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Esta amena y original colección de minibiografías ilustradas nos revela los momentos más significativos de la infancia de diecisiete grandes artistas. ¡Atrapará a lectores de todas las edades! Olvida los premios, las grandes exposiciones y las obras maestras. Cuando los artistas más famosos del mundo estaban creciendo tenían los problemas típicos de cualquier niño. La familia de Jackson Pollock no dejaba de mudarse: vivió en ocho ciudades distintas antes de cumplir los dieciséis años. Georgia O'Keeffe estuvo siempre a la sombra de su «perfecto» hermano mayor. Y Jean-Michel Basquiat logró dejar atrás la pobreza para convertirse en uno de los artistas más influyentes del mundo. Niños artistas cuenta estas y otras historias acompañadas de vibrantes y coloridas ilustraciones que animan la lectura.
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Seitenzahl: 141
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Edición en formato digital: febrero de 2026
Título original: Kids Musicians. True tales of childhood from Entertainers, Songwriters, and Stars
© Quirk Productions, 2024
All rights reserved
Publicado originalmente en inglés por Quirk Books, Filadelfia, Pensilvania.
Publicado por acuerdo con Ute Körner Literary Agency, S. L. U.
Barcelona – www.uklitag.com
© De la traducción, Julio Hermoso
Diseño de la colección: Gloria Gauger
© Ediciones Siruela, S. A., 2026
Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.
Ediciones Siruela, S. A.
c/ Almagro 25, ppal. dcha.
www.siruela.com
ISBN: 979-13-88032-41-7
Conversión a formato digital: María Belloso
Portada
Portadilla
Créditos
Índice
Introducción
PRIMERA PARTE El sueño de una estrella del pop
Cher
Beyoncé
Harry Styles
Taylor Swift
SEGUNDA PARTE Clubs de jazz y grandes auditorios
Louis Armstrong
Ella Fitzgerald
Glenn Gould
Yo-Yo Ma
TERCERA PARTE Escribir canciones y hacer música
Paul McCartney
Joni Mitchell
Bob Marley
Dolly Parton
CUARTA PARTE El R&B y el sonido Motown
Diana Ross
Stevie Wonder
Mariah Carey
Para leer más
Bibliografia
Para Kai, David, Genevieve y Quentin:
ojalá vuestra vida se llene de música
Te gusta ponerte a cantar cuando oyes tus melodías preferidas o a ensayar bailes con tus amistades? A lo mejor sabes tocar un instrumento musical, o quizá te gustaría aprender a tocarlo algún día. Ya seas de los que componen música o de quienes disfrutan escuchándola sin más, una cosa está clara: la música es una parte esencial de la vida para la gente de todo el mundo.
Puede despertar las ganas de bailar, puede ser la inspiración para crear una obra de arte o motivarnos para correr más rápido. Puede empujarnos a expresar nuestros sentimientos, ayudarnos a llorar cuando estamos tristes o aumentar nuestra euforia y nuestra integración con los demás cuando nos unimos en una celebración.
Podemos escuchar e investigar muchísimos tipos distintos de música: clásica, jazz, rhythm and blues (o R&B), reggae, country, pop, hip-hop, ¡y muchos más! La música siempre está cambiando, y cada nueva generación de músicos aprende de los conocimientos y el legado de los anteriores para crear unos sonidos únicos sobre la base de las innovaciones del pasado.
Con su manera de componer, cantar, tocar e interpretar, los músicos de este libro forzaron los límites del mundo de la música y lo transformaron. En la actualidad, todos ellos son muy famosos; pero, claro, hubo un día en que fueron niños, ellos también.
Algunos de estos músicos empezaron a aprender su arte a una edad muy temprana. Cuando Mariah Carey apenas gateaba, ya escuchaba a su madre, que era cantante de ópera, practicar las escalas musicales. Yo-Yo Ma solo tenía tres años cuando su padre empezó a enseñarle a tocar el chelo.
Muchos de ellos supieron que iban a ser músicos ya desde la infancia. Cuando era pequeño, Prince le dijo a su profesora que iba a ser una estrella del rock, y Cher, cuando tenía once años, se pasaba las horas practicando su autógrafo para el día en que se hiciese famosa. Aun así, hubo gente que no creyó en estos futuros músicos. Cuando Dolly Parton anunció que se marchaba a Nashville para convertirse en cantante de country, sus compañeros de clase se rieron de ella.
