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"SINOPSIS Una combinación de periodismo y testimonio personal traza el relato de este libro en donde la periodista y activista afro Liliana Valencia Murillo reconstruye las luchas de esta población por su reconocimiento y el ejercicio de sus derechos en Colombia a partir de la visibilidad de sus tradiciones, usos y estéticas. El cabello y el ornamento en torno al mismo –el rizo, los trenzados, los recogidos y el turbante– sirven de hilo conductor para narrar los avances y también los obstáculos encontrados por la comunidad afro en el camino de la inclusión, durante siglos, a pesar de haber sido ellos quienes sembraron la semilla del mestizaje y la multiculturalidad en el territorio colombiano. Precisamente, la batalla de crecer siendo afro en una sociedad blanco mestiza como la bogotana, motivó a la autora de este libro a escribir poemas sobre África y la diáspora en América Latina desde la edad de doce y ahora a relatar su transición capilar –identificar, aceptar, querer y respetar su pelo afro sin alisarlo– como una manera de honrar sus raíces y el significado del cabello, como herramienta política y declaración de intenciones."
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Seitenzahl: 431
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Dedicado a las personas quecompraron los dos primeros libros.Ustedes son los cómplices de estanueva estafa a la editorial.
101 razones para leer este libro
© 2022, Iván Marín
© 2022, Intermedio Editores S.A.S.
Primera edición, marzo de 2022
Edición
Pilar Bolívar Carreño
Equipo editorial Intermedio Editores
Concepto gráfico, diseño y diagramación
Alexánder Cuéllar Burgos
Equipo editorial Intermedio Editores
Fotografía de portada
Jaime Andrés Hernández
@jahdesigner
Intermedio Editores S.A.S.
Avenida Calle 26 No. 68B-70
www.eltiempo.com/intermedio
Bogotá, Colombia
Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del editor.
ISBN:
978-958-504-046-5
Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions
Prólogo
Primeras razones. Creyéndome Daniel
Presentación
Razón 1. Animalitos sociales
Razón 2. Árbol genea-ilógico
Razón 3. Ataúd al gusto
Razón 4. Bitácora de Noé
Razón 5. Colombianos somos
Razón 6. Deporte a la colombiana
Razón 7. El arte de reciclar regalos
Razón 8. El arte de saber a quién veo
Razón 9. El éxito del Rey Tigre
Razón 10. El poder de la imaginación
Razón 11. El síndrome Gambito de dama
Razón 12. Esos daticos que…
Razón 13. Estadísticas patrias
Razón 14. Fake News insólitas
Razón 15. Gramática exprés
Razón 16. Historia de un extra
Razón 17. La comercialización espiritual
Razón 18. La reinvención de las cosas
Razón 19. Los tres Iván
Razón 20. Masterfchef no es pa mí
Razón 21. Mi carrera inédita
Razón 22. Mi primera vez… haciendo stand up
Razón 23. ¡No leas esto!
Razón 24. Películas bíblicas sin perdón de Dios
Razón 25. Pero ¿qué mierda es esto?
Razón 26. ¿Por qué escribir humor?
Razón 27. Proceso evolutivo de los amores platónicos
Razón 28. ¿Semana o parranda santa?
Razón 29. Tantos propósitos fallidos
Razón 30. Tipos de papás
Razón 31. Tipos de taxistas
Razón 32. ¿Triki triki Halloween, o tuqui tuqui Lulú?
Razón 33. Veámosle el lado bueno
Razón 34. Ventajas de la telemedicina
Segundas razones.Viejitas pero aguantadoras
Presentación
Razón 35. Carta a un pariente presidiario
Razón 36. Chamán es el man
Razón 37. Charlie Sheen estuvo aquí
Razón 38. Cuando por fin salga
Razón 39. Del diario de Justin Bieber
Razón 40. El burro de Obama
Razón 41. El perro de Obama
Razón 42. El servicio sexual secreto
Razón 43. Gracias, ‘Gabo’
Razón 44. La boda de la Duquesa
Razón 45. La boda real
Razón 46. La importancia de llamarse Lucumí Popó
Razón 47. Larga vida al pulpo
Razón 48. Linterna Verde ¿o rosada?
Razón 49. Madonna pro paisa
Razón 50. Mundial Sub 20 seguro
Razón 51. Un amigo que nos cambió la vida
Terceras razones. Sin primicia, pero con sonrisa
Presentación
Razón 52. 60 pitufi años
Razón 53. Aló, asistencia sexual
Razón 54. Ayudemos a Gaia
Razón 55. Clínica del horror
Razón 56. Combat Barbie
Razón 57. Consejitos animados
Razón 58. ¿De qué raza es la inteligencia?
Razón 59. Delincuentes verdes
Razón 60. Día del mago
Razón 61. El calvario bancario
Razón 62. El Hitch peruano
Razón 63. El nuevo pesebre
Razón 64. El profe
Razón 65. El reto del delfín rosado
Razón 66. El sospechoso mundo de Disney
Razón 67. Encontramos un arca
Razón 68. Happy Birthday, Barbie
Razón 69. Juguetes aplomados
Razón 70. La baby abuela
Razón 71. La carita es mía, doctor
Razón 72. Lindsay, el último y nos vamos
Razón 73. Los 1.001 polvos
Razón 74. Los 90 de Mickey
Razón 75. Millonarios de mentiritas
Razón 76. Nuevas especies animales
Razón 77. Que Dios nos coja confesados
Razón 78. Romeo internauta
Razón 79. S.O.S. felino
Cuartas razones. Mi ocio creativo
Presentación
Razón 80. Avisos casi clasificados
Razón 81. Críticas pornocinéfilas
Razón 82. Está mal de cultura general, si…
Razón 83. Estudio colombo léxico lógico
Razón 84. Los grupos de Facebook
Razón 85. Libros resumidos
Razón 86. Los dichos tras la pandemia
Razón 87. Mis preguntas desocupadas
Razón 88. Monólogos del pene
Razón 89. Museo utópico-histórico de la humanidad
Razón 90. Nombres paradójicos
Razón 91. Por ahí piensan ‘de que’
Razón 92. Precuelas absurdas
Razón 93. Preguntas extraterrestres
Razón 94. Preguntas RE desocupadas
Razón 95. Profesionales a la carrera
Razón 96. Reconocimientos reales
Razón 97. Salimos a deberle a Judas
Razón 98. Secuelas absurdas
Razón 99. Tinder literario
Razón 100. Todo lo que tu médico te diría, si fuera médico
Razón 101. Y ¿qué epitafio ponemos?
En ninguna parte del mundo se dictan cursos o talleres para escribir prólogos; y la explicación es simple y obvia: porque nadie quiere ser prologuista. Pedir un prólogo para un libro es un acto inamistoso que disfraza de favor algo que no es otra cosa que obligar a alguien a hablar bien de uno… y gratis.
