Sembrar esperanza acompañando el presente - Lola Arrieta Olmedo - E-Book

Sembrar esperanza acompañando el presente E-Book

Lola Arrieta Olmedo

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Transitamos tiempos inciertos, perdemos seguridades, crece la precariedad, arrecia el frío en el corazón y el sentido se nubla. Donde los ojos distraídos no descubren más que razones para desesperar, es posible, sin embargo, descubrir y anunciar signos de esperanza que consuelan y alientan. El presente está preñado de esperanza. En cada realidad, por dura que sea, existe siempre posibilidad de bien, capacidad para romper con el hechizo de la impotencia. La esperanza se teje con la confianza tendida hacia el futuro y pone alas a la paciencia. Nos lleva a mirar siempre adelante con valentía. Hoy necesitamos hombres y mujeres portadores de esperanza y de sentido acompañando, consolando, con-padeciendo, alentando los brotes de V/vida que despuntan en cada persona, en la historia y en la creación.

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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Lola Arrieta OlmedoElisa Estévez López(Coords.)

Sembrar esperanza

acompañando el presente

V Círculos de encuentro Marisa Moresco

NARCEA, S.A. DE EDICIONES

Han participado en la elaboración de esta obra:

Alicia V. Benito. Payasos sin Fronteras

David Bingong. Teatro sin papeles

María del Carmen de la Fuente Pérez. Fundació Migra Studium

Sebastián Mora Rosado. Universidad Pontificia Comillas (Madrid)

Claudio Navarro. ADSIS, Valladolid

Mª Luz Ortega. Universidad Loyola

Francisco Javier Sancho Fermín. Universidad de la Mística, Ávila

Lola Arrieta Olmedo. Ruaj

Elisa Estévez López. Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Ruaj

Índice

INTRODUCCIÓN

Lola Arrieta y Elisa Estévez

Hacemos memoria

La tensión miedo-esperanza

Hay lugar para la esperanza

I. El dinamismo de la esperanza desde las cunetas de la historia

Sebastián Mora Rosado

En las cunetas de la historia

Dar razón de vuestra esperanza

Cartografía de la esperanza

Conclusión

Ii. La oración, fragua de esperanza

Francisco Javier Sancho Fermín

Reflexiones previas

En la oración se fragua la esperanza

Oración que nos abre a descubrirnos amados y salvados

Orar para conocer al Dios que no deja de esperar en ti

Concluyendo

Iii. Espacios de co-esperanza que forjan sentido

María del Carmen de la Fuente Pérez

Situar la esperanza

Encontrar la esperanza hoy

Liberar la esperanza

Trenzar la esperanza

Con otros

Espacios de co-esperanza

Iv. Construir la esperanza

Construir esperanza para "Los nadie"

Mª Luz Ortega

Payasos sin fronteras generadores de esperanza

Alicia V. Benito

Tenía la esperanza de encontrar un futuro mejor

David Bingong

V. Acompañar la esperanza ¿Es posible acoger la vida acompañando la vida sin esperanza?

Lola Arrieta

¿Sigue siendo posible anunciar la esperanza?

¿Nos estamos olvidando de vivir?

De la mano de la esperanza

Los encuentros de acompañamiento: una cita con la esperanza

La esperanza en el tiempo

Reconocer la esperanza en sus diversos rostros. Identificarlos. Nombrarlos. Celebrar su presencia y su modo de hacer

Hacer diálogo con el miedo hasta que levante la niebla

Conclusión

Palabras de clausura

Claudio Navarro

INTRODUCCIÓN1

Transitamos tiempos inciertos, perdemos seguridades, crece la precariedad, arrecia el frío en el corazón y el sentido se nubla. Donde los ojos distraídos no descubren más que razones para desesperar, es posible, sin embargo, descubrir y anunciar signos de esperanza que consuelan y alientan. El presente está preñado de esperanza. En cada realidad, por dura que sea, existe siempre posibilidad de bien, capacidad para romper con el hechizo de la impotencia. La esperanza se teje con la confianza tendida hacia el futuro y pone alas a la paciencia. Nos lleva a mirar siempre adelante con valentía.

En los V Círculos de encuentro Marisa Moresco, Sembrar esperanza acompañando el presente, hemos apostado por construir narrativas que horaden el presente y sigan tejiendo nuevas certezas que sustenten la recreación de otros modos de vivir y relacionarnos, de pensar, sentir y celebrar, de proyectarse en el futuro con esperanza, de vivir en armonía con el universo.

