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LOS CUADERNOS PÓSTUMOS DE ADAEL SELOUK ZALDIVA.
Poco antes de morir, mi padre me confió nueve cuadernos escritos de su puño y letra con tinta de varios colores, principalmente violeta. Eran nueve partes de un libro titulado Akula: el libro que le había empujado a la locura. -Son las nueve llaves. –me dijo– Si aprendes a usarlas, podrás abrir con ellas las nueve puertas. “Sí, claro, lo que tú digas… ¡Nunca los leeré!”. Este fue el pensamiento que cruzó mi mente, incendiándola, mientras clavaba mis ojos adolescentes en una esquina de la habitación. Estaba furioso. No aceptaba el hecho de que mi padre se hubiese vuelto loco. Y lo que más me irritaba era que ahora, en su lecho de muerte, me entregase esos dichosos cuadernos como si de un maravilloso tesoro se tratara. Metí los cuadernos en un cajón y no los saqué de allí hasta veintiún años después. Sólo ahora, que por fin los he leído, he comprendido lo que entonces no podía comprender. Mi padre no se había vuelto loco. Su aparente locura era en realidad la manifestación de un estado de conciencia que va más allá de la mente ordinaria. Era un estado de iluminación mística. Los “locos de Dios” viven en un mundo que es incomprensible para la mente humana, porque en ese mundo la mente humana ha sido trascendida. Y Akula es precisamente eso: una fábula mística que trasciende el tiempo y el espacio, un cuento imposible que describe el extraordinario viaje del alma. Creo que, en el momento de dármelos, mi padre sabía que sus cuadernos no serían publicados hasta muchos años después. Sin embargo, eso no parecía preocuparle en absoluto. Vivía en un estado de beatitud tan profunda que el ruido y la locura del mundo no le afectaban lo más mínimo. Y eso me tranquiliza, porque sé que me ha perdonado por mi incomprensión de entonces.
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Veröffentlichungsjahr: 2024
A K U L A
El niño sin nombre
Cuento inspirado en Xl Cartillo de Xok, de Fernando Claudín
By Adael Hazan Copyright
Cover 2016 Martina Sesti
Editorial Alvi Books, Ltd.
Realización Gráfica:
© José Antonio Alías García
Copyright Registry: 1704181809511
Created in United States of America.
© Pablo Di Fidio, Bollate (MI) Italia, 2017
ISBN: 9781537163963
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del Editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y siguientes del Código Penal Español).
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Akula
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Título
Derechos de Autor
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Los cuadernos póstumos de Adael Hazan
Prólogo
CAPÍTULO CERO
CAPÍTULO UNO
CAPÍTULO UNO
CAPÍTULO UNO
CAPÍTULO DOS
CAPÍTULO TRES
CAPÍTULO CUATRO
CAPÍTULO CINCO
CAPÍTULO SEIS
CAPÍTULO SIETE
CAPÍTULO OCHO
CAPÍTULO NUEVE
CAPÍTULO DIEZ
CAPÍTULO ONCE
CAPÍTULO DOCE
CAPÍTULO TRECE
CAPÍTULO CATORCE
CAPÍTULO QUINCE
CAPÍTULO DIECISÉIS
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Poco antes de morir, mi padre me confió nueve cuadernos escritos de su puño y letra con tinta de varios colores, principalmente violeta. Eran nueve partes de un libro titulado Akula„ el libro que le había empujado a la locura.
-Son las nueve llaves. –me dijo– Si aprendes a usarlas, podrás abrir con ellas las nueve puertas.
“Sí, claro, lo que tú digas... ¡Nunca los leeré!”. Este fue el pensamiento que cruzó mi mente, incendiándola, mientras clavaba mis ojos adolescentes en una esquina de la habitación.
Estaba furioso. No aceptaba el hecho de que mi padre se hubiese vuelto loco. Y lo que más me irritaba era que ahora, en su lecho de muerte, me entregase esos dichosos cuadernos como si de un maravilloso tesoro se tratara.
-Ya sé que ahora todo esto te resulta incomprensible, pero un día lo entenderás.
