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Gil-Scott-Heron nació en Chicago en 1949. Además de ser un referente de la música global, género en el que brilló con luz propia, Scott-Heron fue muy influyente como cantante, pianista de jazz, poeta y novelista. Publicó en vida más de quince discos, y la carga política de los mismos lo llevó a tener miles de seguidores en todo el mundo. Su obra revela una filosofía de vida donde la escritura parte del afecto y el calor humano, y tiene sus pilares en la responsabilidad artística y política. Gil Scott-Heron dedicó más de treinta años de su vida a abrir los ojos, las mentes y las almas de las personas. Murió en 2011. "Aunque me hayas escuchado cantar o recitar alguna vez estas piezas, leerlos te ofrecerá una perspectiva nueva sobre algunas de mis ideas".
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Seitenzahl: 200
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Gil Scott-Heron nació en Chicago en 1949. Además de ser un referente de la música global, género en el que brilló con luz propia, Scott-Heron fue muy influyente como cantante, protorrapero, pianista de jazz, poeta, novelista y comentarista sociopolítico. Publicó en vida más de quince discos, y la carga política de los mismos lo llevó a tener miles de seguidores en todo el mundo. Su obra revela una filosofía de vida donde la escritura parte del afecto y el calor humano, y tiene sus pilares en la responsabilidad artística y política. Gil Scott-Heron dedicó más de treinta años de su vida a abrir los ojos, las mentes y las almas de las personas. Murió en 2011.
International (cc by-nc 4.0)
1.ª edición, mayo de 2023
ISBN: 978-84-19753-32-8D. L.: M-9324-2023
© Gil Scott-Heron 1990, 2000
Introduction copyright © Kae Tempest 2019“Published by arrangement with Canongate Books Ltd, 14 HighStreet, Edinburgh EH1 1TE”.
Título original: Now and Then
Publicado por primera vez en Reino Unido en 2000 por Payback Press. Partes de esta colección se publicaron originalmente en los Estados Unidos de América en 1990 con el título So Far, So Good en Third World Press.
de la edición española, arrebato libros, 2023c/ La Palma, 21. 28004, Madridwww.arrebatolibros.com · [email protected]
de la traducción, Ben Clark
Diseño gráfico: Alonso & Moutas + La Luz RojaCorrección: Carmen Menéndez
Este libro está compuesto con cuatro tipografías: Cooper Black, diseñada por Oswald Bruce Cooper en 1921; Feature, publicada por Commercial Type en 2020; Vulf Mono, diseño de James Edmondson para OHNO Type en 2016; y At Geodesic, lanzada por Arilla en octubre de 2022
Agradecimiento especial a Jorge Álvarez, llama de este fuego que tienes entre las manos.
Hecho en Malasaña – Madrid
Esta obra ha recibido una ayuda a la edición de la Comunidad de Madrid
Este libro está dedicado a mi crítica favorita, a quien fue una fuente constante de alegría e inspiración, a la persona a la que más me gustaría parecerme cuando sea mayor. Ella vivió y me enseñó a vivir hasta el día 1 de noviembre de 1999. Siempre te querré, mamá.
[Kae Tempest]
Hubo un tiempo en que me costaba considerarme poeta. Me parecía un título demasiado grandilocuente. Era una palabra sin alma. Algo muy serio. Gil Scott-Heron me recordó que la poesía es una cosa viva, una forma en movimiento, algo que conoce sus propios puntos débiles mientras aspira a crear conexiones.
Una cosa es escribir poemas y otra muy distinta es ponerse de pie frente a una multitud y lanzar esos poemas al espacio. En una carta de 2001 a su editor, Jamie Byng, Gil escribió: «A veces, mientras canto, llego a sentirme como un cómico, y también al principio, cuando salgo ante el público y me quedo allí, quieto, mientras alargo los brazos para intentar atrapar a la gente, para intentar sentir qué espíritus hay allí y dónde están, y por dónde necesito empezar para dominar esa sala… eso es más o menos lo que he aprendido que tengo que hacer: salir y sentir la sala… hay que alzarse frente al público, salir a enfrentarse a los espíritus malignos, convocarlos y subir la apuesta. Lo que quiero decir es que confío en mi propia luz lo suficiente como para situarme en el foco. Y así les demuestro que no estoy solo».
