Relatos Para No Dormir - Blake Aguilar - E-Book

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Blake Aguilar

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Beschreibung

¿Te has preguntado alguna vez si las posesiones son reales o si se confunden por enfermedades mentales? ¿Te gustaría saber cuáles son los casos más impactantes de encuentros con seres malignos en la historia? ¿Porqué algunas personas son más susceptibles al ataque de estos seres? Entonces sigue leyendo..

"El demonio siempre vive al acecho, en cada remoto lugar, en cada morada sombría, en cada pasaje tétrico." - Miguel Costa

Muchos se han llegado a preguntar si existe el cielo y el infierno, si hay un Dios y si existen los seres malignos. Algunas personas están seguras de su existencia, mientras que otras lo dudan y lo justifican con hechos científicos. Estas preguntas son típicas de la raza humana y se han realizado desde los inicios de nuestra historia.

Si algo ha acompañado la creencia en seres divinos, es la creencia en seres malignos. Desde que comenzaron las primeras religiones, se le pudo asignar un nombre a los extraños y terribles acontecimientos que padecían algunas personas, llamándolos influencias demoniacas. Existen grabados y pinturas antiguas que representan estos terribles acontecimientos e historias.

En este libro descubrirás:
-Los casos más impactantes de posesiones y encuentros con seres malignos.
-Las posesiones más infames de hace siglos y de los tiempos modernos.
-Las características que tienen en similar las personas que suelen ser visitadas por entes no deseados.
-Los síntomas más comunes de las personas poseídas.
-Y mucho más..

La religión cristiana no es la única que tiene demonios y seres malignos en sus registros. Se pueden encontrar demonios y posesiones demoniacas el a la cultura islámica, en la cultura hebrea e incluso en la cultura japonesa. Así pues, cada cultura tiene sus propios lineamientos para diagnosticar y tratar las posesiones demoniacas, por lo que no siempre es fácil identificarlos con los mismos estándares.

A continuación presentamos una colección de varias historias reales de posesiones que han ocurrido en diferentes lugares y épocas. 

Adelante, lector, atrévete a leer estas páginas y a permanecer incrédulo, sino que es que ya crees en los entes malignos. ¡Haz clic en comprar ya y descubre cuáles son estos terroríficos casos!

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Veröffentlichungsjahr: 2021

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Relatos Para No Dormir

Historias Cortas que te Quitarán el Sueño esta Noche. 2 Libros en 1 - Historias de Terror de Demonios, Historias Reales de Fantasmas

Blake Aguilar

Índice

Historias de Terror de Demonios

Introducción

1. Un exorcismo vudú en Haití

2. El caso de Anneliese Michel

3. La trágica vida de Maricica Cornici

4. Las posesiones Loudun

5. Espíritus de la ola

6. Josué Velázquez en “La mano peluda”

7. La bestia desbocada

8. El demonio del espejo

9. Miguel Blanco y su encuentro con un demonio

10. Una invitación para el demonio

11. Demonios militares

12. El demonio en el circo

13. El primer encuentro

14. Los niños de ojos negros

Conclusión

Referencias

Historias Reales de Fantasmas y Espectros

Introducción

1. Más sobre los fantasmas

2. La bruja de Bell

3. Jack de tacón de primavera

4. Horror en Amityville

5. Los fantasmas históricos del Palacio de Hampton Court

6. El fantasma del puente Bellamy

7. El fantasma de la isla de los ciervos y el fantasma del aguardiente

8. El gran misterio de Amherst

9. La leyenda de la Llorona

10. Xtabay: Bruja de la selva de los mayas

11. La Santa Compaña, la procesión de los malditos

12. Guadalajara fantasma

Conclusiones

Bibliografía

Historias de Terror de Demonios

Impactantes Historias Reales de Encuentros con Demonios y Otros Entes Malignos

© Copyright 2021 – Blake Aguilar - Todos los derechos reservados.

