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¿Acaso las mujeres siempre se dedicaron al cuidado del hogar y de los hijos si estaban casadas y si no, al convento y la oración? ¿Cómo podía ser que nunca ninguna mujer haya tenido el ímpetu de desafiar las costumbres? ¿Empezamos a pensar autónomamente recién cuando las distintas olas feministas nos dieron la voz de mando? Estas preguntas no pueden responderse fácilmente. Porque adentrarse en el mundo de los feminismos es como introducirse en un caleidoscopio. Las luces cambian a medida que giramos la mirada hacia diferentes lugares. Y tal como en un caleidoscopio, es imposible aprehender los colores todos juntos. Necesitamos prestar atención a uno o dos colores sabiendo que hay innumerables matices que vamos a dejar de lado. Este libro trata sobre las mujeres y la narrativa hecha a su alrededor: en las historias de las ideas feministas y en los feminismos. Pero sin duda el elemento central es Jesús y las mujeres. Porque es a partir de Jesús de Nazaret que con su Encarnación, sus palabras y gestos, tuvo una mirada distinta, disruptiva, dignificando y tratando a todas las mujeres con las que se cruzó, como iguales. La comprensión cabal de este mensaje de salvación tuvo sus tropiezos a lo largo de toda la historia posterior. Lo hecho y dicho por Jesús a las mujeres necesitó de veinte siglos para ser comprendido de manera íntegra tanto dentro como fuera de la Iglesia. En este libro quise mostrar esa historia oculta, a veces también ocultada, sobre las mujeres y su estar en el mundo y en la historia.
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Seitenzahl: 210
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Mujer y feminismos
Reflexiones desde una
mirada cristiana
Cecilia Sturla
Imagen de portada
Basílica de la Sagrada Familia, Baercelona
© Andy Tam, Canadá.
www.picfair.com
©Editorial Nueva Patris SpA
Vicente Valdés 644, La Florida
Teléfonos:
(+562) 2328 2777
(+569) 4073 5476
Santiago - Chile
E-mail: [email protected]
www.patris.cl
Primera edición
ISBN: 978-956-246-983-8
ISBN digital: 978-956-246-984-5
Nº Inscripción: 2023-A-8651
Diseño y diagramación:
Alejandra Urzúa I.
Agosto 2023.
Chile
Diagramación digital: ebooks [email protected]
A Pepe y a nuestros hijos Paulina, Josema, Francisca, Joaquina, Damasia y Tarsicio. Porque siempre podemos ser mejores juntos.
Contenido
Agradecimientos
A manera de prólogo
Prólogo
Introducción
IHistoria de las ideas feministas
1.1Arqueología feminista
1.1.1Grecia y Roma
1.1.2El culto a Ashera en el judaísmo primitivo
1.1.3Las mujeres en la Biblia
1.1.4La irrupción de Jesús en la historia
1.1.5Cristianismo primitivo y Edad Media
1.1.6Las beguinas, una historia de nueve siglos
1.2Edad Moderna
1.3Las Olas de los feminismos
1.3.1Primera Ola: el Sufragismo
1.3.2Segunda Ola del feminismo: Feminismo de la igualdad
1.3.3Tercera Ola del feminismo: Feminismo de la diferencia
1.3.4Feminismo de la Cuarta Ola: la teoría Queer o transfeminismo
1.3.5Una mirada crítica al feminismo trans
1.3.6Para continuar reflexionando
IIEl dilema actual de los feminismos
2.1Cuestiones acerca del sexo y del género
2.2Entre lo público y lo privado
2.3La cuestión de la naturaleza
2.4Teoría bidimensional: entre el reconocimiento y la redistribución
2.5El otro generalizado vs. el otro concreto
2.6Una mirada desde el liberalismo político
2.7Feminismos de raíz cristiana
2.8Para seguir reflexionando
IIIJesús y las mujeres
a.Jesús y la mujer siro-fenicia(Mc 7, 24-30; Mt 15, 21-28)
b.Jesús y la hemorroísa(Mc 5,25-34)
