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Adentrarse en los márgenes donde habita lo descastado, reencontrar la poesía con la vetusta empresa lírica de dar nombre a lo anónimo y volver eco universal el silencio ruidoso de lo que, fuera de la poesía, no encuentra voz. Eso es lo que persiguen estos Versos descastados, un poemario donde lo marginal, lo que ha perdido su categoría y lo contradictorio se exponen en con la valentía y el coraje de un poeta que entiende que, si la poesía es algo, permanece eternamente latente en los márgenes del mundo.
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Seitenzahl: 160
Veröffentlichungsjahr: 2021
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VERSOS DESCASTADOS
ANXEL BETANCOR
VERSOS DESCASTADOS
EXLIBRIC
ANTEQUERA 2020
VERSOS DESCASTADOS
© Anxel Betancor
© de la imagen de cubiertas: Pedro Mari Puigcorbert
Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric
Iª edición
© ExLibric, 2020.
Editado por: ExLibric
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ISBN: 978-84-18470-78-3
Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.
ANXEL BETANCOR
VERSOS DESCASTADOS
Al maestro Ernesto Castro Córdoba, por propiciar ojos en las trincheras que van dando tumbos y entre las tumbas dejar razonadas flores de metal punzante.
Índice
Prólogo
PARTE I
La ventana
Desalojo carnívoro
Inventario
Desbocado
La boca
Brevedad depuradora
Manifiesto del descastado
Un fantasma del vocablo cuerpo
Mirada a mis astros
No quiero que seas poesía
Paseo junto al otro
Ecología
Insecto recolector
Brevedades desérticas
La otra mirada
Danza de la aguja
Perro del asteroide
Infértil
Nadie y la nada
Tripalium
Intocable
Declaración prenatal
Herida en el lodazal
Confusa
Cochambre
Can en nebulosidad
Compraventa cárnica
El asedio
Desastre
Humareda
Crisálida trapera
Hangar
Entre sueños
Manantial umbrío
Anatomía de una foto inexacta
Pena del observante fijo
Rehúso
Santurario
Destripador esencial
Locus
Poiesis
Exhortativa
Saciedades
Desde los escombros
Vívida putrefacción
Dialéctica alcantarillada
Casa del extrarradio
Escaleras
Verdugo
Recovecos hasta el mar
A los pasos
Consideraciones cognitivas
Maldición de la arena
Orilla
Apagón
Ciudad diaria
Flor imperativa
Una última brisa
De ausencia
Cognición posfluvial
Diálogo moral
Guarida floral
Destiérrenme
Anoche
Contra tiempo
El armario
Mi casa de muros
Contemplaciones vegetales
Non servium
Dádiva
Historia de los pasos
Gato vagabundo
No me pidan flores
Declaración de barro
Alerta
En el frasco
Cada mañana
Como el árbol
Empozamiento
Persecución callejera
Huerto parturiento
Lombriz
Eviscerando la ocurrencia
Otro sábado nocturno
Disculpas
Paralelos
La mirada
Atrapando agua
Resistencia
En el margen
Denuncia
Perros callejeros
La ballena
Mujer es
Casa antropófaga
Niño alado
Flvctvat
Cabalgata fundamental
Huracán de sueño
Espiral
Posuperviviente
Incendio
Acertijo efervescente
Visión de un muerto: solidaridad para con mis insectos
Suicidio natural
Retórica porcina
En la mugre
De amor con flores
Contraser
Misterio ignífugo
Entre islas
Prisión
Suicidio de rellano
Agonía persecutoria
En la madriguera
El hospital
Estancia
El sacrificio
Transeúntes
Verso
Ignorancia arbórea
Libertad
Parque nocturno
Ciclón
Oda al mar blanco
Cotidianeidad desértica
Metafísica ruinosa
Desvanecimiento total
Reflexión urbana
Sombras, siluetas, forma
Amplitud criminal
Vía negativa
Oda necrófila
Retrato de una vieja
Oración al padre
Funciones del muro
Mareas anónimas
Pedirte
Los estantes
Los ojos del esclavo
Mañana
Macetones promedio
Breve disección viciosa
Paisaje
Iconoclastia
Herramientas
Luto
Diálogo poético
La pesadilla
Jaguar
El funambulista
Ritual
Hablantes
Reclamo
Cucina
Autotredad
Desvelación del humo y la nebulosidad
