Más allá de la devoción - Gilberto Cavazos González - E-Book

Más allá de la devoción E-Book

Gilberto Cavazos González

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Los cristianos terminamos el padrenuestro pidiendo a Dios: Líbranos de todo mal. Jesús nos ofrece esa liberación mediante una vida espiritual cristiana, pero para conseguirla debemos liberarnos de ciertos conceptos erróneos sobre la espiritualidad que la mantienen relegada. Este libro, dirigido a todo cristiano que desee vivir el Evangelio de Jesucristo de una manera plena y liberadora, nos enseña cómo lograrlo y nos explica cuál es nuestra identidad humana y cristiana ante el Dios en el que creemos. También nos explica cómo conocer la Palabra de Dios y cómo dejarnos conocer por ella. Finalmente, desarrolla varios temas de la espiritualidad de liberación para enseñarnos que la oración y la piedad deben llevarnos más allá de la devoción y conducirnos a la acción cristiana. Más allá de la devoción nos invita a crecer en lo que significa ser cristiano.

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Seitenzahl: 245

Veröffentlichungsjahr: 2014

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Índice

Dedicatoria

Corazón de poeta

Prefacio

Introducción: Describir la espiritualidad cristiana

Breve historia del término

Descripción de la espiritualidad

Realidad humana

Experiencia personal

Tradiciones comunitarias

Disciplina académica

La espiritualidad como un arte

Conclusión

Diálogo sobre la introducción

1. El camino espiritual

La Iglesia peregrina

Peregrinos y forasteros

Ser humano es caminar

Imágenes del caminar en las Escrituras hebreas

Imágenes del caminar en las Escrituras cristianas

El camino de vaciamiento de Jesús

Un itinerario que fomenta la identidad

Convertirse en cristiano como una búsqueda permanente

Las siete “ces” del itinerario espiritual cristiano

Conclusión

Diálogo sobre el capítulo 1

2. Abrazando nuestra realidad

Antropología cristiana: ¿quién soy?

El Espíritu del Reinado de Dios

Espiritualidad y contexto histórico

Conclusión

Diálogo sobre el capítulo 2

3. Familia liberadora de Dios

Creemos en Dios

Creemos en Jesucristo

Creemos en el Espíritu Santo

Nacido de la Virgen María

Títulos marianos

La comunión de los santos

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica

Conclusión

Diálogo sobre el capítulo 3

4. La Palabra formativa de Dios

Encontrando la Palabra activa de Dios

Los tres libros de la Palabra de Dios

La Palabra de Dios se encarna

Lectio pina comunitaria

Lectio (leer)

Meditatio (meditar)

Oratio (orar)

Preguntas para la lectio pina comunitaria

Revisionando la vida

Proceso para revisionar la vida

Entrar en contacto con cómo me siento

Acontecimientos importantes en mi vida reciente

Gratitud por la presencia generosa de Dios

Jesús y la Biblia en mi vida

Discernir una respuesta evangélica

Conclusión

Diálogo sobre el capítulo 4

5. Pilares de una espiritualidad liberadora

Conversión al Reinado de Dios

Colaborando con el Reinado de Dios

Visión contemplativa

Opción preferencial y evangélica por la pobreza

Fraternidad y sororidad universal

Comunión eucarística

La señal de la cruz

Conclusión

Diálogo sobre el capítulo 5

Conclusión: Aspiración cristiana

Liberados en Cristo

Una forma de vida religiosa

Creciendo como cristianos

Bibliografía

Créditos

Quiero dedicar este libro sobre la vida cristiana a la mujer que me enseñó a amar a Dios y a ser cristiano: María Emma González de Cavazos(28 de agosto de 1934 – 17 de julio de 2013) Mamita, te extrañamos mucho.Papá, mis hermanos y yo le damos gracias a Diosito por habernos concedido el privilegio de ser tu familia. Mamá, te queremos mucho.

