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Hay vivencias en la vida que no pueden describirse con palabras: la muerte de un hijo, sufrir una enfermedad terminal o tener deseos profundos de morir pueden ser ejemplos de ello. La autora de Al borde del suicidio pretende acercar su corazón al de aquellos que se sienten solos e incomprendidos. A aquellas personas que sienten un dolor tan profundo que la única salida que ven a su dolor es quitarse la vida. A través de las palabras y emociones escritas en él, el lector podrá comprender un poco más lo que una persona con pensamientos suicidas lleva en su alma, mente y corazón. Un libro honesto, escrito desde la vivencia personal y óptica profesional, para poner luz a un tema muy poco visto en nuestra sociedad. Hablemos del suicidio, demos luz a todo ese dolor y sanemos corazones.
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Seitenzahl: 138
Veröffentlichungsjahr: 2024
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Begoña Moro Rodríguez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 978-84-1068-549-9
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
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A ti, alma inspiradora,
que alguna vez deseaste no estar en este mundo
UN MENSAJE PARA TI
No puedes más, lo sé. El dolor de tu alma es tan inmenso que lo único que deseas es que termine de una vez por todas, no importa cómo. La esperanza parece haberse desvanecido y no ves ni una pequeña luz que aparezca en el horizonte.
Las preguntas hacia ti mismo son constantes. Preguntas sobre qué hacer y cómo hacerlo, preguntas sobre qué sucederá contigo y con las personas que amas. Preguntas sobre por qué fue así y no de otro modo.
Calmar la mente es lo más importante en este momento y, aparentemente, algo muy complicado también. No para, va a mil revoluciones por milisegundo. Respira, date un momento, cierra los ojos, pon las manos en tu corazón, siéntelo y respira.
Como ves, las cosas después de respirar siguen estando aquí, aunque tú no eres ya la misma persona, incluso si así te lo parece. En ocasiones crees que necesitas ver aunque, en el fondo, lo que necesitas es confiar. Deja de buscar y siente. Siéntete, en plenitud, en toda tu inmensidad, con todo ese dolor que te embarga.
Darte un tiempo, permitirte y respirarte te llevan al siguiente escalón del camino. Uno menos por subir y uno más superado. En comparación a todos los que llevas te aseguro que ya te quedan muy pocos por subir. Los más difíciles quizá, eso sí.
Y es que aquellos escalones que subimos con tanta dificultad nos moldean, ese camino que tomamos nos convierte en una nueva persona. Dejar de ser quienes fuimos para convertirnos en alguien más es verdaderamente aterrador, a la vez que maravillosamente transformador.
Como la oruga que se convierte en mariposa, te estás transformando y, antes de que te des cuenta, desplegarás tus alas como nunca antes. Te mostrarás al mundo con todo lo que eres y tocarás corazones.
Yo no tengo ninguna duda del valor que tienes para el mundo y probablemente tú tampoco, quizá tan solo lo hayas olvidado. Es por eso que mi mensaje tan solo pretende ayudarte a recordar esto.
Como yo, puedes poner voz a tu historia. Y, en realidad, a cualquiera de los aspectos de ti que necesites liberar. Compartirlo con el mundo es una gran forma de hacerlo. En mi caso con un libro, en el tuyo quizá a través de la música o la pintura. Solo tú sabes la manera.
Y no olvides que eres suficiente, eres valioso, eres amado. Recuerda esto y únete a todas aquellas personas que te ayudan a sentirlo en tu propia piel. Continúa, tan solo continúa caminando, un escalón a la vez. Y verás que todo pasará. De hecho, ya está pasando.
Gracias por formar parte de la vida, por ser quien eres, por haber elegido estar aquí y por darte el permiso de leer mis palabras. Gracias de todo corazón.
¡Feliz camino, compañero!
CAPÍTULO 1. INTRODUCCIÓN
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Querido lector, estimada alma:
Escribo hoy estas palabras para poner voz a mi historia, con el fin último de acompañar a otras personas que estén pasando por una situación similar a la que yo viví.
Sí, quise suicidarme. Y no solo eso, estuve a punto de hacerlo. Como puedes ver, finalmente decidí no tomar ese camino.
El suicidio no es algo bien visto en nuestra sociedad y las personas que nos enfrentamos a pensamientos suicidas no solo tenemos el peso del dolor y el sufrimiento que estamos atravesando, sino el juicio y la no comprensión de las personas que nos rodean.
