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"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Se podría transferir parcialmente esta frase del escritor colombiano Gabriel García Márquez a los evangelios. La persona de Jesús no se agota en ninguno de ellos y cada evangelio representa un modo de recordar y de contar, una manera de aproximarse y de vivenciar el misterio. Mateo cincela magistralmente pasaje a pasaje los sesgos de un Jesús polarizado por el sueño de Dios y de una comunidad creyente comprometida hasta la médula por vivir este apasionante proyecto. Embarcarse en la lectura de este evangelio es lanzarse a la aventura de ser encontrados y tocados por la Palabra.
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Seitenzahl: 1031
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Introducción
1. Autor, lector, lugar y fecha de composición
1.1. Mateo, autor implícito y autor explícito
1.2. Lugar y fecha de composición y lector implícito
2. Dimensión literaria del evangelio
2.1. Características literarias del evangelio
2.1.1. Características estilísticas
2.1.2. Elementos estructurales relevantes
2.2. Estructura del evangelio de Mateo
2.2.1. Identidad de Jesús (Mt 1,1–4,11)
2.2.2. Proclamación del Reino con palabras y obras (Mt 4,22–16,20)
2.2.3. Revelación del misterio (Mt 16,21–28,20)
3. Dimensión diacrónica del evangelio de Mateo
3.1. La cuestión sinóptica
3.2. Mateo y los sinópticos
4. Nudos teológicos y temáticos del evangelio de Mateo
4.1. Cristología
4.1.1. Designación de Jesús
4.1.2. Jesús, Dios con nosotros
4.2. Eclesiología
4.2.1. Comunidad fraterna y radicalismo evangélico
4.2.2. Iglesia, Israel y naciones
5. Bibliografía
6. Pautas de lectura y organización del comentario
PRIMERA PARTE.Identidad de Jesús(Mt 1,1–4,11)
A. Relatos de la infancia (Mt 1–2)
1. Genealogía de Jesús (Mt 1,1-17)
2. Generación de Jesús (Mt 1,18-25)
3. Adoración de los magos (Mt 2,1-12)
4. Matanza de los niños (Mt 2,13-23)
B. Jesús, el Hijo de Dios (Mt 3,1–4,11)
1. Juan Bautista y su mensaje (Mt 3,1-12)
2. Bautismo de Jesús (Mt 3,13-17)
3. Jesús tentado en el desierto (Mt 4,1-11)
SEGUNDA PARTE.Proclamación del Reino con palabras y obras(Mt 4,12–16,20)
Comienzo de la predicación de Jesús en Galilea (Mt 4,12-22)
1. En Galilea según las Escrituras (Mt 4,12-17)
2. La llamada de los primeros discípulos (Mt 4,18-22)
A. Con palabras y obras (Mt 4,23–9,35)
1. Sumario (Mt 4,23-25)
2. Sermón de la Montaña (Mt 5–7)
2.1. Introducción al sermón de la Montaña (Mt 5,1-16)
2.1.1. Marco narrativo (Mt 5,1-2)
2.1.2. Las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12)
2.1.3. Ser sal y luz (Mt 5,13-16)
2.2. Ley y Jesús (Mt 5,17-48)
2.2.1. No abolición, sí cumplimiento (Mt 5,17-20)
2.2.2. Las seis antítesis (Mt 5,21-48)
2.3. Relación con Dios (Mt 6,1-18)
2.3.1. La limosna (Mt 6,1-4)
2.3.2. La oración (Mt 6,5-15)
2.3.3. El ayuno (Mt 6,16-18)
2.4. Instrucciones a la comunidad (Mt 6,19–7,12)
2.4.1. Acumular bienes terrenos (Mt 6,19-24)
2.4.2. El Reino y su justicia (Mt 6,25-34)
2.4.3. No juzgar (Mt 7,1-5)
2.4.4. Echar perlas a los cerdos (Mt 7,6)
2.4.5. Exhortación a orar (Mt 7,7-11)
2.4.6. Regla de oro (Mt 7,12)
2.5. Exhortaciones finales (Mt 7,13-29)
2.5.1. Dos puertas (Mt 7,13-14)
2.5.2. Dos árboles: falsos y verdaderos profetas (Mt 7,15-20)
2.5.3. Dos construcciones (Mt 7,21-27)
2.5.4. Conclusión final (Mt 7,28-29)
3. Milagros de Jesús (Mt 8,1–9,35)
3.1. Primer grupo de milagros (Mt 8,1-22)
3.1.1. Curación de un leproso (Mt 8,1-4)
3.1.2. Curación de un paralítico (Mt 8,5-13)
3.1.3. Curación de la suegra de Pedro (Mt 8,14-17)
3.1.4. El seguimiento y sus condiciones (Mt 8,18-22)
3.2. Segundo grupo de milagros (Mt 8,23–9,17)
3.2.1. Tempestad calmada (Mt 8,23-27)
3.2.2. Los endemoniados de Gadara (Mt 8,28–9,1)
3.2.3. Curación del paralítico y controversia con los escribas (Mt 9,2-8)
3.2.4. Vocación de Mateo y controversia con los fariseos (Mt 9,9-13)
3.2.5. Controversia con los discípulos de Juan (Mt 9,14-17)
3.3. Tercer ciclo de milagros (Mt 9,18-34)
3.3.1. Curación de la hija de un dirigente y de la hemorroísa (Mt 9,18-26)
3.3.2. Curación de dos ciegos (Mt 9,27-31)
3.3.3. Curación de un sordomudo (Mt 9,32-34)
3.4. Sumario conclusivo (Mt 9,35)
B. Misión y reacciones (Mt 9,36–12,50)
1. La misión de los discípulos (Mt 9,36–10,42)
1.1. Introducción al discurso (Mt 9,36–10,5a)
1.1.1. Situación del pueblo (Mt 9,36-38)
1.1.2. Autoridad y envío de los doce (Mt 10,1-5a)
1.2. La misma misión de Jesús (Mt 10,5b-15)
1.3. El mismo destino de Jesús (Mt 10,16-42)
1.3.1. Persecución y entrega de los discípulos (Mt 10,16-23)
1.3.2. Como el maestro (Mt 10,24-25)
1.3.3. No les tengáis miedo (Mt 10,26-33)
1.3.4. Consecuencias familiares del ser discípulos (Mt 10,34-39)
1.3.5. Acogida de los discípulos (Mt 10,40-42)
1.3.6. Conclusión del discurso a los discípulos (Mt 11,1)
2. Reacciones ante el mensaje (Mt 11,2–12,50)
2.1. Jesús y Juan Bautista (Mt 11,2-19)
2.1.1. La pregunta del Bautista (Mt 11,2-6)
2.1.2. Identidad de Juan Bautista (Mt 11,7-15)
2.2. Cerrazón de Israel (Mt 11,16-30)
2.2.1. Una generación obstinada (Mt 11,16-19)
2.2.2. Acusación y llamada a la conversión (Mt 11,20-24)
2.2.3. Invitación de Jesús (Mt 11,25-30)
2.3. El conflicto con los fariseos (Mt 12,1-50)
2.3.1. El sábado de Jesús (Mt 12,1-21)
2.3.2. Nuevas controversias con los fariseos (Mt 12,22-50)
C. Jesús va formando a su propia comunidad (Mt 13,1–16,20)
1. Sección de parábolas (Mt 13,1-53)
1.1. Introducción (Mt 13,1-3a)
1.2. Parábolas dirigidas a la gente (Mt 13,3b-43)
1.2.1. El sembrador y la tierra (Mt 13,3b-23)
1.2.2. El crecimiento del Reino (Mt 13,24-43)
1.3. Parábolas dirigidas a los discípulos (Mt 13,44-53)
1.3.1. El tesoro y la perla (Mt 13,44-46)
1.3.2. La red de pescar (Mt 13,47-50)
1.3.3. Sacar del arcón cosas nuevas y antiguas (Mt 13,51-52)
2. Nueva serie de reacciones (Mt 13,53–16,20)
2.1. Muerte de Juan Bautista (Mt 13,53–14,33)
2.1.1. En la sinagoga de Nazaret (Mt 13,53-58)
2.1.2. Recuerdo del asesinato del Bautista (Mt 14,1-12)
2.1.3. Multiplicación de los panes (Mt 14,13-21)
2.1.4. Primera confesión sobre el Hijo de Dios (Mt 14,22-33)
2.2. Nueva disputa y retirada (Mt 14,34–15,39)
2.2.1. Curaciones en Genesaret (Mt 14,34-36)
2.2.2. Lo puro y lo impuro (Mt 15,1-20)
2.2.3. La mujer cananea (Mt 15,21-28)
2.2.4. Otras curaciones y segunda multiplicación (Mt 15,29-39)
2.3. Segunda demanda de señales y confesión de Pedro (Mt 16,1-20)
2.3.1. Demanda de señales (Mt 16,1-4)
2.3.2. La doctrina de los fariseos y de los saduceos (Mt 16,5-12)
