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Las tres Vidas que ofrecemos en versión castellana, a pesar de sus diferencias y distantes fechas de publicación, son el fruto de la investigación, reflexión y experiencia monástica del mismo Jerónimo y, por eso, leyéndolas no solo se conoce a sus tres protagonistas principales, sino al autor que está detrás de ellas.
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Seitenzahl: 207
Veröffentlichungsjahr: 2023
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San Jerónimo Vidas de monjes / San Jerónimo. - 1a ed. - Munro : Surco Digital, 2023. Libro digital, EPUB Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-82955-1-0 1. Religión Católica. 2. Monasterios. 3. Comunidades. I. Título. CDD 255.092
© 2023 SURCO Digital
Munro – Prov. Buenos Aires – Argentina
www.surco.org
Primera edición digital, septiembre 2023
ISBN: 978-987-82955-1-0
© Diseño de tapa: SURCO digital
Imagen de tapa: Ícono copto del siglo XVIII. San Antonio y San Pablo ermitaño.
Hecho el depósito que prevé la ley 11.723
Reservados todos los derechos.
Queda rigurosamente prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluido el diseño de tapa e imágenes interiores, por ningún medio de grabación electrónica o física sin la previa autorización escrita de los titulares del "Copyright", bajo las sanciones establecidas por la ley.
Presentación
Abreviaturas
Introducción
Primeros años
La primera estadía en Oriente (374/75-381)
La permanencia en Roma (382-385)
Segunda estadía en Oriente (385-419)
La Vida de san Pablo, primer ermitaño
1. San Jerónimo y la “Vita Pauli”
2. La Vida del ermitaño Pablo (228-341)
3. La presente versión castellana
La Vida de Pablo de Tebas
La vida de Malco
La Vida de Malco, el monje prisionero
La vida de Hilarión
Vida de Hilarión
En tres números diferentes Cuadernos Monásticos publicó la versión castellana de las Vidas de monjes escritas por san Jerónimo1. Ello fue antes que viera la luz la edición crítica de dichas obras, debida al P. Edgardo M. Morales.
Ahora las ofrecemos en forma conjunta. La Vida de Pablo y la Vida de Hilarión fueron traducidas, con introducción y notas, por el abad Fernando Rivas, osb, y las Hermanas Bernarda Bianchi di Carcano, osb (+) y María Eugenia Suárez, osb. En tanto que mi tarea se limitó a la versión de la Vida de Malco, y a la introducción general.
Para la publicación de esta nueva edición de las Vidasse ha procedido a revisar las traducciones, las introducciones y las notas a la luz de las publicaciones recientes sobre estos textos.
Quiero expresar mi especial agradecimiento a la Profesora Christa Gray, al P. Fernando Rivas, osb, y al P. Edgardo M. Morales.
En fecha muy reciente se ha publicado, en formato impreso, una nueva traducción de las vidas de monjes escritas por san Jerónimo. No hemos podido consultar este texto, pero queremos dejar constancia de la importancia y coincidencia del hecho, en especial para nuestros lectores de lengua castellana2.
Enrique Contreras, osb
1. Existe asimismo una versión en nuestra lengua, que incluye el texto latino, en: Obras completas de san Jerónimo. II, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pp. 541-637 (BAC 624). Pero que también fue realizada antes de la aparición de la edición crítica.
2. Jerónimo de Estridón. Tres vidas en el desierto. Introducción, traducción y notas de Silvia Acerbi, Madrid, Ed. Trotta, 2023, (Estructuras y Procesos. Religión). Agradezco a la Prof. Acerbi su amable comunicación.
Jerónimo nació, de padres cristianos, en Estridón, ciudad ubicada en los confines de la Dalmacia y de la Panonia. Sin que sea posible localizar más exactamente el lugar, pues la ciudad fue arrasada por los Godos y no quedaron rastros de ella.
Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Jerónimo, pero parece que debe situarse entre los años 345-347.
