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"Oliver no puede creer que, de todas las personas del mundo, a su torpe corazón se le haya ocurrido sentir cosas por su mejor amigo,Ryle. Que no solo es hetero, sino que además tiene la mejor novia del universo. No puede permitir que un crush absurdo lo destruya todo. ¿Acaso no es mejor dejar que el silencio le rompa el corazón? Megan no puede entender por qué, si con Ryle son la pareja perfecta, todo se siente tan fuera de lugar últimamente. ¿Es ella el problema? ¿Debería cuidar más a su propio corazón? ¿Por qué es todo tan difícil? Y a Ryle... a Ryle le pasa algo que no se anima a confiarle a Ollie ni puede contarle a Megan. ¿Qué pasa cuando te enamoras de tu mejor amigo? ¿Cuando encontrarte a ti mismo es agridulce? ¿El amor no debería ser rojo pasión? ¿Pueden sus colores opacarte? Descubre el lado dorado de la vida en esta tierna historia de amistad, compañerismo y amor propio por @malelovesbooks"
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Seitenzahl: 528
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Oliver no puede creer que, de todas las personas del mundo, a su torpe corazón se le haya ocurrido sentir cosas por su mejor amigo, Ryle. Que no solo es hetero, sino que además tiene la mejor novia del universo. No puede permitir que un crush absurdo lo destruya todo. ¿Acaso no es mejor dejar que el silencio le rompa el corazón?
Megan no puede entender por qué, si con Ryle son la pareja perfecta, todo se siente tan fuera de lugar últimamente. ¿Es ella el problema? ¿Debería cuidar más a su propio corazón? ¿Por qué es todo tan difícil?
Y a Ryle… a Ryle le pasa algo que no se anima a confiarle a Ollie ni puede contarle a Megan.
¿Qué pasa cuando te enamoras de tu mejor amigo? ¿Cuando encontrarte a ti mismo es agridulce? ¿El amor no debería ser rojo pasión? ¿Pueden sus colores opacarte?
Descubre el lado dorado de la vida en esta tierna historia de amistad, compañerismo y amor propio por @malelovesbooks
Nació en Buenos Aires, Argentina y es estudiante de Ciencias de la Comunicación. De pequeña grababa vídeos en YouTube hablando de moda, libros y maquillaje. En la actualidad la pueden encontrar en TikTok e Instagram (@malelovesbooks)haciendo ese contenido. Le encantan las comedias románticas, tiene alma de golden retriever y llora por casi todo. Una Coca-Cola bien fría es la solución a todos sus problemas.
Para mamá y papá que me enseñaron a no bajar los brazos y perseguir siempre mis sueños.
Para mi abuelo, Estelo, que siempre que veo el cielo me acuerdo de él y siento paz al saber que me está guiando.
Para mi abuela, Dora, porque me enorgullece ser su nieta y brillo día a día como aprendí de ella.
Para mi abuela, Estela, que siempre soñó con escribir un libro y nunca se animó, este libro es para cumplir el sueño de las dos.
“Loving him is like driving a new Maserati down a dead end street. Faster than the wind, passionate as sin, ending so suddenly”
–Taylor Swift
You Belong With Me (Taylor’s Version) – Taylor Swift
Imagination – Shawn Mendes
Timber – Pitbull ft. Ke$ha
My Life Would Suck Without You – Kelly Clarkson
Who Says – Selena Gomez
Wish You Were Sober – Conan Grey
Talk Slow – Chase Atlantic
Right There – Ariana Grande ft. Big Sean
Real Friends – Camila Cabello
Creep – Radiohead
Feelings – Hayley Kiyoko
Baby’s On Fire – Die Antwoord
Anything Could Happen – Ellie Goulding
Count On Me – Bruno Mars
Just Give Me A Reason – Glee Cast
It’s Nice To Have A Friend – Taylor Swift
Late Night Talking – Harry Styles
Secrets – OneRepublic
Los gritos de Ryle se pueden escuchar desde mi ventana, impiden que pueda concentrarme con los acordes de mi guitarra.
El aniversario número cuarenta y cinco de nuestra institución es mañana y, como en toda escuela tradicional, se va a celebrar con un partido de fútbol. Si bien a mí me gustan los deportes, se me dan fatal. Por eso estoy en la banda y me ordenaron específicamente que me aprenda la canción más aburrida del mundo. No me malinterpreten, amo la música, me gustaría dedicarme a eso en un futuro, pero me hartaron estas tradiciones.
Quizás por eso ahora me encuentro moviendo las cortinas de mi ventanal y observando como mi vecino de cabello castaño da vueltas en círculos por su habitación. Parece disgustado, aparenta estar en desacuerdo con quien sea que esté hablando. Mi intuición de mejor amigo me dice que está discutiendo con su novia, Megan.
Nuestras casas no están tan lejos entre sí. De hecho, una vez logramos pasar una escoba de un lado al otro, sin que se cayera, y que se sostuviera de forma adecuada. Es una entre miles de anécdotas que tenemos juntos porque, con mis dieciséis años, conozco a Ryle desde que usábamos pañales. Nuestras familias son tan unidas que en más de una ocasión celebramos Navidad, Año Nuevo y Pascuas todos juntos.
Mi vecino, hermano y mejor amigo me lanza un avioncito de papel para captar mi atención y me saca de mis pensamientos. No puedo evitar fruncir el ceño y dedicarle una de mis clásicas miradas sin emoción.
–¿Había necesidad de hacer eso? –Me río y lo observo, apoyando mi cabeza sobre el marco de la ventana.
–Te quedaste pasmado y no me estabas escuchando. –Se encoge de hombros Ryle–. Te quería pedir disculpas si hablé muy fuerte y te desconcentró de lo que sea que estabas haciendo antes de esto.
–Si te refieres a la interesante y ruidosa discusión con tu novia, sí –le respondo con sarcasmo–. Me desconcentró de mi práctica con Laurie para el evento de mañana.
–No puedo creer que le hayas puesto un nombre a tu guitarra. –Se ríe–. Perdón, Megan quería organizar una cena con sus padres y le dije que no iba a poder asistir, porque seguramente vamos a festejar después del partido en la casa de Drake.
La novia de Ryle es una de las chicas más populares de la escuela. Ser la capitana del equipo de porristas no la convierte en una mala persona y sin cerebro como muchos creen. En realidad, es una de las chicas más dulces que conozco, aunque eso no evita ni justifica la cantidad de veces que actúa de manera terca y caprichosa para que su pareja haga exactamente lo que ella quiere. Por momentos, admiro la capacidad de convicción que tiene sobre Ryle, a mí con suerte me hace caso cuando le grito todas las mañanas que no se olvide de llevarme un trozo de budín que prepara su mamá para el desayuno.
–Si no me equivoco, ya es la tercera vez en la semana que le cancelas… –Me encojo de hombros–. A este paso te vas a quedar más solo que un ornitorrinco.
–Oliver, no es mi culpa que a esta mujer se le ocurra salir cada vez que tenemos un entrenamiento o algo importante para hacer –se queja Ryle frustrado.
–¿No debería estar entrenando ella también? Para los saltos, piruetas y esas cosas raras que hacen las porristas.
