Alas - Mijail Kuzmín - E-Book

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Mijail Kuzmín

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Alas es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual, y lo hace de una manera bellísima, con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar en un autor como Kuzmín, a través de una historia con ciertos tintes autobiográficos, en apariencia muy sencilla pero que, bajo una superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad. El protagonista es Iván Smúrov, también llamado Vania, un joven huérfano que queda al cargo de su tío Kostia, con quien se traslada a vivir al populoso Petersburgo. Para el muchacho, este cambio supone algo más que abandonar la vida de provincias; será un viaje iniciático hacia el despertar del amor y los sentimientos en el que, por su inocencia e inexperiencia, se verá enfrentado a circunstancias que no concuerdan con el ideal comúnmente extendido del amor romántico. Pero Vania es lo suficiente inteligente como para escucharse a sí mismo y ser consecuente aunque se vea obligado a enfrentarse a algo desconocido.

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Seitenzahl: 192

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Akal / Clásicos de la Literatura / 23

Mijaíl Kuzmín

ALAS

Traducción: Manuel Ángel Chica Benayas

Alas es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual, y lo hace de una manera bellísima, con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar en un autor como Kuzmín, a través de una historia con ciertos tintes autobiográficos, en apariencia muy sencilla pero que, bajo una superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad. El protagonista es Iván Smúrov, también llamado Vania, un joven huérfano que queda al cargo de su tío Kostia, con quien se traslada a vivir al populoso Petersburgo. Para el muchacho, este cambio supone algo más que abandonar la vida de provincias; será un viaje iniciático hacia el despertar del amor y los sentimientos en el que, por su inocencia e inexperiencia, se verá enfrentado a circunstancias que no concuerdan con el ideal comúnmente extendido del amor romántico. Pero Vania es lo suficiente inteligente como para escucharse a sí mismo y ser consecuente aunque se vea obligado a enfrentarse a algo desconocido.

Diseño de portada

RAG

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Nota editorial:

Para la correcta visualización de este ebook se recomienda no cambiar la tipografía original.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

Imagen de cubierta

Henry Scott Tuke, The Critics, 1927, Leamington Spa Art Gallery & Museum, Reino Unido.

Título original

Крылья

© Ediciones Akal, S. A., 2019

para lengua española

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

ISBN: 978-84-460-4808-4

Giovanni Segantini, El Amor en la fuente de la vida, 1896.

INTRODUCCIÓN

El autor

Mijaíl Alexéievich Kuzmín viene al mundo el 6 de octubre (18 de octubre en el calendario juliano) de 1872 en Yaroslavl. Sus padres son Alexéi Alexéievich Kuzmín (1812-1886) y Nadezhda Dmítrievna Fiódorova (1834-1904), que practicaban la religión cismática de los viejos creyentes. Además de Mijaíl, sus padres tuvieron cinco hijos más que nacieron por este orden: Várvara, Anna, Alexéi, Dmitri y Pável. Mijaíl fue el penúltimo hijo de los hermanos. En su autobiografía, Kuzmín afirma que un bisabuelo de su madre fue el actor francés Jean Ofren, favorito de la emperatriz Catalina II. Tal vez por ello siempre sintió una gran admiración por la cultura del sur de Europa, y entre sus escritores preferidos estaban Cervantes, Shakespeare y Molière. Su padre provenía de una familia noble y era oficial de la marina en la reserva. Su madre, de orígenes más humildes, era hija de actores.

Por el cargo de su padre, Kuzmín y su familia viven en varias ciudades, como Sarátov, hasta que finalmente se establecen en San Petersburgo en 1885. Kuzmín ingresa en el Gimnasio n.º 8, donde conoce al que se convertirá en su gran amigo para toda la vida, Gueorgui Vasílievich Chicherin, futuro ministro de asuntos exteriores del gobierno soviético desde 1918 a 1930. Ambos se ven unidos por su amor al arte, por su ideología progresista y por su homosexualidad.