Después de recibir la educación básica en su ciudad natal, a los doce años de edad Jerónimo partió hacia Roma, acompañado por su amigo Bonoso. En la gran urbe fue discípulo del famoso gramático Elio Donato, bajo cuya guía comenzó a leer los clásicos de la literatura latina. También en Roma principió a copiar las grandes obras de la literatura clásica, primer núcleo de su biblioteca: tesoro que lo acompañará en todos sus viajes.
Sin embargo, más que el estudio de la gramática lo atrae la retórica. Al punto que toda su vida recordará sus estudios de dicha materia, y las huellas de la enseñanza recibida durante estos años en Roma marcará gran parte de su producción literaria.
Al terminar sus estudios, hacia 367, junto con Bonoso, Jerónimo se traslada a Tréveris, en la Gallia, donde residía el emperador Valentiniano I (364-374). Acercarse a la corte imperial era un paso normal para un estudiante dotado que pretendiera hacer carrera en la administración del Imperio.
En Tréveris, Jerónimo conoce el ascetismo cristiano, y más concretamente el monacato de origen egipcio. El ascetismo había echado raíces en dicha ciudad merced a la influencia de san Atanasio, que había residido allí, exiliado, entre los años 335 y 337. Jerónimo no solo manifiesta gran estima por esa forma de vida, sino que comienza a instruirse en la literatura cristiana. Al punto tal que, junto con Bonoso, deciden abandonar la carrera administrativa y retornar a su patria.
Luego de una breve permanencia en Estridón, Jerónimo realiza su primera experiencia de vida ascética comunitaria en Aquileya. Allí, en torno al obispo Valeriano, se constituyó un grupo de ascetas que llevaban vida común. Junto con Jerónimo, fueron miembros de la comunidad: Bonoso, Rufino, Cromacio (futuro obispo de Aquileya), Heliodoro y Evagrio, quien fuera el segundo traductor latino de la Vida de san Antonio3. No hay noticias sobre los detalles de esta comunidad que pronto se dispersaría, según Jerónimo por causa de un “subitus turbo”4, expresión que por cierto en nada ayuda a comprender lo acaecido.
El fracaso de la primera experiencia comunitaria de vida ascética debe haber significado un rudo golpe para Jerónimo, ya que estaba eufórico con esta forma de vida. Se decidió entonces a dejar su patria y emprender viaje hacia el Oriente.
Para llegar a Oriente siguió la ruta que iba por tierra, pasando por: Tracia, Bitinia, Ponto, Galacia, Capadocia y Cilicia, y arribando finalmente, totalmente extenuado, a Antioquía, ciudad en la que fue auxiliado por su amigo el presbítero Evagrio5. Una vez repuesto de su agotador viaje se retiró al desierto de Calcis, donde iba a llevar una dura existencia como anacoreta entre los años 375 y 3776. Algún tiempo después él mismo describirá su experiencia de este período en su carta a Eustoquia7. Pero incluso viviendo en el desierto Jerónimo siguió siendo un intelectual, un estudioso. No solo la biblioteca lo acompañó al yermo, sino que aprovecho la soledad para perfeccionar sus conocimientos de griego e inició el estudio del hebreo, con la ayuda de un judío convertido. Se preparaba, pues, para su gran trabajo de exégesis y traducción de las Sagradas Escrituras8.
Sin embargo, la vida en el desierto, aunque iniciada con verdadero entusiasmo, no fue demasiado exitosa. Además, varios disturbios que sucedieron a la crisis arriana vinieron a turbar la vida de los anacoretas, y Jerónimo se vio implicado en ellos, razón por la que, al cabo de dos años, regresó a Antioquía. Esto no significaba que abandonase el ideal ascético. Probablemente estando todavía en el desierto, escribió la vida de un monje que constituiría la primera de su célebre trilogía: la Vita Pauli9. En ella narra la vida de Pablo de Tebas y su particular encuentro con san Antonio. Jerónimo intenta demostrar que el primer ermitaño fue Pablo y no el gran Antonio. La descripción de la cueva de Pablo, idílica pintura, se transformará en el escenario clásico de la vida de los ermitaños. Las otras dos vidas de monjes las escribirá más tarde, en Belén.