Dime, ¿acaso le has contado a alguien que tienes pensamientos de suicidio? ¿Te has preguntado en alguna ocasión si esto es solo cosa tuya, o quizá otras personas se hayan imaginado a sí mismas saltando a las vías del tren o tomándose un bote entero de pastillas para quitarse de en medio? Tampoco parece algo tan raro, ¿verdad?
Yo llegué a creer que este tipo de pensamientos eran comunes y que todo ser humano se enfrentaba a ellos en algún momento. Aunque me temo que no, esto es algo que no parece estar en la mente de todo el mundo.
Si estás leyendo estas palabras es, probablemente, porque tú también hayas pensado en diversas formas de quitarte la vida y, cómo no, en las consecuencias de hacer algo así. Quizá por eso sigas aún con vida.
Este libro está dirigido principalmente a aquellas personas que tienen pensamientos de suicidio. Personas que sienten un dolor tan inmenso que no encuentran otro modo de aliviarlo más que partiendo de este mundo.
Puede que estés teniendo pensamientos de suicidio, puede que incluso hayas tenido alguna tentativa, afortunadamente sin éxito. Quizá aún estés en ese momento previo de querer desaparecer, sin haber sentido todavía las ganas tan claras y fuertes de querer morir. Sea como sea, si te encuentras en este momento vital, este libro es para ti.
En él te hablo sobre mi vivencia personal en relación con la muerte y el suicidio, sobre cómo sentí, pensé y viví esta etapa de mi vida, aún no tan lejana en el tiempo. Te hablaré de la mente y los pensamientos, del dolor, del trauma, la depresión, de las emociones ocultas en una mente suicida. Compartiré contigo algunas herramientas que me ayudaron a atravesar este oscuro desierto y también te daré mi visión sobre la vida y la muerte desde mi lado más espiritual. Y, por supuesto, te hablaré también del amor. Del bueno. Del incondicional. Del que sana y da vida. Del que enciende tu luz y tu corazón.
Lo hago porque yo he pasado por lo que estás pasando tú. Porque he estado en tu lugar. He atravesado innumerables noches oscuras del alma hasta llegar aquí hoy. Y, ¿sabes qué? Me alegro de haber llegado, a pesar de todo.
No pretendo ponerme en tus zapatos porque no podría, cada vivencia es única y diferente, cada ser humano lo es. Tampoco pretendo decirte lo que has de hacer o dejar de hacer, tan solo tú eres dueño de tu vida. Lo que sí me gustaría es acompañarte en esas noches oscuras y recordarte que no estás solo. Y que tu vida es tan valiosa como la de cualquier otro ser de esta tierra.
Ojalá mis palabras te ayuden a aliviar un poco ese dolor que sientes en tu corazón y te devuelvan la esperanza. Ojalá tu luz vuelva a iluminarse y encuentres una nueva puerta que te lleve allá donde tu alma desea estar.
Ahora es el momento, tú lo sabes bien, de tomar este libro entre tus manos y adentrarte en sus páginas, en sus palabras y en sus emociones. Con todo aquello que ya sientes por dentro no creo que haya nada que pueda sorprenderte, ¿qué tienes que perder?
Te abrazo fuerte, con todo el amor que soy capaz de entregar.
Y recuerda que te quiero. Nos quiero.
CAPÍTULO 2. ENFOQUE TERAPÉUTICO
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Finalmente me llamaron Begoña, aunque si hubiera sido un niño me habrían puesto Roberto. Nací en el mes de julio de 1988, en la ciudad de Salamanca, España. Buen año, siempre me gustó.
A mi parecer, no creo que exista una infancia perfecta, aunque está claro que unas vivencias y otras nada tienen que ver. La mía, afortunada o desafortunadamente, tuvo sus qués.
Cuando miro atrás, me doy cuenta de que ya en mis primeros meses de vida podía observarse mi alta sensibilidad, ese rasgo que caracteriza a aproximadamente un veinte por ciento de la población y que nos hace sentir el mundo de otro modo, mucho más intensamente que el resto de las personas.
Intensidad emocional, sensitiva y cognitiva, personas que jugamos un juego de la mente diferente. Tanto es así que, en mi caso, no podía ponerme ciertas prendas de ropa porque me picaban o tomar ciertos alimentos porque su textura me desagradaba fuertemente.
