Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Nos enamoramos tanto de la oscuridad que a veces, cuando queremos salir, no encontramos por dónde y es ahí donde inicia el caos, entonces decidí escribir mis lágrimas.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 54
Veröffentlichungsjahr: 2024
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
366 días
366 días
Onely Miosotis Rodríguez Jiménez
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Onely Miosotis Rodríguez Jiménez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1068-652-6
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
.
Un día me perdí entre líneas y jamás volví a casa.
Porque hubo un año en el cual pensé que necesitaba un día más, una hora más, un segundo más. Pensaba que con un día más podría solucionar mis problemas. Es esa pequeña esperanza que se alberga y nunca se paga. Sigo pensándolo: necesito un día más. Hoy estoy en otro año así, pero también soy consciente de que no, que es un engaño de mi mente, un refugio que busca para argumentar que no he podido pasar página. No he podido dejar todo atrás. No te engañes: un día más no va a solucionar nada, pero un día más a veces lo soluciona todo; un día más puede solucionarlo todo, alberga esperanza. Qué contradicción esta, sin fin.
Tú, Señor feliz.
1
Por más que la lluvia empape mis ojos y el salitre del mar dañe mis entrañas, seguiré, con paso firme.
2Primera parte: resistencia
Esa mañana, al levantarme, todo dolía.
Mi cabeza.
Mi espalda.
Mi cuerpo.
Mi vida.
Mi alma.
Intenté seguir como si nada pasase, como si el dolor fuera ajeno a mí y pudiese sacarlo del cuerpo, aun sabiendo que no era así. Continué con mis tareas de ser madre, como si de por sí fuese fácil, aun sabiendo que no lo era, sabiendo que, cada vez que torcía mi espalda y volvía a ponerla en su sitio, el dolor me crujía.
Llegó alguien a mi vida y simplemente me limité a decir «sí».
Me recosté en la cama, desnudé mi espalda y procedió a liberarme de todo aquello a lo que yo llamo dolor.
De un momento a otro todo, desapareció el dolor, llegó la calma y la paz. ¿Cómo ocurrió aquello?
¿En qué momento dejé que eso ocurriese?
Me pregunto: «¿Cómo ocurrió esto?». Y es que nunca nadie había traspasado ese umbral, nunca antes había dejado que alguien tocara mi espalda, esa parte mía sagrada, donde comulga mi dolor propio, mi carga única, esa a la que llamo mía, de mi propiedad.
Sin embargo, lo dejé tocar y, con sus manos en mi espalda, me dormí. Descansé como hacía meses que no lo hacía. Pasó una hora, que, para mí, supo a un día completo, con todas sus horas, su sol y su luna incluidos.
Al despertar, no había dolor, solo paz.
3Este momento
«¿Por qué ahora?», me pregunto, «¿Por qué?». Justo en este instante, siento que voy a perder el control, justo cuando siento que mi alma se desgarra en pedazos sin motivo aparente, así, en silencio, sin aviso previo, sin decir una sola palabra, por qué justo ahora, cuando, necesitas fluir, ser, no puedes ahogarte en llanto, porque hasta eso se ha ido: tu llanto te ha abandonado.
No fui criada para esto, no estoy criada para sentir estas emociones, para gestionar este dolor tan fuerte que siento en mi pecho; no fui criada para cuando viese que mi mundo se derrumba reconstruirlo. Lo siento, mamá, no estoy preparada para este año, no estoy preparada para ser como tú, no estoy preparada para todos los días sacar la mejor versión de mí y comerme el mundo, para sacar fuerzas de donde no las hay, para revivir.
Perdóname, mamá. Fracasé como tu hija, fracasé al ver ese ejemplo que das diariamente y no me avergüenzo de decirlo; justamente a eso voy: siento que voy de fracaso en fracaso, de caída en caída, sin tener un paracaídas a mano o tan siquiera un reloj para poder detener el tiempo. No tengo nada.
Siento como, justo en este momento, la oscuridad se apodera de mí, no me deja ser yo, no me deja fluir.
¿Qué es la oscuridad para mí? La oscuridad es ese punto en el cual te quedas quieta, no haces nada, no puedes hacer nada. Hacer cualquier cosa te resulta agotador; cualquier acto o movimiento es mortal: tu cuerpo duele, tus ojos duelen, tu cuello no soporta el peso de tu cabeza y te pesa. La existencia es vana y todo a tu alrededor se diluye, como la niebla desvanece una ciudad en una noche sin luna. Todo se pierde en un instante.
Perdona, querido lector, mas son muchas emociones a la vez y necesito soltarlas, necesito llorar en letras, necesito gritar en palabras, dado que con lágrimas no puedo.
4Cansancio
No puedo más. Mi cabeza no puede parar; voy revolucionada a mil por hora, sin encontrar un aparente freno.
Nunca has sentido esa sensación en la que el corazón se te quiere salir del pecho; no puedes respirar y la cabeza no para de dar vueltas.
Nunca has sentido cómo todo tu mundo se desmorona en un instante y no puedes hacer nada más que pararse a recoger los pedazos.
Nunca has sentido la necesidad de terminar con todo, de ponerle fin a la vida, de soltar lazos y no sentir más dolor. Eso, amigo mío, lo provoca el cansancio.
Nunca has mirado a tu alrededor y te has sentido tan extraña que piensas que no perteneces a ese lugar, que no tienes cabida en él, que eres un mero relleno de la vida de todos. Tienes montones de proyectos inconclusos porque no puedes más, ni siquiera con el hecho de tu mera existencia.
No pienses mal. A veces, la vida se termina, pero no muriendo, sino cuando ves esa partida de ajedrez que es la vida caerse en pedazos y tú no puedes hacer nada.
Lloro con fuerza porque siento que así puedo hacer mis problemas más pequeños e, incluso, desaparecer, pero no es así. Cuando ha pasado la tormenta, todo sigue igual, solo que ahora quien tiene los ojos hinchados soy yo. Puedo parecer una adolescente, pero no lo soy. Ahora mismo tengo veintisiete años y no he hecho nada con mi vida. Siento que soy un fracaso o algo así como una fracasada. Me tengo que ir.
Dolor
