Acaramelada espina - Filadelfiat - E-Book

Acaramelada espina E-Book

Filadelfiat

0,0

Beschreibung

Isi sabía que la vida no era fácil. El divorcio de sus padres y el acoso escolar le habían marcado, había crecido como una persona fuerte y reservada, con un carácter espinoso. En su última relación, había lastimado a la persona que realmente la amaba y ahora estaba decidida a cambiar. Antes de emprender su viaje soñado, asistió a un baile, donde conoció a un chico con el cual hubo una conexión que nunca había sentido. El destino los unió en el mismo camino. En Verona, Alejandro, el chico del baile, decidió conquistarla. Pero Isi se mostraba reacia. Su pasado le había hecho desconfiar del amor y él tendría que demostrarle que era diferente. Isi tendría que aprender a amar de verdad y Alejandro tendría que esforzarse para ganarse su confianza. ¿Logrará Alejandro conquistar el corazón de Isi? Corazones rotos, amistades sanadoras, una desilusión y un viaje que cambió la vida de Isi.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 345

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Filadelfiat

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-140-8

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

.

Filadelfiat

Conocerte a ti misma es lo más difícil. Pasas de odiarte como si fueras un verdadero monstruo, te autodestruyes, hasta que aprendes a amar quién eres. Y renaces de nuevo.

Para todos los que se están conociendo a sí mismos.

Prólogo

Las decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas, en muchas ocasiones son las causantes de nuestros malos ratos y está claro que yo soy un vivo ejemplo de ello. A mi corta edad estoy cansada de mi realidad, cansada de la situación que yo misma cree, no era el momento para arrepentirme, pero ya estaba harta de lo que era. Me equivoqué está claro, pero lo lamentaba y merecía un descanso. 

—No me confundas más —dice Tomás con sus ojos a punto de soltar una lágrima en su bello rostro.  El pecho se me comprimió al observarlo, no merecería nada de esto y odiaba la situación—. Te amo.

—No me amas, si me amaras no serías egoísta —El amor es egoísta, quise decirle, pero para ocultar el mal momento simplemente me callé. Sus palabras me rompieron el corazón, pero yo ya le había roto el suyo. En estos momentos ambos estábamos siendo la grieta del otro, pero seguía creyendo que ambos podíamos reconstruirnos juntos. Sin pensarlo un segundo y no midiendo mis actos, me acerqué rápidamente y lo besé con efusividad. En el momento que respondió a mi beso, supe que nada estaba perdido y que tenía una oportunidad.

Capítulo 1

Bueno, antes de que esperes tanto de mí, conóceme. Mi nombre es Isidora, Isi para mis amigos. Actualmente tengo 15 años, soy géminis, uno de los signos más amados ja, ja y me encanta andar en bicicleta. A diferencia de otras chicas de mi edad, yo no me maquillo y tampoco me preocupo de mi outfit, colocándose muy guapa para ciertos días. No soy así. Soy más práctica. Al menos eso pensaba cuando era tan joven. Durante la básica mis padres se separaron y sentí como todo mi mundo perdía sentido. Lloraba por las noches en mi habitación mientras todos dormían. Nos mudamos a la casa de mis abuelos, ahí también vivía mi tía Susana. Ella era como mi hermana mayor. Me hacía sentir que era capaz de lograr cualquier cosa. Lo malo es que en el colegio esa frase quedaba sepultada. Ya que una sola persona lograba que mi existencia se viera como que no existiera. Paloma era una chica conflictiva. Ya daré más detalles más adelante. Pasaban los años y aún no le contaba a nadie qué era lo que me sucedía. Cada vez que quería contarlo mi garganta se apretaba y mis lagrimas no brotaban, estaban estancadas. En todo este proceso de mierda emocional que estaba viviendo me enteré de que le gustaba a un niño, pobrecito, pues yo no creía en el amor. Menos cuando mis papás me demostraban que el amor te dañaba. Te gritaba, te hacía sentir menos y que cada sonrisa por esa persona se transformaba en decepción. Aunque eso no quiere decir que descuidara mis estudios, al contrario, los estudios era un pilar donde yo sentía que estaba segura. Me quedaba a talleres de matemáticas y de lenguaje. Tratando de mantener mi mente ocupada. Un día en el taller de lenguaje me quedé escribiendo un poema en la sala. Esa tranquilidad de estar sola, que nadie te moleste. Bueno, hasta que llegó él. Un chico de cabello café, ojos negros, piel morena y alto para algunas chicas, no para mí. Él se acercó con valentía y me entregó una carta con una flor arrancada del jardín de la escuela. Con mis manos recibí de mala manera la carta y comencé a leerla. Si resumo lo escrito, decía que era el motivo del cual iba al colegio, decía que mi belleza era hipnotizante y que me veía más hermosa que las flores. Todo un poeta el chico. Al final de la carta decía «Me gustas, no sabes cuánto. Me gustaría que fueras mi polola», él me miraba con satisfacción. Pero en un segundo cambió su expresión al yo reírme mirando la carta.

—Ni en tus sueños. Aaah, y me faltó decirte algo más especial, vete a la MIERDA. Porque ahí perteneces.

Antes de salir de la sala en pleno recreo, rompí la carta y pisé la flor mientras él se quedaba mirándome con sus ojos acuosos a punto de llorar, pero se aguantó. Mientras que yo solo quería patear cada puerta que se topara con mi simple presencia. Sí, ya lo sé, fui una idiota. No porque yo estuviera en el infierno en vida tenía que comportarme como una imbécil con alguien que no se lo merecía. Tenía mucha furia interna. Ganas de golpear a todos, bueno, a una persona en especial. Esa malcriada detestable que me hacia la vida imposible. Y tenía ganas de gritarles a mis padres. Los detestaba. No amaba a nadie.