No es políticamente correcto declinar la invitación porque un vaso de agua, un dúo en reguetón y un prólogo no se le niegan a nadie, pero la sensación de manoseo está ahí. El autor te utiliza mientras jura que te hace un homenaje dándote la oportunidad de ser su telonero. Es como cuando un cantante graba un disco con canciones de otro y dice que le quiere rendir “un tributo”… Qué tributo ni qué mierda: ¡lo que busca es ganar dinero a costa del trabajo de un colega! Pues aquí ocurre algo parecido y hay que decirlo en el mismo tono: ¡es tu puto libro, Iván Marín, siéntate y escríbelo tú!
Dicho de otra manera, y siguiendo con analogías musicales, una muy famosa canción popular empieza diciendo “Ódiame por piedad yo te lo pido… ódiame sin medida ni clemencia…” Al buscarme como prologuista, el autor y dueño de este libro pretende exactamente lo contrario a lo cantado por Julio Jaramillo: “ Elógiame por piedad, yo te lo pido… elógiame sin medida ni…”
Yo ni siquiera tuve tiempo de leer el contenido, pero Iván está esperando que lo recomiende como el libro que todos deberían llevar a una isla desierta, pobre hombre.
Un prólogo es un relleno, un trámite tan inoficioso como el cambio de un jugador al minuto 90 de un partido de fútbol o como la ficha técnica de una encuesta: está ahí para cumplir un formalismo, pero ni quita, ni pone, ni importa… usted puede obviar estas líneas, puede iniciar la lectura directamente en el texto del autor, y no se habrá perdido de nada. Pero ya que siguió leyendo, le cuento que Winston Churchill decía que “nadie más facilista y más falto de argumentos que aquel que inicia un prólogo citando una frase de algún famoso”. Yo estoy de acuerdo con él y por eso cito a un famoso al final de este prólogo.
Le preguntaron una vez al gran humorista y escritor argentino Roberto Fontanarrosa:
—Si pudiera escoger una virtud o cualidad para su hijo, ¿cuál sería?
—Que los amigos se pongan felices cuando lo vean venir.
Yo me apropio de esa respuesta para decir que a Iván lo veo poco –siempre estamos en proyectos diferentes–, pero que me alegro mucho cada vez que nos encontramos. Lo conocí hace 20 años cuando yo dirigía el programa La Zaranda, en RCN Radio. A veces hacíamos concursos para que los oyentes escribieran libretos y crearan humor y al joven Marín, tuvimos que vetarlo cuando empezó a ganarse todos esos concursos. Luego se nos perdió por un tiempo y cuando menos pensamos apareció en los escenarios presentando sus propias rutinas… y como el resto ya se conoce, mejor aprovecho los últimos renglones para decirle a Iván que no olvido de dónde viene, que me conmueve y me emociona verlo convertido en un versátil y prolífico comediante, que le deseo suerte con este libro, que lo voy a leer cuando me lo regale y que lo de menos será que me guste o no, porque, independientemente de eso, son su amistad y su cariño lo que siempre querré llevar a una isla desierta.
CÉSAR AUGUSTO BETANCUR
Si hay un escritor que ha influenciado mi vida, es Daniel Samper Pizano. Fui un niño muy particular que leía todos los viernes en la Revista Carrusel, la sección “Postre de notas”, de don Dani. Ya en mi época encontrar a un niño fanático de la lectura era tan raro como en nuestros días encontrar a un influencer que no quiera las cosas gratis. A ese fenómeno súmenle que el niño no consumiera lecturas propias de niño sino de adulto, sería tan raro como ahora encontrar a un influencer que admita lo fea que es la palabra influencer.
Pues desde aquel entonces soy coleccionista de los libros de don Dani, creo tenerlos todos, que no son pocos, pues él publica libros a la misma velocidad que J Balvin lanza canciones. Esta primera sección es un compendio de textos que escribí jurándome el sucesor de mi ídolo. Obviamente no lo soy, pero confío en la capacidad comunicativa de quienes me leen, a lo mejor alguno de ustedes le pueda hacer llegar el chisme de que hay un comediante que siempre soñó con escribir como él.
Colombia es un país muy rico en diversidad de flora, pero me atrevo a decir que lo es todavía más en fauna, porque contamos con algunas especies animales que escapan a los álbumes de historia natural, me refiero a los animalitos sociales. La variedad es tan grande que perfectamente podríamos hacer un libro a partir de ella, por eso para no extenderme más allá de un capítulo, me limitaré a describir solamente a dos de nuestros particulares especímenes.
EL LAGARTO
El Lagarto, cuyo nombre científico es... sobachaquetus lambonus, abunda en épocas electorales, los expertos especulan que dicho fenómeno se debe a que esta época coincide con su temporada de celo. El hábitat natural del Lagarto son los cócteles y escenarios políticos, a los cuales asiste haciendo gala de su danza de apareamiento, la cual procederemos a describir detalladamente:
Primero, irrumpe en un salón atestado de otros Lagartos. Lo hace mirando en todas direcciones mientras esboza una sonrisa que en su idioma traduce: “No soy amigo de ninguno, pero sí íntimo de todos”. Posteriormente se desplaza a lo largo y ancho del salón estrechando la mano de todo el mundo mientras saluda emitiendo por sus fauces un extraño sonido casi ininteligible al oído humano, pero que tras muchos estudios logramos concluir equivale a los siguientes fonemas de nuestro idioma: “Ala, qué gustazo, tiempo sin verte, ¿cómo está la familia?”... El anterior ritual tendrá una mayor efectividad si en la mano izquierda sostiene una copa de wisky o, vino en su defecto, la cerveza de ninguna manera contribuye a los fines de apareamiento.
El Lagarto no necesariamente se ve atraído por miembros del otro sexo, todo parece indicar que para un Lagarto el atractivo y fecundidad son rasgos directamente proporcionales al cargo desempeñado en la manada. Son también una especie lejana de verse en peligro de extinción, sobrevivieron incluso la cruda ola invernal de la meritocracia uribista.
Si usted desea conocer más de esta plaga que aterra a la clase trabajadora, no dude en sintonizar próximamente una cadena especializada en la materia, El Canal del Senado de la República.
EL MARRANO
El Marrano, cuyo nombre científico es... güevonosky al que todos tumbosky, es un animal que, por gastar innumerables sumas de dinero en sus compañeros de manada, más que animal, es una grandísima bestia.
Al Marrano se le reconoce porque nunca anda con otros marranos; todo lo contrario, siempre está acompañado por depredadores, precisamente los que lo cogen de marrano. Además, sorprende el inmenso tamaño de este espécimen que, sin llegar a ser muy grande, puede alimentar por completo a toda una manada de vividores.
