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No hay definición para este libro, quizá por ello debas sumergirte en él sin ninguna duda. Pero sí hay paz en sus palabras, la calma de quien ha amado y sido amada. Hay conocimiento y razón y la madurez de quien ya ha vivido y aun así, aún le queda mucho por vivir. Hay pasión y libertad y gritos de cambio, de revolución y de justicia de quien ha mirado al orgullo a los ojos y le ha plantado cara a la muerte. Hay superación y alas, siempre alas. Porque sin la valentía de saltar al vacío no existiría la poesía y sin personas como Grela Bravo la poesía no sabría volar. Contiene un pequeño diccionario en el que la autora redefine términos con gran acierto: Nosotros pronombre personal 1. Gentilicio que denomina los habitantes de un lugar irremplazable. 2. Adjetivo referido a aquello extraordinario o único. Recordardel latín recordāri verbo transitivo/intransitivo 1. Tener la suerte de haberlo vivido A propósito… de forma parte de la colección Selección del Editor.
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Seitenzahl: 94
Veröffentlichungsjahr: 2020
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[A PROPÓSITO DE …]
GRELA BRAVO
SELECCIÓN
del editor
[A PROPÓSITO DE …]
© Graciela Bravo García
© Ilustración de portada: Pedro González
© de esta edición: Olé Libros, 2020
ISBN: 978-84-18208-30-0
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Arts. 270 y siguientes del Código Penal). Las solicitudes para la obtención de dicha autorización total o parcial deben dirigirse a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos).
KALOSINI, S. L.
Grupo editorial Olé Libros
www.olelibros.com
Es la imposibilidad de volar
lo que con más fuerza impulsará tus alas.
PRÓLOGO
Volando, así conocí yo a Grela antes de saber que era Grela. Un día un libro cayó en mis manos y noté el aire acariciar todo mi cuerpo como un niño que al sacar la mano por la ventanilla se imagina estar en cualquier otro lugar. Sus palabras me transportaron a recuerdos que creía haber olvidado, a momentos a los que pensé que nunca volvería por voluntad propia. Pero, por primera vez, aquel viaje no fue doloroso. Por primera vez, sentí curar mi pasado.
Grela se desliza con palabras dentro de tu pecho hasta no dejar un solo atisbo de infección y, en ese momento, no importa qué o quién te anude la garganta, ella se encarga de aportar oxígeno con cada letra.
No sabría cómo definir este libro, y creo que esa es razón suficiente para sumergirte en él.
Hay personas que una vez que llegan no desaparecen jamás y hay páginas que fotografían con tanta exactitud un sentimiento, que solo has de regresar a ellas para volver a sentir lo que sentiste la primera vez.
Hay paz en sus palabras, la calma de quien ha amado y sido amada. Hay conocimiento y razón, y la madurez de quien ya ha vivido y, aun así, todavía le queda mucho por vivir. Hay pasión y libertad y gritos de cambio, de revolución y de justicia de quien ha mirado al orgullo a los ojos y le ha plantado cara a la muerte. Hay superación y alas, siempre alas. Porque sin la valentía de saltar al vacío no existiría la poesía y sin personas como ella la poesía no sabría volar.
Si te sientes extraño, este es tu libro. Si sientes miedo, este es tu libro. Si estás pidiendo auxilio y nadie escucha, este es tu libro. Porque todos nos sentimos inexplicables en algún momento e, inexplicablemente a veces, la respuesta la tenemos justo delante. Solo hace falta abrir los ojos o, paradójicamente cuando se trata de un libro, basta con cerrarlos.
Así que, si me lo permites, te invito a que te dejes llevar, prepares café y te acomodes; la incisión está a una página de distancia y puede doler, pero al llegar a la última palabra de este libro, toda herida habrá curado.
Mónica Gae Madrid, verano de 2019
Ganas
locución adverbial coloquial
1. Unidad métrica para calcular la distancia entre dos puntos, así como el tiempo necesario para recorrerla.
Hace años que las piruetas del destino, o cómo quiera que se llame el azar de la vida, me han obligado a convivir con la distancia.
Y a esa circunstancia no escogida, a la que a la mayoría de nosotros nos enseñan a temer, le debo tanto.
Aprendí que son las ganas las que miden el tiempo y las distancias. Y que sí, se puede y se debe querer sin la necesidad de presencia.