–¡Eso es lo que yo le dije! Después de escucharme, se enojó conmigo y por eso discutimos. Estoy cansado de pelear por este tipo de situaciones. –Suspira evitando mi contacto visual, cada vez que habla desde lo más profundo de su ser, desvía su mirada. Quizás para evitar que las personas lo escuchen, entren en él y lo conozcan de verdad. O quizás porque de esa forma se anima a demostrar sus sentimientos con sinceridad, sintiendo una mínima vergüenza de sí mismo.
–Tranquilo, siempre encuentran la manera de compensar los problemas del otro –bromeo y le lanzo el avioncito de papel, al que atrapa sin problemas.
–Ya es bastante tarde, creo que voy a darme una ducha y dar por finalizado mi día hasta mañana.
Me sonríe y me devuelve el avioncito.
–Al fin. –Me río haciendo un gesto exagerado con mis manos–. Hasta acá se siente tu olor a mugroso.
–Y hasta acá se siente el gas que te echaste hace dos minutos.
Ryle rueda sus ojos riendo y se aleja de la ventana. No puedo evitar hacerle fuck you y reírme porque se tropieza con una camiseta tirada en el suelo. Siempre confirmo que es la habitación más desordenada que conozco.
–¡NO TE RÍAS! –me grita y me devuelve el gesto con su mano.
Decido ignorarlo, cerrar mis cortinas y dejarme caer sobre mi cama, justo al lado de mi guitarra eléctrica desconectada. Hoy fue un día bastante estresante y largo. Me vendría bien tomarme una ducha a mí también.
Decido hacerlo, me dirijo hacia el baño, tomo una toalla limpia e ingreso en la ducha. La sociedad dice que es el mejor lugar para reflexionar y ordenar las ideas. Yo soy de esas personas que reafirman esta teoría. De hecho, si no fuera por eso no estaría pensando en Ryle y sus problemas amorosos. Lo sé, también soy de esas personas que piensan más en los demás que en sí mismos. Debería buscar una forma de ayudar a mis dos amigos para que estén bien y dejen de tener estas discusiones tan absurdas, aunque ya tengo la certeza de que mañana van a reconciliarse…
Sí, además de mi hermosa amistad con el chico de ojos claros que vive al lado de mi casa, se podría decir que soy amigo de Megan. Compartimos gran parte de nuestro tiempo escolar juntos e, incluso, tenemos algo en común: a ambos nos gusta Ryle. ¿La diferencia? Ella es su novia y yo soy su mejor amigo que salió del clóset gay hace un par de años y que moriría en la friendzone si algún día se propone confesarlo todo. Por este motivo, de momento prefiero mantener mi secreto bajo candado, aunque tenga el presentimiento de que alguien puede tener el control de esa llave y arruinar mi situación por completo…
Cuando bajé a desayunar, mis padres ya se habían ido a trabajar. No me sorprendió porque, por cuarta vez en la semana, me olvidé de activar el despertador y Ryle tuvo que golpear nuevamente mi ventana con una pelota para que me levantara. Todavía no comprendo cómo no la rompió. Bueno, tampoco está bueno mentirme… El año pasado lo hizo y tuvo que pagarme un vidrio nuevo. Nunca voy a superar que tuvo que gastar dinero de la herencia de su abuela para eso, lo voy a molestar siempre.
Al parecer hoy me levanté con el pie correcto, en la mesa encontré un plato repleto de waffles: mi desayuno favorito. Abrí la heladera, saqué un recipiente con crema batida y agarré el cartón de jugo de naranja, también mi favorito.
Si Sídney, mi mejor amiga, me hubiera visto me hubiera regañado diciendo que me dolería el estómago todo el día y yo me quejaría, pero le daría la razón en el transcurso de las horas.
Ahora mismo son las ocho menos diez de la mañana y a las ocho en punto pasará a buscarnos Drake para ir a la escuela. Es el chico popular que organizó una fiesta esta noche en su casa, a la que claramente no tengo ganas de ir, pero a la que asistiré igual porque un par de latas de cervezas no le hacen mal a nadie. Aunque si soy sincero, prefiero mil veces más el vodka. Debería peinarme y esperarlo afuera junto con… la persona que se asoma desde el umbral de la entrada y me sonríe para que lo deje pasar.
–Sabes que siempre está abierto, no sé por qué esperas a que abra la puerta cada vez que vienes –me quejo ignorando a Ryle cuando le permito ingresar a mi casa.
–Vi a tus papás irse hace unos minutos y me dijeron que me prepararon un waffle. –Me sonríe.
Se roba de mi plato el que había preparado con crema para mí, y se sienta en una de las sillas que rodean la mesa de mi comedor.
–Ugh, te odio. –Lo empujo un poco–. ¿Te bañaste al final? Percibo un aroma más presentable y dudo que sea mío.
–Qué gracioso.
Rueda sus ojos sarcásticamente y mira el reloj que siempre lleva en su muñeca.
–Me parece que deberíamos apurarnos… –Se levanta de su asiento y bebe del envase de cartón el poco jugo que queda, luego me mira–. ¿Hay alguna tendencia homosexual que te permita creer que usar una camiseta con lado de adentro para afuera te queda bien? Porque en mi opinión te queda horrible.
He olvidado mencionar que Ryle no es una persona con mucho tacto. Al menos no conmigo. Siempre estamos molestándonos entre nosotros y ese es uno de los aspectos que más me gustan de nuestra amistad. El poder ser sincero y auténtico con el otro sin miedo al rechazo, como cuando salí del armario con él.
No fue hace muchos años. Teníamos trece y estábamos en un campamento de verano que había organizado nuestra escuela. Habíamos pasado toda la tarde en una piscina. A esa edad comienza la pubertad y los cambios más notorios eran de nuestras compañeras mujeres, que andaban con sus trajes de baño de tendencia. Recuerdo observar a todos los chicos babeando por ellas o riéndose de las que aún no estaban desarrolladas y yo… Bueno, yo no sentía nada. De una forma u otra siempre supe que me parecían atractivas las chicas, pero no de esa manera. No de la forma en la que babeas como degenerado por ellas. Pensé que estaba defectuoso o que no era “normal” hasta que me di cuenta de que eso lo sentía por los varones. Y ahí sí comenzaron los problemas. Las dudas. Los miedos. El aislamiento.
Una noche estábamos haciendo una fogata con mi grupo de amigos y no recuerdo cómo, pero el tema de la homosexualidad salió al aire. Mis manos comenzaron a sudar y no pude evitar agachar la cabeza de la vergüenza.
–¿Por qué no te sacas la sudadera? –me preguntó Ryle quien estaba sentado junto a mí. Al notar mi cara de confusión agregó–: Te están transpirando las manos… Hace calor al lado del fuego, ¡desabrígate!
Pude sentir su sonrisa, pero no quería mirarlo. Me limité a negar con la cabeza para indicarle que todo andaba bien. Mentira. Nada andaba bien. Tenía miedo. Me daba rabia escuchar a mis compañeros decir mentiras sobre la comunidad LGBTQ+, me daba tristeza no poder animarme a hablar. A hablar y defenderme. Pero luego de analizarlo unos minutos, si yo no lo hacía en ese momento, nadie lo iba a hacer. Si yo no tomaba el coraje de hablar, nunca iban a cambiar de parecer y mentalidad. Así que lo hice y ese fue uno de los momentos más valientes de mi vida y de los que me siento más orgulloso.
Siento un golpecito pasivo-agresivo sobre mi hombro que me saca por completo de mis recuerdos. Al girarme, observo a mi amigo con confusión.