Corazón de poeta

Precisa tener corazón de poeta: Un corazón que sepa acoger. Un corazón que sepa recibir. Un corazón que pueda asimilar. Precisa tener corazón de poeta: Un corazón que sepa pintar los sentimientos más intensos. Un corazón que recoja la humanidad y la esculpa con papel y pluma. Un corazón que no sepa fingir y que todo canta y recuenta. Precisa tener corazón de poeta: Un corazón grande como una semilla. Un corazón pequeño como una torrente. Un corazón natural y vivo. Precisa tener corazón de poeta: Un corazón que sepa gozar la vida y llorar el dolor. Un corazón que estimule corazones dándoles palabras. Un corazón que ame y desee con gratitud. Un corazón como el tuyo. Como el mío.

Traducción al castellano de mi poema Cuore di Poeta, escrito en Roma en abril de 1997

Prefacio

La espiritualidad cristiana es mucho más que las prácticas de devoción o religiosidad. Más allá de la devoción, nos encontramos con que la espiritualidad cristiana es sobre todo y principalmente la vida en el Espíritu Santo. Más que devoción, la vida cristiana es una vocación, una llamada en el mundo, un proyecto de vida o la participación en la misión de Dios. La mayoría de los cristianos sabemos esto a pesar de que no siempre estamos atentos. Con demasiada frecuencia, relegamos la espiritualidad a la práctica piadosa, la oración devocional, la evangelización, los edificios religiosos y los líderes “espirituales”, como si el mensaje del Evangelio no tuviera nada que ver con nuestra vida familiar, nuestro trabajo, nuestro ocio y nuestro papel en la sociedad. Esto es un error común que tenemos que superar.

A los doce años de edad, Jesús pensaba que para hacer la voluntad del Padre tenía que estar en el templo discutiendo sobre la Palabra de Dios con los maestros de la ley. Al igual que el joven Jesús, muchos cristianos creen que la participación en la misión de Dios se centra en la oración, el estudio bíblico y el ir a la iglesia. Por suerte para Jesús, María y José se lo llevaron a su casa, donde, gracias a sus esfuerzos e instrucción, él creció en sabiduría y en gracia (Lc 2,49). Unos dieciocho años más tarde, además de en las sinagogas y en el templo, Jesús cumplió la misión y la voluntad de su Padre en los campos, en los barcos de los pescadores, en las comidas y en las plazas con la gente común y también con los pecadores públicos.

Mi esperanza al escribir este libro es ayudar a mis hermanos y hermanas en Cristo a crecer en sabiduría y gracia para que lleguen a una mejor comprensión de la vida espiritual cristiana y vean cómo está relacionada con la justicia y la liberación. Al igual que el joven Jesús, necesitamos madurar nuestra idea de cómo servir mejor a Dios y participar en su misión de crear, guardar y santificar el mundo. Dios nos llama a ser cristianos donde estamos todos los días de la semana –en nuestros hogares, en el trabajo, en la escuela, en el ocio– y no solo en la iglesia los domingos.

Este libro surge de mi curso de formación espiritual cristiana para seminaristas y ministros laicos de la Unión Teológica Católica y de mi curso sobre vida espiritual cristiana para los candidatos al diaconado y sus esposas en el Instituto de Liderazgo Pastoral de la Arquidiócesis de Chicago. Por ello, tengo una deuda de gratitud con los estudiantes que durante los últimos diez años han participado en estos dos cursos. Como profesor, me parece que he aprendido mucho más de mis alumnos de lo que yo les he enseñado, ya que si bien ellos tienen un profesor, yo tengo una sala llena de profesores. Cada vez que he impartido estos dos cursos, he sido edificado y educado por los ejemplos de vida que mis alumnos comparten en las clases. Así que mi primer agradecimiento va a ellos y ellas.

