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Este libro nace de la invitación que le hicieron al autor: "Háblame de tus lágrimas". En él nos cuenta sus propios descubrimientos e invita a los lectores a reconocer la existencia y la riqueza del lenguaje de las lágrimas. Estas, al igual que los manantiales y los arroyos en el mundo natural, dan forma al paisaje de nuestras vidas. Los capítulos de la primera parte cubren una amplia gama de experiencias y de descubrimientos personales acerca de las lágrimas. Las otras dos partes son reflexiones sobre las lágrimas o el llanto en diferentes libros de la Biblia. En la tradición espiritual cristiana, las lágrimas tienen un lugar venerable y han sido consideradas como un don capaz de revelar la implicación de Dios en la vida de una persona, a la vez que un signo de devoción y de vida mística. Este fascinante y original libro busca recuperar el don, el misterio y el significado de las lágrimas humanas. En él se entrelazan biología, cultura, historia, química, religión, espiritualidad, temperamento, emoción y literatura para explorar la riqueza perdida que es el lenguaje de las lágrimas.
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Seitenzahl: 186
Veröffentlichungsjahr: 2021
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David Runcorn
Nuestras lágrimas
Un lenguaje olvidado
NARCEA, S.A. DE EDICIONES
Cita
Jesús dijo:
“Quien crea en mí…
de su entraña manarán
ríos de agua viva”
(Jn 7,38).
Dedicatoria
Con cariño y agradecimiento a Andrew, Ian, Pauline y
a todos los del equipo de Misión y Ministerio de la Diócesis de Gloucester.
Agradecimientos
Muchas personas han hecho posible la aparición de este libro. Doy especialmente las gracias a Sheila Appleton, al obispo Robert Atwell, Catherine Benbow, Ian Bussell, Andrew Braddock, Hilary Egerton, al obispo David Gillett, Paula Gooder, Anna Griffiths, Mat Ineson, Tash Kent, Anne Long, Philip Seddon, al P. Silvano, a los Hermanos Stuart y Philip Swan por sus regalos de tiempo, perspicacia, lágrimas, sabiduría y permiso para usar sus historias.
Gracias también a los que han participado en tantos talleres, encuentros de formación y grupos de discusión, cuya visión y experiencia compartidas han enriquecido estas páginas.
Un agradecimiento muy especial a Simon Kingston, que una vez más ha sido un colaborador encantador y un guía incansable a lo largo de todo el libro.
Finalmente, quiero dar las gracias a mi querida esposa Jackie, y a Josh y Leona, Simeon y Kate por aguantar a un escritor durante el parto de su obra. Han sido distracciones deliciosas, generosamente curiosas y un maravilloso apoyo en todo momento.
Índice
Cita
Dedicatoria
Agradecimientos
I. El lenguaje de las lágrimas
‘Háblame de tus lágrimas’
Viviendo en el agua
Recógelas
Para los que no tienen lágrimas
Nuestra órbita emocional
Las lágrimas de un sacerdote
Hombres, mujeres y lágrimas
El lenguaje de la vida
Compañeros de la creación
Signo y síntoma
Arroyos en el desierto
Lágrimas resilientes
Regar la tierra
Estar disponible
Las lágrimas de Dios
La plenitud de Dios
Protesta
II. Junto a los canales de Babilonia. El Salmo 137
Cita
Nos sentamos
Acordándonos
Preguntando
Ira
III. Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares
Pena
El pan de lágrimas
El valle de Baca
Fuego y agua
Hasta que tengamos rostro
Encontrar compasión
Lamento
El agua en vino
ApéndiceNuestra relación con las lágrimas
Nombres que ponemos a nuestras lágrimas
Revisando nuestro lenguaje para las lágrimas
A la luz de esta reflexión:
Escuchando nuestras lágrimas
Colección Espiritualidad
Créditos
IEl lenguaje de las lágrimas
‘Háblamede tus lágrimas’
Estaba sentado charlando con mi acompañante. Ahora no recuerdo exactamente qué le estaba contando, pero en cierto momento, las lágrimas brotaron inesperadamente e inundaronmis intentos de continuar hablando. Ofrecí la disculpa avergonzada que parece que debemos ofrecer en esos momentos. Pero mi acompañante, sencillamente, se sentó a mi lado en silencio, mirando cómo fluían mis lágrimas. Una caja de pañuelos apareció junto a mi codo.