2.3.3. Segunda confesión (Mt 16,13-20)
TERCERA PARTE.Revelación del misterio: pasión, muerte y resurrección(Mt 16,21–28,20)
A. Hacia Jerusalén (Mt 16,21–20,34)
1. Comienzo de los anuncios de la pasión (Mt 16,21–17,27)
1.1. Primer anuncio de la pasión (Mt 16,21-28)
1.2. La transfiguración (Mt 17,1-13)
1.3. La fuerza de la fe (Mt 17,14-21)
1.4. Segundo anuncio de la pasión (Mt 17,22-23)
1.5. Sobre el impuesto (Mt 17,24-27)
2. Discurso sobre la comunión (Mt 18,1-35)
2.1. Solidaridad con los pequeños (Mt 18,1-14)
2.1.1. El más grande en el Reino de los cielos (Mt 18,1-5)
2.1.2. Advertencia (Mt 18,6-9)
2.1.3. La oveja perdida (Mt 18,10-14)
2.2. El perdón (Mt 18,15-35)
2.2.1. Si tu hermano peca contra ti (Mt 18,15-20)
2.2.2. Perdón sin límites (Mt 18,21-22)
2.2.3. Parábola de la deuda perdonada (Mt 18,23-35)
3. La nueva comunidad (Mt 19,1–20,34)
3.1. Sobre el divorcio (Mt 19,1-12)
3.2. Jesús y los niños (Mt 19,13-15)
3.3. El joven rico (Mt 19,16-30)
3.4. Los jornaleros de la viña (Mt 20,1-16)
3.5. Tercer anuncio de la pasión (Mt 20,17-19)
3.6. ¿Podréis beber el cáliz? (Mt 20,20-28)
3.7. Curación de los dos ciegos (Mt 20,29-34)
B. Confrontación de Jesús en Jerusalén (Mt 21,1–25,46)
1. Primer día en Jerusalén (Mt 21,1-17)
2. Segundo día en Jerusalén (Mt 21,18–22,46)
2.1. La higuera seca (Mt 21,18-22)
2.2. Tres parábolas acusatorias (Mt 21,23–22,14)
2.2.1. ¿Con qué autoridad? (Mt 21,23-32)
2.2.2. Parábola de los viñadores (Mt 21,33-46)
2.2.3. La parábola de la boda del hijo del rey (Mt 22,1-14)
2.3. Disputas en Jerusalén con los distintos grupos (Mt 22,15-45)
2.3.1. Sobre el tributo al César (Mt 22,15-22)
2.3.2. La resurrección de los muertos (Mt 22,23-33)
2.3.3. Sobre los grandes preceptos (Mt 22,34-40)
2.3.4. Sobre el Hijo de David (Mt 22,41-46)
3. Invectivas contra escribas y fariseos (Mt 23,1–24,2)
3.1. Contra la hipocresía (Mt 23,1-12)
3.2. Siete ¡ayes! (Mt 23,13-33)
3.3. Juicio sobre Israel (Mt 23,34-39)
3.4. Jesús deja el Templo (Mt 24,1-2)
4. Discurso escatológico (Mt 24,3–25,46)
4.1. El fin de los tiempos (Mt 24,3-31)
4.2. Últimas exhortaciones sobre la parusía (Mt 24,32–25,30)
4.2.1. Comparación con la higuera (Mt 24,32-35)
4.2.2. Exhortación a la vigilancia (Mt 24,36-41)
4.2.3. Primera parábola: el ladrón (Mt 24,42-44)
4.2.4. Segunda parábola: el mayordomo (Mt 24,45-51)
4.2.5. Tercera parábola: las diez muchachas (Mt 25,1-13)
4.2.6. Parábola de los talentos (Mt 25,14-30)
4.3. El juicio final (Mt 25,31-46)
C. Pasión, muerte y resurrección (Mt 26,1–28,20)
1. Pasión y muerte (Mt 26,1–27,66)
1.1. Conspiración contra Jesús y preámbulos de la pasión (Mt 26,1-16)
1.1.1. Decreto de muerte (Mt 26,1-5)
1.1.2. Unción en Betania (Mt 26,6-13)
1.1.3. Traición de Judas (Mt 26,14-16)
1.2. Última cena pascual (Mt 26,17-29)
1.2.1. Preparativos de la cena (Mt 26,17-19)
1.2.2. Anuncio de la traición de Jesús (Mt 26,20-25)
1.2.3. La última cena (Mt 26,26-29)
1.3. Getsemaní (Mt 26,30-56)
1.3.1. Anuncio del abandono de los discípulos (Mt 26,30-35)
1.3.2. Oración en Getsemaní (Mt 26,36-46)
1.3.3. Prendimiento de Jesús (Mt 26,47-56)
1.4. Jesús ante la autoridad judía (Mt 26,57–27,10)
1.4.1. Jesús ante el sumo sacerdote (Mt 26,57-68)
1.4.2. Negaciones de Pedro (Mt 26,69-75)
1.4.3. Sentenciado a muerte (Mt 27,1-2)
1.4.4. Muerte de Judas (Mt 27,3-10)
1.5. Jesús y el proceso romano (Mt 27,11-31)
1.5.1. Jesús ante Pilato (Mt 27,11-26)
1.5.2. Burla de los soldados (Mt 27,27-31)
1.6. Crucifixión, muerte y sepultura (Mt 27,32-61)
1.6.1. Camino del Calvario y crucifixión (Mt 27,32-38)
1.6.2. Burla en la cruz (Mt 27,39-44)
1.6.3. Muerte de Jesús (Mt 27,45-56)
1.6.4. Sepultura de Jesús (Mt 27,57-61)
2. Resurrección de Jesús (Mt 27,62–28,20)
2.1. Custodia del sepulcro (Mt 27,62-66)
2.2. Las mujeres en la tumba (Mt 28,1-8)
2.3. Encuentro con Jesús Resucitado (Mt 28,9-10)
2.4. Soborno de los guardias (Mt 28,11-15)
2.5. Encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos (Mt 28,16-20)
Bibliografía
Créditos
Los evangelios, como cualquier obra de arte, deslumbran por su arquitectura y su trabazón al contemplarlos ya desde fuera. Mateo no es una excepción. Atisbar la composición de su obra causa un cierta perplejidad y conmoción y prepara para afrontar la aventura que alberga dentro de sus páginas. Este es el objetivo de la presente introducción, observar los pilares arquitectónicos sobre los que se asienta la obra mateana, de manera que podamos comprender mejor su interior. Para alcanzar esta meta ofrecemos algunas claves que respectan tanto a la dimensión espacio-temporal, literaria, diacrónica como a la teológica del evangelio.
Toda obra literaria tiene una entidad en sí misma. En este sentido, se puede leer sin necesidad de datos externos. Ahora bien, si se quiere conocer en profundidad una obra resulta imprescindible abordar la cuestión del autor, del lector, así como de la fecha y el lugar de composición, ya que todos estos elementos se hallan latentes en el texto y en algunos casos son decisivos para una correcta interpretación.
AGUIRRE MONASTERIO, R., y RODRÍGUEZ CARMONA, A., Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 341-361.
CARTER, W., Mateo y los márgenes. Una lectura socio-política y religiosa, Comentarios al Nuevo Testamento, Estella 2007, 27-98.
HERAS OLIVER, G., Jesús según San Mateo. Análisis narrativo del primer evangelio, Pamplona 2001, 181-240.
QUESNEL, M., Jesucristo según San Mateo, Estella 1993, 205-224.
SEGUNDO, J. L., El caso Mateo. Los comienzosde una ética judeocristiana, Santander 1994, 22-65.
SKA, J. L., «Nuestros padres nos contaron». Introducción al análisis de los relatos del AT, CB 155, Estella 2012, 40-80.
El método narrativo distingue entre narrador, autor real y autor implícito. El narrador no coincide con el autor en cuanto que el narrador es un artificio literario que tiene como función ser la voz que guía la lectura del relato. El autor real es la persona que ha escrito el texto. Mientras que el autor implícito es el «autor accesible» a partir del relato. Esto es, el autor está presente en su obra y podemos encontrar sus huellas a lo largo del texto. Entre los tres se establecen relaciones, pues siendo el narrador la voz que guía al lector en muchos casos deja traslucir la ideología y los sentimientos del autor implícito. Ahora bien, aunque el autor implícito nos proporciona información sobre el autor real, a partir del texto no podemos reconstruir su biografía. Y este es el problema y una de las cuestiones abiertas que encontramos respecto a Mateo.