Las distintas intervenciones son una invitación a comunicar esperanza desde la experiencia creída y vivida de un Dios que se compadece de todos porque todo lo puede (Sab 11,23).

HACEMOS MEMORIA

Los V Círculos de encuentro Marisa Moresco, organizados por el equipo Ruaj tienen una significación especial al coincidir con la celebración de los 25 años vividos acompañando.

Parece que fue ayer, cuando en 2019 nos reuníamos llenas de emoción para celebrar los I Círculos en los que recordamos muy especialmente a nuestra querida Marisa Moresco. Reconocíamos su aportación a la historia como acompañante y testigo y su decisión determinada y sostenida en el tiempo de generar vida. Lo hizo desde la confianza incondicional y esperanzada en Aquel que es la Vida, haciéndose compañera de todas y todos aquellos con los que se cruzó en el camino. En aquella primera edición profundizamos lo que significa Acompañar en las periferias existenciales2.

En los II Círculos, julio de 2020, marcados por el confinamiento debido a la COVID19, centramos nuestra atención en las #Familias que importan3, con la convicción profunda de la necesidad de recrear el tejido social, lugares seguros en los que crecer y vivir. La coyuntura del momento hizo que los miembros de Ruaj, reunidos en el Centro Vedruna de Valladolid, viviéramos aquel encuentro como aliento, agradeciendo y amasando más y más los vínculos que nos unen, activando nuestros anhelos, búsquedas, para frenar tanto descuido y desahucio padecido; para aprender a afrontar juntos el sufrimiento, de la mano del Dios del cuidado, que con su amor, rompe los hilos de la ira y la violencia.

Celebramos los III Círculos, en marzo del 2021, bajo los efectos de la pandemia, que arreciaban aquí y allá, sin darnos tregua y siendo testigos del dolor y los estragos padecidos por tantas familias. La temática, atentas al contexto, se nos iluminó con claridad: Acompañar en la [in]certidumbre4, con el deseo de vislumbrar cómo acompañar las situaciones en las que experimentamos lo que es estar al descubierto y sin protección.

Llegaron por fin los IV Círculos, en marzo del 2022 y de nuevo fueron presenciales. Sentimos una profunda alegría al recuperar los abrazos, al mirarnos cara a cara sin la limitación de las ventanitas de las videoconferencias. Desde nuestras latitudes percibimos la urgencia de adentrarnos en las nobles tareas de reconstrucción.

Después de lo vivido, ya nada es igual, ya no somos los mismos. Aunque a muchos nos atrape la angustia y el miedo, aunque queramos vivir “como si nada hubiera pasado”, el respeto a la vida, el cuidado y la responsabilidad de vivir obligan. Es tiempo de repensar, ¿qué pasa con nosotros después de lo vivido? Cómo acompañar las identidades emergentes5 que nacen acogiendo nuestra condición vulnerable y eligiendo la bondad, el cuidado y la responsabilidad como nuevas y buenas prácticas de relación con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza y con Dios.

Hay que celebrarlo, ¡cómo no! Tras la firma oficial, 25 años de andadura, y algunos otros tanteando, gestando y escuchando para afinar el oído y perfilar aquello que era ya más que un proyecto, no pueden pasarse por alto; hacemos memoria agradecida en cada ocasión por lo vivido y lo por venir, acompañando ahora la Esperanza.

Tantísimas horas de encuentros personales y con grupos. Tantas otras de itinerar por los caminos de nuestras tierras, aquí y allá, anunciando a Aquel que es la Vida, que se hizo uno entre nosotros y nosotras con el anhelo de incorporarnos a la misión, recibida del Padre: “He venido para dar vida y para que todos la tengan en plenitud” (Jn 10,10). Y ahí seguimos. Por todo ello dimos gracias el 10 de diciembre en un encuentro festivo al que acudimos más de 300 personas.

La celebración de los V Círculos de encuentro fue prolongación de nuestra acción de gracias por todos y cada uno de los que en estos 25 años hemos hecho posible que el proyecto Ruaj siembre esperanza y trate de acompañarla como talante y actitud día a día. Sembrar esperanza acompañando el presente que nos toca vivir es la temática de los V Círculos de encuentro.