Como cada día pasaba por el puente que tiene las vías donde pasa el tren. Me acerqué y miré las líneas.  Tablas antiguas de madera y rieles bastante gastados. Si me acerco solo un poco ¿me dolería?, no. Te morirías al instante. Capaz que caería en la calle de abajo. Me acerqué más. Y ahí venía el tren. Son solo dos pasos y se acaba todo. Todo el dolor y sufrimiento. Cuando iba a dar los pasos se me vinieron recuerdos con mi familia. Mi abuela riéndose porque yo me mojaba en un río, mi tata levantándome para que subiera al techo, correr con mi tía para que no me hiciera cosquillas, mi mamá abrazándome, porque me había asustado ver una araña en el patio, mi papá elevándome en sus brazos y cuando aprendí a andar en bicicleta sintiendo el aire pasar por mi rostro a los seis años. Se me hizo un nudo en el estómago. Lo cual fue tan doloroso que mi rostro soltó una lagrima deslizándose por mi rostro lentamente. Observé mis pies. Pasó el tren. Esperé, cuando ya había pasado comencé a caminar hacia la casa de mis abuelos. Me imaginaba que si me hubiera matado como hubieran estado mi familia llorando por mí. Estarían muy tristes. Mencionaba mi conciencia.

Cada vez se me hacía más difícil de ocultar el infierno que estaba viviendo. Tenía miedo de que todo jodiera, miedo a sentirme peor de lo que ya me sentía. Era débil, no sabía defenderme, casi ni hablaba. Mi opinión siempre causaba problemas. Y callarse era lo que consideraba mejor en ese momento.  Sin embargo, las mentiras tienen una vida corta. Un día, después del colegio, como siempre me dirigí a mi casa. Quedaba como a 3 cuadras, cerca. Saludé a mi abuela Claveles y a mi tía Susana. Pero esta última al abrazarme me miró mi pelo con cara de horror y después con cara de furia. Yo instintivamente puse cara de pánico.

—¿Qué pasa tía? —mencioné abrumada. Ella seguía en silencio—. Tía —repetí.—¿Isidora que te pasó en el pelo? —Qué iba a saber yo.

—Nada que yo sepa —respondí evitando mirarle a sus ojos. Ya que su mirada me leía mis gestos.

Respuesta equivocada.

—¡¿Cómo que nada?! —gritó levantándome el pelo.

—¿Qué quieres decir?

—Tienes un chicle pegado en el pelo, mira —Acercándome mi pelo largo para que pudiera verlo—. ¿Quién lo hizo?

Yo ya sabía la respuesta, Paloma, pero no quería decirlo. Mi tía me observaba cada gesto, hasta que decidió acusarme.

—Mamá, la Isidora tiene un chicle en el pelo —Bien hecho, a mi abuela se me dificultaba mentirle—. ¡¿Qué?! —Se acercó a nosotras rápidamente.

—Así es, mamá, a la Isidora le pusieron un chicle y no quiere decirme quien fue.

Mi abuela me observó el pelo.

—Vamos a tener que cortarlo, está completamente pegado —Empecé a sentirme frágil, me temblaban los labios, mi garganta estaba apretada, me dolía todo mi cuerpo. Mi respiración se entrecortaba. Empecé a taparme el rostro con mis manos. Mi lindo cabello—. Cariño, confía en nosotras.

—Isi, sabes que puedes contarnos lo que sea, estamos para ayudarte y apoyarte en lo que tu necesites —me dijo mi tía de forma más calmada. Con esas palabras ya no pude soportar y las lágrimas escaparon de mis ojos. Apreté mis manos formando puños—. Lo sientooo —logré decir casi tirándome al suelo.

—¿Por qué te disculpas, mi niña? —dijo mi abuela con una voz dulce que me rompía el corazón en pedazos.

—Les mentí.

—¿En qué nos mentiste, Isi?

—Paloma me colocó este chicle en el pelo, me hace la vida imposible y ya no lo soporto más —Con mi mano secaba las lágrimas que no paraban de descender por mi rostro—. Llegué hasta tal punto de pensar en suicidarme en el tren que está cerca del colegio, me… quedé mirándolo estuve a punto de colocarme frente a este per… pero me acordé de ustedes.

—¿Por qué te acordaste de nosotros?

—Porque los amo, amo a mi familia. Y sé que hubiera sido difícil par... para ustedes haberse enterado de que su nieta, su hija, su prima y su sobrina había muerto. Me imaginé sus llantos y su dolor. Y por eso no me maté —dije mientras seguía llorando—. Mi niña, te amamos y siempre debes contarnos cuando tengas un problema que no sepas manejar —dijo mi abuela reprimiendo el tener que llorar frente a mí.

—Somos tu familia, somos un pilar de apoyo para que no te caigas y si te caes, también te podemos ayudar a levantarte y hacer de ti un pilar fuerte.

—Gracias —Me abrazaron ambas y ahí mi tía lloró junto a mi abuela y por supuesto junto a mí. Luego tomé la decisión de contarle a mi mamá. Ella pasaba llena de trabajo. Es profesora de diseño de vestuario—. Hola, mamá.

—Hola, tesoro. ¿Cómo te ha ido en el colegio? —Auch, eso dolió. Cállate.

—Mal.

—¿Te has sacado malas notas? ¿Necesitas mi ayuda?

—No, mamá, tengo las mejores notas del curso —Tomé aire—. Tengo que contarte algo muy importante, así que por favor no me interrumpas, porque me es difícil decirte esto.

—Ya, hija, dime —Mirándome expectante. Se me hacia un nudo en la garganta y sentía que me asfixiaba en vida—. Me hacen bullying —Se quedó callada, bajó un poco la cabeza y empezaron a brotar lágrimas.

—Hija, ya lo sabía, hace unos minutos tu tía me contó. Yo no le creía, ¿Cómo mi hija sufría de bullying? Esta niña dulce, amable y sonriente.

—Pues a esta dulzura le tiran el pelo cuando sale a recreo —Con furia y tristeza—. La empujan en la entrada al casino, le gritan estupideces, le roban sus cosas y le pegan chicle en el pelo—. Y le mostré el chicle—. Hija, ahora mismo voy a llamar a la directora del colegio.

