Luka Modric - José Manuel Puertas - E-Book

Luka Modric E-Book

José Manuel Puertas

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Beschreibung

Luka Modric. El hijo de la guerra es una historia de superación y amor por el fútbol

Una historia de autoconfianza, talento, trabajo y humildad, narrada por los que más conocen al que ya es considerado el mejor futbolista croata de todos los tiempos, aunque su fama no ha cambiado ni un ápice su forma de ser. Tras estar a punto de perderlo todo, Luka Modric se convirtió en un ser modesto, hogareño, familiar y enamorado de su país, con el suficiente coraje para superar una tras otra todas las críticas que pusieron en duda su recorrido como futbolista internacional debido a una menudez física que oculta su carácter, ética de trabajo, y su potentísimo tren inferior.

Viajarás junto a un balón de fútbol por los años más duros de la guerra que fracturó la antigua Yugoslavia, pero también por todo un compendio de anécdotas ligadas al deportista nacido en la rural Zaton Obrovacki, curtido en Zadar, cuajado en Móstar y Zagreb, y degustado en grandes urbes como Londres o Madrid. Prologado por otro mito del fútbol croata y del Real Madrid, Davor Suker, se trata, además, de un recorrido por algunos de los momentos que marcaron la carrera deportiva de Modric, como la terrible decepción que supuso la eliminación de Croacia ante Turquía en la Eurocopa de 2008, pero también los días más felices de su vida futbolística, en el Amsterdam Arena, Wembley y el Estadio Da Luz de Lisboa.

Un recorrido repleto de dificultades que llevó a su protagonista a convertirse en una de las grandes estrellas del fútbol mundial superando multitud de trabas, desde su difícil infancia como refugiado en Zadar, tras el asesinato de su abuelo durante la Guerra de los Balcanes, hasta llegar a ser un jugador clave de uno de los mejores clubes del mundo, el Real Madrid

EXTRACTO

Si hablamos de Luka Modric en Croacia, no hablamos solo de fútbol. Lo hacemos de una buena persona, con los pies en la tierra, modesto y humilde. Y esas son características poco habituales cuando te conviertes en una superestrella, algo que dice mucho sobre su forma de ser. Esa es una de las razones por la que los aficionados en Croacia le adoran, especialmente los niños.
Al igual que él tuvo grandes ídolos durante su infancia, los niños croatas tienen un gran ídolo y referente en él hoy día.

SOBRE EL AUTOR

Vicente Azpirtate es licenciado en Periodismo. Ha sido jefe de prensa de la Selección Española de Baloncesto en los años de la mejor generación de jugadores que ha dado nuestro país. Además, desde 2009 trabaja para el Grupo Libertad Digital – esRadio donde actualmente ejerce como jefe de deportes. En 2004 creó junto a José Manuel Puertas el programa Tirando a Fallar y ha dirigido y presentado programas como el magazine de noche Tiempo Extra o el formato carrusel La Liga esRadio. Ha colaborado para medios como Onda Cero, El Mundo o MarcaTV y en la actualidad realiza apariciones televisivas en Real Madrid TV o Non Stop People. Síguele en twitter @Azpitarte.

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Seitenzahl: 232

Veröffentlichungsjahr: 2016

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Luka Modric

El hijo de la guerra

Vicente Azpitarte

Licenciado en Periodismo. Ha sido jefe de prensa de la selección española de baloncesto en los años de la mejor generación de jugadores que ha dado nuestro país. Además, desde 2009 trabaja para el Grupo Libertad Digital - esRadio donde actualmente ejerce como jefe de deportes. En 2004 creó junto a José Manuel Puertas el programa Tirando a Fallar y ha dirigido y presentado programas como elmagazinede noche Tiempo Extra o el formato carrusel La Liga esRadio. Ha colaborado para medios como Onda Cero,El Mundoo MarcaTV y en la actualidad realiza apariciones televisivas en Real Madrid TV o Non Stop People. Síguele en twitter @Azpitarte