Más recientemente, mi trabajo sobre la vida espiritual cristiana ha mejorado gracias a mi participación en un grupo de profesores de teología católica y protestante y directores de formación que se dieron cita en el verano de 2009 para reflexionar sobre “Los llamados de los cristianos en el mundo”. Me gustaría agradecer a estos profesores y formadores de los seminarios teológicos de Fuller, Princeton, Yale, Luther y de la Unión Teológica Católica, por su obra y por sus intuiciones.

Con los años he aprendido mucho sobre cómo ser cristiano con mis hermanos y hermanas en el Señor. Doy gracias a Dios por todos ellos, especialmente por los miembros de La Tropa de Cristo, un equipo de evangelización juvenil que fundé en la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en San Antonio, Texas, en la década de los ochenta. Sus historias, su fe y su predicación me enseñaron mucho sobre cómo ir “más allá de la devoción” para realizar acciones concretas a favor del Evangelio. También estoy muy agradecido a Alexander Gaitan, Carmen Nanko-Fernández, Jaime Bascuñán, Gary Riebe-Estrella, Luigi Miranda, Fernando Harris, Dennis Joseph, JoKay Joseph, Arturo Ocampo, OFM, y David Rodríguez, OFM, por su amor y apoyo, especialmente mientras escribía este libro. Mi agradecimiento también a los hermanos franciscanos del Antonianum en Roma, que me apoyaron mientras traducía este libro del inglés al español. Diosito les conceda paz y todo bien o, como me gusta decir, pax et bonum amplexumque.

Mi gratitud no sería completa sin dar mil gracias y muchísimo cariño a las personas que me enseñaron a vivir y amar en el Señor, la familia Cavazos-González. Deseo dar la gracias en especial a mis padres, Gilberto y Emma; a mis hermanos, Sergio, José Luis, Gustavo, y a sus esposas, Norma, Herminia e Yvonne. También quiero dar la gracias a mis sobrinas y sobrinos Larissa, Sergio, Eliana, José Luis, Gilberto y Emma. Los quiero mucho. Que Diosito los bendiga.

Fray Gilberto, OFM

IntroducciónDescribir la espiritualidad cristiana

Me encanta el sonido del viento. Parece cantar en medio de hojas susurrantes cuando sopla entre las ramas de un árbol. Vocifera entre los edificios con un silbido a veces suave y a veces agudo. Murmura sobre prados tranquilos y montes majestuosos. En especial, me encanta escuchar su lamento cuando las olas del mar rompen sobre la arena de la playa. Jesús afirma que de la misma forma como sopla el viento ocurre con los nacidos del Espíritu (Jn 3,8). El Espíritu, o sea, el viento, sopla donde quiere, sin que nadie sepa de dónde viene ni a dónde va; sin embargo, se puede escuchar su voz. Las personas que nacen del Espíritu se convierten en hojas susurrantes, edificios sólidos, prados tranquilos, cerros majestuosos y aguas inquietas donde el viento del Espíritu se transforma en una canción, un silbido, un susurro o un gemido; donde el espíritu humano proclama su espiritualidad.

La espiritualidad es un tema fascinante y a menudo mal entendido. Miles y miles de libros y artículos en revistas tratan sobre ella. Una búsqueda del término en Internet proporciona 29 millones de resultados para la palabra “espiritualidad” (32,8 millones para “espiritualidad cristiana” y 60,6 para “espiritual”)1. Un rápido vistazo a estas referencias revela que la espiritualidad se entiende como algo “religioso” o como algo totalmente opuesto a lo religioso. “Soy espiritual, no religioso”, se ha convertido en una expresión muy común. Por desgracia, para muchas personas la espiritualidad se ocupa exclusivamente del mundo interno o interioridad, en contraposición con el mundo real o exterior. Para muchos, tiene que ver con cultos esotéricos o con el new age. Y para muchos cristianos no es nada más que devoción tradicional y prácticas piadosas.

