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Gaón De Vilna

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Beschreibung

El libro de los Proverbios del rey Salomón es considerado una de las obras maestras de la literatura de máximas y sentencias, y forma parte del canon bíblico. Se trata de una obra maravillosa que contiene enseñanzas relevantes para conocer los misterios recónditos de la verdad, así como los caminos que conducen a la sabiduría y la diligencia y que nos alejan de la necedad, la pereza y la procrastinación. Las revelaciones y los consejos que se mencionan están redactados de manera sobria y precisa, de manera que cada declaración es motivadora y edificante. A estos espléndidos brotes de sabiduría, hemos añadido una selecta compilación de las enseñanzas del gran sabio Eliahu de Vilna, quien explicó los proverbios de forma magistral, legándonos un magnífico tesoro para poder interpretar correctamente el libro de los Proverbios y entenderlo en profundidad. Eliahu ben Salomón Zalman, más conocido como el Gaón de Vilna, o haGra, ha sido una de las mayores autoridades halájicas de la historia del judaísmo. Su pensamiento estuvo entregado por completo al estudio de la Torah, el Talmud y la cábala.a presente edición de su comentario al libro de los Proverbios, una obra a la vez innovadora y esclarecedora, es la primera que se realiza en una lengua occidental y ha estado a cargo del rabino Aharón Shlezinger.

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Seitenzahl: 554

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Comentados por elGAÓN DE VILNA

Edición a cargo de AHARÓN SHLEZINGER

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Colección Cábala y Judaísmo

LOS PROVERBIOS DE SALOMÓN

Comentados por el Gaón de Vilna

Edición a cargo de Aharón Shlezinger

1.ª edición en versión digital: septiembre de 2020

Maquetación: Compaginem S. L.

Corrección: Sara Moreno

Diseño de cubierta: Enrique Iborra

Maquetación ebook: leerendigital.com

© 2019, Aharón Shlezinger

(Reservados todos los derechos)

© 2020, Ediciones Obelisco, S.L.

(Reservados los derechos para la presente edición)

Edita: Ediciones Obelisco S.L.

Collita, 23-25. Pol. Ind. Molí de la Bastida

08191 Rubí - Barcelona - España

Tel. 93 309 85 25 - Fax 93 309 85 23

E-mail: [email protected]

ISBN EPUB: 978-84-9111-657-8

Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada, trasmitida o utilizada en manera alguna por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o electrográfico, sin el previo consentimiento por escrito del editor.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Índice

 

Portada

Los proverbios de Salomón

Créditos

Prólogo del editor

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

XXVII

XXVIII

XXIX

XXX

XXXI

Prólogo del editor

El libro de los Proverbios de Salomón es el libro de sabiduría por excelencia del sabio de Israel por excelencia. Mishlei, proverbios, procede de Mashal, comparación, alegoría, semejanza.

Como ocurre con la Torah, los Proverbios tienen un Pshat, sentido llano, y un Sod, sentido oculto. Y también como ocurre con la Torah hay un Remez, insinuación, que es «la entrada al portal de lo oculto». Estos Remazim, insinuaciones, constituyen el corpus del comentario al libro de los Proverbios del Gaón de Vilna que el lector tiene en sus manos. Pero el Remez no es únicamente una alusión o una advertencia, también es una señal o un guiño. Los Remazim son como señales luminosas capaces de arrojar luz en los pasajes difíciles de la Torah. No es casual que la guematria de Remez, 247, coincida con la de Meor, luminaria.

Eliju ben Shlomo Zalman, más conocido como el Gaón de Vilna o haGra, nació en el año 1720 y murió en 1797. Fue una autoridad halájica reconocida en todo el mundo judío y sobre todo un gran comentador que también escribió sobre cábala y matemáticas.

El sabio Gaón no duda en citar a las cabalistas, a los que conoce perfectamente, concretamente a Jaim Vital (pág. 27), el Ari (pág. 150), al Zohar (págs. 46, 84, 89, 98, 112, 119, 124, 197 y 245) e incluso los Tikkunei haZohar (pág. 51), y muchas de sus glosas coinciden con las de ellos a pesar de que no los cita siempre explícitamente. También se refiere a otro libro cabalístico, el Sefer Yetzirah (págs. 101, 103, 109 y 110) sobre todo cuando habla de los 32 senderos.

Muchas de sus interpretaciones corresponden a las del Talmud al que cita profusamente aunque no en todas las ocasiones, pues lo da por sobrentendido. El Gaón de Vilna nos ha dejado también el Biur haGra, un amplio comentario del Talmud y del Shulján Aruj.

El Gaón parece estar obsesionado con dos cuestiones: la avidez y la codicia. Esta última está representada por «la mala mujer», de la que hay que guardarse, y es «el aspecto femenino del engaño». Los codiciosos son «tontos» (pág. 93). También insiste en un tema en el que coinciden muchos exégetas, los cuatro sentidos de la Escritura (véanse págs. 91, 94, 101 y 252): el sentido llano, la alusión, el comentario y el sentido oculto o secreto.

En esta edición, el texto de los Proverbios aparece en negrita mientras que el comentario del Gaón está en letra redonda, más fina. El estilo, típico de su época, puede resultar un tanto barroco para el lector moderno a pesar de los esfuerzos del traductor, el rabino Aharón Shlezinger, a quien agradecemos su trabajo. Algunas aclaraciones realizadas por alumnos del Gaón aparecen entre corchetes y otras, obra del traductor, entre paréntesis.

Portada de la edición de Vilna de 1931 del comentario de los Proverbios por el Gaón de Vilna

EL EDITOR

I

1. «Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel». En todo lo existente hay materia, acción, forma y finalidad. Y así es también aquí. El «proverbio» es la materia de este libro. «Salomón […]», es la acción. «Para conocer […]», es la fuente, la forma y su contenido. Y la finalidad es la «instrucción». Porque: «La disertación no es lo principal, sino la acción» (Avot 1, 1).

«Salomón, hijo de David, rey de Israel». Porque aquel que estudia un libro debe saber quién es su autor; porque si el autor fuera grande en sabiduría, ciertamente en su libro habrá grandes sabidurías. Y lo mismo se aplica al temor, y lo mismo a la Torá. Y él elaboró aquí tres libros, que son tres –tipos de– proverbios: uno sobre la sabiduría, el segundo sobre la instrucción –musar– y el tercero sobre la Torá. Y en correspondencia con esos tres asuntos, dijo aquí tres cosas. En correspondencia con la sabiduría dijo «Salomón –Shelomo–», como está escrito acerca de él: «Y fue más sabio que todo hombre» (I Reyes 5, 11). En correspondencia con la instrucción dijo: «hijo de David», que era muy piadoso, tal como dijeron los sabios, de bendita memoria: «Quien ve a David en sueño, que espere por la piedad» (Berajot 57b). Y tal como está escrito: «Guarda mi alma porque yo soy piadoso» (Salmos 86, 2). Y al decirse que era hijo de David, por cierto, llenaba el lugar de sus padres. Y en correspondencia con la Torá dijo: «rey de Israel», como está escrito: «Los reyes reinan por mí» (Proverbios 8, 15). Y estos tres tipos de proverbios están vinculados con el misterio de lo que está escrito: «Y dijo tres mil proverbios» (I Reyes 5, 12).

