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Mi abuelo es mucho más que una novela: es el retrato de toda una generación, la de los nacidos a finales de la década de los sesenta en un mundo en continua transformación, hecho de escay y de formica, de televisión y canción ligera. Mientras describe a esa generación, la autora logra asimismo dibujar con pocos trazos, con las palabras justas, un verdadero retrato familiar, y no sólo de una familia real, la suya propia, sino de otras muchas familias posibles. Matrimonios simples y complejos, desamores, divorcios, sospechas de incesto… Una educación sentimental que va más allá de lo puramente iniciático: la historia de una chica llamada Valérie en medio de abuelos disolutos y abuelas postizas, de tíos y tías de apodos imposibles, de frases y particularidades también familiares que nos hacen soltar una carcajada (aunque no exenta de cierto regusto amargo).
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Seitenzahl: 46
Veröffentlichungsjahr: 2021
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SERIE MENOR, 8
Valérie Mréjen
MI ABUELO
TRADUCCIÓN DE SONIA HERNÁNDEZ ORTEGA
EDITORIAL PERIFÉRICA
PRIMERA EDICIÓN: mayo de 2007
PRIMERA EDICIÓN EN ESTA COLECCIÓN: junio de 2021
TÍTULO ORIGINAL:Mon grand-père
DISEÑO DE COLECCIÓN: Julián Rodríguez
© Éditions Allia, 1999
© de la traducción, Sonia Hernández Ortega, 2007
© de esta edición, Editorial Periférica, 2021. Cáceres
www.editorialperiferica.com
ISBN: 978-84-18838-04-0
La editora autoriza la reproducción de este libro, total o parcialmente, por cualquier medio, actual o futuro, siempre y cuando sea para uso personal y no con fines comerciales.
Mi abuelo llevaba a sus amantes a casa y hacía el amor con ellas metiendo a mi madre en la misma cama. Era el segundo marido de mi abuela. Ella pidió el divorcio. Tras hacer como que se suicidaba con un cuchillo de cocina, él aceptó amablemente. Mi abuela se volvió a casar con un gigoló y mi abuelo contrajo matrimonio con su secretaria, treinta años más joven que él. De viaje de bodas la envió de vacaciones con mi madre, pues sus negocios lo retenían en París y no podía permitirse tomar un respiro así como así. Mi abuelo se quiso vengar de mi abuela por haberlo abandonado. Se le ocurrió denunciar a su exsuegro ante Hacienda para que lo sometieran a una inspección fiscal. El padre de mi abuela, que debía mucho dinero, se tiró desde la torre Eiffel. De la unión de mi abuelo y su esposa nació una niña. Cuando llevaba a sus amantes a casa, mi abuelo hacía el amor con ellas metiendo a mi tía en la misma cama. En aquella época, el tercer marido de mi abuela comenzaba a interesarse por mi madre, que era joven, guapa e ingenua. Al final se largó con una azafata de vuelo con quien se había dado un golpe con el coche y de la que se enamoró mientras rellenaban el parte amistoso. Mi abuela se tiró por la ventana de su apartamento. Al poco, la segunda esposa de mi abuelo se suicidó saltando desde lo alto del edificio donde vivía. Mi abuelo rehízo su vida con una señora que se llamaba Jeanine, pero a la que nosotros llamábamos Lolotte. Lolotte cambiaba de color de pelo cada dos por tres. Murió de un cáncer de pulmón. Mi abuelo se puso casi tan triste como el día en que perdió a su perro, Xénophon.
A mi abuelo le salía muy bien la salsa bearnesa. Nos la hacía cada vez que íbamos a comer con él, con carne y patatas fritas. De aperitivo solía poner paté de sardina con tostadas.
El televisor estaba colocado sobre una especie de mueble estilo Imperio que servía para guardar los licores.
(Creo que a mi abuelo le gustaba bastante tomar el aperitivo, porque recuerdo que muchas veces olía a whisky.)
Cubría su cama con una piel sintética de color negro, y en la pared tenía el dibujo de un caballo visto de frente. Tenía también un calendario con fotos de mujeres desnudas que él simulaba esconder, pero que dejaba asomar bajo la cama. A mi abuelo le gustaba hablar de las mujeres calibrando si eran o no asequibles, y se deleitaba contando chistes verdes mientras comíamos.
Se dice que dejó embarazada a una criada de sus padres, la cual perdió el empleo y se marchó a criar a su hijo sola.
Al parecer, era una niña, el vivo retrato de mi madre en rubia.
Cuando mi madre era pequeña, un día tuvo el atrevimiento de escupir las lentejas en la mesa. Mi abuelo le gritó de tal forma que se quedó traumatizada.
Cuando tenía dieciséis años, mi madre se enamoró de un amigo de la familia. Un día ese amigo llamó a mi abuelo para contarle unas historias terribles e insultantes. El primer impulso de mi abuelo fue pasarle el auricular a mi madre para ver la decepción en su rostro.
Mi abuelo era muy severo con las buenas maneras en la mesa. Nos miraba con ojos desorbitados si agitábamos los cubiertos al hablar.
Cuando quería mostrar desprecio por alguien que no fuera de su agrado, mi abuelo lo llamaba «ese señor». Decía: «No quiero tener nada que ver con ese señor».
En el baño, los grifos estaban demasiado cerca de la pila, de forma que era imposible lavarse las manos. Había que pegarlas a la loza y retorcer las muñecas.
Había una especie de alfombrilla de goma con motivos de huellas de pies en el fondo de la bañera.
Mi abuelo nos amenazaba diciéndonos que nos iba a amasar la celulitis.
La hermana de mi abuelo se llama Nicole, pero su apodo es Ligou.
La tía Ligou es muy rica, vive en el distrito dieciséis, donde comparte piso con su teckel.
Estuvo casada con un hombre que ya murió, pero que se llamaba Roger.
Roger regentaba una zapatería en los Campos Elíseos e iba todos los días a tomar un whisky a Fouquet’s. Tenía los ojos pálidos y una mirada estúpida. Roger y Ligou pasaban el mes de julio en Deauville y el de agosto en Cannes. No les gustaba variar.
Mi abuela estuvo casada antes de conocer a mi abuelo, cuando era joven. Tuvo un hijo que se llama Bernard.
Bernard se casó con Josiane. Tuvieron dos críos.
Josiane utiliza un maquillaje que se nota de lejos y se embadurna las pestañas de rímel azul fuerte.
Lleva un abrigo de piel de zorro adornado con colas de mapache. Tiene el pelo rubio natural.
