A la luz del relámpago - Adolfo Gilly - E-Book

A la luz del relámpago E-Book

Adolfo Gilly

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Beschreibung

En los últimos días de octubre de 1962 el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear cuando Rusia, entonces Unión Soviética, instaló cohetes en Cuba. Estados Unidos confirmó la existencia de los misiles el 16 de octubre, y el 22 de ese mismo mes el presidente John F. Kennedy lanzó un ultimátum: retirada inmediata o bombardeo. "A la luz del relámpago. Cuba en octubre" es una detallada crónica presencial escrita por Adolfo Gilly, a la sazón corresponsal en La Habana del periódico Marcha de Montevideo.

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Seitenzahl: 59

Veröffentlichungsjahr: 2020

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ADOLFO GILLY

Primera edición, 2020 [Primera edición en libro electrónico, 2020]

Coordinador de la colección: Luis Arturo Salmerón Sanginés Diseño de portada: Teresa Guzmán Romero Ilustración de portada: Daniel Silva Páramo

D. R. © 2020, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 Ciudad de México

Comentarios: [email protected] Tel.: 55-5227-4672

Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio. Todos los contenidos que se incluyen tales como características tipográficas y de diagramación, textos, gráficos, logotipos, iconos, imágenes, etc., son propiedad exclusiva del Fondo de Cultura Económica y están protegidos por las leyes mexicanas e internacionales del copyright o derecho de autor.

ISBN 978-607-16-6873-8 (ePub)ISBN 978-607-16-6442-6 (rústica)

Hecho en México - Made in Mexico

ÍNDICE

Portada

Portadilla

Legal

Presentación

Cuba-Estados Unidos. El todo por el todo

Cuba-Unión Soviética. El agravio

Epílogo. “No desenfundes si no piensas tirar”

Hongo atómico sobre Nagasaki tomado desde un B-29 a una altura de 18 km.Charles Levy, 9 de agosto de 1945. Biblioteca del Congreso, Washington, D. C.

PRESENTACIÓN1

Para Roberto Acosta, ingeniero cubano, y José Lungarzo, metalúrgico argentino.

Para Ezequiel Martínez Estrada, escritor argentino. Todos ellos en Cuba en octubre.

En memoria.

Hace 40 años, a fines de octubre de 1962, el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear. La Unión Soviética había instalado cohetes estratégicos en Cuba desde junio de 1962. Estados Unidos confirmó su presencia el 16 de octubre. El 22 de octubre el presidente John F. Kennedy lanzó un ultimátum: retirada inmediata o bombardeo, invasión y guerra. Era claro que esta guerra no podía ser sino con armas nucleares. El primer ministro soviético Nikita Jruschov cedió y, sin consultar a Cuba, desde el 25 de octubre hizo saber a Washington que se replegaría. Los cubanos se enteraron de esta decisión, que afectaba a su soberanía y a su territorio, apenas el 28 de octubre. Se abrió allí una segunda y grave crisis, no militar, sino política, entre Cuba y la Unión Soviética.

Esta serie de complejos acontecimientos en los que la destrucción nuclear planeó sobre el mundo es conocida bajo tres nombres: en Estados Unidos la llaman “la crisis de los misiles”; en Rusia, “la crisis del Caribe”; en Cuba, “la crisis de octubre”. Para Washington, el significado era la amenaza nuclear de los cohetes soviéticos sobre su territorio; para la Unión Soviética, era la extensión de sus bases militares hacia el Caribe, lejos de su territorio; para Cuba, era la defensa de la nación, de su independencia y de su territorio en un momento preciso de su historia, octubre de 1962, contra las agresiones que a partir de la invasión de Playa Girón (abril de 1961) en adelante se multiplicaban desde territorio de Estados Unidos y bajo la planeación y la cobertura de su gobierno. Los tres nombres, como suele suceder, no son caprichosos. Dice, cada uno, diferentes vivencias, sentidos e interpretaciones de un mismo acontecimiento.