—Bueno.

—Pero te vamos a tener que cortar el pelo ¿te parece bien?

—Sí, mamá —Era lo único que se podía hacer en esta situación. Mi mamá buscó las grandes tijeras que guarda mi abuelita. Me senté en un piso negro, mi tía me colocó una bolsa alrededor de mi cuello—. Ahora voy a cortar —Asentí. Cerré los ojos apenada. Y eso ocurrió, mi hermoso pelo de más de 70 cm de largo quedó en 40 cm. Mi hermoso cabello de años. Largo y sedoso, ahora estaba corto y rígido. 

Pasó una semana de eso. Pero no tenía idea del favor que me estaba haciendo Paloma. La chica que me hacía bullying. Me cambié de colegio. Yo lo elegí. Quedaba cerca de la casa, pero un poco más lejos. El colegio se llamaba Elián. El nombre del colegio era personalidad y fuerza. No es para menos, el nombre era de un personaje griego, que representa la luz del sol. Brillante y luminoso es su significado. No me fue difícil adaptarme, si bien era más exigente, también era divertido y sin molestias. Mi primer día de clase fue, como decirlo, me aterraba la idea. Mis manos sudaban, avancé cabizbaja y solo me dediqué a pasar inadvertida. Aunque me hice amigas ese mismo día. La primera se llamaba Trinidad, ella era un poco más alta que yo, piel media clara, ojos cafés, con su cabello café oscuro y unas pestañas largas. La segunda se llamaba Julieta y a ella sin conocerla la percibí divertida y lo era. Ella era del mismo porte mío, tenía el cabello café, ojos cafés claro y su piel era clara. La tercera y última era Isabella, una chica tímida a morir, no hablaba casi nada, pero con ella me sentía en un hogar. Alta con el cabello largo, café oscuro, ojos cafés, piel pálida y desde ese momento sabía que seríamos mejores amigas. Y finalmente, yo, como dice mi mamá, uno también tiene que ser su mejor amiga. Soy bajita por eso cuando formamos fila voy de las primeras. Mi cabello es corto y es café oscuro, mis ojos casi del color de las aceitunas. Me sorprendí al encontrarme con un compañero del antiguo colegio de mierda que fui alguna vez. Se llama Tomás, es alto, mucho más alto que yo, muy delgado, ojos cafés y juega a la pelota. Y no ha cambiado, apenas pasó un mes y quebró las ventanas del colegio, debido a que estaba jugando con la pelota en la sala con sus amigos Mario, Benjamín y Maximiliano. Obvio, los castigaron haciendo limpieza comunitaria de la sala.

Capítulo 2

Pasaron los años como días. Ya tenía 17 años y seguía siendo la más bajita del curso. A esa edad a uno suele preocuparle su estatura, cuerpo y hasta como te vistes. Algo que claramente lo coloca la sociedad. Eso lo aprendí mucho después. Todos los días me iba en colectivo al colegio y no me molestaba. Pero saqué esa faceta de ahorro de mi papá y como él me daba cada semana 5000 para el pasaje, pensé en... y ¿por qué no quedármelo? Buena idea, ¿verdad? Toda una administradora en sus gastos. Tenía una bicicleta, a esta le llamaba el tornado, era rápida y tenía muchos cambios de velocidad. Me creía como si fuera de rápidos y furiosos. Se me ocurrió ir al colegio todos los días en bicicleta. Les comenté de mi idea a mis papás, obvio fue por separado, había que hacerlo con estrategia. Y así logré que ambos lo aceptaran. Pero siempre me decían que tuviera cuidado en el recorrido. Ya llevaba semanas de ir y venir en bici del colegio a mi casa. Y ese día, al llegar al colegio, unas chicas murmuraban, otra la miraba y le confirmaba. ¿Qué le confirmaba? Al ver a Julieta le pregunté.

—¿Qué pasa allá? —Mirando de soslayo.

—¿No te enteraste? —Abriendo mucho los ojos.

—No… ¿De qué? —susurrándole. 

—Les llegó la menstruación.

—Aaah, ¿y por eso tanto alboroto?

—Pues sí, ya son mujeres, ya pueden tener hasta hijos si no se cuidan. Y ahora es cuando sus hormonas se vuelven locas.

—Ooooh.

—Y a ti ¿no te ha llegado?

—No, pero ya me llegará. Hasta los 18 es normal, así que a esperar nomás. Y tú igual.

—Sí, aunque no quiero que me llegué por ahora. Así seguimos corriendo y hacemos yoga tranquilas.

—Sí, en eso tienes toda la razón, Isi.

—Hola, ¿qué hacen? —preguntó la Trini apoyándose en la mesa.

—¿No nos ves? —bromeó Julieta—. Obvio conversando de temas del servicio de inteligencia. Cosas primordiales, baby.

—Ja, ja, ja, qué divertida.

—Tema: la menstruación.

—Aaaah, a mí ya me llegó ayer en la noche. Fue un caos, pero saben, no es lo peor del mundo.

—Para ti capaz, porque otras compañeras se quedan en sus casas por el dolor —dijo Julieta.

—Sí, Julieta. Siempre tienes la razón —comentó Trini redondeando los ojos. Estas dos pasaban peleando por cosas que a mí no me interesaban. Lo bueno es que nunca se peleaban de verdad, sería una lástima.

Ese mismo día en la tarde me dio fiebre en la última clase, me retiré antes de que esta empezara. Mi abuela me fue a retirar, nos veníamos caminando y conversando, ella intentaba distraerme de la fiebre. Estuve una semana completa en mi casa, acostada en mi cama sin poderme ni el peso de mi cuerpo, todo giraba, colores muy alumbrados, amarillos, verdes y naranja. Formaban figuras en el techo. Al parecer estas figuras no existían, era por causa de la fiebre. Empecé a gritar de miedo, me daba pánico como me mareaba todo. Bummm, me pincharon mi lindo trasero. Grité del dolor. Me daba pánico las agujas. Tenía tripanofobia. Al rato se me quitó la fiebre, por fin, y me mejoré.