LO COTIDIANO

Lo cotidiano y la cotidianidad es lo que hacemos todos los días, lo habitual, lo común y la rutina de la vida diaria, además de esos ocasionales acontecimientos de algo maravilloso o de una realidad desagradable de dolor y dificultad que a veces ocurren en la vida ordinaria. Estos dos términos son utilizados por muchos teólogos latinos en Estados Unidos en referencia a los ámbitos en los que deben incidir la reflexión y la discusión teológicas. La espiritualidad cristiana y el hablar de Dios tienen que tener muy en cuenta nuestra cotidianidad.

A menudo, se piensa que la espiritualidad es algo contrario a los asuntos del cuerpo y del mundo. Ser espiritual está considerado como un escape del mundo secular o secularizado en el que vivimos, especialmente de todos sus problemas sociopolíticos y económicos. A menudo, ser espiritual se ve como una manera de acercarse a un poder superior (Dios, si se quiere) con el fin de dejar atrás el puño de hierro de la religión y así pasar a una “nueva era” de iluminación privada o gnosis. La espiritualidad como experiencia cristiana es a menudo vista como ineficaz en el tratamiento de los hechos “reales” de lo cotidiano2 (ver recuadro)

La espiritualidad cristiana tiene que ser liberada de los falsos o limitados entendimientos que, de manera dualista, intentan colocarla en contraste con la realidad material. Tiene que ser liberada de aquellos a quienes les gustaría mantener el espíritu de Jesús en la Biblia, en un tabernáculo, en el rosario o en un centro de retiro. Si el Espíritu de Cristo que mora en cada cristiano ha de cantar, silbar, murmurar o gemir con eficacia en la Iglesia y en el mundo, se le debe permitir arrojar lejos las cadenas que mantienen a la gente pobre, atada, ciega y encarcelada. La espiritualidad cristiana se basa en la piedad tradicional y en las prácticas devocionales, pero estas no tienen ningún valor si no se basan también en la justicia, la paz y la liberación. Para vivir nuestro llamado evangélico como discípulos de Jesús en el mundo, necesitamos una comprensión más clara de la espiritualidad cristiana como una espiritualidad liberadora.

En este libro, me gustaría aclarar el concepto cristiano de espiritualidad, pero no para ofrecer una nueva definición del término, sino para ver qué es la espiritualidad y la forma como se pone en práctica en nuestro cotidiano. Este es un libro sobre cómo crecer en nuestra fe como cristianos para que verdaderamente podamos vivir nuestra espiritualidad como una vida guiada por el Espíritu de Jesús. Pero primero me gustaría ofrecer una historia muy breve del término y una descripción del mismo.

Breve historia del término

La “espiritualidad”, se ha dicho, es una disciplina antigua y a la vez nueva. Aunque el término fue acuñado en el cristianismo, es una experiencia mucho más antigua y amplia que la espiritualidad cristiana. De un modo u otro, la humanidad ha buscado siempre la vitalidad y la inspiración de la espiritualidad.

ESPIRITUALOGOS

Acuñé esta palabra hace unos años para distinguir a los teólogos especializados en el campo de la espiritualidad de los “teólogos de la espiritualidad”, que trabajan en el campo de la teología espiritual. Los espiritualogos son académicos dedicados a la promoción de la disciplina del estudio de la espiritualidad.

San Pablo anima a los fieles a ser “espirituales”, pero no encontramos la palabra “espiritualidad” en las Sagradas Escrituras. En español, la palabra existe únicamente desde el siglo XVI y, en inglés, spirituality solo se usa desde la primera mitad del siglo XX. Nadie sabe a ciencia cierta quién acuñó la palabra original en latín, spiritualitas. Los estudiosos de la espiritualidad o espiritualogos3 (ver recuadro) creen que lo más probable es que el término proceda de Fausto, obispo francés del siglo V, que la acuñó en una carta en la que exhortaba a un lector recién bautizado a “age ut in spiritualitatis”, a “actuar... en la espiritualidad” (en un sentido espiritual)4. Desde entonces, los cristianos utilizan la palabra latina spiritualitas para hablar del actuar en el Espíritu Santo o vivir una vida llena del Espíritu Santo. Originalmente, la espiritualidad era algo que tenían todos los cristianos bautizados, y se esperaba que crecieran en ella, pero con el tiempo se convirtió en un campo propio de cristianos especiales muy alejados de la vida cristiana ordinaria. En la Edad Media, la teología escolástica vio la spiritualitas como algo relegado a la interioridad emocional y a experiencias “especiales” separadas de lo cotidiano, de la vida pública y de la praxis social5.