Los días 11 y 12 de octubre de 2002 se realizó en La Habana la más reciente conferencia internacional sobre esta crisis bajo el nombre “La crisis de octubre: una visión política cuarenta años después”. Estuvieron presentes, a título personal, delegaciones de Estados Unidos, Rusia y Cuba. Protagonistas de primera línea de aquel entonces pudieron volver a dialogar, entre ellos Fidel Castro, presidente de Cuba; Robert McNamara, entonces secretario de Defensa de John F. Kennedy, y el general Anatoly Gribkov, entonces jefe de las fuerzas soviéticas estacionadas en Cuba. Se dieron a conocer documentos recientemente desclasificados y se cruzaron los testimonios y las reflexiones de quienes hacía 40 años se habían enfrentado como combatientes enemigos en un duelo militar al borde de la guerra y de la catástrofe nuclear. El respeto y el diálogo fueron la norma de las discusiones, cuyo interés histórico y político no es preciso subrayar. Enviado por La Jornada, tuve ocasión de presenciar, en pantalla y en vivo, como uno más de los varios cientos de espectadores reunidos en una sala contigua al salón de sesiones, el desarrollo íntegro de la conferencia.

“A la luz del relámpago: Cuba en octubre” es un testimonio de cuanto desde allí pudo verse, unido a la lectura de documentos hace poco desclasificados y de las actas de la conferencia precedente, realizada en La Habana en octubre de 1992.

* * *

1 Texto presentado en el Congreso Internacional “México, América Central y el Caribe durante la Guerra Fría”, Ciudad de México, 7-9 de noviembre de 2002. Las citas entre comillas o en cursivas son textuales y de cada una existe la fuente. El aparato de referencias y la bibliografía completos se encuentran en la edición de las memorias de dicho congreso, en Daniela Spenser (coord.), Espejos de la Guerra Fría: México, América Central y el Caribe, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/Secretaría de Relaciones Exteriores/Porrúa, México, 2004.

CUBA-ESTADOS UNIDOS EL TODO POR EL TODO

El 23 de octubre de 1962, a las 19:00 horas, John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, anunció a la nación y al mundo que, habiendo comprobado su gobierno la existencia de “armas estratégicas ofensivas” (misiles con carga nuclear) en la República de Cuba, instaladas secretamente por la Unión Soviética, denunciaba este hecho como una amenaza a “la paz y la seguridad” del continente americano y declaraba una cuarentena naval sobre la isla: primero, todo barco que se dirigiera a Cuba sería inspeccionado y obligado a retroceder si traía carga de “armas ofensivas”; segundo, se aumentaba la vigilancia sobre la isla y se reforzaba militarmente la base de Guantánamo; tercero, se declaraba la movilización y el estado de alerta de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Informado de que esa tarde el presidente Kennedy haría un anuncio de extrema importancia y en vista de grandes movimientos militares en el Caribe, el gobierno cubano se adelantó y, desde las 16:00 horas, declaró la movilización general y la alerta de guerra en toda Cuba. Un cronista de esos días lo contó de este modo:

“A las armas.” Un cartel rojo con un civil enarbolando una metralleta y sólo tres palabras en grandes letras blancas: “A las armas”, apareció cubriendo todas las calles de La Habana el martes 23 de octubre de 1962. Desde las 18:00 horas del día anterior, Cuba estaba en pie de guerra. Kennedy había lanzado la amenaza de invasión y Fidel Castro había llamado a la movilización general. El cartel —un color, tres palabras y un gesto— sintetizaba la reacción instantánea del pueblo cubano […]

Fue como si una larga tensión contenida se aflojara, como si todo el país como un solo cuerpo dijera: “¡Por fin!” La larga espera de la invasión, la guerra de nervios, los pequeños ataques, los desembarcos de espías, el bloqueo, todo eso estaba atrás. Ahora era la hora de la lucha y todo el mundo se lanzó a ella en cuerpo y alma.

“Alarma de combate” y “La nación en pie de guerra” fueron el 23 de octubre los dos titulares en grandes caracteres del periódico Revolución