La tradición señala como «autor real» del primer evangelio a Mateo. Todos los testimonios, exceptuando el de San Jerónimo, son recogidos por Eusebio de Cesarea en su obra Historia Eclesiástica. Aunque Eusebio de Cesarea es del s. III-IV d.C., sus testimonios se remontan al s. II d.C. En concreto, el primer testimonio que recoge acerca de Mateo es el de Papías, que fue obispo de Hierápolis de Frigia y que se ubica hacia el año 130 (Hist. Ecl. III, 39,16). Otros testimonios que atribuyen este evangelio a Mateo recogidos igualmente por Eusebio de Cesarea son el de Ireneo (Hist. Ecl. V, 8,2), el de Orígenes (Hist. Ecl. VI 25,4) y el de él mismo que también considera a Mateo como autor del primer evangelio (Hist. Ecl. III, 24,6). Hacia el s. IV-V d.C. contamos con otra atestación, la de Jerónimo (De Viris Illustribus, 3).
Si estos datos de la tradición consideran que Mateo es el «autor real» de la obra, lo que se desprende en el evangelio acerca del «autor implícito» es otra cosa. Es decir, hoy en día la mayor parte de los exégetas que estudian este evangelio consideran difícil que el «autor real» fuera un testigo presencial de los acontecimientos que se narran. Que se atribuya a Mateo se explicaría por las citas de Mt 9,9 y de Mt 10,3 donde se relata la vocación de Leví y luego reaparece en la lista de los Doce. El fenómeno de la seudonimia era algo corriente en aquella época y no suponía, como en nuestros días, usurpar los «derechos de autor». Por tanto, actualmente se piensa que el autor de este escrito es un judeocristiano anónimo. Esto es, un cristiano proveniente del judaísmo. Aun con todo se trata de una cuestión abierta.
Al igual que se distingue entre «autor real» y «autor implícito», también el método narrativo distingue entre el «lector real» y «el lector implícito». El primero es el lector contemporáneo al autor, a quien va dirigido el texto y al que no podemos llegar íntegramente a través de la narración. El segundo es el «lector ideal» que responde a las expectativas del autor o aquel que se halla presente y latente en la obra.
Si la tradición atribuía la autoría a Mateo, en referencia al destinatario no tenemos datos externos. Solamente contamos con el testimonio del primer Padre de la Iglesia que usa por tres veces material que solo se halla en Mateo. Se trata de Ignacio de Antioquía. Este, junto a otros indicios intratextuales, lleva a la mayor parte de los exégetas a la conclusión que el evangelio debió tener su origen en Antioquía de Siria.
Rafael Aguirre recoge las razones que se esgrimen: a) es el único evangelio donde se indica la actividad de Jesús en Siria (Mt 4,21); b) siendo Antioquía uno de los grandes centros culturales y una gran urbe es el lugar propicio para que a Mateo le pudiera llegar el evangelio de Marcos y el material de la así llamada fuente Q; c) la tipología de iglesia que refleja el evangelio así como el doble frente que se debate en el mismo (problemas con el judaísmo y el mundo pagano) se explica bien en la Iglesia de Antioquía; d) el realce de la figura de Pedro en el evangelio es otro de los indicios de su origen antioqueno.
El «lector implícito» que se trasluce a partir del texto y con ello las características de la comunidad que tiene en mente el autor muestra una iglesia de corte judeocristiana con problemas hacia fuera y hacia dentro. Por una parte, se respira a lo largo del evangelio la polémica con los judíos, en concreto con el grupo fariseo, lo que lleva a pensar que ya se hubiera dado la expulsión de los cristianos de la sinagoga. De hecho, el tema de la persecución se encuentra muy presente. Por otra parte, se halla implícita la preocupación por el dar fruto, por estar atentos a los pequeños, por tener cuidado con aquellos que propagan otras doctrinas, etc.
Estos datos internos junto con otras evidencias apuntan a que el evangelio tuvo que ser posterior a la destrucción del templo. Esto es, el 70 d.C. Ahora bien, el hecho de que el evangelio sea conocido por Ignacio de Antioquía, probablemente por la Didajé y por 1 Pedro, llevan a precisar mejor la datación que se coloca un poco después del 80 d.C. Aun con todo, existen otras opiniones al respecto.
Si quieres profundizar sobre esta cuestión puedes consultar el manual de R. Aguirre y A. Rodríguez Carmona, donde se halla un análisis más pormenorizado de estas cuestiones. R. AGUIRRE MONASTERIO, «Dimensión socio-histórica», en R. AGUIRRE MONASTERIO y A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 341-361.
Un autor que realiza una magnífica introducción sobre la situación socio-religiosa de la comunidad de Antioquía es Warren CARTER, en Mateo y los márgenes. Una lectura socio-política y religiosa, Comentarios al Nuevo Testamento, Estella 2007, 27-98.
Además de la dimensión socio-histórica para comprender una obra es imprescindible la dimensión literaria. Es decir, el evangelio de Mateo es un producto literario concebido y bien trabado. Comprender su arquitectura nos capacita para entender mejor su contenido. Por eso, en este segundo apartado profundizaremos en las características literarias del evangelio así como en su estructura.
El evangelio es una obra narrativa que tiene como hilo conductor el nacimiento, vida, muerte y resurrección de Jesús. Ahora bien, no se trata simplemente de una biografía sino del anuncio de una buena noticia y con ello de una propuesta de fe y de vida. Por el material compartido y la organización del mismo es consensuado que Mateo asume Marcos como obra de referencia y accede a una fuente complementaria llamada Q, que comparte con Lucas. Ahora bien, el hecho de disponer de un material común no menoscaba la labor de redacción efectuada por Mateo que muestra características propias.
ALONSO SCHÖKEL, L., Manual de poética hebrea, Madrid 1988, 69-85.
AGUIRRE MONASTERIO, R., y RODRÍGUEZ CARMONA, A., Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 265-306.
BACON, B. W., «The Five Books of Matthew Against the Jews», Expositor 15 (1918) 56-66.
BENOIT, P., L’évangile selon Saint Matthieu, París 1950.
COMBRINK, H. J. B., «The Structure of the Gospel of Mathew as Narrative», TynB 34 (1983) 61-90.
GNILKA, J., Das Matthäusevangelium, I. Teil. Kommentar zu Kap. 1,1–13,58, Friburgo de Brisgovia 1986.
HERAS OLIVER, G., Jesús según San Mateo. Análisis narrativo del primer evangelio, Pamplona 2001, 241-271.
QUESNEL, M., Jesucristo según San Mateo, Estella 1993, 168-184.
En este punto vamos abordar las características estilísticas de Mateo, así como los elementos literarios estructurales que son relevantes en su evangelio y que nos ayudarán a la hora de comprender la organización interna del mismo.
El evangelio de Mateo es el más semítico, no solo por su recurso frecuente al AT sino por sus procedimientos estilísticos y literarios. Entre ellos se observan los siguientes:
La inclusión es una figura literaria que consiste en la repetición de palabras, expresiones o elementos claves al principio y al final. Puede tratarse de una «macroinclusión», por ser el principio y final del evangelio, como sucede con el nombre Enmanuel (Mt 1,23; 28,20); o bien de inclusiones que delimitan una sección, como los dos sumarios de Mt 4,23 y Mt 9,35 que enmarcan Mt 5–9 y que conforman todo un programa en estos cinco capítulos.
Se trata de un recurso muy utilizado en la poesía hebrea que consiste en la repetición de una idea bien a partir de construcciones sintácticas que a nivel semántico son: equivalentes (paralelismo sinonímico); antitéticas (paralelismo antitético); o bien, cuando el segundo miembro presenta una especie de desarrollo o profundización del primero (paralelismo sintético). Por ejemplo:
– Paralelismo sinonímico:
Amad
a vuestros enemigos
y orad
por vuestros perseguidores (Mt 5,44)
– Paralelismo antitético:
Así, todo
árbol bueno
da frutos buenos
pero el árbol malo
da frutos malos (Mt 7,17)
– Paralelismo progresivo o sintético:
El que os recibe
a vosotros,
me recibe a mí;
y el que me
recibe a mí
recibe al que me ha enviado (Mt 10,40)
En algunas ocasiones la estructura no aparece en paralelo sino en forma de quiasmo, esto es, concéntrica o bien con el orden invertido. Así por ejemplo Mt 10,39:
El que encuentre
su vida (a)
la perderá; (b)
y el que perdió
su vida por mí (b)
la encontrará (a)
Si te interesa profundizar en esta técnica existe un pequeño manual de poesía hebrea realizado por un gran exégeta, Luis Alonso Schökel, que presenta algunos ejemplos referidos al Antiguo Testamento. Cf. L. ALONSO SCHÖKEL, Manual de poética hebrea, Madrid 1988, 69-85.