Aunque un autor del siglo XIII tradujo la palabra spiritualitas al francés, no fue hasta el siglo XVI cuando se consideró que la spiritualitas es algo que los laicos pueden entender. Esto ocurrió cuando el franciscano fray Mariano de Florencia la tradujo al italiano para su obra sobre la vida espiritual, y más tarde se produjo sur traducción al español como “espiritualidad”. Con estas traducciones, spiritualitas atravesó un proceso lento y gradual de democratización, tras el cual, con el tiempo, llegó a ser entendida como algo que forma parte de todos los seres humanos, no solo de una élite cristiana.

Descripción de la espiritualidad

En los años veinte del siglo XX, spiritualitas se vertió al inglés como spirituality en la traducción de una obra de cuatro volúmenes del teólogo francés Pierre Pourrat sobre espiritualidad cristiana. Poco a poco, cada vez se usó más. Hubo libros y conferencias que incluían la palabra “espiritualidad” en sus títulos, y el término entró en el lenguaje popular en la segunda mitad del siglo XX. El uso generalizado de la palabra “espiritualidad” en diversos idiomas contemporáneos ha hecho que también la empleen muchos que no son cristianos. Lo que comenzó siendo una palabra cristiana se ha convertido en un término usado por muchas religiones y por muchos movimientos “religiosos” para significar una variedad de cosas según su relación con el mundo material. Muchos espiritualogos están tratando de ayudarnos a entender qué es la espiritualidad en términos cristianos. Su estudio ha llevado a hablar de espiritualidad en cuatro categorías de entendimiento: la realidad humana, la experiencia personal, las tradiciones comunitarias y la disciplina académica.

Realidad humana

“¡No nos hacemos espirituales! Somos espirituales”6. Dios sopló, ruah (espíritu/vida/aliento), en todos nosotros (Gn 2,7); por lo tanto, todas las personas somos seres espirituales (Homo spiritualis). En otras palabras, el espíritu es una parte muy importante de lo que somos como seres humanos. Esta realidad ontológica es una parte integrante de la antropología cristiana, porque, como imagen de Dios (imago Dei), el ser humano es “a la vez corporal y espiritual”7.

Experiencia personal

Las experiencias del espíritu o de la vida en el espíritu son experiencias de la vida de relación. Es en lo cotidiano, en el día a día de las relaciones, donde vive nuestro espíritu y es en nuestras acciones donde nuestro espíritu se manifiesta. En última instancia, si los humanos son espíritu, entonces toda la experiencia humana es de alguna manera espiritual.

La espiritualidad se describe a menudo como la vida en el espíritu. Esta descripción está muy bien; sin embargo, se plantea esta pregunta: “¿Qué espíritu?”. La espiritualidad es una realidad existencial constituida por la experiencia personal y comunitaria de ser movido por el espíritu humano, los espíritus angelicales o demoníacos, el espíritu de equipo, un espíritu patriótico, el espíritu de esta edad y/o el Espíritu Santo; por lo tanto, hay muchas espiritualidades.

Pablo acuñó el término “espiritual” para señalar al cristiano como una persona guiada por el Espíritu Santo, en contraste con el ser humano natural. Sin embargo, desde el Concilio Vaticano II, hemos descubierto que así como hay espiritualidades católicas, protestantes, franciscanas, jesuíticas, clericales y laicas –por citar algunas–, hay también espiritualidades judías, musulmanes e hindúes –por citar otras–. En el núcleo de cada tipo de espiritualidad está la experiencia tanto personal como comunitaria.

