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El matrimonio fue hecho para proteger el amor durante toda la vida. La permanencia de la relación entre esposos descansa sobre un pacto de compromiso mutuo, diseñado para sobrevivir a conflictos matrimoniales normales e incluso serios. Sin embargo, a veces, el abuso verbal y físico ejerce sobre matrimonio lo que el asesinato o la violación le hacen a una vida. ¿Qué sucede entonces? ¿Y si los esfuerzos para salvar un matrimonio terminan en una pérdida doble: de la paz y la confianza en el hogar? En este librito, Herb Vander Lugt abre la Biblia para mostrar que Moisés, Jesús y Pablo reconocieron que hay condiciones matrimoniales peores que el divorcio.
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Seitenzahl: 48
Veröffentlichungsjahr: 2007
Título del original: God´s Protection Of Women
ISBN: 978-1-68043-502-3
Foto de cubierta: © RBC Ministries, Terry Bidgood
SPANISH
Las citas de las Escrituras provienen de La Bíblia de Las Américas © 1986,1995,1997 by The Lockman Foundation.
© 2007 RBC Ministries, Grand Rapids, Michigan, USA
La producción de libros electrónicos: S2 Books
LA PROTECCIÓN DE DIOS A LAS MUJERES
Cuando el abuso es peor que el divorcio
Se supone que el matrimonio está hecho para proteger toda una vida de amor. La permanencia de una relación entre esposo y esposa descansa sobre un pacto de compromiso mutuo que está diseñado para sobrevivir a los conflictos conyugales normales e incluso graves.
Sin embargo, algunas veces, el abuso verbal y físico le hacen a un matrimonio lo que el asesinato o la violación le hacen a una vida. ¿Qué entonces? ¿Qué pasa si los esfuerzos por salvar un matrimonio dan como resultado la pérdida más grave de la paz y la confianza en el hogar?
En las siguientes páginas, Herb Vander Lugt, pastor de iglesia y editor investigador principal de RBC, abre la Biblia para mostrar que Moisés, Jesús y Pablo reconocieron que algunas condiciones conyugales son peores que el divorcio.
Martin R. De Haan II
UNA FAMILIA EN NECESIDAD DE AYUDA
Eran casi las 11:30 de la noche cuando respondí a nuestro timbre. Abrí la puerta y vi a una joven madre con el rostro aporreado de pie allí con dos niñitos asustados.
Reconocí a la mujer. Ella y su esposo habían estado asistiendo a la iglesia que yo pastoreaba. Ambos me habían impresionado con su calidez y amistad. No había visto ninguna señal externa de problemas. Sin embargo, esa noche ella me contó una historia de secretos familiares. Ella admitió que su esposo la golpeaba ocasionalmente, y que algunas veces la aterrorizaba a ella y a los niños poniéndole un cuchillo en la garganta.
En los días que siguieron, supe que el esposo de ella había tratado de impedir que ella le abandonara apelando a la Biblia. Él insistía que porque no había sido sexualmente infiel, ella no tenía derecho bíblico alguno para divorciarse de él.
Cuando este hombre vio que su esposa estaba seriamente determinada a conseguir ayuda para ella y para sus hijos, se fue del hogar sin dejar ni siquiera una dirección donde enviarle su correspondencia. Finalmente, ella obtuvo el divorcio y asumió la difícil tarea a tiempo completo de reconstruir su vida y ocuparse de sus hijos.
A lo largo de los años he visto a otras familias en circunstancias similares. He escuchado historias de mujeres a las que consejeros y amigos bien intencionados instaron a perdonar a sus maridos abusivos y concentrarse en ser esposas más amorosas y sumisas.
También he visto la desesperación y la pérdida de la fe que se ha producido cuando las mujeres tuvieron que elegir entre soportar su abuso o perder a su familia de la iglesia.
En más de 50 años de experiencia pastoral, he hecho todo lo que he podido por ayudar a parejas a superar conflictos conyugales normales e incluso graves. He visto el daño que sufren los niños cuando sus padres asumen una actitud superficial y despreocupada hacia el divorcio. Pero también he visto las consecuencias de los intentos por salvar matrimonios caracterizados por el abuso a expensas de las mujeres y los niños que simplemente son tan vulnerables como las viudas o los huérfanos.
Por lo tanto, en este estudio quiero mostrarles cómo llegué a la conclusión de que la infidelidad sexual y el abandono no son las únicas razones bíblicas que deben considerarse cuando se trata de salvar o ponerle fin a un matrimonio. Estudiaremos no sólo al ideal de la permanencia conyugal sino también la evidencia bíblica de que Moisés, Jesús y Pablo reconocieron una gama de condiciones conyugales que son peores que el divorcio.
LA LARGA HISTORIA DEL ABUSO DOMÉSTICO
En toda época ha habido hombres que protegieron y mostraron amabilidad a sus esposas e hijos, así como también hubo esposos que fueron abusivos. Sin embargo, en las culturas antiguas, los hombres tenían muchísimos más derechos que las mujeres o los niños. Los que salían victoriosos en batalla, a menudo mataban a los hombres de alguna tribu enemiga, violaban a algunas de las mujeres, y tomaban a las demás como concubinas y esclavas. Por lo general, los hombres consideraban a las mujeres como una propiedad, insistiendo en la absoluta fidelidad sexual por parte de la esposa, mientras que ellos no se lo exigían a sí mismos.
Aunque hubo excepciones, generalmente los derechos legales de las mujeres en las casas reales o en las familias poderosas surgieron lentamente. Incluso en los Estados Unidos, las mujeres no tuvieron el derecho al voto sino hasta 1920.