Algunos de estos músicos tuvieron una infancia difícil. En Nueva Orleans, el pequeño Louis Armstrong dejó el colegio a los once años y aprendió a tocar la trompeta en un reformatorio. Los cantantes Diana Ross y Stevie Wonder, que crecieron en Estados Unidos en la década de 1950, se encontraban a menudo con el racismo y la discriminación. En las praderas canadienses, la cantante y compositora Joni Mitchell pasó varios meses ingresada en un hospital luchando contra la polio.
Algunos de estos músicos eran muy pobres antes de alcanzar el éxito. El artista de reggae Bob Marley no tenía un techo donde cobijarse a los diecisiete años, y la cantante Ella Fitzgerald vivió en la calle durante un tiempo, hasta que ganó un concurso de nuevos talentos en su adolescencia.
Ahora bien, con independencia de su talento o de las dificultades y obstáculos que hallaran en su camino, todos estos músicos empezaron siendo unos niños a los que les encantaba jugar y ser creativos. Stevie Wonder montaba en bicicleta con su hermano, a Harry Styles le gustaba disfrazarse de dálmata, y Taylor Swift se inventaba unas historias muy imaginativas en el vivero de árboles de Navidad de su familia. Al pianista clásico Glenn Gould le gustaban tanto los animales ¡que hizo un periódico para sus mascotas!
Estos músicos se esforzaron por hacer realidad sus sueños y crearon una música que ha conmovido a millones de personas de todo el mundo. ¡Muchos de ellos se inspiraban los unos a los otros! Ella Fitzgerald solía imitar la manera de cantar de Louis Armstrong; Mariah Carey era superfán de Stevie Wonder; Beyoncé estudió las carreras musicales de Diana Ross y Prince, y la primera demo (una grabación de prueba) de Taylor Swift incluía canciones de Dolly Parton.
Por medio de la música, la gente puede comunicar sentimientos e ideas, es decir, que las canciones pueden unir a la gente y promover grandes cambios en el mundo en que vivimos. La música se ha convertido en la banda sonora de movimientos a favor de los derechos civiles, la justicia social y la paz en el mundo.
Todos los protagonistas de este libro han creado una música que ha enriquecido nuestro mundo. Esperamos que su historia enriquezca también tu vida.
Jackie Jean Crouch, la madre de Cher, nació en Arkansas, Estados Unidos, y creció siendo muy pobre. Después de mudarse a vivir a Los Ángeles con su padre, conoció a un hombre de origen armenio llamado John Sarkisian. La joven pareja no había cumplido aún los veinte años cuando se casó y se trasladó a vivir a El Centro, un pequeño pueblo de California. El padre de John le compró a su hijo cinco camiones para que pudiese poner en marcha su propio negocio, cosechando y distribuyendo sandías.
Un año después de su boda nació su hija Cherilyn, el 20 de mayo de 1946. La relación entre Jackie y John había sido tormentosa desde el principio, y cuando John perdió todos sus camiones en las apuestas, la idea del negocio de distribución se vino abajo. La pareja se divorció antes del primer cumpleaños de su hija, y Jackie cogió al bebé y se marchó a vivir a un barrio cerca de Hollywood. Jackie se cambió el nombre por el de Georgia y tuvo varios empleos antes de dedicarse a la carrera de actriz.
Como tenía que marcharse a trabajar, Georgia dejaba a su hija Cher en el centro infantil católico, una especie de orfanato que hacía las veces de guardería durante la jornada laboral. Georgia iba al centro católico todos los días a ver a su hija; aun así, fue una época un tanto confusa para la pequeña.
Las dos abuelas de Cher ayudaban a cuidar de ella, pero la niña estaba sola con frecuencia, y se inventó dos amigos imaginarios, Sam y Pete, que para ella eran muy reales: «Eran dos camioneros —contaba Cher—, aunque, para mí, Pete tenía más pinta de leñador, con una camisa de cuadros rojos y negros y un gorro con orejeras». Cher tomaba el té con ellos: preparaba tres tazas y una tetera con limonada.
A los cuatro años, Cher fue a ver la película Dumbo en un cine de Hollywood Boulevard. Fue una experiencia mágica para ella: la pantalla enorme, los dibujos en color, aquellos animales animados que cantaban y bailaban. Fue incapaz de apartar los ojos de la película, ¡ni siquiera cuando se dio cuenta de que tenía que ir al cuarto de baño! «No quería perderme ni un solo segundo de Dumbo, así que tomé una decisión: no me iba a mover de la butaca —dijo Cher—, y me hice pis encima».