Al otro día, estaba más alta, mi pelo un poco más largo y me tuvieron que comprar otras zapatillas, ya que las que estaba usando me quedaron chicas. El lunes al comenzar de nuevo la semana, fui a dejar mi justificativo médico donde la inspectora del colegio, todas le decíamos por cariño la tía Laura.

—Hola, Isi, estás de vuelta, me alegro y ¿de qué te resfriaste esta vez? —Este año me había pasado resfriando, lo cual era aburrido. Quería ver más a mis amigas.

—Hola, tía Laura, esta vez me dio faringitis aguda y además fiebre.

—Pobrecita, aunque ya te veo con las pilas nuevas, ¿creciste? Estas altísima —Se colocó a mi lado, midiéndome con su mano alzada—. Parece que ya no te vas a formar de las primeras —Le dediqué una sonrisa de boca cerrada, pero por dentro estaba gritando de alegría. Por fin crecimos. Avancé hasta llegar a mi sala, estaba tan emocionada que me equivoqué de sala y entré a la sala de 2.º medio. Como eran menores que yo saludé y me fui. Al salir de la sala choqué con un joven que parecía de mi edad, pero era menor. Cara pálida, ojos verdes, alto como de 1,75 cm aprox.

—Disculpa —mencioné tímidamente.

—Tranquila.

—¡Chao! —dije corriendo.

—¡Oye! ¿Cuál es tu nombre?

—Isidora —respondí a lo lejos.

Entré a mi sala con la cara roja de vergüenza.

—Hola, Isi, ¿qué te pasó? —dijo Juli.

Me topé con un chico muy lindo.

—Uuuuuh, por eso vienes roja —Se comenzó a carcajear.

—Oooh ¿ya estás coqueteando, Isi?, apenas has llegado hoy de su licencia —mencionó Trini.

—JA, JA, JA, qué chistosa, amiga.

Se nos unió un nuevo compañero, ya ni me acuerdo de su nombre, pero la Trini no dejaba de mencionarlo, no sé qué le veía, era un idiota a mi parecer. Sí era alto, ojos cafés y el cabello repleto de rulos negros. No era feo, pero tampoco me sentía intimidada por su confianza con las chicas. Al menos con él no. En cambio, con el de segundo era… intimidante.

Llevaba poco tiempo en el colegio, pero a diferencia del de básica, a este me encantaba ir. Se venía el día de las mamás y yo ya estaba actuando como Nala del Rey León, estábamos practicando con otros compañeros de otros cursos. Y ahí lo vi, al chico de ojos verdes. Me molestaba con mi compañero de actuación Andrés.

—Si tanto te molesta que esté actuando con él ¿por qué tu no quisiste el papel? —le comenté.

—Ya quisieras, Isi.

Se sabía mi nombre. Le devolví una sonrisa egocéntrica. Cuando terminó el ensayo me llamó el chico de los ojos verdes.

—¿Qué pasa? —mencioné de mala gana. No te coloques nerviosa… respira…inhala… exhala. Vas bien.

—Isi ¿me das tu Instagram?

—Pensé que no te importaba —dije desviando la mirada.

—Sabes, en este momento te ves muy simpática —Me dedicó una sonrisa que sentía que ya se me salía el corazón—. Okey. Aquí está.

—Gracias.

—¿Y cuál es tu nombre?

—Aaah ¿ya te intereso?

—Lo siento, por ahora no.

—O sea, en un futuro puede ser. Y respondiendo a tu pregunta, mi nombre es Matías.

—Encantada de conocerte, Matías —Estrechamos las manos.

—Al llegar a mi casa, Matías ya me había escrito.

—Hola de nuevo, ¿ya llegaste?

—Que ¿eres mi novio?

—Recién te enteras, ja, ja, ja, ja.

Me daba nervios contestarle. Miré el celular y comencé a escribir.

—Ooooh ¿ya me extrañas? Ternurita.

—Sí, con esa mirada de ángel que tienes, cualquiera te tiene en sus sueños —Sonreí al leer.

—¿Ese es tu mejor piropo?

—Para ti no, pero voy a ir mejorando ya verás.

—Eso espero —Ahjj, ¿por qué respondí eso?—. Dejé mi bici estacionada y ahí estaba Tomás con sus amigos.

—Hola, Isi.

—Hola, Tomás.

—¿Estás nerviosa por la actuación?

—Un poco.

—Tranquila, eres genial —Y ahí estaba de nuevo ese sentimiento que me molestaba. Me sentía rara, como que todos me miraban, sentía mi cara roja. Parezco tomate—. Gracias.

Y justo me salvé de la vergüenza de mi cara roja.

—Hola, Isi, ¿me acompañas? —preguntó Juli.

—Qué bueno que siempre estás para ayudarme —murmuré.

—Para eso estamos las amigas.

—Nos vemos, Tomás.

—Pero si vamos a la misma sala.

—Nos vamos a atrasar. Nos vemos.

—¿Jugamos al tacataca? —Alzando las cejas.

—Pues eso no se pregunta, Juli.

—¡Vamos! —Me abrazó y caminamos juntas.

—Genial, se puso a llover y vine en bici —dije molesta.

—Isi, te conseguí una capucha de bolsa. Son para la lluvia.

—Gracias, te pasaste, Trini.

Venirme del colegio con la lluvia fue de lo más emocionante, adrenalina pura. Iba rápido y con lluvia, la cual casi ni me dejaba ver. Llegué completamente empapada, obligada a bañarme. Aunque fue lo más exquisito. Ya que estaba toda entumecida y con el agua caliente de la ducha se me quitó el frío. Al fin fue la presentación para el día de la mamá.

—Isi ¿te maquillo? —me preguntó la Trini.

—Bueno, pero ten paciencia.

