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'Sexo veraniego' es una serie de 3 relatos eróticos. En esta edición especial Lust te da los 3. El autobús: Alice y Eddie nunca se han conocido en persona, únicamente vía webcam desde sus camas. Pero cuando se encuentran en un autobús lleno de gente, durante un cálido día de verano, las cosas entrar en calor de inmediato. Como no hay asientos disponibles, Alice termina sentada en las rodillas de Eddie y pronto se olvidan de todo excepto de las vibraciones rítmicas del autobús, la tensión entre ambos y sus deseos prohibidos. Es un viaje que no olvidarán jamás. La playa: Jimmy y Anna se conocieron en el autobús camino a la playa. Pero ellos no son tan desinhibidos como sus amigos Alice y Eddie, que tuvieron sexo en el abarrotado autobús sin que nada les importara. Piel y emociones son expuestas por igual en la playa. Anna y Jimmy se desean, pero ¿quién dará el primer paso? Cuando finalmente están solos en la arena, Jimmy decide seguir el consejo de su amigo Eddie y tomar la iniciativa. El parque: Eddie y Alice van al parque y no se pueden quitar las manos de encima, especialmente después de que Alice le susurrara que no lleva nada bajo su vestido. El parque está lleno de gente, pero sus impulsos son totalmente irresistibles.
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Seitenzahl: 52
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Alexandra Södergran
LUST
Sexo veraniego - la trilogia
Cover image: Shutterstock Copyright © 2020 Alexandra Södergran and LUST, an imprint of SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726649000
E-book edition, 2020 Format: EPUB 2.0
All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
Alicia era el tipo de mujer capaz de lograr que hasta el ateo más empedernido se hincara de rodillas y alabara al Señor. Su cuerpo era tan espectacular que la palabra 'perfecto' no alcanzaba a describirlo. Hay mujeres hermosas, pero Alice tenía su propia liga. Además de un cuerpo esculpido, irradiaba sexualidad con tal potencia que sus compañeros sexuales experimentaban orgasmos cómo nunca habían imaginado. Mujeres y hombres por igual. Y tenía una fortaleza de espíritu que casi ningún obstáculo en su camino podía extinguir.
Eddie daba vueltas en su departamento, ansioso y excitado. Estaba pensando en Alice, una chica que aún no conocía en persona. No podía entender porque se sentía tan atraído hacia ella. Todo había empezado con aquella película. En la que no se distinguía su rostro. Sólo se veía su cuerpo, apoyado sobre un costado y masturbándose. Un vibrador entraba en escena. Sus movimientos mantenían un ritmo estable y su respiración se agitó. Con la agilidad de una ardilla que salta de un árbol a otro, cambió el vibrador de mano. El aparato emitía un suave zumbido como el de una afeitadora eléctrica con poca batería. Se las arregló para quitarse la ropa interior con la mano libre.
Mientras el vibrador ronroneaba como una adorable mascota. El sonido era apenas perceptible. Y luego llevó una mano hasta sus enormes senos, los acarició y los apretó entre gemidos. Disfrutando cada minuto de ello. En un instante, Eddie quedó completamente prendado. Intentó contactarla.
—Quiero saberlo todo sobre ti —le dijo.
Y se pasaron la noche hablando de trivialidades inconexas, desde recuerdos de la infancia hasta sueños extraños. Se sintieron más cerca el uno del otro que si se hubieran tocado.
Eventualmente, acordaron verse. Era un día inusualmente caluroso de la primera semana de junio. La luz del sol inundaba el departamento y Anna se despertó lentamente. Del exterior llegaban los sonidos de los autos y el canto de los pájaros. Aún no decidía qué hacer. Tenía muchas ganas de salir a disfrutar del cálido verano, pero también le gustaba la idea de quedarse en su mullida cama. Se quitó las sábanas de encima. Sin una fantasía específica en mente, se comenzó a acariciar los muslos y por encima de las panties. Había tenido un sueño maravilloso.
Palpitante de deseo, deslizó una mano entre su ropa interior. Y empezó a recordarlo todo. La videoconferencia con Eddie. Le exigió que se masturbara para ella, así como ella lo había hecho para él, y él no había puesto mucha resistencia. Sentado en la cama y recostado contra la pared, había encendido sólo una lámpara en medio de la oscuridad. Sólo podía ver su silueta y ella insistió en que encendiera más luces. Estaba tan excitada entonces como lo estaba ahora.
Cuando finalmente encendió la lámpara de la mesa de noche, sólo pudo ver su torso. Bronceado. Con prominentes músculos abdominales donde la piel se tensaba alrededor del ombligo. Su pene se balanceaba de un lado a otro y la punta estaba húmeda. Aunque la imagen era borrosa y oscura, pudo distinguir una vena en el suculento pene y sintió unas ganas inmensas de verlo cubierto de semen. Ella le mostró sus senos y él empezó a masturbarse. Lentamente al principio, y eso la calentó mucho más. Alcanzó al clímax cuando él todavía se masturbaba.
Y cuando ella gimió contra el micrófono, logró ver su erupción. Chorros de semen cayendo sobre su musculoso estómago. Alice se estaba tocando mientras recordaba esa escena. Los pájaros cantaban para ella. Arqueó su espalda, tensó sus glúteos. Y emitió un sonoro gemido. Las paredes de su departamento eran delgadas como papel y probablemente algún vecino la había escuchado. Alguien que había empezado a masturbarse pensando en ella. Se lo imaginó como un hombre atractivo de mediana edad, con barba, que tras escucharla gemir se vio obligado a dejar sus anteojos y su libro para liberar su gran miembro palpitante.
Su esposa seguramente estaba en la cocina, a punto de gritar que el café estaba listo. Mientras él se masturbaba frenéticamente. No podía evitarlo, los gemidos eran demasiado excitantes. Tal vez había más hombres jóvenes y sexys en el edificio que la habían escuchado. Los imaginaba a todos con sus penes de diferentes tamaños, erectos y apuntándola, listos para explotar de un momento a otro. En un maravilloso momento de luz, el mundo desaparecía. Se quedó tumbada en su cama, con una sonrisa de felicidad en sus labios, hasta que sonó el timbre.
—¡Hola, Anna, entra! —Se abrazaron y se besaron en la mejilla.
—Dios, hace demasiado calor allá afuera y aquí huele a encerrado —dijo Anna, mientras daba brinquitos hasta la cocina y abría la nevera.
Bebió jugo directamente del cartón, en grandes tragos, luego recuperó el aliento y eructó.
—¿Nos vamos?
Alice sonrió.
—Claro, déjame cambiarme de ropa.
Ahora que Anna estaba allí, todo era mejor. Estaba llena del tipo de energía del que nadie se hartaba, más bien todos se animaban y planificaban cosas divertidas. Anna era nadadora profesional por lo que era determinada y de actitud positiva por naturaleza. Además, era muy amigable. Mientras Anna le relataba los pormenores de su último torneo de natación en España, Alice sacó su bikini rojo del armario. La puerta del armario tenía un espejo de cuerpo entero y se miró desde varios ángulos. Le gustaba cómo le quedaba el bikini. Ya quería salir y aprovechar todas las oportunidades que le aguardaban.