Ligamentos
El mundo despierta
Equilibrismo lírico
Botella
Atractivo suicida
De cayendo
Calorfrío
Mar diario
Reflexiones monetarias
Visionarios agrestes
Ángel de la trinchera
Purga
Funeral prematuro
Paloma roja
Tejido
Poetas, les pido
Casquería realista
Diálogo felino
Tiempo
Desguace del otro
Poema del fin del mundo
Transvida
Peces
Asalto al sol
PARTE II
Proyecciones de mi vista
Entre tanta trinchera
Gatos y muerte
Danza de las tumbas
Enajenación secular
Nana estelar
Si me encuentran un día
Vela azul y mínima
Me explico
Nasciturus
Nocturno
En mi silencio
El toro
Escena del desguace
Antífona de un cajón desordenado
Tundra
Danza de las calaveras
Arrabal de la memoria
Consagración
Oda atlántica
Explosión
Retrato de una lluvia imaginaria
Examen ocular
Parada de guagua
Persecución de mi cama
Escena de las mariposas
Pensamiento del pensamiento
Mi paso
Ingesta dolorida
Vertedero oculto
Introvisión
Paisaje nocturno
Aguaviva
Gotera
Nana ígnea
Aberraciones
Noria espiritual
Vista auricular
La calle
Reflexión visual
Versos tangentes
Oda a las alcantarillas
Agradecimientos
Prólogo
Que ha perdido o ha renunciado al vínculo con su origen o identidad social, cultural, nacional, etc. Esta es la segunda acepción que recoge el Diccionario de la lengua española de la palabra descastado, da. El diccionario nos avisa de que estamos ante un término despectivo. La primera y la tercera acepción de esta palabra aparecen, respectivamente, arriba y abajo de las líneas anteriormente citadas. La primera nos dice que el término también se refiere al ingrato, que no corresponde al afecto profesado por la familia. Y la tercera nos recuerda que, en tauromaquia, descastado es aquel toro que no responde a las cualidades de su casta.
Parece imposible no intuir que, a lo largo de este poemario, nos vamos a encontrar de bruces con aquello que habita en la marginalidad. Con aquello que, por defecto, se encuentra imposibilitado de representar a la clase a la que pertenece. Nos encontramos por tanto con la representación honesta y descarnada de aquello que ha sido rechazado y que, después de una transmutación asombrosa, logra establecer su hogar en lo que está al margen, en aquello que no se encuentra en el mundo, en el no lugar, y construir ahí un imperecedero universo propio: un territorio fundado por los que han sido desarraigados; en definitiva, un espacio construido por aquellos que han perdido la posibilidad de representarse a sí mismos y a su propia clase.
Estos sujetos desposeídos pierden, junto a sus bienes materiales, su entidad personal, y pasan a ser sujetos invisibles al mundo que operan desde las empobrecidas calles de los barrios periféricos de cualquier ciudad.
Este es el cosmos que construyen los descastados, y en él se sumerge hondamente la poética de Betancor.
* * * *
A finales del año 2017, Anxel Betancor decide guardar en una carpeta digital aquellos versos que consideraba sobrarle en los poemas que se encontraba escribiendo. Estos versos habían quedado descolgados de composiciones poéticas más elaboradas y la poda que practica cualquier escribiente con sus trabajos los apartó definitivamente de aquellas obras que se estaban fraguando. A este material descartado se le fue uniendo a lo largo del año 2018 poemas completos que, sin embargo, no encontraban lugar, ya sea por disonancia temática, técnica o por una convicción subjetiva, en los poemarios que el autor estaba confeccionando en esa época. Betancor fue engrosando aquella carpeta digital con un material poético heterogéneo y que solo encontraba un único lazo en común: todo el material había sido descartado de las obras de las que procedía. Se encontraba, finalmente, ante una colección abigarrada de versos desterrados.