–Me olvidaba lo tonto que eres por las mañanas –se ríe de mí mientras sostiene de forma muy vaga la mochila sobre su hombro–. Te estaba diciendo que te pusiste la camiseta al revés.
Suspiro y, en cuestión de segundos, deslizo la prenda por mis hombros y la doy vuelta. Puedo sentir como los ojos de Ryle se concentran en mi torso desnudo y una ráfaga de nervios y mariposas vuelan por mi nuca.
–¿Qué? ¿No estás acostumbrado a ver un montón de chicos sin camiseta en los vestuarios antes y después de tus partidos de fútbol? –me burlo rodando mis ojos para disimular mi nerviosismo.
–Sí, lo estoy. Pero, por lo general, tú eres menos atlético. –Me devuelve la burla y me despeina–. ¿Nos vamos? Drake va a…
Tocar la bocina del coche descapotable que le presta su papá adinerado para que todo el barrio se entere de que ya llegó a nuestras puertas. Siempre hace lo mismo.
–Juro que un día de estos le voy a cortar el cable de la bocina así no molesta más –protesto agarrando mi mochila e imitando el gesto de la persona que tengo al lado.
Al cerrar la puerta de la entrada, me doy cuenta que por tercera vez en la semana me olvidé de lavar los platos después del desayuno y ya me está estresando el sermón que recibiré de mis padres cuando regresen de trabajar… Problema para el Oliver del futuro.
Saludamos con un choque de puños a Drake y nos subimos a su auto. De copiloto está Jade, otra compañera de clases y porrista al igual que Megan. Y hablando de Meg, ella sonríe al vernos y se sienta sobre su novio ni bien entramos. No me sorprende, siempre lo hace. Entonces, la discusión que tuvieron anoche no fue del todo importante para ninguno de los dos, porque no aparentan estar incómodos.
–Más les vale no hacer nada indecente allá atrás, que mi padre envió a pulir el auto ayer por la tarde –les advierte Drake mirándolos por el espejo retrovisor.
–Más les vale no hacer nada indecente o me veré obligado a lanzarme del coche en movimiento –añado a la conversación y le provoco una sonrisa a la chica rubia que, algún verano atrás, llevaba mechas rosas.
–No sería la primera vez, Ollie.
–No, pero de todas formas no quiero sumar más anécdotas a mi lista de “situaciones en las cuales me vi involucrado y nunca quise participar”.
Las risas de mis amigos resuenan en todo el auto. Si hay algo que siempre me gustó es eso. Cuando era más pequeño, en muchas ocasiones sentía que no pertenecía a ningún grupo y hasta dudaba de por qué Ryle era mi amigo si toda nuestra vida fuimos polos opuestos, de grande pude entenderlo todo con más claridad. Cada persona es un mundo y, por más similitudes o cosas en común que tengas con los demás, nunca van a ser iguales. Algunos sufrieron una serie de eventos traumáticos mientras crecían, otros no. Algunos siempre la tuvieron fácil, a otros se les complicó un poco más. A mí personalmente me costaba aceptar que los deportes no eran mi punto fuerte como al resto de mi grupo, quizás eso me convertía en el eslabón más destacable de la cadena de mi círculo social, alguien a quien le gustaba más la música y hacer reír a los demás.
Como en todo grupo, con algunos tengo más afinidad que con otros. Drake, por ejemplo, es alguien a quien conozco muy bien pero nunca se interesó del todo en conocerme a mí. Es una persona que se preocupa más por sí misma y por su propio bienestar. Yo no podría funcionar así. Me cuesta mucho abrirme, lo admito, pero sí quiero a alguien en mi vida, se lo hago saber. Me pregunto si alguna vez quiso conocerme o cree hacerlo lo suficiente para que no valga la pena intentarlo de verdad...
De Jade, en cambio, mucho no puedo opinar. Recién hace unos meses empezó a juntarse con nosotros debido a que se hizo muy amiga de Megan. Ambas son de las chicas más populares del colegio y tiene sentido que pasen mucho tiempo juntas, sobre todo cuando Jade se peleó con sus antiguos amigos, los de la banda, quienes también son mis amigos. Hay mucho drama y suposiciones sobre lo que les pasó, a mí no me interesan en lo más mínimo y aun así siempre me entero de todo.
Luego de un par de canciones en el auto a todo volumen y conversaciones superficiales acerca de la vida, llegamos a nuestro instituto. Fui el primero en bajarme del auto y les hice una señal a los chicos para hacerles entender que nos veríamos luego. Ahora mismo mi destino es encontrarme a Sídney y terminar de ensayar con la banda para la presentación de hoy que, para ser exactos, es en dos horas, por ende el tiempo corre contra nosotros. ¿Seremos más rápidos que él? Sería una buena pregunta si tuviera una buena respuesta para refutar.
Como lo imaginaba, Sídney se encuentra en la asamblea. Está ajustando los acordes en el atril para que yo pueda practicarlos con mi guitarra como se lo pedí anoche antes de irme a dormir. El auditorio posiblemente es uno de mis lugares favoritos en el mundo. Es enorme y no mucha gente tiene permitido estar ahí a menos que tenga una buena razón para hacerlo, como ser profesor de Música, Arte o de Teatro, ser parte del elenco del musical de este año o, como yo, estar en la banda escolar.
–Miren quién se dignó a aparecer diez minutos tarde. –Síd me mira de arriba abajo y niega con la cabeza para seguir trabajando en lo suyo.
Mi amiga es hermosa, pero hoy lleva puesto un jardinerito lila con una camiseta multicolor a rayas que la hace lucir infantil y eso es lo que más me gusta de ella. Jamás le importó la opinión de los demás. Sídney es de esas estrellas que brillan alto con su propia luz y ningún cometa puede opacar. A su vez, es una amiga de oro. A veces hasta le cuento más cosas de mi intimidad que a Ryle. En parte porque no creo que le interese saber a él como me lío con un chico, y en parte porque no me hace sentir tan vulnerable como lo sería en ese caso. Es de las personas más importantes que tengo en mi vida y no sé qué haría sin ella.
–Perdón, hoy Drake pasó un poco más tarde de lo habitual.
Le dedico una sonrisa mientras dejo mi mochila en una esquinita del escenario y me acerco a ella con mi guitarra ya en mano.
–Hice todo lo que me pediste. De todas formas, si pusieras un poco de tu parte no me quejaría. ¿Estuviste practicando anoche al menos o tienes otra excusa para darme? –Me mira de brazos cruzados y sopla, frustrada, un rizo de su frente al ver la media sonrisa que se forma en mi cara intentando ocultar una risa–. ¡HACES TODO MAL! Déjame adivinar, tu vecino supersexy te estaba molestando, ¿verdad?
–No fue de esa forma y algo de razón tienes. Discutió con Megan por teléfono otra vez y, bueno, ya sabes lo cerca que están nuestras ventanas…
–Cuando lo vea le voy a decir algo –suspira y juguetea un poco con su instrumento–. Practiquemos ahora, no nos queda tanto tiempo.
Accedo a su propuesta y así pasamos la próxima media hora ensayando. Cuando llegan los demás integrantes de la banda escolar, terminamos de preparar todos los arreglos para la presentación de hoy.