La experiencia también nos enseña a los cristianos que tenemos mucho en común con las espiritualidades de muchas religiones del mundo, sobre todo en el deseo de justicia, paz y liberación. El diálogo creciente con las diversas religiones de todo el mundo nos ayuda a descubrir que tenemos mucho que aprender de las espiritualidades de los demás. Tristemente, muchos cristianos también están tomando elementos de otras religiones y espiritualidades que no entienden ni respetan las doctrinas de los otros credos y utilizándolos para crear una doctrina que no solo sirve a sus necesidades individuales.

Tradiciones comunitarias

En este punto, para nuestros propósitos de explicación, y por mi propia experiencia, me centraré en la espiritualidad cristiana. En el corazón de la espiritualidad cristiana está la experiencia personal que tuvo Jesús de Dios como Abba y la misión que le llevó a la cruz y más allá de ella. Pero debido a que el cristianismo se convirtió en una espiritualidad comunitaria, su corazón también contiene la experiencia de los discípulos de Jesús que llegaron a verlo como el Cristo y Señor resucitado. Nuestra Tradición y nuestras costumbres cristianas nacen de esta experiencia compartida. Así que cuando hablamos de espiritualidad cristiana como vida en el espíritu, el espíritu en cuestión es nuestro espíritu dirigido por y en relación con el Espíritu de Jesús dentro de una comunidad cristiana.

La espiritualidad es una realidad comunitaria que trata con tradiciones y/o héroes (santos) religioso-culturales. Una verdadera espiritualidad cristiana requiere una contextualización, es decir, ocurre en nuestro contexto, en nuestro propio cotidiano, donde se encuentran nuestra cultura, nuestra religión y nuestra experiencia personal. Hoy en día, la espiritualidad es la base común de los tres componentes básicos que conforman la tradición: la cultura, la religión y la experiencia personal.

Disciplina académica

Los espiritualogos hablan de la espiritualidad como de una disciplina que puede ser estudiada de forma académica o científica. Algunos llaman a esta disciplina académica-científica “teología espiritual”, mientras que otros prefieren referirse a ella como “espiritualidad” o “estudio de la espiritualidad”.

Como cualquier otra ciencia, la teología espiritual tiene un objeto y un método de estudio8. Estudia (1) el itinerario (camino o viaje) espiritual y sus diferentes fases, (2) la realidad de la vida cristiana como un fenómeno espiritual vivido e histórico, y (3) la legitimidad de las diversas espiritualidades cristianas, el significado de su diversidad, los criterios de autenticidad y discernimiento, y su relación con la espiritualidad cristiana singular. Principalmente, esto se hace usando el método teológico de deducción especulativa de los principios en los que se basa y se vive la vida cristiana.

Según Sandra Schneiders, “espiritualidad” es el término más apropiado para la disciplina emergente, por cuatro razones:

Al igual que la psicología, la antropología, la sociología y otras ciencias humanas, tiene que desarrollarse libremente en cuanto a su objeto propio y sus enfoques académicos.Este nombre ayuda a evitar que el método teológico sea su enfoque académico primario en detrimento de las contribuciones interdisciplinares de otras ciencias, especialmente de las ciencias humanas.Es un término que en los últimos cuarenta o cincuenta años ha ganado uso popular entre los no católicos, por lo que no tiene la carga que posee el término teología, y puede facilitar el diálogo intercultural e interreligioso sobre el tema.A diferencia del misticismo, la espiritualidad representa la vivencia de la fe, la religión, la trascendencia y la búsqueda del sentido de la vida en nuestra propia cotidianidad9.