El seis de enero de 2019, el autor repara en que el descarte que había originado todo aquel material era, en cierta forma, una declaración de intenciones de la naturaleza poética de aquellas líneas, y decide darle forma y comenzar a concebirlo como una obra única. Así, Betancor decide agrupar en un proyecto nuevo toda la poesía que escribiría durante un año y añadir cada poema al material ya existente.
Casi de la misma forma en la que Andrónico de Rodas nombró a aquel conjunto disperso y algo abigarrado de tratados filosóficos de Aristóteles Metafísica; y de la misma prosaica manera en la que Martin Heidegger llamó a los apuntes que había recogido durante los años 1931 y 1976 Los cuadernos negros (Schwarze Hefte); este nuevo proyecto poético se dio en llamar Versos descastados, por haber nacido en primera instancia como poesía descartada.
Esta primera aproximación al título de la obra nos da algunas pistas generales sobre su naturaleza.
No basta con que el orden hegemónico rechace a un sujeto para que este se convierta en un descastado. En la poética de Betancor puede observarse el proceso por el cual este sujeto pasa de recibir pasivamente el rechazo a imponérselo activamente. Se convierte en protagonista de su marginalidad, en cuanto que la sufre, y al mismo tiempo, en autor de la misma, en cuanto que procura mantenerse en la nueva delimitación de forma activa. El fracaso inicial que vive el sujeto cuando es rechazado pasa ahora a convertirse en una victoria encubierta. El despojado es ahora soberano de su despojo y en esta marginalidad —primero impuesta y después disfrutada— genera nuevas estructuras de poder; en definitiva: un nuevo universo del que formar parte.
Betancor se sumerge profundamente en estos márgenes para impregnarse de todo aquello que, teniendo voz propia, es inaudible para el mundo de los que sí tienen el permiso de habitar en él.
La poesía de Betancor entiende el aspecto litúrgico de los ritos que llevan a cabo los drogadictos en las traphouses del barrio marinero de la Isleta, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. El yo poético que compone los versos del poemario deambula con agilidad entre una perspectiva etic y una perspectiva emic de los fenómenos que habitan en estos márgenes de la sociedad. En la poesía de este autor, la marginalidad es una victoria. Debemos recalcar que pensar que descastado es un sinónimo de yonqui sería caer en un lisologismo. Las características de lo descastado pueden apelar a objetos, no solo a sujetos. Se convierten en descastados las casas abandonadas, la basura que se acumula en los callejones, las palomas visiblemente enfermas que van a morir a los parques e incluso un carrito de la compra que, habiendo perdido la función original con la que fue creado, es usado ahora para recolectar piezas rotas de antiguos electrodomésticos que intercambiar por sustancias ilegales. Dejan de responder a los requerimientos exigidos por los usuarios y consumidores y comienza a desdibujarse las líneas que componían el territorio donde estos objetos existían. Comienzan a teñirse con una pátina de invisibilidad que los aparta del mundo donde fueron concebidos, pero que los integra, sobre la marcha, en un nuevo mundo en el que sus roles cambian drásticamente. Se transmuta su entidad ontológica y pasan a formar parte de un nuevo orden de cosas: un cosmos que sufren, pero que no pueden dejar de construir.
La comunidad de drogodependientes no es la única protagonista de este poemario, al igual que la comunidad afroamericana y la comunidad gitana no son las únicas protagonistas de los poemarios Poeta en Nueva York y Cancionero gitano, respectivamente, ambas obras escritas por el granadino Federico García Lorca. La poética de lo descastado entra en diálogo también con conceptos abstractos no vinculados a las comunidades humanas. Encontramos, por ejemplo, varias figuras recurrentes en el marco poético de este autor, como la varias veces mencionada trinchera, que representa aquel lugar seguro donde no puede penetrar la ofensa externa. Esta seguridad que ofrece el espacio de trinchera no es, ni mucho menos, un lugar ajeno a la destrucción, pues en su interior los procesos autodestructivos y nocivos continúan teniendo lugar. Pero este espacio sí que permite a los que disfrutan de él (aun temporalmente) habitar lejos del ruido incesante de la pugna diaria de la calle. En la trinchera que encontramos en la poesía de este autor, los ritos autodestructivos no desaparecen, sino que se transmutan en actos litúrgicos que construyen el sentido del nuevo universo que se fragua. Los objetos, sujetos y fenómenos que se recluyen en estas trincheras lo hacen abnegadamente, y entran a formar parte de un nuevo espacio comunicativo donde la dicotomía interior-exterior se desdibuja y se redefine bajo nuevos parámetros. La trinchera es, de esta forma, una oportunidad de representar que se le otorga a aquellos sujetos, objetos y fenómenos que, fuera de este espacio, no podrían representar nada. Es, finalmente, una redefinición de lo que significa existir.