Ya no lo veo como un título grandilocuente. Lo veo más como una función social. Para mí, «poeta» describe una manera de estar en el mundo, una manera de comunicarnos a través de la alegría o de la tristeza con la verdad interior de los otros. Para mí un poeta es una persona que dice: «Confío en mi propia luz lo suficiente como para situarme en el foco. Y así les demuestro que no estoy solo».
Descubrí la existencia de Gil a los catorce años. Fue con la obra Pieces of a man [Pedazos de un hombre] y su capacidad de narrar historias me conmovió. Regresé a él a los diecinueve, y entonces lo que me llamó la atención fue su mensaje político. Leí The Vulture [El buitre] en la veintena y me pareció encontrarme ante un escritor que estaba desesperado por dominar su entorno, que quería dejar su huella en todas las cosas. Cada vez que he regresado a él, he vuelto a conectar con su empeño por contar la verdad.
Escribo esto a principios de 2019; a nuestro alrededor se erige un mundo raro y los poetas hablan desde todos los puntos del globo. La gente los escucha en YouTube o en SoundCloud, se les oye en las calles, en los teatros o en los garitos por la noche. Salen a leer sin acompañamiento o recitan por encima de ritmos y sonidos instrumentales, por encima de golpes de baqueta, por encima de trompetas con sordina o melodías de piano puestas en bucle; nuestra cultura rebosa con las palabras de poetas jóvenes y poetas ancianos que intentan encontrar el sentido de las cosas, que intentan atrapar momentos, que intentan agarrarse a los bordes de su propia existencia para auparse, para aupar a toda su tribu. Es posible sentir aquí la silueta de Gil, persiguiendo los límites, convocando a los espíritus al principio del espectáculo.
Él lo hizo entonces para que nosotros lo pudiéramos hacer ahora. Hagámoslo por él.
Kae Tempest
Febrero de 2019
[Nota del autor]
La vida, inevitablemente, se traduce en tiempo. Por eso la suma de toda tu vida es «el tiempo que te toca». La libertad es poder pasar el tiempo como a uno le venga en gana. Siempre he querido que el tiempo invertido en mis ideas fuera un tiempo bien empleado, quiero darle al lector algo que valga la pena a cambio del tiempo invertido en mí. Es importante que mis ideas se entiendan. Sin embargo, no es importante que se me entienda a mí. Es una cuestión de respeto; tu bien más preciado es tu tiempo y tu decisión de invertir una porción de él en reflexionar sobre mis ideas bien vale un esfuerzo grande por mi parte para transmitir la esencia de esa idea. Si estás buscando, quiero asegurarme de que aquí haya algo que puedas encontrar.
De cara al público, la vida útil de un artista se parece a la de un atleta –unos cinco años, más o menos–. De los miles de personas que se consideran candidatas a ser visibles y merecer la atención del público, muy pocas llegan a lograrlo. Por obra y gracia de los espíritus, yo he recibido la bendición de la atención del público durante casi seis vidas útiles de artista: mis canciones se han escuchado en todos los continentes y mis poemas se han leído en todos los países donde la gente tiene acceso a libros y a discos. ¿De qué podría quejarme?
Esta es una colección que se solapa. Contiene, necesariamente, un número de poemas que aparecieron en So Far, So Good [Todo bien, por ahora] y unos cuantos de Small Talk at 125th and Lenox [Conversaciones ligeras en la calle 125 con Lenox]. Digo «necesariamente» porque los incluyo para satisfacer las peticiones de personas que solicitaron las letras de los discos, y con esta petición como excusa he podido incluir varios poemas que sentía que valían la pena y que no se habían grabado. Aunque me hayas escuchado cantar o recitar alguna vez estas piezas, leerlos puede ofrecerte una perspectiva nueva sobre algunas de mis ideas.