Por los altavoces de la escuela, la directora general anuncia que nos dirijamos hacia el estadio de fútbol. Ahí vamos a festejar el aniversario escolar y presentarnos. Al llegar, las gradas se van llenando de alumnos, profesores y familiares. Nosotros nos ubicamos en un rincón. Debemos esperar que todos los jugadores de fútbol y las porristas terminen de prepararse en los vestuarios, y que la directora inicie esta festividad. Mientras observo a la gente llegar al lugar, me vibra el celular desde el bolsillo trasero de mi pantalón. Sonrío al ver de quién es el mensaje:
TERREMOTO
Me hago pis de los nervios. Vinieron mis suegros a ver el partido.
¿Te imaginas si perdemos? ¿TE IMAGINAS SI PERDEMOS EN EL ANIVERSARIO ESCOLAR EN FRENTE DEL EXDIRECTOR DE LA ESCUELA?
Me da un ataque. AYUDA, respóndeme, OLLIE, ya sé que no estás haciendo nada importante en estos momentos…
Me rio al leer esa última frase. Ryle siempre me dice Ollie con cariño, pero si lo lee otra persona, y más con esa forma de estar agendado, es probable que se muera del asco. Al notarlo tan alterado decido responderle ni bien abro la aplicación:
Eres muy insistente amigo.
¿Por qué no te metes en una bañera de agua congelada como hacen los futbolistas profesionales para relajar la tensión muscular?
Lo dices como si no conocieras a tu suegro ya…
TERREMOTO
¿Qué parte de ES EL EXDIRECTOR DE LA ESCUELA no entendiste? Y sí, ¡ya sé que lo conozco y le caigo bien (o al menos eso creo) pero necesito apoyo emocional!
¿Podrías dejar a tu amiga la insufrible y venir a ayudarme?
Seguro te estás aburriendo con los nerds musicales esos, veeeen porfa.
A decir verdad, me da un poco de pena. Yo sabía que el papá de Megan fue el director de la escuela por un par de años antes de que lo ascendieran a un puesto superior en la comisión estudiantil, pero nunca le di importancia, creo que ni la hija le da la importancia que se merece, aunque muchos creen que es la razón por la cual la eligieron capitana del equipo de porristas. A mí me parece horrendo que rebajen el trabajo y sacrificio de alguien por ser conocida o familiar de tal persona importante, pero así funciona el mundo supongo... También, me estoy aburriendo como un hongo porque Sídney está hablando con una profesora que tuvimos a los nueve y no recuerdo ni su nombre. Así que sí. Me dirijo al vestuario de hombres sin pensarlo dos veces…
Al entrar, lo primero que invade mis fosas nasales es el olor a podrido que hay en el lugar. En este sentido, envidio mucho el vestuario de las mujeres. Me imagino que debe tener un aroma más decente y perfumado. ¿Acaso los varones no conocen la palabra desodorante? Me da bronca tener que convivir con semejantes seres incapaces de darse cuenta de que huelen pésimo. A excepción de él.
Ryle está sentado con sus codos apoyados sobre las rodillas y con la cabeza agachada hacia el suelo. Se ve preocupado y sus amigos alrededor, en vez de interesarse por él, están discutiendo qué jugada van a ejecutar en el partido de hoy. Supongo que ya hablaron con él hace un rato y por eso acudió a mandarme mensajes tan desesperadamente. Sí, eso tendría sentido.
Me acerco a él y le lanzo una media sucia, que encontré en el suelo, a la cara. Gran manera de captar su atención, Oliver. Él levanta la vista y puedo ver como se dibuja una media sonrisa en su rostro. Estoy muy orgulloso de eso a pesar de la mueca de asco que hace después de entender que era una media muy sucia lo que tocó su rostro.
–¿Pensabas que no iba a aparecer? –le pregunto mientras me siento a su lado y lo observo con atención.
–Sabía que ibas a venir, Ollie. Eres mi mejor amigo. Si no aparecías te iba a sacar ese privilegio –bromea un poco y suspira demostrando su nerviosismo–. Tengo miedo de no hacer un touchdown, de que perdamos contra el equipo contrario y decepcionarlo.
–Hace dos años que no juegas un partido sin lograrlo. Y solo ocurrió cuando volabas de fiebre por meterte a la piscina con dos grados bajo cero en una fiesta.
–Lo sé, de todas formas no tengo la certeza de que este partido sea tan amistoso como aparenta. El equipo contrario es del colegio East High.
Me mira a los ojos intentando explicarme con esas palabras todo lo que debería saber. No lo entiendo a la primera, pero unos segundos después comprendo. Ese colegio fue tendencia por una semana entera en Twitter tras batir los récords más importantes del fútbol en instituciones. No recuerdo muy bien cómo funcionan esos reconocimientos, pero si me quedó la imagen de lo buenos que son. Ya veremos.
–Quédate tranquilo. Tienes que pensar que estamos celebrando el aniversario de la escuela, no tendría sentido que ganen. Te apostaría cinco dólares a que la directora general le ordenó al otro entrenador que no se esfuercen tanto esta vez… ¿O así no funcionan los juegos? –Lo miro algo confundido.
–Te apuesto cinco dólares a que voy a decepcionar a Dominick hoy.
–Hecho, pero solo si le dedicas un touchdown a Nicki hoy –Me río y le doy un golpecito en su hombro–. ¿De verdad se llama así?
–Lo juro. Tiene un nombre muy intimidante, pero es un buen hombre. Aunque no deja de ser intimidante…
–Dijiste lo mismo dos veces. –Me levanto de mi asiento y le ofrezco la mano a mi mejor amigo–. ¿Te apuesto cinco dólares a que va a salir todo genial y vamos a emborracharnos un montón esta noche?
Ryle y sus ojazos azules me observan por unos segundos. Para mí es una eternidad. Tiene una de las miradas más hermosas del mundo. Siento que, si lo conoces de verdad, puedes ver todos sus sentimientos y emociones reflejadas en ellos. Toma mi mano y se levanta, al hacer esto queda muy cerca de mí y me veo obligado a dar unos pasos hacia atrás para no sentir su respiración cerca de mi oreja. Eso me provocaría un sinfín de sensaciones que no sé si estoy preparado para experimentar. No sé si algún día lo estaré tampoco.
–Tenemos un trato, Ollie. Mira que aún me debes veinticinco dólares de la vez pasada y de la anterior, y de la anterior de la anterior…
–Está bien, son treinta dólares. Prometo dártelos cuando me muera.
Le corto la conversación bruscamente y nos reímos.
Ahora solo queda esperar a que las cosas salgan como lo planeamos; ¿no?
No recordaba que la banda sonara tan bien. A decir verdad, el único integrante que conozco a profundidad es Oliver, por mi novio. Es un chico superdivertido con quien disfruto mucho estar. Aprecio la relación que tiene con Ryle porque se nota que es pura de verdad. Se alegran por los logros del otro y siempre están cuando uno lo necesita. Incluso, en nuestros primeros años de relación, Oliver me preguntaba cosas que mi novio no se atrevía a preguntarme, o averiguaba qué cosas precisaba o quería en ese momento para que luego Ryle fuera y me las diera de obsequio en una ocasión especial. Son muy tiernos juntos y ahora mismo me siento muy orgullosa de este chico con rizos que toca la guitarra. Se nota que le pone mucho esfuerzo a lo que hace.