c.Jesús y la samaritana (Jn 4, 1-42)
d.Marta y María (Lc 10, 38-42)
e.Jesús y la mujer encorvada (Mt 13,19-27)
IVLas mujeres en la Iglesia
4.1Las mujeres en la iglesia primitiva
4.2María, ícono de la mujer en la Iglesia
a.María en la Anunciación
b.La visita a su prima Isabel
c.Como madre de Jesús
d.En los momentos difíciles
e.María como ideal concreto
f.La desencarnación de María
4.3El soplo del Concilio Vaticano II
4.4Los abusos en la Iglesia
4.5La Sinodalidad propuesta por Francisco
4.6Sobre la incorporación de las mujeres al Ministerio Ordenado
4.7María en la teología de José Kentenich
4.8José Kentenich y los feminismos
VLa posibilidad de un feminismo católico
5.1Una introducción a las miradas diferentes
5.2Una mirada de la Historia en clave de reciprocidad
5.3Una mirada de la Economía en clave de reciprocidad
5.4Una mirada de la Iglesia en clave de reciprocidad
VIUn cierre que es comienzo: hacia una sociedad con los dones de la humanidad entera
Referencias
Agradecimientos
Este libro que tiene en sus manos no habría podido salir a la luz sin la participación de varias personas de diferentes maneras.
En primer lugar, sin el pedido expreso de Macarena Montiel de editorial Nueva Patris, quien, junto al P. Patricio Moore, tuvieron la audacia de invitarme a escribir sobre las mujeres. A ellos agradezco la paciencia, las sugerencias y las correcciones que hicieron que este libro sea mejor de lo que había presentado en un primer borrador.
Siempre necesitamos de la mirada crítica de los colegas, y en este sentido, mi más sincero agradecimiento a Ignacio Garay, amigo mío desde que en el año 1994 comenzamos a estudiar Filosofía en la Universidad Católica Argentina. Ignacio, desde Navarra, donde se doctoró y vive, tuvo la enorme paciencia y gentileza de marcarme mis “excesos de celo”, matizar el lenguaje, pero también de impulsarme a que lleve mis propuestas hasta el fondo. Aclaro que toda inconsistencia filosófica que hubiere es responsabilidad mía, no de Ignacio.
A Tony Gazel, de Costa Rica, que desde que me escuchó en algún congreso viene insistiendo en que tengo que escribir un libro sobre feminismos. Tony, acá está el libro.
Finalmente, y no por ser el último es el menos importante, mi agradecimiento a José María Sanguinetti (Pepe), mi marido. Porque su confianza en mí, su lectura del manuscrito (debo reconocer que lo leyó como tres veces), sus sugerencias siempre asertivas y el ánimo que supo darme en los momentos más complejos, fueron la roca en la que pude sostenerme. M.P.H.C.et V.
A manera de prólogo
Al comienzo de mi docencia, a fines de los 90, un alumno en su último año de bachillerato me preguntó: “Profesora, ¿no existieron mujeres filósofas?”. A lo que espontáneamente le dije que sí, obviamente. “¿Quiénes?” Necesité un tiempo de silencio para recordar algunos nombres. Confieso que esa pregunta me impactó por su sencillez y su profunda verdad: en clase no me dediqué nunca a enseñar, ni siquiera a mostrar, el pensamiento de las mujeres. Salvo algunos elementos de Hannah Arendt, Edith Stein… pero no mucho más. Mientras yo pensaba, el resto de la clase aguardaba mi respuesta... “¿Y si existieron… por qué no las estudiamos?”, me increpó mi alumno. Salí del brete como pude, pero la pregunta siempre me quedó en la memoria por el impacto que me causó. Había estudiado una carrera de grado, y prácticamente nunca me habían mencionado a las filósofas mujeres. Y lo que era aún peor, yo no me había preguntado por la existencia de mujeres filósofas.
