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La primera edición de los poemas de Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575) no apareció hasta 1610. Sin embargo, la edición que ha servido de base a todos los estudios sobre el poeta y su poesía es de 1877. Como todos los poetas castellanos de su época, Hurtado de Mendoza compuso coplas y otros metros breves de tradición española; siendo también uno de los más decididos mantenedores de la reforma poética iniciada por Juan Boscán y por Garcilaso, con la introducción de la métrica italiana.
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Seitenzahl: 26
Veröffentlichungsjahr: 2019
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Diego Hurtado de Mendoza
PoemasEdición de Ramón García González
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Poemas.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica: 978-84-9816-477-0.
ISBN ebook: 978-84-9897-655-7.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Sonetos 9
1 11
2 11
3 12
4 12
5 13
A María de Peña 14
Canciones en redondillas 24
1 24
2 24
Canción en redondillas y quintillas 26
Canción y carta 28
Canciones 33
1 35
2 38
3 40
4 41
5 43
Libros a la carta 47
Diego Hurtado de Mendoza (1503-1575). España.
Tras muchos viajes, una vida larga y fructífera, murió en Madrid, su ciudad natal. Como otros nobles de su tiempo, don Hurtado de Mendoza fue un verdadero hombre renacentista. Sabía griego, latín, árabe e italiano. Fue diplomático, militar y, sobre todo, poeta.
Entre sus antepasados se cuentan al marqués de Santillana y don Íñigo López de Mendoza. Entre sus virtudes, sobresalen su excepcional don de gentes, su arte de la conversación, su carácter franco y abierto y su destreza en las armas.
Tuvo una carrera brillante como diplomático. Fue embajador en Italia y asistió al famoso Concilio de Trento. También fue gobernador en Siena. Diego Hurtado de Mendoza es considerado un gran poeta, lleno de emoción y sencillez, pero grandilocuente en su dominio de la forma.
Días cansados, duras noches tristes,
crudos momentos en mi mal gastados,
el tiempo que pensé veros mudados
en años de pesar os me volvistes.
En mí faltó la orden de los hados;
en vos también faltó, pues tales fuistes,
que podréis en el tiempo que vivistes
contar largas edades de cuidados.
Largas son de sufrir cuanto a su dueño
y cortas si me hubiese de quejar,
mas en mí este remedio no ha lugar,
que la razón me huye como sueño
y no hay punto, señora, tan pequeño,
que no se os haga un año al escuchar.
Como el triste que a muerte es condenado
gran tiempo ha y lo sabe y se consuela,
que el uso de vivir siempre en penado
le trae a que no sienta ni se duela,
si le hacen creer que es perdonado
y morir cuando menos se recela,
la congoja y dolor siente doblado,
y más el sobresalto lo desvela;
ansí yo, que en miserias hice callo,
si alguna breve gloria me fue dada,
presto me vi sin ella y olvidado.
Amor lo dio y Amor pudo quitallo,
la vida congojosa toda es nada,
y ríese la muerte del cuidado.
Vuelve el cielo, y el tiempo huye y calla,
y callando despierta tu tardanza;
crece el deseo y mengua la esperanza
tanto más cuanto más lejos te halla.
Mi alma es hecha campo de batalla,
combaten el recelo y confianza;
asegura la fe toda mudanza,
aunque sospechas andan por trocalla.
Yo sufro y callo y dígote: «Señora,
¿cuándo será aquel día que estaré
libre de esta contienda en tu presencia?».