Los reagrupamientos numéricos son otra técnica de composición, ya que bien sirven para articular secciones menores o, incluso, pasajes. En Mateo los números con mayor importancia son el 3 y el 7. Estos se dan cita en la genealogía pues se articula en 3 fases cada una de 14 (7 x 2) generaciones (Mt 1,1-18). Tres son las apariciones del ángel en los relatos de la infancia (Mt 1,18–2,23), tres las tentaciones (Mt 4,1-11). Los capítulos 8 y 9 se articulan en tres ciclos de tres milagros cada uno. En Mt 19–22 se encuentran tres anuncios de la pasión. También Pedro le negará tres veces (Mt 27,69-75).
Respecto al número siete como elemento articulador de secciones o pasajes cabe notar las siete parábolas del discurso de Mt 13, así como los siete ¡ayes! o invectivas contra los fariseos en Mt 23. Pero también como número que expresa plenitud se halla en otros episodios. Así pues, en Mt 12,45 se habla de siete espíritus que intentan entrar en la casa; en Mt 15,34-37 aparecen siete panes, siete peces y siete cestas; en Mt 18,22 Jesús indica que tienen que perdonar hasta setenta veces siete; y en Mt 22,25 se pone la conjetura de los siete hermanos que se casaron con la misma mujer.
El fenómeno de la repetición de fórmulas o palabras es una manera de ir dotando al texto de cohesión. A lo largo del análisis de los textos iremos evidenciando este fenómeno en el apartado «contexto», de manera que en lo concreto se pueda observar los «ganchos» redaccionales que se entablan tanto con lo precedente como con lo que sigue, así como las palabras claves que hacen un guiño a otros pasajes y confieren unidad al relato.
Además de este tipo de repeticiones, usuales no solo en Mateo sino en general en la Escritura, cabe reseñar la repetición de fórmulas que son características de este evangelista. Así pues, encontramos las llamadas «citas de cumplimiento» que se caracterizan por el estribillo: «para que se cumpliera la Escritura» (Mt 1,22; 2,5.15.17.23; 4,14; 8,17; 12,17; 13,14.35; 21,4; 27,9) y que tienen especial importancia en los relatos de la infancia (Mt 1–2). Otra fórmula importante a nivel estructural es la que se encuentra al final de los discursos de Jesús con ligeras variaciones: Cuando terminó de dar instrucciones... (Mt 7,28; 11,1; 13,53; 19,1; 26,1).
En el apartado anterior hemos puesto de relieve algunos recursos estilísticos de Mateo. Aunque en este punto seguimos en el mismo ámbito, el énfasis se coloca ahora en aquellos elementos relevantes a nivel organizativo, ya que estos nos permitirán hacer una propuesta de estructura.
El evangelio de Mateo se caracteriza por cinco grandes discursos que en cierto modo muestran una estructura concéntrica. Algunos autores ven en el número cinco la alusión a los cinco libros de la Ley (Pentateuco). Como hemos indicado en el apartado anterior, estos discursos se cierran con una fórmula que presenta pocas variaciones (cuando terminó de dar instrucciones...), si bien en último discurso se añade «todos» y, por este motivo, resulta significativo: y sucedió que cuando Jesús acabó todos estos discursos (Mt 26,1).
– Discurso de la montaña (Mt 5–7)
– Discurso misionero (Mt 10)
– Discurso en parábolas (Mt 13)
– Discurso eclesial (Mt 18)
– Discurso escatológico (Mt 24–25)
Mientras los discursos de Mt 10 y Mt 18 son de corte eclesial, pues uno trata de la misión (ad extra) y otro de las relaciones comunitarias (ad intra), el sermón de la montaña (Mt 5–7) y el escatológico (Mt 24–25) se ubican en un monte y versan sobre la relación con Dios y con los hermanos. El discurso que ocupa el lugar central (Mt 13) está constituido por siete parábolas acerca del Reino de los cielos.
Intercalando con los discursos a lo largo del evangelio encontramos siete secciones narrativas que se unen a ellos a través de nexos temporales, espaciales o causales.
– Relatos de los orígenes (Mt 1–2)
– Tríptico inicial: predicación del Bautista, bautismo de Jesús y tentaciones (Mt 3–4)
– Serie de milagros (Mt 8–9)
– Primera serie de reacciones (Mt 11–12)
– Segunda serie de reacciones y formación de los discípulos (Mt 14–17)
– Camino hacia Jerusalén y anuncios de la pasión (Mt 19–22)
– Pasión, muerte y resurrección (Mt 26–28)
Existe una gran inclusión cristológica y otra en referencia a la misión. La inclusión cristológica se halla en Mt 1,23 y Mt 28,20. En la primera citando al profeta Isaías, se dice: Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo y se le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios con nosotros». Mientras que al final del evangelio, el resucitado se auto-presenta como un «Dios con nosotros»: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo! (Mt 28,20).
La inclusión acerca de la misión reside en que el mandato a los discípulos por parte del resucitado es «ir» a todas las naciones (Mt 28,19-20). Algo que contrasta con los primeros capítulos en el que los magos, representantes de las naciones, «vienen» a adorarlo (Mt 2,1-12). Como afirma J. Gnilka, se trata de una misión centrífuga y centrípeta que se abre a todas las naciones.
Otro elemento con una función estructural son los dos sumarios prácticamente idénticos de Mt 4,23 y Mt 9,35. Además de ser una inclusión que confina la sección de Mt 5–9, también la articula en cuanto que los verbos con que se describe la actividad de Jesús se reconducen a tres: enseñar, proclamar y curar. Si el discurso de la montaña pone de relieve el elemento del «enseñar» (Mt 5–7), la sección de los milagros pone el de «curar» (Mt 8–9), sendas actividades son una «proclamación» del reino.
Mt 4,23
Y recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Mt 9,35
Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas, proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia.
En Mt 4,17 y en Mt 16,21 se halla una fórmula que tiene un valor estructural. Como se puede apreciar, no es solo significativa la repetición desde entonces comenzó Jesús sino los verbos empleados. Pues «proclamar» el Reino (Mt 4,17) sintetiza la actividad en el entorno de Galilea, mientras «revelar» marca el camino de Galilea a Jerusalén donde se sucederán los tres anuncios de la pasión. Estos dos cortes temporales unidos al criterio geográfico son relevantes.
Mt 4,17:
Desde entonces comenzó Jesús a proclamar
Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς κηρύσσειν
Mt 16,21:
Desde entonces comenzó Jesús a revelar
Ἀπὸ τότε ἤρξατο ὁ Ἰησοῦς δεικνύειν
Los primeros manuscritos que nos han llegado no están separados por versículos ni tan siquiera por parágrafos o secciones. Tampoco los evangelistas pusieron un título a cada pasaje o lo delimitaron. Es decir, la forma de presentar una obra no es como la nuestra. De hecho, nos llega todo el texto seguido. Ahora bien, esto no significa que el autor no tuviera en mente una cierta arquitectura y organización del relato. Dado que no se utilizaban las cursivas, ni las negrillas, etc., una forma de indicarlo es a través de los recursos que hemos ido señalando en el apartado anterior. Sin embargo, el problema es que aunque casi todos los autores reconocen los elementos estructurales presentes en Mateo, no se llega a la misma conclusión a la hora de proponer una estructura.
Para algunos estudiosos es crucial la alternancia entre narraciones y discursos como elementos que articulan el evangelio. Dentro de esta opción existen diferentes propuestas. Así por ejemplo P. Benoit considera que, enmarcado entre un prólogo (Mt 1–2) y un epílogo (Mt 26–28), el evangelio se organiza en cinco grandes secciones donde la parte narrativa precede a los discursos: a) Mt 3–7; b) Mt 8–10; c) Mt 11–13; d) Mt 14–18; e) Mt 19–15. En cambio, otros estudiosos como B. W. Bacon, consideran precisamente lo contrario: el discurso antecede a la parte narrativa. Mientras que H. J. B Combrink a partir de los discursos presenta una estructura concéntrica. Existen otras propuestas en base a criterios geográficos o lingüísticos.
Si quieres formarte una idea mayor en referencia a esta cuestión puedes consultar R. AGUIRRE MONASTERIO, «Dimensión literaria», en R. AGUIRRE MONASTERIO y A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 294-302.
Nosotros compartimos con otros autores una estructura elástica que combine diferentes criterios (espacio, tiempo, temática, etc.). Por eso, tomando la ruptura temporal (Mt 4,22 y Mt 16,21), unida a la temática y el elemento geográfico (Galilea, camino, Jerusalén) consideramos que el evangelio de Mateo se puede dividir en tres partes. A continuación ofrecemos los criterios mayores de subdivisión de cada parte y a lo largo del comentario se irán especificando los criterios de subdivisión y delimitación de cada unidad menor.
