Yo soy Egeria - Marisa Vidal Collazo - E-Book

Yo soy Egeria E-Book

Marisa Vidal Collazo

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Al hecho ya de por sí fascinante de un viaje a Tierra Santa en el siglo IV, se le añaden en Yo soy Egeria las cualidades de su protagonista, una mujer de la por entonces provincia romana de Gallaecia, aguerrida, inteligente y prudente, que se mueve guiada por su deseo. Consciente de los límites impuestos, recoge para sus compañeras todo lo que va descubriendo, para mostrarnos la realidad eclesiástica de su tiempo y poner en evidencia los cimientos de una Iglesia con grandes limitaciones para las mujeres, obstáculos que en algunos aspectos continúan presentes aun en nuestros días. Como arqueólogas de la memoria, Marisa Vidal y Sole Pite nos ayudan a reconstruir la figura de Egeria, uno de los referentes femeninos de nuestra historia, al tiempo que nos ofrecen una lectura feminista de un viaje en el siglo IV.

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Seitenzahl: 120

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Yo soy Egeria

Lectura feminista de un viaje en el siglo iv

Marisa Vidal Collazo

Ilustraciones:

Sole Pite Sanjurjo

Prólogo

Tejiendo memoria con esperanza

Allá por el año 241, Orígenes de Alejandría, en una de sus homilías, invitaba a la comunidad cristiana de Cesarea Marítima a recordar el pasado, a escuchar el presente, a prestar atención a lo que va a suceder,porque de ese modo podrían encontrar la presencia de Dios habitando sus vidas (HomNum 25, 2.1). Con sus palabras buscaba animar a sus oyentes a ir más allá de la letra y ahondar en el significado profundo de la historia, porque era ahí donde podían descubrir como la liberación y la misericordia de Dios se mantenía viva y eficaz generación tras generación; pero esa constatación se tornaba insuficiente si no se incorporaba a la vida y a los desafíos del presente, permitiendo que inspirase los sueños y sostuviese la esperanza cara al futuro.

La audacia y frescura de la lectura feminista que Marisa Vidal, con las ilustraciones de Sole Pite, hace del singular viaje que Egeria realizó en el siglo iv me hizo recordar esta reflexión de Orígenes. Entre sus páginas descubría ese profundo deseo de volver al pasado desde el presente para mantener viva la esperanza. Un deseo que no deja de inquietarnos y que sigue urgiéndonos a escuchar una vez más a quienes nos han precedido, alentando nuevas preguntas, poniendo voz a los silencios, desempolvando palabras ignoradas o escondidas que parecían no haber existido.

De hecho, lo que hoy conocemos sobre la vida, inquietudes, dificultades y sueños de quienes nos precedieron es el resultado de los documentos y restos materiales que han pervivido en el tiempo, pero sobre todo del valor y significado que cada sociedad o colectivo ha dado a sus recuerdos y del modo en que han sido capaces de transmitírselos a las generaciones siguientes. Por eso, para hacer nuestro el pasado heredado no es suficiente con conocer los hechos y las circunstancias que lo determinaron. También es necesario leerlo una vez más desde nuestro presente para que siga vivo y significativo para nosotras.

En ese espacio inquieto y desafiante de la memoria en el que se encuentran lo que fuimos y lo que queremos ser, este libro nos invita a escuchar y actualizar la vida de una mujer que, como la de tantas otras, apenas tuvo un lugar en ese tejido humano que es la historia. La voz de Egeria, desconocida para muchos/as, se alza en el relato de Marisa Vidal para denunciar los horizontes patriarcales y androcéntricos con que se ha ido construyendo la memoria colectiva cristiana y recordarnos que siempre ha habido mujeres con iniciativa, sabias y audaces, que, a pesar de los silencios que las hicieron invisibles o las dejaron al borde del camino, tienen mucho que decirnos.

Cuando las mujeres nos decidimos a preguntar, a contrastar, a buscar, a descubrir nuevas perspectivas, a encontrar lo que estaba escondido, la figura de Egeria puede ser para nosotras un faro que ilumine nuestras noches. Su audacia y compromiso puede fortalecer nuestra identidad, pues el testimonio de su vida narrado en primera persona es relato profético y recuerdo subversivo (en el sentido que proponía J. B. Metz) de esa Iglesia inclusiva de liderazgos entrañables y mirada misericordiosa que tantas soñamos.

Egeria se aventuró en un largo y arriesgado viaje para conocer aquellos lugares que hablaban de los orígenes de su fe,pero también para visitar a aquellos varones y mujeres que con su vida y su esperanza actualizaban el pasado y le daban un nuevo valor. Aunque había salido sola de su Gallaecia natal, llevaba en su corazón y en su mente a su comunidad de origen y para ella escribió con fidelidad y constancia su Itinerario.

