando contraposiciones que interactúan desde tres opciones posibles: sí, no y nada. En otras palabras, la misma vitalidad de cada instante y faceta de la vida, según sus particularidades, toma contacto o interactúa con el resto desde la aceptación, la negación o la indiferencia y, desde estos caminos, generando un emergente en constante mutación. Y así evolucionamos o involucionamos. Así aparecen realidades con distintos grados de fluidez o consistencia que podemos medir en términos de su resistencia al cambio como, por ejemplo, el acantilado que resiste las fuertes olas del océano o el sistema nervioso de un cocodrilo que sigue sin ajustes después de millones de años. En contraposición, observamos cambios vertiginosos como, por ejemplo, el agua que vive un viaje de millones de años en pocos minutos ya que, entre su ingesta en nuestro cuerpo y su aparición como parte de nuestra sangre o como lágrimas de alegría o tristeza, pasa por, y participa en cadenas complejas de transformación. Por un lado, nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, pero no podemos olvidarnos de que el río es mucho más que el agua y que tiene orillas, fondo, contenido y entorno que no se mueven con el mismo ritmo del agua.
La dialéctica triple de sí, no y nada transcurre gracias a una gran fluidez y a la presencia de estructuras que fluyen muy lentamente. Esta segunda invitación, acoplada con la primera, puede rescatarnos de distintos tipos de distorsión o dilema.
Consideremos, por ejemplo, la mirada que resiste ciertas nociones de ley. Creamos leyes para consolidar nuestra experiencia y expectativas en posturas que custodian aprendizajes y que ayudan a anticipar posibilidades. Las leyes también miden y ayudan a anticipar o predecir el futuro ya que cuentan con el entendimiento de causalidades. Ayudan a que el pasado humano intente generar el futuro. Por supuesto que condicionan nuestra manera de vivir el presente ya que promueven ciertos tipos de hechos y nutren ceguera frente a la presencia de otros.
La gravedad está interpretada y formulada por una ley articulada por Newton. Esta ley pretende medir y expresar conexiones y causalidades en el dominio de la física. Representa una de nuestras maneras humanas de plasmar experiencia en entendimiento. La ley no es la gravedad sino una manera humana de explicar nuestra experiencia de la gravedad. La ley de gravedad, entonces, es parte de nuestro mapa de la realidad y aparece como validada por la razón, por innumerables hechos verificados y por los resultados relacionados con la aplicación de la manera de medir su aceleración. Pero la ley no es lo que mide o propone ordenar, de la misma manera en que el mapa no es el territorio. La visión newtoniana centenaria ayudó al joven Einstein a entender la realidad. Sin embargo, la presencia de ciertos hechos como los movimientos planetarios que, con la ayuda del astrofísico británico Stanley Eddington, pudo verificar lo llevó a abandonar el modelo supuestamente inmejorable e inmutable, al borde de la locura y a la generación de nuevas teorías de relatividad y a la declaración de una nueva constante para remplazar a otras.
Resulta interesante observar que lo que estaba considerado por sucesivas generaciones como constantes e inmutables pasaron a tener carácter de variables dentro de un modelo superador de sus antecedentes. Pregúntale a Irving Fischer, profesor de economía en Yale, quien predijo la estabilidad en la bolsa de valores en 1929, o a Lord Kelvin, una eminencia en el mundo de la ciencia, quien declaró que las máquinas voladoras “más pesadas que el aire” no eran posibles. Parece que la cuestión de mayor transcendencia no tiene que ver con tener o no tener sistemas o leyes sino con la noción de inmutabilidad o universalidad. En otras palabras, nuestras leyes funcionan hasta que llegan a los límites de su capacidad. Allí empiezan a fallar. Entran en quiebre. Y requieren avances, a veces de ajuste, a veces de reparación importante y a veces de reemplazo. Mientras sigan midiendo y prediciendo con cierta eficacia y exactitud seguirán mereciendo nuestra confianza. Pero no dejan de ser mapas que, por la experiencia humana, no alcanzan para captar todo lo que hay en el territorio.
