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¿Qué hace un jovencito universitario en un conservador país latinoamericano cuando no puede profesar abiertamente sus sentimientos a la chica de quien se ha enamorado? El joven ingenia convertirlos en letras y así logra expresarlos artificiosamente a su amada tarde tras tarde sin que nadie, ni la musa misma, se entere del verdadero destinatario. Con el tiempo, en su cuaderno los apuntes van creciendo -como el amor mismo- y la relación se fortalece. El primer grupo de 50 apuntes que dedica a su musa lo titula EX CORDE: Ideas y poemas, pero al ser insuficiente idea completar "100 sueños" mediante un segundo tomo: EX CORDE: Colección privada. Sin embargo, completado el objetivo, no podía parar de escribir y surge un tercer tomo al que llama AD SEMPER, AB AETERNO, que posteriormente da nombre a todo el conjunto. La relación y los poemas terminan abruptamente un infausto día sin que su amor sea correspondido y la obra permanece guardada, inédita por un cuarto de siglo, hasta que los presagios finalmente cobran vida.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Antoni Gorm
Diseño de edición: Letrame Editorial.
ISBN: 978-84-17990-50-3
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A mi musa.
Al Monstruo de Espagueti Volador.
A la fuerza del amor, a la esperanza, a la paciencia y al ingenio humano.
Editio princeps est dies Veneris ante diem quintum Idus Iunias MMDCCXLVIII ab Urbe condita.
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TOMO I
EX CORDE: IDEAS Y POEMAS
I
WASF
Tu andar, elegante.
Tus pies, divinos.
Tus piernas, obras de escultor.
Tus caderas, cadenciosas como música.
Tu cintura, encantadora.
Tus manos, suaves y delicadas.
Tus brazos, esbeltos.
Tus hombros, enloquecedores.
Tu espalda, hermosa.
Tu cuerpo, perfecto.
Tu cuello, precisamente delineado.
Tu cara, embelesadora.
Tu boca, deliciosa.
Tus labios, tentadores como cerezas.
Tu hablar, hechizante.
Tu sonrisa, cautivadora.
Tu nariz, de azúcar.
Tus mejillas, cual pétalos al rocío de la mañana.
Tus cejas, tan preciosas.
Tus ojos, como el cielo, dos aquamarinas engastadas en oro, dulces y tiernos.
Tu mirada, fascinante.
Tu cabello, como las olas del mar.
Tu piel, de ensueño.
Tu figura, cual armoniosa sinfonía.
Tu silueta, exquisitamente femenina.
Tu recuerdo, imborrable.
Pero lo más inefable de ti,
es la perfecta manera en que me haces sentir
que he nacido para ti.
Ad hoc.
II
Eres como el viento:
tu presencia me acaricia,
pero no puedo tocarte,
mucho menos retenerte.
Pero ese momento
escaso y fugaz de tu presencia
sencillamente me desquicia.
III
Una oportunidad..., una ocasión...
Deja que me acerque,
concédeme ese honor.
Por una vez tan sola
permíteme salir de la sombra
y mostrarte lo que soy para ti.
IV
Sé que tu amor no es para mi
y que no me está dado romper tu felicidad,
que mi oportunidad es una en un millón.
Pero, aun contra toda lógica,
mi cerebro sueña
y mi corazón late por ti.
Quizás es mi fantasía,
tal vez, mi necesidad, es verdad, lo sé.
Lo cierto es que, al parecer,
un sentimiento brota de nuestros ojos
cuando nos miramos.
V
Ella pasa,
y todo lo demás parece superfluo.
Habla,
y es como si acariciara mis oídos.
Me mira,
y yo me derrito mientras la veo alejarse.
VI
Tómame:
aprieta en tus manos mi corazón
y siente su calor.
Descúbreme:
date cuenta de que en mi interior
brotan fuentes de pasión.
Siénteme:
soy real como el dolor,
aunque no encuentres la razón.
Olvídame:
no soy dueño de tu amor.
VII
Mi vista se deleita,
mi mente se embelesa,
cuando veo a mi princesa
me inspira a respirar,
a cantar —no puedo resistir—,
a gritar: «¡qué bueno es vivir!».
VIII
La sensación que me provoca el verte
es simplemente inefable,
solamente comparable
al hecho que, de suerte, me da el amanecer.
Madrugo para contemplarlo,
mas no sé si ha de ser,
pues, aunque amaneceres siempre han de haber,
una sola nube puede ocultarlo.
Aun así, yo me despierto
cada día muy de mañana
con el remoto anhelo de un cielo abierto,
cual de mirarte la esperanza vana.
IX
Sí,
creo que ya sé qué es;
eso que me despierta cada noche,
eso que pasa fijo en mi mente:
¡es tu sonrisa!
X
Cuatro veces te he visto,
cuatro veces, nada más,
pero con eso me basta
para soñar que me querrás.
Tu recuerdo se desgasta
y el temor acude presto
de perder lo que me queda:
una imagen... nada más.