—Es lo que más tengo —Pasaron los minutos más estresantes de mi vida, no, es broma. Estuve algunos segundos sin poder mover mis parpados. Una vez ya finalizado el maquillaje. Me observé en el espejo del baño.

—Gracias, te quedó muy lindo.

—Para eso estamos —Luego llegó Isabella.

—Isi, te ves muy linda.

—Gracias, Isa —pensé un momento—. ¿Nos sacamos una foto juntas?

—Me da vergüenza sacarme fotos, pero como una vez que me dijiste que a veces no se repetían estas cosas. Y que era bueno guardar un recuerdo de ello —Sonrió—. Saquémonos una foto.

Las fotos estaban hermosas, nos veíamos radiantes. Isa publicó las fotos en su Instagram y yo también. Yo tenía fotos por separado, me refiero a que Isabella y Trinidad no se hablaban mucho, no porque se odiaran o algo por el estilo. Sino porque no se complementaban en una conversación de más de 5 minutos. Ya iba a ser la presentación, no podía negar que estaba nerviosa. Mi mamá iba a estar allí, viéndome actuar y bailar. Pero no la veía y ya me estaba sintiendo sola, hasta que la vi. Una mujer alta, radiante, utilizaba tacos negros con un vestido casual con flores, pelo teñido rojo y era largo, le llegaba hasta la mitad de la espalda. Esa radiante mujer era mi mamá. Al verme con mi traje de leona y maquillada me saludó eufóricamente.

—¿Ella es tu mamá? —dijo Matías.

—Sí.

—Es linda, pero no tanto como tú. La superas —Y justo cuando iba a decir algo, apareció Tomás.

—Hola, Isi.

—Hola, Tomás.

—Tranquila, todo va a salir bien.

—Eso espero, gracias por tu apoyo —Tomás se quedó mirando a Matías de forma extraña. ¿Qué le pasaba?

—Aaah, Tomás, te presento a Matías. Él es de segundo medio —Pausé—. Matías te presento a Tomás, él es mi compañero de Pre-Kínder, Kínder, Básica y ahora de Media. En resumen, nos conocemos de toda la vida.

—Hola, Tomás. Un gusto conocer del que tanto habla Isi.

Me acerqué a Matías y le murmuré.

—Después de mi presentación te voy a cerrar esa maldita boca con...

—¿Tus labios?, no sabía que eras tan atrevida, Isi.

—Cállate.

—Hola, Matías. Eee, me tengo que retirar, ¿después nos vemos a la salida, Isi?

—S… sí.

—¡Genial!

—Guau, te gusta él enserio. Pero lamentablemente se te nota y él ya lo sabe. Y no le gustas —comentó muy seguro Matías.

—A veces eres tan lindo idiota —Le pegué en su hombro—. Parece que alguien está celoso o ¿me equivoco?

—Q... que te vaya bien en tu presentación.

—Chao, Mati.

—Es primera vez que me dices así.

—¿Te gusta?

—¿El apodo? —afirmé con la cabeza—. Pues, sí.

—Chao, Mati.

—Chao, Isi.

—La presentación fue genial, a mi mamá se le salieron unas lágrimas. Y a mí después también. Mis amigas nos sacaron una foto juntas.

Capítulo 3

Ya era Julio, y mi mamá por fin estaba sin trabajos en la mesa.

—Hija, te tengo una sorpresa.

—Dime, mamá —Con una sonrisa de lado.

—Planeo viajar con los cuatro este año a Chillán. La señora Rubí va a hacer un viaje para 10 personas, alquiló un avan y le faltan 4 personas para realizar el viaje. ¿Quieres ir?

—No es mala idea —dije colocando mi mano en el mentón como si estuviera pensando.

—¿Entonces? —Riéndose—. Quiero ir, me hace falta. Estuve muy estresada con las malditas Coeficientes 2 (prueba que vale por dos notas).

Para aclararles una cosa. Mi mamá ya llevaba 2 años con su pareja, el cual se llamaba Mateo. Él es alto de 1,80, ojos azules, se rapó el pelo debido a una enfermedad, pero tuvo la suerte que se mejoró. Pero continuó con su pelo rapado. Y, a decir verdad, le quedaba bien. Él tiene una hija llamada Laura, tiene mí misma edad. Ella sacó los genes de su mamá, pelo negro rizado, busto grande, morena, de unos 1,50, ojos cafés y se maquillaba muy bien.

Una vez de empacar unas maletas, nos fuimos de viaje. El viaje duraba más de 4 horas, por lo que el avan nos vino a buscar a las 23:00 horas. Nos fuimos durmiendo. Desperté de las últimas, soy toda una dormilona, ya lo sé. Tan solo faltaban 30 minutos para llegar a las cabañas.

Al llegar a las cabañas, observé el gran terreno y en él estaba un chico entrenando. Corriendo de aquí para acá. Al vernos nos saludó. Era muy atractivo, ojos café claros, cabello negro, alto, su físico me impresionaba. Pero Isi, no estás aquí para coquetear, estas aquí para vacacionar. Había una cama elástica en el patio, no lo pensé dos veces. Me saqué las zapatillas y me puse a saltar. Ya lo sé, con 17 años saltando como una niña. Pero había que aprovechar esa instancia. Pero el habla de alguien me asustó en mi momento de diversión.

—Hola, parece que te estás divirtiendo. Un gusto conocerte, mi nombre es Santiago, me puedes decir Santi —Paré de saltar y me di la vuelta

—Hola, encantada de conocerte, Santi, mi nombre es Isidora, pero me puedes decir Isi —Le sonreí coquetamente. Ayyy, Isi, ya estás coqueteando. Pero no solo yo, porque Santi también me sonrió, y al sonreír se le vieron sus lindas margaritas de su rostro. Sentía que me estaba sonrojándome, así que proseguí a colocarme mis zapatillas y huir. Pero antes de irme velozmente este me preguntó.

—Isi, ¿sabes prender las estufas a leña?