Desde el primer momento de su retorno a Antioquía y en los años subsiguientes (375-379), Jerónimo manifiesta un siempre mayor interés por los estudios bíblicos, y de modo particular por la exégesis. Asiste a las clases de Apolinario de Laodicea sobre cuestiones vinculadas con esa ciencia, pero se cuida mucho de aceptar sus ideas heterodoxas.
El año 379 parte para Constantinopla, aceptando previamente ser ordenado presbítero a condición que no se le imponga incardinarse en una determinada diócesis, con lo que perdería su libertad de asceta. En la ciudad imperial prosigue sus estudios bíblicos bajo la dirección de Gregorio de Nacianzo. Influenciado por este gran doctor y también por Gregorio de Nisa, se entusiasma con la lectura de Orígenes. Traduce una serie de homilías del Maestro alejandrino, iniciando así una actividad como traductor, llamada a perdurar hasta el fin de sus días. Su exégesis bíblica recibirá un fuerte influjo de este contacto con Orígenes.
Al abandonar Gregorio de Nacianzo la sede episcopal de Constantinopla, Jerónimo decide regresar a Roma: se inicia una nueva etapa en su vida.
En la ciudad eterna es presentado al papa Dámaso, hombre de vasta cultura, verdadero humanista, relacionado con la aristocracia romana y que, al mismo tiempo, sentía una gran simpatía por el movimiento ascético y monástico. La permanencia en Roma será decisiva en la vida de Jerónimo. Alentado por Dámaso se convertirá en revisor y traductor de la Biblia, realizando conjuntamente su ideal ascético en una vida de comunidad y dedicación al estudio. Fue en Roma que tradujo las homilías de Orígenes sobre el Cantar de los Cantares, y empezó a traducir el Tratado sobre el Espíritu Santo de Dídimo el Ciego, denunciando en el prefacio los plagios realizados por san Ambrosio. Asimismo, por iniciativa de Dámaso, llevó a cabo una primera revisión del Salterio y dio comienzo a un comentario sobre el Eclesiastés, que terminaría más tarde en Belén.
En Roma, Jerónimo no se dedicó solamente al trabajo científico, sino que se transformó en un verdadero apóstol de la vida ascética. Criticó duramente la existencia cómoda y ociosa de muchos de los miembros del clero romano, dando libre cauce a su vena satírica. Se puso en contacto con miembros de la aristocracia romana, particularmente señoras, que practicaban la vida ascética en sus casas. En este período era frecuente que la familia estuviese dividida, sobre todo en las clases más altas de la sociedad, de modo que los padres de familia seguían siendo paganos, mientras que las mujeres, madres e hijas, eran devotas cristianas que practicaban un riguroso ascetismo. El padre se preocupaba solo por asegurar la educación pagana de su hijo primogénito, abandonando los restantes hijos al cuidado de la madre. Eran, pues, las mujeres las que manifestaban un mayor interés por la exégesis como así también con todo lo que tenía relación con los lugares y monumentos bíblicos. Nació entonces un movimiento ascético e intelectual de mujeres eruditas, que estudiaban los textos sagrados y aspiraban también a visitar los lugares en los que se habían desarrollado los acontecimientos de la historia vetero y neotestamentaria. E incluso muchas de ellas aspiraban a conocer “in situ” el monacato oriental, en particular el egipcio. Este movimiento dará lugar a las fundaciones latinas de comunidades cenobíticas en Tierra Santa.
Los contactos de Jerónimo con este círculo de damas cristianas fueron motivo de muchas satisfacciones para su vida espiritual y constituyeron un estímulo para su trabajo bíblico. Pero también le valieron muchos enemigos, particularmente de parte del clero romano, a cuyos miembros el santo hostigaba incansablemente. Por eso a la muerte de Dámaso, 11 de diciembre del 384, que era su amigo y protector, la situación de Jerónimo se torna insostenible y se ve obligado a abandonar su querida Roma. En abril del 385 se embarca en Ostia rumbo a Oriente. Lo acompañan Paulino, algunos monjes y el presbítero Vicente, su amigo. Más tarde lo seguirán Paula, Eustoquia y algunas otras mujeres. Se inicia así la última etapa de la vida de Jerónimo.