Años después, cuando los feminismos irrumpieron en mi vida después de muchos años de haber irrumpido en la escena pública, la pregunta sigue pendiente: ¿existieron en todas las épocas mujeres filósofas?
Gille Mènages en 1690 escribe un libro sin precedentes sobre las pensadoras de la Antigüedad: Historia de las mujeres filósofas. Tal como una enciclopedia, el autor francés da cuenta de quiénes fueron y qué dijeron sesenta y cinco mujeres a las que hoy difícilmente podríamos encontrar en los diccionarios filosóficos. Tal vez por esta razón, Umberto Eco llegó a decir: “No es que no hayan existido mujeres que filosofaran. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, tal vez después de haberse apropiado de sus ideas” (Mènages, 2009).
¿Acaso las mujeres siempre se habían dedicado al cuidado del hogar y de los hijos si estaban casadas y si no, al convento y la oración? ¿Cómo podía ser que nunca ninguna mujer haya tenido el ímpetu de desafiar las costumbres? ¿Empezamos a pensar autónomamente recién cuando las distintas olas feministas nos dieron la voz de mando? Estas preguntas no pueden responderse fácilmente. Porque adentrarse en el mundo de los feminismos es como introducirse en un caleidoscopio. Las luces cambian a medida que giramos la mirada hacia diferentes lugares. Y tal como en un caleidoscopio, es imposible aprehender los colores todos juntos. Necesitamos prestar atención a uno o dos colores sabiendo que hay innumerables matices que vamos a dejar de lado.
Este humilde libro no pretende abarcar todos los temas de los feminismos. Ni siquiera los temas presentados llegan a mostrarnos la profundidad de las temáticas, porque cada uno de ellos ameritaría un libro en sí mismo.
Este libro trata sobre las mujeres y la narrativa hecha a su alrededor: en las historias de las ideas feministas y en los feminismos. Pero sin duda el elemento central es Jesús y las mujeres. Porque es a partir de Jesús de Nazaret que con su Encarnación, sus palabras y gestos, tuvo una mirada distinta, disruptiva, dignificando y tratando a todas las mujeres con las que se cruzó, como iguales.
Por ello la historia cambia radicalmente. Jesús trajo un mensaje inédito: todas las personas somos iguales en dignidad porque todos somos hijos de un mismo Padre. Y por ello exclama San Pablo: “Ya no hay judío, ni griego; no hay esclavo, ni libre; no hay varón, ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3,28).
La comprensión cabal de este mensaje de salvación tuvo sus tropiezos a lo largo de toda la historia posterior. Lo hecho y dicho por Jesús a las mujeres necesitó de veinte siglos para ser comprendido de manera íntegra tanto dentro como fuera de la Iglesia.
En este libro quise mostrar esa historia oculta, a veces también ocultada, sobre las mujeres y su estar en el mundo y en la historia. En honor a la brevedad, suprimí arbitrariamente hechos, mujeres y fechas que algunos pueden sentirse extrañados de que no estén. Tomé algunos elementos y mujeres de cada época no por su importancia exclusivamente, sino porque en lo personal fueron configurando mi propio pensamiento sobre los feminismos. Demás está decir que ningún tema queda agotado en mi narración.
Una vez instalados los temas feministas a lo largo del siglo XX, veremos la cantidad de matices, de reclamos de mujeres que fueron y son interpeladas por injusticias sociales, políticas y económicas. Son temas complejos, y por ello el capítulo sobre los dilemas actuales de los feminismos es también complejo. Allí intento rescatar los aspectos que entiendo son válidos tanto de la derecha como de la izquierda de los feminismos y doy una pequeña reseña de los feminismos de raíz cristiana, para después sí volver a Jesús y las mujeres, donde quise mostrar una mirada diferente de esos encuentros que hicieron que las mujeres siguieran activamente a Jesús. La teología feminista es una deuda pendiente en muchos sectores de la Iglesia y por eso quise introducir esas interpretaciones: porque amplían el horizonte cristiano mostrando el contexto sociológico y vital del encuentro de Jesús con las mujeres, dando una hondura desde un lugar diferente: el lugar de las interpretaciones femeninas y feministas.