La carne del Marrano se vuelve mucho más preciada en época electoral, al punto que absolutamente todo candidato busca por doquier su buena cantidad de Marranos, y lo sorprendente es que, pese a la alta demanda, los consiguen baraticos a cambio de promesas.
El valor del Marrano en un ecosistema es tanta que a él se debe la existencia de especies tales como el magnífico Pájaro Goterero, o la para nada escasa Zorra Gasolinera.
Pero lo más desconcertante sobre este espécimen es que no huye cuando hay peligro de que se lo coman, antes bien, se vuelve marrano con la esperanza de ser comido por alguna Loba.
Si usted quiere aprender más sobre esta especie, no se pierda un documental próximo a ser estrenado por el gobierno, Los impuestos y treinta millones de Marranos.
Les cuento que me tienen sorprendido esas pruebas de ADN que prometen mostrarle a uno la diferente procedencia de sus antepasados. Por ejemplo, tú te la realizas y el resultado te dice que eres un 30% nórdico, un 5% amerindio y 2% caído del zarzo por creerte eso. Quizá allí radique la explicación del por qué en 2021 unos premios de la música eligieron a J Balvin como mejor artista afrolatino.
Recuerdo cuando la gente se hacía la prueba de ADN para cosas mucho más prácticas, como entablar una demanda por alimentos y ya, pero ahora es como hacerse una regresión a medias, pues te puede decir que tuviste un tatarabuelo de la Alemania Nazi, pero no te cuenta cómo terminó casándose con tu tatarabuela en una población aledaña al río Arauca.
Movido por la curiosidad me decidí a cotizar dicho servicio en una de las empresas dedicadas a ello, pero desistí en cuanto supe el precio. Cobran como si lo que uno planeara fuera traer de vuelta a la vida a las últimas tres generaciones de la familia. Su costo está cercano a lo que debió valer extraer el ADN del mosquito con el que empezaron la creación de Jurassic Park.
Pero sí se me metió en la cabeza el poder contarles a mis descendientes la historia de dónde provienen los Marín, y descubrí que mi árbol genealógico está demasiado podado, creo que, a duras penas, lo que alcanzamos a tener es un arbusto.
Indagando en historias que mi papá recuerda haberle escuchado a mi abuelo acerca de su propio bisabuelo, creo que tuvimos un antepasado ligado a la campaña independentista, no fue un héroe de guerra, pero según parece era el encargado de enjalmarle el caballo a Simón Bolívar.
Todo indica que también tuvimos un pariente lejano, muy, muy lejano, como en séptimo grado de consanguinidad, exactamente primo del tío de la esposa del yerno de la señora que cuidó a mi abuela cuando era niña, el cual le pidió prestados 5 pesos de la época a su patrón, y como jamás pagó, la familia heredó esa deuda.
En conclusión, me resulta mucho más fácil inventar de manera arbitraria lo que creo contienen mis genes. A mi modo de ver yo tengo un 20% de escocés apátrida, razón por la que detesto el whisky; un 15% de raíces asiáticas, de ahí que me enloquezca tanto el arroz chino; un 5% de origen africano, que se refleja en la lucha por abolir la esclavitud de mi matrimonio; y un 30% de mi ADN, procedente de las tierras altas de Narnia, motivo por el que vivo soñando e imaginando todas estas pendejadas.
De lo que sí podré hablar con un poco más de precisión a mis nietos acerca de su origen, se remonta a cuanto pudo referirles directamente de mis padres. Por ejemplo, que yo fui todo un milagro que logró superar las barreras de la anticoncepción. Mis papás hicieron todo lo posible por no tenerme. La primera medida preventiva de mi mamá fue decirle a mi papá, “¡Ahorita no que hay gente en la casa y nos pueden escuchar”, pero no se empeñó lo suficiente! Mi papá por su parte quiso practicar el coitus interruptus, pero su interruptus fue tardius.
Tan poquitas ganas tenían de concebirme que llegaron a pagarle a otro espermatozoide para que me hiciera zancadilla en la carrera, pero el tropezón me hizo ir de bruces y llegar primero de cabeza. Con mi mamá ya embarazada intentaron darle mal la dirección a la cigüeña, pero ese pajarito sabía que preguntando se llega a Roma, y la Roma era el barrio donde vivían en aquel entonces. Ya en el extremo del desespero, mi papá llegó a creer que negándome sería posible negar la realidad. Pero nada funcionó, heme aquí, tantos años después escribiendo esto para intentar decirle a mis descendientes que no tengo la menor idea de dónde venimos, pero tengo total confianza en que ellos sepan que lo realmente trascendental es hacia dónde vamos.
La muerte nos llega a todos, aunque a algunos personajes parezca mamarles gallo, pero de que llega, llega; y en China se preparan para el acontecimiento de manera tal que me hacen sentir culpable. Esos señores son de una amabilidad con la muerte, tanto que cuando ella llega, le brindan unas atenciones que la dejan matada.
Desde hace años adquirí una póliza exequial para que todo esté cubierto al momento de mi partida y así no dejar deudas a mis deudos. Pero los chinos toman unas previsiones que ante las que las mías, palidecen. Por ejemplo, ¿sabían ustedes que cuando un chino llega a los 60 años, los hijos le regalan el ataúd para que lo tenga listo en su propia casa? Y dado que este es tal vez el país más poblado del mundo, su tasa de occisos no podía ser menor. Sus cementerios viven tan atestados que son como transmilenios al más allá. Deben hallar lugar para 10 millones de difuntos anuales. ¿Se imaginan? Es tal el problema que desde 1991 está prohibido enterrar los cuerpos enteros, en China la cremación es obligatoria. A este problema se suma la deforestación causada por la tala de árboles necesarios para la fabricación de tanto féretro. Pero una visionaria empresa lanzó al mercado ataúdes biodegradables. Así como lo oyen, o lo leen. Biodegradables. El secreto de estos, fabricados con arena y proteínas naturales, es que no ocupan espacio, no contaminan y no es necesario talar árboles para fabricarlos, los que se entierran se desintegran a los seis o nueve meses y los que se sumergen lo hacen en 45 minutos o una hora.
Así como esta empresa, de origen español, vio en la muerte una oportunidad de hacer dinero honradamente, mi creatividad y necesidad económica se activó para llegar a un público objetivo que ha sido injustamente desatendido por las empresas fúnebres, se trata de los catalépticos. Esas personas que al igual que Chucky o Freddy Krueger, mueren una y otra, y otra vez.
Amigos catalépticos, ofrezco a ustedes una amplia gama de ataúdes para todos los gustos. Conózcanlos y decidan cuál es el que mejor se adapta a sus necesidades. Si ven alguno que les guste, apártenlo de una vez antes de que se agoten, o usted muera de nuevo.