La cercanía tiene muchas ventajas. Es maravillosa cuando somos conscientes de esa suerte. Y lo cierto es que no hay nada que alcance a suplir el timbre de una carcajada, el tono de la ironía y hasta el miedo entrecortado de una confesión.
Pero cuando no siempre tienes esa oportunidad, la ocasión te brinda otras suertes.
Aprender a observar tus sentimientos, a entender sus matices. A ser más generoso en el cuánto y el cómo quieres. A ensayar de veras y sin retorno amar incondicionalmente.
A celebrar en silencio. A recibir sin intercambio. A dar sin trueque.
Aprendes otras mil formas de mostrar una sonrisa. Agudizas todos los sentidos y hasta desarrollas nuevos para poder, oler, decir, mirar… abrazar.
Aprendes también todo lo que cabe en la soledad. Y el silencio con el que te topas te obliga a escuchar y escucharte. Aprender a hacerlo también. Y ese es otro viaje…
Querer de lejos. Querer aún más. Amar sin pertenecer. Amar sin pretender poseer. Amar de verdad, al fin y al cabo.
Y echar de menos.
Sí, extrañar. Es humano, es inevitable.
[… a propósito de distancias y maneras de amar]
Amistad
del latín amicitas
sustantivo/femenino
1. Pasaje secreto para cauterizar la vida.
La amistad es esa segunda piel en la que las heridas siempre cicatrizan.
Una especie de espejo en el que el paso de los años va limpiando nuestro reflejo, hasta hacerlo tan nítido que asomarnos es el más sincero de los abrazos.
Y el dolor ajeno se hace propio. Porque la amistad duele tanto como crece.
Con el tiempo el espejo brilla tanto que confunde y [nos] deslumbra. Porque el abrazo nos funde y envuelve. Como una segunda piel; gruesa, secreta, profunda… que nos trasciende.
La amistad es ese alivio que reverbera, en el que la voz no es necesaria para compartir certezas.
Una especie de pasaje secreto para cauterizar la vida.
[… a propósito de amistad y definiciones]
Palabras
sustantivo/femenino
1. Sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea.
2. Lugar que habitamos {y nos habita} aun sin pronunciarlas.
Dicen los que me conocen bien que tengo una extraña debilidad por las palabras.
Algo así como la pasión del coleccionista. Que busca con esmero piezas que admira, las recupera y guarda con tanto celo como cuidado, conocedor de su verdadero valor.
Una vez, una preciosa artista —que además tengo la suerte de contar como amiga— se refirió a mí como «adjetivadora de la realidad»… ¡Wow, menuda empresa!
Sí, es cierto. Me gustan. Las busco. Las aprehendo. Me interesan su etimología, su fonética, sus acepciones, su connotación y hasta su rima.
A veces las repito bajito, hasta desnudar de sentido su significante. Una de esas incomprensibles manías que conservo desde niña.
También lo es que desde que aprendí a combinar en sílabas la traducción de mis emociones, si acaso ideas, escribo. Con mejor o peor letra. Persiguiendo la utopía de inmortalizarlas tal vez.
Sin embargo, como un bucle sin fin y maldito, la vida nos deja caer vértigo abajo una y otra vez en la certeza de que hay cosas imposibles de narrar. Ninguna palabra lo cuenta. Y suelen ser, caprichos del destino, las que más importan, impactan y más adentro se quedan.
Por eso sigo escribiendo. Perseverando en la osadía de desafiar esa condena.
… y hasta para confesaros esto las necesito a ellas.
[… a propósito de colecciones y utopías]
Defecto
sustantivo/masculino
1. Oportunidad o momento propicio para mejorar algo.
2. Rasgo o distintivo que hace algo o alguien único.
Quienes esculpen la piedra saben que el defecto es la oportunidad de darle curva a un nuevo movimiento.
Porque hacen falta vacíos para que quepa el aire que respira y embellece la piedra tallada.
Y cada hueco se hace espacio.
Y cada imperfección, textura.
Y cada quiebre, gesto.
Y así la experiencia transforma el daño en expresión.
Y la vida en algo [también] bello.
Nuestros defectos tallan nuestras virtudes.
[… a propósito de golpes y materiales nobles]
Recordar
del latín recordāri
verbo transitivo/intransitivo
1. Tener la suerte de haberlo vivido.
Un par de dígitos bastan para que haga clic la máquina del tiempo.