Aunque la alta sensibilidad no es el foco de este libro, sí me parece importante tenerla en cuenta para comprender cómo han sido mis vivencias desde aquel julio de 1988 y por qué llegué al borde del suicidio.
Recuerdo muy poco de mi infancia, alguna imagen poco nítida antes de los seis o siete años. Y más que eso, sensaciones. Incluso hoy, cuando paso por delante del lugar donde estaba la guardería a la que me llevaron siendo tan solo un bebé, mi cuerpo reacciona. Mis labios forman una sonrisa, mi corazón parece alegrarse y ni siquiera soy consciente de por qué me sucede eso. No tengo recuerdos de aquella época, aunque no hay duda de que sí los hay a otro nivel de mi conciencia. Mi cuerpo lo expresa claramente. Paso por allí cada vez que puedo.
Sin embargo, hay otras cosas que sí recuerdo con claridad. Las veces en que gritaba a medianoche, para que mis padres encendieran la luz, porque estaba aterrorizada por la oscuridad. Las peleas y discusiones entre ellos. El miedo a escuchar la puerta de casa a altas horas de la madrugada. También los días en que esperaba sola en la puerta a que alguien llegara para poder entrar. Todas aquellas personas que decían que no comía lo suficiente. Mis silencios, creyendo que era mejor no hablar para no molestar. Mi sensación de ser incomprendida, mis ganas de hacerme invisible y otras muchas cosas más.
Crecer con un padre alcohólico y una madre ausente emocionalmente no fue sencillo para una personita sensible como yo. Mi vínculo con ellos tampoco lo fue. Ni la falta de abrazos, caricias y contacto físico que me hicieran sentir segura y acogida. Eso me marcó para siempre.
Fui, lo que llaman, una niña buena. Callada, tranquila, responsable y madura para mi edad. Así me han definido durante años los que me conocen y hoy comprendo la contradicción.
En el colegio iba un poco a mi aire. Ver a muchos niños me agobiaba, el ruido, el barullo, tantas actividades que me generaban aún más estrés, miedo y culpa. Esto me pasó cuando aprendí a nadar. Le tenía terror. Afortunadamente, me permitieron no hacer ese curso de natación y hoy en día soy buena nadadora. De nuevo, aprendí a hacerlo en mi quietud, en la seguridad que me aportaba mi propia soledad.
Además, en aquellos primeros años muchas veces sentía estar en mi mundo interior más que conectada con lo de afuera, eso me hacía sentir tranquila. Mi amada soledad, mi refugio seguro, allí nadie podría alterar mi estado. Yo conmigo misma, dónde mejor.
Así que, como ves, sensibilidad, soledad y trauma temprano son palabras que podrían definir bien mi infancia y primeros años de vida. Grandes papeletas para fantasear con algo diferente, para vivir una vida que no es la propia, para querer desaparecer.
Antes de continuar con mi historia personal, adentrémonos en qué tiene que enseñarnos la psicoterapia sobre la importancia de estos primeros años de nuestra vida.
2.1 Infancia
Me gustaría comenzar asentando las bases sobre el desarrollo infantil, para así poder comprender mejor la importancia de ello en la vivencia que una persona puede tener sobre el suicidio, bien sea en años tiernos de su vida o en una edad más adulta.
Durante los primeros años de vida de un niño ocurren los cambios físicos, psicológicos y emocionales más importantes que definirán cómo será en su vida adulta. El niño atraviesa diferentes etapas del desarrollo infantil que abarcan diversas áreas del desarrollo como son la física, cognitiva, sensorial motor, social, afectiva y el desarrollo del lenguaje. Este proceso es progresivo. Veamos cómo sucede.
Período intrauterino
Aunque nos han hecho creer que nuestra vida comienza a contar desde el momento del nacimiento, bien es sabido a estas alturas que el periodo de gestación tiene una alta importancia en nuestro posterior desarrollo.
Esta fase incluye el periodo fetal precoz y el tardío, e involucra procesos de rápida formación y perfeccionamiento de los sentidos. En ella pueden ocurrir eventos traumáticos para el bebé, como tener el cordón umbilical enrollado en el cuello, un parto prematuro o el uso de fórceps, por poner algunos ejemplos.
También los eventos externos que se dan y que la madre vive en este periodo pueden impactar fuertemente en el bebé. Tanto los hechos más visibles, como los menos. El estado emocional de la madre es fundamental para el buen comienzo en la vida de alguien que viene al mundo.