A partir de allí quise mostrar, aunque sea someramente, el papel de las mujeres en las primeras comunidades cristianas, pero sobre todo el papel de María como ícono de la Iglesia. La imagen de María es la de una mujer real, de carne y hueso que se enfrentó a una vida incierta a partir de su profunda fe en Dios y en su Hijo.
Veremos la mirada de la mujer que persistió hasta el Concilio Vaticano II y por ello toco algunos temas que me parecen relevantes: en una Iglesia unilateralmente masculinizada en su gobierno y en la interpretación tanto del Magisterio como de la Tradición, el drama de los abusos dentro de la Iglesia debe ser tocado para reflexionar sobre la Iglesia y su estructura. La propuesta de Francisco de volver al espíritu de Sinodalidad de las primeras comunidades cristianas resulta fundamental para terminar de entender la reciprocidad y la complementariedad entre lo masculino y lo femenino. También en ese capítulo comento la mirada de J. Kentenich sobre María y los feminismos, porque entiendo que el planteo de Kentenich se encuentra alineado con algunos planteos tanto teológicos como filosóficos de los feminismos actuales.
Pensar de manera feminista es pensar que todas las estructuras hechas por los hombres debieran ser estructuras en clave de reciprocidad. Sin esa conciencia, poco se podrá hacer para lograr el equilibrio y trabajar con “los dones de la humanidad entera”, como decía Edith Stein. Y por ello veremos cuestiones de fondo: la necesidad de entender no solo la historia, sino también la economía y la Iglesia desde la lógica masculina y femenina. Y como no podía ser de otra forma, toco también someramente la discusión sobre el sacerdocio femenino.
El cierre del libro es un comienzo. Porque la historia la escribimos entre todos hic et nunc y cada lector seguirá escribiendo en la historia su propia historia, para hacer de este mundo algo mejor, más justo e igualitario para las generaciones que vengan.
Prólogo
Este nuevo libro de la editorial Nueva Patris nos introduce en uno de los temas más fascinantes del último tiempo: el feminismo. Aquí encontramos una reflexión cristiana sobre el ser de la mujer. La filósofa argentina Cecilia Sturla nos invita, en seis capítulos, a pensar sobre la mujer y su irrenunciable y magnífico aporte al mundo y la Iglesia. El libro nos ayuda a recorrer las grandes mujeres de la historia y las extraordinarias mujeres de la Biblia cristiana, que culmina con la figura cumbre que es la Virgen María.
En estos capítulos, Cecilia desarrolla cuidadosamente una visión de un feminismo cristiano que desea ser un aporte a las discusiones actuales sobre este tema. “La mujer y los feminismos” nos quiere introducir en este mundo desde la fe, incorporando las corrientes modernas, dialogando con autores contemporáneos y mirando con esperanza el futuro.
Desde una antropología personalista, desde la polaridad creadora y reciprocidad del varón y la mujer, desde la igual dignidad entre ellos, el libro nos propone nuevos caminos de comprensión de la mujer en este tiempo.
Destaco la figura de Santa Teresa de Ávila, mujer recia, inteligente, fundadora y fascinante que cita Cecilia en esos diálogos personales con Jesús: «Ni aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabas por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad, y hallasteis en ellas tanto amor y más fe que en los hombres, pues estaba vuestra sacratísima Madre en cuyos méritos merecemos.” El mismo Jesús halló más amor y fe en las mujeres, hoy requerimos de nuevas figuras como Santa Teresa de Ávila que nos enseñen a amar y creer de verdad. Ella no tuvo complejos ni miedo para fundar conventos, discutir con obispos, reyes y hablar de Dios con San Juan de la Cruz. Fundadora, excelsa escritora, santa, consejera, libre y una gran mística. Una mujer de esa altura y sensibilidad cambió la Iglesia de su época, la forma de conversar con Dios alcanzó cimas insospechadas, una mujer nos enseñó a dialogar con Cristo desde la verdad y el amor.