Cuando por fin las aguas empezaron a calmarse y me serené, esas fueron las primeras palabras que pronunció: ‘Háblame de tus lágrimas’.
Era una invitación, no una pregunta. Y eso lo cambió todo. Preguntas como ‘¿te pasa algo?’ o ‘¿por qué lloras?’ exigen una respuesta, sin embargo, puede ser que no esté pasando nada. ¿Acaso las lágrimas sirven solo para detectar problemas que hay que solucionar, como si fueran una fuga de aceite debajo del motor de un automóvil?
Su invitación abrió mi relación con las lágrimas ese día. Si ella hubiera dicho: ‘Cuéntame sobre tu familia’ o ‘cuéntame cosas de tu vida’, le habría ofrecido un paseo por las diversas características del paisaje que conforman mi mundo personal. Pero lo que me dijo fue: ‘Háblame de tus lágrimas’. Nunca había pensado en las lágrimas de esta manera y realmente no sabía cómo empezar. Me invitaban a reflexionar sobre una relación, no a especular sobre razones particulares o la causa de mis lágrimas.
Si tenía que hablarle a alguien sobre mis lágrimas, primero necesitaba conocerlas mejor. Eso significaba considerarlas como algo más que un reflejo físico en presencia del dolor o de la perplejidad. En ese momento me di cuenta de que era un extraño para mis lágrimas. ¿Qué podría significar pasar tiempo con ellas, escucharlas? ¿Quizás me estaban hablando o incluso podía estar yo hablando a través de ellas de alguna manera? Después de todo, en mis comienzos más vulnerables, fueron el primer y único idioma que tenía disponible.
Las lágrimas nos conectan con la parte más profunda de nosotros mismos y, por lo tanto, ofrecen expresión a lo que está más allá de nuestras palabras e incluso de nuestros pensamientos.
En las páginas que siguen te cuento algunas de mis lágrimas. No porque sean excepcionales. No lo son. Tampoco entiendo todo lo que fluye. El sentimiento es parecido al que se tiene al tratar de aprender un idioma. Las lágrimas van incluidas en el hecho de ser una criatura que se pregunta, que anhela y que siente cosas. Así que las encuentro en momentos de alegría, de dolor, de desconcierto, de asombro, de pérdida y en muchos más. En algunas situaciones son predecibles. Pero también pueden ser inesperadas y misteriosas, o extrañamente ausentes.
Mis lágrimas revelan algo de mi carácter, temperamento e historias de vida. Aquí encontrarás pistas sobre mi madurez emocional o falta de ella. Hablo de las lágrimas como un lenguaje, y no simplemente como un reflejo emocional, para invitar a un compromiso más rico con nuestras respuestas al asunto de estar vivo y a las formas en que lo experimentamos, entendemos y expresamos. Así que aquí se mezclan la biología, la cultura, la historia, el género, la química, la religión, el temperamento, la espiritualidad, la emoción, la literatura y los sentimientos.
También escribo como alguien para quien las lágrimas han llegado a tener un lugar significativo en su fe, donde encuentran expresión muy frecuentemente. A veces, en la historia cristiana, las lágrimas han ocupado un lugar central en la tarea de discernir, orar y revelar el deseo y las formas de Dios. En los primeros siglos, los manuales sobre la vida cristiana prestaban especial atención a las lágrimas y sospechaban sino aparecían. Esta idea la plasmó vívidamente Isaac de Stella (c. 1100):
Te voy a decir algo de lo que no debes reírte, porque te estoy diciendo la verdad. A pesar de que debes colgarte de tus párpados ante Dios, no imagines que has alcanzado algo en tu regla de vida hasta que encuentres lágrimas; porque hasta entonces tu ser oculto está todavía al servicio del mundo1.