San Jerónimo deja Roma para ir a Tierra Santa. Detalle de una ilustración de la Biblia de Carlos el Calvo (s. IX).
Los dos grupos que habían dejado Roma con poca diferencia, se encuentran en Antioquía o en Salamina de Chipre, sede del obispo san Epifanio. Desde allí siguen viaje juntos con el fin de visitar los lugares santos de Palestina y conocer a los monjes y monasterios egipcios. Es también muy probable que Jerónimo haya aprovechado el viaje a Alejandría para entrevistarse con Dídimo el Ciego. Al término de este viaje Jerónimo y Paula acuerdan establecerse en Belén, corría el año 386. Se construyen dos monasterios merced a una donación de Paula, y poco tiempo después se añade un albergue para peregrinos. La vida cenobítica se organiza bajo la dirección de Paula y Jerónimo. El monasterio para mujeres se hallaba próximo a la basílica de la Natividad; mientras que el de varones estaba en el campo, con vista a la mencionada basílica y a la tumba de Raquel. La comunidad masculina fue poco numerosa, no así la femenina.
Es en este marco monástico, ya en plena madurez, que Jerónimo se va a dedicar especialmente a la tarea de traducir la Biblia. Comienza primero con una revisión del Antiguo Testamento, a partir del Salterio, del libro de Job y de los libros de Salomón. Para luego embarcarse en la difícil labor de traducir el Antiguo Testamento a partir del texto hebreo. En este período escribe numerosas cartas que son una fuente de incalculable valor para conocer detalles de su vida. Y en el monasterio se ocupa de la enseñanza preparando a los catecúmenos e iniciando a algunos jóvenes en el estudio de la gramática latina.
San Jerónimo entregando a los monjes los ejemplares de su traducción de la Biblia.Detalle de una ilustración de la Biblia de Carlos el Calvo (s. IX).
A partir del año 393 la crisis origenista y la penosa controversia con su amigo Rufino lo apartaron de su actividad como traductor de las Sagradas Escrituras. Los últimos años de su vida estarán signados por las sombras que lo envolvieron cuando se enteró de la invasión de los Hunos y por las preocupaciones económicas, pues la fortuna personal de Paula había desaparecido, a causa de su gran generosidad, mal acompañada con una deficiente administración de sus bienes. La muerte de su gran amiga lo entristecerá sobremanera (año 404). A lo que se viene a sumar la llegada de los refugiados del saqueo de Roma por parte de Alarico (año 410). Todas estas preocupaciones significaban otras tantas interrupciones en su ya dificultosa tarea científica.
Terminada la crisis origenista Jerónimo sale de nuevo al combate con motivo de la polémica pelagiana. Intervención que le acarreó graves consecuencias, pues los monjes adictos a Pelagio procedieron a incendiar algunos edificios del monasterio de Jerónimo.
Un último golpe para el anciano traductor de los libros sagrados fue la muerte de Eustoquia, acaecida a finales del año 418. Menos de un año después moría Jerónimo, el 30 de setiembre del 419. Nada sabemos de sus últimos días10.
Funerales de san Jerónimo. Vittore Carpaccio (1502). Escuela de San Giorgio degli Schiavoni, Venecia.
2. CuadMon n. 76 (1986), pp. 101-105. Cf. SCh 508, pp. 11 ss.; C. Mohrmann (Ed.), Vita dei santi. Vita di Martino, Vita di Ilarione, in memoria di Paula, Verona, Fondazione Lorenzo Valla / Arnoldo Mondadori Editore, 1975, pp. XXX-LI. Para completar nuestra breve síntesis indicamos dos obras fundamentales: F. Cavallera, S. Jerôme. Sa vie et son oeuvre, vol. I,1, Louvain, Champion, 1922; J. N. D. Kelly, Jerome. His Life, Writings and Controversies, London, Harper & Row, 1975. En castellano, J. Gribomont, Jerónimo en: Patrología. III. La edad de oro de la literatura patrística latina (dir. de A. Di Berardino), Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1981, pp. 249-298 (BAC 422).