ATAÚD PREVISIVO: somos conscientes de que todas las tumbas se parecen, por eso, el ataúd previsivo trae un mapa del cementerio y el letrerito que dice: “Usted está aquí” … Una exención catastral si le quieren cobrar impuestos por la tierra que tiene encima… Y una tarjeta prepago para que recargue su celular, porque de pronto en su casa no le contestan, a mucha gente le da miedo lo cara que puede salir una llamada por cobrar desde el más allá.
ATAÚD DE SUPERACIÓN: ¿además de cataléptico es usted depresivo? Tranquilo, este ataúd cuenta con una colección de películas motivadoras, entre las que están: El cadáver de la novia y El regreso de los muertos vivientes …. También incluye el libro, Cómo comunicarse con los muertos, para que entable conversación con los vecinos.
FÉRETRO SPA: señorita cataléptica, ¿es usted vanidosa? Pensando en su comodidad, hemos creado el féretro spa… Viene con forma de guitarra para que incluso vestida de madera conserve sus curvas… ¿En vida siempre va al gimnasio para mantenerse en forma?, aquí no hay espacio para el ejercicio, pero le entregamos una dotación completa de formol para que esté bien conservada.
ATAÚD BÚNKER: ¿preocupado por su seguridad y los profanadores de tumbas? Este viene con pasador para que lo cierre desde adentro, además de una tabla ouija para que pida refuerzos mientras lo hostigan.
ATAÚD DE EMERGENCIAS: si deciden cremarlo, para usted es el ataúd de emergencias. Viene con un extintor, crema para quemaduras y un teléfono con marcación directa a la estación de bomberos.
Señoras y señores, les cuento que me ha dado por incursionar en el coleccionismo de piezas históricas y empecé por lo alto. El pasado fin de semana asistí a una subasta de esas en que los millonarios compiten entre ellos para ver quién está dispuesto a gastar más plata en pendejadas; por supuesto yo no iba en calidad de comprador, era el animador del evento. A lo largo de dos horas me divertí pegándole al atril con un martillo mientras gritaba “¡Vendido en 200 millones al señor de bigote!”. Compraban cosas como el casco de un samurái del periodo Meiji, el acta de bautizo de un conde húngaro, la bacinilla de un emperador ruso, etc.
Se preguntarán cómo entré a formar parte de tan selecto grupo de coleccionistas. Resulta que al final hubo una pieza por la que ningún millonario quiso ofrecer absolutamente nada, y eso que estamos hablando de tipos que queman billetes para calmar los nervios. Pues al ver dicho objeto ser tan ignorado como yo, y sin oferente alguno con el cual competir, pensé: “Esta es mi oportunidad de salir por primera vez sin las manos vacías”.
¿De qué se trata? Nada más y nada menos que la bitácora de navegación del mismísimo Noé a bordo de su arca. ¡No entiendo cómo nadie más vio el enorme valor de esto! Pagué chichiguas por este cuadernito, aunque mis amigos digan que realmente chichiguas es lo que vale, pues dudan de su autenticidad. Tan bobos, si ya lo llevé a autenticar ante un notario; por eso el día que me decida a venderlo voy a ganar 10 veces más de lo que pagué por él. Pero mientras ese momento llega, comparto con ustedes algunos apartes de esta joya, escrita por puño y letra del protagonista del famoso pasaje bíblico, quien, de forma aún más sorprendente, escribía en español. Un berraco.
BITÁCORA DEL ARCA
DÍA 1
11 a.m.
Por fin terminamos de subir dos ejemplares de cada especie. Tuve un fuerte altercado con mi esposa e hijos, hasta el último momento se opusieron a que subiera los tiburones y ballenas. Aunque gané la discusión no quisieron ayudarme, pero ahí me di mañas. Lo realmente complicado fue hacerlos caber en la tina.
1:30 p.m.
Creo que ya va a empezar el diluvio porque un negro nubarrón se alza en el cielo, ya se avecina una fuerte tormenta… Creo que esta frase podría funcionar para una canción.
2:00 p.m.
Se largó a llover, qué puntualidad de Dios y San Pedro. No entiendo por qué a los del Ideam les cuesta tanto hacer lo mismo.
3 p.m.
Maldita sea, se me estaban muriendo los tiburones y las ballenas. Mi familia tenía la razón, pero no puedo dejar que me lo restrieguen, por eso aventé los animalitos por la borda y me inventé que se habían escapado.
9 p.m.
Tardamos más de una hora en recoger la mierda de todos los animales, parece como si por cada especie, preciso hubiéramos escogido a la parejita que más caga. Este viaje va a ser muy largo.
DÍA 3
10 p.m.
Va la madre, apenas tercer día y los conejos ya se habían reproducido. Creo que son orejones porque se agarran y jalan de ahí cuando están tirando. Mi esposa ya empezó con las indirectas de “quién fuera coneja”.
2 p.m.
Los gatos están molestos porque no les traje una caja de arena y no son capaces de cagar si no es en ella.
DÍA 9
1 p.m.
Descubrimos que preciso el Astrofocus macho resultó estéril, me temo que esta especie va a desaparecer.
11 p.m.
Mi hijo mató un zancudo que no lo dejaba dormir. Ya descompletamos la parejita.
DÍA 17
10 a.m.
Al marranito se le subió la temperatura y los demás empezaron a usar tapabocas, porque le tienen pánico a la gripa porcina.
DÍA 21
10 a.m.
Las culebras tienen hambre, ¿será que descompletamos a los ratones?
3 p.m.
Volví a discutir con mi hijo porque sigue diciendo que los pingüinos tampoco tendrían que estar aquí.
DÍA 33
5 p.m.
Sueño con un pollito asado.
DÍA 38
9 a.m.
Menos mal los conejos se reproducen de esa forma. Hoy desayunamos conejo.
DÍA 45
8 a.m.
Enviamos un cuervo a buscar tierra firma, tengo fe en él.
3 p.m.
Nos inventamos un juego y decidimos llamarlo Parqués, vaticino que será un éxito para viajes a fincas o reuniones familiares cuando no haya ni mierda más qué hacer.
DÍA 46
11 p.m.
Aún no hay noticias del cuervo.
DÍA 47
4 p.m.
Estoy preocupado por la escasez de comida. Los leones ya están mirando mal a los cervatillos.
DÍA 51
7 p.m.
El hambre nos tiene a todos bajitos de energía. Cómo será que ni los conejos volvieron a culear.
DÍA 55
10 a.m.
El hambre hace estragos entre nosotros. Nos vimos tentados a comernos los murciélagos, pero al final lo evité, pues presentí que eso podría traer graves problemas. Sé que tarde o temprano ocurrirá algo que me dé la razón en esto.
DÍA 60
8 a.m.
Malparido cuervo, no volvió, pero nos mandó una postal.
