Actividades matemáticas - Cristina Lahora - E-Book

Actividades matemáticas E-Book

Cristina Lahora

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Beschreibung

ACTIVIDADES MATEMÁTICAS CON NIÑOS DE 0 A 6 AÑOS ofrece al educador de Escuela Infantil un repertorio de actividades lógicas de matemáticas asentadas en unos principios pedagógicos indispensables para la práctica cotidiana. El libro es fruto de la investigación y de la acción educativa; su estructura (por ciclos y edades) facilita la secuenciación de las actividades a realizar en la Escuela.

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Seitenzahl: 119

Veröffentlichungsjahr: 2020

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Actividades matemáticas

CON NIÑAS Y NIÑOSDE O A 6 AÑOS

Índice

INTRODUCCIÓN

1.La lógica-matemática en la Educación Infantil

2.La autonomía como objetivo de la educación

Actitudes del educador que favorecen el desarrollo del pensamiento matemático en el niño

ACTIVIDADES MATEMÁTICAS EN LA ESCUELA INFANTIL

Orientaciones didácticas generales

Esquema general de las actividades matemáticas

1.Actividades de lógica

Para el ciclo 0-3 años

Para el ciclo 3-6 años

2.Actividades de cálculo

Orientaciones didácticas generales en tomo al número

Actividades sobre la asociación de cantidades (elementos en la misma disposición: Asociación estructurada)

Actividades sobre la reproducción de cantidades

Actividades sobre la identificación de cantidades

Actividades sobre la ordenación

Actividades sobre la asociación de cantidades (elementos en distinta disposición: Asociación no estructurada)

3.Actividades de medida

Para el ciclo 0-3 años

Para el ciclo 3-6 años

4.Actividades de geometría

Para el ciclo 0-3 años

Para el ciclo 3-6 años

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN

1. La lógico-matemática en la Educación Infantil

La Educación Infantil ha recibido distinto tratamiento a través de la historia, tomando en la actualidad el mayor auge, motivado entre otras causas, por la incorporación de la mujer al trabajo. Este hecho hizo que, durante su ausencia, diversas entidades se encargaran de la custodia de sus hijos e hijas. Centros privados, municipales... asumieron esta tarea y lo que en un principio no era más que un entretener y cuidar a los niños, fue tomando un mayor protagonismo que se convirtió en educación al introducirse el concepto de intencionalidad, trasformando la simple custodia en educar, esto es, ayudar al niño en su desarrollo.

Esta tarea de educar supone para el niño la oportunidad de pasarlo bien, disfrutar y experimentar situaciones nuevas de juego y, para el educador supone algo tan importante como la propuesta de actividades de enseñanza-aprendizaje. Con estas actividades el niño va a ir descubriendo su propio cuerpo con sus posibilidades y limitaciones; también conocerá a los demás, descubrirá diferentes formas de relacionarse y descubrirá también cómo hacer para solucionar conflictos, cómo jugar con los demás, etc. Para todo, el niño contará siempre con el apoyo del educador, quien como referente afectivo le guiará y estará a su lado para facilitarle el acceso a las propuestas de aprendizaje; y también estará cerca para ofrecerle esa independencia, costosa de alcanzar y que, poco a poco, irá conquistando.

Además de los compañeros y de los adultos, en la escuela infantil aparecen otras realidades. Están los materiales que le van a permitir ir conociendo una realidad física más amplia que la que conocía hasta ahora. La exploración de los mismos producirá un enriquecimiento de los primeros esquemas cognitivos: las nuevas texturas, sonidos, olores, etc., se incorporan a los anteriores ampliando su mundo sensorial. El campo expresivo también se diversifica; si bien la comunicación oral ha sido lo que ha predominado en el hogar, en la escuela infantil el niño va a explorar otras formas de comunicación: la plástica, la música ... van a estar a su disposición y a través de ellas va a poder proyectar sus deseos, se va a fundir con ellas, proporcionándole un mayor conocimiento de sí mismo, un descubrimiento del mundo y una satisfacción por el descubrimiento de algo nuevo que le permite conocerse en otras facetas.

La práctica pedagógica supone una interrelación constante en lo referente a los distintos aspectos que queramos desarrollar en los niños. De este modo, sabemos que la afectividad tiñe toda actividad educativa, porque la educadora siempre está ahí con su bagaje afectivo, y mientras trabaja lenguaje, psicomotricidad ... imprime afecto. Por otro lado, mientras realiza una actividad de construcciones utiliza las palabras adecuadas para poner una «etiqueta verbal» a la acción... y así un sinfín de interrelaciones en las que el lenguaje verbal, el afecto, la plástica, el juego... se mezclan creando un todo que, como tal, es vivenciado por el niño: «estoy jugando», «estoy construyendo», «lo hago solo». , y que sólo en los documentos pedagógicos y en los horarios aparecen como actividades específicas (lenguaje, plástica, lógico-matemática... ) porque sólo en el papel se pueden sectorizar, ya que la realidad es como debe ser para el niño, «global» .