Consideramos también otros tipos de ley ahora no conectadas con la medición de los fenómenos del mundo físico sino con nuestras costumbres y nuestras creencias relacionadas con la belleza, la bondad y la justicia. Aparecen como dominios mucho más complejos. ¿Cómo se miden la bondad, la belleza y la justicia? ¿Cuáles serán nuestros estándares? ¿Dónde los encontraremos? ¿Hay una realidad correlativa a la bondad que podemos explicar o explicitar en una ley de la misma manera en que lo hemos hecho con la gravedad? ¿La belleza existe más allá de la mirada del observador que la declara? ¿Detectamos justicia en algún sitio para luego plasmarla en una fórmula que pretende reproducir lo que sabemos que está en otro lado? O, como pasó con la gravedad, ¿combinamos la experiencia milenaria con destellos de mentes brillantes para plasmar un entendimiento humano que aparece como modelos para interactuar con la vida pero que no son la vida en sí? Sugiero que este sea el caso. Plasmamos leyes o principios de, por ejemplo, amor o justicia. Una ley o principio de amor pretenderá entender y explicar el amor de una manera parecida a la ley de gravedad. La gravedad se muestra posible a través de nuestra experiencia de ella y la ley de gravedad intenta maximizar el valor de esta experiencia. Lo mismo vale para el amor, el respeto y la justicia. Los experimentamos como posibles y elegibles, y una ley o principio nos ayuda a diseñar desde la consciencia de estas posibilidades. No es necesario declarar que el principio de amor sea la base de una visión de la vida sino que el amor existe como posibilidad que aparece cuando uno lo capta y elige como experiencia que luego estructura como principio o ley. No descubrimos el principio de amor. Experimentamos amor y luego no lo queremos soltar como camino. Discutir entre preexistentes o no parece negar los caminos de aprendizaje humano y crear una polémica innecesaria.
Nuestras leyes también miden los distintos grados de fluidez que aparecen en nuestra experiencia. Necesitamos que capten la diferencia entre lo que se modifica muy lentamente y lo que da señales de cambio más rápido. Responden a nuestra necesidad para sentir estabilidad mientras nos movemos sobre la incertidumbre –de poder anticipar, planificar y conducir para vivir claridad cósmica mientras aceptemos la presencia permanente disruptiva del caos. Aparentemente, por ejemplo, hay una capacidad para hacer memoria conectada con nuestros ojos que, generando demora en el fluir de información captada, ayuda a crear una imagen más estática de la realidad que la estimula. En otras palabras, ajustamos o editamos desde el mismo momento de percepción sensorial.
Cuando ubicamos a estas capacidades y necesidades nuestras en un contexto de lucha o batalla, corremos el riesgo de querer eliminar lo que es diferente. De esta manera terminamos poniendo inmutabilidad y universalidad en contraposición con caos imprevisible e imposible de anticipar con exactitud. Terminamos así con dos miradas principales que se excluyen mutuamente y también excluyen a otras. En otras palabras, aparece un dilema falso.
Un dilema falso es una distorsión muy antigua que sigue siendo una herramienta de manipulación en todo contexto humano. Funciona mejor en un entorno ya antagónico y es capaz de transformar un contexto de diálogo en uno de lucha. Los dilemas en general son estructuras de posibilidades que rodean a una decisión a tomar y donde cualquiera de las opciones va a llevar a un resultado no deseado. Por ejemplo, en el tiempo de los estoicos se hablaba de la siguiente situación. Un cocodrilo, después de haber robado a un niño, hace una promesa muy particular al padre. Promete devolver el niño si el padre adivina o detecta la verdad acerca de lo que va a hacer – devolverlo o no. Si el padre dice que el cocodrilo no va a devolverle a su hijo, el cocodrilo pasa a tener el dilema. Si no devuelve el niño el padre decía la verdad y lo tendrá que devolver. Pero si devuelve al niño la respuesta del padre pasa a ser falsa y entonces no lo tendría que devolver. Quizás ya estás mareado. Parece que el desafío en relación con los dilemas es no meterse en uno.
