Palabras de Caramelo - Gonzalo Moure - E-Book

Palabras de Caramelo E-Book

Gonzalo Moure

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Beschreibung

Edición especial para celebrar el vigésimo aniversario de Palabras de Caramelo. Lista de Honor CCEI, 2003 Selección de Libros Altamente Recomendados de Fundalectura Kori es un niño sordo que vive en los campamentos de refugiados del Sáhara y va a la escuela sin entender para qué sirve leer y escribir. En el corral de su tío nace un camellito de color caramelo, que pronto se convierte en su amigo. Kori está acostumbrado a ver palabras en los movimientos de la boca; por eso, cuando el camello mueve los labios, Kori cree que habla. Y es así como nace en él la necesidad de aprender a escribir, para poder plasmar las palabras poéticas de su amigo Caramelo. Pero un día, un día terrible...

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Seitenzahl: 46

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Edición en formato digital: mayo 2022

© Del texto: Gonzalo Moure, 2002, 2022

© De las ilustraciones: Maria Girón, 2022

© Grupo Anaya, S. A., 2022

Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid

www.anayainfantilyjuvenil.com

ISBN: 978-84-698-9178-0

Está prohibida la reproducción total o parcial de este libro electrónico,su transmisión, su descarga, su descompilación, su tratamientoinformático, su almacenamiento o introducción en cualquier sistemade repositorio y recuperación, en cualquier forma o por cualquiermedio, ya sea electrónico, mecánico, conocido o por inventar,sin el permiso expreso escrito de los titulares del Copyright.

A Fatimetsu mint Abdessalam,que me enseñó a hablar con las manos, los ojos y el corazón.

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Palabras sobre Palabras

Una reflexión sobre esta edición

Veinte años desde su publicación, nada menos. Pero vein-ticuatro desde que lo escribí, en Farsía, en el campamen-to de Smara.

Vivía aquellas semanas en la jaima de Fatimetsu, una niña sorda a la que conocía desde tres años antes, en com-pañía de su familia y de mi joven guía, Limam Boisha, es-perando el Land Cruiser que nos iba a llevar por los cami-nos del sur. Íbamos a recorrer los Territorios Liberados, la estrecha franja conquistada en la guerra a los invasores, y que atraviesa todo el Sáhara Occidental de punta a punta.

Casi todas las tardes iba con Fatimetsu a llevar la co-mida a las cabras, en el corral de su familia. Luego su-bíamos a una pequeña colina desde la que se dominaba el extenso campamento. Allí aprendí a hablar su lenguaje

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con las manos, los ojos, los gestos y el corazón. Nuestras primeras palabras. Dulces, sí.

Una tarde, tras alimentar a las cabras, Fati me llevó tirando del turbante hasta el corral de sus tíos, en el que una semana antes había nacido un camellito. No son los camellos particularmente atractivos, más bien lo contra-rio, pero aquel pequeño era de una delicada belleza, una caricia para los ojos, en contraste con la adusta majestad de su madre. Fati y yo lo mirábamos extasiados. El huarempezó a mamar y, cuando acabó, miró con sus ojos aún un poco velados a su madre, y saboreó la leche, movien-do los labios. Ella, la enorme camella, lo miraba también y rumiaba. Fue entonces cuando Fati me preguntó en su fascinante lenguaje de signos y señas naturales qué se estaban diciendo. Miré sus labios y traté de entenderlo desde la mente de la pequeña sorda. Y era verdad, pa-recía que hablaban. Intenté explicarle a Fati que no ha-blaban, que comían. Pero ella se enfadó conmigo, y con sus gestos me dijo que no, que ella «sabía» que estaban hablando, que el huarle había dado las gracias a su ma-dre por la leche, y, señalando mis oídos, me exigió que le dijera «qué le contestaba su madre».

Volvimos a la colina, nos sentamos en una piedra, y escribí este libro. Lo escribí en el aire, con mis torpes

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gestos, para Fatimetsu, solo para ella. La historia de un niño sordo que amaba a un camellito. El relato se iba escribiendo a sí mismo. Nos reímos al principio, nos emocionamos con lo que iba surgiendo contra la luz del ocaso, y poco a poco fuimos entendiendo hacia dónde se dirigía, inexorablemente, aquella historia, aquel amor entre un pequeño camello y un niño. Tengo un nudo en mi memoria en el que guardo nuestras lágrimas cuando llegó el terrible momento, inevitable, como inevitable ha sido el destino del pueblo saharaui en los peores años de su historia, tan largos como dolorosos.

Ya de noche, iluminado con una linterna, tomé notas de lo que había pasado, primero en el corral, y luego en la colina. Aún las conservo.

Al fin vino el Toyota y Limam y yo nos fuimos al desierto con Habub, el conductor. Dormíamos en los campamentos de los nómadas, y yo me acercaba a los camellos en su majada para tratar de imaginar lo que sentirían, lo que podrían contarle a un niño de su vida, sus amores, sus delicias de hierba fresca, sus noches bajo las estrellas. Y así fui escribiendo los pequeños poemas que el niño sordo, al que llamé Kori, podría creer entender de los labios del camellito, al que llamé Caramelo.

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Cuando se lo envié a Antonio Ventura, el editor, ni él ni yo pudimos imaginar que veinte años más tarde ha-bría tenido tan larga vida. Fernando Martín Godoy viajó conmigo a los campamentos para sacar sus ilustraciones, tan bellas, de la misma realidad. Y así nació este pequeño libro que no tuvo más premio que el de miles de lectores repartidos por el mundo. Niños que se han acercado por primera vez al Sáhara, del que quizás no habrían sabido nada sin el libro. Niños que ahora colaboran para que los mayores seamos dignos de su fuerza y generosidad y sigamos construyendo bibliotecas en el Sáhara.

Después un grupo de titeristas, Buratini, paseó esta his-toria por muchos colegios de España. Y María Parrato viajó a los campamentos también para conocer a Fati y así armar su portentoso espectáculo, Palabras de Carame-lo de María Parrato, que va mucho más allá que el libro. Y Juan Antonio Moreno recorrió el mismo camino para filmar un corto que también ha llevado, y lleva, Palabras de Carameloa salas de cine de medio mundo. Y ahora, Salvador Simó, Eligio Montero y yo trabajamos para que dentro de un par de