La espiritualidad es una labor autoimplicante e interdisciplinar y su estudio puede utilizar una variedad de métodos y disciplinas académicas, como la psicología, la historia y la teología. Al igual que cualquier otra ciencia, la espiritualidad tiene un sujeto y un método, pero el espiritualogo está íntimamente involucrado en el tema de estudio, es decir, la vida espiritual, el intento consciente de integrar la propia vida a través de la autotrascendencia y el esfuerzo por el máximo valor/significado de vida10. Para los espiritualogos cristianos, estudiar la vida en el Espíritu significa esto. Y hacerlo conforta y desafía al estudioso en su vida personal. Esto significa que el método de la espiritualidad es participativo o autoimplicante y que, al mismo tiempo, trata de apropiarse de lo que se aprende para ofrecerlo a un público más general, no solo a uno mismo11.

En última instancia, como la teología espiritual, la espiritualidad cristiana está interesada en ayudar a los cristianos a crecer en su vida espiritual, es decir, a crecer como cristianos en todo su cotidiano, y no solo en lo puramente “religioso”. La espiritualidad cristiana es una ciencia holística que toca todos los aspectos de la vida de una persona con la gracia del Espíritu.

La espiritualidad como un arte

Confieso que, como profesor, me gusta hablar de la espiritualidad como de una ciencia y que espero que mis alumnos hagan un trabajo crítico con la metodología. Pero en mi vida personal prefiero pensar en la espiritualidad cristiana como una forma de arte. Admito que una lectura histórica (no importa qué corta sea) del término espiritualidad y la consideración de la naturaleza ontológica, experiencial, comunitaria y académica de la asignatura pueden aspirar el viento de las velas de cualquiera. Las palabras científica y académica parecen expulsar al “Espíritu” fuera de la espiritualidad. Por esta razón, me gusta que el teólogo italiano Giovanni Moioli se refiera a la espiritualidad cristiana como una forma de arte12. Al igual que todas las formas de arte, la espiritualidad cristiana requiere práctica y estudio, pero en esencia es un don y una gracia que pueden ser ejercitados y desarrollados como cualquier otra habilidad artística.

Según los antiguos toltecas13 de México, el verdadero teólogo es el artista. Es el artista quien, en la pintura, la escultura, la poesía, el canto y la danza, puede explicar a Dios de una manera que la teología no puede. Una canción bonita, un baile elegante o una pintura vibrante pueden levantar el espíritu humano más que cualquier explicación doctrinal, exégesis bíblica o tratado teológico. Sin embargo, uno no se convierte en artista si no tiene talento. El talento no se puede aprender. Es un don de Dios. Puede, no obstante, ser mejorado y desarrollado con años de estudio y práctica.

El arte es también una ciencia y un campo académico. En él, los alumnos aprenden a analizar e investigar la obra de otros artistas. Aprenden a mirar más allá de la obra de arte, con el fin de ver su diseño, el equilibrio, la combinación de colores, la composición y el tema, y así consolidar y mejorar su propio talento. No se puede ser verdaderamente espiritual sin la gracia del Espíritu Santo. Además, uno se convierte en un gigante espiritual o en una figura de sabiduría solo a través del estudio y la práctica del arte de la espiritualidad, aprendiendo de los santos, de los maestros y maestras del pasado y de los practicantes del presente. Sin embargo, el estudio y la práctica de la espiritualidad son inútiles sin inspiración. La inspiración, al igual que su palabra raíz spiritus, sopla donde y cuando quiere, y hasta ese momento el artista sigue estudiando y practicando técnicas que le ayudarán a convertir los vientos de la inspiración en una canción, un silbido, un susurro o un gemido en los corazones de los que ven su arte.

Conclusión

La espiritualidad cristiana es un arte autoimplicante. Al leer sobre ella y estudiarla, nos desafía y nos consuela; se convierte en socioimplicante y nos mueve –más allá de la devoción– a la vida, a la acción, para liberarnos a nosotros y liberar a otros con el fin de que, juntos, podamos transformar el mundo.