Pero además existen dilemas falsos, es decir, situaciones donde nos encontramos porque aceptamos relatos que nos meten allí: aparecen dos puntos de vista como los únicos posibles cuando, en realidad, existen más opciones no consideradas o una resolución a un nivel más profundo. Favorece al extremismo especialmente cuando aparece el lenguaje bélico como batallas y luchas. Se genera una ontología de la guerra, con todo lo que esto implica, en lugar de una de diálogo. De esta manera, por ejemplo, cosmovisiones que apelan a órdenes preexistentes y detectados por algunos seres humanos se descartan a priori y una ontología que insiste dogmáticamente en que no puede haber dogma termina como un primer principio o base. Y más peligrosamente aún, recibimos una exhortación de elegir entre una cantidad innecesariamente reducida de opciones. Pero se trata de un dilema falso. Como en el caso de todo dilema falso, hay más posibilidades. Están conectados con la consciencia de que todo movimiento en la realidad humana es una dialéctica entre grados de fluidez que existen dentro de un trasfondo de posibilidad. Tiende a aceptar que las distintas hipótesis son posibles ya que cada una ofrece su fundamentación.
Así que elegir entre inmutabilidad y caos puede compararse con los desafíos de distinguir entre el territorio que se manifiesta como grados de fluidez y toda ley como intento de mapear el movimiento. Vivir es cambiar, insistía John Henry Cardinal Newman. No es decir que no se puede apostar a la existencia de mundos estables. Sin embargo, reposarán sobre una combinación de grados de fluidez y no sobre una estabilidad que excluye incertidumbre. La presencia permanente de la posibilidad hace posible postular visiones de la realidad. Para gozar de credibilidad, dichas visiones se presentarán con apertura a los hechos que hasta pueden llevar a tumbarlas.
Entonces, en lugar de elegir entre inmutabilidad acoplada con certeza causal y caos resistente a todo principio ordenador, desarrollamos un modelo que acepta multiversos y grados de fluidez. Y aceptamos que conviene equilibrar dogma con misticismo y misterio. La aceptación de conceptos como multiverso y grados de fluidez, además de salvarnos de ciertos tipos de conflicto, genera una apertura hacia la cuarta observación o invitación que presento a continuación: que las realidades humanas son emergentes de una dialéctica entre contrapuestos perceptibles e imperceptibles.
En otras palabras, la realidad que experimentamos está generada por algunos factores que captamos y otros que ni siquiera sabemos que existen. Nuestra ignorancia inconsciente supera ampliamente a nuestra ignorancia consciente. Para explorar esta observación volvamos a Einstein estudiando al movimiento de los planetas. Registró algo que era nuevo para él y que contradecía el saber que, hasta este momento, gozaba no solamente de su confianza sino de la de toda la comunidad científica. Algo salió de un trasfondo de obviedad. Lo empezó a percibir. Algo parecido pasó al descubrir mucho movimiento en lo que hoy llamamos el mundo subatómico que, supuestamente, no existía. Lo que ocurría era que existía, pero no lo percibíamos. Una y otra vez estamos como el joven Gautama, eventualmente Buda, horrorizado por la realidad que empezó a percibir cuando salió del palacio donde lo habían criado sin la posibilidad de percibir la enfermedad y la muerte.
El viaje de descubrimiento del HIV es ejemplo claro del esfuerzo para entender la dialéctica entre lo perceptible y lo imperceptible. Integrantes de la comunidad médica empezaron a observar la aparición de personas enfermas que no respondían a ningún intento de tratarlas y que morían sin clara causa aparente, pero con un resultado muy claro y con primeros indicios de contagio. Los distintos nombres usados para describir y explicar la condición reflejan la mutación de entendimiento que se plasmó, eventualmente, en la detección de un virus y el diseño de los primeros tratamientos. El cambio sucedió en el observador humano que, detectando realidades nuevas, se mostró capaz de crear modelos mejorables de entender y gestionarlos transformando experiencia en aprendizaje y mostrándose capaz de un gran compromiso frente a desafíos aparentemente insuperables.
Existe una dialéctica entre lo percibido y lo no percibido, y el desafío consiste en ampliar nuestra capacidad para percibir. Esta dimensión de la dialéctica representa un enorme desconocimiento de nuestra parte ya que ni siquiera sabemos lo que no sabemos y estamos muy lejos de entender interacciones que no observamos, que están transcurriendo y que representan gran parte de la vida misma. Nos manejamos con versiones humanas de lo posible condicionadas por los parámetros de nuestra propia humanidad. Y, por lo visto, nos está resultando muy difícil generar una visión compartida de ella.