José Manuel Puertas

Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, forma parte de la redacción de deportes de esRadio y Libertad Digital desde el año 2009. Comenzó su andadura en los medios de comunicación en 2004, junto a Vicente Azpitarte, con Tirando a Fallar, convertido hoy en el programa decano sobre baloncesto en España. Durante cuatro temporadas, narró multitud de partidos de fútbol y otros deportes en el programa La Liga esRadio. Ha colaborado con otros medios de comunicación, como OndaCero, Canal Sur Radio, elDiario Ideal de Granadao, actualmente, la revistaGigantes del Basket. Síguele en Twitter @josempuertas

Luka Modric

El hijo de la guerra

Vicente Azpitarte y José Manuel Puertas

Luka Modric. El hijo de la guerra

© Vicente Azpitarte y José Manuel Puertas, 2016

© Diseño de cubierta: Adrián López Viamonte

© Al Poste, 2016

Fuencarral, 70

28004 Madrid (España)

Tel.: 91 532 05 04

www.alposte.es

Primera edición: febrero 2016

IBIC: WSK

ISBN: 978-84-15726-58-6

E-ISBN: 978-84-15726-61-6

Depósito legal: M-2.439-2016

Impreso en España -Printed in Spain

Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización escrita de los titulares delcopyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 - 93 272 04 47).

PRÓLOGO

‘Sentimos un gran orgullo por nuestro maestro, Luka Modric’

Davor Suker

Croacia tiene una larga historia de centrocampistas creativos, inteligentes y técnicamente brillantes. A lo largo de mi carrera internacional, tuve el privilegio de jugar con tres magos del balón: Zvonimir Boban, Robert Prosinecki y Aljosa Asanovic. Su capacidad para el pase y visión de juego tuvieron un papel importante en nuestra medalla de bronce en la Copa del Mundo de 1998, así como en el premio que recibí como máximo goleador del torneo, la Bota de Oro.

Escribo esto porque Luka Modric es su digno sucesor en el fútbol croata. Sé que Zvonimir Boban es uno de sus ídolos, y comparte con él muchas de sus virtudes: control del balón, habilidad para el pase, visión de juego y calidad técnica.

Pero Luka también posee una gran ubicación en el terreno de juego, que le permite jugar muy bien defensivamente. Su gran ética de trabajo, su buentacklingy su tenacidad le hacen ser un jugador brillante a ambos lados del campo, al que los entrenadores adoran y quieren en sus equipos en este fútbol moderno. Puede ser el perfecto cierre defensivo en un instante y el número 10 en la siguiente jugada.No muchos jugadores puedenhacer eso a tan alto nivel.

No tuvo un camino fácil hasta convertirse en la superestrella que es hoy, ni en su vida privada ni en lo profesional. Cuando era joven, su físico era relativamente débil en comparación con otros chicos de su generación, por lo que no se le veía como un portento, aunque su capacidad técnica ya era evidente.

Sin embargo, durante sus cesiones en el Zrinjski y el Inter Zapresic mostró una dureza física y mental que enseñó a todo el mundo en el Dínamo de Zagreb que podía ser un jugador importante allí. Con Luka tirando del carro, el Dínamo dominó la liga croata y al mismo tiempo logró varios éxitos europeos. Por ejemplo, Modric fue determinante en el triunfo contra el Ajax en Ámsterdam.

Desde sus primeros partidos con la selección se convirtió en una pieza prácticamente irreemplazable del once inicial, y con el paso del tiempo, no es solo un jugador trascendental, sino uno de los líderes del vestuario. Actuó de forma brillante en la Eurocopa 2008, cuando llegamos a los cuartos de final, y también en la de 2012, mostrando al mundo entero que podría jugar al más alto nivel. Incluso en aquella Euro 2012, en el partido contra España, posterior campeona, fue el mejor jugador de un partido donde estaban Xavi, Iniesta, David Silva o Ivan Rakitic.