Como una clave secreta sin secretos. Dejan de ser cifra, dejan de ordenar, de contar, de secuenciar… de sumar.
Se convierten en sonido. A veces en olor.
A veces en sal. A veces en bisturí.
Cuando el orden de los factores afecta, estás perdido. Y de esos laberintos nunca se regresa.
Si te atrapan es mejor que aprendas a vivir en ellos. Disfruta de sus sombras y recovecos. Del silencio también.
Y cuando oigas el eco de quien te llama desde fuera, no le digas «estoy aquí»… no te va a sacar, ni lo va a entender.
Paséalo.
Es una bonita manera de quedarte y volver.
Leo para vivir más. Escribo para morir menos.
[… a propósito de recuerdos y la suerte de haberlo vivido]
Dolor
del latín dolor-oris
sustantivo/masculino
1. Oportunidad de aprendizaje o crecimiento repetidas veces a lo largo de la vida.
Dice la OMS que el dolor es una experiencia sensorial y emocional subjetiva, desagradable, asociada a una lesión tisular o potencial.
Pero lo que a menudo olvida la Organización Mundial de la Salud también es la interpretación psicológica de las experiencias. Las estrategias emocionales de afrontamiento de estas.
Y todas las experiencias [no solo el dolor] son, por definición, subjetivas.
De modo que sí, efectivamente también esta es una oportunidad de reacción, de aprendizaje [y después, tal vez crecimiento] del sujeto. Pues incluso de la vivencia del dolor físico se puede aprender y desaprender.
Porque aprender es ser capaz de identificar y reconocer, de anticipar o prever, de resolver o responder, de reconducir y reformular. De cuestionar, dudar y permitir.
Y no hay mayor ocasión de convertir algo en significativo que la experiencia viva de este.
Créeme, de todas, esta es la acepción que mejor lo define y resume.
Porque sí, la piel [y su alma] también aprende.
[… a propósito de dolor y otras suertes]
Relativo
del latín relativus
adjetivo
1. Condición ineludible a la vida o verdad.
Una de esas grandes paradojas de la vida es tomar conciencia del valor del tiempo según pasa.
A pesar de nuestra ‘instrucción’ para disponernos en una relación lineal respecto a este, son muchas las ocasiones [o deberían] en las que nuestra percepción es tan subjetiva como elástica.
Todos hemos sentido alguna vez que en lo bueno el tiempo parece volar y en lo malo se enlentece. Por otra parte, nuestra perspectiva también se va alterando con la edad. No es lo mismo un año para un niño, para un adulto o para un anciano.
Lo es. Pero no nos lo parece.
Y tampoco es lo mismo un día de dolor, un día de estudio, un día de viaje, un día de parto, un día de sueño o un día de fiesta.
Lo es. Pero no nos lo parece.
En la cultura occidental parecemos programados a sentirnos eternos. Y en los sistemas capitalistas, eternamente productivos. A partir de esas dos grandes e insostenibles falacias, se suceden tantas decepciones… En una sociedad diseñada para consumir mucho y rápido, el tiempo libre se convierte en ese gran sinsentido si no está lleno de cosas.
Sin embargo, con el tiempo [cómo no] he aprendido que no hay mayor manera de ganar tiempo que ‘no hacer nada’ sin miedo a sentir perderlo. Ese sí es tiempo ganado. Porque se vuelve más que ningún otro: nuestro.
Y con el tiempo [también] he entendido que mi mayor propiedad es mi tiempo. Por eso valoro decidir cómo, cuándo y con quién lo gano o lo pierdo [y entonces gano siempre].
Valoro a quien lo comparte. A quien valora el mío. Valoro el que doy, el que recibo. Valoro cada instante como un pequeño infinito.
Y con el paso del tiempo el pulso se relaja… y la vida parece que se dilata. Y eso es todo.
Ni más, ni menos.
[… a propósito de tiempo y otras contradicciones]
Soledad
del latín solitas
sustantivo/femenino
1. Cualidad o privilegio que hay que saber transitar.
¿Es el miedo a estar solos un valor aprendido? ¿Un temor cultural tal vez…?
Yo siempre he creído que la soledad es una oportunidad. Una especie de suerte transitoria que hay que aprender a disfrutar.
Creo que es tan necesaria para nuestro desarrollo y equilibrio emocional como la compañía. Pero ambas deben ser escogidas en las ocasiones y dosis adecuadas. Ser honestas. Auténticas y conscientes.