El peregrinaje de Egeria nos invita a asomarnos a la memoria de lugares que no solo son geografía, sino que atesoran recuerdos y llevan grabada la identidad de un pueblo y de una fe. En ellos reconocemos nuestro pasado, pero también las voces de nuestro presente. Unas voces que Marisa acierta a poner en diálogo con el relato de Egeria, con sus preguntas y sus descubrimientos. Así ambas se van haciendo cómplices de una historia en femenino que sigue gimiendo con dolores de parto,pero que se explica y se desafía en este relato que une pasado y presente.

Marisa Vidal, con la inestimable compañía de Sole Pite, nos invita no solo a conocer a Egeria, sino a seguir preguntándole por aquello que la hizo valiente, a retener sus palabras, su comprensión de las cosas y saberla parte de esa genealogía de mujeres sabias y fuertes. A algunas las conoció, otras las tuvo como referentes, otras vinieron después, pero todas nos alientan a ser hombres y mujeres audaces, curiosos/asy también pacientes como lo fue ella.

Graciñas Marisa, graciñas Sole, por ofrecernos la oportunidad de escuchar un relato de ayer contado por una voz del presente que busca referentes en el pasado para sostener el camino de tantas mujeres que buscan una memoria femenina de la historia y de la fe.

¡Adelante! A conocer a Egeria, que seguro no os dejará indiferentes sino que os dejará preguntas.

Carme Soto Varela

Presentación

Este libro nace del cariño y admiración que dos mujeres, Marisa Vidal Collazo y Sole Pite Sanjurjo, sentimos por Egeria, la mujer que en el siglo iv viajó a Tierra Santa desde la Gallaecia romana. Su hazaña nos llega escrita de su mano en el Itinerario, libro que va escribiendo mientras camina y en el que recoge el resultado de sus pesquisas y las impresiones que en ella produce todo lo que va encontrando.

Siguiendo el hilo de este Itinerario y cómo resuena en nosotros el texto, teniendo delante también las investigaciones que sobre él se hicieron en diferentes tiempos y lugares, nos aventuramos a escribir y dibujar estas páginas: una reflexión sobre lo que de particular encontramos en una mujer atrevida y prudente, que sabe llegar hasta lugares poco comunes, guiada por su ansia de conocimiento. Milagros Rivera Garretas destaca que en el viaje de Egeria no hay nada sospechoso, que su iniciativa ni siquiera parece transgresora. Todo lo que ve, oye y hace es tan incuestionablemente impecable que hasta parece que no hay nada malo en salir de viaje en el siglo iv y explorar las costumbres de la Iglesia tanto en el ambiente capitalino, en Jerusalén, como en sus periferias.

Egeria, como tantas mujeres, dentro de la legalidad institucional aprovecha las normas en su beneficio, consciente de los límites impuestos. Exponiendo limpiamente la realidad eclesial del momento y las cosas que llaman su atención, pone en evidencia los trasfondos de esa realidad, haciendo un retrato fiel de una Iglesia que se está institucionalizando en el marco del Imperio romano.

Muchas de las limitaciones eclesiales de aquel momento las podemos ver también en nuestros días. Como mujeres, queremos incidir en ellas, sacarlas a la luz y tener una palabra de futuro en y para la Iglesia.

Egeria es una prueba de que las mujeres siempre hemos sido capaces de hacer lo que nos proponemos a pesar de las restricciones que el patriarcado nos impone. Por eso dedicamos esta obra a las mujeres que en este 2022 secundan las diferentes Revueltas de Mujeres en la Iglesia. En especial a las mujeres de la asociación Mulleres Cristiás Galegas – Exeria, a las que están, las que estuvieron y las que vendrán después. Ellas mantienen vivo el espíritu de Egeria 1.600 años después de su viaje. Gracias también a Pedro Ávila, apoyo imprescindible en la parte gráfica de esta obra.

Los datos históricos y muchas de las reflexiones que se recogen en el texto se pueden ampliar en la bibliografía final. Hoy hay ya editadas traducciones del Itinerario de Egeria en veinticuatro lenguas distintas: la última, la búlgara, y está en preparación una edición en georgiano. Para las referencias, datación y citas textuales, he seguido la traducción al castellano hecha por Agustín Arce, de la Real Academia de la Historia, en su obra Itinerario de la Virgen Egeria (381-384), Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1980, refiriéndome a él como Itinerario.

Yo soy Egeria...

…yhoy me he propuesto contaros mi experiencia, llevaros de la mano hasta el siglo iv para que conozcáis cómo era mi mundo, tan distinto pero en muchas cosas tan igual al vuestro. Conoceréis a hombres y mujeres de mi tiempo, aquellos por los que yo tengo devoción y también a los que fui encontrando en el camino. Yo, que soy mujer viajera, os propongo este viaje por medio de un libro, que es la forma más genuina de conocer y dejarse sorprender sin salir de casa.

Ha costado que lleguéis a saber de mí. Hasta el año 1887 lo único que conocíais de mi existencia eran referencias indirectas. La más sonada, sin duda, la carta que el abad Valerio del Bierzo escribe, en el siglo vii, al monje Donadeus, y en la que hace un amplio comentario del periplo recogido en mi Itinerario, poniéndome como ejemplo a los monjes de su comunidad.