Por ello, para nosotros en Croacia no fue una sorpresa cuando el Real Madrid le fichó del Tottenham. Le costó unos meses acostumbrarse al equipo y una liga como la española, pero una vez asentado, enseñó su clase y se convirtió en el favorito de los aficionados. Conozco a la afición del Santiago Bernabéu y sé que aprecian a los jugadores de clase mundial, pero también, sobre todo, a aquellos que están dispuestos a dar todo lo que tienen por cada triunfo, sacrificándose por el colectivo. Modric da todo eso al equipo, y estoy orgulloso cada vez que la grada le ovaciona.

Es una sensación fantástica para todos los croatas ver a uno de los nuestros con un papel tan importante en el mejor club del mundo.

El hecho de que haya sido una pieza tan importante para José Mourinho, Carlo Ancelotti, Rafa Benítez o Zinedine Zidane prueba su valor. Sé lo que se siente ganando la Liga de Campeones con el Real Madrid, y realmente nos hizo muy felices cuando jugó un papel crucial en la de 2014. Sin su centro perfecto desde el córner, y el gol posterior de Ramos, el Real no habría ganado La Décima.

Pero si hablamos de Luka Modric en Croacia, no hablamos solo de fútbol. Lo hacemos de una buena persona, con los pies en la tierra, modesto y humilde. Y esas son características poco habituales cuando te conviertes en una superestrella, algo que dice mucho sobre su forma de ser. Esa es una de las razones por la que los aficionados en Croacia le adoran, especialmente los niños.

Al igual que él tuvo grandes ídolos durante su infancia, los niños croatas tienen un gran ídolo y referente en él hoy día.

Talento dálmata

Una asistencia imposible, de esas que hacen felices a dos personas, de un gigante de la técnica llamado Toni Kukoc. Un endiablado giro de muñeca de Ivano Balic, quizá el mayor genio que pisara jamás una cancha de balonmano. Un salto sobre un listón muy por encima de los dos metros de Blanka Vlasic. El carácter ganador de Drazen Petrovic, acaso el mayor caníbal deportivo que nunca sufrieron las canastas en las canchas europeas. Un servicio de imposible devolución desde la raqueta, rozando el cielo, de Goran Ivanisevic. La polivalencia retórica de Zvonimir Boban, un intelectual que cuando pisó el césped lo hizo marcando tendencia.

Todos esos gestos técnicos y habilidades físicas y mentales se forjaron en Dalmacia, probablemente lazona del mundo con mayor cantidad de talento por metro cuadrado. Dividida hoy administrativamente encuatro condados (Zadar, Sibenik-Knin, Split-Dalma­­ciay Dubrovnik-Neretva), esta antigua región romana goza de una riqueza geográfica e histórica que ostenta quien presume de la mayor parte de la costa del mar Adriático, así como de los imponentes Alpes Dináricos,en un hermoso contraste que durante siglos ha supuesto un enclave que ha interesado a numerosas civilizaciones por su privilegiada ubicación. Si uno repasa la lista de campeones nacidos en la zona, quedará conmocionado. Si lo amplía 100 kilómetros hacia el norte de Croacia, prácticamente incluirá a la inmensa mayoría de deportistas de alto nivel del país.

Fue allí donde, un 9 de noviembre de 1985, Radojka y Stipe Modric vieron nacer a Luka, uno de sus tres hijos, el único varón, en una época en la que Croacia aún pertenecía a la Yugoslavia socialista forjada por el mariscal Josip Broz, “Tito”, fundada tras la II Guerra Mundial, y que vería llegar el fin de sus días el 15 de enero de 1992, con el reconocimiento europeo de la independencia de Eslovenia y Croacia.

Dalmacia, un lugar geográficamente tan atractivo para el visitante hoy día como complejo históricamente para las condiciones de vida del oriundo de la zona. Una sucesión de montañas, islas y rocas que ha generado una necesidad de adaptación al medio para sus pobladores muy por encima de la media y que, unido a la mezcolanza racial, ha desarrollado con el paso de la historia una genética maravillosa, capaz de convertir a la región en el mayor sumidero de talento deportivo conocido en la Europa moderna. Ilirios, griegos, romanos, francos, bizantinos, otomanos, venecianos, austriacos y muchos otros ocupantes desarrollaron en sus sucesores una estructura genética que ha sido objeto de envidia y deseo para casi cualquier otra zona dentro de la propia Croacia, y qué decir fuera del país. Del resto se encargaría la pura selección natural.