Este documento está orientado a proporcionar información exacta y confiable con respecto al tema tratado. La publicación se vende con la idea de que el editor no tiene la obligación de prestar servicios oficialmente autorizados o de otro modo calificados. Si es necesario un consejo legal o profesional, se debe consultar con un individuo practicado en la profesión.

- Tomado de una Declaración de Principios que fue aceptada y aprobada por unanimidad por un Comité del Colegio de Abogados de Estados Unidos y un Comité de Editores y Asociaciones.

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Todas las marcas comerciales dentro de este libro se usan solo para fines de aclaración y pertenecen a sus propietarios, quienes no están relacionados con este documento.

Índice

Introducción

1. Un exorcismo vudú en Haití

2. El caso de Anneliese Michel

3. La trágica vida de Maricica Cornici

4. Las posesiones Loudun

5. Espíritus de la ola

6. Josué Velázquez en “La mano peluda”

7. La bestia desbocada

8. El demonio del espejo

9. Miguel Blanco y su encuentro con un demonio

10. Una invitación para el demonio

11. Demonios militares

12. El demonio en el circo

13. El primer encuentro

14. Los niños de ojos negros

Conclusión

Referencias

Introducción

La palabra demonio viene del griego daemon, que significa ser divino. En la mitología griega, los daemon son seres que pueden ser como espíritus o inteligencias que están entre los dioses y los humanos, igualmente pueden ser buenos o malos por naturaleza. Entre ellos está, curiosamente, Eros, según los diálogos de Platón.

La religión católica, al absorber todas estas culturas, designó que los daemons serían seres infernales, serían demonios. Puesto que no se ajustaban a las creencias en Dios y los seres celestiales dijeron que serían cuestión ajena, por lo tanto, al infierno.

Los demonios pueden llegar a poseer a un ser vivo, lo que se conoce como posesión, ya sea para adivinación o para causar enfermedades y aflicciones, aunque también existen los que funcionan como vampiros, es decir, que absorben la energía vital.

De acuerdo con las religiones cristiana, católica, judía e incluso en el islam, los demonios solamente sirven para hacer el mal a los seres humanos, son la contraparte de lo bueno y lo divino. Esto se debe a que todos ellos son parte de los seguidores de Satanás o el diablo. Satanás significa adversario y diablo significa calumniador. Este ser se refiere al ángel caído Lucifer, el cual era el más bello y amado de todos, pero se rebeló contra Dios por envidia a los humanos y lo mandaron a los infiernos.

Los demonios son perjudiciales para la humanidad tanto en el infierno como en la tierra. Su labor en el infierno era atormentar las almas de los pecadores. En la tierra pueden causar desde leves molestias y engaños, hasta causar desgracias mayores, plagas y enfermedades.

Por desgracia, en la actualidad, se suele utilizar la excusa de la presencia demoniaca o posesiones para justificar crímenes puramente humanos, por lo que, en caso de proceder, a las personas no se les hace responsables por sus acciones. La realidad de una presencia demoniaca es muy distinta de lo que aparentan estos criminales, ya que la persona poseída sufre, habla con voces distintas y en otros idiomas, no actúa de forma racional ni maquiavélica.

Los verdaderos poseídos o los que ven demonios más bien son catalogados como locos que pierden el juicio o que sufren de alucinaciones.

La presencia de demonios suele involucrar sucesos sobrenaturales, que la persona sufra dolor o enfermedades, accidentes repentinos y hasta la muerte. Las posesiones son mucho más complejas, ya que la persona poseída sufre de convulsiones, cambia de voz o idioma, se puede lastimar a sí misma o a los demás, habla con groserías y perjurios, y puede actuar de forma licenciosa. En cualquier caso, los demonios suelen temer a las figuras religiosas, crucifijos, objetos sagrados, rezos, cánticos en nombre de Dios y oraciones.

Las personas que cometen el gran error de acudir a los demonios, suelen querer algo a cambio de vender su alma u ofrecer sacrificios. Por lo general, suelen pedir riquezas, fama, poder, conocimientos, la desgracia de otra persona o gustarle a una persona.