En los siguientes capítulos, vamos a estudiar el arte de la espiritualidad cristiana liberadora y a reflexionar sobre su contexto, elementos, contenido, procesos y aspiraciones a la luz de la orientación de paz, justicia y liberación del Evangelio. De esta manera, vamos a responder a las siguientes preguntas:

¿Dónde se vive la espiritualidad? (capítulos 1 y 2: el camino y la realidad).¿Quién nos ayuda y desafía a crecer como cristianos? (capítulo 3: la familia de Dios).¿Qué conforma nuestra formación y crecimiento espiritual? (capítulo 4: La Palabra de Dios).¿Cómo podemos expresar y fortalecer nuestra vida espiritual cristiana? (capítulo 5: la liberación).¿Por qué la vivimos? ¿Cuál es nuestro objetivo final? (capítulo final).

La respuesta a estas preguntas nos dará una mejor apreciación del arte de la espiritualidad cristiana. Es una forma participativa de pintura en la que el artista usa los pinceles en el lienzo viviente que es la tradición espiritual de la comunidad. Cada uno de nosotros tiene la obligación de ser ese artista.

Diálogo sobre la introducción

Preguntas sobre el material

¿Cuáles son las cuatro categorías de entendimiento que se usan para hablar de la espiritualidad?

Según los teólogos latinos, ¿qué es la cotidianidad o lo cotidiano?

¿Cuándo y por qué se acuñó la palabra “espiritualidad”?

Preguntas sobre tu propia experiencia

¿Cómo defines o describes la espiritualidad?

¿Cuál es tu experiencia de la espiritualidad cristiana?

¿La lectura de este material ha “tocado” tu espiritualidad de alguna manera?

¿Qué tiene que ver la espiritualidad con tu llamado a ser cristiano en el mundo?

1 Estos resultados son de bing.com (http://www.bing.com), del 23 de abril de 2010.

2 Cf. Nanko-Fernández, “Lo cotidiano”, 158-160.

3 Cf. Cavazos-González, “Cotidianidad divina”, par. 8.

4 La carta fue escrita a un tal Tesifonte. La frase se encuentra en este parágrafo: “Gracias a la gracia, oh hermano digno y amado, cualquier motivo para las lágrimas ha sido eliminado en ti; por lo tanto, actúa, guárdate, corre, date prisa. Actúa de modo que crezcas en espiritualidad. Ten cuidado de no perder por imprudencia y negligencia el bien que has recibido. Corre para no olvidar, date prisa para comprender mejor... Mientras todavía tenemos tiempo, sembramos en el Espíritu a fin de recoger una cosecha de cosas espirituales”. Cf. Secondin, Spiritualitá in dialogo, 31. Esta y todas las demás traducciones del italiano y del inglés son mías.

5 Sería negligente si no mencionara que, al mismo tiempo, en el sentido jurídico del término, “espiritual” se usó para referirse a las cosas o personas que pertenecen a la Iglesia o están consagradas al servicio de Dios.

6 Rieman, “Spirituality”, 78.

7Catecismo de la Iglesia católica, art. 362. (En adelante, CIC, seguido del número del artículo citado.)

8 Moioli, “Teologia spirituale”, 1602, 1608.

9 Cf. Schneiders, “Spirituality in the Academy”, 690-691.

10 Cf. ibíd., 678; Frohlich, “Spiritual Discipline”, 65-78.

11 Dependiendo del clásico espiritual en estudio, los espiritualogos utilizan una variedad de métodos, que incluyen el hermenéutico, el teológico, el histórico, el antropológico y el apropiativo. Cf. Michael Downey, UnderstandingChristian Spirituality, 123-131.

12 Giovanni Moioli, “Teologia spirituale”, 1.602.

13 Los toltecas fueron una tribu náhuatl que vivía en lo que hoy es la ciudad de México. Fueron derrotados por los aztecas, pero como su pensamiento, religión y poesía eran superiores a los de sus vencedores, estos optaron por incorporarlos a su propia civilización, algo muy similar a lo que los romanos hicieron con la filosofía y el arte griegos. Cf. Ward, “From the ‘People’”, 225-231.

1 El camino espiritual