Con todo respeto a ustedes mis queridos lectores, omito compartir lo registrado en los días siguientes, primero porque partes de la narración ya se ponen muy pesadas, y segundo, porque no soy bobo, pienso presentar esta pieza en una próxima subasta, estoy seguro de que me pagarán hasta 10 veces lo que yo pagué por ella, recuerden que ahora viene autenticada ante notaría, ¿qué más prueba necesitan de su autenticidad?
Los colombianos somos una raza única, tan única que, aunque en todos los países del mundo se burlan de sí mismos diciendo que son únicos, nosotros somos los únicos que de verdad se lo creen. Ejemplo: un colombiano sobresale en cualquier parte del mundo por ser el único que aplaude cuando el avión aterriza, créanme, a pesar de las muchas burlas al respecto, hay quienes todavía lo hacen. Pero el hecho no es el aplauso mismo, es la convicción general de que nos pertenece. Puede ser una familia boliviana la que aplauda al aterrizar la nave, pero los colombianos jurarán que aquellos pasajeros son compatriotas. Por eso realicé una exhaustiva investigación intentando desgranar la compleja mazorca del comportamiento colombiano para determinar la raíz de todas esas características que, paradójicamente, nos hacen encantadores.
¿A qué otro atrevido escultor en el mundo se le habría ocurrió rendirle culto a la tantas veces discriminada obesidad?... ¡A ninguno!, solamente al muy colombiano Fernando Botero, quien seguramente tenía bien grabado en su disco duro, el cuento de que ser gordo es ser ‘alentado’, que uno se tiene que comer de todo lo que le den porque dejar es grosería y botar la comida es pecado. No señor, nuestro artista paisa jamás permitiría que un protagonista de sus rollizas creaciones evoque la frase “Cuántos niños muriéndose de hambre”.
¿A qué otra familia en el mundo se le ocurre hacer un paseo de olla a un charco exponiéndose a todos los peligros e incomodidades que ofrece el hábitat?... ¡A ninguna!, solo a una familia colombiana que cree que disfrutar de la naturaleza es ir a sufrir por cuenta del clima y los mosquitos. Los paseos de olla son motivados por el espíritu de aventurero frustrado que vive en nosotros, por esto el programa incluye: la búsqueda del lugar de campamento, la búsqueda de la leña y la búsqueda de los niños que desaparecen bajo las aguas del peligroso charco. Uno jamás ve a una familia gringa apostada a orillas del río Hudson preparando un ajiaco, y si los ve, ¿qué creen que son? Inmigrantes colombianos.
¿A qué joven enamorado en el mundo se le ocurriría dedicar una canción por teléfono cuando no obstante se usaba el teléfono?... ¡A ninguno!, solamente a un colombiano cobarde. Sí, cobarde, porque la poca tolerancia de los padres colombianos vuelve a sus hijos prisioneros del miedo, evasores del fracaso. Un tipo que pone una melodía por teléfono está delegando a una incómoda bocina telefónica lo que él tendría que estar haciendo en persona. Una mujer inteligente debería colgarle de por vida, ya que un tipo con estas características terminará colgado, con la factura del teléfono.
¿En qué país del mundo se tiene por costumbre trasladar las fiestas navideñas a las vías públicas?... ¡En ninguno!, solamente aquí. Las películas nos muestran las navidades gringas con familias usando tiernos buzos y gorros de lana en torno a la intimidad de sus árboles y chimeneas. ¿Pero nosotros? ¡No! Nosotros tenemos una constante necesidad de reconocimiento. Al colombiano no le sirve matar un marrano si el resto de sus vecinos no se da cuenta, no le sirve dar un carro a control remoto al hijo si este no lo puede enseñar a los demás niños de la cuadra para que se mueran de la cochina envidia.
En ese orden de ideas, ¿en qué otra parte del mundo podríamos encontrar el fenómeno de todo un barrio reunido en torno a un muñeco que se incendia durante los últimos minutos del año que termina? … ¡Solo en Colombia!, o eventualmente también en una que otra comunidad tribal africana, pero de seguro ninguna tribu aborigen sigue con tanta religiosidad el ritual de vestir al muñeco con las prendas del abuelito, y mucho menos el de organizar una campaña solo comparable a las mejores épocas de ‘La Teletón’ con el fin de conseguir la financiación que permita rellenar las entrañas del muñeco con todas las modalidades ofrecidas por el ahora mercado negro de la pólvora.
¿En qué otro país del mundo se deposita con tanta avidez la semilla de la avaricia en un niño?... ¡En ninguno sino en el nuestro! Solo en Colombia ocurre que cuando en una piñata el pequeño infante muestra orgulloso el botín que consta de: cinco canicas, 13 confites, una perinola, ocho vaqueros, siete soldados, cuatro indios, ‐porque solo en las piñatas soldados e indios conviven sin problema‐ dos ciclistas, dos carritos, un avión, tres bombitas inflables, un rompecabezas y una alcancía sin hueco… En vez de una felicitación, tan solo obtenga por parte de su madre la instrucción: “Vaya papito y coja más”.
¿En qué otra parte podrá encontrarse un modo de aliviar el dolor infringiendo más del mismo?... ¡En ninguna sino en Colombia!, patria especializada en callar el llanto de los niños con la tajante expresión: “Deje de llorar o le pego para que berree por algo”.
De igual manera solamente en suelo colombiano ocurre que los niños forjen temple y carácter mediante juegos dedicados a hacernos entender el maltrato físico como un sano divertimento. Dicho sea, el caso del ‘gafiado’ ‐también llamado ‘cuca patada’ o ‘virgo pata’, dependiendo la región‐ ‘los ponchados’, ‘rejo quemado’, o el traumático ‘pico botella’, nefasto juego que puede llegar a ser el peor de todos cuando la penitencia en cuestión determina que el primer beso de nuestra vida sea dado al niño o niña de brackets fabricados con alambre de púas.
¿En qué otro lugar del mundo se tiene por costumbre realizar una exposición de intestino en el pasillo de un bus con el único fin de despertar la solidaridad en los ciudadanos? … ¡Ya saben dónde! Únicamente en Colombia los desprevenidos pasajeros somos víctimas de este espectáculo en el que utilizando el mismo ‘modus operandi’ de un suicida palestino, el terrorista del exhibicionismo criollo descubre su estómago con el fin de mostrar el explosivo mortal para nuestra bilis. Y el terror se eleva cuando no contentos con mostrar la chamba, muy cortésmente nos invitan a tocarla para comprobar que no es un efecto de maquillaje… sé de una señora que metió el dedo.
¿En qué otro país del mundo se tiene por costumbre llevar un bus con treinta personas a esperar un familiar proveniente de otro país?… Me atrevo a afirmar que solamente aquí hacemos colapsar las terminales aéreas con una parranda de muchachitos corriendo por los pasillos, de viejitos arropados hasta las orejas y tíos borrachos haciéndose los graciosos para mitigar el retraso del vuelo.