LA TENSIÓN MIEDO-ESPERANZA

Transitamos tiempos inciertos, decimos. Cuando arrecia el frío y el sentido se nubla nos encontramos anémicos de esperanza. Hace falta una buena dosis para reestablecer el equilibrio y regularnos en ese impulso que nos hace vivir y arriesgar, sin quedarnos amedrentados por futuros inciertos.

Los humanos, al nacer, desarrollamos ese doble reflejo, como un doble movimiento hacia adelante y hacia atrás, de los que nos servimos una y mil veces para avanzar en el camino. Como el arquero para afinar el tiro, tensando la cuerda de su arco primero hacia atrás, para después soltar de golpe; como las olas del mar van y vienen con la marea, atrás y adelante, así funciona el ritmo de nuestro caminar y, en él, el ir y venir de la esperanza.

La relación con la vida se da en ese continuo movimiento de fuerzas. En cada situación, cada trance, toca decidir: replegarse ante lo que acontece, o bien arriesgar, al entrar en relación. Hacer algo, con lo que la vida hace con nosotros. Las decisiones hacia atrás están marcadas por el miedo, los movimientos hacia delante los impulsa la esperanza. El corazón humano se ve tironeado por estas dos fuerzas, siempre en movimiento, siempre en tensión, retándonos a apostar por la vida.

Nos movemos, como decía Machado, entre la verde esperanza y el torvo miedo.

“¿Conoces los invisibles hiladores de sueños? Son dos: la verde esperanza y el torvo miedo. Apuesta tienen de quien hile más y más ligero: Ella, su copo dorado; él su copo negro. Con el hilo que nos dejan, tejemos cuanto tejemos”.

A. Machado

¿Cuál es el color dominante en el telar de nuestra vida, de la familia humana, de nuestras culturas, pueblos y comunidades? ¿la verde esperanza? ¿el torvo miedo?

Dicha tensión no distingue edades, ni latitudes, ni culturas, ni tiempos. Todos y en todas las épocas de la existencia tenemos que afrontarla y gestionarla de la mejor manera posible. Hay tiempos en los que se tensa más. Y lugares en los que la cuerda parece haberse roto hace tiempo. Aquí y ahora, según los hilos que utilicemos, vamos construyendo un telar de esperanza o de miedo.

La dureza de la vida en sus múltiples versiones es una de las causas que con más facilidad rompe la cuerda de la tensión en favor del miedo. Cuando hay más esperanza que miedo, la vida se abre camino, las apuestas y proyectos, se atisban como posibles, la vida puede ser vivida con dignidad, con sentido, con cuidado.

HAY LUGAR PARA LA ESPERANZA

La memoria agradecida y experienciada de un Dios que ama a todos y nada aborrece, porque todo lo ha creado (Sab 11, 24-26) vivifica nuestra esperanza, la fortalece y alienta. El Dios de la Creación ha acompañado y acompaña la historia humana con Amor. Él ha hecho su parte y continuamente espera que nosotros colaboremos para que, en la tensión del momento presente, la balanza se incline hacia el horizonte de la esperanza, hacia la generación de futuros posibles donde la vida llegue a ser posible para todos.

Pasados más de 25 años acompañando, agradecemos el realismo esperanzado, paciente y persistente experimentado en tantas situaciones de alegrías y sufrimientos; tantas historias compartidas, búsquedas y anhelos. El fruto de ello es ser testigos del inclinarse de la balanza a favor de la V/vida en el horizonte señalado por la Esperanza.

Este testimonio lo recibimos de Marisa Moresco. Su fidelidad incansable para con cada persona, cada grupo, cada encuentro, hace que hoy se nos muestre como testigo de esperanza.

En los primeros Círculos, Marisa, te recordábamos con aquellas palabras de Gabriel Marcel: “Amar es decirle a alguien tú no morirás jamás”. Esas palabras, en ese momento, estaban movidas por el amor. Hoy te las repetimos con mucha más consciencia, como canto de agradecimiento y esperanza confiada y amorosa porque te sentimos viva, participando plenamente de la Pascua de Jesús. Sigues con nosotros, desde la puerta de al lado, acompañando nuestro itinerar. Las palabras y las promesas de quien fue coherente, como te percibimos a ti, perduran. Tu decir no se agotó en lo dicho, se prolonga en el tiempo y nos fortalecemos recordándote. Sigues esparciendo semillas de esperanza y cada poco recibimos testimonios que lo anuncian.