¿Acaso no crees que el rap es un estilo nuevo?
No. Más bien te diría que la gente lleva rapeando un buen tiempo.
Y eso nos trae a la cuestión de por qué soy reacio a aceptar el título de Padrino del Rap. Parece que nuestra comunidad siente la necesidad de contar con una figura que cumpla con el mismo papel que tenía el griot a la hora de hablar de su cronología histórica: la comunidad necesita una manera de identificar y clasificar eventos dentro de la cultura negra que fueron influyentes dentro de la historia y que siguen siendo relevantes. En baloncesto, por ejemplo, Michael Jordan sería el primer Skywalker siempre y cuando no hubieras visto a David Thompson. El Dr. J. sería el único Capitán General que podía agarrar rebotes como un pívot, llevar la pelota desde el fondo de la pista como un escolta y hacer mates como ninguno –salvo que hubieras visto a Connie Hawkins–. Lo que quiero decir con esto es que hubo poetas antes que yo que influyeron de manera importante en el uso del lenguaje y en la manera en que se representaba sobre los escenarios y se grababa: Oscar Brown Jr., Melvin Van Peebles y Amiri Baraka (también conocido como LeRoi Jones) fueron todos poetas publicados cuyo trabajo recibió una gran admiración. Publicaron poemas, obras de teatro, canciones y tuvieron éxito en muchas otras disciplinas artísticas cuando yo no era más que un chaval buscando ritmos sobre la pista de baloncesto. Si uno escucha los discos de The Last Poets (me refiero a los dos grupos que se llamaron así) y atiende a sus voces impulsadas por la percusión, encontrará motivos de sobra para negarme el título de Padrino. Si hubo alguna iniciativa por mi parte de la que pueda sentirme responsable, quizá fue incluir música en ciertos poemas míos; progresiones completas y hooks que hacían que se parecieran más a canciones que a simples textos recitados acompañados de percusión. Creo que lo hice atendiendo a mi formación como pianista, a los años que pasé como pianista antes de intentar escribir canciones o poemas que pudieran ser leídos sobre música.
Los periodistas y los críticos analizaron las características de esas piezas, sobre todo las más tempranas, y llegaron a conclusiones sobre el uso de la métrica y de los ritmos en los poemas, pero también vieron en ellas una filosofía. Y, como había elementos políticos en algunos temas, le colocaron a nuestro trabajo las etiquetas políticas que más les convenían. Etiquetas que, todavía hoy, dejan ver entre líneas su desaprobación. En las reseñas aparecían palabras como «radical», «militante» y «alborotador» como si fueran malas hierbas en un jardín de rosas. Al principio, esas palabras nos parecían divertidas porque no teníamos ni idea de que eran terminales. Se las atribuíamos a idiotas que trabajaban bajo la presión del cierre de la edición, idiotas que no se fijaban en las palabras y que no hacían otra cosa que reaccionar a los sonidos de tambor que evocaban en ellos la calle y la revolución, y, en la mente de muchos periodistas de finales de los 60, la revolución conducía al fin del mundo.
Entonces, si no es exactamente rap, y no es alborotar de manera radical y militante, ¿qué es? Basándose en las contribuciones que hicieron Ron Carter y Hubert Laws a Pieces of a Man, así como la base que creó Bob Thiele –el dueño y productor del sello discográfico The Flying Dutchman– en calidad de productor de jazz, Brian Jackson y yo fuimos considerados artistas del jazz. Desde luego, no nos etiquetaron así por culpa del trabajo del guitarrista Bert Jones o del batería Bernard Purdie, y no creo que fuera por «La revolución no será televisada» o «Salven a los niños».