Mt 1,1–4,11
Identidad de Jesús
Mt 4,22–16,20
Proclamación del Reino con palabras y obras
Mt 16,21–28,20
Revelación del misterio: pasión, muerte y resurrección
En estos capítulos primeros se ofrecen las claves necesarias para comprender la identidad de Jesús. En concreto se informa al lector sobre su origen (Mt 1–2) y su identidad (Mt 3,1–4,11). El relato mateano de la infancia se divide en cuatro secciones claramente delimitadas al mismo tiempo que están interconectadas (Mt 1–2), mientras que Mt 3,1–4,11 es un tríptico que pone el acento sobre la filiación de Jesús.
A. Relatos de la infancia (Mt 1–2)
1. Genealogía de Jesús (Mt 1,1-17)
2. Generación de Jesús (Mt 1,18-25)
3. Adoración de los magos (Mt 2,1-12)
4. Matanza de los niños (Mt 2,13-23)
B. Jesús, el Hijo de Dios (Mt 3,1–4,11)
1. Juan Bautista y su mensaje (Mt 3,1-12)
2. Bautismo de Jesús (Mt 3,13-17)
3. Jesús tentado en el desierto (Mt 4,1-11)
La segunda parte se desarrolla fundamentalmente en Galilea. La primera perícopa (Mt 4,12-17) hace coincidir el traslado de Jesús (Mt 4,12) a esta región con el inicio de su predicación (Mt 4,17). En Mt 16,21 Jesús anuncia a sus discípulos que debe ir a Jerusalén donde tendrá lugar la pasión, muerte y resurrección. Desde entonces, todo el camino está orientado de Galilea hacia Jerusalén.
Además del criterio geográfico existe un criterio literario para acotar esta parte. Se trata de una doble fórmula que solo aparece en Mt 4,17 y en Mt 16,21 (desde entonces comenzó a...). Esta segunda parte se puede dividir en cuatro momentos. El primero constituye una introducción (Mt 4,12-22). Los tres restantes comienzan todos por un discurso: el de la Montaña (Mt 5–7); el misionero (Mt 10); el de las parábolas (Mt 13). Al primero le suceden dos capítulos de curaciones (Mt 8–9). En cambio, a los otros dos discursos les sucederán varias series de reacciones –positivas y negativas– ante la persona de Jesús.
Comienzo de la predicación de Jesús en Galilea (Mt 4,12-22)
1. En Galilea según las Escrituras (Mt 4,12-17)
2. La llamada de los primeros discípulos (Mt 4,18-22)
A. Con palabras y obras (Mt 4,23–9,35)
1. Sumario (Mt 4,23-25)
2. Sermón de la Montaña (Mt 5–7)
2.1. Introducción al sermón de la Montaña (Mt 5,1-16)
2.2. Ley y Jesús (Mt 5,17-48)
2.3. Relación con Dios (Mt 6,1-18)
2.4. Instrucciones a la comunidad (Mt 6,19–7,12)
2.5. Exhortaciones finales (Mt 7,13-29)
3. Milagros de Jesús (Mt 8,1–9,35)
3.1. Primer ciclo de milagros (Mt 8,1-22)
3.2. Segundo ciclo de milagros (Mt 8,23–9,17)
3.3. Tercer ciclo de milagros (Mt 9,18-34)
3.4. Sumario conclusivo (Mt 9,35)
B. Misión y reacciones (Mt 9,36–12,50)
1. La misión de los discípulos (Mt 9,36–10,42)
1.1. Introducción al discurso (Mt 9,36–10,5a)
1.2. La misma misión de Jesús (Mt 10,5b-15)
1.3. El mismo destino de Jesús (Mt 10,16-42)
2. Reacciones ante el mensaje (Mt 11,2–12,50)
2.1. Jesús y Juan Bautista (Mt 11,2-15)
2.2. Cerrazón de Israel (Mt 11,16-30)
2.3. El conflicto con los fariseos (Mt 12,1-50)
C. Jesús va formando a su propia comunidad (Mt 13,1–16,20)
1. Sección de parábolas (Mt 13,1-53)
1.1. Introducción (Mt 13,1-3a)
1.2. Parábolas dirigidas a la gente (Mt 13,3b-43)
1.3. Parábolas dirigidas a los discípulos (Mt 13,44-53)
2. Nueva serie de reacciones (Mt 13,53–16,20)
2.1. Muerte de Juan Bautista (Mt 13,53–14,33)
2.2. Nueva disputa y retirada (Mt 14,34–15,39)
2.3. Segunda demanda de señales y confesión de Pedro (Mt 16,1-20)
Si Mt 4,12–16,20 se caracteriza por la proclamación del Reino con palabras y obras y se ubica en Galilea, a partir de Mt 16,21 se sucederán los anuncios de la pasión que irán preparando los acontecimientos pascuales. Desde entonces, todo el camino está orientado de Galilea hacia Jerusalén. La tercera parte se divide en tres momentos: a) camino hacia Jerusalén; b) controversias en Jerusalén; c) pasión, muerte y resurrección.
El primero se ubica propiamente en el camino hacia Jerusalén (Mt 16,21–20,34). Está marcado por los tres anuncios de la pasión y resurrección (Mt 16,21-28; 17,22-23; 20,17-29). Ocupa un lugar importante el episodio de la transfiguración (Mt 17,1-13). En el centro se halla el discurso eclesial (Mt 18). Mientras que al final se profundiza en el tema de la nueva comunidad (Mt 19,1–20,34).
El segundo momento ya se ubica en Jerusalén (Mt 21,1–25,46) y se concentra en la confrontación de Jesús con las autoridades. En esta sección se encuentra el último gran discurso (Mt 24–25). Generalmente esta unidad se divide en cuatro grandes bloques. Los dos primeros marcados por el eje temporal como elemento estructural: primer día en Jerusalén (Mt 21,1-17) y segundo día (Mt 21,18–22,46). Los dos últimos bloques son discursos: el primero consiste en una serie de invectivas contras los fariseos y los letrados (Mt 23); mientras que el segundo es el último discurso y así conocido como discurso «escatológico» (Mt 24–25).
Los desencuentros con las autoridades judías han ido in crescendo y desembocan en la pasión, muerte y resurrección de Jesús (Mt 26–28). Se trata de tres capítulos cargados de una especial densidad teológica, que se dividen claramente en la pasión y la muerte (Mt 26,1–27,66) y en la resurrección (Mt 28,1-20).
A. Hacia Jerusalén (Mt 16,21–20,34)
1. Comienzo de los anuncios de la pasión (Mt 16,21–17,27)
1.1. Primer anuncio de la pasión (Mt 16,21-28)
1.2. La transfiguración (Mt 17,1-13)
1.3. La fuerza de la fe (Mt 17,14-21)
1.4. Segundo anuncio de la pasión (Mt 17,22-23)
1.5. Sobre el impuesto (Mt 17,24-27)
2. Discurso sobre la comunión (Mt 18,1-35)
2.1. Solidaridad con los pequeños (Mt 18,1-15)
2.2. El perdón (Mt 18,15-35)
3. La nueva comunidad (Mt 19,1–20,34)
3.1. Sobre el divorcio (Mt 19,1-12)
3.2. Jesús y los niños (Mt 19,13-15)
3.3. El joven rico (Mt 19,16-30)
3.4. Los jornaleros de la viña (Mt 20,1-16)
3.5. Tercer anuncio de la pasión (Mt 20,17-19)
3.6. ¿Podréis beber el cáliz? (Mt 20,20-28)
3.7. Curación de los dos ciegos (Mt 20,29-34)
B. Confrontación de Jesús en Jerusalén (Mt 21,1–25,46)
1. Primer día en Jerusalén (Mt 21,1-17)
2. Segundo día en Jerusalén (Mt 21,18–22,46)
2.1. La higuera seca (Mt 21,18-22)
2.2. Tres parábolas acusatorias (Mt 21,23–22,14)
2.3. Disputas en Jerusalén con los distintos grupos (Mt 22,15-45)
3. Invectivas contra escribas y fariseos (Mt 23,1–24,2)
3.1. Contra la hipocresía (Mt 23,1-12)
3.2. Siete ¡ayes! (Mt 23,13-33)
3.3. Juicio sobre Israel (Mt 23,34-39)
3.4. Jesús deja el Templo (Mt 24,1-2)
4. Discurso escatológico (Mt 24,3–25,46)
4.1. El fin de los tiempos (Mt 24,3-31)
4.2. Últimas exhortaciones sobre la parusía (Mt 24,32–25,30)
4.3. El juicio final (Mt 25,31-46)
C. Pasión, muerte y resurrección (Mt 26,1–28,20)
1. Pasión y muerte (Mt 26,1–27,66)
1.1. Conspiración contra Jesús y preámbulos de la pasión (Mt 26,1-16)
1.2. Última cena pascual (Mt 26,17-29)
1.3. Getsemaní (Mt 26,30-56)
1.4. Jesús ante la autoridad judía (Mt 26,57–27,10)
1.5. Jesús y el proceso romano (Mt 27,11-31)
1.6. Crucifixión, muerte y sepultura (Mt 27,32-61)
2. Resurrección de Jesús (Mt 27,62–28,20)
2.1. Custodia del sepulcro (Mt 27,62-66)
2.2. Las mujeres en la tumba (Mt 28,1-8)
2.3. Encuentro con Jesús resucitado (Mt 28,9-10)
2.4. Soborno de los guardias (Mt 28,11-15)
2.5. Encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos (Mt 28,16-20)
El apartado anterior ha puesto de manifiesto la elaboración e intervención por parte del evangelista a la hora de crear una composición unitaria tejida con cuidado y entrabada con una función teológica. Pero la comparación con Marcos y Lucas pone de manifiesto que Mateo trabaja a partir de un material previo y de unas fuentes comunes. El análisis diacrónico busca establecer qué fuentes tuvo Mateo y cómo las utiliza. Es lo que se denomina la cuestión sinóptica.