Sus aspiraciones artísticas hacen que Kuzmín se matricule en 1891 en el Conservatorio de San Petersburgo para cursar la carrera de Composición. Estudia nada menos que con Nikolái Rimski-Kórsakov, pero sólo termina tres de los siete cursos. Escribe algunos cuentos siguiendo el ejemplo de Hoffmann y también canciones y piezas musicales que adquieren cierta fama en los círculos intelectuales. Por recomendación de Chicherin comienza a estudiar lenguas, que pronto pasa a dominar sin problemas: latín y griego como lenguas clásicas, y francés, inglés, alemán e italiano como lenguas modernas. Posteriormente trabajará de traductor, lo que le permitirá contar siempre con unos ingresos más o menos fijos.

En 1895 tiene lugar uno de los acontecimientos que van a marcar su vida. Son los viajes que, junto a su madre, realiza por Rusia, Italia, Grecia, Turquía y Egipto. Kuzmín se establece en Alejandría hasta finales de 1896 y se empapa de la cultura clásica y egipcia, lo que constituirá una base firme para su posterior creación artística.

Es en estas fechas cuando tiene su gran crisis religiosa, que le hace abandonar la religión ortodoxa para instalarse en una posición gnóstica que conservará toda su vida. En Italia conoce a su primer amor, un hombre del que no se sabe su verdadera identidad y que el autor cita en sus textos sólo como el príncipe Georges. Este fallece en Viena al poco tiempo de que ambos se hubiesen conocido. Algunos biógrafos de Kuzmín afirman que este grave suceso lo llevó a un intento de suicidio por medio de veneno, que no llegó por suerte a consumarse.

En marzo de 1897 Kuzmín vuelve a San Petersburgo, donde entra en contacto con los círculos simbolistas y con el grupo artístico Mir Iskusstva (El Mundo del Arte). En 1905 publica sus primeras obras en la revista literaria Vésy (Libra), de Valeri Briúsov. La primera de ellas es su ciclo de poemas Canciones alejandrinas, inspiradas por su estancia en Alejandría. Y también en ese mismo año publica allí la novela Alas, que es recibida con el mismo entusiasmo que desprecio, pues es la primera novela rusa en la que se narra un amor homosexual.

En 1906 compone la música de la obra de Alexandr Blok La barraca de feria, y colabora en los cabarets de la ciudad. Comienza por tanto a moverse en el mundo teatral de San Petersburgo, lo que le facilita crear un personaje para sí mismo que le va a caracterizar en la época. Mijaíl Kuzmín se muestra entonces como un dandi transgresor que dice, piensa y se comporta según su deseo.

En 1908 aparece su poemario Redes, donde mezcla con maestría sus amplios conocimientos del mundo antiguo con los problemas y asuntos del mundo contemporáneo.

Además de con los simbolistas, también se relaciona con los acmeístas, aunque ninguno de los dos movimientos llega a monopolizar su obra. Kuzmín prefiere encontrar un camino propio que, sin ser del todo impermeable a las corrientes de la época, sí se puede calificar de personal. En sus textos Kuzmín entremezcla su pasión por el mundo clásico y por Rusia, su admiración por Europa y su amor por la pintura y la música. Sus obras son un mosaico de diferentes piezas que el lector debe reconstruir y que, por lo tanto, nunca darán como resultado una misma obra igual para todos, ya que el lector proyecta en ellas sus gustos, deseos y necesidades. Se podría afirmar que las obras de Kuzmín son tan personales que pueden pertenecer a cualquiera.

En 1909 Kuzmín publica su poemario Lagos de otoño. Ese mismo año mantiene un romance secreto con el pintor y diseñador escénico Serguéi Sudeikin, que es descubierto por la mujer de este, la actriz Olga Glébova. A pesar de ello, los tres siguen manteniendo una fuerte relación de amistad y Olga Glébova colabora en numerosas ocasiones con Kuzmín.

Es en 1910 cuando Mijaíl Kuzmín establece una sólida relación amorosa con Vsévolod Kniázev, su gran amor. Hasta 1912 vive en la llamada «Torre», una casa que sirve de lugar de encuentro y de residencia de poetas acmeístas propiedad de Viacheslav Ivánov. Conoce a la escritora Anna Ajmátova y comienza una fructífera amistad con ella. Años más tarde esta amistad se rompe debido a una reseña escrita por Kuzmín sobre un libro de Ajmátova que esta no encuentra satisfactoria. A pesar de ello, siempre mantuvieron una relación de admiración mutua.