También formuló lo siguiente:
Cuando la gracia ha comenzado a abrir los ojos, comenzarán a derramar lágrimas hasta que se laven las mejillas por su propia abundancia. Si alguien te enseña lo contrario, no le creas. No puedes pedir a tu cuerpo nada más aparte de las lágrimas como un signo externo de la realidad2.
Esta percepción se ha perdido en gran medida en nuestros tiempos; espero que personas de diferentes credos o de ninguno se sientan bienvenidas y hagan sus propias reflexiones.
En mi búsqueda he encontrado historias de lágrimas en los lugares más inesperados. El empresario Duncan Bannatyne es un ejemplo. Habla de sus lágrimas mientras hacía un voluntariado entre los pobres en Rumanía.
Las lágrimas llegaron alrededor de las diez de la noche. Salí y encontré un lugar tranquilo al lado de la casa. No pude contenerlas, mi cara estaba húmeda y mi nariz comenzó a gotear. No tuve más remedio que dejarlas correr; y siguieron saliendo y no se detuvieron. Después de muchos minutos comencé a tener la sensación de que no estaba solo. En ese momento Dios me saludó. Sentí que esa presencia me había cubierto completamente y me había agarrado. Era inconfundible: sabía quién había venido y también sabía por qué. No era algo espiritual, era algo cristiano, y sentí que me decían: “Has llegado, acoge la fe, sé cristiano, eso es todo”. Fue profundo, y me quedé allí, aturdido, considerando la oferta y pensando en lo que significaría. Sabía que quería seguir con mis negocios yganando dinero, y también sabía que quería seguir haciendo todas las cosas de las que no estaba orgulloso. Sabía que nunca iba a ser uno de esos buenos chicos que va a la iglesia los domingos. Así que dije: “No, no estoy listo”. Y Dios dijo: “Bien”, y desapareció3.
También veremos cómo fluyen las lágrimas de muchos otros a lo largo de las páginas este libro. Son personas muy diferentes y con experiencias distintas. Las lágrimas no son solo para cierto tipo de personas, también quienes no lloren fácilmente encontrarán sus historias aquí. Estoy agradecido por lo que han compartido y por haberme dado permiso para contar sus historias. En algunas ocasiones he hecho pequeños cambios en los detalles para proteger la confidencialidad.
Soy consciente de que las lágrimas tocan nuestras partes más sensibles. Es peligrosamente fácil ser torpe con los sentimientos y las heridas de los demás. Si alguno queda magullado por lo que he escrito, lo siento: en ningún caso era esa mi intención.
Al final del libro ofrezco tres recursos prácticos para explorar lágrimas: Nuestra relación con las lágrimas, Nombres que ponemos a nuestras lágrimas y Escuchando nuestras lágrimas.
Cerca de donde trabajo hay una antigua catedral que tiene una capilla en la que me encanta orar. Un día, tenía el corazón agobiado y sabía que necesitaba lágrimas para expresarlo, y me dirigí hacia allí, esperando estar solo. Pero llegué justo cuando un equipo de niños y su entrenador estaban entrando. Mi corazón se hundió, porque sabía que habría poca privacidad mientras los niños estuvieran allí. Caminé hacia la capilla y las lágrimas brotaron con fuerza. Podía escuchar el inconfundible sonido de los niños acercándose, así que opté por arrodillarme en el suelo detrás del altar. Enterré mi cara en un cojín y continué orando en silencio.
Comencé a notar que estaba inesperadamente tranquilo. Miré a mi alrededor y vi que había un niño pequeño arrodillado a mi lado, copiándome en silencio. Detrás de él sus amigos habían formado una pequeña cola, y esperaban su turno.
Lo que vieron o entendieron de mis lágrimas ese día, nunca lo sabré. Pero conservo lo que vivícomo un tesoro en la memoria y espero que este libro ofrezca un estímulo similar para acercarse, explorar y comenzar a aprender el lenguaje de nuestras lágrimas. Son parte de nuestra relación con nosotros mismos y con nuestro mundo. Revelan nuestro paisaje y nuestra historia personal,como lo hacen los ríos, los manantiales y los lagos en el mundo natural. Las lágrimas son más un lenguaje que un sentimiento: son un lenguaje, pero un lenguaje que probablemente no nos hayamos parado antes a escuchar.