—No, pero capaz que mi tío Mateo sepa.

—Bueno, si no pueden llamen a mi casa. Es esa casa verde de ahí —Señalándola.

—Gracias, cualquier cosa te aviso.

—Nos vemos.

No creo, mañana nos vamos a las termas. Eso pensé. Me retiré lo más rápido y calmada que pude. Por la mierda, no sabían prender la estufa a leña, por lo que el tío Mateo se encaminó hacia la casa verde de madera a pedir ayuda. Lo miraba desde la ventana, ahora venía acompañado. Me escondí en mi habitación.

—Hola. Me llamo Santiago, soy el hijo del dueño de las cabañas.

—Disculpa por la molestia —dijo mamá.

—No se preocupe, señora...

—Alexandra.

—No se preocupe, señora Alexandra. Esto no es molestia, para esto estamos.

Yo pensaba que ya se había ido, ya que se había sentido la puerta cerrarse. Pero no, solo habían ido a buscar más leña Santi con el tío Mateo. Salí con mi piyama, ultrabrigada hasta con calcetines de lana dirigiéndome al baño. Y ahí lo vi nuevamente con una sonrisa victoriosa.

—Hola, Isi.

—Hola, Santi.

—¿Ya se conocen? —preguntó mi mamá.

—Sí, mamá. Lo conocí en el patio. Santi se presentó.

—Aaah ya veo —Sugerente.

—Bueno, ya está todo listo, señora Alexandra y señor Mateo —Sonriendo de lado.

—Muchas gracias —dijeron en conjunto mi mamá y el tío Mateo. Y para reventar, Santi habló.

—Nos vemos mañana, Isi —Qué iba a responder a eso. Tan solo sé amable.

—Gracias por tu ayuda —Finalmente respondí.

—Buenas noches —dijo finalizando la conversación. Cerré la puerta rápidamente.

—Tesoro, le gustas.

—Nooo, mamá, no inventes cosas, porfis, porque me estreso de solo pensarlo.

—Es lindo —Y ahí caí.

—Sí, es lindo.

—¿No vas a ir a las termas mañana?

—¿Por qué lo preguntas mamá? —Un poco enojada.

—Él dijo que te vería mañana.

—Sí, él dijo eso, pero yo voy a salir con ustedes.

—Bueno.

—¡Isi! ¿Me ayudas? —Me llamaba Laura

—¡Ya voy! —alzando la voz—. Buenas noches, mamá y tío Mateo.

—Buenas noches, Isi.

—Buenas noches, tesoro —dijo mamá.

Al otro día me levanté temprano para tener todo ordenado para ir a las termas. Ese día hacían 7 °C, mucho frío. Por lo que me puse un abrigo con chiporro por dentro. Sentí ruido afuera, por lo que me asomé por la ventana, ahí estaba Santi jugando a la pelota con una niña pequeña, deduzco que debe ser su hermana. Puse la tetera, mientras los demás despertaban.

—Buenos días, tesoro, ¿cómo dormiste?

—Buenos días, mamá, dormí excelente —mencioné. Aunque era todo lo contrario. Anoche no había dormido casi nada por estar pensando en este chico.

—Es que con la visita de anoche porque dormirías mal —mencionó mi mamá aguantándose la risa.

—Ni que fuera Tarzán —respondí. Se puso a reír mi mamá a carcajadas.

Cuando me quedaba embobada por algo ocupábamos ese término. Como esa vez me quedé embobada mirando al actor de La leyenda de Tarzán en la película de Netflix. El actor se llama Alexander Skarsgård, hasta su nombre es atractivo.

Ya todos listos nos embarcamos en el viaje, esa es la peor parte. Siempre me mareo a morir y llego a mi destino pálida como un vampiro. Todo el piso da vueltas y la mayoría de las veces vomito. Pero esta vez no me mareé y ese era un milagro. Al llegar a las termas tuve oportunidad de ocupar mi traje de baño favorito. Es azul, es un bikini muy cómodo y se me ve bien.

—Hola, ¿por aquí están los baños? —me preguntó un chico con pelo dorado y con un físico marcado en el abdomen. Con su mano indicó para el lado derecho.

—Ehh, sí.

—Gracias —me dijo mientras se iba guiñándome un ojo.

Definitivamente este iba a ser mi año y no sé, pero siempre creo en mi intuición, pocas veces me equivoco. Me tardé años en tener este amor propio que me da estabilidad emocional, me siento linda con mi ropa y que cada vez me importa menos las cosas malas que opinen de mí. Pasando a otro tema, estar en las termas es definitivamente lo mejor para desestresarte. Además, tu piel queda repleta de vitaminas y minerales, ya que la terma era natural. Almorzamos sándwich de pollo con mayonesa casera, estaba exquisito.

Al llegar a las cabañas nuevamente me encontré con Santi en el patio, corriendo y haciendo ejercicio. Sí que se veía sexi. Sudoroso de tanto transpirar, con todo su pelo negro descolocado. No me había dado cuenta de que me había quedado mirándolo, hasta que me habló.

—Hola, Isi.

—Hola, Santi —Casi sobresaltándome.

—Es mi idea o ¿te me quedaste mirando?

—Es tu idea —sentencié. Se carcajeó ante mi comentario.

—Hasta luego —sonriendo.

—Hasta luego, descansa —Oooh, ¿por qué tiene que ser tan dulce?

Al otro día me levanté temprano, sí, yo levantándome temprano. Admito que era una excusa para ver como Santi se ejercitaba. Aunque cuando él me miraba, yo soslayaba su mirada, porque no quería que mi cara fuera tan roja como un tomate de nuevo. Te estás haciendo la interesante, lo intentas. Mi mamá quería ir a una feria artesanal, pero a decir verdad nunca me ha llamado la atención ir de compras y caminar una eternidad con lo indecisa que es mi mamá.

—¿Y qué vas a hacer entonces?

—Quedarme aquí en la cabaña leyendo un libro.