2. «Para conocer». El asunto esencial del libro es: «para conocer sabiduría e instrucción». «Para conocer sabiduría», con el fin de no caer en la red del Mal Instinto, que él tiende a sus pies. Y para no dejarse persuadir por sus persuasiones. «E instrucción –musar–», por si el Mal Instinto se fortifica en él, para instruirse a sí mismo –a través de flagelos– y quebrantarlo, tal como está escrito: «para decir a los presos –isurim–: “salid”; y a los que están en oscuridad: “revelaos”» (Isaías 49, 9). Es decir se refiere a esos que ya están en las manos del Instinto de ellos, y ellos están presos bajo su mano, y se fortificó mucho sobre ellos, saldrán a través de instrucción –musar–. Y a esos que están en la oscuridad, que no vieron la luz y no reconocen sus persuasiones, a través de la Torá se les revelará y reconocerán sus persuasiones.

«Para entender palabras de entendimiento». Pues aunque quebrante su instinto y su deseo, debe procurar que el quebrantado sea a través del camino de la Torá, y no ha de ser mucho más justo que lo que está escrito en la Torá. Por ejemplo, ayunar toda la semana y también en Shabat, o asuntos semejantes. Y estos tres corresponden a los tres tipos de facultades mentales de la persona. La facultad mental de observación, la facultad mental del pensamiento y la facultad mental de la acción. La facultad mental de observación está vinculada con los caminos celestiales, el trayecto de las estrellas y el Carruaje y asuntos semejantes. Y la facultad mental del pensamiento está vinculada con la conducción de sí mismo a través de las cualidades. Y la facultad mental de la acción está vinculada con la acción. Y éstas corresponden a los estatutos, juicios y preceptos. Los estatutos, en relación con los cielos, como está escrito: «¿Acaso conoces los estatutos de los cielos?» (Job 38, 33). Y los juicios, en relación con la tierra, como está escrito: «El rey afirma la tierra con juicio» (Proverbios 29, 4). Y los preceptos vinculan los cielos y la tierra. Y están relacionados con el misterio de los cielos y la tierra, y la persona es quien los vincula. Y se vinculan con el misterio de la Torá, los preceptos, y los atributos –cualidades.

3. «Para aprehender lección prudencial –musar askel–, justicia, juicio y rectitud». La finalidad es aprehender lección prudencial. Es decir, prosperar. Como está escrito: «Y David prosperaba –maskil– en todos sus caminos» (I Samuel 18, 14). Y respecto a lo que dijo arriba, «conocer sabiduría», y después «instrucción –musar–», y aquí lección –musar– solamente, se debe a que para el conocimiento primeramente se debe conocer sabiduría, y después instruirse a sí mismo con instrucción (correctiva) –musar–; pero en lo referente a la acción, lo principal es la instrucción –musar–.

«Justicia». Es decir, ésta es la lección instructiva –musar askel– que la persona debe tomar, en la cual ha de incluir todas las cualidades. Es decir: «justicia» para hacer bondad y justicia con todas las criaturas. Y cuando fuese en este camino solamente, no es lección instructiva, porque no tendrá éxito. Porque a veces la persona necesita el atributo del enojo, que es el juicio. Es decir, entre él y sí mismo. Tal como dijeron los sabios, de bendita memoria: «Siempre la persona debe enojarse (con su Buen Instinto contra el Mal Instinto)» (Berajot 5a). Y no ir tras su deseo. Y también con las demás personas necesita el atributo del enojo, para aplicar el juicio contra los malvados. A cada hombre según sus caminos, conforme a la ley del juicio. Y asimismo con las rectitudes, pues a veces necesita el atributo de la rectitud, y eso es así en la mayoría de los casos. Y por eso, la lección instructiva no es –completa sino– sólo cuando está incluida de todos los tres mencionados anteriormente, y entonces prosperará en sus caminos.

Y son cuatro cosas, tal como está escrito más adelante: «justicia y juicio, y rectitud, y todo buen trayecto» (Proverbios 2, 9). Y los sabios dijeron: ¿Qué significa: «todo buen trayecto»?[01] Se refiere al reproche, y se corresponde a la lección instructiva –musar askel–. Y éstas están relacionadas también con lo que está escrito: «Y juzgará con justicia a los pobres –dalim–, y reprochará con rectitud a los humildes de la tierra» (Isaías 11, 3).

4. «Para dar a los tontos sagacidad y al joven, comprensión y sensatez». Después de que estudie y sepa y también cumpla, también podrá enseñar a otros. Y a esto se refiere: «Para dar […]». Además, la finalidad de este libro es que después de que estudió, y sabe, y cumple, tenga ayuda de los cielos para entender más. Y a esto se refiere: «para dar», a él de los cielos.

«A los tontos». Porque la generalidad de la sabiduría se divide en varios tipos particulares, y entre ellos está el sabio y el sagaz. El sabio es aquel que estudió y recibió –enseñanza– y sabe mucho. Y el sagaz es el que sabe convencer y decir palabras buenas y dulces, y hay engaño oculto en su corazón. Y también el que conoce y entiende esto se denomina sagaz. Y a esto se refiere: «Para dar a los tontos –petaim–». Es decir se refiere a ese que es liviano para ser convencido, porque es íntegro y no conoce tortuosidades, y a través de eso será sagaz, como está escrito: «Yo, la sabiduría, moro con la sagacidad» (Proverbios 8, 12), y entiendo las seducciones del Mal Instinto.

«Y al joven». A esos que están vacíos de sabiduría y no saben nada, les dará conocimiento y sensatez –zima–, interior y exterior.

5. «El sabio oirá y aumentará sabiduría, y el entendido adquirirá sagacidad». A través de todo lo mencionado anteriormente, el sabio oirá y aumentará más sabiduría. Y el sabio es quien estudió mucho, por eso dijo que aprenderá más de sus maestros y aumentará su sabiduría. Y el entendido se refiere a quien entiende un asunto a partir de otro asunto, que adquirirá sagacidad para saber cómo entender. Y dijo «adquirirá», porque para entender un asunto es bueno un buen compañero, para sacar de su boca todo asunto; y los sabios dijeron: «adquiere para ti un compañero» (Tratado de Avot 5, 5).

6. «Para entender proverbio y parábola, palabras de sabios y sus enigmas». Ahora explica qué entender. Proverbio: la Torá escrita es apodada con el denominativo proverbio, porque el proverbio siempre se entiende; pero es una vestimenta para su comparación, y es un asunto sorprendente. Y así las palabras de la Torá escrita se entienden, pero se invisten en ella asuntos sorprendentes. Y esto es lo que se debe entender, el proverbio, que es una vestimenta, y la metáfora, que es el asunto comparado. «Palabras de sabios y sus enigmas». Se denomina enigma a los dichos de los sabios denominados agada, porque las palabras de ellos no se entienden, como un enigma. Y no es posible vincularlas si no se entiende la finalidad investida en su interior, y así se entenderá también el enigma. Por eso, las palabras de los sabios, que son los asuntos comparados, y la finalidad de los asuntos, y los enigmas, que son los asuntos mismos, conforman el enigma.

Hasta aquí la introducción del libro. Quién es el autor y su necesidad por la cual lo hizo. He incluyó aquí cuatro asuntos: estudiar y hacer, y la acción se divide en tres, es decir: tomar la enseñanza, y dar, y oír. Y oír y entender, todo es uno. O sea, que en un comienzo, la persona tome enseñanza para sí mismo con el fin de hacer. Y después tendrá la ayuda de los cielos. Y después oirá y entenderá más. Y considera aquí quince asuntos: tres generalidades y doce particularidades. Es decir: sabiduría e instrucción y entendimiento son las tres generalidades. Y las doce particularidades son: prudencia, justicia, juicio, rectitud, sagacidad, conocimiento, aprehensión, perspicacia, proverbio, metáfora, palabras de los sabios recordados para bendición y sus enigmas. Y así, las tribus también son doce, y los patriarcas tres. Y así, las palabras de la bendición sacerdotal son doce y los Nombres, tres.