Un lugar en el que se produjo la mayor parte de la emigración croata en el pasado, debido a las complejas condiciones de vida y la difícil supervivencia, y en el que el deporte fue en el siglo XX una herramienta perfecta a la que asirse. Donde paseando por la calle lo habitual es cruzarse con hombres que rozan los dos metros, y mujeres que alcanzan con holgura el metro ochenta. La salida es clara. Baloncesto, balonmano o voleibol se nutrieron durante años de organismos físicos preparados mentalmente para superar la adversidad. Una mezcla ganadora, sazonada con una importante dosis de carácter y hambre para lograr retos vitales, superando las piedras del camino, tanto en la geografía dálmata como en la vida.

Y también el balompié, claro. Aquel deporte donde el físico es un hándicap pero no al nivel de las competiciones para gigantes, voladores y forzudos. Y donde uno de sus mejores representantes a principios del siglo XXI ha derribado clichés y barreras, una tras otra, para convertirse, desde sus apenas 65 kilos y 174 centímetros, bastante inhabituales para un varón en una de las regiones con los habitantes más altos del mundo, en uno de los más grandes centrocampistas de largo recorrido del fútbol moderno. Luka Modric, un hijo más de la inagotable fuente de talento que es Dalmacia.

No faltan los que lo achacan a la casualidad, e incluso, probablemente en tono jocoso, a alguna teoría esotérica. Pero sin duda, pocos semilleros existen en el mundo, si acaso hay alguno, con tal capacidad para germinar, no ya atletas de nivel, sino estrellas mundiales en diferentes deportes, individuales o colectivos. La perfecta mezcla geográfica que le otorgan su combinación de mar, con la cada vez más saturada de turismo costa adriática, con los Alpes Dináricos, que otrora protegieran a los ilirios en la región de la invasión romana durante años, unida a la mezcolanza racial, generó durante siglos la perfecta combinación para que, cuando las condiciones de vida no resultaron tan sencillas como ahora, la capacidad de trabajo hiciera que el talento, innato, emanara para dominar el mundo. Un fenómeno fantástico y admirado del que pocas o ninguna otra zona del planeta pueden presumir, en una tierra acostumbrada desde siempre a luchar. En la guerra y en los estadios. En palabras de Aza Petrovic, hermano de Drazen y otro mito de la canasta, los dálmatas son “seres atléticos nacidos para hacer la guerra” cuando la vida les lleva a ello, o a triunfar en el deporte cuando su talento les permite sacar la cabeza.

Genética, clima, alimentación, geografía y mentalidad. Blanka Vlasic, una de las mejores saltadoras de altura de todos los tiempos, revela la existencia de un factor “X” en la psique de los dálmatas, un vocablo de difícil adaptación a otras lenguas: “En Dalmacia le llamamosdišpet, y no tiene traducción fácil. Es una especie de tozudez positiva que nos hace ir un paso más allá en todo lo que hacemos. Siempre que pienso en ello, lo hago en Goran Ivanisevic, el mejor ejemplo de mentalidad dálmata en una cancha”. La propia Vlasic es una muestra sensacional de persistencia, subcampeona olímpica desde la nada, surgida por el esfuerzo de su familia en un entorno poco favorable para el salto de altura, más para los deportes colectivos. La bicampeona mundial hace alusión a ello: “En cuanto los niños dálmatas aprenden a caminar les regalan un balón, sea de lo que sea, aunque mayormente de fútbol”.