No me sentía cómodo con la etiqueta jazz porque eso asociaba mi trabajo como compositor de canciones y como pianista al de Duke Ellington y Miles Davis y Dolphy y Coltrane y… Se entiende, ¿no? Desde mi punto de vista, lo único que me acercaba remotamente a ellos era mi canción «Lady Day y John Coltrane», un blues de ritmo rápido que homenajeaba a dos de mis músicos favoritos. Según ese razonamiento, si uno compone un himno debería ir directo al cielo.
Así pues, ¿qué nos quedaba? ¿Ser alborotadores militantes radicales? Eso describe muchas cosas sin que llegue a insinuar, ni remotamente, que puede haber un pianista en la sala. Apenas dedicaban en las reseñas una palabra, si acaso, a «Creo que lo llamaré la mañana», «Salven a los niños» o «Llámala».
Debo confesar, también, que algunas de mis ideas poéticas no han sido mías. Casi nunca escribí letras para las melodías que componía Brian Jackson sin que el propio Brian me apuntara en la dirección correcta. También hubo momentos en los que, en medio de una canción, me tropezaba con escollos difíciles de resolver, y manos amigas me proporcionaron entonces versos que completaron estrofas o resolvieron puentes: las manos de los espíritus. Las letras eran bendiciones. Se convirtieron, pues, en canciones espirituales para mí.
He sido bendecido porque he tenido la oportunidad de hacer algo que me gusta y que esto guste también a otras personas. Muchas de mis ideas favoritas están aquí. Mostrar interés por ellas es muy amable por tu parte. Espero que las disfrutes tanto como yo he disfrutado al ordenarlas para compartirlas aquí. Espero que disfrutes de estas cosas que he aprendido por el camino. Son las cosas más valiosas que tengo.
Representan horas de concentración
Y segundos de espiritual inspiración
Con la mayoría de la belleza vista
Y lo aprendido de lo que ella significa
Para ser elevado por «los espíritus» y tocado por dentro
Hasta un lugar donde pueda sonreír por dentro «a veces»
Gil Scott-Heron
3 de noviembre de 1998
[Nota del autor]
No sé cuántas veces me han preguntado cómo llamo a mi música, o cuántas respuestas chistosas se me han ocurrido a la pregunta. Podría decir: «La llamo a cobro revertido», o quizá contestaría: «La llamo mía».
En distintos momentos, como colectivo, hemos llamado a esto que hacemos música de medianoche, música del Tercer Mundo y bluesología. Buscando una definición seria lo he llamado música Negra o música Negra Americana. Porque los Negros Americanos somos hoy una esencia increíblemente diversa de todos los lugares de los que hemos venido y las músicas y los ritmos que hemos traído con nosotros. Y nuestra forma de rendir tributo y de mostrar nuestro respeto ha sido incluir todas las facetas de nuestra comunidad en nuestra música.
¿Pero a qué llamamos reggae, blues, soukous, jazz, salsa, cantos y poesía?
Para mí son regalos que he podido compartir. Me gustaría poder decir que soy la fuente de las melodías e ideas que han surgido en mí, pero esa es precisamente la cuestión. Muchas de las formas, los sonidos y los conceptos me han llegado de un lugar que no puedo localizar: son notas y acordes que nunca aprendí, pensamientos e imágenes que nunca he visto, y todo ello se presenta ante mí con la claridad de un cielo límpido, sin nubes ni brumas ni humo. De pronto. Por arte de magia. Entregado a mí sin apenas esfuerzo.
Mis bendiciones no han sido solamente palabras y notas. No solo arte. Mi vida ha sido bendecida. Con la alegría de mis hijos y con la fuerza de mi familia y con la oportunidad de compartir algo de gran valor que ha generado en un buen número de personas tanto orgullo como placer.
Han sido regalos de estos Espíritus, de modo que quizá podríamos llamar a los poemas y canciones que siguen «espirituales».