Así como todas las culturas tienen sus propios demonios, también ha existido la creencia en la posesión. A veces por voluntad de la persona cuando se invita al demonio en un ritual, pero, generalmente, es en contra de su voluntad. Suele haber una forma especial en la que la persona se ve poseída de esa forma.

Puede ser el resultado de una maldición que les lanzó un hechicero o por algún evento desafortunado como pisar un cadáver.

Los registros más antiguos de posesiones por espíritus malvados suelen ser descripciones de enfermedades misteriosas causadas por los espíritus, simplemente porque no conocían la razón verdadera. Un ejemplo de esto es la epilepsia, la cual los griegos decían que era la enfermedad de los dioses porque parecía que algo sacudía a la persona.

Pero también existen registros bien documentados de posesiones reales. En muchas sociedades, los chamanes y los ritos religiosos son una parte muy importante de la vida espiritual. Los chamanes eran considerados seres superiores o que merecían mayor respeto porque eran los emisarios de los dioses. Para esto, tenían que entrar en un trance o un estado de éxtasis. A pesar de que los síntomas son similares, el éxtasis chamánico es diferente de la posesión demoniaca. Las personas pueden entrar en este estado de forma voluntaria, pueden hablar en diferentes idiomas, moverse con más fuerza y energía, mover sus cuerpos de formas increíbles y entrar en diferentes estados de consciencia.

Esos rituales son diferentes a las posesiones demoniacas porque son voluntarios y, al terminar, el espíritu se retira. La persona siempre tiene el control y utiliza a los espíritus a su favor. Lo mismo sucede con los médiums que se ponen en contacto con los espíritus o con los muertos. Por el contrario, las posesiones no son voluntarias. El espíritu entra sin ser invitado y no quiere salir. Para sacarlo es muy difícil y se requiere un exorcismo.

Las sociedades que suelen usar el éxtasis chamánico u otras formas de consciencia alterada suelen tener rituales que les ayudan a las personas a llegar a ese estado. Estos pueden ser cánticos, música rítmica, rituales de limpieza espiritual (baños, ayuno, castidad), utilizar ropa especial, comer alimentos específicos y a veces utilizar drogas que producen alucinaciones. Estas preparaciones se pueden considerar como abrir el portal que permite que la mente de la persona sea poseída.

La persona afectada se puede considerar que está ausente y que el otro espíritu tiene su cuerpo. Si es voluntario, la persona se puede considerar como un conductor o un intermediario. En una posesión, el hecho es más violento.

El rango de actividades en las que se puede involucrar la persona puede ir de lo benévolo y revelador, hasta lo hostil y destructivo.

Existen dos estados reconocidos: la persona puede estar lúcida, plenamente consciente de lo que sucede y es capaz de recordarlo después, o puede estar inconsciente.

Cuando acaba el ritual, la persona que se comunica o que canaliza a los espíritus tiene una forma para despedirlos y volver a tener el control de su cuerpo. Este no es el caso para un individuo poseído, quien a veces no se puede deshacer de los demonios.

En la tradición occidental, se considera que los demonios y los espíritus suelen habitar en el cuerpo de la persona.

En el vudú haitiano, se considera que el espíritu cabalga sobre el sacerdote. En los rituales semanales de los sábados, los practicantes de vudú piden a los espíritus que se aparezcan. A veces, estos seres pueden ser violentos y hacer que la persona destroce el lugar o que sufra convulsiones. La conducta del individuo durante la posesión refleja el carácter del espíritu. Al final del ritual, el control regresa a la persona.

Cuando el espíritu llega sin que lo inviten y toma posesión involuntaria, es una situación peligrosa. Esta posesión requiere de un exorcismo y de alguien experimentado en el tema.

Aunque el alojamiento voluntario o benigno de un espíritu puede ser deshecho al final de un ritual o con una sola palabra, la posesión está más allá de ese control tan directo. La única manera en la que podemos curar a una persona poseída por un demonio es por medio del exorcismo. Suele ser un ritual largo y posiblemente violento, especialmente si el demonio se niega.