Factores que, unidos a un sistema que facilitaba la práctica deportiva, han desembocado con el tiempo en una riqueza polideportiva asombrosa. En la Yugoslavia socialista la práctica de multitud de disciplinas entre los jóvenes estaba a la orden del día. Zan Tabak, pívot de la legendaria Jugoplastika de Split, probablemente el mejor equipo de la historia del baloncesto europeo, recuerda lo fácil que era en aquella sociedad practicar deporte, cualquiera que fuera: “De niño, practiqué natación, waterpolo, vela, voleibol y balonmano. Nadie te preguntaba ni quién eras ni de dónde salías, porque todo estaba subvencionado por el gobierno”. A los 14 años, cuando el equipo de balonmano de su barrio, en el que jugaba, desapareció, un primo hermano le convenció para probar con la Jugoplastika, uniéndose a una inigualable conjunción de talento que, con un régimen de trabajo estoico, cuasimilitar, al que solo sobrevivían los más fuertes mentalmente, deparó en un grupo recordado por todos. Puro darwinismo, si se quiere, en un país que durante años fue también un adelantado en lo que a los entrenamientos se refiere. “Durante mis años en Italia o Estados Unidos, nos hacían innovar con ejercicios técnicos o físicos que 15 años antes ya hacía en mí país. La inversión en deporte dio lugar a los resultados”, afirma Tabak.

En definitiva, el ciudadano dálmata es una interesantísima mezcla genética que, unida a un férreo y esforzado carácter acostumbrado a trabajar duro y sacrificarse en la vida, convierte al lugar en un auténtico vergel de deportistas de alto nivel. La ciudad más grande de Dalmacia, Split, vio crecer a nombres como Kukoc, Ivanisevic, Vlasic, Balic o Dino Radja. En las calles de Sibenik soñaron con ser campeones un mito del waterpolo como Perica Bukic y los hermanos Petrovic, mientras que en la soleada Dubrovnik se desarrolló buena parte del waterpolo croata, así como importantes valores de la canasta, como Ante Tomic o Mario Hezonja. Pero mención aparte merece Zadar, donde el pequeño Modric daría sus primeros pasos como deportista. Una ciudad de apenas 75.000 habitantes con seis medallistas olímpicos en su haber, con el mito Kresimir Cosic, primer europeo en el Hall of Fame, liderando toda una pléyade de baloncestistas, y en la que Zoran Primorac (tenis de mesa), Ivan Nincevic o los hermanos Valcic, Josip y Tonci (balonmano), también alcanzaron la gloria en su carrera.

Y en ese caldo de cultivo repleto de cultura deportiva y dificultades vitales, Luka Modric comenzaría sus días en un ambiente sumamente hostil, pero dispuesto a derribar cualquier barrera, y no fueron pocas, que le impidiera convertirse en una estrella del fútbol mundial. Un nuevo ejemplo del talento y carácter que se abren paso en la vieja Dalmacia.

Refugiado de guerra

El hotel Kolovare era, a finales de diciembre de 1991, uno de los centros neurálgicos de la ciudad de Zadar. Una enorme instalación que pasó de alojar turistas ávidos por el disfrute en la costa del Adriático, a acoger a miles de personas que llegaban desde todos los puntos de Croacia huyendo de las milicias paramilitares serbias y los temidoschetniks. El más devastador conflicto que viviera Europa tras la conclusión de la II Guerra Mundial estaba en pleno apogeo. Entre los clanes que llegaron al hotel estaban los Modric: Stipe, el padre, de nombre puramente croata, Radojka, la madre, con nombre de raíces serbias, y los hijos, Luka, con apenas seis años, y Jasmina, poco más que un bebé. Ambos de nombre mixto. Para el primogénito de la familia, aquel hotel era un lugar incluso acogedor, repleto de niños con tantas ganar de jugar como él. Para sus padres, era el inicio de una época de incertidumbre y temor, un etapa que debería pasar cuanto antes para recuperar la vida normal. Aunque aquello, desde luego, no estaba en sus manos.