—No te quiero dejar sola acá —dijo mi mamá.

—Amor, Isi es tranquila y responsable, y es lo suficientemente grande para quedarse sola sin que alguien la cuide. Además, vamos a ir por 2 horas —dijo mi tío Mateo apoyándome.

—Bueno, pero cualquier cosa me llamas.

—Sí, mamá —dije obediente.

—Nos vemos, Isi —decía despidiéndose Laura.

—Nos vemos, Lau.

Al rato estaban golpeando la puerta. Debió habérseles olvidado algo. Abrí la puerta y no, no era a quienes esperaba. Era Santi.

—Oooh, no están tus papás.

—No, no están —Se puso un poco colorado, ¿en qué estaba pensando ya?, Isi, capta la indirecta porfis.

—Es que les traje una tartaleta de manzana —me dijo Santi entregándome la tartaleta.

—Aaah, genial, muchas gracias.

—No hay de qué, ¿qué estás haciendo? —Mirando mis manos con el libro.

—Leyendo mi saga favorita.

—Aaah y ¿de qué se trata?

Considero que esta es la mejor pregunta a una lectora. Se iluminaron mis ojitos.

—De una chica que está enamorada de su guardaespaldas sexi. Tienen relaciones y ahora se enteró que el secuestro que ella sufrió antes de tener un guardaespaldas lo había hecho él y la FBI. Ya que su padre era un narcotraficante y ella no lo sabía —dije rápidamente

—Guau, fuerte. Debió ser difícil para la chica.

—Sí, su vida era una completa mentira —Lo observé atentamente—. ¿Quieres pasar?

—Sí —Dio varios pasos entrando en la cabaña—. Permiso.

Asentí.

Comimos la tartaleta, pero les dejé un trozo para cada uno de mi familia. Hablamos acerca de lo que nos gustaba, lo que no nos gustaba, hablamos de la música. Coincidimos en It’s my life de Bon Jovi. Se ha visto todas las películas de Harry Potter, con eso se me empezó a acelerar mi corazón.

—Y ahora, ¿qué hacemos? —preguntó Santi mientras me lanzaba una mirada con picardía. Oh, es esa mirada, pero ya me siento sofocada. Sí, soy de pensar mucho en doble sentido.

—¿Qué quieres hacer? —le pregunté siguiendo su juego.

—¿La verdad?

—Obvio, no quiero mentiras.

—Conste te lo pregunté.

—¿Qué?, sí obvio —Se acercó a mí, con sus manos acarició mi rostro y posó sus labios con delicadeza en los míos. A decir verdad, nunca había besado antes, pero no me costó seguirle el ritmo.

Sus labios eran suaves y me volvían loca. Nuestras respiraciones estaban agitadas. Y quería más. Sus manos ya estaban llegando a mis caderas y cuando ya estábamos calentándonos de más, escuchaba a lo lejos la voz de mi mamá. Venía y Santi estaba en la cabaña, me iba a matarrr. Estás muerta, Apúrate.

—¡Santi, viene mi mamá!, te tienes que ir.

—Tranquila —Sin moverse.

—¿Cómo me dices eso si recién nos besamos y tengo toda la cara roja?

—Le digo que vine a entregarte la tartaleta.

—Ya, total ya están aquí —Enfadándome. Traté de que se me quitara lo roja que estaba colocándome un vaso en la cara.

—Hola, hija, ¡ya llegamos!

—Hola, mamá. Santi nos vino a dejar una tartaleta que hizo su mamá.

—Señora Alexandra, disculpe la intromisión.

—No te preocupes y dime señora Ale.

—Bueno, señora Ale, me retiro. Espero que disfruten la tartaleta.

—Muchas gracias —dijeron en conjunto mi mamá y el tío Mateo que me observaban sorprendidos. Y así me dejó sola. Mi mamá me conocía tan bien que no le podía ni mentir.

—Hija, ¿pasó algo de lo que no nos enteráramos?

Era inevitable. No podía mentirle. No hables.

—Sí, mamá. M… me besó Santi y yo le devolví el beso —Hubiera sacado una foto a sus caras de sorpresa. Casi me río.

—¡Hija, tu primer beso!

—La Isi ya matando con su belleza —dijo Laura.

—¿Y cómo estuvo?, porque si es un idiota me dices nomás, Isi —dijo el tío Mateo.

—Estuvo bien.

—¿Solo bien? —preguntó Laura.

—Bueno, estuvo más que bien, yo diría excelente —Cuando lo dije me sonrojé nuevamente.

—Me alegro, tesoro. Sabía que iba a pasar esto, tú le gustas. Además, es solo un pololeo de invierno.

Cuando dijo eso fue como que se me rompió el corazón en un breve instante. No lo había pensado, esto se iba a terminar cuando terminaran las vacaciones. Y yo no quería después tener una relación a distancia que sabía que no iba a funcionar. Me dolía pensar en que iba a ocurrir eso.

Quedaban 4 días de vacaciones. Fuimos a ver una cascada, tenía pequeños senderos de madera a sus costados, fue hermosa la vista. Algo que me rompió el corazón fue ver cómo abandonaron a un cachorro en plena calle. Nosotros no podíamos adoptarlos, por lo que cerca de esa avenida había muchas casas. Fuimos pasando, preguntando quién cuidaría al cachorro. Pasamos por 10 casas, hasta que llegamos a una casa que se veían gallinas, harto terreno y unos niños jugando en el jardín. Le contamos como encontramos al cachorro y sin dudarlo lo adoptaron, los niños saltaban y el cachorro corría por el patio muy feliz, el cachorro quería solo amor y sus anteriores dueños eligieron no aceptarlo, mientras que sus nuevos dueños eran amables y apreciaban a su nueva mascota como parte de su familia. Al llegar a las cabañas, Santi estaba haciendo ejercicio de nuevo; como siempre, se veía espectacular con su figura, su amplia espalda.

—Se te está cayendo la baba, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.

—Que chistosa, Laura.