Tu presencia se me enreda
y, por mucho que me insisto,
el olvido me desbasta
lo que no tendré jamás.
XI
¿Que cuánto voy a escribir?
Hasta que se seque el lapicero
o mi cerebro,
lo que ocurra primero.
XII
Es tu fantasma el que me ronda,
es tu presencia encantadora la que sube corriendo por mi espalda,
es el deseo de abrazarte el que me hace escribir esto
(qué estúpido, metiendo leña en el fuego que no ha de calentarme),
es tu recuerdo el que me inspira...
XIII
¡Encontré mi alma gemela!
Pero ella era inasequible…
¿Hoy qué hago?
¡Si con solo verla estaba destinado a enamorarme!
Si era por demás resistir,
si estaba predestinado a ella,
¿hoy qué hago?
XIV
¿Ella?
Sencillamente divina.
¿Que se acaba?
Lo sé,
dentro de cien años no habrá rastro de su singular belleza.
Pero ¿qué me dices de su alma?
Ella me trató como a un ser humano,
cosa rara, si te fijas
que otros piensan que soy vano.
¿Que lo soy?
probablemente,
pero ella, sin motivo aparente,
me tendió la mano.
No, no confundí sus intenciones:
ella no me dio amistad
o amor, simplemente humanidad.
Pura y llana humanidad.
XV
LEVE ANTOLOGÍA
Luz preciada de mis ojos,
ritmo de mi corazón,
dame solo los despojos
de una mísera ocasión.
No me dejes en la angustia
de no verte nunca más,
que mi vida torna mustia
de pensar que no vendrás.
Piensa bien que no te pido
las locuras que no esperas,
que yo seguiré escondido
hasta el día en que me quieras.
Y mis ojos desasidos
buscan vanos tu visión;
voy comiendo tus latidos,
junto a tu respiración.
Una lágrima se escapa
y un suspiro acude presto
y el papel que escribo empapa
a la vez que hilvano esto.
Sangre de mis venas,
tierna flor de mi jardín,
dicha de mis faenas,
suave y trémulo satín.
Tiemblan tímidas mis manos,
crujen frágiles mis huesos;
mi calor de mil veranos,
¡pensar cómo son tus besos!
Cuerpo mío mutilado,
eres tú lo que le falta;
por tenerte aquí a mi lado
todo el pecho se me salta.
Y es que siento que te extraño,
niña hermosa, princesita;
como amigos desde antaño
mi existir te necesita.
Si te hubiera conocido
hace mucho en vez de ayer,
diferente hubiera sido
y me habrías de querer.
Dulce miel de primavera,
mi más bello amanecer,
siempre hay alguien que te espera,
eres parte de mi ser.
XVI
Si ríes, reiré a tu lado,
si lloras, lloraré contigo,
si hace frío, seré tu abrigo,
y seré por ti lo que has soñado.
Dime tú, pequeña flor,
¿con qué mágico encanto me has hechizado?
Pues, aunque imposible me es tu amor,
tu impresión no se ha borrado.
XVII
Con el tiempo cruel pasando,
languidece la esperanza,
palidece la añoranza
y este tonto sigue amando.
El otoño de no verte
y el invierno de saberte
tan distante de mi mano,
reflorece en primavera
y se entibia en el verano
de soñar la noche entera
con que un día, si Dios quiere,
pueda ser que tú me quieras
y este fuego que hoy me hiere
se convierta en mariposas
que, volando en las praderas
entre césped verde y rosas,
bajo un cielo tan celeste
como el tono de tus ojos,
jueguen libres, sin cerrojos,
mientras vida se les preste.
XVIII
¿Te imaginas tú y yo juntos
de la mano, emocionados,
solo riendo sin asuntos
y de música rodeados?
¿Cual corriendo como niños
de inocencia enamorados
y mirándonos prendidos,
contemplándonos saciados?
¿Y, de pronto, el primer beso,
espontáneo, sin premura,
con caricias de aderezo,
de dulzura, de ternura?
¿Te imaginas lo felices
que seríamos los dos
siendo alegres aprendices
de jamás decir adiós?
¿Te imaginas qué dichosos
descubrir así recíproco
que en verdad somos esbozos
de un unísono ser mítico?
¿Solo viéndonos perdidos,
descubriéndose en el otro,
saturando los sentidos,
percibiendo dentro al otro?
¿Te imaginas...?
Creo que no.
XIX
Es quizás un desatino,
desacierto del destino,
el haberte conocido.
¡Cuánto más me habría valido
aquel domingo aturdido
haberme quedado dormido!
Mas lo cierto es que sí fui
y, al instante en que te vi,
a tus pies caí rendido.
No sabía que en tu vida
ya tu amor tenía dueño;
vaya estúpido mi empeño...
Lo que sí no se me olvida
es que, al verme en ti, mi espejo,
lo que vi fue mi reflejo.
Sabe Dios por qué permite
que conozca lo que sueño
y después me lo limite.
Pido solo que perdones