Aquí me encuentro, ubicada cerca de mi mejor amiga, Jade. Esperando mi llamado para hacer piruetas en el aire. Debo admitir que me encanta ser la líder de las porristas. Me encanta estar al mando y dirigir como hace mi padre, es solo que a veces se vuelve todo muy estresante. Si bien me gusta ser el centro de atención las veinticuatro horas del día o, mejor dicho, las ocho horas de jornada estudiantil, me gustaría saber qué se siente caminar por los pasillos de la escuela sin que todos te juzguen o te admiren. Sería muy interesante, pero no es mi vida. Mi vida es esta y me toca acostumbrarme.
Jade y yo nos conocimos en la clase de Arte cuando teníamos once años. Ella estaba pintando un delfín de color anaranjado y a mí me dio mucha curiosidad esa elección. ¿Quién usaría pintura naranja para un delfín? Para mí siempre existieron dos tonalidades para los delfines: el azul claro y el gris perla. Para ella, no hay limitación de pigmentos. Es de las personas más creativas que conozco. No hay nada que se le dé mal, si no tenemos en cuenta las asignaturas relacionadas con Historia, Geografía o Literatura. Recuerdo cuando me acerqué a preguntarle el porqué de esa elección y cómo Jade me explicó que en realidad no le gustaban los delfines, pero para no sentir miedo al contemplar su pintura decidió ir por ese color, dándome a entender que el mundo sería mucho mejor si seguimos nuestras reglas y si lo pintamos con nuestros propios colores del arcoíris.
–Sigue sin responderme. –La escucho quejarse al aire mientras mira a su móvil cada dos por tres.
–Ya te va a responder… Tú misma dijiste que tenía un examen a esta hora –le contesto saliendo con pereza de mis pensamientos.
–Siento que está enojada. Espero verla esta noche, no nos vemos desde el martes y se siente como una eternidad –suspira frustrada y se apoya en mi hombro con delicadeza.
–Ayer te dijo que iba a asistir a la fiesta de Drake. Tu novia nunca cambia de planes a último momento.
–Último momento sería que ella no quisiera asistir y me lo comunicase ahora. ¡Eso no está sucediendo!
–¿Alguna vez te dije lo drama queen que eres, Jade? No le des más vueltas al asunto. Concéntrate en el desafío de hoy y ya te responderá cuando termine su evaluación.
–No me queda más remedio, nos toca a nosotras.
Dicho y hecho, todo el equipo de porristas nos ubicamos al frente de las gradas principales y escuchamos como la directora nos presenta. Ante cada una de sus palabras movemos nuestras porras y sonreímos. Siempre es la misma rutina: mover las porras, sonreír, levantar el brazo izquierdo, levantar el brazo derecho, giro, mover las porras, sonreír, giro y pose final. Diría que, si no fuera porrista, igualmente me aprendería ese mini baile de ceremonia antes de empezar el verdadero.
Jade fue la encargada de elegir la canción que vamos a bailar hoy: Timber de Pitbull ft. Ke$ha. Le sugerí que hagamos la versión de Just Dance y se enojó porque no es estética, según ella.
Con una gran disposición y otro gesto en nuestros rostros, comenzamos nuestra rutina. No tiene demasiadas volteretas en el aire, pero sí mucho movimiento pélvico, saltos y piruetas normales. Cuando finalizamos nuestro número musical, todo el mundo nos aplaude y nos vamos a sentar –moviendo las porras en el aire como agradecimiento– a las gradas junto con la banda y los demás estudiantes.
–En un momento pensé que te ibas a caer –me dice Oliver quien está sentado en la fila de atrás–. No sé si hablaste con Ryle, pero estaba nervioso por tu papá. Al parecer vino a ver el partido.
Oh. Ahora sí tienen sentido esas ocho llamadas perdidas que recibí de su parte hace unos minutos. Me hubiera gustado contestarle, pero estaba demasiado ocupada terminando de ensayar y se me hizo imposible. Él lo entenderá.
No entiendo qué hace mi padre aquí. Bueno, en realidad sí. Solo no quiero que a Ryle le perjudique su presencia. Me cuesta creer que vino a ver a su hija y no al novio de su hija, puesto que él es un gran admirador de los deportes y lo único que quiere hacer es meterle presión. Además, no podemos ignorar el hecho de que Ryle rechazó mi invitación a cenar con mis padres esta noche por querer ir a la fiesta de Drake a la cual, finalmente, lo voy a acompañar porque no me gusta que vaya solo con sus amigos y se aburra al verlos estar con muchas chicas y él no. Al menos, esa es mi excusa no tóxica.
–No pude hablarle… Me imagino que si me estás contando esto es porque tú sí, ¿no?
–Siempre voy a estar ahí para él, Megan –me responde cortante como si yo no fuera a saber que eso es cierto.
De cierta forma me alegra que sea así. Me gusta saberlo. Más sabiendo que el partido acaba de comenzar y, si no cumple con las expectativas que mi padre le creó, se puede liar una muy gorda en nuestra relación y no estamos preparados para eso.
Megan es exagerada. Se preocupó de más por la situación de Ryle y su padre cuando el partido resultó genial. Nuestra escuela ganó tres a uno. Como buena novia que es, se levantó de las gradas y se fue corriendo para festejar con los futbolistas su victoria. Le dio un beso a su novio en frente de toda la escuela. Como siempre lo hace.
Por suerte, el evento que involucraba mi participación o la de la gente que me cae bien, finalizó en un lapso de dos horas. Ahora ya podemos retirarnos de la escuela e irnos a nuestras casas. Ese sería un plan ideal, pero prefiero acompañar a Sídney a hacerse las uñas como ya le prometí. Me parece mucho más interesante ver qué diseño escoge esta vez y charlar con su manicurista, antes que estar horas y horas encerrado en mi casa sin hacer nada.
–Oliver, vamos a jugar videojuegos con parte del equipo a la casa de Ryle –me avisa Drake cuando pasan por mi lado.
–Ah, genial, no me inviten. Ni tenía ganas de ir.
Me quejo sarcásticamente porque:
No necesito invitación para ir a su casa. Tengo un juego de llaves propio y puedo acceder perfectamente desde la ventana en caso de no encontrarlo o no querer usar la puerta principal.
No es tentador jugar con Drake a la Playstation 4 cuando es supercompetitivo y se enoja contigo si le ganas. Es una experiencia que prefiero evitar, al menos de momento.
–Si terminan temprano con Sídney, sabes que pueden venir sin problemas –me aclara Ryle por las dudas, caminando de espaldas para poder verme mientras me habla.
–Qué horror. Prefiero quedarme sin uñas a jugar con ustedes.
–Agradecemos tu propuesta, pero tenemos otros planes. Y Síd prefiere quedarse sin uñas antes de jugar contigo.
Ryle frunce el ceño y se cruza de brazos.
–Dijo antes de jugar con nosotros, no conmigo en particular.
–Es lo mismo.
–No, no lo es.
Me cruzo de brazos y suspiro.
–Sí, sí lo es.
–No, no lo es y me debes treinta dólares.
–Sí, sí lo es y te los voy a dar cuando me muera.
Nos quedamos quietos unos segundos mirándonos en la misma posición a los ojos. Mis hombros se tensan. No sé si voy a lograr sostenerle la mirada por mucho tiempo. Sus ojos azules son casi transparentes y me provocan escalofríos. No es la primera vez que nos miramos de esta forma. De pequeños jugábamos siempre al que pestañea primero pierde. Ninguno de los dos perdía hasta que uno hacía trampa para ganar.