Quisiera solo agregar tres breves miradas sobre la mujer desde la teología, la pintura y el padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt.
Desde la teología, Hans Urs von Balthasar (1905-1988), autor de una hermosa biografía espiritual de otra gran mujer, Santa Teresita del Niño Jesús, en su obra magna de la “Teodramática”, formula una afirmación esencial: “Antes de que haga su aparición en la Iglesia el ministerio masculino, se encuentra ya actuando la Iglesia como mujer y compañera del hombre. Y una acción ministerial de los presbíteros, en cuanto tal, sólo es posible en una Iglesia del Hijo encarnado, crucificado y resucitado, si antes es asumida por la mujer que es “más que ministro” y que contiene en sí todo el ministerio, la única que pronuncia el “sí” necesario para la encarnación del Verbo.” La Iglesia ha reaccionado lentamente a esta realidad descrita anteriormente, no hemos llegado hasta el fondo del “sí” de María y, por lo tanto, al sí de la mujer en el corazón de la Iglesia. Los cristianos somos “feministas” desde el inicio, pero no fuimos consecuentes con esta realidad querida por Dios: “Ha llegado el momento de demostrar, no sólo que se puede ser feminista a pesar de ser católica, sino, más bien, que se es feminista por ser católica”.
La hermosa pintura de Johannes Vermeer (1632-1675) “La tasadora de la perla” o “La mujer de la balanza” nos ilustra el tesoro inmenso del genio de la mujer. La mano izquierda de una mujer joven se apoya en una mesa con perlas, quizá para cuidar y sostener la vida que lleva en su seno; la mano derecha, con gran fineza y elegancia, sostiene una balanza en un equilibrio casi perfecto; la mirada dulce y concentrada, como si no existiera nada más en el mundo, porque allí está lo más importante, vale decir, la vida y la magia femenina del equilibrio del mundo, con pasión y belleza. Además, en la pared del fondo de la pintura cuelga un juicio final, donde Dios también equilibra su balanza del mundo. Necesitamos más que nunca el cuidado de la vida, necesitamos urgentemente esa rica sensibilidad del equilibrio y necesitamos un juicio misericordioso de nuestras acciones para ser felices. Necesitamos el “genio” de la mujer para construir un mundo realmente humano, donde la vida sea el centro, como en la pintura de Vermeer. En una unidad diversa se conjugan la vida por venir, la balanza y el juicio final de la misericordia de Dios. El mundo ha perdido el balance porque no tiene balanzas equilibradas o mujeres que nos regalen la armonía de la vida. En la Edad Media se decía que la Virgen María era la balanza del mundo, vale decir, la capacidad de tener juicio correcto de las personas, de los acontecimientos y del amor.
“La tasadora de perlas” (h. 1665), Johannes Vermeer.
Óleo sobre lienzo, 42 × 35,5 cm.
National Gallery of Art, Washington D.C., EE.UU.
El padre José Kentenich, en el año 1931, afirmaba lo siguiente: «La mujer es como el proletario, el prisionero de la historia; y es tarea de nuestro tiempo, liberar a ambos prisioneros, arrancarles sus cadenas.” Este libro de Cecilia Sturla es una manera de ir arrancando esas cadenas para que la mujer sea plenamente feliz en el mundo de hoy.