[…] En esto no hay gloria,
Pero no hay guerra
Que no se gane
Desde las trincheras.
Encontramos también la figura del residente, que es aquel que habita en estos márgenes y participa de forma activa en el orden de cosas que imponen. El residente, al igual que el descastado, no es sinónimo de yonqui. En el mundo poético de Betancor, un yonqui es un tipo de descastado, pero no siempre un descastado es un yonqui. El residente, por su parte, es una figura más concreta y sí que está directamente vinculada con la adicción a la droga. Pero de nuevo, no todo adicto es un residente. Pensemos por ejemplo en un empresario de altura que consuma en su tiempo de ocio cocaína. Este individuo no es un residente porque el contexto social en el que se va a enmarcar su actividad no responde al mismo contexto social de un drogadicto que viva en la calle. El residente no utiliza la droga como una experiencia ociosa, sino que la utiliza como una experiencia quasi religiosa, apareciendo en su práctica conceptos como la solemnidad del rito, la devoción y el sentimiento comunitario tan propios de la religiosidad monoteísta; y en este sentido, se podría decir que el hábito no hace al monje. A diferencia con lo descastado —categoría que puede aplicársele a un objeto y no solo a un sujeto—, el residente es siempre un sujeto; un individuo que pierde la posibilidad de ser leído dentro de los límites del mundo y es arrojado a sus márgenes. El residente acude a habitar, aunque sea temporalmente, espacios abandonados y semiderruidos. En estos espacios, el residente no solo consume e intercambia todo tipo de drogas, sino que además teje un entramado de relaciones interpersonales y funda unas instituciones que resultan asombrosamente exóticas comparadas con las que observamos en el día a día de las sociedades profanas en lo relativo a este universo marginal. El residente y su entorno no anulan el mundo, sino que lo reinterpretan. Los sucesos que encontramos ordinarios en la cotidianeidad de una sociedad funcional no son omitidos por el nuevo orden de cosas que construyen los marginados, sino que son reintegrados en una nueva narración que impone unas nuevas normas y unos nuevos patrones, y a la que se adscriben unos nuevos sometidos y unos nuevos verdugos.
En los márgenes, hábitat de los y lo descastado surge, sotto voce, una nueva forma de ser y de estar en el mundo.
[…] Un residente
Toca una caótica
Tonada rumbo a los contenedores, Una vez allí
Abre la tapa
Y como siempre,
La música calla:
Hay que comer
Y vale más la mano
Entre la asquerosidad
De la saciedad
Que en la volátil inutilidad. […]
Si Antonio Machado dijo que se canta lo que se pierde, la poesía de Betancor da la posibilidad de cantar a aquellos que ya han perdido. La poliédrica realidad de los descastados no es romantizada o expuesta de forma condescendiente; Betancor no utiliza a estos colectivos como reservorios de tópicos y lugares comunes, sino que se sumerge profundamente en la experiencia de la marginalidad, entendiendo que, no es la toxicidad de las sustancias consumidas lo que construye lo marginal, sino que es el lenguaje lo que delimita las secciones de la realidad y hace emerger una nueva semántica de lo desarraigado. Es el lenguaje lo que articula la facticidad del universo propio en el que habita el descastado. Por esas rendijas que abre el lenguaje se interna Betancor y plasma en papel la poesía implícita de las realidades marginales de las cosas, las personas y los fenómenos sin casta.