Los exorcismos siguen un patrón similar incluso entre culturas diferentes. Suele ser un ritual especial que involucra un objeto mágico o sagrado, exigir al demonio o al espíritu que se identifique a sí mismo y ordenarle que se vaya. Forzar al demonio que dé su nombre es un elemento clave que vemos en rituales exorcistas de culturas diferentes.

El proceso impone pruebas muy rigurosas al exorcista, como el ayuno y largos periodos de oración. Los demonios están en su etapa más violenta y ofensiva durante el exorcismo. No les gusta la intervención del exorcista y luchan por mantener el control del individuo poseído. La lucha se vuelve aún más violenta y puede poner en peligro la vida de la víctima, a veces incluso la del exorcista.

Los exorcismos cristianos suelen seguir un patrón establecido por el Ritual Romano, un libro que compiló muchos de los rituales sagrados en 1614. El exorcismo no tiene que seguir las palabras al pie de la letra, por lo que puede variar según las circunstancias.

Los sacerdotes que realizan el exorcismo tienen prohibido involucrarse en una discusión o debate con los demonios y no deben confiar en nada de lo que digan. Ya que los demonios son buenos engañando, es posible que puedan llevar a la persona más virtuosa a cometer una herejía.

Brujas, fantasmas, poltergeists y demonios

La taxonomía de los espíritus malignos es compleja. A un nivel más simple, hay diferencias considerables entre las brujas, los fantasmas, los poltergeists y los demonios.

Brujas

La brujería no es lo mismo que ser poseído por un demonio, pero la posesión demoniaca suele asociarse con casos históricos de supuesta brujería. Las brujas, de acuerdo con el Papa Eugenio IV en 1437, son aquellos seres que han realizado un contrato con el demonio, a cambio de lo cual se les otorga poder para realizar el mal al tener control sobre los demonios. Más allá de estar poseídas, las brujas están en la posición envidiable de tener demonios que hagan lo que les ordenan. Cuando vemos una posesión demoniaca en términos de brujería, no suele ser la bruja la que se dice estar poseída por los demonios, sino las víctimas de la bruja.

Este es el caso de tres ejemplos muy famosos en Francia durante el siglo XVII: las posiciones en Aix, Loudun y Lanviers. En cada situación, unas jóvenes monjas dijeron haber sido poseídas por los demonios siguiendo la malvada influencia de un carismático sacerdote.

Fantasmas

Existe una relación incluso menor entre los demonios y los fantasmas. Debes en cuando, un caso de posesión parece involucrar que la persona sea poseída por el fantasma de una persona muerta, pero esto es muy poco frecuente. Un ejemplo de esto es la mujer estadounidense Anna Ecklund, quien parecía estar poseída no sólo por los demonios regulares, sino también por los espíritus de su tío y su amante muertos. Otro caso en la posición de los sobrevivientes del tsunami japonés, poseídos por los espíritus de algunas de las víctimas. En el vudú, son los espíritus de los muertos (Guédé) quienes poseen a una persona maldecida. Pero estos casos son muy raros; es mucho más común que las personas sean acosadas y molestadas por los fantasmas que ser poseídas por ellos.

Poltergeists

La actividad de un poltergeist puede parecerse mucho a una posesión demoniaca y hay una relación muy clara en este caso.

Un poltergeist (o “fantasma ruidoso”, según su traducción del alemán) suele hacer que los objetos se muevan o vuelen, ruidos inexplicables como rasguños, golpes y cosas que se rompen, la desaparición y reaparición de objetos, y daños inexplicables. La actividad poltergeist se asocia generalmente con adolescentes y niños infelices o perturbados.

En 1599, el jesuita Martin Delrio escribió Disquisitionum magicarum libri sex (Seis libros de investigaciones mágicas), en el cual describió 18 tipos de demonios o de apariciones demoniacas. El tipo número 16 incluía espectros que en ciertos lugares, casas y momentos son propensos a ocasionar varios tipos de conmociones y molestias y que pueden mantener a la persona despierta al hacer ruido con ollas, mover piedras y jalar el colchón de la persona para que no pueda dormir en su cama.