El acorde final de este libro es elocuente y nos hace pensar: “Hablemos de feminismos. Hablemos de la importancia de la mujer en la sociedad actual. Hablemos de reciprocidad y complementariedad en un mundo donde caer en los extremos es demasiado fácil.” Hablemos de esa balanza de la pintura de Vermeer, ella nos puede salvar, con ese dedo femenino de María que inclina suavemente la balanza por la vida y con la certeza de que el juicio final es el juicio de la misericordia. El feminismo es una corriente de vida que está cambiando el mundo, lo está haciendo más humano, sensible y justo.
Nos alegramos de presentar este libro actual, valiente y profundo sobre un tema que a todos nos interesa y al cual todos estamos invitados a aportar y valorar. Agradecemos a Cecilia por sus luminosas reflexiones e investigaciones, que nos motivan a pensar nuevamente sobre el aporte fundamental de la mujer en el mundo y en la Iglesia.
P. Patricio Moore I.
Santiago, 20 de julio del 2023
Introducción
La primera gran distinción que debiéramos hacer es definir si hablamos de “feminismo” o de “feminismos”. Porque no hay un solo tipo de feminismo, sino que hay un feminismo por cada mujer que lo estudia o elabora una mirada crítica. En base a esta distinción, usaré “feminismo” cuando me refiera a la historia y “feminismos” cuando hable de las ideas feministas.
Por ello lo primero que vamos a abordar es el feminismo en la historia. Veremos la mirada de las mujeres en un pantallazo rápido y hasta podría decirse arbitrario, porque en orden a la lectura, voy a detenerme en los hitos principales que marcaron la agenda feminista tal como la conocemos hoy. Veremos que a los feminismos no se los puede definir solo como una corriente que busca promover la igualdad entre el varón y la mujer en los diferentes ámbitos, porque es mucho más que eso. Y lo primero a distinguir, como ya dijimos, es entre la historia del feminismo y la historia de las ideas feministas1. Porque la misma palabra “feminismo” es un neologismo formado en Francia a mediados del siglo XIX. Antes de ello, lo que existieron fueron las ideas feministas.
Pero, ¿es el feminismo tal como lo conocemos hoy el producto de las ideas feministas? Esta pregunta tampoco es fácil de responder. Para ello, deberíamos hacer una filosofía de la historia que aún hay que producir (Auffret, 2018). Lo cierto es que a medida que las ideas de las mujeres fueron tejiéndose en la cultura, las mujeres se agruparon y fortalecieron mutuamente en una “sororidad” atravesando océanos y culturas en un grito tan fuerte como la “fraternidad” de la Revolución Francesa, aunque con diferentes modalidades y consecuencias.
Pero entonces ¿de qué manera las ideas de las mujeres fueron atravesando la historia? Allí debemos aplicar una técnica “arqueológica” (Auffret, 2018): es preciso adentrarnos en los fragmentos, mitos, íconos, ideas de mujer y a veces en aquellas palabras no dichas acerca de las mujeres, pero que suponen todo un significado.
Vayamos entonces a esta “arqueología” de las ideas feministas, comenzando en la Antigua Grecia y Roma.
I.
Historia de las ideas feministas
1.1 Arqueología feminista
“En vano la censura contra las mujeres pulsa la lira de los hombres cual errado disparo y mal se expresa: que ellas se mostraron mejores que los varones así lo afirmo”.
Eurípides, Fragmento 494
1.1.1 Grecia y Roma
Como en todas las generalidades, afirmar que en Grecia las mujeres no tuvieron relevancia resultaría injusto. De hecho, vamos a nombrar a algunas de ellas.
Constituye toda una paradoja que, donde la inteligencia, la prudencia, la estrategia militar, las artes, los oficios, las ciencias, la justicia y la ley se reunían en una mujer, la diosa Atenea, las mismas mujeres no fueran consideradas ciudadanas ni su inteligencia tenida en cuenta.
