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"«Espero que el avión sea más moderno que el interior de este sitio», pienso antes de que el monitor del que acabábamos de hablar entrase por la puerta. Miguel era igual que en los vídeos de YouTube: alto, de piel oscura y de hombros anchos. Yo soy bastante alta y ya me he acostumbrado a ser más alta que la mayoría de los hombres en México, pero Miguel definitivamente me gana. Ahora está de pie frente a mí. Tiene la piel del mismo color que las almendras garrapiñadas y una barba corta y bien cuidada le cubre el mentón. Tiene una mirada aguda, para nada «estúpida», como había sugerido Victoria, y parece que me mire con la misma intensidad con la que yo le miro. No cabe duda de que nos estamos repasando el uno al otro. Tiene el pelo negro despeinado y un par de mechones le caen por encima de los ojos." Tanishia necesitaba un descanso del frío sueco y embarca en una nueva aventura, esta vez en México. Durante su estancia en Cancún, decide probar el paracaidismo por primera vez. Esta nueva aventura, emocionante en sí misma, se vuelve todavía más excitante al conocer a su atractivo instructor, Miguel, con el cual sobrevalorará la costa de Playa del Carmen bien cerca… ¿tendrá su primera experiencia en el mundo del paracaidismo un final más que feliz?
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Seitenzahl: 30
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Vanessa Salt
LUST
Paracaidismo
Original title:
Skydive
Translated by Marta Cisa Muñoz
Copyright © 2020 Vanessa Salt, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726431650
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
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—¿Estás segura de que es buena idea?
Victoria parece nerviosa, como si le preocupase de verdad, y no me sorprende en absoluto. Hasta le pone nerviosa ir a la peluquería, porque ¿y si el resultado no fuese el esperado?
Me río al teléfono móvil mientras hundo los dedos de los pies en la arena blanca. Me encanta sentir el sol de México sobre mis hombros al descubierto y oír el sonido del océano. Mi vida es estupenda y el aroma del océano caribeño es sensacional.
—Solo se vive una vez —le digo a Victoria mientras sigo andando por la playa. De vez en cuando, se me hunden los pies en pequeños cráteres húmedos que los absorben como hoyos diminutos y, cada vez que eso sucede, siento cosquillas en los tobillos—. ¡Será muy divertido! Ojalá pudieses estar aquí conmigo.
Victoria suelta un suspiro. Oigo cómo deja la taza de café en la mesa y unas voces lejanas de fondo.
—No le diría que no a un viaje a México.
—Aun así, eso es justo lo que hiciste.
—Porque tengo que trabajar, Tani. A algunos nos toca ir a trabajar, ¿sabes?
—Lo dices como si yo no trabajara.
—Sigo sin entender cómo pudiste conseguir cinco semanas de vacaciones justo después de las navidades y todo lo demás.
Una fría brisa me ondea el cabello negro. Normalmente tengo el pelo hecho un desastre y desenredarlo suele ser imposible, pero ahora lo llevo recogido en cientos de trencitas que mantienen todo en su sitio.
Este país hace que me sienta femenina y sensual, como cuando voy a Zimbabue, pero con un ambiente más relajado. Los hombres lucen una gran sonrisa en la cara, las palmeras se mercen con la brisa y los pájaros cantan en cada arbusto por el que paso. Aquí puedes ir semidesnuda y sexi sin que nadie se inmute. Por ahora, estoy muy feliz en Playa del Carmen.
—Voy a entrar ahora —le respondo y miro el edificio blanco con el rótulo que indica «Paracaidismo del Carmen» y un eslogan que dice «Vuela con nosotros». No se puede ver el edificio entero ya que está parcialmente cubierto por varias plantas que parece que hagan todo lo que pueden por apoderarse del inmueble y devolverlo a la naturaleza; como si devorasen lo que los humanos construyeron. Algunos de los arbustos parecen helechos gigantes. Paso por delante de un aparcamiento—. ¡Deséame suerte!
—No mueras.
—Por cierto, ¿te he dicho que el monitor está buenísimo?
—Lo has mencionado unas cuantas veces —se queja Victoria—. He visto los vídeos que me enviaste.
—¿Y…?
Oigo como da un sorbo al café, suelta un suspiro y aporrea el teclado.
—Debo reconocerlo, está bueno. Y probablemente sea enorme. Mierda, mi jefe acaba de pasar por mi lado.
Ya le echaron la bronca una vez por pasar demasiado tiempo al teléfono, lo que en gran parte es culpa mía. Desde que nos conocimos en una discoteca hace unos meses, hemos sido, cuando menos, inseparables.
—¿Pero…? —le pregunto con ahínco.
—No sé si querría poner mi vida en sus manos. Parece que sea más sexi que listo, ¿sabes qué quiero decir? Parece un hombre al que le encanta correr riesgos.