Esto suena muy similar a un poltergeist. Sacar a alguien de su cama trae muchos recuerdos de muchas situaciones en las que se mueven las camas vigorosamente en los casos de posesión, es un hecho bastante recurrente. La tradición de la actividad similar a la del poltergeist es muy antigua. Los antiguos asirios tienen la tradición del ekimmu, los cuales son los espíritus de aquellos que murieron violentamente o repentinamente y no tuvieron un entierro apropiado.

Estos seres visitaban los hogares en la noche, causando caos y destrucción, incluso podían matar a un miembro de la familia y poseer a las personas.

Demonios

En la mitología cristiana, los demonios son ángeles caídos que se rebelaron en contra de Dios y fueron exiliados del cielo junto con su líder, Lucifer. Lucifer o Satanás es el jefe de los demonios y también se conoce simplemente como el demonio. Beelzebub o Belcebú es el demonio que está a su mano derecha. Luego están hordas de demonios menores, de las cuales sólo se nombran unas cuantas. El objetivo del diablo y de los demonios a su mando es atrapar a almas, traicionar a las personas para que se maldigan. La persona poseída está en grave peligro de perder su alma ante el diablo, esto es con lo que deben combatir los exorcistas. Es una tarea muy peligrosa.

El proceso de posesión se divide en varias categorías:

Infestación: fenómenos extraños y problemáticos que afectan una zona (como una casa) en vez de estar restringidos a una persona específica. Esto es lo que se asocia con los poltergeists.La obsesión: una persona es víctima de pensamientos irracionales y opresivos u obsesivos, incluyendo pensamientos de suicidio o violencia contra otros, pero no pierde la conciencia o el control (esto es similar a la definición clínica del TOC, trastorno obsesivo compulsivo).Opresión: los demonios atacan físicamente a una persona, dejando marcas o heridas visibles.Posesión: una entidad sobrenatural toma el control de una persona en contra de su voluntad, de modo que puede hablar y actuar a través de ella.
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Un exorcismo vudú en Haití

El vudú de Haití implica elementos fuertes de posesión espiritual. La religión se succiona con elementos de creencias espirituales traídas por antiguos esclavos del oeste de áfrica con principios del cristianismo impuesto en las comunidades esclavizadas por los franceses en el siglo XVIII. Para el vudú de Haití es muy importante el creador supremo, llamado Bondye (que deriva de las palabras francesas bon dieu, o buen Dios) y loa, los espíritus que funcionan como intermediarios entre Bondye y la humanidad. Existen muchos loa en que supervisan diferentes aspectos de la vida. El loa Baron Samedi es el líder de los Guédé (o Ghede), los espíritus de los muertos. Se les suele invocar en casos de posesión, ya que son los espíritus de los muertos quienes son las entidades que poseen, impuesto en la víctima por un hechicero.

El antropólogo francés Alfred Métraux, quien estudió el vudú haitiano en los años cincuenta, describió el exorcismo de un hombre llamado Antoine, quien había trabajado antes en los muelles de Port-au-Prince. Antoine se había enfermado repentinamente y no era capaz de comer. Perdió mucho peso y ya no podía caminar. En la sociedad haitiana, esto se consideraba como una señal de posesión. Los fantasmas no tienen una misión especial, no tienen ningún mensaje para los vivos, no intentan controlar a la persona poseída o su alma para llevarla al infierno, simplemente están poseyendo la persona porque eso es lo que hacen los fantasmas. La persona poseída cae muy enferma y se vuelve muy frágil, deja de comer, escupe sangre y muere dentro de poco. El único remedio es que una persona con mucha experiencia ordene a los espíritus y los expulse utilizando rituales o una hechicería muy fuerte.

Para el caso de la posesión de un espíritu, Alfred Métraux describe el siguiente ritual utilizado con ese fin. El primer paso es voltear una estatua de San Expédit de cabeza, y luego decir una oración frente a él. El suplicante promete tener a Expédit como su patrón si el lao “me libera de esta cabeza, me libera de esta memoria, me libera de este pensamiento, me libera de esta casa”.