Valerio decía de mí:

Cuando consideramos los hechos y virtudes de varones fortísimos y santos, hallamos más digna de admiración la constantísima práctica de la virtud en la debilidad de una mujer, cual refiere la notabilísima historia de la bienaventurada Egeria, más fuerte que todos los hombres del siglo.

Ya veis: ¡en el siglo vii mi nombre despertaba admiración y respeto!

En las diferentes copias que en los monasterios medievales se fue haciendo de la carta de Valerio, mi nombre aparece bajo diversas formas latinas: Aetheria, Echeria, Etheria, Heteria, Eiheriai o Egeria. La forma latina Egeria (que se lee «Egueria») es la más difundida en el medievo. Así figura en el Liber Glossarum, anónimo del año 750, en los catálogos de la Biblioteca de San Marcial de Limoges (Itinerarium Egerie abbatisse) y en la mayoría de las copias de la carta de Valerio.

Con este nombre, Egeria, es como me nombra Agustín Arce cuando publica en 1980 la traducción de mi Itinerario al castellano. En gallego, al no existir el sonido oclusivo velar sonoro g, al principio hubo ciertas variaciones al escribir mi nombre. Cuando se difundió la única copia que hoy tenéis de mi libro, el movimiento cultural y literario gallego llamado Xeración Nós no dudó en recuperar y popularizar mi nombre. En 1948, una de las figuras más destacadas de este movimiento, Alfonso Daniel R. Castelao, en su discurso Alba de Groria, me coloca al lado de Prisciliano, en la cabecera de una «Santa Compaña de inmorrentes» llamándome Eteria. El artista gráfico Luis Seoane, perteneciente a este mismo movimiento cultural, en unos diseños que hizo para la fábrica de cerámica Sargadelos, escribió mi nombre como «a monxa Etheria». En 1991, José Eduardo López Pereira publica la traducción al gallego de mi Itinerario y no duda en llamarme Exeria, palabra que fonéticamente suena más similar al Egeria latino, y también a como se lee mi nombre en francés, portugués o catalán.

Pero independientemente de cómo lo escribáis o digáis, quiero que sepáis quién soy yo, la persona que se revela detrás del nombre. Cierto es que no tenéis aún una copia completa del Itinerario, pero, siguiendo el fragmento que ha llegado hasta hoy de mi escrito, podré ir desgranando para vosotras mi identidad.

Sobre mi dedicación también hay varias teorías. Agustín Arce me llama «virgen», titulando su traducción castellana Itinerario de la virgen Egeria. Valerio me presenta a sus monjes como «abadesa», pero no creo que se pueda decir de mí ni una cosa ni la otra. El término «virgen» no sé muy bien cómo tomarlo. Supongo que, siendo él religioso, consideró apropiado ese adjetivo para referirse a una mujer que viaja por el mundo y habla de cosas de religión. Lo de abadesa puede que se deba al interés que en mí despierta la vida monástica, también al hecho de que Valerio sea abad y escriba a su comunidad. Está claro que no iba a poner de ejemplo ante unos santos monjes a una mujer que no encaje en los esquemas de santidad femenina del siglo vii, es decir, una monja. Pero en el siglo iv en mi tierra aún no existen los monasterios tal y como se conocen hoy. Precisamente esta cuestión es una de las principales investigaciones de mi viaje, como os contaré más adelante.

Yo, que soy muy curiosa...

Esta es de las pocas afirmaciones que hago de mí misma, una afirmación ciertísima en varios sentidos. Soy curiosa por lo poco frecuente que es que una mujer sea peregrina y escritora en el siglo iv. Pero sobre todo soy curiosa porque pregunto e indago sin parar.

Entonces yo, como soy muy curiosa, empecé a preguntar cuál era ese valle donde este santo, ahora eremita, se había hecho el eremitorio; pues pensaba que no sería sin razón. Entonces los santos que viajaban con nosotros y conocían el lugar nos dijeron: «Este es el valle de Corra, donde se estableció el santo Elías Thesbita en tiempos del rey Acab, en que hubo hambre, y por orden de Dios un cuervo le traía la comida y bebía agua de este torrente» (Itinerario 16, 3).

Solo se realiza aquello que se sueña. A mí me mueve el deseo, mi curiosidad, que me hace recorrer a pie, en montura, o como sea posible un montón de caminos lejos de mi patria para descubrir lugares nuevos, lugares que yo ya conocía por los libros, mis grandes amigos, pero que nunca antes había pisado más que con la imaginación.

Dice Pablo D’Ors que lo que salva al ser humano es la hondura y el asombro, y yo en ese riachuelo bebo. Mi Itinerario es un continuo rescatar la novedad, participando en ese cambio que llamamos vida. En mi viaje no hay costumbre ni rutina, y ese mantenerme abierta a la novedad, en contacto con las compañeras, a las que voy contando cada hallazgo, me hace estar en aprendizaje permanente en el hilo de la vida.

Debéis tener en cuenta que no se peregrina del mismo modo en el siglo iv que en el siglo xxi