¿En qué otro país del mundo los conductores protegen su vehículo contra cualquier desastre con el tradicional ‘detente’ paisa (Escapulario amarrado en el pedal del freno) y el zapatico del hijo mayor en el espejo retrovisor de la mitad?… ¡En ninguno! Solamente en Colombia los conductores prefieren depositar su confianza en estos dos símbolos ancestrales que en una aseguradora seria; y en el caso hipotético de que la mística estrategia llegara a fallar y le ocurriera alguna desgracia al conductor o al vehículo, la explicación colombiana sería que no se le renovó a tiempo la bendición en la iglesia de Chiquinquirá, o una de sus múltiples sucursales.
¿En qué otro país se somete a los seres humanos a incómodas agonías basados en argumentaciones sin ningún soporte científico?... ¡En Colombia! El paradisíaco edén en que un niño debe soportar con valerosa actitud de mártir la inmensa cantidad de grados centígrados ofrecidos por nuestra tierra caliente sin la más mínima posibilidad de sumergirse en la refrescante piscina, solo porque mamá ordena esperar por lo menos una hora mientras reposa el desayuno. Ahhhh, qué envidia esos niños holandeses que se sumergen al agua con cloro acabando de degustar un buen calentao.
¿En qué otra parte de este inmenso globo terráqueo puede verse que la totalidad entera de la población posea avanzados conocimientos médicos sin jamás haber pisado el aula de una clase dictada por un galeno?... ¡En absolutamente ningún sitio que no sea nuestro terruño!, único país en que sin interesar cuál sea la dolencia que usted padezca, siempre podrá contar con la opinión experta de cualquier pariente o vecino recomendándole algo que es bendito pa´ ese dolor.
Espero que hayan encontrado satisfactoria la investigación sobre nuestro pueblo, si tal es el caso, es porque en efecto pertenecen a esta raza chimba dominada por el ego, sí señores, el ego, aquel que nos hace encabezar una columna diciendo: “Los colombianos somos una raza única”… como si las demás tuvieran el ombligo en una axila.
El deporte en este país resulta completamente particular desde cualquier punto que se le mire. Es en Colombia y solo en Colombia en donde podemos convertir el dolor y la salvajada hacia los amigos en un divertimento deportivo propio de la infancia, como ocurre con el popular juego de la ‘Cuca patada’, el cual consiste en una batalla campal con un indeterminado número de participantes batiéndose en duelo por un balón (a veces lata de gaseosa) hasta conseguir hacerle túnel a cualquiera de los jugadores, para una vez recibida la humillación de ver el balón pasar entre sus piernas, recibir una ráfaga de patadas provenientes desde todos los ángulos posibles, propinadas de manera simultánea por todos los contendientes sin reparar en qué parte de la anatomía impacten. Así es amigo extranjero que pueda estar leyendo, para nosotros esto es divertido.
También tenemos unos menos agresivos, pero de igual manera desconcertantes como el tejo. Disfrutamos arrojar una especie de piedra que tiene por objetivo hacer explotar una mecha, todo esto mientras ingerimos altas dosis de cerveza, porque en el tejo el alcohol es el hidratante. Y mientras cualquier otra persona se arrojaría al piso o saldría a correr al escuchar una miniexplosión, nosotros vitoreamos y somos felices cuando el proyectil impacta el objetivo. Mezclamos licor con pólvora de una manera en que hasta los talibanes retrocederían asustados en caso de tener que enfrentar a nuestra Selección si existiera una liga profesional.
Juegos de desafío físico similares a estos abundan en el semillero de nuestros deportes patrios, para los cuales somos muy buenos, pero desgraciadamente no cuentan con competencias internacionales que nos permitan obtener relevancia mundial con ellos. Porque además somos muy de malas en que justo para los que no son tan descabellados, pero igualmente practicamos de manera excepcional, no les han dado la relevancia que se merecen, como el caso del patinaje. Tenemos practicantes, principalmente mujeres, que podrían arrasar con cualquier medallería, pero no, nada que se dignan a declararlo deporte olímpico. Eso es como ser el mejor tocando arpa en un concurso de violines. Donde ‘La Chechi’ Baena hubiera podido participar, se habría colgado más oros que una prendería.
Siguiendo por esa línea de exabruptos deportivos que nos son adversos, contamos con atletas muy buenos en muchas disciplinas de competición mundial, pero aquí solo brindamos apoyo al fútbol, y ocasionalmente al ciclismo. No en vano el Canal Noticioso de El Tiempo tiene para su sección deportiva un eslogan que reza “Más deporte menos fútbol”. Solo el balompié recibe asistencia masiva de espectadores. Yo he asistido a encuentros deportivos y presenciado cuadros muy tristes, partidos de voleibol en los que hay más personas dentro de la cancha que en las graderías; partidos de baloncesto en los que la soledad es tanta que para imprimir algo de emoción a los mismos jugadores les toca vitorear cada canasta del rival; partidos de béisbol tan deprimentes que no se juegan en un diamante sino en cualquier joya de fantasía; partidos de hockey en que los equipos prefieren compartir una misma mascota para economizar energía; peleas de boxeo tan solas que se escucha hasta el zumbido de una mosca, y eso porque los peleadores son de categoría mosca y se la pasan zumbando mientras pelean; mejor dicho, he estado en orgías con mucho más asistentes.
Y como si la espalda que el público les da no fuera suficiente, el apoyo económico del gobierno es mucho peor. La mayoría de nuestros deportistas tiene que practicar sus distintas disciplinas en la más absoluta pobreza y a veces hasta asistir a torneos de su propio bolsillo, porque tienen más patrocinadores las modelos de Onlyfans.
A quienes practican levantamiento de pesas, lo que termina pesándoles es haberse dedicado a levantarlas en este país; a quienes se dedican al lanzamiento de disco, les toca terminar arrojando acetatos viejos; y a quienes hacen karate, taekwondo o judo, terminan sintiéndose como cualquier otro colombiano porque siempre andan “ahí en la lucha”.
A este paso vamos a tener que crear nuestros propios deportes de invierno para que los practiquen los damnificados que dejan ese fenómeno extremo. Nado sincronizado contra río desbordado. Canotaje en una mesa con obstáculos. Descenso cronometrado en deslizamiento. Cargada de colchón con relevos.
Digo todo esto para que hagamos un mea culpa, aprendamos a valorar, acompañar y reconocer a nuestros atletas, estamos llenos de deportistas profesionales, pero como público que los apoye, seguimos en categoría amateur.