–No me queda otra que tomar tu palabra entonces…
Ryle me guiña el ojo, perdiendo en esta competencia, y se va con el resto de nuestros amigos. Sídney me agarra del brazo divertida.
–Ahora entiendo por qué te gusta tanto.
Ella… ¿lo acaba de decir? ¿En voz alta? ¿¡Donde cualquier persona podría escucharnos!?
–Shhh, nos pueden escuchar. –Le cubro la boca con mis manos, avergonzado, sintiendo el calor rojizo sobre mis mejillas ardientes.
–Nadie nos va a escuchar, tranquilo. Bueno, vamos que no recuerdo dónde estacioné mi coche.
–¿Cómo no te vas a acordar? Y te lo pregunto de verdad, Sid.
–Llegué temprano hoy y, de lo dormida que estaba, no recuerdo si lo dejé al norte o este de la entrada…
–Peor sentido de la orientación que Dory –le respondo mientras la abrazo con ternura y nos empeñamos a buscar su auto.
No parece ser una tarea muy complicada, si ignoramos que su coche es negro, al igual que el noventa por ciento de los vehículos aquí ubicados.
Vamos a tener una tarde muy divertida, de eso estoy seguro.
Cuando lo hallamos, después de darle más vueltas que las hélices de un helicóptero al aparcamiento de la escuela, Síd no me deja elegir las canciones que quiero escuchar en el camino, pero sí me da el control de elegir qué diseño se va a hacer en sus manos…
Me toca decidir si voy a ser buen amigo y escoger algo hermoso o ser malo y que le dibujen el emoji de una caquita en cada dedo... Pagaría cinco dólares por ver eso.
–¿Y? ¿Qué te parece?
Le pregunto a mi novio que se encuentra sentado sobre mi cama cubriéndose la vista con sus manos mientras yo termino de probarme ropa para esta noche.
–Estás cada día más hermosa. –Me agarra de la mano y tironea un poco para acercarme a él. Cuando estoy lo suficientemente cerca, me agarra de la cintura y me mira embobado–. El celeste es mi nuevo color favorito.
No puedo evitar sonreír al escucharlo decir esas palabras. Hoy decidí estrenar un conjunto conformado por una falda de brillos y un corsé con flores celestes. Me queda entallado y me hace sentir preciosa. Mi novio acaba de confirmarme lo bien que me queda, entonces yo creo que tomé la decisión correcta.
Al estar parada y él sobre la cama, me agacho para darle un dulce beso en los labios. En general es alrevés. No nos llevamos una gran diferencia de altura debido a que soy alta en comparación al promedio de chicas de mi edad, de todas formas, esta vez es así.
–Me falta maquillarme y ya estaría lista, amor.
–¿Vas a tardar mucho? Me gustaría besarte el resto de la noche sin preocuparme de tener marcas de labial en mi rostro.
–No protestes. –Le doy un beso en la comisura de sus labios y le acaricio el lóbulo de su oreja despacito–. Tardo diez minutos. Prometo usar uno de esos labiales que no salen con nada.
–Tendríamos que verificar que de verdad funcione y cumpla lo que promete –me propone divertido con la intención de hacerme cosquillas.
Por suerte, logro escapar de esa pesadilla y me encierro en el baño. Disfruto de maquillarme, la mayoría de las cosas que sé las aprendí gracias a Jade.
La base es lo esencial. Necesito tener la piel perfecta para poder sentirme bien conmigo misma. Es un complejo que me acompañó durante toda mi vida y que debería tratar en terapia, pero me da vergüenza hacerlo.
Sufrí de acné gran parte de mi infancia y preadolescencia. A diferencia de los otros chicos en la pubertad, en mi cara aparecieron los primeros granitos a los once años. Luego de mi primera menstruación, tuve una explosión hormonal y me broté.
A algunos les hacían bullying por usar anteojos y, a mí, por mi piel. Mis compañeros de clase y profesores se creían dermatólogos y vivían recomendándome las cremas y remedios comerciales que aparecían por televisión. Para mi mala suerte, nunca funcionaron.
Empecé a ir a la dermatóloga desde esa edad. Me recomendó cada una de las cremas del mercado y las probé todas. Ninguna dio los resultados que esperábamos y mi piel lo único que hacía era empeorar cada vez más.
Una vez le robé una base a mi mamá y me apliqué la mitad del pote sin difuminar, porque no tenía ni idea de cómo se hacía, para sentirme más linda. Ella tiene dos tonos de piel más oscuros que yo, así que parecía que llevaba una máscara, como si me hubiera bronceado solo el rostro y el resto de mi cuerpo seguía siendo un fantasma.
De cierta forma, me sentía más linda cubriendo mis imperfecciones, creía que de esa forma podía engañar a todos mis amigos y hacerles creer que mis granos habían desaparecido. Asistía a fiestas de cumpleaños de esa forma y aún no me olvido de las miradas de lástima y desagrado de los padres de mis compañeros.
Las risas y las burlas eran excesivas para una niña inocente que no entendía por qué era diferente. No entendía qué tenía de malo o poco atractivo tener granos. Escuchar a diario a mis compañeros varones de clase puntuando a las chicas del aula y hablando de quiénes les parecían más lindas sin oír mi nombre, dañó mi autoestima en su totalidad.
Escuchar a las maestras de grado hablando entre ellas en los pasillos de la escuela acerca de mi cara, y debatiendo qué deberían hacer mis padres frente a esta situación como si fuera algo inhumano, tampoco me lo voy a olvidar.
Me lo fui tragando todo. Comencé a creerme las cosas que escuchaba de mí: fea, monstruo, rara, anormal… A tal punto que llegaba a mi casa y lo único que quería hacer era buscar tutoriales en internet sobre cómo tener la piel impecable y de porcelana como en las películas.
Lloraba todas las tardes por esta inseguridad y saber que mis padres intentaron consolarme diciendo que los granos son parte de crecer y que todos los tuvieron de chiquitos –solo que a algunos se les presentan más temprano que a otros– no me tranquilizaba. Yo quería que desaparecieran.
El día llegó y mi dermatóloga me recetó un tratamiento con pastillas. Lo tuve que hacer por un año y medio, pero dio un giro de ciento ochenta grados en mi vida. Si bien la pasé mal en ese período de tiempo, debido a que este procedimiento resecaba mi piel y tenía que echarme vaselina en mi nariz y boca, cremas faciales y gotas para los ojos constantemente, valió la pena.
Poco a poco mis granos fueron desapareciendo y yo comencé a notar esa piel porcelana que tanto deseaba. El miedo de dejar el tratamiento y volver a brotarme se mantuvo los primeros meses, pero luego ya me tranquilicé.
Mi piel mejoró y no me quedaron marcas como en otros chicos gracias a que mis papás me prohibían tocarme la cara y explotar estas imperfecciones. Fue un proceso tan largo que, en el medio, a mis amigos les empezaron a aparecer granitos. En menor cantidad, sí. Pero ahí ya nadie se burlaba.