Así y todo, las cualidades femeninas sí tuvieron trascendencia y los mitos dan cuenta de ello. Atenea, Hera, Perséfone, Afrodita, Deméter, Artemisa, muestran cuanto menos la importancia que la cuna de nuestra civilización otorgó a lo femenino.
En este contexto, aparecen figuras femeninas en los mitos, en el teatro, y en la “idea” de mujer de algunos filósofos. Por ejemplo, Eurípides comienza a hablar de las ideas feministas pese a haber sido acusado de misógino en sus diversas biografías. La obra del escritor de tragedias nos llegó fragmentada. De las noventa y dos o quizás noventa y seis piezas de teatro, solo nos llegaron setenta y ocho, y de ellas, tres se consideran espurias (Dorda, 2012).
No corresponde debatir aquí la mirada de las mujeres que tuvo Eurípides. Sin embargo, sí resulta interesante ver la obra en la que el poeta trágico escribió sobre la mujer, y la controversia que generó entre sus pares y en la sociedad griega en general.
Aunque la obra “Melanipe la sabia” se perdió, se conoce su argumento central al que se refiere Aristóteles en el capítulo XV de su Poética. Cuando Eolo, el padre de Melanipe se encontraba ausente, esta da a luz dos gemelos, fruto de su relación con Poseidón. Por temor a su padre, los niños fueron escondidos en un establo. Allí los encuentran unos boyeros entre una vaca y un buey y se los llevan al rey. Este, creyendo que habían sido engendrados por un extraño prodigio, y que los gemelos eran hijos de los animales entre los que los habían encontrado, decide darles muerte. Es entonces cuando Melanipe intenta salvarlos pronunciando un parlamento en el que sostiene que es imposible que un animal dé a luz criaturas humanas. Pero, su forma de argumentar presupone conocimientos que en la época no eran propios de una mujer, porque Melanipe discurre con la filosofía de Anaxágoras, maestro de Eurípides. Y comienza su discurso con un: “Soy mujer, sí, provista de inteligencia (Nous)”. En cierto sentido, Melanipe rompió con el arquetipo que llevó a Demócrito, un filósofo hedonista, a escribir: “Que la mujer no se ejercite en discurrir (o en razonar), porque eso es detestable” (Cit. en Auffret, 2018). Por ello, el mismo Aristóteles escribió en su Poética, que Melanipe sea un ejemplo de incongruencia e inadecuación de la obra, ya que la mujer no puede pensar y razonar lo mismo que un hombre2. Podríamos decir que esa inferioridad de la mujer con respecto al varón, es lo que el mundo griego tiene sobre las mujeres en general, tal como se encarga de decir el mismo Eurípides en su Medea:
(…) de todos los seres que poseen vida y razón, nosotras las mujeres somos la especie más desgraciada. Debemos, en primer lugar, comprarnos, a precio excesivo, un marido, un dueño absoluto de nuestro cuerpo, lo cual es más doloroso aún que la dote que se paga. Y, además, en ello hay un riesgo supremo: tomar marido bueno o malo, ya que la separación solo trae deshonra a las mujeres que no pueden repudiar a sus esposos. Entre normas y costumbres nuevas que no conoce por su casa, debe la esposa adivinar el modo mejor de tratar a quien comparte su lecho. Si tenemos éxito en nuestro esfuerzo y el marido soporta de buen grado el yugo de la vida en común, nuestra vida es envidiable. Si no es así, la muerte es la única solución. Un hombre, en cambio, cuando la vida de familia le resulta fastidiosa, abandona su hogar y pone fin al hastío de su corazón (con el trato de un amigo o compañero). Nosotras, por el contrario, estamos obligadas a tener puestos los ojos en una única persona. Arguyen que vivimos en casa con una vida sin riesgos, mientras ellos se baten en la lanza. Argumento malicioso este. Pues preferiría afrontar el combate tres veces a parir una sola vez. Aun así, estas razones no son válidas del mismo modo para ti y para mí (Eurípides, 1990).