7. «El temor del Eterno es el comienzo de la percepción; los insensatos desprecian la sabiduría y la instrucción». Aquí comienza el libro, y lo que se menciona se refiere a lo que escribió anteriormente, que la finalidad del libro es saber. Y ahora dice que el temor es el comienzo y el inicio de la percepción, tal como enseñaron nuestros sabios: «Todo aquél cuyo temor por el pecado preceda a su percepción, mantendrá su percepción; y todo aquél cuya percepción preceda a su temor por el pecado, no mantendrá su percepción» (Tratado de Avot 3, 9). Porque si no tiene temor del Eterno, entonces es un insensato, ya que se quita el yugo de sobre él; y lo opuesto ocurre con el poseedor de temor. Y los insensatos desprecian la sabiduría y la instrucción. Porque si la persona tiene temor del Eterno, estudiará para saber, para conocer de qué cuidarse. Y es común en la persona que cuando quiere el asunto y lo halla, le es preciado y lo guarda en él. Pero si no hay en él temor del Eterno, y no teme del pecado, incluso aunque estudie varias veces, no hallará, porque no estudia para saber de qué cuidarse; y todo asunto que no está dispuesto sobre la persona, no lo tiene en su consideración (Shevuot 41b). Y por eso incluso aunque estudien, la sabiduría y la instrucción son despreciados por ellos, y no se mantendrán en ellos.

8. «Hijo mío, oye la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre». Esto está vinculado con lo que dijo anteriormente: «para entender palabras de percepción». Y explica cuáles son las palabras de percepción. Y allí dijo «palabras», en plural, porque la instrucción está vinculada con el misterio de la percepción –Daat–, que vincula la sabiduría –jojmá– y el entendimiento –biná–. Y «palabras de percepción», también se refiere a la instrucción. «La instrucción de tu padre» se refiere a la Torá escrita. Y «la enseñanza de tu madre» se refiere a la Torá oral. Y ésta es la generalidad de esos dos versículos: la Torá y los preceptos activos y pasivos. Es decir, «el comienzo de la percepción» se refiere a la Torá; y «oye […]», a los preceptos activos; y «no abandones», a los preceptos pasivos. Y éstos corresponden a los tres socios –que participan en la formación– de la persona: el Santo, bendito sea, su padre, y su madre.

9.«Porque son prendedor de gracia para tu cabeza y collares para tu cuello». La explicación del asunto es que en los días de ellos hacían para sus mujeres atavíos según sus actividades, tal como hallamos en el Talmud, que la esposa de Raban Gamliel dijo a su marido que le hiciera un collar de oro, y él le dijo que no le haría como la esposa del rabí Akiva (Talmud de Jerusalén, tratado de Shabat 6, 1).

Y hacían dos tipos de atavío, para la cabeza y para el cuello. Es decir, para la poseedora de capacidad mental y para la poseedora de buenas acciones. Y el atavío de la cabeza lo solían hacer de una sola pieza, semejante a la mente, que es una, y el del cuello, de varias piezas, semejante a las acciones, porque todo precepto es –considerado en forma– independiente. Asimismo, la Torá y los preceptos son atavíos para la cabeza y el cuerpo. Y todo lo concerniente a –las palabras de– la Torá es una irradiación de luminosidad. Y es un precepto estudiar en todo momento. Pero los preceptos no se realizan sino cada uno de su tiempo. Y a esto se refiere: «Porque son prendedor de gracia» se refiere a la Torá. Y «collares» está escrito en plural, y se refiere a los preceptos, «para tu cuello», o sea, el cuerpo.

10. «Hijo mío, si los pecadores –jataim– te quisieren convencer, no consientas». Pecador –joté–, es aquel que transgrede los preceptos activos. Y es un término que denota carencia, tal como –el sabio– escribió en el comienzo de Isaías. Y si «te quisieren convencer», esos hombres carentes de preceptos activos, «no consientas», en oír sus palabras en absoluto, ya que con certeza no vienen para seducirte para un precepto. Pues ellos mismos no desean eso y no lo hacen. Y ciertamente ellos te quieren seducir para cometer pecados. Y a continuación explica las seducciones de ellos.

11. «Si dijeren: “Ven con nosotros, asecharemos para derramar sangre, ocultémonos para acosar al inocente de balde”». Para comprender este asunto, debe saberse que hay dos tipos de Mal Instinto: el que codicia y el que se enoja. Y éstos corresponden a: «no matarás», y «no cometerás adulterio» (Éxodo 20, 13). Y así como en la Torá está escrito primero «no matarás», y después «no cometerás adulterio», así, –siguiendo esa pauta–, dijo aquí, primero las seducciones del que se enoja, y después, las del que codicia. «Ven con nosotros». Es decir, tú no harás algo malo, sólo ven con nosotros. «Asecharemos para derramar sangre», y nosotros asecharemos para derramar sangre. «Ocultémonos […]». Porque los ladrones son dos que son cuatro: uno, el que mata personas y toma el dinero, y el segundo, el que toma el dinero solamente. Y de cada uno de ellos hay dos –tipos–: –el que roba– en la casa, y –el que roba– en el campo, junto a los caminos. Esos que matan al dueño de casa en su casa se asemejan al asechador, que asecha y observa el momento en que puede caer sobre él repentinamente; y entonces cae sobre él y lo mata. Y a esto se refiere: «asecharemos para derramar sangre». «Ocultémonos para acosar al inocente». Se refiere a esos que se ocultan en las cuevas, o en las entradas de las rocas, junto a los caminos, hasta que cae en sus manos. Y a esto se refiere: «ocultémonos para acosar al inocente –naki–». (La expresión naki significa literalmente «limpio»). Porque saldrá limpio de sus posesiones. Y corresponde a esos que están en los caminos para robar dinero solamente. «De balde». Porque quien viene sobre un hombre para tomar su dinero con una acusación, es posible que se salve de la acusación con muchas excusas. Pero si viene sobre él para tomar su dinero sin acusación, sólo por la fuerza, no escapará de su mano. Y por eso dijo: «de balde». Sin acusación en absoluto, y no podrá decir nada.

12. «Devorémoslos, como el sepulcro, vivos e íntegros, como los que caen al pozo». «Devorémoslos» se refiere a las posesiones de ellos, su dinero. «Como el sepulcro», semejante al sepulcro, que separa a la persona de su dinero. Así cuando nosotros devoremos su dinero, se separará de ellos como el que desciende al sepulcro. «Vivos». Únicamente en esto será diferente del que desciende al sepulcro. Porque el que desciende al sepulcro lo hace después de morir y éste permanecerá con vida. Y este –tipo de ladrón– corresponde a el grupo de los que caen sobre la persona mientras está en paz y sosegado en su casa y toman el dinero solamente. «E íntegros», corresponde a el segundo grupo, el de los que se ocultan en el campo, junto a los caminos, y matan y también toman el dinero. Y a esto se refiere: «e íntegros». Porque va de modo íntegro y no sabe nada, cae en sus manos «como los que descienden al pozo». Semejante al que va andando y cae dentro de un pozo.