En diciembre quién no se ha visto en la penosa situación de recibir un regalo y destaparlo emocionado, solo para descubrir que el gusto de la persona que se lo dio, difiere por completo del gusto del homenajeado. Es en ese momento donde considero que los colegios deberían dictar clases de actuación obligatorias, pues se requiere destreza suprema para sonreír y dar las gracias aparentando total agrado con lo recibido. Basta un pequeño error a la hora de disimular que no nos gustó y seremos delatados vergonzosamente. Tan es así que grandes maestros como Robert de Niro y Al Pacino, descubrieron sus dotes actorales al fingir que se alegraban con los regalos de sus tías.
Una vez logramos salir airosos de tan engorrosa situación, debemos hacer frente al segundo dilema: ¿qué hacer con el encarte de regalo que acabamos de recibir? Uno no consigue pensar en una ocasión lo suficientemente especial como para ponerse el saco de rombos y cuello en V que nos dio la prima Hortensia. Es entonces cuando podemos echar mano de un valioso recurso: el reciclaje de regalos. ¿En qué consiste?: básicamente en desembalarse usando dicho presente como obsequio para una tercera persona.
Hay quienes defienden hidalgamente la idea de que uno no debe regalar lo que le han regalado, pero el que no haya re regalado algo, que tire la primera piedra. Es un acto de filantropía completamente válido. ¿Por qué negárselo a alguien que pueda ser más feliz con ello que uno? Lo fundamental es tener claros algunos puntos esenciales para no cometer errores en el proceso. He aquí los cinco tips a tener en cuenta a la hora de reciclar un regalo:
Primero: regale esas cosas que pueden ya haber sido usadas sin que eso las deteriore en lo más mínimo. Ejemplo, que me regalaron el último álbum de Juanes, lo escucho, está bacano, entonces lo quemo y ahí sí lo regalo… Es ideal porque usted queda como un príncipe al dar música original, no apoyó la piratería comprando música chiveada, y quedó con una copia de primera fuente que lo hace casi un original. Recordemos que se trata únicamente de un ejemplo, en la vida real ya nadie regala Cds, es más, ni siquiera existe dónde escucharlos.
Segundo: regale libros, porque es algo que siempre será re re re regalable… Al usted comprar un libro está dando inicio a una maravillosa cadena de regalos que hará feliz a varios, pues todos lo leerán y luego se lo pasarán alguien más. Esa es la explicación de por qué mi primer libro reporta cinco personas que lo recibieron, pero solo una que lo adquirió.
Tercero: está bien que recicle, pero sea meticuloso a la hora de hacerlo, que tenga coherencia el regalo con la persona a la que se lo da. Por ejemplo, si a usted le sobra un juego de PlayStation porque le dieron uno de más, no vaya pensar que es buena opción para dárselo en el cumpleaños al abuelito… Por más moderno que sea el viejito muy difícilmente vamos a verlo jugando God of War o Mortal Kombat.
Cuarto: la mejor persona con la que puede reciclar un regalo es con un tocayo. Alguien que se llame como usted, o en este caso, como yo, Iván. Porque si se le llega a escapar que en alguna parte le hubieran puesto una dedicatoria, no va a haber problema cuando él vea que dice “Con cariño para Iván”. ¿En cambio cómo explica usted que diga “Con cariño para Gabriel”? Se verá ridículo explicando: “¿No sabías? Es que en algunos países a los Iván de cariño les dicen Gabo”.
Quinto: si comete el error de reciclar el regalo y por falta de memoria resultó dándole el regalo a la misma persona que se lo dio a usted el año pasado, tenga a la mano excusas que lo saquen del apuro, por ejemplo. “Ahh, es que el año pasado me hiciste tan feliz con esto, que te di lo mismo para que te sintieras exactamente como me sentí ese día”.
Espero que les haya sido de utilidad este breve manual, que se despide dejándoles un consejo adicional. Si los sorprenden haciendo la trampilla de dar a otro el regalo que primero fue para ustedes, tengan cerca un discurso sobre la prioridad que tiene para salvar el planeta el que aprendamos a reciclar, incluso los regalos.
Hay personas con un serio problema para distinguir a los protagonistas del cine, especialmente en el género de la acción. Por este motivo se acercan para contarnos sobre aquella película tan buena que vieron y nos sorprende descubrir que sin importar lo mucho que pudo gustarles, fueron completamente incapaces de recordar su título. Entonces procedemos a preguntar por su protagonista abrigando así la pequeña esperanza de poder hacernos una idea de la respectiva obra fílmica. Es en ese momento cuando nos desconciertan con alguna respuesta tan específica como: “Es con este tipo... el mismo que sale en la otra… ese que es bien duro... el que siempre los casca a todos”.
Tras verme en la penosa obligación de soportar dicha escena durante un sin número de ocasiones, he optado por darme a la tarea de desarrollar un método que permita al distraído espectador reconocer a su ficticio héroe de turno. Así que, he aquí a los más grandes héroes de acción de todos los tiempos y su respectiva descripción para que en lo sucesivo puedan dar fe, no solo del milagro, sino también del santo.
Es Steven Seagal sí: el protagonista tiene un rostro inexpresivo en el que nos es imposible diferenciar si está rabón o contento. Siempre hablará con las manos entrelazadas, incluso al momento de amenazar, pero en cuanto las separe, algo es seguro, a nadie le quedará un solo hueso en su sitio. Las peleas terminarán sin que los oponentes consigan tocarlo o tan siquiera despeinarlo. Algo clave, al empezar la pelea mandará a alguno contra una cabina telefónica, una vez finalizado el combate se volverá a encontrar al pobre infeliz que recién se repone del primer tiestazo tan solo para recibir el segundo y definitivo.
Es Jean-Claude Van Damme sí: el actor es un belga de calidad actoral tan destacable como la del ganador de un reality para Protagonistas de novela, quien por el modo de abrir las piernas dejará muy en claro que tener hijos es algo que no le importa en lo absoluto. Siempre pateará con la pierna derecha y lo hará en cámara lenta, seguramente para que el oponente no se mueva y conseguir atinar el impacto.
Es Jackie Chan sí: el protagonista halla un inusitado fastidio en pelear con un número inferior al de treinta oponentes. Además, lo obligará a usted como espectador a seguir cada una de sus maniobras con escaleras, neveras, cosedoras, cartulinas y demás utensilios a la mano, con la sentida y emocionada expresión: “¡Qué hijuemadre man tan duro!”.
Es Jet Li sí: el protagonista es el equivalente a Jackie Chan, pero con cara de: “Al que me toque lo muelo a pata”.
Es Charles Bronson sí: la protagoniza un anciano, porque Charles Bronson fue anciano desde sus tiernos quince años. La película en alguna parte debe incluir la palabra Anónimo, sobre todo en el espacio junto al crédito del libretista. Al personaje principal le habrán matado a la mamá, la mujer, la hija y la mascota, no sin antes violarlas a todas, incluida la mascota; motivo por el que don Charles irá cometiendo asesinatos impunemente a lo largo de dos horas, justificando siempre su barbarie con el argumento: “Yo estaba sano y ellos empezaron a montarla”.