Desde el triunfo del nacionalista Franjo Tudman en las elecciones croatas de mayo de 1990, Croacia en general, y Dalmacia en particular, se habían convertido en un auténtico hervidero independentista. La tensión iba en aumento con el paso de los días, y la celebración del Primero de Mayo había desembocado en el detonante definitivo del conflicto. Fue en Borovo Selo, un pueblo de mayoría serbia, en el que cuatro policías croatas resultaron detenidos por fuerzas serbias al intentar retirar una bandera yugoslava. Cuando la policía croata quiso liberarles al día siguiente, la emboscada sufrida dio lugar a la muerte de doce croatas y tres serbios. Ahí Tudman declaró la “guerra abierta”, dando lugar al comienzo de motines antiserbios en ciudades como Zadar, con su particular “Noche de los cristales rotos”, el 6 de mayo. El 15 por ciento de los serbios de la población total de la histórica ciudad costera se vieron obligados a abandonarla. Pronto llegarían las refriegas a Split, la capital dálmata. La consecuencia, inmediata, fue el despliegue del Ejército Popular Yugoslavo (JNA) por buena parte del territorio. Desde Knin, próxima a Sibenik y de mayoría serbia, buscarían “controlar la zona”, un imposible sin derramamiento de sangre mediante. Al frente, el comandante Ratko Mladic, juzgado años más tarde en La Haya por la matanza de Srebrenica (Bosnia), donde murieron 8.000 musulmanes. El propio JNA llevaba meses confiscando el armamento croata a lasTeritorijalna Obrana(fuerzas para la defensa de cada una de las repúblicas yugoslavas), si bien el tráfico ilegal de armas había permitido a los croatas disponer de la suficiente logística para afrontar un conflicto que se mascaba meses antes.

Pero mientras el país se desmembraba de forma inexorable, los equipos yugoslavos conseguían sus mayores éxitos deportivos. 1987 había sido un año inolvidable, con el triunfo en los mundialesjuniorsde fútbol y baloncesto, en Chile y Bormio (Italia). Ambos eventos serían el paso previo al dominio de los clubes. El Estrella Roja de Belgrado se llevó la Copa de Europa de fútbol en 1991, con un croata como Prosinecki como pieza clave, mientras en las canchas del viejo continente nadie tosía a la Jugoplastika, de alma croata pero con varios jugadores del resto de repúblicas que alzaron el cetro europeo entre 1989 y 1991 de forma consecutiva. En esos años, la selección nacional de baloncesto también dominó el continente (1989 y 1991), e incluso el mundo (1990), en aquel inolvidable día en Argentina en que Drazen Petrovic y Vlade Divac se distanciaron para siempre por un “quítame allá esa bandera” que empezaría a cambiar definitivamente el sino del país.

También en Italia 1990 losplavidisputaron una gran Copa del Mundo, cayendo solo ante la subcampeona, la Argentina de Maradona, en una agónica tanda de penaltis en cuartos de final. Allí no estaría Zvonimir Boban, el gran ídolo de Luka Modric y toda una generación de croatas. El talentoso centrocampista había sido protagonista de otro hecho determinante en el inicio de la guerra, cuando en plena escalada de tensión, un 13 de mayo de 1990, el estadio Maksimir de Zagreb acogió un Dínamo de Zagreb-Estrella Roja que pasaría para siempre a los anales de la historia negra del balompié. Con el sentimiento nacionalista croata a flor de piel, 3.000 aficionados del equipo de Belgrado viajaron a Zagreb, encabezados por el famoso Zeljko Raznatovic (Arkan), y convirtieron el recinto en una olla a presión que terminaría por estallar cuando las proclamas políticas llegaron a la grada. Poco después, Maksimir era una batalla campal, de más de una hora de duración, con armas blancas haciendo acto de presencia sin remisión, y en la que incluso el propio Boban golpearía a un policía con una patada. Dicha acción, en principio sobre un agente serbio que luego resultó ser un bosnio musulmán, le costaría al “10” del Dínamo una sanción que le impediría estar en Italia con la selección, y le convertiría en un referente para los croatas, al tiempo que le pondría en el punto de mira de la causa serbia. Una vez más, los terrenos de juego habían sido el perfecto estudio sociológico para vaticinar lo que ocurriría apenas semanas después en un país que empezó a resquebrajarse con la muerte del general Tito, en 1980.