13. «Tiene todo tipo de riqueza y valores –nimtza–; llenaremos nuestras casas con el botín». Se refiere al cuarto grupo, que culmina con ellos, y son los que matan junto a los caminos, para ellos el dinero que toman es como un hallazgo –metzia–, pues, ¿quién buscará tras él? Porque está lejos de su casa. Y además, ¿quién buscará tras ellos? Pues es posible que también ellos estén lejos de ese lugar, y no hay quien los reconozca. Y por eso, el convencimiento de ellos es que la riqueza valiosa será como un hallazgo. «Llenaremos nuestras casas con el botín». Y en correspondencia con esos que despojan junto a los caminos y dejan con vida –lo que roban– no es como un hallazgo, porque los dueños aún están con vida y es posible que se lo reclamen. Sólo que es un despojo que despojaron de él, y la posibilidad de que lo reclame es lejana, porque está lejos de su casa y no los conoce. Y es posible que también ellos sean de lejos de ese lugar y no haya quien los reconozca.

14. «Echa tu suerte entre nosotros; sea una bolsa para todos». Se refiere a los que acosan a la persona en su casa y la matan. Y entonces despojan todo lo que hay en la casa y lo reparten entre ellos echando suertes. Pero respecto al que despoja junto al camino –roba– solamente dinero y no corresponde echar suertes con el dinero. Y por eso, el –argumento del– convencimiento de ellos aquí es por la división de todo lo que hay en la casa, porque: «echaremos tu suerte entre nosotros». «Sea una bolsa para todos». Se refiere a los que acosan las casas para despojar solamente y dejarlo con vida –al morador de la casa–. Y éste puede reclamar con facilidad, porque está en su casa y con vida. Y además, no es posible que los acosadores sean de un lugar lejano. Y por eso no les es posible repartir aún; y por eso, el –argumento del– convencimiento de ellos es que sea una bolsa para todos.

15. «Hijo mío, no vayas al camino con ellos: abstiene tu pie de –ir por– sus sendas». Es decir, no sólo que no vayas con ellos por el camino, que es el gran camino mismo, que ellos transitan, sino, abstiene tu pie de ir por allí aun tú solo, sin ellos; y de las sendas pequeñas, a través de las cuales vienen al gran camino; es decir, –abstiene tu pie– de las cosas que llevan a eso.

16. «Porque sus pies correrán al mal». ¿Cómo te dejas convencer por sus palabras y por sus labios tortuosos que expresan voluntad de hacerte bien cuando tus ojos ven que los pies de ellos corren al mal; y del mismo modo ellos ciertamente desean hacerte el mal? «Y se apresurarán a derramar sangre». Y si considerares en tu pensamiento: «Iré con ellos hasta que reúna dinero y me apartaré de ellos», por eso dijo: «y se apresurarán a derramar sangre», antes de que te apartes de ellos. Y corresponde a los dos asuntos mencionados anteriormente: «correrán al mal», por dinero solamente, y tomarán también tu dinero; «y se apresurarán a derramar sangre» se refiere a esos que matan personas.

17. «Porque la red de balde está tendida […]». Y si dijeras: «He aquí que yo veo que ellos son íntegros conmigo y desean mi bien, para procurar dinero para mí», por eso dice: «dispone tus ojos y observa las aves de los cielos». Porque todos los poseedores de alas suponen que la red de balde está tendida, y los granos que hay allí, debajo de la red, están dispuestos para el beneficio de ellos, para su alimentación; y en verdad tú sabes que eso no es así.

18. «Mas ellos asechan a su sangre». Porque el cazador está a su asecho para matarlas. «Y se ocultan por sus almas». O se ocultan para que caigan en sus redes y puedan cazarlas vivas, estando sus almas en ellas, para venderlas. Y a esto se refiere: «por sus almas». Y también corresponde a los dos mencionados anteriormente: esos que roban dinero solamente, o esos que matan personas.

19. «Así son los senderos de todo el que realiza despojo». Así es el modo de proceder de todos los malos que quieren obtener dinero, para poder tomar a través de eso las almas de esos poseedores de dinero que quiere obtener.

20. «La sabiduría clama –tarona– fuera». Porque los cuatro tipos de ladrones mencionados anteriormente todos dijeron: «asechemos», «ocultémonos»; pero la sabiduría, que es la Torá, no es así, sino: «clama fuera […]». Y no temas ni sientas vergüenza por la Torá. Y la explicación del asunto es que el mundo también se divide en dos que son cuatro: las ciudades y la tierra, que son los campos y los caminos. Y en cada uno hay dos: en las ciudades, la ciudad misma y el portal de la ciudad, que allí están los jueces y los ancianos, como está escrito: «Pondrás jueces y alguaciles en todas tus ciudades que el Eterno, tu Dios, te da para tus tribus; y juzgarán al pueblo con juicio justo» (Deuteronomio 16, 18). «Y si el hombre no deseare casarse con la mujer en condición de realizar el casamiento de levirato, entonces la mujer en condición de realizar el casamiento de levirato ascenderá al portal, a los ancianos, y dirá: “El hombre en condición de realizar el casamiento de levirato conmigo se niega a levantar un nombre para su hermano en Israel y no quiso realizar conmigo matrimonio de levirato”» (Levítico 25, 7). Y así –se mencionó el asunto– varias veces. Y la tierra que hay delante de las ciudades también se divide en dos; es decir, lo que hay delante de la ciudad, que allí se vende lo necesario para la ciudad, y se denomina la plaza –rejov– de la ciudad. Y por eso los ancianos y los jueces están en el portal de la ciudad, próximo a la plaza, para juzgar entre un hombre y su prójimo por los asuntos ocurridos en la plaza. Y lo que esté lejos de la ciudad se denomina sartia y paltia. Y asimismo el habla se divide en dos que son cuatro: la voz y el habla. La voz de divide en dos, es decir, de lejos no se oye la voz, sólo el sonido de retorno de la voz –el eco–, y la voz no se nota. Y a esto se lo denomina rina. Y estando un poco cerca, entonces se oye la voz, pero aún no se oye habla en absoluto, solamente voz. Y el habla también se divide en dos, el habla y el clamor. Es decir, estando un poco alejado, aunque se oye el habla, de todos modos, no puede hablar, sólo claman –lo llaman– para que venga hacia el que habla, y cuando se acerque un poco, habla con él. Y a esto se refiere: «La sabiduría clama fuera». Porque esos que aún están fuera no oyen sino únicamente el clamor –rina–, y en las calles, cuando se acerca a la calle –de la plaza–, entonces «eleva su voz; y llama en el frente de las multitudes, en las entradas de los portales». «En la ciudad». Y cuando se acerque a ella, entonces dirá todos sus dichos. Resulta, pues, que la Torá también se divide en dos que son cuatro: el sentido llano –pshat– y el oculto –sod–. Y con cada uno, dos. Lo oculto comprende: lo oculto mismo y las insinuaciones –remez–, que es la entrada del portal de lo oculto. Y el sentido llano comprende las disertaciones –drash– y el sentido llano. «La sabiduría fuera», a esos que aún están fuera, no les muestra sino solamente el sentido llano. Y a esto se refiere: «clama», que es el clamor –rina– de la Torá. Y a esto se refiere lo que dijeron nuestros sabios: «en el lugar de rina, allí sea la plegaria» (Berajot 6a). Porque los maestros de los niños pequeños de ellos se encontraban en las sinagogas, tal como se enseña en el Midrash Eija (Petija 1, 2), y en otros lugares (véase Taanit 23b), que allí donde estudiaban la rina de la Torá, allí se realizara la plegaria. «En las calles», que es la disertación que amplía la ley, allí «eleva su voz».

