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La ofrenda ante ustedes expuesta es el fruto de un trabajo iniciado a mediados de 2021, mientras le pedía a Dios que me ayudase a deshacerme de la profunda depresión en la que me encontraba sumergido por más de cinco años. A causa de la misma, había dejado de disfrutar casi en su totalidad de hacer cualquier cosa, incluyendo, intentar alcanzar metas u objetivos. Este poemario contiene siete poemas, que son más concretamente narrativas rimadas, con siete interludios (citas bíblicas textuales), con la intención de aterrizar la narrativa teológica subyacente en cada uno de ellos. Dentro de estos se pueden apreciar, entre otras cosas: - Descripciones de estados anímicos (Suelta). - Reflexiones sobre el día a día (Un día cualquiera). - El desarrollo de la fe en los individuos (El hierro de los desvalidos). - Cavilaciones dentro de una historia de amor consumada (4+1Q). - Un paseo por la locura auspiciado por un descenso hacia el infierno (Cuervo de ojos negros). Recordando siempre lo dicho por nuestro señor, que desde la abundancia del corazón habla la boca y, tal como el hombre piensa, así es su corazón.
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Seitenzahl: 46
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© RAZKOL
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-139-2
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Dedicatoria
A Dios, padre de nuestro Señor Jesucristo, el primero y el último, el alfa y la omega, el principio y el fin, quien, en su infinita misericordia, me concedió no solo la oportunidad de regresar a su redil después de muchísimos años de resentimiento, desviación, depresión y dolor, sino también la posibilidad de realizar este trabajo bajo su dirección y poder.
Tanto como herramienta terapéutica (con el fin de recuperar el deseo de realizar actividades en general y la sensación de logro), así como el único (y probablemente uno de los últimos, pues el retorno de nuestro Señor será en breve) trabajo que he realizado, por y para mí, en mis más de treinta años de vida.
De igual manera, agradecer de forma encarecida a las principales personas cercanas a mí que me acompañaron en este proyecto de una u otra manera.
A la Señora Reina Isabel Manzanares Hernández, mi madre espiritual, por ser un pilar fundamental e importante en mi vida y mostrarme la calidez y comprensión de una madre amorosa, siempre dispuesta a escuchar y apoyar en todo tipo de circunstancias.
A Oswaldo José Portobanco Rivera, por las innumerables horas y discusiones, tanto teológicas como artísticas, y por ser una verdadera referencia en cuanto a literatura y arte en general para este neófito. También, agradecerle por haber escuchado mis dudas con paciencia infinita a pesar de su escaso tiempo y múltiples ocupaciones.
A Kathia Irela Dávila Soza, por ser una de las personas más especiales en mi vida y en este tiempo presente, por ayudarme a crecer tanto conductual como emocionalmente, y por estar siempre dispuesta a apoyarme en la medida de sus posibilidades.
A mi amigo de la infancia Ervin Bismark Hernández Ríos, por su apoyo incondicional en este momento, sobre todo en aspectos técnicos y críticos, sin lo cual no hubiera sido posible el presente trabajo.
Y finalmente, a Oliver Eleazar Rodas Manzanares, por siempre prestar su oído para discutir diversos temas, sobre todo cuando sé que realmente le importan un carajo. Desde el fondo de mi corazón, los quiero, que la paz de nuestro señor Jesucristo sea con todos ustedes.
APERTURA
«No os conforméis a este siglo,
sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena
voluntad de Dios, agradable y perfecta».
Romanos 12:2
INTERLUDIO I
«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre,
y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: “De todo árbol del huerto
podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás;
porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”».
Génesis 2; 15:18
«Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
Y dijo Jehová Dios: “He aquí el hombre es como uno de nosotros,
sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano,
y tome también del árbol de la vida,
y coma, y viva para siempre”. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén,
para que labrase la tierra de que fue tomado».
Génesis 3; 21:24
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera,
la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron
buen testimonio los antiguos».
Hebreos 11; 1:2
El Hierro de los Desvalidos – Del barro y sus arquetipos
La Fe primigenia,
la primera gran bandera,
de rebeldía e «independencia»,
honesta y deshonesta, erguida a,
consecuencia de torcer «su senda»; por tanto,
él y ella «probaron» su sabor amargo por manos,
propias y ajenas, para luego ser cubiertos por pieles de bestias.
Del parto de tinieblas se apartó la luz, el primer paso hacia el ocaso,
de toda virtud, el emparejamiento de lo bueno y lo funesto,
lo virtuoso y lo grotesco, lo precioso y lo dantesco.
El amalgamiento de la mentira y la verdad, ilusión y realidad,
belleza y vanidad, anhelo y libertad, hasta el fallecimiento
del tiempo y su final, reposar en su negro ataúd
de ensueño, eterno y atemporal.
Ahora, a raíz de todo aquello, con el soplar del viento, la fe
de «los primeros» ha venido siendo, el motivo perfecto,
y sin defecto del recelo infecto de terceros, de esos
cuya radical habilidad gira en torno a invitarte,
a dudar, incitando de más tu esencial,
capacidad de pensar y razonar.
Pero, ¿dudar de qué? De todo lo que somos, tenemos y hacemos;
de aquello que anhelamos, perseguimos, contemplamos
y queremos, y, por tanto, de la posibilidad real de tomar
nuestro deseo y voluntad para transformar
el reflejo desvirtuado de la realidad.
Igual que la falaz primicia inicial,
que alza triunfal el «ente del mal»,
el cual los demás, intentándole imitar,
ostentan implantar, en ti, la duda «mortal».
Aquella que te pueda hacer falsear, llorar y fallar.
La que consiga orillarte a declinar, resbalarte,
y desmayar, tumbándote hacia atrás,
haciéndote abortar lo que decías
que ibas a alcanzar.
Así son estas viles personas,
de naturaleza frágil e insidiosa,
de acciones sospechosas, miradas dudosas,
maneras dilatorias e intenciones escabrosas;
de palabras ponzoñosas, auras nocivas, sonrisas furtivas,
altivas y desdeñosas. Cuyos pasos desviados distan ya de
ser guiados por el brillo dorado de las luces de antaño que