—¿Y qué esperas para ir a conversarle?

—Después del beso me da vergüenza.

—Es normal, pero no te queda mucho tiempo. Yo que tú lo aprovecho al máximo.

—Supongo que tienes razón.

—Anda, ¿qué esperas?

—Ya voy, jefa —Lau se mofó de mi comentario.

—Hola, Santi.

—Hoo… Hola, Isi.

—¿Qué has hecho hoy?, aparte de hacer ejercicio —Le dediqué una sonrisa pícara, igual que él a mí el día que nos besamos.

—Bueno, no he hecho mucho, ¿quieres ir a mi casa? —¿Nos vamos a acostar?

—¿No crees que vamos muy rápido?

—¿Para qué?, en qué pensabas Isi —riéndose. De nuevo esa sensación de que mi cara estaba ardiendo de lo roja que estaba.

—No pensé que tanto me deseabas —Con esa espalda. Uff.

—Ja, ja, ja, ja, ja, ¿y tú por qué lo dices? ¿Tú también me deseas?

—Más que nada —Definitivamente Santi es más atrevido que yo en estas cosas.

—Te invitaba a mi casa para ver una película. ¿Te parece bien? —¿Y sus padres?—. Y antes de que preguntes, sí, mis papás sí están.

—¿Qué, ya me lees la mente?

—Eso quisiera.

—¿Qué películas quieres ver?

—¿Cuál quieres ver?, tú eres la invitada.

—El gladiador o El justiciero —mencioné segura de mi decisión.

—Tienes un gusto interesante —me dijo mientras mantenía una sonrisa.

—¿Cuál de las dos eliges?

—El gladiador, por supuesto.

—Ya, voy a avisarle a mi mamá y voy.

—Yap, yo voy a hacer panqueques por mientras.

Di suaves golpes con mi mano en la puerta. Al abrirse la puerta, apareció una mujer alta con pelo negro, ojos verdes y su presencia era amable, se notaba de lejos.

—Hola, encantada de conocerte, tú eres Isi, ¿verdad?

—Hola, sí. Es un gusto conocerla.

—Mi nombre es Macarena, pero dime Maca. Pasa, por favor.

—Permiso.

—Hola de nuevo, Isi.

—Qué chistoso —Se abrió nuevamente la puerta principal, estaba llegando el papá de Santi, era más bajo que Maca, con su pelo café oscuro y sus ojos cafés. Vestido semiformal—. Vengo de una entrevista y apenas la terminé, me felicitaron, y ya ¡estoy contratado!

—Felicitaciones, amor —dijo maca. Y después le dedicó un beso apasionado.

—Felicidades, pa’.

—Gracias, hijo —Abrazándolo.

—Veo que tenemos una invitada, tu nombre es Isi, ¿verdad? —Acaso Santi les habló a todos de mí. Me provocaba vergüenza, aunque sentía que era muy tierno.

—Hola, sí, soy Isi. Un gusto conocerlo. Y felicitaciones.

—Igualmente. Gracias, Isi. Mi nombre es Gabriel.

—Hola señor, Gabriel —Santi puso la película, cuando ya estaba terminando llegó su hermana menor. Era alta, con ojos verdes y pelo café.

—Hola, Isi, me llamo María, pero me puedes decir Mary.

—Hola, Mary. Un gusto.

—Mary, ¿cómo te fue en el taller de baile?

—Muy bien mamá, es más, me felicitaron.

—¡Genial! —Comimos panqueques con manjar y unas chispas de chocolate, estaban exquisitos.

—Mamá, ¿Isi me puede acompañar a mi pieza?

—Sí, pero deja la puerta abierta.

—Así no tiene sentido, mamá ja, ja, ja, ja, ja —Me observó con picardía—. Sií, mamá, lo que tu digas —Santi me tomó de su mano y me dirigió a su pieza—. ¿Asustada?

—Nooo, ¿por qué dices eso?

—Se te nota que no dejas de pensar en algo.

—¿Para qué vinimos a tu pieza?

—Tranquila querida, te tengo un regalo —Me tiene un regalo y yo no le tengo ninguno.

—¿Qué cosa?

—Ábrelo —Mientras me entregaba una bolsa de cartón. Dentro de la bolsa había una pequeña cajita.

—Qué lindo —Era un collar de plata con un corazón con una flecha.

—¿Te gusta? —Expectante.

—Sí, me encanta. Muchas gracias —Lo observé—, pero yo no te tengo ninguno —Me sonrió. Fue tanta la alegría y emoción que con mi mano lo tomé de su polera y lo acerqué hasta topar con mis labios. Con la respiración entrecortada dijo él:

—No me debes ningún regalo. Me encanta tu osadía.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos, Isi —Me despedí de todos y me retiré. Llegué a la cabaña y les conté sobre los panqueques, la familia de Santi y el collar que me encantó.

Capítulo 4

Ya quedaban 3 días para irnos y parecía que las horas pasaban volando. Trataba de olvidarme del tiempo, pero era casi imposible. Me levanté con un ánimo terrible. Cada vez que se va a acabar un viaje se me quitan las ganas de volver.

—Buenos días, Isi —Con eso me despertaron y es terrible que me despierten. En ese momento pensé «maldita Laura». Odio que me despierten, me gusta despertarme yo o una alarma, gruñí de enfado y solté un saludo de mala gana.

—Hola.

—¿Cómo dormiste? —¿Te interesa?, ya sé, estoy muy cascarrabias. Por qué hacen esas preguntas estúpidas, de que si dormiste bien. Es que ¿no se dan cuenta de la cara que llevo a esta hora?, eran las 7 de la mañana.

—Más o menos, ¿y tú? —Estirándome en la cama.

—Bien, excelente diría yo. Ayer hablamos por mensaje con mi pololo como hasta las 3 am —¿Tú crees que no lo sé?, la luz del celular llega al techo. Estás en un camarote, en la parte de arriba. Lamentablemente no puedo dormir con luz, no hay manera.