El ojo ve. El ser, según sus distintas formas, mira. El oído oye. El ser, según sus diccionarios e intuiciones, escucha. La contraposición en dialéctica es una forma de mirar que posiblemente genera un diccionario desarrollado desde un camino de entendimiento y avance. Cada descubrimiento nos lleva al descubrimiento de una dialéctica más compleja. Conscientes de que nuestros ojos nos permiten ver hasta un cierto punto nos mostramos capaces de diseñar y construir telescopios que facilitan que miremos más lejos en el espacio y el tiempo. Y luego nos esforzamos para crear modelos que nos ayudan a procesar lo que captamos. Miramos en microscopios y observamos la lucha entre bacteria y antibiótico, y entre virus y antivirus. Captamos los distintos movimientos dialécticos de aceptación, negación e indiferencia y nos mostramos capaces de incorporarlos en nuestros diseños y estilos generativos. Nos ponemos en condiciones para dialogar o para entrar en guerra.
La indiferencia también puede aparecer como ignorancia inocente o como agresión premeditada. Y, consciente o inconscientemente, estamos en permanente contacto con la posibilidad, a veces intentando una nueva con premeditación y planificación y a veces tropezándonos con lo nuevo desde un accidente fortuito o trágico. Y nuestro estilo de observar vive experiencias y procesos de transformación. Aprendemos nuevas maneras de describir, explicar, proceder y evaluar. Nuestra escucha cambia. Y todo cambia. Lo que era captado desde la intuición y articulado hipotéticamente como posible pasa, desde pasos más integrales que incluyen prueba y error, a tener algo de estructura.
Así, un ciclo a veces indescifrable de circularidad entre el estilo de crear y lo creado aparece como resultado de un nuevo modelo o paradigma. Lo indispensable es que sea posible, y alcanzable. Lo que va variando es el grado de consciencia de la naturaleza de la dialéctica entre caos y cosmos, entre lo perceptible y lo imperceptible, entre el trasfondo de posibilidad y la presencia de posibilidades estructuradas o estructurables. Y nosotros intentando diseñar y vivir un camino con cada descubrimiento que nos conecta con lo que es nuevo para nosotros y que, antes de captarlo, era transparente. El microscopio permite observar una bacteria invisible al ojo humano. El comentario de un amigo nos ayuda a captar una forma de ser nuestra que no lográbamos percibir. Los que nombramos como genios o pioneros captan o plasman posibilidades que luego son más accesibles para otros. De esta manera la posibilidad no-percibida pasa a ser percibida, para luego ser abordada siempre según las creencias, los códigos y la conducta del observador.
Este es un libro sobre el amor. Pretende explorarlo como un camino guiado por la templanza, la conectividad creativa, el propósito, la honestidad profunda, una consciencia de sombra, la gratitud, el perdón y la reparación de error y daño. Presenta esta visión del amor como estructura poderosa de la posibilidad humana y como manera de cuidarnos de otros caminos mucho menos nobles. Sostiene que el amor es una posibilidad permanente, no siempre elegido, pero siempre elegible. Sostiene que es el camino que ofrece las transformaciones más valiosas. No tiene ilusiones con respecto a la tendencia humana de elegir otros caminos, pero reposa sobre la serena confianza de que siempre habrá los que, como levadura en la masa o sal en la comida, elevarán y enriquecerán a muchos más.
Estas cinco consideraciones representan un modelo o, mejor dicho, un metamodelo que capta la presencia, en cada uno de nosotros, de una multiplicidad de observadores, que nos ve como hijos de la vida misma con distintos grados de despertar y de responsabilidad y con necesidad de un diccionario dialogado que requiere un estiramiento heroico. Nos convocan a diseñar una forma de construir que incluye música, arte, ciencia, ética y espiritualidad. Ofrecen parte del andamiaje que nos permite descubrirnos desde nuestra naturaleza autopoiética, es decir, desde nuestra capacidad para generarnos a nosotros mismos y para mantenernos con vida, tanto a nivel cultural como biológico. Nos conectan con una visión que ha existido en el mundo celta a lo largo de siglos que, entre otras palabras, aparece como un camino awen.
