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Jake es un chico malo, es la oveja negra de una de las familias más ricas del pueblo. Se alejó de esa vida de lujos para recorrer su propio camino lleno de motocicletas y tatuajes.
Y aquí tenemos a Becca, dulce y pura. Jake va a ensuciarla completamente, le pertenece ahora y nunca la dejará ir.
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Veröffentlichungsjahr: 2018
Hoja informativa
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Epílogo
Estreméceme
Hoja informativa
Acerca del Autor
Su virgen traviesa: Copyright © 2018 Por Jessa James
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico, digital o mecánico incluyendo, pero no limitado a fotocopias, grabaciones, escaneos o cualquier tipo de almacenamiento de datos y sistema de recuperación sin el permiso expreso y escrito de la autora.
Publicado por Jessa James
James, Jessa
Su virgen traviesa
Diseño de portada copyright 2017 por Jessa James, Autora
Imágenes/Crédito de la foto: CanstockPhoto.com-coka
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Becca
Sentí el pinchazo más de lo que lo escuché. Esperaba que un neumático desinflado tuviera una gran explosión, pero no. La rueda comenzó a temblar y el volante estaba inestable. Afortunadamente, no iba muy rápido y el camino era recto. Pude estacionar a un lado sin entrar en la zanja. Me quedé sentada, tenía el corazón acelerado, la adrenalina al máximo mientras los autos continuaban su marcha. Quería gritar a todo pulmón. ¡Un neumático! No necesitaba esto. Ya tenía suficiente en qué pensar. Acababa de venir de comer con mi padre y, como siempre, todo terminó con él diciéndome lo decepcionante que yo era y conmigo saliendo del restaurante. Todo lo que hice fue decirle que estudiaría medicina, no que había decidido no ir a la universidad para ser una artista del circo. Sin importar lo incómodo que haya sido el almuerzo, y su total desacuerdo, no trabajaría en el negocio. ¡Nunca lo haría!
—¡Otros morirían por estar en tu posición! —me dijo mi padre en el restaurante—. Mientras tus compañeros de clases están desesperados buscando un primer trabajo o, incluso, un puesto de interno, con la esperanza de obtener un trabajo de tiempo completo en cuatro años cuando terminen la universidad, yo te lo haría mucho más sencillo. Podrías ser una gerente el próximo mes. ¿Por qué no quieres eso?
—¡Acabo de graduarme de la secundaria! —le respondí alzando la voz. Él había estado escuchándome, pero no me había comprendido. Nunca lo hizo—. ¿No puedo divertirme por un tiempo?
La expresión de su cara cambió. Las arrugas en su frente se acentuaron, y cada músculo en su cuerpo se tensó. Esto no era algo nuevo para mí. Ya lo había visto incontables veces, tristeza, decepción y desesperación mezcladas al mismo tiempo, pero siempre me molestaba, como si nunca pudiera hacer algo bien para complacerlo.
—La vida no es sobre “divertirse”. Lo sabrías si yo no te hubiera entregado todo en bandeja de plata. Nunca has tenido que trabajar un día en tu vida, Becca. Por supuesto, todo lo que quieres hacer es “divertirte”. Pero es mi culpa… habértelo dado todo. Siento que te he fallado como padre.
Todo lo que me dio tenía un precio, y era tener que entrar al negocio familiar. Si me le unía, él pensaría que habría valido la pena. Si no lo hacía, entonces yo era una vaga. Una vaga que quería ser doctora, pero para él, yo era una aprovechadora. Una mimada. No podía quedarme sentada ahí un minuto más, así que me fui del restaurante.
Mi padre siempre se había puesto en un pedestal, pero yo seguía teniendo esa voz en mi cabeza, esa pequeña voz que me decía que debía escucharlo, que él me amaba demasiado y solo quería lo mejor para mí. Él me amaba lo suficiente como para desear que me encargara de su imperio algún día. Y era por eso que me había dado todo lo que necesitaba y deseaba.
No podía negar que él y mi madre me habían dado siempre lo mejor. Me enviaron a la mejor escuela privada, me dieron todos los dispositivos y juguetes que necesitaba o deseaba para estudiar más fácil, incluso contrataron a los mejores entrenadores personales para que me convirtiera en una atleta de nivel nacional. Hasta sin que mi padre me pagara la colegiatura, tenía muchas becas deportivas y académicas que podría elegir. Aun más, después de que mi madre falleció hace ocho años y mi padre se volvió a casar, la ayuda nunca se detuvo. Todo lo que yo pedía, lo obtenía.