21. «Llama en el frente de las multitudes, en las entradas de los portales». Es una insinuación que alude a la entrada del portal. Y después: «en la ciudad», o sea, lo vinculado con lo interior de la Torá, dirás todos sus dichos y misterios.

22. «Tontos, ¿hasta cuándo […]?». Porque las personas que se alejan a sí mismas de la Torá, lo hacen debido a tres asuntos: el primero, porque fueron convencidas por su instinto para ir detrás de los placeres de este mundo, y piensan que eso es bueno y así será también para siempre. El segundo, porque desean hablar palabras vanas, que aunque no hay con eso placer en este mundo, de todos modos es agradable para ellos. Tercero, a causa de que el estudio es difícil para ellos, y quieren que la Torá les venga por sí sola, sin esfuerzo, y cuando ven que la Torá no llega a sus manos, la abandonan, porque no ven su dulzura.

Y a esto se refiere lo que se dijo: «Tontos, ¿hasta cuándo –irán detrás del convencimiento de su instinto para perseguir los placeres de este mundo–?». «Estimarán la tontería», serán susceptibles para ser convencidos. «Y los burlones», en correspondencia con el segundo grupo, que son los que se sientan en las esquinas. «Desearán el burlar», porque en eso no hay para ellos siquiera placer del cuerpo, sólo que ellos desearon el burlar porque es un grave pecado. «Y los insensatos», en correspondencia con el tercer grupo, que no desean esforzarse en saber la Torá; ellos se denominan insensatos, porque el insensato es lo opuesto del que sabe. Y son estos tres grados –ascendentes, enumerados–, de abajo hacia arriba.

23. «Retornad a mi amonestación». En correspondencia con los tres asuntos mencionados anteriormente, menciona a cada uno su curación: en correspondencia con los que son convencidos por su instinto para ir detrás de los placeres de este mundo dice: «Retornad a mi amonestación». Porque su curación es quebrantar su placer y su instinto con palabras de reproche e instrucción, y por consiguiente se quebrantará su placer, tal como dijeron los sabios, de bendita memoria: «Y si no, recuérdale el día de la muerte» (Berajot 5a). «He aquí os pronunciaré mi espíritu». En correspondencia con los burladores y los que se sientan en las esquinas, que no tienen placer de este mundo, sino que la burla les es agradable. Porque el espíritu de ellos no se aplaca ni se calla hasta que pronuncien palabras de burla, y a través de eso se reconfortan los espíritus de ellos. Y la razón se debe a que para cada cosa que la persona realiza se le entrega un espíritu de lo alto, y éste le ayuda a hacer más cosas como ésa. Y ese espíritu no descansa ni se calla hasta que hace más cosas como ésa, y él tiene provecho de ellas y de eso tiene reconfortado de espíritu, tanto en los asuntos relacionados con preceptos, tanto en los asuntos relacionados con pecados. Y a esto se refiere lo que fue dicho: «El pecado arrastra un pecado, y el precepto arrastra un precepto» (Avot 4, 2). Y todo asunto de pecado que es grande, también el espíritu que viene a través de él es grande, y desea pecar más. Y lo mismo con un asunto de un precepto grande, viene un espíritu de un lugar muy santo, y desea mucho los preceptos, y por eso tiene gran provecho de los preceptos. Y es sabido que el precepto más grande de todos los preceptos es el estudio de la Torá, y lo contrario las palabras vanas y la burla, que son lo opuesto de la Torá. Por eso hay más placer de las palabras vanas y la burla que de todos los –otros– pecados, aunque no hay en eso nada de este mundo. Pero debido a que el espíritu de impureza es muy grande y es como un manantial de aguas surgentes, lo opuesto –en correspondencia– a la Torá, que es un manantial de aguas surgentes, por eso dice que no hay nada de este mundo en absoluto, sólo placer a causa de ser lo opuesto a la Torá, y es un gran pecado y el espíritu emerge. «He aquí os pronunciaré –abia– mi espíritu», y entonces tendréis a través del espíritu de santidad un gran placer como un manantial surgente. Y ciertamente el placer será más grande que el de éste, porque la Torá equivale a todos, y el placer del espíritu de santidad es más grande que el del espíritu de la impureza, porque éste es un placer verdadero. «Os haré saber mis palabras». Corresponde a el tercer grupo, que son los insensatos, que aborrecerán la Torá por falta de entendimiento. A ellos dice: «Os haré saber mis palabras», y veréis su dulzura y la amaréis. Y éstos también –están ordenados en forma ascendente–, de abajo hacia arriba.

Y estos tres asuntos corresponden a las tres cosas que dijo anteriormente. Pues al comienzo la persona debe aprehender lección para sí mismo. Y a esto se refiere: «Para aprehender lección […]» (Proverbios 1, 3). Y después el Eterno le otorgará ayuda de los cielos. Y a esto se refiere: «Para dar sagacidad a los tontos […]» (Proverbios 1, 4). Y después: «Para entender […]» (Proverbios 1, 6). Y así también aquí: al comienzo: «Retornad a mi amonestación», que es «aprehender lección […]». «He aquí os pronunciaré –abia– mi espíritu […]», es la ayuda de los cielos. «Os haré saber mis palabras», es «para entender […]».

24. «Porque clamé –karati–».La expresión karati significa también «llamar». Y la llamada se realiza cuando la persona gira para irse y aún no está lejos de él, entonces lo llama. Pero cuando ya está lejos a una distancia que no se oye su voz, entonces le hacen señales con las manos para que vuelva. Y a esto se refiere: «karati», cuando estabais cerca, «y os rehusasteis a oír».«Extendí mi mano», aunque os rehusarais y os alejarais más, aun así me apiadé de vosotros y extendí mi mano para que volvierais a mí, «y no hubo quien atendiera», es decir, él mismo hizo como si no viera ni oyere.

25. «Y anulasteis todo mi consejo». El modo de actuar del que ama es que al comienzo aconseja que vaya por este buen camino; y cuando no lo oyere y fuere por un camino que no es bueno, entonces le reprocha por ir por un camino que no es bueno. Y a esto se refiere: «Y anulasteis todo mi consejo», que os he dado de ir por un camino bueno y recto, y no me oísteis y fuisteis tras la mala inclinación de vuestros corazones. «Y no aceptasteis mi amonestación». Después os reproché porque ibais por un camino que no era bueno, y no aceptasteis oír mi amonestación.

Y estos cuatro asuntos corresponden a esos cuatro versículos mencionadas anteriormente: «Porque clamé –karati–», corresponde a: «clama –tikrá– en el frente de las multitudes»; «extendí mi mano», corresponde a: «la sabiduría clama –tarona– fuera»; «y anulasteis todo mi consejo», corresponde a: «retornad a mi amonestación», que es un consejo; «y no aceptasteis mi amonestación», corresponde a: «tontos, ¿hasta cuándo estimarán la tontería?», que es una amonestación.

26. «También yo, en vuestra aflicción me reiré». Ahora menciona tres aflicciones en correspondencia con los tres malvados mencionados anteriormente, que son los convencedores, los burladores y los insensatos. En correspondencia con los burladores dijo: «También yo, en vuestra aflicción me reiré; me burlaré […]». Y con cada aflicción dos asuntos: uno, cuando oiga la aflicción, antes de que ésta venga a él, le temerá a ella; y después, en el momento en que la aflicción misma venga. Y así con el burlador, al comienzo se burla, y después, cuando pronuncia su burla, entonces se ríe. Y a esto se refiere: «en vuestra aflicción –beidjem–», es decir, en el momento de venir la aflicción, «me reiré». «Me burlaré cuando os viniere temor», es decir, aun antes de que viniere la aflicción.

27. «Cuando vuestro temor viniere como genocidio», en correspondencia con los que persiguen los placeres de este mundo, y ellos son los tontos que se dejan convencer por su instinto y ellos son los que no pueden callar hasta que se sacien de sus placeres. Por eso dice en correspondencia con ellos: «cuando vuestro temor viniere como genocidio», antes de que venga la aflicción. «Y vuestra aflicción viniere como tempestad» se refiere al momento de la aflicción. «Cuando viniere sobre vosotros congoja y angustia», en correspondencia con los insensatos que aborrecen el saber, vendrá sobre ellos congoja exterior, y angustia en el corazón, en el interior. Tal como está escrito: «Y me angustia el espíritu en mi interior» (Job 32, 18). Semejante al odio, que es en el corazón. Y despreciarán sus vidas a causa de la congoja y la angustia.

28. «Entonces clamarán a mí […]». Porque para la Torá se requieren dos cosas, como está escrito: «Buscad al Eterno y su poder; buscad siempre su rostro» (Salmos 105, 4). Es decir, se la debe buscar y escudriñar con empeño y esfuerzo, y pedir al Santo, bendito sea, que le ayude, como está escrito: («Y solicitaréis de allí al Eterno, tu Dios, y lo encontraréis si lo buscáis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma» Deuteronomio 4, 29). Y a esto se refiere: «Entonces clamarán a mí», en plegaria, «y no responderé». «Me buscarán –ieshajaruni–».Es decir, buscarán y escudriñarán con esfuerzo y no me hallarán. He aquí cuatro aflicciones para cada uno de los tres malvados mencionados anteriormente. Es decir: temor, aflicción, clamarán a mí y no responderé, y me buscarán y no me hallarán. Porque «clamarán a mí y no responderé, y me buscarán y no me hallarán» se refiere a los tres. Y esas cuatro aflicciones, en correspondencia con las cuatro cosas que dijo arriba acerca de ellos: «porque clamé […]»; «extendí mi mano […]»; «y anulasteis […]»; «y no aceptasteis mi amonestación». Y eso es medida por medida concretamente. Es decir, en correspondencia con: «porque clamé […]», también ellos clamarán y no responderé. «Extendí mi mano […]», es a lo lejos, y con esfuerzo, y él en correspondencia con eso también buscará y se esforzará después de que se aleje de él, y no hallará; pues si la abandonaras un día, te abandonará dos días (Talmud de Jerusalén, tratado de Berajot). «Y anulasteis […]», porque no habéis oído el buen consejo para residir seguros, también yo me burlaré al venir el temor. «Y no aceptasteis mi amonestación». Después, cuando os amonesté, aun así no aceptasteis, y «también yo, en vuestra aflicción me reiré».

29. «Porque aborrecieron el conocimiento […]». Corresponde a los cuatro asuntos que mencionó desde el comienzo hasta aquí.

30. «No aceptaron mi consejo», corresponde a: «hijo mío, si los pecadores te quisieren convencer […]», el cual es un consejo bueno y correcto. «Detestaron toda amonestación mía», corresponde a: «tontos, ¿hasta cuándo […]?», que es una amonestación.

31. «Y comerán del fruto de su camino». Ahora dice en correspondencia con las cuatro cosas mismas, que no oyeron y fueron tras las malas inclinaciones de sus corazones, que les pagará según la obra de sus manos. Es decir, en correspondencia con: «para conocer sabiduría», que no quisieron conocer el buen camino, dice que por eso: «comerán del fruto de su camino». «Y de sus consejos serán saciados», corresponde a: «hijo mío, si los pecadores te quisieren convencer […]», que es un consejo bueno y correcto, y ellos no quisieron escuchar y fueron tras sus –propios– consejos: «de sus consejos serán saciados».

32. «Porque la calma de los tontos». Porque quienes son poseedores de temor, el temor de ellos está siempre en sus rostros, como está escrito: «para que su temor esté en vuestros rostros» (Éxodo 20, 17). Porque el yugo celestial está siempre sobre ellos; y lo opuesto ocurre con ese que anda en rebeldía según el camino de su corazón. Por eso, en correspondencia con el temor al Eterno dice: «Porque la calma de los tontos –petaim– […]».Tontos –petaim–, porque si tuviera temor y temiera el final y lo que saldrá de ello, no se dejaría convencer. Por eso, quienes abandonan el temor al Eterno y se dejan convencer, se denominan petaim. «Los matará». Porque «el temor al Eterno incrementa días» (Proverbios 10, 27). Y ellos abandonaron el temor al Eterno, «y los años de los malvados serán acortados» (ibíd.). Y a esto se refiere: «los matará». «Y el sosiego de los insensatos», en correspondencia con los que abandonan la amonestación que reprocha: «Tontos, ¿hasta cuándo […]?» (Proverbios 1, 22). Es decir, porque ellos quieren residir con sosiego, y no desean esforzarse en la Torá y los preceptos y abandonar los deleites y la paz de este mundo, «los hará perder» de este mundo y del Mundo Venidero, porque no hallará su deseo en este mundo, y finalmente heredará el purgatorio –Gueinom–.

33. «Y quien me oyere». Pero el que oyere mi consejo, y amare la amonestación, y eligiere el temor del Eterno, «habitará seguro». Cuando viniere aflicción a otros, él habitará seguro, «y con sosiego», en el corazón, «de temor al mal», previo a la aflicción; no tendrá temor en absoluto. Y es en contraposición con el temor y la aflicción mencionados anteriormente. [Aclaración: y lo que dijo: «habitará seguro», que se refiere al momento de la aflicción, en primer lugar, antes de «y con sosiego de temor», que es antes de la aflicción, quiere decir que cuando oyere acerca de la primera aflicción, no estará sosegado, porque no se apoya en su –propio–mérito; pero cuando ya hubo aflicción, y no lo afectó en absoluto, estará sosegado posteriormente, cuando oyere malas noticias, porque entonces confiará en el Nombre del Eterno y estará sosegado en el corazón del temor, y no temerá en absoluto].

[01]. Tamid 28a.

II

1. «Hijo mío, si tomares mis palabras, y mis ordenanzas […]». Porque el hombre debe estudiar la Torá día y noche. Y todo el día es su tiempo. Por eso dijo: «tomares mis palabras», siempre. «Y mis ordenanzas guardares en ti». Pero los preceptos, aunque haya estudiado sus leyes y sentencias, no los ha de realizar, hasta que llegue el tiempo de ese precepto. Y por eso dijo: «guardares en ti», hasta que llegue su tiempo, y entonces lo realizarás.

2. «Atendiendo tu oído a la sabiduría». Sabiduría es lo que el hombre recibe de su maestro, por eso dijo: «Atendiendo tu oído a la sabiduría», para recibir. Tal como dijeron nuestros sabios: «Haz tu oído como un embudo» (Jaguigá 3b). «Inclinando tu corazón al entendimiento –tebuná–». La expresión tebuná se aplica tanto a la sabiduría –jojmá– como al entender –biná–; cuando la persona entiende el asunto cabalmente se denomina tebuná. Y respecto a jojmá, en Etz Jaim se denomina Israel Sava. Y para entender el asunto cabalmente se necesita inclinar el corazón, porque el corazón entiende –mebín–. Por eso dijo: «Inclinando tu corazón al entendimiento –tebuná–». Se refiere a la tebuná de la sabiduría –jojmá–. Es decir, entender el asunto que recibió de sus maestros cabalmente; lo que hay en el corazón de su maestro.

3. «Cuando llamares –tikrá– al entender –biná–, y al entendimiento –tebuná– dieres tu voz».Biná es el entender un asunto a partir de otro asunto. Y para entender un asunto a partir de otro asunto se los debe pronunciar –likro– con la boca; pues éste se incluye en la sabiduría –jojmá–, en las especificaciones y particularidades de la sabiduría; y a través de la pronunciación de la sabiduría con la boca se revelarán sus especificaciones y particularidades. Por eso, a partir de la pronunciación entenderá el asunto a partir del otro asunto de la sabiduría –jojmá–. Y a esto se refiere: «Cuando llamares –tikrá– al entender –biná–». «Y al entendimiento –tebuná– dieres tu voz». Pues así como hay entendimiento –tebuná– en la sabiduría –jojmá–, como fue mencionado anteriormente, es decir, entender la sabiduría cabalmente, así hay entendimiento –tebuná– en el entender –bi­ná–, y consiste en entender el asunto del entender cabalmente. Es decir: cómo ese entender –biná– depende de esa particularidad de la sabiduría. Tal como: «y si –veim– de los ovinos […]» (Levítico 1, 2), –la letra vav de la expresión veim fue incluida– para disminuir al que cornea (Temura 28a). Esa disminución que surge de la letra vav adicional –mencionada en la expresión veim–, a eso se denomina entender –biná–. Y se incluye en la sabiduría –jojmá–. Y entendimiento –tebuná– es saber por qué a partir de la letra vav adicional se disminuye precisamente al que cornea. Y ésta se une con el entendimiento de la sabiduría. Y debido a que para esto se necesita más esfuerzo que el del entendimiento de la sabiduría, porque si entiende este entendimiento, entonces entenderá también el entendimiento de la sabiduría, porque el entendimiento de la sabiduría está oculto dentro del entendimiento del entender, por eso acerca del entendimiento de la sabiduría dijo: «tu corazón», y aquí: «tu voz». Porque es la revelación del corazón.

4. «Si la buscares como a la plata». Porque la búsqueda es por lo que se pierde. Su lugar, ¿dónde está? Como está escrito: «Erré como oveja perdida; busca a tu siervo» (Salmos 119, 176). Y lo mismo con la plata para obtener ganancias, el hombre no sabe con qué obtendrá ganancias; y es común en las personas buscarlas e ir de lugar en lugar para obtener ganancias. Por eso dijo: «Si la buscares como a la plata». «Y como a tesoros la escudriñares». Es común que algo que se guarda en un lugar sabido, y se coloca y guarda en el campo, en cierto lugar, y no se sabe su lugar concretamente, debe escudriñarse con las manos. Y a esto corresponde el escudriñado de algo guardado por él o por sus padres. Y a esto se refiere: «Y como a tesoros la escudriñares». Y eso que se mencionó corresponde a la Torá y los preceptos. Porque a la Torá debe buscarla como a la plata, e ir de ciudad en ciudad, y de provincia en provincia para estudiar Torá. Y a esto se refiere: «Si la buscares como a la plata». Es decir, a la Torá. «Y como a tesoros la escudriñares» se refiere a los preceptos. Porque ellas están guardadas y ocultas en su mano hasta que llegue el momento de realizar ese precepto. Y entonces escudriñará tras sus leyes y sus especificaciones en el lugar en que están guardadas, bajo su mano. Es decir, en esas leyes que ya estudió, ahora las escudriñará, semejante a tesoros, tal como escribió más arriba: «y mis ordenanzas guardares en ti».

5. «Entonces entenderás», si hicieres como se mencionó anteriormente, entonces entenderás «el temor del Eterno».«Y el conocimiento de Dios hallarás». El conocimiento de los ángeles. Es decir, la aprehensión de los ángeles. [Aclaración: y se refiere al misterio de la conducción de este mundo, según el misterio indicado en lo que menciona más adelante: «Cubrir un asunto –insondable– es honor de Dios; y escudriñar un asunto, honor de reyes» (Proverbios 25, 2). Y se refiere al misterio de la obra del Génesis y el misterio del Carruaje, según el misterio de: «Y no –se estudia– la obra del Génesis con dos, y el misterio del Carruaje, uno solo» (Jaguigá 11b). Y es –un estudio que se refiere a– el interior y el exterior del mundo y lo que hay en él].

6. «Porque el Eterno otorga sabiduría». Es decir, al ir con las cinco cosas que son: sabiduría, entendimiento, comprensión, Torá y acción, «el Eterno otorga sabiduría». Y «de su boca», vendrá «el conocimiento y el entendimiento». Y es suficiente para que el entendido entienda. [Aclaración: explicación: el Santo, bendito sea, le dará ayuda celestial para que se incremente en él la adquisición de la sabiduría, porque la sabiduría se halla en lo Alto, para que estudie más cosas y halle cosas que no sabía al comienzo. Y «de su boca». De la sabiduría que estudie y saque de su boca, aprehenderá la sabiduría en forma cabal mediante dos grados: percepción y entendimiento. Y el entendimiento también está vinculado con la percepción, sólo que mediante la percepción conoce la sabiduría en forma cabal para sí mismo, pero aún no la puede explicar a otros, y mediante el entendimiento podrá explicar y enseñar también a otros. Y a esto se refiere: «de su boca». Es decir, de lo que saque de su boca el Eterno le dará comprensión para que lo sepa en forma cabal, y entendimiento para que pueda enseñar a otros].

7. «Y oculta los secretos de la sabiduría –tushia– para los rectos». Recto es el que dispone sus caminos y sus cualidades en su mente y los afirma según el camino recto de acuerdo con la Torá. Y por eso es imposible que el recto tropiece, porque siempre revisa y reflexiona sobre sus caminos. Pero necesita la Torá, para no apartarse del consejo de la Torá. Y a esto se refiere: «Y oculta –itzpon– los secretos de la sabiduría para los rectos», que es el consejo de la Torá, y quebrantará sus cualidades según la Torá. Y por eso dijo aquí: tushia, –que es una expresión que indica debilitamiento y quebrantado–, porque debilita su fuerza con el quebrantado de sus codicias y cualidades. Y mencionó la expresión: «Y oculta –itzpon–», porque es algo que está oculto en el corazón. «Protege a los que van con integridad». Se refiere al íntegro, que va en el camino de la integridad y no se aparta de la Torá a derecha ni a izquierda. E incluso en lo que respecta a las cualidades, no se apoya en su mente en absoluto y anda con integridad. Y éste no necesita el consejo porque no tiene guerra en la mente, ya que se pone a sí mismo como un animal, tal como dijeron –los sabios–: «astutos en percepción y se ponen a sí mismos como un animal» (Julín 5b). Pero es posible que tropiece sin intención y necesita protección, para que lo proteja de no tropezar, por eso dijo: «Protege a los que van con integridad».