1Maggie Ross, The fountain and the furnace: The way of tears and fire, Wipf and Stock, Eugene (OR) 2014, p. 138.
2Ibid, p. 38.
3Duncan Bannatyne, Anyone can do it, Orion Books, London 2006, pp. 230-231.
Viviendoen el agua
Todo comienza en el agua.
En el relato de la creación, en las primeras páginas de la Biblia, el agua cubre las profundidades en el vacío oscuro y sin forma (Gén 1,1-3). La vidaen la tierra evolucionó fuera del agua. Hoy en día, la búsqueda de vida en otros planetas aún se centra, en primera instancia, en la aparición de signos de agua. Sin ella sabemos que no hay vida posible. La vida en este planeta sigue siendo una existencia altamente saturada.
Los seres humanos estamos compuestos, aproximadamente, de un 60 a un 70 % de agua. Nuestro cerebro y corazón comprenden un 73 % de agua y nuestros pulmones alrededor de un 83 %. Nuestra piel contiene un 64 % de agua, los músculos y los riñones, 79 %. Incluso nuestros huesos son un 31 % acuosos. Al igual que en el mundo creado que nos rodea, el agua es fundamental para todos los aspectos de la salud humana y del crecimiento.
Hay razones prácticas por las que nuestra vidanecesita niveles tan altos de fluidos. El aguafuncionaamortiguando partes vitales del cuerpo en caso de que se produzca un impacto dañino. Es vital para nuestro sistema digestivo. El agua facilita la distribución del oxígeno por todo el cuerpo. Es necesaria para permitir que las células y los órganos crezcan y se reproduzcan y para expulsar los productos de desecho del cuerpo. Es esencial para ayudar al cerebro en la fabricación de hormonas y neurotransmisores. También es un lubricante de todo el cuerpo y el elemento con el que se regula su temperatura.
Tal vez no debería sorprendernos que dentro de la fluidez de lo que somos se encuentre un fenómeno llamado llanto que produce lágrimas. Hay tres tipos diferentes de lágrimas, cada uno con una función y un papel diferente.
Las lágrimas reflejas son las que derramamos cuando tenemos polvo o humo en los ojos. Enjuagan el sistema, eliminando la arena y las partículas nocivas y despejando la visión.
Las lágrimas continuas (o basales) mantienen nuestros ojos lubricados. Estas lágrimas contienen un químico antibacteriano llamado lisozima que protege nuestros ojos de la infección. Estas lágrimastambién viajan a través del conducto lagrimal para mantener la nariz húmeda y libre de bacterias.
Las lágrimas emocionales son diferentes de las anteriores y tienen más beneficios para la salud. Mientras que las lágrimas reflejas son 98 % de agua, las lágrimas emocionales excretan esas hormonas particulares y otras toxinas que se acumulan durante el estrés. El llanto también estimula la producción de endorfinas, el analgésico natural de nuestro cuerpo y las hormonas de sentirse bien. Haber llorado bien en algunos contextos significaeso: que es bueno para nosotros. Se eliminan los elementos insalubres de nuestro sistema. Por lo general, después de ese llanto, nuestra respiración y ritmo cardíaco disminuyen y entramos en un estado biológico y emocional más tranquilo.
Se cree que los seres humanos son las únicas criaturas que derraman lágrimas emocionales. Eso solo debería alertarnos de que, cuando estamos llorando, está sucediendo algo más que un reflejo físico. Cuando caemos en la cuenta de que el primer y más vulnerable período formativo de nuestra vida fueron los nueve meses que pasamos totalmente inmersos en el agua, puede que no sea tan sorprendente que nos comuniquemos a través del agua de una manera especial. Allí, en el útero, antes de que el discurso o el sonido nos fuera posible, nuestro primer idioma fue el movimiento. La investigación revela que los bebés se mueven con gran sensibilidad en respuesta al cambio de humor, hábitos o incluso pensamientos de su madre, a diferentes tipos de música, a los sonidos y a las voces. Al romperse esas aguas y producirse nuestro nacimiento en este mundo, nuestra segunda lengua se comunicó a través del agua.