Sí… quizás él falló como padre al consentirme demasiado, pero yo no había desperdiciado nada. Había sobresalido en todo. Y sería una maldita doctora.
—Maldición. —Una grosería salió de mi boca cuando me di cuenta de que me había quedado sentada demasiado tiempo en el auto y había comenzado a sudar.
Era junio, un mediodía de verano, y el sol estaba ardiente y aquí estaba yo, con un neumático desinflado. Tenía uno de repuesto en la maletera, pero no estaba de ánimos para cambiarlo. No tenía opción. Los neumáticos no se cambiaban solos.
Abrí la puerta del auto y la cerré de golpe, antes de ir a la maletera y abrirla. Con toda la fuerza que pude, hice mi mejor esfuerzo para sacar el neumático de reemplazo y llevarlo lo más cerca que pude al neumático desinflado. Caminé de vuelta hacia la maletera para buscar la llave. Podía sentir el sol calentando mi espalda y el sudor bajando por mi cara y brazos. Quería estar en cualquier lugar, excepto aquí, haciendo lo que fuera en vez de esto, todo excepto regresar al restaurante con mi padre. Seguí desajustando las tuercas mientras me quejaba dentro de mi cabeza. Las tuercas estaban muy ajustadas, y no estaba segura de poder sacarlas todas.
—¿Necesitas ayuda? —dijo una voz muy varonil y profunda.
Solté la herramienta con un golpe y me levanté, alcé mi cabeza y mis ojos comenzaron a subir por unos brazos musculosos cubiertos de tatuajes y llegaron a una mandíbula angular, y luego a unos ojos azules sorprendentes. Me quedé quieta y mi corazón comenzó a latir con inetnsidad. Él era, sin dudas, uno de los hombres más atractivos que hubiera visto hasta entonces o que viera en toda mi vida completa. ¡Y tenía tatuajes! Eran peligrosos, pero eran tan sexys, y no sabía que pudieran serlo realmente.
—Sí, por favor —logré balbucearle. Él se movió para ver el neumático, y luego me miró.
—Soy Jake Huntington —se presentó con facilidad y me estiró la mano para apretarla—. Es para que puedas reportar mi nombre a la policía cuando me lleve tu auto. —Mis ojos se abrieron por la sorpresa, y él lo notó. Una sonrisa traviesa apareció en su cara—. Solo bromeo. No me puedo escapar con un neumático desinflado. —Sus ojos comenzaron a ver mi figura, desde mi cabello castaño hasta mis sandalias de cuña.
—En serio, era una broma. ¿Has escuchado una? —dijo. Me di cuenta de que seguía mirándolo sin responder. Sacudí mi cabeza.
—Lo siento, pero este neumático me dejó sin humor para bromas. Este día sigue empeorando y, apenas, salí del almuerzo.
—Somos dos —gruñó él.
—Soy Becca, por cierto. Becca Madison. —Noté el cambio en su cara, evintemente, me reconocía. Era la misma expresión que yo tenía hacía un momento cuando se presentó.
Jake Huntington… ese nombre me sonaba. Lucía como el mismo Jake que conocí en el funeral de mi madre hacía algunos años. El mismo color de ojos y de cabello. Solo que ahora el adolescente ese había crecido para convertirse en este hombre. ¡Qué loco que me acordara después de tanto tiempo, pero él era… inolvidable! El Jake a mi lado ahora era todo un hombre. Era mucho más alto, más musculoso, y estaba parado orgulloso como si tuviera todo bajo control. Quizás sí, a pesar de que se había fugado de su hogar y le había dado la espalda a su familia. Sí, yo había escuchado la historia porque el padre de Jake era el abogado corporativo de mi padre.
Cuando Jake huyó fue una gran noticia en nuestro pequeño pueblo. Ciertamente, él no había huido como un niño de cinco años. Estaba estudiando leyes cuando decidió que no quería convertirse en abogado, luego su padre enloqueció. No supe los detalles de lo que sucedió después, pero no escuché nada sobre Jake desde entonces, salvo que él ya no era considerado como parte de la familia.
—¿Qué pasó con la escuela de leyes? —pregunté. Una lenta sonrisa apareció en su cara.
—Soy tan famoso que una linda chica al lado de la carretera sabe quién soy.
Me encogí de hombros.
—Me conoces por mi nombre, al igual que yo te conozco.
Él sacudió su cabeza lentamente.
—No me conoces. Solo sabes lo que has escuchado —dijo.
Lo miré desde sus botas hasta sus jeans demasiado usados, hasta su camiseta negra que dejaba poco a la imaginación.
—Tienes razón. ¿Qué pasó con la escuela de leyes, [...]