Los principales aprendizajes en esta etapa se producen a través del oído, aunque otros sentidos ya están abiertos a percibir. Si bien es cierto que estos aprendizajes son básicos, ya que están sujetos a un tipo de memorización muy simple, no por ello es de poca importancia.
En esta etapa las estructuras biológicas aún no han madurado y el aprendizaje del niño se limita a su espacio vital y las sensaciones que percibe de la madre. El ambiente social y la estimulación sensorial directa aún no están presentes.
Período neonatal
Esta fase se inicia en el momento del nacimiento y va hasta el primer mes de vida, aproximadamente. Un periodo de vital importancia, literalmente hablando, ya que la mayoría de las muertes súbitas se dan en este plazo.
Los bebés tienen su primer contacto con el mundo físico que les rodea y en el que ahora van a vivir. Nada meramente parecido a lo que conocían hasta ahora. Han de adaptarse a un nuevo mundo.
Aunque en este periodo se establece la comunicación con otros seres humanos por primera vez, es cierto que el bebé aún no tiene la capacidad de entender el concepto del «yo». El niño aún no sabe diferenciar su cuerpo del cuerpo de su mamá. No conoce los límites entre uno y otro.
A pesar de no tener aún desarrollado el lenguaje, en estos primeros días los bebés sí que tienen cierta facilidad para distinguir fonemas e incluso diferentes idiomas. Pero esta habilidad tan temprana va perdiéndose en los primeros meses de vida.
Respecto a los cambios físicos, en esta etapa se empieza a producir el crecimiento de todo el cuerpo menos de la cabeza, la cual es importante mantener bien sostenida, ya que el bebé aún no es capaz de hacerlo por sí mismo. Es una etapa vulnerable en todos los aspectos.
Período lactante
Podríamos decir que esta etapa va del primer mes al primer año de vida, teniendo en cuenta que estas definiciones no son exactamente iguales para todos los bebés. Pueden apreciarse algunos cambios de tiempo de desarrollo entre unos y otros.
Los cambios físicos y psicológicos comienzan a ser más notorios y pueden verse más cambios cualitativos en el comportamiento del bebé. En la etapa lactante se empieza a desarrollar una musculatura suficientemente fuerte para mantener una postura erguida y hacia los seis meses comienzan a emitir balbuceos y falsas palabras. También el desarrollo motor comienza a ser más fino, coordinando diferentes partes del cuerpo para moverse con más precisión.
No debemos olvidar la importancia de la lactancia en esta etapa del crecimiento, ya que influye tanto en la alimentación como en el vínculo afectivo con la madre, del cual hablaré más adelante.
Período de primera infancia
Va del primer al tercer año aproximadamente y suele coincidir con el primer alejamiento de las figuras de apego, cuando comienzan la guardería. En esta etapa se dan grandes cambios a nivel físico y del lenguaje, principalmente.
A nivel físico, comienzan a ganar control sobre los esfínteres y el tamaño de las extremidades sigue creciendo. La diferencia entre la cabeza y el resto del cuerpo se reduce, aunque el desarrollo a este nivel se produce de una manera un poco más lenta que en las etapas anteriores.
A nivel de lenguaje, tras el balbuceo de la etapa anterior, comienzan a formular frases simples con ciertas incorrecciones, aunque ya esto les permite interaccionar socialmente de un modo diferente hasta ahora.
A nivel cognitivo, el pensamiento es fundamentalmente egocéntrico, en el sentido de que les es complicado comprender lo que piensan o creen los demás, aún no tienen la capacidad de ponerse en la mente de los otros.
Muestran también una fuerte voluntad de explorar el mundo y descubrir cosas nuevas, dando lugar a nuevos aprendizajes. De hecho, esta curiosidad es justamente el motor del aprendizaje, según Jean Piaget.
Período preescolar
Va de los tres a los seis años y es una etapa de grandes cambios y crecimiento a todos los niveles, aunque el área cognitiva es la que gana más protagonismo.
Los niños aquí comienzan a ganar la capacidad de la teoría de la mente, es decir, la habilidad de atribuir intenciones, creencias y motivaciones únicas a los demás. Creencias que son distintas de las propias. Esta capacidad les permite enriquecer las relaciones sociales, aunque también la mentira les resulta más útil y eficaz como recurso para conseguir lo que desean.