Remitiéndonos al descubrimiento que el niño hace con los materiales, con el mundo físico que le rodea, vemos que este descubrimiento hace referencia a las características propias de cada material: dureza, color, forma, tamaño, sonido, olor... En este descubrimiento podemos ver cómo estas características las podemos comparar con las de otros materiales, es decir, si este material tiene esta forma, este otro material tiene la misma forma o es diferente. Por otro lado cuando tenemos más de un material, estamos cuantificando, pero si uno es más grande que otro, ¿cómo lo podemos expresar?, ¿hay alguna forma de medirlo?

Todas estas cuestiones que acabamos de mencionar son labor de la lógico-matemática. Lógica, número, medida y geometría son las categorías en las que aparecen organizadas las actividades en la escuela infantil.

Como hemos indicado anteriormente aparecen como tales, es labor del educador motivar al niño e integrarlas dentro de su actividad pedagógica con la mayor naturalidad posible, aunque algunas de estas actividades que se proponen son motivadoras por sí mismas, pues la curiosidad del niño hace que se sienta interesado por descubrir, comparar, etc.

No podemos olvidar que, aunque los niños sean muy pequeños, la autonomía es un logro a alcanzar poco a poco, por lo que tras una breve experiencia de la mano de la educadora, dejaremos que el niño y la niña experimenten por sí solos este mundo de relaciones entre objetos, cualidades de los objetos, etc. Así lograremos su autonomía intelectual y afianzaremos su autoestima, logrando que ellos y ellas sean protagonistas de su propio desarrollo intelectual.

En las páginas que siguen presentamos distintas actividades lógico-matemáticas como respuesta a los contenidos que se trabajan en la Escuela Infantil.

2. La autonomía como objetivo de la educación

Cuando trabajamos el área lógico-matemática nos planteamos unas actividades encaminadas a despertar el interés subyacente en el niño, pero también vamos, o deberíamos ir, más allá. Las actividades, el «activismo» queda muy pobre si no intenta sobrepasar este enriquecimiento matemático y no se plantea una meta que tenga su punto de mira en el fin de la educación.

Las actividades, o mejor, las situaciones que propone el educador para que el niño vaya construyendo sus conceptos lógico-matemáticos, los materiales curriculares que tanto ayudan al pequeño en esta construcción desde dentro, no cumplirán su auténtica misión si el educador no manifiesta una intencionalidad educativa que es precisamente lo que les da sentido. Es la intención educativa la que encauza las actividades hacia la meta, hacia el fin que, según las ideas de Piaget difundidas por C. Kamii (1982)1 no significa otra cosa que autonomía.

Piaget (1974)2 ha observado un paralelismo entre el pensamiento lógico y el juicio moral: ambos se construyen desde dentro por el propio sujeto. Pero aunque la meta común es conseguir autonomía, el nivel de autonomía que logra la mayoría de los adultos no es, sin embargo, el ideal, precisamente porque no se ha forjado en la infancia.

Una persona intelectualmente autónoma es alguien que tiene sus propias ideas, independientemente de que sean o no aceptadas por los demás, que comprende las ideas de los demás, es capaz de situarse en otros puntos de vista, sabe dar juicios ante situaciones y, en definitiva, es dueño de su propio pensamiento.

Una persona moralmente autónoma es alguien que es dueño de sí mismo, consecuente en su actuación con su forma de pensar, que es capaz de decir que no cuando las actuaciones no son correctas, aunque sean mandadas por superiores; en definitiva, es alguien que sabe gobernarse por sí mismo.

Por el contrario, una persona intelectualmente heterónoma, es alguien que asume incondicionalmente las ideas de los demás sin pasarlas por el tamiz de su propia crítica, que tiene dificultades para ponerse en el punto de vista de los demás, y, por así decir, es un acumulador pasivo de ideas.

Del mismo modo, una persona moralmente heterónoma, es aquella que guía su comportamiento por la moral de la mayoría, no discerniendo lo que está bien de lo que no lo está, quizás porque no cae en la cuenta de que debe planteárselo.

Piaget nos ha demostrado científicamente cómo el juicio moral y el pensamiento se van liberando para pasar de ser heterónomos a ser autónomos; ahora bien, el nivel de autonomía que se alcance dependerá de lo autónomos que hayamos dejado ser a los niños en cada momento. Por ello, seguidamente, vamos a ver qué actitudes del educador y qué actividades son positivas para alcanzar esa meta de autonomía que pretendemos.

Actitudes del educador que favorecen el desarrollo del pensamiento matemático en el niño

Todas las actitudes que desarrollen la autonomía del niño –de la que hemos hablado haciendo referencia al concepto de J. Piaget– favorecen también el desarrollo de su pensamiento matemático, puesto que éste supone una construcción desde dentro, algo que únicamente el propio alumno puede hacer.

1. Es fundamental crear un clima de confianza en el aula, que el niño se sienta acogido y envuelto en afectividad, pues sólo al sentirse arropado, se cubrirá esta necesidad básica y estará en condiciones de poder aprender. Cuando el niño no respira esta afectividad que es la que le va a proporcionar confianza y seguridad, se encuentra bloqueado, lo que le impide poder entregarse a las actividades que se desarrollan en la Escuela Infantil.