-¿Y qué quieres que entienda? ¿Que mi padre se ha vuelto loco?
Estas fueron las últimas palabras que nos dijimos. Metí los cuadernos en un cajón y no los saqué de allí hasta veintiún años después.
Sólo ahora, que por fin los he leído, he comprendido lo que entonces no podía comprender. Mi padre no se había vuelto loco. Su aparente locura era en realidad la manifestación de un estado de conciencia que va más allá de la mente ordinaria. Era un estado de iluminación mística. Los “locos de Dios” viven en un mundo que es incomprensible para la mente humana, porque en ese mundo la mente humana ha sido trascendida.
Y Akula es precisamente eso„ una fábula mística que trasciende el tiempo y el espacio, un cuento imposible que describe el extraordinario viaje del alma.
Creo que, en el momento de dármelos, mi padre sabía que sus cuadernos no serían publicados hasta muchos años después. Sin embargo, eso no parecía preocuparle en absoluto. Vivía en un estado de beatitud tan profunda que el ruido y la locura del mundo no le afectaban lo más mínimo. Y eso me tranquiliza, porque sé que me ha perdonado por mi incomprensión de entonces. Esa incomprensión y ese resentimiento que han tenido encerrada en un cajón, durante veintiún años, la maravillosa historia de Akula.
Eleazar Hazan Primavera del 2014 Coazze (TO) - Italia
P.S. Para que el lector no se encuentre con un enorme volumen imposible de manejar, he decidido publicar por separado los nueve cuadernos que me entregó mi padre. Aunque no se trata de nueve libros independientes, sino de nueve partes de una misma obra.
Al cabo de tantor añor como ha gue duermo en el rilencio del olvido, ralgo ahora, con todor mir añor a cuertar, con una leyenda...
He querido empezar este prólogo con unas palabras del prólogo más famoso del mundo no porque pretenda compararme con su incomparable autor, sino para honrar a quien tanto debo. Y porque yo mismo, después de haber dormido en el silencio del olvido desde hace más de una década, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con esta extraña leyenda de la que no soy ni padre ni padrastro, sino pobre amanuense y aún más pobre traductor.
Por qué ha llegado a mis manos el manuscrito de Akula y cómo me he convertido en su traductor es algo que yo mismo me pregunto cada día. A menudo las cosas más hermosas de la vida suceden de un modo inesperado, como un regalo que una mano invisible deja en nuestro regazo.
Si alguien me hubiese dicho hace sólo un año que yo, Adael Hazan, renombrado poeta, reconocido lingüista y reputado biblista, abandonaría tanto mi labor poética como mis investigaciones en los campos de la lingüística y los estudios bíblicos para consagrarme en cuerpo y alma a la traducción de un cuento, no le habría creído. Me lo habría tomado como una estúpida broma. De hecho, cuando el manuscrito llegó a mis manos pensé que alguien nos estaba gastando una monumental broma, no sólo a mí, sino a los biblistas de todo el mundo. Y no fui el único que lo pensó, porque era imposible que esa fábula mística (“para niños y niñas de ocho a ciento ocho años”„ este era el risible subtítulo del manuscrito) perteneciese al conjunto de rollos hallados en el Mar Muerto, en Qumrán. Alguien tenía que haber introducido el manuscrito de modo subrepticio entre los rollos del famoso hallazgo arqueológico. Esa era la única explicación posible.
En lo que después consideré un momento de delirio, llegué a pensar que quizás Akula había sido depositado en una de las cuevas de Qumrán por una avanzada civilización extraterrestre capaz de viajar en el tiempo. Pero mi mente racional descartó en seguida dicha posibilidad. “Incluso yo, –me dije– he sido víctima del boom extraterrestre de los últimos años. ¡Dios nos libre de la televisión y sus derivados„ la peor plaga de nuestro tiempo!”