Una de las cosas que hace que las lágrimas sean particularmente significativas es que son un punto en el que nuestro ser emocional/psicológico/espiritual y corporal se encuentran. Nos emocionamos hasta las lágrimas. Nuestras respuestas físicas pueden variar desde un movimiento discreto de la mano para limpiar una lágrima de la esquina del ojo, o algo más dramático: inclinado, convulsionado o temblando de lágrimas. Las lágrimas físicas pueden desencadenarse por algo que vemos, las palabras de un poema, un día de sueño, o un recuerdo despertado por un olor o un sonido, porque son una de las formas en que expresamos el variado negocio de estar vivo.
Las lágrimas desafían la suficiencia de las palabras para expresar lo que está sucediendo dentro de nosotros. De hecho, la comunicación humana siempre implica mucho más que palabras. Recibimos e interpretamos con precisión las palabras dentro del contexto interpretativo mucho más amplio del sonido, el movimiento, la expresión facial, el contexto, la intuición y las conjeturas. Solo el 30 % de las palabras son legibles por los labios. La comunicación humana siempre es muy… fluida.
Los libros que incluyen la mención de las lágrimas tienden a estudiar algún aspecto del tema como las funciones bioquímicas y biológicas. Un manual pastoral sobre el duelo puede interpretar las lágrimas en el contexto del sufrimiento y el dolor. Pero lo que a menudo falta es una reflexión sobre su importancia para expresar sentimientos, ser conscientes y reflexionar en profundidad. Las lágrimas tienen un gran significado en la forma en que desarrollamos nuestra conciencia y nuestra búsqueda de sentidoen nuestras vidas. Pero la discusión o incluso la conciencia de cualquier dimensión espiritual de nuestras lágrimas está casi totalmente ausente.
Simplemente porque son un lenguaje que ha estado saliendo de las profundidades más tempranas y más evocadoras de nuestras vidas, nuestra relación con nuestras lágrimas será compleja, misteriosa y difícil de alcanzar porque se expresa un lenguaje más profundo que las palabras. A través de las lágrimas nuestros cuerpos están mostrando lo que hay en nuestros corazones. Necesitamos aprender a escucharlos.
Tengo un amigo terapeuta que se asoció con un masajista para ofrecer sus servicios a los clientes a la vez. Se sentaba y hablaba tranquilamente con la gente mientras recibían un masaje y constató que a medida que un paciente recibía su masaje cuidadoso y atento, los recuerdos se desbloqueaban y se liberaban, a menudo con lágrimas.
El cuerpo recuerda, los huesos recuerdan, las articulaciones recuerdan, hasta el dedo meñique recuerda. La memoria está alojada en imágenes y sentimientos en las propias células. Como una esponja llena de agua, en cualquier lugar donde la carne se presiona, retuerce o toca ligeramente, puede fluir un recuerdo como una corriente1.
El crecimiento, la curación y el desarrollo humanos siempre implicarán, en algún momento, la búsqueda de signos de agua. Eso es lo que hace posible la vida.
No hay excepciones para esta regla.
1Clarissa Estes, Women who run with wolves, Rider & Co., London 1998, p. 198. (Trad. esp.: Mujeres que corren con los lobos, B de Bolsillo (Ediciones B), Barcelona 2018).
Recógelas
A lo largo de la historia, y en muy distintas culturas, existe la práctica de recoger las lágrimas y conservarlas en una botella.
Hay una referencia poética a esta práctica en uno de los salmos, cuando un peregrino en apuros le dice a Dios: “Tú llevas la cuenta de mi vida errante, ¡recoge mis lágrimas en tu odre!” (Sal 56,9). El salmista encontró consuelo en la convicción de que Dios también recoge nuestras lágrimas y conserva un registro de las historias de nuestro dolor. Nada se desperdicia.