Durante todos aquellos momentos de éxito deportivo y tensión política para el país, los Modric tenían una vida tranquila, de escasísimo lujo pero lo suficientemente estable y apacible, en Zaton Obrovacki, un pequeño poblado rural de poco más de 500 habitantes por aquel entonces, perteneciente al área de Obrovac, a unos 40 kilómetros de Zadar hacia el interior del país, en las laderas de la cordillera de Velebit. Radojka y Stipe trabajaban en Trio, una planta en Obrovac dedicada a la producción de prendas de punto, con un exigente horario que les obligaba a que buena parte del día su hijo tuviera que pasarlo en casa de su abuelo paterno, en Modrici. El abuelo, también llamado Luka, vivía en un pequeño asentamiento de unas pocas casas, poco más que una aldea (zaseok, en croata), ascendiendo apenas unos pocos cientos de metros hacia la montaña desde Zaton Obrovacki, y que alguien, probablemente un pariente lejano de la familia, había dado en llamar Modrici. Algo así como ”Los Modric“. Lo hizo cuando construyó allí la primera casa del lugar, casualmente la más alejada de Zaton de todas las que después se levantaron. Tras ella, una curva cerrada introducía la carretera en pleno macizo, donde ya era imposible la construcción. El lugar no podía ser más tranquilo, aunque solo fuera por lo distante y poco accesible. Allá la humildad era la única opción posible, no habiendo lugar al dispendio o la fanfarronería.

Sin embargo, la decisión de las fuerzas serbias de cortar las comunicaciones desde Dalmacia hacia el resto del país afectó de lleno a la región. Velebit se convertiría en un enclave decisivo, evitando el contacto con el interior de Croacia y el acceso a Bosnia. A partir de ese momento, Zaton Obrovacki perdió la tranquilidad. Desde Knin, la JNA alcanzó Obrovac, Jasenice y Rovanjske a primeros de septiembre, llegando el día 11 al puente de Maslenice, cuya voladura sirvió para ahogar a Zadar, al incomunicarla con Rijeka y Zagreb. Y así, cuando el 16 de septiembre los serbios empezaron a atacar Zadar, una extensión cercana a los 100 kilómetros hacia el interior ya era controlada por la JNA y las milicias serbias. Ajeno a todo a ello, Luka Modric daba sus primeras patadas a un balón de fútbol en una zona montañosa en la que, si bien no existía un ambiente de enfrentamiento continuo, la presencia de paramilitares serbios de forma desorganizada en un lugar tan escarpado como deprimido, por lo aislado, suponía una amenaza constante para los civiles indefensos, que, amedrentados, en no pocas ocasiones eran robados u obligados a huir de sus casas, partiendo a la fuerza sin destino claro. Incluso se asesinó a inocentes por puro entrenamiento militar.

A mediados de diciembre la situación en la zona comenzó a ser verdaderamente preocupante. El frío azotaba, helando la cara y calando hasta los huesos, como el miedo. Los paramilitares serbios hacían y deshacían a su antojo. El día 16 de ese mes, cinco civiles fueron asesinados en Jasenice. Y apenas 48 horas más tarde, un terrible acontecimiento cambiaría para siempre la vida de Luka Modric. Una milicia serbia acribilló en mitad de la noche a balazos al abuelo Luka, guarda de caminos y bosques, a unos pocos cientos de metros de su casa. El ruido de la ametralladora llegó al hogar familiar. Cuando Stipe encontró a su padre yaciendo inerte y ensangrentado en el suelo, tuvo claro que era el momento de huir. Poco podía hacer por su padre, pero proteger a su esposa y a los pequeños Luka y Jasmina se hacía necesario y la situación era ya insostenible.