Quizás sea porque maduramos, quizás porque crecimos y usamos mi experiencia como ejemplo de que está mal burlarse de los demás y que, lo que me sucedió a mí, le podría pasar a cualquiera ya que no deja de ser algo natural. Quizás fue el karma o, quizás, se dieron cuenta una vez que lo vivieron en carne propia que yo no era ningún bicho raro, era más bien la misma de siempre, y al verse obligados a vivirlo por sí mismos, se quedaron sin más que decirme que pedirme consejos…
Muy caradura de su parte. Venir a pedirme recomendaciones de cremas y querer hacer el mismo tratamiento que yo, por un solo grano. Al no ser una persona rencorosa, yo los ayudé. Les brindé mis mejores consejos y realmente deseé que no experimentaran lo mismo que yo. Deseé que solo fueran un par de imperfecciones de la pubertad y no el conflicto grave que tuve yo con mi piel.
Mi novio era del curso B mientras que yo era del A, por ende, no nos conocíamos más que de nombre en esa época. Él siempre me pregunta por qué sigo usando la base si mi piel se ve perfecta y la respuesta no la sé.
No sé por qué sigo usándola. En lo más profundo de mi ser, sé que se debe a todos estos traumas que nunca traté. La utilizo como método de corregirme a mí misma y sentirme hermosa.
Me siento linda sin maquillaje, no me da vergüenza que me vean de esa forma, pero me siento incompleta. Siempre tengo esa sensación de que me falta algo.
No saben lo doloroso que es escuchar a los mismos compañeros que vivían haciéndote bullying por cómo eras y agregándote a la lista de chicas más feas del curso, diciendo, ahora que soy porrista, tengo la piel limpia y crecí, que soy una de las chicas más hermosas de la escuela. ¿Qué tiene de diferente mi yo del pasado y mi yo del presente? ¿Tanto les costaba verme de la misma forma que antes?
Si me preguntaran algún día cuál es la herida que más abierta tengo y me gustaría sanar en un futuro, es esta. De momento, me toca terminar mi rutina de maquillaje agregando un poco de rubor y máscara de pestañas. Salgo del baño sintiéndome un poco más completa y me pongo por todo el cuerpo mi perfume favorito.
–¡Ya estoy lista! –le anuncio a mi novio, quien al verme me rodea con sus brazos y me planta un beso cargado de intensidad en los labios.
–Entonces vayamos a tener una de las mejores noches de nuestras vidas.
Imposible resistirme a esa propuesta.
Cuento más de veinte botellas de alcohol en lo que voy entrando a la cocina. Esta sí va a ser una buena noche. Tengo ganas de pasarla de maravilla con mi novio, hace varias noches que no salimos juntos.
Ryle se toma un shot de vodka al instante que pisamos la habitación. No entiendo cómo su cara no hace ninguna mueca después de eso. Supongo que se debe a lo acostumbrado que está a hacerlo.
Abro una lata de cerveza que hay sobre la encimera y le doy un sorbo; amarga, pero tiene la temperatura perfecta, así que no me molesta. Ryle se acerca a mí y me dice unas palabras que no termino de entender bien debido al volumen de la música, ya que el parlante se encuentra detrás de nosotros, y se va rodeado de sus amigos.
No esperaba que se fuera en estos momentos. Me encojo de hombros ante la incomodidad de sentir las miradas de sus amigos sobre mí. Me dan a entender que Ryle es suyo esta noche y un escalofrío recorre mi espina dorsal.
Puedo hacerme la idea de que volverá más tarde. Saco mi celular para verificar si Jade me ha mandado algún mensaje y efectivamente lo hizo. Me cuenta que está llegando y, cuando voy a responderle, la veo saludando a un par de chicos en la entrada. La casa no está repleta aún, no obstante, las fiestas de Drake son populares por tres cosas: su variedad musical, los juegos con alcohol y sus invitados. En ocasiones, han aparecido los amigos universitarios de su hermano mayor y descontrolaron todo.
Mi único miedo es la policía. ¿Y si aparecen? ¿Y si ven un montón de adolescentes hormonados haciendo cosas indecentes y consumiendo sustancias prohibidas para nuestra edad? Mi subconsciente me grita que no sea ridícula, que no va a pasar. Nunca se sabe con certeza lo que el futuro nos depara. ¿Quién sabe? Tal vez esta noche acabe muy bien o muy mal…
–Ay, amiga, ¡estás preciosa!
Jade corre hacia mí y me da un abrazo supertierno. Luce un pantalón engomado y un body verde esmeralda que combina con sus ojos.
–¡Tú también! Sabía que te iba a quedar divino ese pantalón –la elogio y le señalo donde se encuentra el alcohol–: Tienes para elegir.
–Quiero tomar algo suave, al menos para empezar. Después me vas a tener que ayudar a buscar a mi novia. Creo que todavía no llegó, ¿la has visto?
–No, no la he visto. Supongo que va a llegar tarde, incluso para una fiesta donde no hay horarios límites.
–Ni idea… Pensé que iba a encontrarte con tu novio, no sola en la cocina rodeada de un arsenal de sustancias dudosas. Me sorprende más que no haya nadie más en esta habitación, siendo honesta.
A mí también me sorprende, Jade. Quizás quería pasar un tiempo con sus amigos antes de quedarse conmigo porque sabía que yo estaba buscándola a ella. Pero me dejó sola ante los azulejos azules de la cocina para que lo espere. Como si le diera vergüenza mostrarme frente a sus amigos. Como si prefiriese pasar tiempo con ellos, sabiendo que puede volver y aquí estaré esperándolo.
Niego con la cabeza y antes de responderle tomo otro sorbo de mi bebida. Tiene razón. Tiene razón porque esperaba estar con Ryle y también porque la cocina está sorpresivamente vacía. Es extraño que dejen todo de esta forma y nadie esté peleándose para entrar y agarrar al menos una botella. Ella se prepara un vodka de manzana verde con jugo de naranja, su trago favorito, y se sienta sobre la encimera.
–Desapareció recién con sus amigos.
–No pareces muy contenta.
Su burla no me molesta. Me conoce con solo mirarme como para intentar mentirle. Me descubriría de todas formas.
–No lo estoy. Pero ahora estoy contigo. Él ya volverá a aparecer. Siempre me busca. Me voy a preocupar de verdad el día que no lo haga.
Ella se limita a asentir con la cabeza y acto seguido hace con su vaso lo mismo que Ryle hizo hace un momento: fondo blanco.
–Tenemos que bailar –propone agarrándome de ambas manos y moviéndonos al ritmo de la música.
Ahora mismo podemos escuchar Flashdance… What a feeling de Irene Cara. Aunque no es nuestra canción favorita, es simplemente inevitable escucharla y no moverse. Empiezo dando vueltas en mi lugar y moviendo mis caderas al compás. Jade fue a clases de danza cuando era pequeña, aunque los movimientos que está haciendo con sus brazos no son muy profesionales. Parece un pulpo fuera del agua.
No puedo evitar reírme al verla y la copio. Cualquier persona que entre a la habitación va a pensar que estamos mal de la cabeza. Y, en efecto, Lily se apoya en el marco de la puerta y se ríe. No notamos su presencia hasta que la escuchamos hablar:
–Las dejo solas cinco minutos y esto sucede –suspira, riendo, y se acerca a darle un beso a su novia mientras que yo intento recuperar el aliento.
Porrista con estado físico deplorable. Irónico, ¿no?
–¿Cómo estás, Lily? –le pregunto a la chica de cabello castaño y lentes, se ve muy bien.
–De maravilla. Me contó Jade que te enteraste de nuestra pelea…
–Muy por encima. No quiso contarme con lujo de detalles. Por lo que puedo intuir, están mucho mejor ahora.