No dejéis nunca a los espíritus morir.
Gil Scott-Heron
Noviembre 1993 (de las notas del álbum Spirits)
I want to make this a special tribute
since I am a primary tributary and
a contributary, as it were,
to a family that contradicts the concepts,
heard the rules but wouldn’t accept,
and womenfolk raised me and I was full grown
before I knew I came from a broken home.
Oh yeah!
Sent to live with my Grandma down south
[wonder why they call it down if the world is round]
where my uncle was leavin’
and my grandfather had just left for heaven, they said,
and as every ologist would certainly note
I had NO STRONG MALE FIGURE! RIGHT?
But Lily Scott was absolutely not
your mail order, room service, typecast Black grandmother.
On tiptoe she might have been five foot two
and in an overcoat 110 pounds, light
and light skin ’cause she was half-white
from Alabama and Georgia and Florida
and Africa.
Lily Scott claimed to have gone as far as the 3rd grade
in school herself,
put four Scotts through college
with her husband going blind.
[God rest his soul. A good man, Bob Scott]
And I’ m talkin’ ’bout work!
Lily worked through them teens
and them twenties
and them thirties and forties
and put four, all four of hers,
through college
and pulled and pushed and coaxed
folks all around her through and over other things.
I was moved in with her.
Temporarily.
Just until things was patched.
’Til this was patched
and ’til that was patched.
Until I became at
3,4,5,6,7,8,9 and 10
the patch
that held Lily Scott
who held me
and like them four
I became one more.
And I loved her from the absolute marrow of my bones
and we was holding on.
I come from a broken home.
She could take hers and outdo yours
or take yours and outdo hers.
She may not have been in a class by herself
but it sho’ didn’t take long to call the roll.
She had more than the five senses
knew more than books could teach
and raised everyone she touched just a little bit higher.
Common sense became uncommon
and you could sense that she had it.
And all around her
there was a natural sense,
as though she sensed
what the stars say
what the birds say
what the wind and the clouds say
a sense of soul and self,
that African sense.
‘And work like you’re building
something of your own,’ she’d say.
Full time. Over time. All the time.
No nonsense.
And she raised me like she raised four of her own
who were like her
in a good many good ways.
Which showed up in my mother
who was truly her mother’s daughter
and still her own person.
And I was hurt and scared and shocked
when Lily Scott left suddenly one night,
and they sent a limousine from heaven
to take her to God if there is one.
So I knew she had gone.
And I came from a broken home.
So on the streets of New York
the family, me and my mother,
moved on through my teens
where all the ologists’
hypothetical theoretical
analytical hypocritical
will not be able to factor
why I failed to commit
the obligatory robbery, burglary,
murder or rape.
Nor know that I was
fighting my way out of the ghetto.
But I lived in the projects without becoming one,
shot jumpers in the park
instead of people,
went to a school that
informed instead of reformed
read books without getting booked
and had a couple of jobs
to help with the surgery on my broken home.
And so my life has been guided
and all the love I needed was provided
and through my mother’s sacrifices I saw where her life went
to give more than birth to me, but life to me.
And this ain’t one of them clichés
about Black women being strong
’cause hell! If you’re weak, you’re gone!
But life courage, determined to do more than just survive.
Say what? Of course she had a choice:
Don’t do it! Work.
Raining cold mornings, dirty streets
and dirty Goddamn people
worrying her way up rickety-ass stairs
working for Welfare…
I’m sorry if I’m drifting on
but this is all I know about a broken home:
And she sings better than I do
and I listen to her and B.B. manhandle Händel. [Joke]
And hey amigo!
17th and 8th in the park.
13th and 9th in the dark:
congas, cowbells, bongoes and salsa,
beer cans, Ripple and good herbs.
Willie Bobo, Eddie Palmieri, Ray Barretto
and the Mayor of my neighborhood
long before he covered ‘The Bottle,’ Joe Bataan.