Ojalá los Círculos de encuentro, y la reflexión que en ellos generamos, sigan siendo un continuo intercambio de esperanzas entre unos y otros. Que la savia circule y llegue a los lugares más recónditos, a las personas o pueblos atrapados por el miedo, el infierno y el terror. Unos a otros nos emplazamos para abrir esa vía de esperanza que, repitiendo el milagro, vuelve a crear el mundo, como dice María Zambrano:

“[…] cuando el mundo está en crisis y el horizonte que la inteligencia otea aparece ennegrecido de inminentes peligros; cuando la razón estéril se retira, reseca de luchar sin resultado, y la sensibilidad quebrada sólo recoge el fragmento, el detalle, nos queda sólo una vía de esperanza: el sentimiento, el amor, que, repitiendo el milagro, vuelva a crear el mundo”6.

María Zambrano

Las intervenciones de los V Círculos aportan luz para mirar, nutrir, trenzar, construir y acompañar la esperanza.

El primer artículo, de Sebastián Mora Rosado, “El dinamismo de la esperanza desde las cunetas de la historia”, nos ayuda a mirar la realidad con esperanza. La “frágil niña Esperanza” (Péguy), como virtud teologal, se saborea con mayor densidad desde las periferias del mundo. Perforar la realidad para descubrir el dinamismo de la esperanza.

En su reflexión presenta, en primer lugar, los “cortafuegos para la Esperanza”: el miedo como amenaza que aprisiona, la banalización de la injusticia y el optimismo cruel que nos promete vidas felices socavando nuestra condición humana, legitiman el estado de parálisis contra las injusticias. En segundo lugar, propone a continuación una cartografía abierta para recrear la Esperanza en tiempos turbulentos e inciertos: la Esperanza brota desde los exilios y las periferias del mundo, allí donde Dios está acampado; construir el presente desde el futuro requiere comunidades interdependientes y entrelazadas; la voz de las personas descartadas no puede ser reemplazada para comprender sus esperas y construir la Esperanza. Y finalmente sin una experiencia trascendente a la realidad y en la realidad no es posible rescatar del olvido los surcos de Esperanza que transitan por los subterráneos de la historia.

Francisco Javier Sancho, nos invita en su reflexión, “La oración, fragua de esperanza” a nutrir la esperanza porque esta, además de un valor humano necesario, es un “don” gratuito que configura el modo de vivir propio del cristiano y que necesita ser alimentado y potenciado. Reducida la esperanza al ámbito humano termina por manifestar su limitación y su ocaso. La oración es el lugar donde la esperanza se despierta y crece. Pero una oración entendida como encuentro con el Dios vivo, con Jesucristo, no como un ritual o culto, sino como una relación que modela la vida. El autor afronta el tema desde tres perspectivas: 1) la oración es la escuela de la esperanza, donde conocer a Dios, al Dios verdadero y abrirse para que el Espíritu actúe en nosotros y nos haga partícipes del don; 2) la oración es el ámbito en el que nos descubrimos infinitamente amados, salvados y resucitados; descubrirse y experimentarse así, potencia en nosotros el despliegue de todas nuestras capacidades humanas; 3) orar para conocer al Dios que no deja de esperar en el ser humano, de esperar ser acogido, de esperar dejarse salvar, de esperar que seamos colaboradores activos en la construcción del Reino.

La contribución de Mª Carmen de la Fuente, “Espacios de co-esperanza que forjan sentido”, nos inicia en los modos de trenzar la esperanza. Esta tiene que ver con el presente en tanto que es el instante con el que contamos. Requiere, nos dice, espacios que permitan cuidarla, alimentarla, protegerla y forjarla. De esta forma, es posible dotarla de una dimensión política y de proyecto y, a la vez, protegerla de la intemperie, no para aislarla en una fortaleza, sino para disponer de lugares que permiten convocarnos y encontrarnos, a los que llegamos para volver a salir. En cualquier sitio es necesario cuidar la esperanza, pero hay lugares preferentes: las periferias, los márgenes y las fronteras.