Solo quedaba partir, presos de la desesperanza. Se­­ría un acierto, pues el 20 de diciembre, muchos de los croatas que quedaron en Obrovac, Krusevo, Jasenice, Zaton Obrovacki y Medvida fueron trasladados a la cárcel en Knin. La mayoría, ancianos a los que sus familias habían abandonado en sus casas. Un día más tarde, diez personas fueron asesinadas en Bruska cuando jugaban a las cartas, tras ser sorprendidas por una milicia serbia que les ejecutó en el acto. Y la casa del abuelo Luka no tardaría en ser también destruida por los rebeldes. Por circunstancias indeseables, había comenzado el primer gran viaje en la vida de Luka Modric. Un traslado que marcaría su personalidad para siempre. Dejar atrás su hogar y a uno de sus seres más queridos, acribillado por la irracionalidad humana, en una región tradicionalmente tranquila pero que, desde primeros de los noventa, no quedó libre de las minas antipersona que durante años plagaron de miedo sus caminos hasta 2014, cuando el terreno quedó despejado y volvió a ser totalmente seguro.

Cuando la familia Modric, una más sin techo entre miles, llegó a Zadar, los bombardeos sobre la ciudad duraban ya más de tres meses. Octubre y noviembre habían sido momentos muy duros, pero a finales de diciembre aún se mantenía una intensidad elevada de fuego de artillería. El privilegiado enclave de la ciudad, determinante por su salida hacia el Adriático, provocó también que la guerra se trasladara al mar. Entre septiembre de 1991 y enero de 1992, la armada naval yugoslava y croata se enfrentaron frente a la costa dálmata, en el Canal de Korcula, de manera que Zadar estaba completamente rodeada durante esas semanas, tanto por mar como por tierra. La situación para el clan Modric no parecía haber mejorado especialmente, pues Zadar era prácticamente la boca del lobo.

Aun así, y pese a la ruinosa economía del momento, con no pocas empresas quebrando en la región por el conflicto, Stipe y Radojka Modric tuvieron la suerte de encontrar un empleo que permitió a la familia disponer del sustento vital, en un momento donde casi la única aspiración era comer cada día al refugio de la metralla. El padre comenzó a trabajar como técnico aeronáutico en el aeropuerto de Zemunik, a apenas 12 kilómetros del centro de Zadar, poco después de llegar al hotel Kolovare. Radojka encontraría trabajo algo más tarde, explotando su habilidad manual como costurera.

Para el pequeño Luka, aquella incertidumbre no era tal. Su vida en el hotel después de todo no estaba tan mal. Niños por doquier, amistades que empezaban a fortalecerse, como la de Marko Ostric, otro refugiado allí alojado con su familia que se convertiría en su mejor amigo para toda la vida, e incluso sería su padrino de boda en Zagreb casi dos décadas más tarde. Y siempre una pelota merodeando a aquel pequeñajo rubio que apenas recuerda aquello pero que, cuando repasa las fotos del momento, siempre reconoce al esférico junto a él. Incluso se lo llevaba a la cama, para dormir como cualquier niño lo hace con sus juguetes.

Con esa pelota jugaba con otros chiquillos, o solo llegado el caso. Ajeno al ruido de mortero del exterior, o quizá desconocedor de lo que representaba, como si ya lo hubiera interiorizado, pues formaba parte del medio ambiente desde que llegara a Zadar. Lejos de las peliagudas conversaciones de papá y mamá, en no pocas ocasiones llenas de amargura y desazón, Luka pasaría multitud de horas durante meses peloteando con otros niños en elparkingdel Kolovare. Algún cristal, más de uno en realidad, se llevaría por delante. Y a un ojo relativamente entrenado, no le costaría detectar que aquel retaco, como no podía ser de otra forma por la genética familiar, poco dada a las alturas, tenía algo diferente al resto de perseguidores del cuero. No tardaría en producirse un aviso a Josip Bajlo, uno de los directivos del NK Zadar, el principal club de fútbol en la llamada ”ciudad del baloncesto”.

“Ven a ver cómo juega un niño que lleva todo el día con la pelota en elparking