El suplicante luego tiene que golpear tres veces con su machete una roca dedicada al Barón Samedi, pronunciar el nombre del Barón. Luego de eso, el Barón lo posee y, hablando a través de su boca, le dice al suplicante que vaya al cementerio y realice unas ofrendas de plátanos y papas picados frente a la cruz del Barón Samedi. Luego debe tomar un puñado de tierra por cada uno de los muertos que quiere mandar a la víctima y debe colocarlos en un camino que utilice la víctima. No importa si la víctima pasa sobre la tierra o la pisa; el espíritu del muerto va a entrar en ella en ese momento. Los espíritus, una vez arraigados, están completamente mezclados con la persona y son muy difíciles de remover.

Así pues, el primer intento para curar a Antoine fracasó y su familia por fin lo llevó a una mambo, o sacerdotisa vudú, llamada Lorgina. Su propia loa, Brisé, estuvo de acuerdo en ayudarla. Lorgina detectó, con la ayuda de la brujería, que Antoine estaba poseído por tres espíritus de los muertos. Ya que este era un caso serio, tuvo que llevarlo a su casa reservada para los espíritus de los muertos, los Guédé. Los Guédé son espíritus particularmente complicados ya que no siempre se retiran cuando se les ordena, sino que exigen otro cigarrillo, otra bebida y quieren seguir en la fiesta por un rato.

El sacerdote o sacerdotisa tienen que mantenerlos vigilados al mismo tiempo que se asegura de que sean atendidos apropiadamente. Los Guédé, al ya estar muertos, saben que están más allá del peligro por lo que son difíciles de disciplinar. Suelen comportarse de formas ostentosamente provocativas, son ruidosos y sexuales, y hacen cosas que serían muy arriesgadas para una persona viva, como tragar vidrio roto o comer chiles crudos.

Lorgina tenía las señales de los Guédé dibujados en el suelo utilizando granos de café y cenizas, y había colocado el tapete de Antoine sobre el dibujo. Se colocó una mesa para el loa Brisé con su piedra especial, cinco montones de hojas y tres calabazas vacías. Cada una de las calabazas contenía una vela encendida, maíz y cacahuates molidos. Debajo de la mesa había dos contenedores llenos de una mezcla de bilis de toro, agua y plantas en remojo.

Conforme Antoine era llevado y colocados sobre su tapete, los muertos dentro de él le gritaban constantemente a Lorgina, jurando que no podría sacarlos. Le quitaron la ropa Antoine, menos su ropa interior, y se le preparó como si fuera un cuerpo.

De acuerdo con la tradición haitiana, sus orificios nasales fueron sellados con bolas de algodón, su mandíbula fue amarrada con tela para que no se pudiera abrir, le cruzaron los brazos y amarraron sus dedos pulgares de los pies. Lorgina colocó pequeños montones de cacahuates y maíz sobre su pecho, palmas, frente y estómago. Nuevo trajo una gallina y un gallo y llamó a los espíritus. Un asistente llevó las aves con Antoine y permitió que picaran la comida de su cuerpo, comenzando con la cabeza. El gallo no quiso comer, así que se trajo a otro.

Después de eso, un ave se colocó entre las piernas de Antoine y las otras dos sobre su pecho. Lorgina comenzó a rezar, con encantamientos para el loa y para San Expédit. Ella recitó muchas oraciones católicas conocidas y presidió todo nombrando a las tres personas del Dios cristiano.

Después de rezar, Lorgina continuó su ritual pasando la gallina y los dos gallos sobre el cuerpo de Antoine, comenzando con la cabeza, mientras recitaba encantamientos para expulsar al mal y permitir que lo bueno entrara en su cuerpo. En cierto momento, tanto Lorgina como sus asistentes sisearon como el dios serpiente Damballah. Los asistentes repitieron el gesto con el ave y Antoine comenzó a temblar.

Lorgina le dijo que se quedara quieto e invocó a su propio loa, a los ancestros y al loa de Antoine para que los salvaran. Después de pasar las aves por última vez, se les dejó a su lado, confusos. Los otros elementos, las calabazas y la piedra, se pasaron sobre Antoine.