2. Estar en disposición de dar explicaciones y de que éstas sean verdaderas. Cuando se está con niños pequeños se tiende a hacer cosas con ellos pero sin darles explicaciones, aduciendo que no entienden o que las cosas se hacen así por la autoridad que se le atribuye al maestro. Sin embargo, sabemos que esto no debe ser de este modo, que todo tiene su porqué; por ello, debemos presentar al niño un pensamiento capaz de relacionar unas cosas con otras y que se desenvuelva en el ámbito de la sinceridad, un pensamiento coherente que no se desmorone, para que vaya dejando huella en él. Engañar a los niños porque creemos que no nos entienden o por conveniencia nuestra, es algo que tiene que desaparecer si queremos ganar su confianza y facilitarles el aprender a pensar.

3. Otra actitud que debe poseer el educador es la de tener una doble sencillez. Por un lado sencillez para ponerse a la altura del niño, y por otro, sencillez para reconocer que no siempre el niño va a aprender de él, que también puede aprender de otros niños. Hasta hace poco el educador era el que poseía los conocimientos y el alumno el que no sabía nada; ante esto tenemos que decir que el alumno posee unos conocimientos (aunque sean escasos) de diversos temas, y que el profesor tiene que mostrarse sencillo para acercarse hasta el nivel que posee el niño, y a partir de ahí, ayudarle a progresar en su conocimiento.

En las investigaciones de Baroody (1988)3 hemos podido ver el bagaje informal que ya poseen los niños en el concepto de número. Pues bien, si partimos de este conocimiento previo será más fácil seguir construyendo.

Con respecto al aprendizaje que el niño puede realizar gracias a otros niños, recordemos que Vygotski (1979)4 resaltaba la importancia de una ayuda para elevar el nivel de desarrollo actual del sujeto. Esta ayuda podría provenir del adulto, del educador, pero también de una persona de la misma edad que hubiera superado ese nivel y que le permitiría lograr lo que él por sí mismo no hubiera realizado nunca. Con frecuencia sucede que el educador tiene grandes dificultades para ponerse a la altura del niño, y en más de una ocasión, otro niño que acaba de adquirir un conocimiento puede ser capaz de transmitírselo a su compañero mejor que el propio maestro. Además, el intercambiar los puntos de vista entre los pequeños es ya un entrenamiento para hacerlo de adultos.

De la teoría de Piaget se deriva que el juego en grupo posee un valor fundamental. Así lo interpretan Kamii y De Vries (1977)5. Por un lado es una situación agradable en la que no todo está terminado, en la que hay algo que elaborar, hay que buscar soluciones; y además no lo realiza uno solo, se hace en colaboración con los demás, intercambiando puntos de vista, lo que les ayuda a reflexionar sobre su propio pensamiento y en un clima de orden, de respeto a otros.

4. Otra actitud que debe tener el educador es la de estar en vigilia siempre, conociendo el momento en el que se encuentra el niño para presentarle una situación más dificultosa, que rompa el equilibrio que tenía el pequeño en ese momento, y a la vez le haga movilizarse para crear estrategias de búsqueda de soluciones. Esta búsqueda y encuentro de soluciones reorganizarán todo el pensamiento anterior logrando un pensamiento más maduro. El educador presentará situaciones de conflicto abiertas, dejando libertad para que el niño emplee las estrategias que crea oportunas para salir de ellas.

5. Una actitud de aliento, que estimule, ayudará al niño a salir del conflicto. Sin embargo, una actitud de censura no conducirá más que al fracaso y a que el niño no confíe en su propio pensamiento.

6. Puesto que el pensamiento lógico-matemático se va construyendo al poner en relación objetos o situaciones, el educador debe animar al niño a que relacione, haciéndole preguntas en las que pueda comparar objetos o situaciones. Esta actitud de pregunta constante no debe, sin embargo, confundirse con una evaluación constante para saber si el pensamiento del niño es correcto o no, si está de acuerdo o no con la realidad. Es para que el pequeño convierta su pensamiento en algo dinámico, no para que conteste lo que nosotros queremos oír, lo correcto. Si algo molesta al niño es el sentirse evaluado a cada momento. El ideal sería que no se sintiese forzado a dar siempre una respuesta «correcta», ya que esto lleva a que verbalice lo que se quiere oír, guardándose para sí la respuesta que ha elaborado si no coincide con la del adulto. En los educadores está el que el niño diga lo que verdaderamente piensa, porque esto reforzaría su autonomía intelectual.

7. Esta forma de aprendizaje desde dentro, esta construcción del pensamiento, es lenta y laboriosa, por ello el educador debe tener una actitud paciente con respecto al tiempo que pueda costar al alumno dar unos resultados. La actitud paciente y observadora del educador en su trabajo cotidiano serían suficientes para conocer el nivel de conocimiento adquirido por el niño.