Para transitarlo resulta clave cierto despertar que nos abre al multiverso como posibilidad estructurada, a la dialéctica entre distintos grados de fluidez y a la dialéctica entre lo perceptible y lo no perceptible. Por supuesto, también a la posibilidad y la necesidad de creaciones nuevas amorosas.
Resulta, a mi juicio, muy importante reflexionar sobre las diferencias profundas e importantes entre las experiencias de soledad y solitud. Por supuesto, ambas están íntimamente relacionadas, pero, a la vez, tienen un carácter o naturaleza diferente. Por un lado, están relacionadas con vínculos y con intimidad. En este contexto nutrido por la mística en general y la mística celta en particular, solitud representa un acceso a la responsabilidad profunda y a una conexión personal íntima con el misterio de la vida misma.
Cuando experimentamos soledad nos sentimos aislados o separados. Puede resultar de la pérdida de un ser querido, el rechazo de alguien que deja de ser amigo o las distancias o barreras generadas por circunstancias de la vida como traslados por motivos laborales o la imposición de una cuarentena. Soledad es un dolor particular cuya dimensión está relacionada con la importancia de la persona o personas involucradas. Forma parte de todo duelo. Es, a la vez, parte de nuestra necesidad para vivir nuestra capacidad para conexión amorosa con otros seres.
Solitud representa otra capacidad y, a la vez, otra necesidad que pueden ser descuidadas. Representa una oportunidad para un conocimiento cada vez más profundo de nosotros mismos. Es la habilidad para generar una expansión dentro de nosotros mismos donde aparecen espacios o distancias que permiten otro nivel de autopercepción y autoentendimiento. De esta manera nutre y premia a la humildad. Fomenta la captación de las fronteras de nuestro poder y aparece como una llamada a templar poder con impotencia desde el aprecio y la coherencia.
Además de fomentar esta intimidad con nosotros mismos, la solitud también posibilita una captación especial de la vida misma. En este espacio de solitud podemos saborear la belleza y la vida misma y su intensa capacidad para quererse. Podemos, además, experimentar la naturaleza mística y, en el análisis final, misteriosa, de la misma vida sintiendo cómo fluye desde un origen que no logramos explicar y hacia un destino cuya naturaleza nos elude. Es una experiencia a la vez liberadora y aterradora.
Así es que vivir solitud facilita la captación de nuestra singularidad o de la forma única e irrepetible de nuestro ser en su realidad más profunda. Es un paso necesario de una separación de todo otro ser viviente que permite conexión filial con la misma vida. En estos momentos podemos, por ejemplo, vivir una paridad liberadora que facilita un soltar de lo que no sirve. Todo otro ser, sea padre, madre, hermano, colega, vecino, amigo o enemigo aparece como hijos y nietos de la vida, gloriosamente imperfectos. La inutilidad del rencor y del resentimiento aparece con absoluta claridad y florece la belleza de tener el pasado como maestro, el futuro como inspiración y el ahora como presencia plena.
Sin embargo, solitud también nos conecta con el desafío de un protagonismo único relacionado con la misma singularidad de nuestro ser. Convoca a la responsabilidad y facilita que sintamos de manera profunda los momentos de decisión donde nuestra libertad nace y se desenvuelve. De esta manera es la fuente de poder de nuestras declaraciones y el garante de las instancias de asunción de responsabilidad.
Entonces, la solitud es un tiempo-espacio donde podemos escuchar la invitación a soltar ilusiones de control para abrazar la vida misma tal como se presenta. Cuando sabemos abrazar la solitud tendremos la autodependencia necesaria para gestionar la soledad y para vivir una saludable interdependencia. En otras palabras, podemos observar que la soledad como sensación y sentimiento nos conecta con la complejidad de nuestras capacidad y necesidad para vivir intersubjectividad mientras la solitud es un acceso a la profundidad ontológica y a la frontera entre el ser y la nada.