Georgia, la madre de Cher, volvió a casarse, ahora con John Southall, y tuvieron otra hija que se llamó Georganne. Cuando llegó el bebé, Cher no se emocionó mucho —Georganne lloraba un montón, y ya nadie le prestaba atención a ella—, pero no tardó en cogerle mucho cariño a su hermana. Un día, Cher eligió varios de sus juguetes para que Georganne jugase con ellos. Por desgracia, el bebé le quitó las ruedecitas al coche azul favorito de Cher ¡y se las tragó! Sus padres se asustaron mucho y llamaron al médico. Georganne estaba bien, ¡pero a Cher la castigaron en su cuarto! Según contó ella, esa fue la primera de las muchas ocasiones en que su hermana la metió en un lío.
Ya de pequeña, a Cher le encantaba la música. A los tres años bailaba desnuda por toda la casa, cantando a voz en grito. Después de ver la película Cenicienta cuando tenía cinco años, sorprendió a su madre cantando una de las canciones en el coche de camino a casa. «Era capaz de oír una canción una sola vez y recordar toda la letra», recordaba Cher. Le gustaba mucho escuchar los discos de los musicales de Broadway que tenía su madre y preparar bailes para ella y para Georganne, o para ella sola: subía el volumen del tocadiscos y se ponía a cantar y a bailar cuando no había nadie más en casa.
La familia de Cher se mudaba de casa con frecuencia, así que fue a muchos colegios diferentes y, con tantos cambios, ella acumulaba cada vez más retraso respecto de los demás alumnos. Más adelante descubrió que tenía dislexia, un problema del aprendizaje que dificulta y ralentiza la lectura, pero de niña solo sabía que no era capaz de seguir el ritmo de su clase ni terminar los deberes. «Me sentaba en clase y soñaba despierta con las películas que habíamos visto la noche antes», decía Cher.
En casa, la vida era complicada. Su madre y su padrastro discutían con frecuencia, y John se ponía violento en algunas ocasiones. Ante esto, Cher sentía miedo y se disgustaba, se escondía en su cuarto e intentaba no hacer el menor ruido. «Odiaba aquellas peleas», recordaba Cher, y cuando ella tenía nueve años, Georgia y John se separaron. Cher echaba de menos a su padrastro, pero las peleas no tanto. «Me ponía muy triste […], pero sabía que íbamos a estar mejor sin él», dijo.
Cher, Georganne y su madre se trasladaron a una casa nueva en el valle de San Fernando. Después de haber vivido en muchos apartamentos distintos, esta era la primera vez que vivían en una casa independiente, y a Cher le encantó. Georganne y ella compartían un cuarto que su madre decoró especialmente para ellas con un papel pintado de color celeste con mariposas. Había muchos niños con los que jugar en aquel barrio, y unos grandes jardines donde pasárselo bomba. «Todos los críos íbamos corriendo por ahí como unos diablillos», contaba Cher; aquello era «un paraíso para los niños».
Aquella casa tenía dos árboles frutales en el jardín de la entrada, un melocotonero y un albaricoquero. En los cumpleaños de Cher y de Georganne, su madre colgaba globos de un árbol y piruletas del otro.
A Cher siempre le había gustado actuar, y en quinto curso encontró la manera de llevarse al colegio su pasión: montó una función del musical Oklahoma. Organizó a un grupo de chicas y dirigió y coreografió sus movimientos de baile. La obra musical contaba también con papeles para cantantes masculinos, pero los chicos de su clase se negaron a participar. Eso no detuvo a Cher: ella misma interpretó los papeles masculinos y cantó todas sus canciones.
Al cumplir los once años, Cher ya tenía un objetivo. «No sabía qué iba a hacer ni cómo lo iba a conseguir, pero ya sabía que quería ser famosa», dijo. ¡Se pasaba las horas practicando su autógrafo!
Ese año sucedió algo sorprendente: su madre le preguntó a Cher si deseaba conocer a su padre biológico. Ella siempre había considerado a su padrastro como su padre, y, aunque su madre y él ya no estaban juntos, Cher continuaba viéndolo en ocasiones, ¡pero no había visto a John Sarkisian desde que era un bebé! Sintió curiosidad, así que aceptó conocerlo. La primera vez que lo vio, Cher se percató de que él tenía la misma sonrisa que ella, que los dos tenían el mismo cabello y los ojos oscuros. Parecía un hombre agradable, pero era un desconocido para ella. «Solo era un señor que vino a casa con la misma sonrisa que yo», dijo.