Esos espacios son diversos y requieren siempre de procesos, pero es posible, nos dice la autora, identificar algunos elementos que nos ayudan en la tarea de trenzar la esperanza. Se ayuda de algunas imágenes sugerentes: una puerta abierta, una silla vacía, una mesa puesta, una luz que mantenemos encendida, una ventana para mirar el mundo, un relato utópico, un lugar para la oración y el silencio, un lugar para construir lo común, un lugar libre para que cada uno ponga lo suyo y para que juntas, lleguemos a poner lo nuestro.

Las intervenciones de la mesa redonda, “Construir la esperanza”, aportan luz en la convicción de que no hay verdadera esperanza en Dios más que allí donde hay esperanza para todos. No hay más futuro que aquel que seamos capaces de alcanzar con los otros y para los otros. Mª Luz Ortega comparte su reflexión inacabada, sobre la experiencia vivida de acceso a la vida pública en un trabajo de construir esperanza para “Los Nadie”, así como las dificultades y posibilidades que comporta.

Alicia V. Benito, payasa expedicionaria de la ONG Payasos sin Fronteras, ofrece su testimonio, desde el trabajo que realizan con niños en contextos de guerra, etc.; de cómo la risa es un factor que fortalece la resiliencia en la adversidad. David Bingong, miembro del “Teatro sin papeles”, relata su experiencia de salida desde Camerún a España, sus aprendizajes en ese viaje (compartir, humildad, perseverancia), su proceso de adaptación (alegría, choque con la realidad, rebeldía, aceptación).

Hoy necesitamos hombres y mujeres portadores de esperanza y de sentido acompañando, consolando, con-padeciendo, siendo testigos de los brotes de V/vida que despuntan en cada persona, en la historia y en la creación. En su intervención, “Acompañar la Esperanza. ¿Es posible acoger la Vida acompañando la vida sin esperanza?”, Lola Arrieta, se acerca a su tema partiendo de los contextos actuales y preguntándose qué significa acompañar las pequeñas esperanzas, alentarlas y discernirlas a la luz de la “gran Esperanza” que es Dios (Spe salvi 27). Reflexiona a continuación sobre cuatro olvidos fundamentales nos afectan: a) el olvido de ser; b) la pérdida de la palabra; c) el rechazo del prójimo; d) la distancia frente a Dios. En un diálogo con la “Esperanza”, presente dónde la descubre en su vida y en la de tantos testigos. La parte final se centra en los encuentros de acompañamiento, una cita con la esperanza.

La intervención de Claudio Navarro clausura los V Círculos de encuentro Marisa Moresco recogiendo lo vivido en esos días a partir de los verbos que han sido el eje que ha articulado la reflexión compartida: mirar, nutrir, trenzar, construir y acompañar la esperanza.

Deseamos que la lectura de estas reflexiones siga alentando la esperanza comprometida. Usando la imagen de Eduardo Galeano, que nuestros “fuegos” sigan caldeando nuestros corazones y ardan “con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

1 Nota. En coherencia con el valor asumido de igualdad de género, en este libro se emplea indistintamente el género masculino o femenino para atender a todas las personas que pertenecen al grupo mencionado en el texto, respetando, asimismo, las normas gramaticales de la Real Academia Española de la Lengua (RAE).

2 Lola Arrieta y Elisa Estévez, Acompañar en las periferias existenciales. Narcea, Madrid 22022.

3 Lola Arrieta y Elisa Estévez, #Familias que importan. Narcea, Madrid 2021.

4 Lola Arrieta y Elisa Estévez, Acompañar en la [in]certidumbre. Narcea, Madrid 2022.

5 Lola Arrieta y Elisa Estévez, Identidades Emergentes. Narcea, Madrid 2023.

6 María Gledis del Socorro Zambrano. Horizonte del liberalismo. Morata, Madrid 1996, 269. Citado por G. García, “Una aproximación al sentido de la esperanza en María Zambrano”. Discusiones Filosóficas, Enero-Junio 2015, 119-128.

I. El dinamismo de la esperanza desde las cunetas de la historia

EN LAS CUNETAS DE LA HISTORIA

Terminando este escrito el estado de Israel bombardea Gaza afectando a la población civil de manera indiscriminada. La guerra de Rusia contra Ucrania, ahora en un plano secundario, sigue produciendo y alimentando un auténtico y dramático “valle de lágrimas”. Otras guerras, olvidadas en nuestro mundo occidental, como la de Sudan sigue extendiendo muerte y destrucción por doquier. En la actualidad son más de cincuenta los conflictos armados activos en nuestro mundo. ACLED1, una organización que hace seguimiento de los conflictos en el mundo, cifra en el año 2023 más de 160.000 muertes causadas por estos conflictos violentos. Desde hace años, el papa Francisco afirma que vivimos una tercera guerra mundial “a pedacitos” que constituye una verdadera amenaza para el ser humano.

En el año 2022, según la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), más de 108 millones2 de personas tuvieron que abandonar sus hogares como resultado de persecuciones políticas, sociales o religiosas, por causa de conflictos armados, por violaciones fragantes de los derechos humanos o por situaciones de grave alteración del orden público y la paz social. Cifra, 108 millones de personas, que representan un triste récord de la serie histórica conocida, según estima la misma agencia de Naciones Unidas.

Según la Organización Internacional de Migraciones (OIM) en el año 2022 más de 280 millones de personas son migrantes en el mundo. En torno al 3,6% de la población mundial ha tenido que buscar otros horizontes en otras patrias y naciones. La pobreza y la desigualdad, la falta de expectativas, los regímenes políticos autoritarios, la atracción de la “cultura de la satisfacción” (Galbraith) que exportamos desde las sociedades ricas hacen que millones de personas compongan un éxodo constante e intenso en las fronteras de nuestros mundos. También la OIM estipula esta cifra como otro triste récord.

Además del sufrimiento que supone verse forzado a “salir de tu tierra”, las personas migrantes viven, en muchos casos, auténticos dramas en los tránsitos migratorios. El proyecto Migrantes desaparecidos3 ha documentado más de 60.000 desapariciones de personas en tránsitos migratorios desde el año 2014. De estas personas que perdieron la vida en trayectos migratorios no han sido recuperados los restos de 25.134. De entre todas las rutas migratorias la más mortífera es la del Mediterráneo en la que desde 2014 han muerto 28.260 personas. Muchas de ellas están sepultadas en tumbas sin nombre en algunos cementerios del sur de España.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimaba en su último informe4 que en 2022 padecieron hambre en el mundo entre 691 y 783 millones de personas. Casi el 30% de la población mundial (2.400 millones de personas) padecía inseguridad alimentaria; entre estas, unos 900 millones (11,3% de la población mundial) padecían inseguridad alimentaria grave. La seguridad alimentaria, necesidad básica para el ser humano, no llega a un tercio de la población mientras tiramos toneladas de comida a la basura cada año5.

El Banco Mundial6 estima que en 2020 alrededor de 719 millones de personas sufrieron pobreza extrema en el mundo. Esta cifra ha supuesto un aumento significativo después de treinta años de reducción de la pobreza extrema en el mundo. Además, las proyecciones no son nada halagüeñas para los próximos años debido a la repercusión de la crisis inflacionaria en los más pobres y la emergencia de conflictos armados de gran intensidad. Antes de la COVID19 se hacían estimaciones, para los próximos años, que situaban la pobreza extrema en torno a 590 millones de personas, en la actualidad las estimaciones más optimistas cifran alrededor de 660 millones de personas en pobreza extrema.

Según el Multidimensional Poverty Index (MPI), que desarrolla la Universidad de Oxford7 para Naciones Unidas, en el informe de 20238 se estima que 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda (alrededor del 18% de una población de 6.100 millones de personas). En África Subsahariana cinco de cada seis personas están en pobreza multidimensional (534 millones) y los menores de 18 años son la mitad de las personas pobres en el mundo (566 millones). Del todo alarmante es el dato que entre la población infantil el 27,7% sufre pobreza en comparación con el 13,4% en la población adulta.

Por otra parte, el World inequality report 20229 muestra cómo la desigualdad sigue incrementándose en nuestro mundo a niveles indignantes, generando una estructura social en la que el 10% más rico de la población posee entre el 60% y el 80% de la riqueza del mundo, mientras que el 10% más pobre solo alcanza a disfrutar el 5% de esa riqueza. Es decir, vivimos en un mundo roto, donde las brechas de la desigualdad causan estragos económicos, políticos y morales.

Hace algunos años, una campesina salvadoreña me hacía partícipe de su indignación por la desigualdad, que ella vivía en sus propias carnes. Me compartía que a ellas no les asustaba la pobreza, porque siempre habían sido pobres. Pero, le indignaba la desigualdad. La pobreza compartida en comunidad “nos hace más resistentes y la desigualdad nos rompe. Ver como mis hijos no tienen escuela, médico o comida suficiente cuando tres barrios más arriba poseen de todo, hasta tirarlo a la basura, rompe el alma”.

El papa Francisco en su última exhortación apostólica Laudate Deum en su número 5 afirma:

“Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos. Es verdad que no cabe atribuir de modo habitual cada catástrofe concreta al cambio climático global. Sin embargo, sí es verificable que determinados cambios en el clima provocados por la humanidad aumentan notablemente la probabilidad de fenómenos extremos cada vez más frecuentes e intensos. Por eso sabemos que cada vez que aumente la temperatura global en 0,5 grados centígrados, aumentarán también la intensidad y la frecuencia de grandes lluvias y aluviones en algunas zonas, sequías severas en otras, calores extremos en ciertas regiones y grandes nevadas en otras.

Si hasta ahora podíamos tener olas de calor algunas veces al año, ¿qué pasaría con un aumento de la temperatura global de 1,5 grados centígrados, del cual estamos cerca? Esas olas de calor serán mucho más frecuentes y con mayor intensidad. Si llega a superar los 2 grados, se derretirían totalmente las capas de hielo de Groenlandia y de buena parte de la Antártida, con enormes y gravísimas consecuencias para todos”.

La Madre Tierra está amenazada y “gime bajo dolores de parto” (cfr. Rom, 8, 22) en unos momentos de profunda incertidumbre, inseguridad y complejidad.

Estas realidades, someramente descritas, muestran cómo la “cultura del descarte” se está adueñando de nuestro imaginario social. En sociología y filosofía social no son extraños conceptos tan dramáticos como población sobrante, desechos humanos, personas descartadas, wasted humans, personas expulsadas, colectivos abyectos, poblaciones sacrificadas, etc. Estos conceptos no son más que expresión de una dinámica estructural que avanza pisoteando personas y dignidades. No solo se desarrollan prácticas de opresión y explotación para sostener los procesos de acumulación creciente que exige la dinámica capitalista, sino que la expulsión de poblaciones sobrantes son una consecuencia directa de un sistema económico brutal10. Los empobrecidos se convierten en población sobrante, en personas superfluas al sistema, en población excedentaria que en la época de brutalismo que vivimos, como dice Mbembe, se pueden eliminar11.

Frazer12, en su último libro, habla de un capitalismo caníbal que más allá de la explotación de la fuerza de trabajo para una producción sin límites en una economía de mercado bajo el régimen absoluto de la propiedad privada, que definía el marco clásico del capitalismo. El capitalismo actual devora la vida, el cuidado, el medio ambiente, la democracia. Es un capitalismo que mata, como afirma el papa Francisco en Evangelii gaudium:

“Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil” (EG, 53).

Esta dinámica brutal, caníbal y homicida abre la puerta a la cultura del descarte en la que:

“(…) grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»” (EG, 53).

No cabe duda, que las cunetas de la historia aparecen repletas de desechos humanos. Hay multitud de personas apartadas a los bordes y “costados de la vida”, hay muchedumbres invisibilizadas que están condenadas a vivir en la penumbra eterna. No podemos dulcificar la realidad cuando millones de hermanos y hermanas nuestras están (sobre)viviendo en contextos de extrema vulnerabilidad, cuando miles de personas migrantes, como hemos mencionado, mueren ahogados bajo el silencio cómplice de las sociedades occidentales, cuando miles de niños mueren en guerras brutales y el “horrorismo”13 forma parte de nuestro paisaje cotidiano transparentando la absoluta vulnerabilidad de las víctimas inermes.

Ahora bien, desde estas cunetas de la historia estamos llamados a dar razón de nuestra Esperanza. La arquitectura de la Esperanza cristiana no elude las realidades de injusticia para su edificación; ni espiritualiza el dolor de las víctimas desde un optimismo evasivo; ni proclama la mera resignación histórica como un tránsito necesario para vivir una realidad transhistórica. La “frágil niña Esperanza” (Péguy) brota desde las cunetas de la injusticia, del sufrimiento y la desesperación. Emerge con trazos y contornos débiles, pero con una visión amplia y clara.