3,99 €
'Antes de que ocurriera AQUELLO, todos pertenecían a algún lugar. Después, olvidaron lo irrecuperable y todos fueron, estuvieran donde estuvieran, del OESTE DE LAS AGUAS. Los continentes perdieron sus nombres. Al fin, todos estaban al OESTE DE LAS AGUAS.' El guiño poético geográfico que da título al libro de Claudia Celaya se despliega ( desliza) a lo largo de sus páginas para indagar sobre las posibilidades de contar la experiencia desde coordenadas espacio- temporales; para ensayar, entretanto, una cartografía de lo humano. En Al oeste de las aguas el mito fundacional se convierte en mito del exilio, en un origen signado por el partir y el partir-se de quienes 'Se alejaban por oponerse al camino o se hundían en búsquedas perdidas.' En esta travesía los puntos cardinales solo sirven para marcar la ausencia: el lugar que se ha abandonado (perdido), el espacio al que aún no es posible arribar, un horizonte brumoso que no logra definirse porque el sol sólo alumbra la ruta, 'la raya que divide en dos la simetría y la cruza perdiéndose...quién sabe desde dónde hasta cuándo'. Habrá que transitar entonces la lectura con ánimo de viajero errante, mezclándose con el paisaje humano y vegetal que la obra delinea con una tinta sutil. Pamela Cámara.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 36
Veröffentlichungsjahr: 2018
Antes
de que ocurriera AQUELLO.
todos pertenecían a algún lugar.
Después,
olvidaron lo irrecuperable y todos fueron
estuvieran donde estuvieran:
del OESTE DE LAS AGUAS.
Los continentes perdieron sus nombres.
Al fin, todos estaban al
OESTE DE LAS AGUAS.
Cuando el HOMBRE y la MUJER se trasladaban, solo cambiaban de clima.
Se introducían lentamente en primaveras, otoños, inviernos y veranos según como decidieran en tiempo y manera apurar el paso, calculando altitudes y latitudes.
Cambiando.
Estrenándose a si mismos en cada paisaje.
Los COTIDIANOS no son VIAJEROS.
Cambian sus ropas, alimentos y casas a medida que pasa el tiempo, acumulando así gran cantidad de cosas que muestran con orgullo, al precio de temer perderlas.
Los VIAJEROS DE VIAJES como el HOMBRE y la MUJER no tienen.
No temen.
No van ni vienen por las distancias.
Sin acercarse o alejarse a nada, solo se mueven por los caminos desiertos de ansiedad, apuro, nostalgias y andan por gentes, lluvias, amores, alegrías, nieves, pasiones, montañas, odios, soles, aves, arenas, bestias, vientos, oscuridades, fuegos.
Por ellos mismos,
solo andando, andando...
al OESTE DE LAS AGUAS
Tal vez los sueños sean
imprescindibles - dijo el
HOMBRE-
Porque los hombres mueren.
Sueños intermitentes que molestan
la vigilia de los que duermen.
Las Sombras y los Resplandores los rodean.
Pero el HOMBRE y la MUJER caminan. Sin temor.
Buscando esa estrella tan pequeña que suele titilar ante sus ojos, siempre inalcanzable.
Por eso caminan hacia ella.
La MUJER sabe, y el HOMBRE sabe,
que jamás puede ser vista de a uno.
Por eso caminan juntos,
entre Sombras y Resplandores.
Le decía LLUVIA, porque la esperaba y a veces era mucha, otras poca.
Y nunca se quedaba para siempre, pero siempre volvía.
Ella le decía TIEMPO, porque estaba desde el nunca de ser de los principios hasta el final que nunca acabaría.
El amor los tejía sabiamente, con filosas agujas.
Siempre fueron, aún cuando sin serlo, eran dos sin saber que uno es la duda del otro que no está cuando se buscan.
El amor los tejía sabiamente, con filosas agujas.
(De eternidad se embriagan los amantes para olvidar el nombre de la muerte.
Pero el amor los teje sabiamente con filosas agujas)
Las casas alineadas a la vereda, las ventanas alineadas al sol, los COTIDIANOS alineados, cruzando la calle por las líneas y saludando con gesto recto a otros que se alinean en las ventanas, o que pasan a su derecha o a su izquierda, de frente o por detrás, mas lenta o mas rápidamente pero contestando el gesto con otro gesto igual, si es que han establecido previamente el pacto de saludarse. Todos buenos vecinos, buenos días, buenas tardes, buenas noches.
Vecinos de medianeras lindantes, medialunas por la mañana, mediatinta, medias así no se ve la pierna, pierna atada (nunca pierna suelta) y cada cual con su cada cual, cada cual en su casa, cada uno es cada uno, cada uno se las arregla como puede, nunca como quiere porque debe seguir una línea de conducta que no cruce la línea municipal:
de acá para acá una cosa, de acá para allá otra cosa
.
De allá para allá: no existe.
Entreteniéndose antes de la muerte, porque uno no sabe cuándo, mientras tanto aquí estamos: pase usted primero, no, de ninguna manera, usted se lo merece... ha trabajado tanto.