La siguiente etapa fue más violenta y molesta para los familiares de Antoine. Lorgina comenzó a arrojar puñados de la mezcla para las aves sobre él. Él comenzó a temblar y a tener escalofríos, tratando de levantarse. Ella continuó con el baño y algunos de los espectadores ayudaron arrojando la mezcla sobre él, mientras él temblaba tan violentamente que rompió sus amarrados de cuerpo difunto. Lorgina dijo que el baño de las hierbas putrefactas y la bilis era para repeler a los muertos. Por fin se quedó exhausto y dejó de temblar. Lorgina llamó su nombre, diciendo a “Antoine, Antoine, ¿estás ahí?”.

Cuando él contestó con una leve “sí”, sus asistentes quemaron el ron que estaba alrededor de la piedra de Brisé, agarrando las llamas con sus manos y esparciéndolas sobre el cuerpo de Antoine. Lorgina puso un poco de ron en su boca y lo escupió sobre su rostro. Él fue sostenido mientras intentaba proteger sus ojos.

Por fin, un asistente le dio a Antoine un masaje con pequeños golpes sobre sus hombros, en el interior de los codos y en el doblez de las rodillas.

La parte final del ritual se llevó a cabo en el exterior. Como preparación, se había excavado una trinchera y se había rodeado con tres calabazas y siete linternas de cáscara de naranja. Se colocó a Antoine en la trinchera y se le dio una palma de banano para que la sostuviera entre sus brazos. Lorgina pasó la gallina sobre Antoine, lo roció con un poco del contenido de las calabazas y entonó el ritual del exorcismo, llamando a varios santos, loas, a Dios y los espíritus de los muertos. Por último, ella dejó caer agua sobre Antoine, luego rompió la jarra que la contenía y le ayudó a salir de la trinchera. La gallina no tuvo tanta suerte. Se le colocó dentro de la trinchera y se le enterró vida, entre las raíces de la palma de banano que había sido sembrada. Tres lámparas encendidas marcaban el lugar.

A Antoine se le frotó con ron caliente para completar en la expulsión de los muertos y se le dejaron tres pequeñas cargas entre las piernas. Se le roció más ron encima y se echó también hacia el norte, sur, en este y oeste mientras un asistente sacudía un látigo especial.

Lorgina entonces agarró una camiseta blanca con orillas rojas y quemó una orilla. Con la parte quemada, ella dibujó marcas sobre el pecho y el rostro de Antoine, y luego le ayudó a vestirse con esa camiseta. Después de que le hubieran lavado los pies con agua y hierbas, por fin se le dio una taza de té para los nervios, la cual probablemente era bastante necesaria para ese punto, y se le consideró libre de demonios. La palma de banano eventualmente murió, demostrando que el Barón Samedi había aceptado el entierro de la gallina debajo de ella como una ofrenda a cambio de haber salvado a Antoine. Para ese momento, Antoine estaba completamente curado. Pronto estaba fuerte y listo para regresar a trabajar en los muelles.

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El caso de Anneliese Michel

El caso de Anneliese Michel, una joven estudiante universitaria en Alemania, muestra que lo que puede suceder cuando la creencia en una posesión y exorcismo entra en conflicto con los sistemas modernos médicos y legales.

Anneliese tenía un contexto familiar inusual. Su madre había nacido como una hija ilegítima en 1948, un acto tan vergonzoso en la Bavaria rural que había sido obligada a utilizar un velo negro en su día de moda. Anneliese nació cuando su hermana mayor, Martha, tenía cuatro. Anneliese estaba obligada a vivir devotamente, y cuando Martha murió a los ocho años, la presión en ella aumentó. Parece que toda la familia tenía que pagar por el “pecado” de la madre.

La devoción de Anneliese era muy profunda. De adolescente, ella dormía en el piso duro de piedra para pagar por los pecados de los drogadictos que dormían en la estación del ferrocarril.