CRUZAR
TRES SABIOS SE ENCONTRARON
EN UNA ENCRUCIJADA.
DISTINTA PARA CADA UNO
SALVO EN EL ESPACIO
Y EL TIEMPO.
AVANCE, RESPIRÓ UNO.
EQUILIBRIO, SUMÓ OTRO.
CONTINUIDAD, INSISTIÓ EL TERCERO.
Y LA ENCRUCIJADA SUSURRÓ
¡JUEGUEN!
Para iniciarnos conviene abrirnos a una filosofía real-optimista de la posibilidad que invita a templar consciencia de poder con consciencia de impotencia; también a diseñar y vivir caminos de posibilidad creativa amorosa.
Hasta ahora, entonces, el enfoque ha sido sobre invitaciones a abrirnos a ciertos primeros principios o pretensiones ontológicas del camino awen. Ahora pasaremos a explorar las actitudes y maestrías del caminante. Pero antes de hacer esto conviene hacer un recorrido por elementos de la historia y de la cultura celta.
Como ya aclaré, es un espacio de reflexión y de creatividad. También de estiramiento y de cierto esfuerzo. Su dimensión más importante reside en tu interioridad. Pero conviene prestar atención también al entorno físico. Conviene que tenga belleza. Ayuda contar con un espacio donde hay contacto con la naturaleza como, por ejemplo, mirar por una ventana y ver flores, plantas o un árbol. Pero uno puede armar un rincón agradable en el living o dormitorio donde hay un sillón donde relajarse. Encender velas suele sumar una energía positiva. Y a la belleza hay que sumar silencio, quizás intercalado con música, pero no puede faltar. En este espacio físico bello, sereno, cómodo y silencioso, armado con papel y lápiz, te conectas con tu capacidad para ser inspirado, para reflexionar, soñar, diseñar y planificar. Cada portal pide que haya un trabajo vivido en este rincón. Sugiero que tengas una carpeta contigo, o cerca, no solamente en los momentos del rincón sino también en todo momento de la semana. De esta manera tendrás dónde anotar lo que aparecerá a lo largo de los días y dónde anotar tus respuestas a las distintas invitaciones a reflexionar. Sugiero incluir un espacio en tu agenda semanal para dedicarte a este nuevo rincón tuyo.
Así es que a lo largo del libro recibirás invitaciones a crear. Cada portal pide un trabajo. Tu carpeta llegará a contener lo que estarán entre las palabras más importantes de tu vida. Y ahora te invito a dar un primer paso.
Como primer ejercicio te invito a pensar en un momento en el que tu vida fue tocada por la belleza. Quizás fue un momento en familia o darte cuenta de que te estabas enamorando. Posiblemente era un atardecer, observar a un niño jugar y reírse, o haber estado frente a una obra de arte. Para muchos es un momento como vivir o presenciar un parto. Esta invitación es a encontrar un espacio donde puedas conectarte con esta memoria especial para luego plasmarla como un texto. Sugiero que el primer texto que escribas sea en formato de prosa. Una vez plasmado este texto, te invito a reescribirlo como poesía.
No dejes que te ganen los enemigos de la creatividad y las resistencias a crear. Tu memoria representa una oportunidad especial. Deja que fluya primero como texto y luego como poesía. Será un momento awen y un muy buen preámbulo para los pasos que siguen. Así, tu nuevo diario awen empezará con “Mi encuentro con la belleza”.
La palabra “awen” nos conecta con elementos místicos de la cultura celta. Abarca visiones de primeras causas y principios y roles sociales claves en distintos siglos. Además, está conectada con distintas competencias y necesidades humanas, con momentos de reconexión con la naturaleza y con misterio. Y, por supuesto, la puedes encontrar en las redes sociales mencionando un tatuaje elegido posiblemente sin comprender su significado más profundo.
Empecemos con su significado más sencillo y su aparición en roles sociales en distintos siglos. Luego miraremos hacia algo más profundo que, a mi juicio, trasciende la cultura celta.
Luego Talhearn Tad Awen ganó fama por su poesía.
Los historiadores coinciden en que esta primera referencia literaria a awen aparece a fines del siglo VIII en un texto llamado Historia Brittonum