3. Desconocemos el nombre del primer traductor. Cf. Vitae Antonii. Versiones latinae, Turnhout, Brepols, 2018, pp. 192* ss. (Corpus Christianorum. Series Latina, 170), donde L. Gandt ofrece una amplia presentación de esa versio vetustissima de la obra de san Atanasio.
4. “Desde que un inesperado torbellino me arrebató de tu lado, desde que un cruel desgarrón arrancó a quien estaba unido a ti con el lazo de la caridad...” (Ep. 3,3; BAC 710, pp. 16-17; dirigida a Rufino en el año 375). Citamos las Cartas conforme a la edición y traducción castellana publicada en: San Jerónimo, Obras completas. Xa y Xb. Epistolario, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2013-2015 (BAC 710-731).
5. “... La travesía de Tracia, Ponto y Bitinia, todo el camino de Galacia y Capadocia, y el ardiente calor de Cilicia habían destrozado mi salud antes de que por fin Siria me saliera al encuentro, cual puerto segurísimo para quien iba errando como un náufrago en la incertidumbre de mi peregrinación. Allí, después de pasar cuanto hay de enfermedades, perdí a uno de los que eran como mis dos ojos, pues a Inocencio, parte de mi alma, lo arrebató el fuego repentino de unas fiebres. Ahora dispongo de una única lumbrera, de nuestro queridísimo Evagrio, que lo es todo para mí, y a quien yo, que estoy siempre enfermo, me he añadido para colmo de su trabajo...” (Ep. 3,3; BAC 710, pp. 16-17).
6. El inicial entusiasmo de Jerónimo se refleja en este párrafo de una carta que escribe a su amigo Heliodoro: “¡Oh desierto adornado con las flores de Cristo! ¡Oh soledad en la que se encuentran aquellas piedras con las que en el Apocalipsis se construye la ciudad del gran rey! (cf. Ap 21,18-21). ¡Oh yermo que goza de la familiaridad divina! ¿Qué haces, hermano, en el siglo, tú que eres mayor que el mundo? ¿Hasta cuándo los techos te oprimirán con sus sombras? ¿Hasta cuándo te retendrá la cárcel humeante de esas ciudades? Créeme, aquí puedo ver un no sé qué de más luminoso. Es posible dejar la carga del cuerpo y volar al puro fulgor del cielo. ¿Temes a la pobreza? Cristo llama bienaventurados a los pobres. ¿Te asusta el trabajo? Ningún atleta es coronado sin sudores. ¿Te preocupa la comida? ¡La fe no siente el hambre! ¿Tienes miedo de dejar caer sobre la dura tierra tus miembros extenuados por el ayuno? A tu lado yace el Señor. ¿Te horroriza la descuidada cabellera de una cabeza sucia? Tu cabeza es Cristo. ¿Te aterra la inmensidad infinita del desierto? Paséate en espíritu por el paraíso. Siempre que subas allí con el pensamiento, dejarás de estar en el desierto. ¿Que la piel se pone áspera por falta de baños? ¡El que se ha lavado una vez en Cristo no necesita volverse a bañar! Escucha, en suma, lo que a todo esto responde el Apóstol: No son comparables los sufrimientos de este mundo con la gloria que se ha de manifestar en nosotros (Rm 8,18). Muy comodón eres, querido mío, si pretendes gozar aquí con el siglo, y después reinar con Cristo” (Ep. 14,10; BAC 710, pp. 68-71). La epístola probablemente fue escrita entre 376-377.
