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Me muero, te quiero es un libro sobre el brillo de la vida: las amigas, el arte, la música, el erotismo y el amor. También es un libro sobre cómo la vida se vuelve contra la vida cuando una célula enloquece. Perla Zúñiga testimonia con su lengua poética su paso por el mundo y por las cosas del mundo. Es un paso lleno de durezas y ternezas, que conmueve profundamente con su apuesta por la belleza, la juventud y el amor. La vida se desvanece, quedan el amor y su poesía.
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Seitenzahl: 69
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Me muero, te quiero
Perla Zúñiga
Cubierta
Portada
Prólogo,
por Mariano Blatt
La salud no es lo mío
Me muero, qué escribo?
Brillo
Algo que dije en terapia
Cuartos y Pastillas
Después de hacerme el tac escribí:
Cuando vas drogada
Mucho cuidado
mi novio escribe versos bonitos
Tercera visita
Las niñas quieren…
Siento esta hoja como si fuera una ventana
Poema de 2017
Hoy?
Fui a nadar pensando que era el último día que nadaba
Neverland
Galopando en el vacío
La vida
Alguna vez
CLOSE YOUR EYES
Dildos rosas de dos cabezas
DES-TESTOSTERIFICACIÓN
Cada una de mis ubres
EL REMIX SE FOLLÓ AL ORIGINAL
Bierbam
Un poema que escribí en mi adolescencia
Qué pasaba esos días en que yo no estaba
Le estaba contando a mi amiga por teléfono que tenía cáncer
Muchipuchi
Se siente en flor
Bypass
Gusilú
Un regalo para Alber
Voy por la calle
ESTABA ENFERMA EN EL BRILLO DE LA SALUD ABSOLUTA
Mi boca sabe a cerdo muerto
ESTO ES UN POEMA QUE TE ESCRIBÍ EN UN CLUB DE BERLÍN
Tuli yo y yo
QUERIDA CÉLULA ALTERADA,
Recuerdo estar esperando mi turno
LA CÉLULA CANCEROSA ES MI ORGANISMO QUEER
Re-caída
El zumbido de lo químico
La diarrea es poesía
Potasion 600mg
Para mi abuelo soy Peter Pan o Tarzán
Si fuera una droga sería un cuarto de ácido en verano
Fuimos felices, cierto?
Oh oh Here We Go Again
Diarios (2024)
Otros títulos publicados en Blatt & Ríos
Sobre la autora
Créditos
Tabla de contenidos
Por lo general, las obras empiezan, se desarrollan y terminan. Y eso ocurre, también por lo general, en el transcurso de un lapso de tiempo más o menos extenso que solemos llamar “la vida”, o “una vida”. En este caso, estamos ante una obra que nace, se desarrolla y termina en un mismo gesto.
En Me muero, te quiero están los textos que Perla seleccionó para armar lo que, ella sabía, sería su único libro. La suya fue una vida breve, injusta e intensa. Que pasó muy rápido y que nos dejó, a quienes tuvimos el privilegio de haberla compartido, sentimientos encontrados de dolor y felicidad.
En mi caso particular, conocí a Perla en 2016, a través de un libro mío que le llegó cuando ella tenía que afrontar el diagnóstico de un sarcoma de Ewing por primera vez. Después nos enamoramos y vivimos juntos en Madrid casi cuatro años. El sarcoma de Ewing volvió a aparecer una y otra y otra vez en esos cuatro años. Y la sonrisa de Perla volvía a aparecer una y otra y otra vez.
Los últimos meses de su vida Perla los dedicó, entre otras cosas, a preparar este libro. Releyó y corrigió sus primeros poemas, escribió nuevos, llevó un diario. También eligió el título y el de las diferentes partes del libro. Imaginó y le encargó la cubierta a Elsa, una de sus amigas. A mí me pidió que escribiera un prólogo. También teníamos pendiente trabajar juntos en la edición más fina del libro, ver los últimos detalles. Lamentablemente, a eso no llegamos. Por eso, preferí casi no tocar los textos, salvo algunas pocas excepciones. Corregí algún corte de verso, algo en la puntuación, no mucho más. Todas estas correcciones las conversé, a mi manera, con una Perla ausente. Me imaginé cómo hubiera sido nuestro diálogo, y tomé la decisión escuchándola, suponiendo en qué casos la hubiera convencido del cambio y en qué casos me habría dicho que no, que mejor lo dejara como estaba. Espero no haberme equivocado.