Los problemas de Anneliese comenzaron en 1968, cuando tenía 16 años de edad. Se desmayó en la escuela y esa misma noche sufrió convulsiones y se mordió la lengua. Su ataque duró cerca de un cuarto de hora y ella dijo haber sentido un gran peso sosteniéndola contra el piso. Un año después sufrió otro ataque y su madre la llevó al ver a un médico, quien realizó varias pruebas y no descubrió evidencias de problemas físicos, pero decidió tratarla contra la epilepsia. Ese mismo otoño, Anneliese sufría una serie de enfermedades físicas y terminó en un sanatorio en Bavaria para recuperarse. Sufrió otro ataque en 1970 y se le recetó medicaciones contra las convulsiones. Poco después, ella experimentó la visión de rostros malvados, sonrientes y demoniacos. Al mismo tiempo, ella no le dijo a nadie sobre esas visiones o las que siguieron.

Al salir del sanatorio, Anneliese regreso a la universidad, pero tuvo más convulsiones y periodos de ausencia cuando ella parecía desaparecer por completo, dejando solamente una cáscara vacía e inanimada.

Sufrió una gran convulsión final en junio de 1972. Pero otras experiencias tomaron el lugar de las convulsiones.

El cuerpo de Anneliese se ponía rígido periódicamente y esto comenzó a suceder con más frecuencia. Las horribles caras la molestaban muy seguido, sentía una terrible sensación de miedo y luego la asaltaba una terrible peste que nadie más podía oler. Ella recurrió a la oración, volviéndose incluso más fervorosa religiosamente, pero su madre se dio cuenta de que, si rezaba junto a una estatua de la Virgen María en su casa, sus ojos se volvían negros y sus manos se apretaban como garras. Ella visitó un santuario a la Virgen en Italia con su padre, pero fue incapaz de entrar y no podía ver la imagen de Jesús.

La visita al santuario también desencadenó la primera interacción de los demonios con otros. En el camino a casa, Anneliese producía un horrible olor, esta vez los otros podían olerlo, y actuaba de forma violenta con el guía turístico que expresaba sus opiniones religiosas. Ella también habló con una voz alterada que sonaba masculina. Luego dijo que ella no tenía el control de sus acciones y sentía que era manipulada por algo o alguien más.

Anneliese debía comenzar la escuela en Würzburg en el otoño de 1973. Su madre la llevó otra vez al médico, y esta vez sí explicó que veía rostros que la atormentaban, llamándolos demonios, y predijo el fin del mundo en un incendio masivo que sucedería pronto. El médico aumentó su medicación y aparentemente sugirió que vieran a un jesuita, aunque luego negó haber dicho eso.

Su escepticismo tuvo un gran impacto en Anneliese, quien comenzó a separar sus problemas en dos grupos. Continuó buscando ayuda médica para la depresión, dolores de cabeza severos y el terrible aroma que la invadía, pero comenzó a ver a sacerdotes para que le ayudaran con los problemas que consideraban que eran espirituales. Algunos se rehusaron a verla, pero el joven sacerdote de Aschaffenburg, el Padre Ernst Alt, se interesó en su caso y comenzó a rezar por ella. Él creía que era un caso de posesión demoniaca, pero fue capaz de obtener el permiso que requiere un sacerdote católico para llevar a cabo un exorcismo. Su atención le ayudó a Anneliese hasta cierto punto, y ella se mudó a Würzburg para comenzar su curso universitario.

Una vez que las clases comenzaron, Anneliese empeoró.

Las oraciones con el Padre Alt y las visitas al santuario con su nuevo novio, Peter, ayudaron, pero sentía que cada vez perdía más el control. Hubo algunos contratiempos con su vida familiar: su abuela murió y dos de sus tres hermanas se mudaron fuera de la casa familiar. Su ansiedad se volvió más extrema y sentía que estaba eternamente condenada. Tenía ataques cada vez más frecuentes en los que se ponía rígida, su cara se transformaba en un gesto que hacía muecas, también gritaba o lloraba sin control y destruía objetos religiosos. Se quedó postrada en la cama, incapaz de comer, moverse o dormir.