Necesitaba encontrar una explicación plausible. La mera existencia de aquel manuscrito absurdo me perturbaba profundamente. Era inconcebible que un texto en el que se habla de los males de nuestro tiempo, y en el que se mezcla el cuento de hadas con ese misticismo universal que es la esencia de todas las religiones y al mismo tiempo las trasciende, se hubiese escrito entre el año 150 a. C. y el año T0 d. C. (período al que pertenecen todos los manuscritos del Mar Muerto). No obstante, y por absurdo que parezca, la prueba del carbono 14 ha demostrado que Akula pertenece a dicho período. A veces, la ciencia parece reírse de nosotros y de nuestras asumidas certezas racionales. Es curioso que haya sido la propia ciencia la que, después de haber conducido al hombre al ateísmo materialista, haya demostrado la irrealidad de la materia, coincidiendo así con las antiguas filosofías místicas de la India, según las cuales la materia es sólo una “ilusión”, un velo detrás del cual se oculta la verdadera
realidad„ el Espíritu.
La ciencia se aleja cada vez más de la materia y se acerca cada vez más a Dios. Sin embargo, el hombre occidental, adorador de la ciencia, sigue teniendo básicamente la misma visión materialista del mundo y los mismos instintos de un cavernícola.
Pero volvamos a nuestro manuscrito. Los anacronismos que encontramos en el texto son muchos, y no quiero aburrir al lector con la enumeración de todos ellos. Sólo mencionaré algunos.
Aunque el uso de citas y dedicatorias es habitual en la literatura occidental desde los tiempos de los autores clásicos latinos, no es en absoluto una característica de la antigua literatura semítica. Los escritores semíticos, a diferencia de sus homólogos occidentales, preferían permanecer en el anonimato porque carecían de lo que hoy llamaríamos “ego del escritor”, se consideraban meros canales de una inteligencia superior. De hecho no sólo no escribían citas ni dedicatorias en sus obras, sino que la mayoría de ellos las dejaban sin firmar o las firmaban con el nombre de algún legendario sabio del pasado. Sin embargo, en el manuscrito de Akula encontramos nada menos que nueve citas y nueve dedicatorias (una para cada una de las nueve partes en que se divide la obra). Y hay varias citas que pertenecen a obras de autores que han vivido en el siglo veinte, algo que desde luego desafía completamente toda lógica porque, como he indicado más arriba, la prueba del carbono 14 ha demostrado que Akula fue escrito entre el año 150 a. C. y el año T0 d. C. Pero hay algo todavía más sorprendente„ junto a una de las citas encontramos la reproducción de una foto.
¡Una foto en un manuscrito antiguo!
Otro hecho que me resultaba del todo inexplicable era la confusión de lenguas que encontré en el manuscrito. Porque Akula no está escrito sólo en hebreo y arameo, como el resto de manuscritos hallados en Qumrán, sino que en él encontramos una extrañísima combinación de lenguas„ sánscrito, hebreo, arameo, griego koiné, protocéltico, anglosajón, gaélico, antiguo eslavo oriental, español del Siglo de Oro, italiano toscano, swahili e incluso algo de chino. ¡Una verdadera locura!
Un estudio detallado de la obra (que en el breve espacio de este prólogo no me es posible realizar) revelaría que el manuscrito de Akula es un texto por el que ha pasado, por decirlo así, toda la historia de la humanidad, como una suma de números infinitos que al final se reducen a uno solo. Y eso explicaría la rara combinación de lenguas en la que está escrito. Pero dejemos que sean los filólogos, los teóricos de la literatura, los antropólogos y los estudiosos de las religiones comparadas quienes se ocupen de estas cuestiones.
En la primera página del manuscrito aparece, junto al título, una indicación que a los lectores no familiarizados con los mundos ultraterrenos les resultará un tanto enigmática„ “Manuscrito Akáshico”.
Akarha es una palabra sánscrita que quiere decir “éter”, “espacio”. Según ciertas corrientes místicas, en el éter se encuentra registrado no sólo todo lo que ha ocurrido en la Tierra y en el resto del Cosmos desde el principio de los tiempos, sino también toda la sabiduría del Universo. Las personas que han desarrollado la capacidad de conectarse con el plano etérico pueden “leer” allí, de modo directo e inmediato, cualquier cosa que deseen saber. Es desde este plano (que a su vez está conectado con el plano astral) desde donde le llegan al ser humano las grandes inspiraciones literarias, artísticas, científicas y proféticas. Así pues, la indicación “Manuscrito akáshico” señalaría que Akula no es un texto escrito al modo usual sino mediante la conexión consciente de su autor con el plano etérico.
Pese a que las dedicatorias son tan numerosas como las partes en que se divide la obra, el autor de Akula no nos ha dejado ninguna indicación sobre su persona, ni siquiera unas iniciales. No sabemos quién era, ni dónde nació, ni a qué se dedicó. Aunque quizás nos dice más de sí mismo y de su vida en la propia historia de Akula de lo que una fría enumeración de datos biográficos podría decirnos.
Entre los estudiosos que llevaron a cabo la difícil tarea de catalogar los manuscritos del Mar Muerto hubo división de opiniones. Unos pocos consideraron que Akula era un misterio que merecía ser estudiado, pero la mayoría lo consideró una tomadura de pelo magistralmente realizada. Como en todas las cosas, prevaleció la opinión de la mayoría y se optó por no hacer público el hallazgo del manuscrito. Así que Akula pasó de mano en mano hasta llegar a las incrédulas manos de este entonces presuntuoso poeta, lingüista y biblista.
Cuando abrí el sobre que lo contenía, encontré junto al manuscrito una carta en la que se explicaba dónde había sido hallado y las opiniones contrarias que había suscitado. En la carta se me comunicaba, además, que podía hacer con él “lo que usted considere oportuno”. Ni siquiera se me prohibía que revelase su procedencia. Obviamente, los especialistas que me lo enviaron sabían que sólo un completo idiota haría algo así. Y en el caso poco probable de que yo fuera ese completo idiota y revelase la procedencia del manuscrito, nadie me creería, perdería para siempre mi credibilidad y mi prestigio intelectuales. Sería el fin de mi carrera. Y de hecho lo fue.
Tanto mi carrera como la vida que había vivido hasta entonces se acabaron el día en que abrí ese sobre.
De todos los anacronismos y verdaderos imposibles que encontré en el manuscrito hubo uno que me perturbó tan íntimamente que estuve a punto de perder la razón. Yo mismo aparecía en la increíble historia que se narraba en aquellas polvorientas páginas. Yo era... “¡No! ¡Es imposible!”, me repetía a mí mismo una y otra vez. Sin embargo, lo “imposible” estaba allí, encima de mi mesa, como un insoportable insulto a la razón humana.
Sólo había una forma de acabar con todo aquello„ tenía que destruir el manuscrito.
Tardé varios días en decidirme. Para un erudito, destruir un manuscrito con veinte siglos de antigüedad equivale a cometer un crimen abominable. Y yo estaba a punto de cometerlo...
Era invierno. En el salón de mi casa había un silencio de hielo que parecía resquebrajar el tiempo. Me hallaba junto a la chimenea, con el manuscrito entre las manos, que me temblaban visiblemente. Con un movimiento rápido propio de un desquiciado introduje el manuscrito en el hueco superior de la chimenea y lo sostuve allí, suspendido sobre las llamas. Esperaba que sus arrugadas páginas empezaran a chamuscarse inmediatamente, pero eso no ocurrió. Para mi asombro y consternación las llamas se retiraron hacia los extremos de la chimenea, como si poseyeran una voluntad propia que se negaba a quemar el manuscrito.
No podía creer lo que estaba sucediendo.
¿Qué poder se ocultaba en ese viejo manuscrito ante el cual incluso el fuego (el elemento más destructor de la Naturaleza) se apartaba reverente?
Arrojé el manuscrito sobre la alfombra y caí de rodillas.
-¿Por qué yo, Dios mío? –grité– ¿Por qué has permitido que Akula llegara a mis manos?...
La respuesta a mi pregunta vibró con toda claridad en mi interior, como si Dios hubiese soplado su aliento desde el centro más íntimo de mi propio corazón„ “Acéptalo. Es un regalo”.
Entonces comprendí que la verdadera causa de mi sufrimiento no era el manuscrito en sí, sino el hecho de que yo me negaba a aceptar su existencia.