–Lo estamos –me responde mi amiga y ambas se miran a los ojos y se dan un beso. Me dan mucha ternura. En especial conociendo el largo historial que tiene mi amiga con otras chicas que no la trataron como se merecía.
–Vayamos a jugar verdad o consecuencia –nos propone Lily sonriendo a las dos–. Fuera se encuentran la mayoría de mis amigos.
Ella no es de la misma escuela que nosotras, por eso esta propuesta suena muy interesante. Accedo a ir con ellas porque no tengo nada que perder realmente.
Nos colocamos en las sillas de plástico que se encuentran cerca de la piscina. Yo me siento en una de ellas, pero mi amiga de ojos verdes se queda parada de brazos cruzados apoyada en un árbol. Esperaba ver a Ryle acá. No está.
Empiezo a creer que está evitándome, que se divierte más con sus amigos. Tendría sentido. Después de tantos años de relación, entiendo que pueda volverse rutinario. Siempre intentamos imaginar planes nuevos para no aburrirnos porque nuestro amor es inmenso a comparación de cualquier otro sentimiento que conocemos, pero no siempre resulta cómo queremos. Entiendo que el alcohol nunca fue mi mejor amigo y una cerveza tiene el poder de generar más inseguridades de las que ya tengo, pero no podemos culparlo de todos nuestros problemas. Tal vez todos estos sentimientos son más profundos de lo que me imaginaba y, solo bajo sustancias, pude descubrirlo.
Cuando llegamos el juego ya había comenzado. La mayoría de las personas que participaban tenían un trago en sus manos o incluso un cigarrillo. Parecía el típico escenario de película donde hay una fiesta adolescente. Llevamos participando del juego por más de dos horas ya que, al ser tantos, con suerte nos tocó una o dos veces responder o accionar. A mí me retaron a hacer un shot y como me negué tuve que bailar en frente de todos, una canción completa sin descansar. Mi novio aún no aparece. Ahora le toca a una de mis amigas.
–¿Verdad o consecuencia, linda? –le pregunta Mike a Jade que lo mira con desagrado.
Me da a entender que este chico no es de fiar y, puesto que su acompañante lo observa de la misma forma, confirmamos mi teoría.
–Verdad.
–¿Es verdad que estuviste con otra chica cuando se pelearon con Lily este verano?
Sé la respuesta. No sé cómo le llegó esa información a él.
Mi amiga agacha la cabeza demostrando su arrepentimiento y confirmando aquel cuestionamiento. Por la reacción de Lily, entiendo que es un tema sensible para ambas y que ella ya lo sabía.
Entiendo que es un juego, pero me molesta que hagan preguntas tan personales que puedan crear más heridas que parches para sanarlas.
–Eres un imbécil –le responde enojada y lo empuja sin pensar en las posibles consecuencias de sus actos.
–¡Ey! Te hice una pregunta. Sabes las reglas de este juego. Si no te gustan, estás invitada a retirarte –responde el muy caradura.
–¿Verdad o consecuencia, Mike? A ver si tienes las agallas suficientes de cumplirlo –le devuelve la jugada la chica de anteojos.
–Reto, siempre.
Se cruza de brazos para demostrar su aburrimiento y sus amigos se ríen de esa acción. Me dan asco.
–Te reto a darle un beso a tu mejor amigo –le propone ella desafiante.
Todos los presentes sabemos, incluso sin conocerlo, que no lo hará.
Mike comienza a quejarse a la vez que los amigos se burlan, pero algo capta mi atención y no puedo dedicársela a él. Sino a mi novio, quien se ha lanzado a la piscina sin pensar en las mil y una posibilidades de que pueda terminar en tragedia de lo borracho que está.
No solo ha captado mi atención, ahora todas las personas que estamos en el patio los observábamos a él y a sus amigos, entre ellos Drake, flotar en el agua. Al encontrarme cerca de la alberca, me empaparon de pies a cabeza con su estupidez.
–¡Ey, Meg! ¡Ven con nosotros, está divina el agua! –me grita sin percatarse de mi estado de ánimo, sin percatarse de que lo estuve buscando y deseando toda la noche y él prefirió arruinarla así.
–¡Eres un idiota, Ryle Jensen! ¡Te olvidaste de quitarte tu camisa!
Sus amigos se burlan y yo me siento humillada.
–¡Te estuve buscando toda la noche! ¿Cuánto tomaste? –le pregunto disgustada con la situación.
–No lo sé. Los chicos de verdad querían festejar hoy. –Se ríe y sacude su pelo mojado para sacárselo de la frente–. ¡Acércate! Quiero estar contigo…
–¿Quieres estar conmigo? ¿No se te ocurrió buscarme antes? ¡Mira como estoy!
Él se queda unos segundos pensando y me responde atónito:
–Estás mojada.
¿En serio? ¿No se le ocurre una mejor respuesta para eso?
Como era de esperarse, explota una carcajada en el lugar. Incluso mis amigas se están riendo. Me empieza a palpitar el corazón muy fuerte y una oleada de calor recorre todo mi cuerpo hasta llegar a mis mejillas e instalarse ahí sin pudor alguno.
El Ryle del que estoy enamorada es de esas personas que nunca te humillarían, de esas personas que se asegurarían de que te sientas cómoda en todo momento. El Ryle que sacude su cabello mojado y les hace señas a sus amigos, no es el mismo. Pareciera que está más enfocado en hacerlos reír que en prestarle atención a su novia. Un par de salidas atrás se comportó de la misma forma. No sé por qué su grupo de amigos de fútbol lo incentivan a ignorarme. Pareciera que les caigo mal y mi pareja es un rehén sencillo del cual se pueden aprovechar. Me vuelvo invisible ante sus pensamientos y, cuando se da cuenta de aquello, de tambalea hacia mí.
Cuando me doy cuenta de que se está acercando, me alejo de él.
–Ni se te ocurra –le espeto, furiosa.
–Megs, ¡no quería que te ofendieras! ¡Ven y dame un abrazo! –Insiste en acercarse a mí cuando yo no quiero–. Podemos pasar el resto de la noche juntos si te parece bien.
–¿Si me parece bien? –Lo observo incrédula y entiendo lo ebrio que va al instante–. En tu estado no podríamos ni tener una conversación de más de quince respuestas concisas.
–No entiendo si estás enfadada conmigo porque me lancé borracho a la piscina, porque no estuve contigo en toda la noche o si hay otra razón… Meg, te quiero.
Un mohín se forma en su cara y tengo que apartar mi mirada para no dejarme seducir tan fácil. Yo también lo quiero.
–Me voy. No puedo verte así ni quedarme de esta forma.
Me aparto de él cuando intenta darme un beso en la mejilla. Entonces, me acaricia para secar el agua que cae por mi frente, su cara de decepción me da pena.
Una ráfaga de viento sopla alrededor nuestro y siento un escalofrío. No me encuentro en condiciones de seguir charlando con él. Quiero estar en mi habitación, llorar y dormir. No preciso de nada más. Solo de alguien que me lleve.
Sé que si les pregunto a mis amigas no van a negarse.
Deciden acompañarme a mi casa y luego regresar a la fiesta. Es muy triste pensar en lo ilusionada que me encontraba y en lo decepcionada que acabé la noche. Solo deseo tener una relación más sana y trabajar la comunicación con mi pareja porque, si seguimos así, el hilo rojo que nos une corre peligro de romperse.
Desde las once hasta las tres de la mañana estuve charlando