Es Clint Eastwood sí: transmite algo similar a Charles Bronson, pero a este sí le creen.
Es Chuck Norris sí: el protagonista es un policía o militar que jamás va a ganar el suficiente dinero para comprarse una cuchilla de afeitar. Sus amigos son prisioneros de guerra a los que rescatará utilizando la misma coreografía de combate una y otra y otra y otra y otra y otra vez; es en serio, tranquilo, no es que la película se le haya trabado, es la misma coreografía una y otra y otra y otra y otra y otra vez.
Es Bruce Willis si: la trama gira en torno a un policía que, sin querer queriendo, se les tira a los malos un robo planeado durante mucho tiempo y cuyo único error consistió en no contar con la presencia del calvo aguafiestas.
Es Sylvester Stallone sí: el gesto en la boca del protagonista ratifica el inmemorial consejo de no abrir la nevera estando acalorado, motivo por el que para permitirle presentarse a sí mismo sin gesticular demasiado, su nombre constará de solo dos sílabas, como en los claros ejemplos, Cobra, Rocky o Rambo.
Es Arnold Schwarzenegger sí: el protagonista tiene un inusitado parecido con cierto político gringo que empezó siendo gobernador de California. Posee un don mágico para que jamás se le acabe la munición sin preocuparse cuánto dispare, y otro no menos sorprendente que le permite disparar su metralleta de derecha a izquierda mientras los villanos caen en sentido contrario. Tendrá una musculatura tan desarrollada que sus brazos en lugar de tríceps contarán con treintaceps. Y sus venas brotadas nos permitirán entender que la ira del sufrido paladín obedece al padecimiento de un desesperado estreñimiento.
Es Dolph Lundgren sí: le ven una mezcla de Van Damme y Schwarzenegger, pero más mono y parado en unos zancos.
Es Scott Adkins sí: les parece que el protagonista pelea demasiado y lo han visto en varias películas, pero no recuerdan ninguna en específico.
Es Nicolas Cage sí: se preguntan cómo ese calvito, narisoncito, sin pinta de malo, pero tampoco de bueno, puede resultar siendo el putas de la historia. No lo duden, es Nicolas Cage.
Es Will Smith sí: el protagonista es de raza negra, lo ponen a correr durante media película y es capaz de hacerlo mientras dice chistes.
Es Wesley Snipes sí: estamos ante un Will Smith, pero sin los chistes.
Es Keanu Reeves sí: el protagonista proyecta peligro e imponencia, pero al mismo tiempo una bacanería que les haga pensar, “Si alguien me tiene que romper la jeta, chévere que sea este man”.
Es Jason Statham sí: lo que al protagonista le falta en pelo le sobra en testoterona. Tiene además una capacidad de bolear pata acompañada de actos inverosímiles que en nada afectan su credibilidad. Y si en alguna escena se despoja de la camiseta haciendo sonar un eco femenino de “Rico pa, rico”, no lo dude más, es el señor del apellido raro.
Es Vin Diesel sí: habla con una voz grave, casi de ultratumba, pero la emplea para decir frases bonitas sobre la importancia de la familia. Su cuerpo no da muestras de expeler sudor y su ropa parece lavada con un detergente que le impide ensuciarse. Cada uno de sus movimientos, ya sean saltos, puños, disparos, acrobacias en auto, forma de revolver el azúcar en el tinto, etc., le hacen preguntarse al espectador si las clases de física del colegio no fueron una estafa al llamar imposibles cosas que aquí un tipo realiza sin despeinarse, porque es calvo.
Es Dwayne Johnson sí: también carece de pelo, pero posee músculos en los músculos. Es tan acuerpado que hasta sus dientes caninos son pitbulls. Cada vez que muestra el grosor de su brazo la cámara debe retroceder para alcanzar a captarlo todo. Parece invulnerable, pero de vez en cuando una que otra cosita logra desestabilizarlo un poco, como un gorila albino gigante o los torpedos de un submarino ruso.
Es Tom Cruise sí: va la madre, si usted no sabe identificar a Tom Cruise, de verdad mejor no vuelva a ver una película en su vida porque eso no tiene perdón de Dios.
Espero haber logrado mi cometido de ilustrarlos correctamente con respecto a la identidad de los héroes en la pantalla grande. Solo me resta rogar que tras leer este educativo aleccionamiento fílmico, la próxima ocasión en que alguna persona se acerque a compartir conmigo la emoción que le produjera una película, sepa transmitirme la información completa, pues las únicas películas en que no importan la trama o el protagonista, son las pornográficas, e incluso esto tiene sus excepciones a la regla, pues les cuento que Sylvester Stallone en sus primeros años trabajó en cierta cinta llamada: El semental italiano, y créanme, es una película con no menos acción que Rambo III, pues aunque no tiene dónde guardar pistolas, igual tira a matar.
Al leer el título, posiblemente hayas pensado que cometí un error porque todos saben que el exitoso es el Rey León, pero no, no es ningún error. Resulta que hay otro monarca minino que también ha alcanzado la cúspide de la popularidad, en este caso no en una película animada de Disney, sino una docuserie de Netflix.
Relata la historia de Joe Exotic, adiestrador de tigres y dueño de un parque temático que ofrecía experiencias junto a ellos en Wynnewood, Oklahoma. Tan solo la folclórica forma de ser Joe lo convierte en lo que llamamos ‘todo un personaje’ digno de atención, pero esto sumado a sus no menos particulares colaboradores y la rivalidad surgida entre él y la propietaria de una reserva para los mismos animales, desencadena una serie de eventos que incluyen desapariciones, señalamientos criminales y un sinfín de situaciones que rayan entro lo cómico y macabro, cual capítulo de Scooby Doo.
Su primera temporada fue lanzada cuando la pandemia se encontraba en el punto más estricto de cuarentena, quizá ello influyó en su éxito, pero no deja de parecerme curioso el nivel de popularidad alcanzado por este. De allí que me haya dado a la tarea de reflexionar en profundidad en lo que ha sido nuestra relación con estos majestuosos animales que, lejos de lo que podríamos pensar, forman parte activa de nuestras vidas.
Primera reflexión. Los detractores de santuarios para animales al estilo de el de Joe, afirman que quienes los dirigen les dan un trato inhumano. ¡Ojo!, no me estoy sumando al debate a favor o en contra de ellos, pero sí quiero resaltar lo gracioso de la afirmación, ‘trato inhumano’, obvio porque no es humano, menos mal. Debe dárseles sí un trato digno, pero no hay nada más indigno que el trato que nos damos entre humanos. No creo que animal alguno quisiera recibir dicho trato y tener que hacer fila en la EPS cuando se enferma o rendirle cuentas a la DIAN.