7. Pero confesando entonces la dura experiencia vivida: “¡Oh, cuántas veces, estando yo en el desierto y en aquella inmensa soledad que, abrasada de los ardores del sol, ofrece horrible asilo a los monjes, me imaginaba hallarme en medio de los deleites de Roma! Me sentaba solitario, porque estaba rebosante de amargura. Contemplaba con espanto mis miembros deformados por el cilicio; mi sucia piel había tomado el color de un etíope. Todo el día llorando, todo el día gimiendo. Y si, contra mi voluntad, alguna vez me vencía un sueño repentino, daba contra el suelo con mis huesos, que apenas si estaban ya juntos. De la comida y de la bebida prefiero no hablar, pues hasta los mismos enfermos solo beben agua fría, y tomar algo cocido se considera un lujo. Así, pues, yo, que por miedo al infierno me había encerrado en aquella cárcel, compañero únicamente de escorpiones y fieras, me hallaba a menudo metido entre las danzas de las muchachas. Mi rostro estaba pálido por los ayunos; pero mi alma ardía de deseos dentro de un cuerpo helado, y muerta mi carne antes de morir yo mismo, sólo hervían los incendios de los apetitos.
Así, pues, desamparado de todo socorro, me arrojaba a los pies de Jesús, los regaba con mis lágrimas, los enjugaba con mis cabellos y domaba mi carne rebelde con ayunos de semanas. No me avergüenzo de mi desdicha; antes bien, lamento no ser el que fui. Recuerdo haber muchas veces empalmado entre clamores el día con la noche, y no haber cesado de herirme el pecho hasta que, al increpar el Señor a las olas, volvía la calma. Me inspiraba horror mi propia celdilla, cómplice de mis pensamientos, e irritado y riguroso conmigo mismo, me adentraba yo solo en el desierto. Lo más profundo de los valles, la aspereza de los montes, las hendiduras de las rocas eran, cuando las encontraba, el lugar de mi oración y la cárcel de mi carne miserable. Y el Señor mismo me es testigo que después de muchas lágrimas, después de estar con los ojos clavados en el cielo, me parecía hallarme entre los ejércitos de los ángeles; entonces cantaba con alegría y regocijo: En pos de ti corremos al olor de tus ungüentos” (Ct 1,3; Ep. 22,7; BAC 710, pp. 170-171. Año 384).
8. “Cuando yo era joven y estaba encerrado en la soledad del desierto, no podía soportar los incentivos de mis vicios ni el ardor de mi naturaleza. Y aunque trataba de mortificarlos con frecuentes ayunos, mi imaginación hervía de pensamientos. Para domarla, me sometí a la disciplina de un hermano convertido del judaísmo; de modo que después de las agudezas de Quintiliano, de la exuberancia de Cicerón, la gravedad de Frontón y la suavidad de Plinio me propuse aprender el alfabeto hebreo, ensayando palabras fricativas y aspiradas. Cuánto trabajo consumí en ello, cuánta dificultad experimenté, cuántas desistí para empezar de nuevo en mi empeño de aprender: de todo ello me es testigo mi propia conciencia que pasó por ello, y no sólo la mía, sino también la de quienes vivían conmigo. Ahora doy gracias a Dios de poder recoger dulces frutos de aquella amarga semilla de las letras” (Ep. 125,12; BAC 731, pp. 706-707; año 411).
9. Cf. SCh 508, p. 155, nota 10.
10. Puede hallarse una amplia presentación de sus escritos en: San Jerónimo, Obras completas. I, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1999, pp. 73 ss. (BAC 593), que incluye una cronología de su notable producción.
a. Las tres biografías de monjes y la vida monástica de san Jerónimo
A pesar de sus diferencias y distantes fechas de publicación, las tres piezas son el fruto de la investigación, reflexión y experiencia monástica del mismo Jerónimo y, por eso, leyéndolas no solo se conoce a sus tres protagonistas principales, sino al autor que está detrás de ellas12.
La VP fue compuesta alrededor del año 375 en el desierto sirio de Calcis, donde Jerónimo pasa casi tres años (375-376)13. Viene después la “Vida de San Malco” (= VM) escrita durante su estadía en Belén, cerca del 385, y finalmente, todavía en Palestina, redacta la “Vida de Hilarión” (= VH), poco antes del 393.