AGUIRRE MONASTERIO, R., y RODRÍGUEZ CARMONA, A., Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 341-361.
DE SOLAGES, B., Synopse grecque des évangiles. Méthode nouvelle pour résoudre le problème synoptique, Leiden 1958.
El punto de partida es el estudio tanto de las concordancias como de las discordancias entre los tres evangelios. Así pues, Mateo, Marcos y Lucas comparten un número considerable de material común y una estructura. En relación a la triple tradición –esto es, contenidos que comparten los tres sinópticos– constituye la mitad del evangelio de Marcos y un tercio de Mateo y Lucas; un total de 278 versículos. Mateo y Lucas, por su parte, tienen 230 versículos comunes que no se hallan en Marcos. Por último, cada evangelio presenta un material propio. Así Marcos 53 versículos, Mateo 330 y Lucas 500. Además, los evangelios sinópticos se vertebran sobre un eje geográfico que va de Galilea a Jerusalén.
Junto a estas concordancias se hallan también discordancias. Se constata que incluso dentro de un material común la ubicación de un mismo pasaje es distinta y con ello la función que tiene dentro del entramado. Se observan igualmente intervenciones en la redacción de un mismo episodio, parábola o discurso que le confieren un sentido nuevo o al menos un «plus» de sentido. Estos datos ponen de manifiesto la labor redaccional de cada evangelista.
A partir de estas constataciones, a los largo de los últimos siglos se han elaborado diferentes teorías para explicar la formación de los evangelios sinópticos. Entre ellas cabe destacar la teoría de la dependencia mutua (Griesbach), la de la existencia de un evangelio fundamental (Lessing, Eichhorn), la teoría de la tradición oral (Herder), la de Boismard y la de las dos fuentes (Weisse, Wilke, Holtzmann). Esta última es quizá la más aceptada.
La teoría de las dos fuentes sostiene que Marcos es el evangelio más antiguo del que dependen Mateo y Lucas. De hecho, los tres comparten 278 versículos. Además, existe un material común a Lucas y Mateo, puesto que estos dos presentan 230 versículos iguales. A este material se le llama fuente Q, ya que la Q es la primera letra de la palabra alemana «Quelle» que significa «fuente». Mateo y Lucas usarían tanto Marcos como Q de forma independiente a la hora de elaborar sus evangelios.
Puedes encontrar más información sobre este asunto en R. AGUIRRE MONASTERIO, «Historia de la interpretación y cuestiones abiertas», en R. AGUIRRE MONASTERIO y A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 79-143.
Retomando lo que hemos indicado en el apartado anterior y analizándolo ahora desde la perspectiva del evangelio de Mateo, se concluye que este evangelista cuenta con tres fuentes: el evangelio de Marcos, la fuente Q y tradiciones particulares que solo se contemplan en este evangelio. La presencia que ocupa en Mateo cada uno es: un 50% Marcos; 27% la fuente Q; 23% las tradiciones mateanas.
En referencia a Marcos se podría decir que afecta contundentemente a Mateo, tanto por la cantidad de material compartido como por el orden de la narración, que se vertebra desde el eje espacial. La fuente Q compartida por Mateo y Lucas constituye una cuarta parte del evangelio de Mateo. Especialmente resulta significativo comparar Mt 5,3–7,27 con Lc 6,20-49. Aunque los dos evangelistas comienzan por las bienaventuranzas y terminan por el episodio de la casa sobre la roca, el estudio comparativo muestra la labor redaccional de Mateo. De hecho, se observa que añade otras bienaventuranzas, antítesis y enseñanzas que no aparecen en Lucas. Es más, en algunos casos cambia el orden en función de la organización de su evangelio. Respecto al material propio de Mateo se concentra en los primeros capítulos (Mt 1–2) y en la conclusión (Mt 28,16-20). Además cabe destacar episodios petrinos que solo se encuentran en este evangelio (Mt 14,28-31; 16,16-19; 17,24-27).
Todo esto pone de manifiesto la cuidadosa reelaboración e intervención de Mateo en la utilización de las fuentes a la hora de trabar y dar cohesión a su obra. A lo largo del estudio de cada episodio dedicaremos un apartado, «los otros evangelios», en el que ofreceremos alguna pista en caso de que se trate de un material común.
El evangelio de Mateo, como por lo general el resto de la Escritura, contiene un tipo de teología que se llama narrativa. ¿Qué significa esto? A diferencia de los tratados de teología o de las sumas teológicas en los que se afronta una cuestión mediante un discurso argumentativo, coherente y sistemático y desde los cánones de la lógica, en la Escritura la manera de hacer teología es el relato. Por tanto, las narraciones son portadoras de un mensaje que busca suscitar en el lector una respuesta y adhesión.
Los nudos teológicos y temáticos del evangelio de Mateo se pueden aunar en dos: la cristología y la eclesiología. Sendos bloques se hallan en una íntima relación y son inseparables, si los presentamos ahora así es para analizarlos mejor.
AGUIRRE MONASTERIO, R., y RODRÍGUEZ CARMONA, A., Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 341-361.
CARTER, W., Mateo y los márgenes. Una lectura socio-política y religiosa, Comentarios al Nuevo Testamento, Estella 2007, 27-98.
HERAS OLIVER, G., Jesús según San Mateo. Análisis narrativo del primer evangelio, Pamplona 2001, 118-132.
QUESNEL, M., Jesucristo según San Mateo, Estella 1993.
SEGUNDO, J. L., El caso Mateo. Los comienzos de una ética judeocristiana, Santander 1994.
TRILLING, W., El verdadero Israel. La teología de Mateo, Actualidad Bíblica 36, Madrid 1974.
ZUMSTEIN, J., Mateo, el teólogo, CB 58, Estella 21993.
Los evangelios convergen en muchos de los rasgos con los que se presentan a Jesús. Sin embargo, cada evangelista muestra sus subrayados y acentos que completan y complementan la visión de los demás. Ya que el misterio de Cristo es inagotable y, como expresa san Ireneo, el Evangelio es uno pero tetramorfo. A la cristología latente del evangelio se puede acceder tanto a través de los títulos que se confieren a Jesús como del modo con que este viene presentado.
Los primeros capítulos y, especialmente, el primer versículo son significativos a este respecto. De hecho allí se dan tres títulos: Cristo o Mesías, Hijo de David e Hijo de Abrahán (Mt 1,1). La designación de Jesús como Mesías no es muy frecuente en Mateo (16 veces). Se halla especialmente en los primeros y últimos capítulos. En cuanto Mesías, en Jesús se cumplen las promesas (Mt 1,16.17.18), sin embargo la expectativa mesiánica de Israel y de sus mismos discípulos es otra (Mt 21,15-16).
Esta expectativa mesiánica suele estar en relación a la filiación davídica (Mt 21,9.15). En el primer versículo, en cambio, la calificación Hijo de David se yuxtapone a la de Hijo de Abrahán. Mientras este último título no vuelve a aparecer en todo el evangelio, no así el de Hijo de David (Mt 9,27; 12,23; 15,22; 20,30.31; 21,9.15) que suele encontrarse unido a la petición de misericordia.
La doble filiación que aparece en Mt 1,1 muestra para algunos estudiosos la tensión entre el particularismo y el universalismo que recorre el evangelio de Mateo. Pues como Hijo de Abrahán en Jesús se cumple la promesa de bendición para todas las familias de la tierra y como Hijo de David sería el heredero de las promesas hechas a la casa de David y con ellas a Israel. Como se observa, mientras el principio (Mt 2) y el final de Mateo (Mt 28,19-20) muestra la apertura a todas las gentes, en el centro del mismo se repite varias veces la idea de ser enviado solamente a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10,6; 15,24).