A lo largo de los años siguientes, Cher fue a varios colegios distintos, pero ninguno de ellos le gustó especialmente. Estudió secundaria en un internado católico en Burbank, en California. Era un lugar muy estricto, con muchas normas, y tanto ella como las demás alumnas vestían uniforme. Cher había metido unos vaqueros y pantalones cortos en la maleta para ponérselos cuando se quitara el uniforme al final de la jornada, pero las monjas del internado le decían que no estaban permitidos. El único vestido que tenía era de color rosa, así que tuvo que ponérselo todos los días de la primera semana, después de clase. Así fue como se ganó el apodo de Pinky.
A los catorce años, Cher asistió al instituto de Fresno, pero poco después se trasladó a un colegio privado en Encino llamado Montclair College Preparatory School. Allí, sus compañeros eran de familias ricas, y a Cher le costaba encajar. Seguía teniendo dificultades para leer y escribir a causa de su dislexia, de manera que todo cuanto aprendía era de oído, y solía soñar despierta. Al echar la vista atrás, dijo que «en realidad, yo nunca estaba en el colegio. Siempre estaba pensando en el momento en que sería mayor y famosa».
Cuando Cher tenía quince años, su madre se volvió a casar. Su nuevo padrastro, un director de banca llamado Gilbert LaPiere, adoptó a Cher y a Georganne oficialmente, y el nombre de Cher se convirtió en Cherilyn LaPiere. «Tuve varios apellidos cuando era niña, pero ninguno era realmente mío —dijo—, y nadie me llamaba nunca por mi nombre real. Siempre fui Cher».
Un año después, cuando apenas llevaba tres semanas de clase en undécimo curso, Cher dejó de ir al instituto. Sus padres le dijeron que no se podía quedar allí sentada, en casa, y la ayudaron a apuntarse a unos cursos de interpretación. Cher era mucho más joven que los demás alumnos, todos ellos adultos, pero aquello le encantaba. Dijo que fue un punto de inflexión para ella. «Por fin era buena en algo —dijo—. Era capaz de conmover a la gente».
Más adelante, ese mismo año, Cher conoció a un hombre que se llamaba Sonny Bono. Era diez años mayor que ella, se ganaba la vida cantando y componiendo y buscaba una asistenta para su casa. Cher necesitaba un lugar donde vivir, así que se mudó allí y comenzó a trabajar para él. Ninguno de los dos pudo haber adivinado que apenas tres años después estarían casados, actuarían juntos ¡y serían famosos! En 1965, su éxito «I Got You Babe» llegó al número uno de las listas en Estados Unidos y en el Reino Unido. Sonny y Cher presentaron juntos también un programa de televisión en Estados Unidos, The Sonny and Cher Comedy Hour. Cher había tenido algunas dificultades con el miedo escénico en el pasado, pero esta nueva colaboración lo ayudó a superar sus miedos y ganar confianza para lanzarse a una carrera en solitario.
Desde entonces, Cher ha publicado muchos éxitos más, y canciones como «If I Could Turn Back Time», «Believe» y «Strong Enough» ascendieron disparadas a lo más alto de las listas musicales. Cher ha vendido más de cien millones de discos y es una de las artistas musicales con mayores ventas en todo el mundo. ¡También ha ganado un Óscar, un premio Emmy y tres Globos de Oro como actriz!
Aun así, la fama de Cher va más allá de su talento como cantante y actriz: es igualmente famosa por su estilo legendario, su personalidad carismática y su expresividad desinhibida. Ha utilizado su posición ventajosa y su dinero para dar apoyo a muchas causas que son importantes para ella, como la promoción de las investigaciones sobre el sida, el apoyo de los derechos de las personas LGTBIQ+ y atraer la atención sobre el impacto del covid sobre los más vulnerables.
En 2010, Cher recibió el honor de dejar la huella de las manos y los pies en el cemento delante del Grauman’s Chinese Theatre de Hollywood, justo el mismo cine donde se quedó entusiasmada con la película Dumbo cuando era niña. Alcanzó su meta de la infancia, hacerse famosa, y no ha dejado de serlo durante seis décadas enteras.