Mi madre estudia in
La Universidad de San Juan
y vivia en San Turce
y mi madre vivia en Barranquitas.
Yeah. Raised by women,
but they were not alone
because the chain of truth was not broken
in Bob Scott’s home.
And my mother’s name is Bob, Robert,
Bobbie Scott-Heron
and saying thank you, I love you ain’t enough.
My life has been balanced on that razor’s edge
[ of God’s rolling dice
and it seemed as though they had a job for me to do:
Because the Rambler got totalled in Avondale and
Geoffrey’s Ford four o’clock soloing
through a D.C. slalom when the brakes locked
steel and wheels à la lamppost.
Good morning!
And the white preacher, Reverend Cockcroft,
who grabbed me when I treaded on the bottom
[ of Lake Kiamesha.
And I am small remembering how
she showed me more caring and sharing than I deserved;
more courage and daring than I have.
The ONLY ONE who has ALWAYS been on my side.
And too many homes have a missing woman or man
without the feeling of missing love.
Maybe there are homes that are hurt,
but there are no REAL LIVES that hurt will not reach.
But not broken.
Unless the homes of soldiers stationed overseas
or lost in battles are broken.
Unless the homes of firemen, policemen,
[ construction workers,
seamen, railroad men, truckers, pilots who lost their lives,
[ …
but not what their lives stood for.
Because men die, lose, are lost and leave.
And so do women.
I come from WHAT THEY CALLED A BROKEN HOME,
but if they had ever really called at our house
they would have known how wrong they were.
We were working on our lives
and our homes and dealing with what we had,
not what we didn’t have.
My life has been guided by women
but because of them I am a Man.
God bless you, Mama. And thank you.
Space was the place
where at least we thought our dreams were safe;
where yesterdays of youth and innocence and grace
floated somewhere high above the planet’s face.
Ah, but the distance has been erased
’cause Uncle Sam is on the case.
E.T. is joining the Arms Race!
They’re up there building some kinda military base.
Rocketing through the atmosphere,
sliding into second gear
while miles below the people cheer
the New Invaders on the New Frontier.
… but there are also those who do not cheer.
The gravity of their lives appears
and in their eyes flash frozen fears
while rocket sounds are all they hear.
Space Shuttle/raising hell down on the ground!
Space Shuttle/turning the seasons upside down.
Space Shuttle/and all the hungry people know
all change sho’ ’nuff ain’t progress when you’re poor.
No matter what man goes looking for
he always seems to find a war.
As soon as dreams of peace are felt
the war is raging somewhere else.
We must have somehow been disarmed
or lost our heads over false alarms;
underwhelmed and over charmed,
watching the storm clouds from afar.
Exploration, proliferation,
spending more while pockets fill.
Assessments of our investments
drive us on to overkill.
Practice looks of great surprise
as the Captain Kirk of ‘Free Enterprise’.
Wall Street says ‘Let’s play Defense!’
and ‘Dollar bills make damn good sense!’
Hail to the new Protectionism!
Let’s bring on the new age of Humanism.
We can put the cap on Capitalism!
We’ve got a giant, mechanical Ray-gunism!
Space Shuttle/raising hell down on the ground!
Space Shuttle/turning the seasons upside down.
Space Shuttle/and all the hungry people know
all change sho’ ’nuff ain’t progress when you’re poor.
No matter what man goes looking for
he always seems to find a war.
As soon as dreams of peace are felt
the war is raging somewhere else.
Space was the rage
so Hollyweird took center stage
and together we wondered whether
we would ever get over the weather.
Things started happening that seemed so strange,
like the whole jet stream is being rearranged:
There was a clear day in L.A.,
a foot of snow in Tampa Bay.
The space shuttle no sooner goes up
than we watch while the weather man goes nuts.
Tornados and hurricanes,
dead rivers and Acid Rain,
volcanoes ages dead