Más importante resulta la filiación divina que aparece bajo el título de «Hijo de Dios», de «Hijo» o de «mi Hijo», así como en el hecho de que en Mateo es donde más veces Jesús se refiere a Dios como «Padre» o como «mi Padre». La designación como Hijo de Dios se halla en momentos claves como el bautismo (Mt 3,17), las tentaciones (Mt 4,1-11), la confesión de Pedro (Mt 16,16), la transfiguración (Mt 17,5) y en el momento de la pasión y muerte (Mt 27,39-43). Pero para comprender el sentido de la expresión habría que unirlo al tema de la voluntad de Dios, recurrente en Mateo, y a cuanto se ha dicho en referencia al título de Hijo de David y de Mesías. Como se pone de manifiesto en el episodio de las tentaciones (Mt 4,1-11) y en el momento de la cruz (Mt 27,39-43), Jesús no vive esta filiación divina ni haciendo alarde de ella ni como ostentación de poder, sino aceptando las consecuencias que supone ser fiel al proyecto del Reino y a la voluntad de Dios. En este sentido no se trata de un mesianismo triunfalista, ni de una filiación como demostración de potencia, sino de ser manso y humilde de corazón (Mt 11,29).
Existen otros títulos como el de «Señor» y el de «Hijo del hombre». En referencia al primero es llamativo en Mateo que «Señor» no aparece en boca de los grupos contrarios a Jesús y es utilizado por personajes muy distintos, especialmente por aquellos que acuden a él para pedirle la curación y generalmente viene acompañado con el título de Hijo de David (Mt 8,2-6; 9,28; 15,22-27; 20,30-31). También los discípulos y Pedro utilizarán esta nomenclatura con frecuencia.
Respecto al título de «Hijo del Hombre» como indica R. Aguirre en los sinópticos hay tres clases de dichos en los que aparece esta autodesignación por parte de Jesús: a) los que se refieren a su ministerio terrestre (Mt 8,20); los que se dicen en relación a la pasión y muerte (Mt 17,22; 20,18; 26,2); y, finalmente, los que hablan de la venida del Hijo del Hombre y con ello de la parusía (Mt 13,41; 19,28; 25,31-33).
Cabe reseñar la inclusión literaria que engloba todo el evangelio y que consiste en la designación de Jesús como Enmanuel, «Dios con nosotros» (Mt 1,23; 28,20). En concreto, la cita de Mt 1,23 se ofrece intentando explicar el nombre de «Jesús» que etimológicamente significa el «salvador». Por eso, consideramos que tiene una cierta relevancia en el evangelio de Mateo, ya que no solo mediante los títulos sino a través de la presentación de lo que Jesús hace y de cómo lo hace se esboza toda una cristología de la cercanía.
En este sentido, la designación de Jesús como salvador y como un Dios con nosotros queda patente por el hecho de que Jesús vive en medio de su pueblo y está con los más desfavorecidos de la historia. Ante esta gente que «andan como ovejas sin pastor» (Mt 9,36), él siente una y otra vez «compasión» (Mt 9,36; 14,14; 15,32; 20,34). Un verbo que le retrata a él y a su ministerio.
Como en el libro del Éxodo y a lo largo del AT, será la compasión, el que Dios escuche el dolor de Israel, el motor a partir del cual se desencadena la salvación. Y esta acción salvífica en Mateo se pone de manifiesto en la acción de «enseñar» y en la de «curar», puesto que sendas acciones son una «proclamación del Reino de Dios», como magistralmente queda recogido en los dos sumarios paralelos (Mt 4,23; 9,35).
Por estos motivos, uno de los títulos típicamente mateanos y con mayor carga teológica es el de Enmanuel, en cuanto que evidencian la solidaridad de Jesús y la identificación con aquellos que son los más pequeños (Mt 18,5; 25,40). Un Dios Enmanuel es lo que mejor lo retrata como salvador –esto significa Jesús– y como pastor compasivo.
La mayor parte de los estudiosos convergen a la hora de señalar que el discurso eclesiológico de Mateo es fuertemente cristológico. Es más, en Mateo aparece explícito el elemento de la comunidad fraterna que en los otros evangelistas queda más difuminado. Por otra parte, es característico de Mateo el radicalismo evangélico que propone para sus miembros. Finalmente, un acento típicamente mateano que se halla latente y candente a lo largo del evangelio es la relación entre la iglesia e Israel.
Un dato significativo que es indicio del calibre y de la importancia en Mateo de este tema es que de las tres veces que aparece el término «iglesia» (ἐκκλησία; ekklēsía) en los evangelios, las tres son en Mateo (Mt 16,18; 18,17[x2]). En Pablo y en Hechos de los Apóstoles es un término usual, pero no en los sinópticos. Mientras que en Mt 18,17 el término «ekklēsía» parece designar a una comunidad local, en Mt 16,18 muestra una acepción más amplia. De hecho, tras la confesión de Pedro se dice que sobre él edificará su Iglesia. Por tanto, la comunidad eclesial está constituida por aquellos que como Pedro reconocen a Jesús como el Hijo de Dios.
Ahora bien, más allá del término, Mateo dedica dos discursos a esta cuestión. El discurso misionero (Mt 10) en el que se presenta la misión, el tipo de relaciones y de estilo de vida de la iglesia misionera, mientras que el discurso eclesial se cifra en las relaciones fraternas (Mt 18). En sendos capítulos se subraya la íntima correspondencia entre Jesús y los suyos: quién os recibe a vosotros, me recibe a mí (Mt 10,40); quien recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí (Mt 18,5). Luego, la comunidad que queda trazada en el evangelio de Mateo es una comunidad misionera regida en su seno por relaciones fraternas de perdón y solidaridad con los pequeños.
Igualmente, llama la atención el lenguaje hiperbólico utilizado por Mateo con el fin de subrayar el radicalismo que debe caracterizar a la comunidad de Jesús. Algo que contrasta con nuestra sensibilidad. Así se habla de que es preferible entrar mutilado en el Reino de los cielos que perderse por uno de los miembros (Mt 5,29-30). Las amenazas de condena nos resultan extremadamente duras. Baste como ejemplo la parábola de las diez muchachas (Mt 25,1-13) o de aquellos invitados descorteses (Mt 22,1-14).
Estos elementos con la acentuación del tema de las «buenas obras», de «dar frutos», de la «vigilancia» hacen sospechar a los estudiosos que en muchos casos Mateo está dirigiendo estas exhortaciones a la comunidad y que, probablemente, se deba a una cierta relajación. Se entiende así por qué las imágenes amenazadoras se presentan como un elemento retórico persuasivo que instan a una existencia polarizada por el reino y por los más pequeños, así como a un compromiso radical por la causa de Jesús.
La doble filiación presentada en Mt 1,1 –Jesús, Hijo de Abrahán e Hijo de David– unida a la apertura universalista que presenta el principio y el final del evangelio, en contraste con el particularismo que se respira en el corpus de la obra, ha puesto en cierto modo la cuestión sobre la relación entre Jesús e Israel y, en consecuencia, entre la Iglesia e Israel. De hecho, este será una de las particularidades del evangelio de Mateo.
De nuevo la cristología será clave a la hora de abordar esta cuestión eclesiológica. En este sentido, es importante rastrear la relación de Jesús sea con el AT que con Israel. En Mateo, como en otros evangelios, Jesús claramente lleva a cumplimiento el plan salvífico de Dios. En consecuencia, en él se cumplen las promesas del AT. Si esto es común a la tradición sinóptica en Mateo se expresa con las así llamadas «citas de cumplimiento» que son características de este evangelista y atraviesan todo el evangelio (Mt 1,22-23; 2,15; 2,17-18; 2,23; 4,14-16; 8,17; 12,17-21; 13,35; 21,4-5; 27,9-10).
Ahora bien, existen otros indicios textuales que remarcan esta idea. Así pues es fundamental el pasaje de Mt 5,17 donde Jesús indica que no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento. A continuación se desarrollan las seis antítesis (Mt 5,21-48) en las que Jesús se presenta como su verdadero intérprete. Por tanto, la relación de Jesús con el AT y con ello a la ley y a las promesas se podría sintetizar en «no abolición sino cumplimiento».
Precisamente por este motivo resulta más dramático el rechazo de Israel. Especialmente tras el discurso misionero (Mt 10) y el de las parábolas (Mt 13) se presentan una serie de reacciones negativas (Mt 11,2–12,50; 13,53–16,20). Los grupos opositores suelen ser las autoridades de Israel (Mt 12,22-50; 15,1-20; 21,18–22,46; 23,1-33). En otras ocasiones se habla de un rechazo generalizado (Mt 11,16-30; 12,38-45; 23,34-39). Es más, Jerusalén hace de inclusión, ya que desde el inicio se señala que «toda Jerusalén» se sobresalta con la llegada de los magos, en vez de alegrarse (Mt 2,3) y en el relato de la pasión «todo el pueblo» acepta que caiga su sangre sobre ellos (Mt 27,24-25). Si Jesús se presenta como el Mesías enviado por Dios, el drama es que es un Mesías rechazado por su propio pueblo. Sin embargo, aun cuando el rechazo se dibuje con trazos generalizados, un pequeño resto le acoge. En este sentido, el rechazo de Israel no es total. Pertenecer a este «nuevo pueblo» convocado entorno a Jesús depende de acogerlo, de tener fe en él, en correspondencia, con dar buenos frutos.