La poesía es una de las facetas que tuvo la obra de Perla, que también se dedicó a las artes visuales, la performance, la música y las fiestas. En todo lo que hacía siempre había una fuerza arrolladora, una energía luminosa, un humor despampanante y una vulnerabilidad muy frágil, muy dulce, muy amorosa. En todo lo que hacía, en todo lo que decía, a cada paso que daba, había mucho amor. Sus amigas y su familia lo saben. Quienes la pudieron conocer lo saben. Quienes lean este libro lo sabrán.
Quizás el gesto más amoroso que haya tenido Perla fue el inmenso esfuerzo que hizo las últimas semanas que estuvo viva, cuando ya sabía que la muerte le estaba por llegar, para que quienes la rodeábamos sufriéramos lo menos posible, en especial su familia. Hizo todo lo que pudo para que no tuviéramos miedo. Se fue en paz, tranquila, más o menos contenta, después de un día inolvidable, en Valdemaqueda, un pueblito hermoso en la sierra de Madrid, rodeada de las montañas que tanto le gustaban, y de sus amigas y su familia y toda la gente que pensaba en ella.
Este libro es hermoso y triste, porque es el libro de una persona hermosa, de una sensibilidad de otro mundo, que se murió antes de lo que hubiera sido justo.
La última oración del libro es lo último que escribió Perla en su vida, y estoy seguro de que de alguna manera eligió que así fuera, para darnos a los que nos quedamos acá el consuelo que nos permita sobrellevar lo que nos queda de vida sin Perla. Esa última oración de su vida dice: “no hay forma de expresar lo feliz que fui”.
Mariano Blatt
Buenos Aires, noviembre de 2024
A veces, las palabras se resguardan en la garganta; tienen miedo y prefieren quedarse dentro. Otras, optan por quedarse en el pecho, se acomodan entre los pulmones y ejercen presión, aunque esta no sea su intención. También, hay aquellas que prefieren dar vueltas por la tripa, formando espirales. Todas aguardan una señal, una alarma que les advierta:
Oye, no te queda tiempo, sal!
Transformaos en algo que viaje por los oídos, como un recuerdo, un sonido o incluso un dibujo.
caí en la trampa
de la vida
anacarada y ridícula
y ahora
no quiero dejar
de ver brillo
nunca
Algo que dije en terapia
y que mi terapeuta me lo repitió en la última sesión:
—Si me muero al menos sé que no estaría sola
Una estampita que dice:
El cielo va a seguir siendo cielo,
en el bolsillo de un pantalón azul que dice:
Quirófano
en letras mayúsculas y amarillas.
Todo dentro de un cuarto que dice:
Quirófano
Todo dentro de algo que llamamos:
Cielo
En la sala de pruebas
había una cruz con los extremos largos.
Sólo la ves cuando estás tumbada
es
brillante y blanca.
La cruz está en el techo formado por líneas
parece una cuadrícula de Agnes Martin.
Aparecen
luces y sombras
que leen tu cuerpo,
parece magia
cuando acaba el ruido
ya estás en otro
lenguaje
y no puedes hacer absolutamente nada.
Cuando sales del hospital
la luz,
el aire,
los paisajes
se sienten distintos
siempre
y es raro
y es cansado.
Del bolsillo sacas un papel
con un poema que la pared blanca
te ha pedido que apuntes:
cu cu
cantaba la rana
Cuando vas drogada
y piensas en la muerte
¿qué piensas?
yo pienso:
Bueno,
fui feliz.
Bueno,
ahora estoy
a gusto.
Entonces,
si viene,
o vienes,
estoy tranquila
y
espero
recordar
siempre
este momento.
Las soluciones químicas que podrían darle la cura
se volvieron en su contra
generando oleadas de sudor
y sueños húmedos.
Le dijo:
aquí
viene
el
encuentro
que
llevamos
esperando
toda
la
vida.
Le contestó:
tan
sólo
estoy
siguiendo
la
llamada.
Le dijo:
se
avecina
una
pelea.
Le contestó:
siento
miedo
en
la
boca,
la
garganta
y
el
ano.
Mucho cuidado:
hay un señor con una guadaña que se ha escapado,
no dejen salir a sus hijos de las casas.
