Lugares prohibidos: El ascensor - Vanessa Salt - E-Book

Lugares prohibidos: El ascensor E-Book

Vanessa Salt

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Beschreibung

Aunque Linda se encuentra en una buena fiesta donde todo el mundo está borracho y pasándoselo bien, no puede parar de pensar en Are. Sin embargo, Linda está casada y es mucho más joven que Are; ¿por qué le debería prestar atención? Pero Linda no puede aguantar ver a a Are besándose con Sanna y sale corriendo de la fiesta. "—¡Linda! ¡Espera! —Oigo su voz. Con el apuro dejo la puerta abierta. Corro por las escaleras. Un millón de escalones. Uno de mis tacones chasquea contra el suelo. Me agarro firmemente del pasamanos con la determinación de no tropezar. Estoy luchando por retener las lágrimas. ¿Por qué estoy triste? ¿Por qué? Mi marido me espera en casa. Tengo a alguien. Are puede hacer lo que le plazca, no somos una pareja. No somos… Entonces, ¿por qué me siento así? ¿Por qué se me acelera el corazón cuando estamos en el mismo lugar? ¿Por qué duele como si me estuviese siendo infiel?"

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Seitenzahl: 27

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Vanessa Salt

Lugares prohibidos: El ascensor

LUST

Lugares prohibidos: El ascensor

Original title:

Förbjudna platser: Hissen

 

Translated by Javier Orozco

Copyright © 2018 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.

All rights reserved ISBN 9788726386578

 

1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0

 

No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Lugares prohibidos: El ascensor

 

Lo he estado mirando sin que él se de cuenta. Su cabello color miel le cae holgadamente sobre la frente. Esas gafas. Esa sonrisa. Tiene algo especial. No puedo quitarle los ojos de encima. Es como si su presencia iluminara la habitación. Sus ojos como dos semicírculos.  Brilla. Su risa es una de las  mejores cosas del mundo. Ese sonido. La manera en la que su rostro se mueve. Are está hablando con alguien. Parece que con Sanna.

Los invitados socializan, es una mezcla interesante de individuos de todas las edades, desde los dieciocho a los setenta. La habitación huele a sudor y a alcohol con un deje de incienso. Y a patatas fritas. La ventilación es mala y el aire se ha vuelto rancio. Al principio la fiesta no tenía mucho ambiente, pero se ha vuelta animada, más y más a cada minuto. Alguien mordisquea algo a mi derecha y unos crujidos surgen a mi izquierda.

 —¿Hola? —Me dice alguien metiéndome un codo en el costado.

Alejo mis ojos de Are y me obligo a mirar a Malin con su pelo rizado y una copa de vino en la mano.

Ella me mira intensamente, tiene hipo.

—¿Tienes ganas de…? —Dice.

—¿De qué? —Contesto agarrando el marco de la puerta y mirando hacia la cocina. De nuevo.

¿A dónde se ha ido? Estaba en esa silla hace un segundo pero ahora…

Siento unas garras -las garras metálicas del infierno- clavándose en mi corazón. Me hace falta oxígeno. Necesito aire. Él. Él… siento náuseas, siento dolor, mi garganta está trabada por una nube de ansiedad, siento que voy a vomitar y… Auch. ¡Auch! ¿Por qué me duele tanto?

—¿Hola? —Malin sigue divagando. —Estaba a punto de preguntarte si tú…

¡Se están besando! Are y Sanna. Apretándose contra la pared. Nos separa una multitud, pero aún así alcanzo a verlos claramente. Labios uniéndose. Lenguas haciendo círculos. Las manos de ella enredadas en su pelo y los brazos de él alrededor de sus hombros. No es un piquito, es un beso desinhibido, una sesión intensa. Cuánto quisiera poder obedecer a mis instintos y desviar mi mirada, pero me es imposible, estoy hipnotizada. No. Puedo. Desviar. Mi. Mirada. Me estoy torturando. Sanna frota su cuerpo en la camisa de Are. Con su escote  pronunciado. Cierro los ojos, pero al abrirlos la escena no ha desaparecido. Siguen ahí. La piel  del pecho pronunciado de Sanna brilla. Una gota de sudor ha dejado una marca húmeda en uno de sus senos.

En ese instante, justo en medio de un beso, Are levanta los ojos para mirarme directamente. Sus pupilas se dilatan. Suelta los hombros de Sanna.