Aunque el evangelio de Mateo es de los más semitas, también es de los más polémicos en relación al judaísmo. A lo largo de la historia los estudiosos han ido aportando diferentes elementos sobre la cuestión. Hoy en día la opinión más consensuada es que detrás de este posicionamiento mateano se halla un contexto sociológico de dura polémica entre la sinagoga y la iglesia o la comunidad a la que se dirige Mateo. Algo que se aprecia a lo largo del evangelio. Sin embargo, en Mateo Israel no es excluido de las prerrogativas salvíficas, aunque estas se abran a todas las naciones.
En este sentido me parecen oportunas las consideraciones de Rafael Aguirre: «No parece acertado decir que para Mateo la Iglesia es el nuevo Israel, porque hay una gran diferencia entre el Israel étnico y la Iglesia, abierta universalmente y cualificada por la novedad de la relación a Jesús. Tampoco parece acertado definir a la Iglesia de Mateo como el verdadero Israel (Trilling), como si el Israel étnico hubiese sido falso. Pero también es verdad que Mateo afirma no solo la ruptura, sino también la continuidad de la Iglesia con Israel. En efecto, es el único evangelio que usa la palabra ekklesia, traducción del arameo qahal, que designa a la asamblea religiosa del pueblo de Israel».
El rechazo de Israel abre la puerta a una nueva economía salvífica, la de todas las naciones (Mt 28,19-20). Ahora bien, Israel no queda excluido. El tema del universalismo está gradualmente desarrollado en el evangelio pues Jesús se presenta como el Hijo de Abrahán (Mt 1,1) cuya bendición está destinada a todas las familias de la tierra. La «venida» de los magos (Mt 2,1-11) hace de inclusión con el final del evangelio donde se «envía» a los discípulos a todas las gentes (Mt 28,19-20). Luego, aunque en el evangelio se indica que Jesús ha sido enviado a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10,6; 15,24), también otros textos muestran esa apertura universalista hacia los otros pueblos (Mt 8,5-13; 10,18; 15,21-28; 24,14).
Entre los comentarios más importantes traducidos al castellano o escritos en español destacan el de Ulrich Luz, Massimo Grilli y Cordula Langner, Pierre Bonnard e Isidro Gomá Civit.
El primero –U. Luz, El evangelio según San Mateo, Sígueme, Salamanca 1993-2005– es quizá el más exhaustivo. Consta de cuatro volúmenes y, aunque la metodología empleada es la histórica crítica, da importancia tanto a la teología del texto como a la historia de la interpretación.
El trabajo conjunto de Massimo Grilli y de Cordula Langner –Comentario al evangelio de Mateo, Verbo Divino, Estella 2011– se basa en lo que se llama la lectura pragmática. Esto es, estudia el efecto que produce en el lector. Sin embargo, el comentario explica igualmente la estructura narrativa, el sentido de algunas palabras y el significado de los pasajes.
Comentarios más antiguos pero que siguen teniendo validez son los de P. Bonnard, El evangelio según San Mateo, Cristiandad, Madrid 1976 y los dos volúmenes de I. Gomá Civit, El evangelio según San Mateo, Ediciones Marova, Madrid 1966, 1976.
Comentarios no traducidos al español pero de gran valía son los de R. H. Gundry (Matthew: a Commentary on His Literary and Theological Art, Eerdmans, Grand Rapids 1982); W. D. Davies y D. C. Allison (The Gospel according to Saint Matthew, I-III, International Critical Commentary, T&T Clark, Edimburgo 1988, 1991, 1997); J. Gnilka (Das Matthäusevangelium, I-II, Herder, Friburgo de Brisgovia 1986, 1988); R. Schnackenburg (Matthäusevangelium, I-II, Echter Verlag, Wurzburgo 1985, 1987).
Otras pequeñas introducciones y comentarios escritas o traducidas en español que pueden resultar de interés son: J. Schmid, El evangelio según san Mateo, Herder, Barcelona 1967; B. Rigaux, Para una historia de Jesús. El testimonio del evangelio de Mateo, DDB, Bilbao 1969; W. Trilling, El evangelio según san Mateo, vols. I-II, Herder, Barcelona 1970; J. Mateos y F. Camacho, El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Cristiandad, Madrid 1981; B. Maggioni, El relato de Mateo, San Pablo, Madrid 1982; P. Le Poittevin y E. Charpentier, El evangelio según San Mateo, CB 2, Verbo Divino, Estella 1989; J. Zumstein, Mateo, el teólogo, CB 58, Verbo Divino, Estella 21993; S. Guijarro Oporto, «Evangelio según San Mateo», Comentario al Nuevo Testamento, Casa de la Biblia-Verbo Divino, Estella 1995; G. Heras Oliver, Jesús según San Mateo. Análisis narrativo del primer evangelio, Eunsa, Pamplona 2001.
Citamos también algunos estudios en español que abordan una perspectiva o desde una perspectiva el evangelio de Mateo: W. Trilling, El verdadero Israel. La teología de Mateo, Actualidad Bíblica 56, Fax, Madrid 1974; X. Pikaza, Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Mt 25,31-46), BEB 46, Sígueme, Salamanca 1984; M. Quesnel, Jesucristo según San Mateo, Verbo Divino, Estella 1993; J. L. Segundo, El caso Mateo. Los comienzos de una ética judeocristiana, Santander 1994; A.-J. LEVINE (ed.), Una compañera para Mateo, En clave de mujer, DDB, Bilbao 2003; J. A. Badiola Saenz de Ugarte, La voluntad de Dios en el evangelio de Mateo, Biblica Victoriensia 7, Editorial ESET, Vitoria-Gasteiz 2009.
Puedes encontrar más información sobre la bibliografía en R. AGUIRRE MONASTERIO, «Dimensión literaria», en R. AGUIRRE MONASTERIO y A. RODRÍGUEZ CARMONA, Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles, IEB 6, Estella 112012, 304-306.
Como indica el título, este comentario es una guía de lectura del Evangelio. En este sentido, recoge, coteja, selecciona y sintetiza los resultados ofrecidos por otros comentarios. En concreto, la obra de Ulrich Luz ha sido determinante. En menor grado pero también se han seguido de cerca los comentarios de P. Bonnard, de M. Grilli y C. Langner y S. Guijarro. Otros como el de I. Gomá Civit, J. Gnilka, R. Schackenburg y J. A. Badiola han sido consultados para secciones o pasajes concretos. Al inicio de cada pasaje se indica la «bibliografía utilizada», ya que en el cuerpo del texto no hay citas.
Aunque esta guía no pretende realizar un análisis exhaustivo de los pasajes, sí tiene como objetivo presentar una articulación clara de los mismos, así como ofrecer el mensaje principal que se desprende de su estudio. Por este motivo aspira a acercar el texto de Mateo a través de una presentación sencilla y clara, pero no por ello menos rigurosa. El punto de partida es el evangelio de Mateo en griego y, como podrá observar el lector, en algunos casos se pone la palabra griega y su transliteración entre paréntesis, ya que resulta un elemento relevante para su correcta comprensión.
El estudio de cada pasaje suele constar de seis apartados:
1. Texto: en primer lugar aparece el texto de la perícopa a estudiar. La traducción es la ofrecida en el comentario de cuatro volúmenes de Ulrich Luz.
2. Bibliografía utilizada: se ofrecen los comentarios o libros consultados cuyas ideas, propuestas o interpretaciones aparecen ensambladas en la explicación y son asumidas por la autora de esta guía de lectura.
3. Contexto: busca poner de relieve las conexiones literarias y temáticas que la unidad entabla con lo que precede y con lo sigue. Así pone de manifiesto la función del pasaje en el contexto y los criterios de delimitación.
4. Articulación del pasaje: presenta la organización interna de la unidad que se vertebra a través de un hilo narrativo, argumentativo o de otra índole. Esto mejora la comprensión de cómo progresa el mensaje dentro del pasaje y la función que tiene cada uno de los elementos para conseguirlo.
5. Anotaciones sobre el vocabulario: en caso de ser útil, se ofrecen algunas coordenadas sobre el léxico que ayudan a la mejor comprensión de la perícopa. Si el vocablo es una región geográfica, se suele ofrecer un mapa de modo que ayude al lector a ubicarla (véase, por ejemplo, p. 33).
6. Lectura por partes: tras los elementos anteriores se procede a la explicación del texto subdividido en unidades literarias menores que previamente se han identificado en la «articulación del pasaje».
7. Los otros evangelios:
