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Sabiendo como sabe su origen oriental, DAVIDJESUS tramita su otra vida por ahora a la vera del Camino de Santiago en esta tierra del toro, que es España, yendo y viniendo por las Sendas de Oku, y sumido siempre y del todo en el Zen, principio y fin de su meditación trascendental. Escribe un libro al dictado de su visión-pasión del toreo en todas sus vertientes, y lo hace con dos claves, la del soneto y la del haiku, a fin de sumar arte y sabiduría en la sutil estructura de unos versos (14+3) por lo común. Este libro no es una enciclopedia, tampoco es un manual, ni siquiera un bosquejo de apuntes para aficionados al toro y a los toreros. Se trata de algo diferente: un breviario de emociones y pasiones personales tenidas al borde del estribo y con la mente puesta en otros cielos. Seguramente, esta connotación -la de irse lejos sin salirse del ruedo- es la que confiere singular valor, extraña belleza y alto rango espiritual a estas letras. Hay algo místico en todas estas líneas -toreo zen, quizá- que traspasa y engalana aún más la segura y maestra proporción de la medida de estos versos, y es la escala óptima de la pulcritud en todas las miradas del toreo.
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Seitenzahl: 64
Veröffentlichungsjahr: 2021
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Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Davidjesus
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-1386-563-8
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PRÓLOGO
Sabiendo como sabe de su origen oriental, el autor tramita su otra vida por ahora a la vera del Camino de Santiago en esta tierra del toro, que es España, yendo y viniendo por las Sendas de Oku, y sumido siempre y del todo en el Zen, principio y fin de toda su meditación trascendental. Davidjesús escribe un libro al dictado de su visión-pasión del toreo en todas sus vertientes y lo hace con dos claves: la del soneto y la del haiku, a fin de sumar arte y sabiduría en la sutil estructura de unos versos: (14+3) por lo común.
Urgencia y destino podría ser el ultimátum que ha descubierto el poeta a la hora de echarse al monte del libro impreso bajo este título: Sendas Zen del toro. Urgencia porque ve «muy próximo el final del largo viaje» y destino porque «el toro representa la figura/de un Pueblo, de su Historia y de su gesta».
A partir de aquí, todo es tarea del lector en comisión con el autor descubriendo y degustando los secretos de esta tauromaquia personal en el arte de lidiar toros y versos con el único fin de exaltar la belleza de esta tragedia siempre en trance.
Como lector, pongo la mirada en el Toro y el Torero, y en la atmósfera que a uno y otro los envuelve: la FIJEZA. Fijo el toro en su destino, fijo el torero en su tótem animal y en su faena. Y descubro de inmediato este incendio en primavera bajo el signo de Taurus.
Me asombra un toro blanco, metáfora del mirlo, y descubro de inmediato su oportuna aparición: él es el ideario de todo cuanto el poeta quiere transferir a sus lectores transportándoles a otro coso de proporciones colosales más allá de los ruedos de este mundo; y, de igual manera, averiguando otras faenas más allá de las visibles en las habituales corridas de toros. En como si tras la fiesta nos asomáramos a otras trascendencias, y en la lidia del toro y el torero viéramos de otra manera y de verdad el alcance de esta liturgia.
El poeta, vidente y visionario, cicerone de lujo en estas tarde de domingo, nos lleva de la mano, nos muestra al toro y casi todos sus secretos en esta lidia de pasiones y, de paso, nos enseña el ritual ancestral de tan excelsa tauromaquia.
Asomados al cuarto creciente de los cuernos de este toro, sacamos partido a los cuernos de la luna circunvalando con su cuarto creciente todas las parcelas de la noche y así urdimos ya el inicio de la tragedia vespertina: al fin y para todos, vivir es morir.
Este libro no es una enciclopedia, tampoco es un manual, ni siquiera un bosquejo de apuntes para aficionados al toro y a los toreros. Se trata de algo diferente: un breviario de emociones y pasiones personales tenidas al borde del estribo y con la mente puesta en otros cielos. Seguramente, esta connotación —la de irse lejos sin salirse del ruedo— es la que confiere singular valor, entraña belleza y alto rango espiritual a estas letras.
Hay algo místico en todas estas líneas —toreo zen, quizá— que traspasa y engalana aún más la segura y maestra proporción de la medida de estos versos, y es la escala óptima de la pulcritud en todas las miradas del toreo. Todo lo feo queda oculto, olvidado, travestido de hermosura, incluida la sangre, la muerte, el fin de la tragedia. Citando a un maestro de las sabidurías orientales, Teitaro Suzuki, remato este prologuillo haciendo suyo y mío, haciendo nuestro, este pensamiento: «El Zen es el hecho último de toda filosofía y religión. Todo esfuerzo intelectual debe culminar en él, o más bien debe comenzar en él, si es que ha de rendir frutos prácticos».
Leer este libro es gozar la gran experiencia de la vida. Vivir es morir. «Como el toro he nacido para el luto y el dolor» (Miguel Hernández).
HAIKU Y SONETO
Si a los toros se les distingue y valora según la divisa que lucen en su piel, de igual manera a este libro que tienes entre tus manos le diferencia y señala el notable contrapunto de sus versos y estrofas. Es el soneto, rey de reyes entre los poemas conceptuales y sonoros, y es el haiku, poema breve de diecisiete sílabas, escrito en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente (estructura habitual, aunque no única), son los dos modos de elaboración artística en este caso. Se toma toda la elegancia de Occidente vestida en versos endecasílabos y se complemente con la sabiduría oriental con esta tríada de versos de arte menor. La suma o compendio de uno y otro incendian el paraíso de la magia y, cual cofre de lujo, encierran en su seno todo el saber, el sentir y vivir la fiesta de los toros. Pasión y lujo, dos cintas de color en esta bandera de la poesía.
Juan José Pérez Solana
PRELUDIO
Amanuense bitácora confiere
al diario, los sucesos e incidencia;
análisis, profunda la evidencia,
conocimiento superior se adquiere.
Un amanuense y práctico, en esencia,
soy, quien observa; sin decir, sugiere;
en acta o parte, la verdad venere;
«Mis memorias» o «diario», confidencia.
Párrafos verso orlan el macrocosmos;
pequeñas rimas miman microcosmos;en mesocosmos, el soneto añoro.
El soneto elegí clásico marco;
a conveniencia la extensión le marco;
y un haiku mi remate, broche de oro.
«Sin normas, Arte» dice el Zen breve.
Lanzo octavillas, real octava, aleve
rima, baldón de sociedad desdoro.
Aislado y aislador, yazgo callado,
soy otro que ya fui; un exiliado;
de incógnito, ignorado en el Camino.
El poema que escribo cada día
cuarteto, después de sinfonía1;
¡obsesión por belleza y lo divino!
Haiku: Con la borrasca / las hojas de bitácora / a luz de luna.
PRESENTACIÓN
Exiliado de Oriente, mi destierro
obedece a la ley inexorable
del karma, acumulado última vida,
por Cipango la distendida estancia.
Los Toros, el Camino de Santiago,
me atraen, me conquistan, me seducen;
y prefiero afincarme en Piel de Toro,
mi vivienda en un borde del Camino.
Así recuerdo eternas Sendas de Oku;despierto con mi nueva poesía;
Haiku al final aporto, broche sigilo;
y agrego a lidia danza mis bellezas.
Muy próximo el final de largo viaje,
recojo mis apuntes y bosquejos
en pequeña y vivida antología.
Haiku: Un peregrino
perdido en el tendido
uso mi cámara.
POR DIVISA, SONETO CON HAIKU
Un toro es el escudo en mi bandera,
expresando variada alegoría:
fuerza, poder, nobleza, fantasía,
con casta y la hidalguía más señera.
El soneto, la clásica solera
de forma occidental, que no varía;
la utilizo, y lo lidio a mi manera,
descubriendo una nueva poesía.
La bandera decoro con un lazo,
un haiku agrego, en síntesis un trazo,
el poema oriental por excelencia.
Nueva modalidad al Arte aporto;objetivo y sincero me comporto…
¡Mi pasión por lo bello se evidencia!
Haiku: Soneto el toro
Con haiku japonés
¡Un molinete!
Soneto y haiku
dos cintas de colores
cada poema.
COLOSO CRUCIFICADO
LA CAPILLA
TORO
Rincón y techo; cerchas por cadenas,
Cristo descomunal parece avanza;sobre los fieles cierne; y abalanza,
sin que se aprecie sujeción apenas.
Relieve reventón de azules venas;