Dirá Betancor en el poemario que:
[…] mi cuerpo se vuelve
Un autómata por los círculos
Del infierno… […]
Y esto nos manifiesta que la actividad que va a desempeñar el poeta durante este poemario no es la de forzar la poética haciéndola entrar con calzador en las situaciones, en ocasiones extremadamente crudas, que se dan cotidianamente en los márgenes de los que venimos hablando; sino, más bien, la de poner en relieve la poética ya existente en estos márgenes. El propio autor atraviesa el pórtico que da entrada a lo descastado y participa de ese mundo de forma honesta y humilde. No nos encontramos, como digo, ante una búsqueda forzada de lo poético, sino ante un desvelamiento de la realidad poética que no imaginábamos posible dentro de estos espacios y que, sin embargo, resuena con un ímpetu propio.
Este poemario es la firme y sólida prueba de que el suelo que nutre el universo de pequeños fracasos en el que habita lo marginal, es, fundamentalmente, poético.
* * * *
El poemario está estructurado en dos partes. La distinción entre el primer bloque y el segundo no es, en realidad, una distinción temática, sino, más bien, cronológica.
La primera parte contiene los versos escritos una vez que el autor ya había concebido lo que estaba escribiendo como parte del nuevo poemario que ahora está en nuestras manos. La segunda parte, que da comienzo con el poema Gota del espacio, fue escrita, en realidad en primer lugar; y es que este bloque poético fue, en origen, el material primigenio que se encontraba en aquella carpeta digital de versos descartados.
De modo que, aunque el material que ahora se encuentra en la segunda parte de este libro nació primero, fue concebido como parte de este poemario en último lugar.
Estas peculiaridades en la composición estructural de la obra dotan a los versos que en ella se encuentran de una naturaleza rica y heterogénea. Podemos observar, por ejemplo, como en algunos rincones del poemario el autor estudia la rima y, sin embargo, en otros, la abandona. En ocasiones, nos encontramos con unas técnicas poéticas que son superadas o sencillamente transformadas en otros poemas de este libro.
Tenemos ante nosotros un poemario orgánico que huye de las exigencias de la concordancia estilística y que, liberado de esas imposiciones, transcurre como un honesto testigo del asombro poético que se encuentra dispuesto a recoger.
Incluso acometiendo una lectura superficial, podemos reparar en otro detalle técnico interesante. Betancor utiliza la mayúscula a comienzo de cada verso, transgrediendo, a sabiendas, la norma gramatical. Esta transgresión no es fruto del desconocimiento de la norma, y tampoco es producto de una excentricidad que tan solo busque generar una sensación de extrañeza premeditada. Betancor trata de huir de las lógicas sintácticas que rigen la prosa y recluir en cada verso una unidad independiente de significado, a pesar de que este esté a su vez interconectado con los demás versos que componen el poema. De esta forma, se podría entender la poesía de este autor como un archipiélago donde cada isla funciona de forma independiente, pero que, sin embargo, se encuentra interconectada con las demás. Cada poema, por tanto, es la experiencia de los significados independientes (recluidos en cada uno de los versos), pero que, necesariamente, se interconectan con un todo.
[…] Mis ojos son vendavales secos
Arenales ardientes que arrastran el viento. […]
En el extracto de arriba, podemos observar cómo una oración queda partida en dos versos, y al comienzo de cada uno de ellos aparece una mayúscula. El autor pretende con ello disociar el significado poético de cada una de las partes de esta oración y exponerlo ante el lector de forma independiente, pero no exenta de permanecer interconectada con la totalidad de la oración y con los demás versos del poema. De esta forma, el lector puede apreciar individualmente el contenido poético de cada parte sin dejar de enriquecerse por el significado de la totalidad de la oración.
También encontramos un detalle en el que debemos necesariamente pararnos a reflexionar: en muchos poemas de esta obra puede observarse un yo poético escrito en femenino, a pesar de que el autor de estos versos sea un varón.
[…] Yo sigo helada,
Sigo adolorida,
Sigo bendecida: […]