En la Inglaterra victoriana, los lacrimatorios o botellas de lágrimas eran populares como expresión de luto por losmuertos. En otras ocasiones, se guardaban por aquellos seres queridos que estaban lejos luchando en guerras, en alta mar o en otros viajes peligrosos, como signo de su devoción y del dolor de la separación. Estas lágrimas eran una forma de recordar, de prestar atención, de honrar y de ser fieles, y una expresión del anhelo de estar cerca de los que estaban ausentes.
Hace algunos años me pidieron que diera un ciclo de conferencias y aunque no consigo recordar el tema, recuerdo que al final de mi tercera y última charla me senté en medio de la audiencia y no pude contener las lágrimas. Lloré incontrolablemente. Eran conferencias para un grupo de la renovación carismática, por lo que este suceso quizás no es tan sorprendente como podría pensarse. El organizador de las conferencias, un amigo cercano, me llevó a una sala lateral. Me dejé caer al suelo y continué sollozando. Cuánto tiempo duró esto, no lo sé. Se formaron un par de manchas húmedas en la alfombra.
Mi amigo se sentó en silencio y, mientras me calmaba, comentó de una manera muy práctica: ‘Puedo ver al ángel que te está consolando. Está recogiendo tus lágrimas’. La idea de que los ángeles estaban implicados en ese momento era completamente nueva para mí, pero ese no era el momento para el análisis crítico. Había mucho en esa experiencia que todavía no puedo decir que entendiera, pero dos cosas estaban muy claras: aunque totalmente inesperado, sabía que podía confiar completamente en la autenticidad de la percepción de mi amigo y sin importar lo que sucediera, estaba experimentando una inmensa y santa compasión.
Las lágrimas se recogen también en una escena conmovedora cerca del final de la película Harry Potter y las reliquias de la muerte.
Severus Snape, uno de los maestros de Harry, es un personaje implacablemente malévolo, ambivalente y amargo a lo largo de la larga saga de Potter, con un intenso resentimiento hacia el mismo Potter, aunque no se sabe por qué. A medida que la batalla final con las fuerzas de la oscuridad llega a su clímax, Harry encuentra a Snape herido y próximo a la muerte. Harry se arrodilla a su lado tratando de consolarlo. Las lágrimas caen por las mejillas de Snape. ‘Recógelas’, dice. Harry encuentra una pequeña botella y las recoge con cuidado, llevándolas después a un pensadero: un cuenco con forma de fuente que en ese mundo mágico es un receptáculo para contener y revelar la memoria. Vierte las lágrimas en el agua y se hunde tras ellas; entonces se revelan los recuerdos más personales y dolorosos de Snape: el joven socialmente torpe y solitario, está profundamente enamorado de la única persona que alguna vez se había hecho amigo suyo: la niña que se convertirá en la madre de Harry. Para aumentar su dolor, es cruelmente denigrado por el padre y los amigos de Harry. Pero solo ahora se cuenta que después de que la madre de Harry fuera asesinada, Snape asumió secretamente el papel de protector de Harry, aunque nadie podía saberlo.
Es una historia de sacrificios solitarios y angustiados y un secreto que ha estado a punto de romper en varias ocasiones. Años después, cuando Harry tiene un hijo, le da el segundo nombre de Severus, en honor a una de las personas más valientes que había conocido.
La historia estaba en las lágrimas. Y tal vez siempre sea así. En un poema sobre sus lágrimas, una amiga ora diciendo: ‘Señor, recoge mis lágrimas en tu botella, porque cada una de ellas contiene un mundo’.
La fotógrafa Rose-Lynn Fisher se especializó en microfotografía. Hace unos años sufrió una dolorosa pérdida y las lágrimas fluían abundantemente por su cara. Un día tomó una lágrima, la puso en un portamuestras de microscopio y la fotografió. Lo que vio fue tan sorprendente e inesperado que continuó recogiendo y fotografiando sus lágrimas, anotando