8. «Para proteger –lintzor– los senderos del juicio». La expresión lintzor indica una protección selecta, y es superior a la expresión de cuidado denominada shemirá. Como está escrito: «como ciudad protegida –netzurá–» (Isaías 1, 8). Y esto es así, pues, porque juicio –mishpat– es la Torá, y aquel que va por el camino de la Torá, es decir, se sienta y estudia, tiene ante él muchos caminos, y asimismo, caminos pequeños, porque éstos son exclusivos para pocas personas selectas cuya ocupación exclusiva es la Torá, y ellos necesitan un cuidado grande y selecto, porque el Mal Instinto los hostiga mucho, tal como dijeron nuestros sabios: «porque deja a los iletrados y hostiga a los sabios estudiosos» (Berajot 54b). Y a esto se refiere: «para proteger –lintzor–», como ciudad protegida –netzurá–, los caminos pequeños que se denominan senderos –orjot–; porque oraj es un camino pequeño y angosto. Ya que ése es el camino de los señores de la Torá. «Y preserva –ishmor– el camino de sus piadosos». Se refiere a los que persiguen yendo tras los preceptos, y ellos andan por un camino grande y abierto, porque de los preceptos se ocupan también las multitudes del pueblo, aunque no sean sabios y estudiosos. Y dijo «camino», en singular, porque ante los que se ocupan de los preceptos no hay sino un camino. Pues los preceptos son continuos, y es imposible estudiar en relación con eso otra explicación. Por eso no necesitan tanto cuidado del Mal Instinto, y tampoco el Mal Instinto mismo los hostiga tanto. Por eso dijo: «preserva –ishmor–».

9. «Entonces entenderás justicia […]». Porque cuando el Eterno te otorgue sabiduría, comprensión y entendimiento, es decir, para explicar a otros, como fue mencionado anteriormente, y también te dé capacidad mental para dar consejos a otros, los íntegros y rectos y los que andan según la Torá y los que se ocupan de los preceptos, y de esto entenderás los consejos correctos, es decir: justicia y juicio, y rectitudes. Y es como fue mencionado anteriormente, justicia a la derecha, para hacer bondad y bien a todas las criaturas, y juicio a la izquierda, porque es necesario juzgarse a sí mismo y fortificarse contra su instinto, y no saciar su deseo. «Y rectitudes», es el camino intermedio entre él y el Omnipresente. Tal como dijeron nuestros sabios: «Quien desea ser piadoso que cumpla los asuntos de las bendiciones» (Baba Kama 30a). Ya que eso es entre él y el Omnipresente. Porque todo el que tiene provecho de este mundo sin –recitar la– bendición –correspondiente–, es como si robara al Santo, bendito sea. Y uno –de los sabios–dijo: «Que cumpla los asuntos de los daños», que es un asunto entre él y las criaturas –personas–. Y uno –de los sabios–dijo: «Que cumpla los asuntos de los patriarcas». Se refiere a la ética y moral y las cualidades, cómo debe comportarse una persona entre él y él mismo. Y así, cada uno necesita estas tres cualidades.

10. «Porque la sabiduría vendrá a tu corazón». Es decir, aunque entiendas y sepas todo lo mencionado anteriormente, no digas: ¿Qué más será? Sino que venga más sabiduría a tu corazón, lo que no has visto y no has oído jamás. «Y la precepción». Y por la percepción, ya que percibirás a la sabiduría, «agradará a tu alma». «Porque la sabiduría vendrá a tu corazón». Es decir, además tendrás esto, que la sabiduría que has aprendido vendrá a tu corazón y no la olvidarás. «Y la percepción agradará a tu alma». Es decir, a través de esto, que sabrás todo y no lo olvidarás, «agradará a tu alma». Como está escrito: «Porque serán agradables cuando las guardes en tus entrañas» (Proverbios 22, 18).

11. «Cuidará tu pensamiento –mezima–».Mezima se vincula con el misterio de la precepción –daat–. Es decir, cuidará sobre ti los pensamientos de la Torá. «Preservará el entendimiento». Fuera. Porque el entendimiento se expande más hacia fuera, como es sabido, y por eso, lo preservará por fuera, de las faltas activas –vinculadas con la acción–. Y para eso necesita más cuidado, porque ya tuvo el pensamiento y no se apartó, y se dispone a hacer –lo que pensó– y necesita protección: «como ciudad protegida». Y él se cuida del entendimiento, que está –en un grado– más elevado que la percepción, y se expande más. Y eso está vinculado con el misterio de –los entes cósmicos vinculados con el aspecto– masculino y femenino.

12. «Para salvarte […]». En el Otro Lado –el de la impureza–, también hay –entes cósmicos vinculados con el aspecto– masculino y femenino. Y están vinculados con el misterio del ávido y el iracundo. Y el bien es peor que el mal, como está escrito: «Es mejor la ira que la risa» (Cantar de los Cantares 7, 3). Porque a través del bien del Otro Lado la persona es convencida. Y cada uno se divide en dos en el ávido, y lo mismo en el iracundo. Es decir, en el iracundo: mal y engaño. Y el mal es mal en esencia, y él y su boca coinciden para hacer mal. Y engaño es que habla bien, y su corazón piensa en hacer mal. Y se denomina: «labios lisos –jalakot–» (Salmos 12, 4) –la expresión jalakot significa también «dividir»–, se parece a los labios, que se dividen, así se divide su boca. Y a esto se refiere: «Guarda –netzor– tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño» (Salmos 34, 14). Porque en lo que respecta al mal, su boca y su corazón coinciden para hacer mal, es decir, no están divididos. Y es semejante a la lengua. Por eso está escrito: «tu lengua» –en singular–. Y el que habla engaño, su corazón no coincide con su boca, estando dividido de ella, semejante a los labios, y por eso está escrito: «y tus labios de hablar engaño». Y a esto se refiere: «Para salvarte del mal camino», que es el mal en esencia, y su boca y su corazón coinciden para hacer mal. Por eso dijo: «mal camino», porque su camino es hacer mal siempre. «Del hombre que habla controversias –tapujot–» –la expresión tapujot significa literalmente «opuestos»–, se refiere al engañador, que habla lo opuesto a lo que hay en su corazón. Porque habla paz con su compañero y en su corazón hay mal. Y por eso dijo aquí: «habla», porque habla controversias y da malos consejos.

13. «Los que abandonan los senderos –orjot– de la rectitud». Ya sabes que el sendero –oraj– es una senda pequeña y estrecha, y es el camino de los justos, porque los que van por ellos son pocos, y por eso está escrito acerca de ellos: «senderos –orjot–», como está escrito: «Y el sendero de los sabios es como la luz del día; aumenta constantemente hasta que el día alcanza su plenitud» (Proverbios 4, 18). Y debido a que el camino de la rectitud es el camino intermedio, y hay en él muchos caminos, por eso está escrito: «los senderos de la rectitud». «Para andar por caminos oscuros». Pero los caminos de los malvados son anchos, porque fueron transitados por muchos, ya que son cómodos para andar. Y en los malvados también hay varios tipos, por eso dijo: «por caminos oscuros».

14. «Los que se alegran haciendo el mal». Ellos son los malos en la práctica, porque su boca y sus corazones coinciden para hacer el mal, y ellos se alegran con hacer el mal. «Aquellos que se regocijan de las malas controversias». Son los que hablan engaño, y cuyas palabras aparentan ser buenas, y en verdad es un mal consejo. Y ellos se alegran cuando se invierte para mal el bien que hablaron. Y a esto se refiere: «Aquellos que se regocijan de las malas controversias». Porque ellos hablaron controversias, palabras buenas que se invirtieron en malas. Y dijo junto a los malos un lenguaje de alegría –simjá– y junto a los que hablan controversias un lenguaje de regocijo –guilá–; y la explicación del asunto es que la diferencia entre guilá y simjá es que simjá se refiere a algo nuevo y guilá a algo que ya estaba y no hay novedad en eso. Y a esto se refiere: «Alégrense los cielos», (Salmos 96, 11), porque son nuevos por las mañanas, «y regocíjese la tierra» (ibíd.), porque no hay nada nuevo debajo del sol, por eso no corresponde a ellos –sus componentes– la expresión de alegría –simjá–,