En 1913 Vsévolod Kniázev comienza un romance con Olga Glébova. La relación se vuelve insoportable para Kniázev y se suicida, hecho que refuerza la idea de Kuzmín como poeta maldito. Kuzmín se traslada entonces a vivir junto con el poeta Yuri Yurkun y su esposa. Yurkun y Kuzmín entablaron una gran y duradera amistad, además de una breve relación amorosa. De ese año es el nuevo libro de poemas de Kuzmín, Palomas de barro. También termina la publicación de sus libros de relatos, que comenzó en 1906 con Primer libro de relatos (en el que incluye Alas), al que siguió Segundo libro de relatos en 1909 (con Las hazañas de Alejandro Magno), y por fin ese año Tercer libro de relatos (donde aparece otra novela importante en la producción del autor, Soñadores).

Ha llegado, pues, una época de gran actividad. Colabora en el teatro como dramaturgo, compositor y traductor con Vsévolod Meyerhold y Vera Komissarzhévskaia en espectáculos como Elektra, de Richard Strauss, Fausto, de Charles Gounod o Benvenutto Cellini, de Hector Berlioz.

En 1917 se produce la Revolución de Octubre. Mijaíl Kuzmín forma parte entonces de la Asociación de Artistas de Petrogrado, y es respetado como maestro de una nueva generación de poetas y escritores. En 1922 se adscribe a los emocionalistas y publica con ellos la revista literaria Abraxas. Según el propio Kuzmín, el emocionalismo es una versión más tranquila y sosegada del expresionismo. Aquí experimenta con la escritura sistemática en obras como La muerte de Nerón. Durante este periodo de su vida publica más de un libro al año, tanto de poesía como de prosa: El guía (1918), La prodigiosa vida de Giuseppe Balzamo, conde de Cagliostro (1919), Cuadros con cortinas (1920), Eco (1921), El bosquecillo (1922), Parábolas (1923), El nuevo Hull (1924).

En 1929 Kuzmín publica su último libro, el poemario La trucha rompe el hielo, considerado por muchos su obra maestra y que puede ser también tenido como su testamento artístico y vital. La trucha rompe el hielo es una colección de poemas narrativos en los que el autor recoge, tanto en la forma como en el fondo, el clasicismo que tanto le ha apasionado a lo largo de su vida. En estos poemas el autor da rienda suelta a sus innovaciones y experimentos artísticos. Las imágenes adquieren suma importancia y acercan el texto a un onirismo consciente que dificulta en numerosas ocasiones la interpretación de la obra, donde también tienen cabida sus inquietudes gnósticas y esotéricas y el amor homosexual. Esta colección de poemas supone un alejamiento de la luminosidad y claridad que dominó su creación antes de 1910, con unos textos oscuros y herméticos que evidencian el camino del autor hacia el surrealismo a través de un neoclasicismo característico e inconfundible.

A partir de este momento Kuzmín se centra en su faceta de traductor. Ha sido nombrado traductor oficial al inglés de Maxim Gorki y, a su vez, vierte al ruso con gran reconocimiento numerosas obras de Shakespeare. Mijaíl Kuzmín fallece el 1 de marzo de 1936 en el Hospital Kúibyshev de Leningrado a causa de una neumonía.

Desde 1930 a 1989 las obras de Mijaíl Kuzmín no se volvieron a publicar en la URSS. A partir de esa fecha, la nueva aparición de sus libros ha permitido que generaciones jóvenes se interesen por su obra. Todos los años, el día de su fallecimiento, sus lectores se reúnen ante su tumba para recordarle y leer sus poemas. Sí debemos lamentar que numerosos escritos de Kuzmín hayan desaparecido. Tras su muerte, muchos manuscritos sin publicar del autor fueron entregados por el juez a Verónika Ambrozévich, casera de Kuzmín y madre del poeta Yuri Yurkun, y se les perdió el rastro. Sería una buena noticia que estos papeles perdidos aparecieran más pronto que tarde. Mijaíl Kuzmín dejó varios libros de memorias publicados recientemente. El primero de ellos se extiende desde 1905 a 1907, el segundo desde 1908 a 1915 y el tercero recoge el año 1934.

La figura de Mijaíl Kuzmín desbrozó y facilitó el camino para una nueva forma de hacer arte. Sin olvidar los temas sociales, filosóficos y amorosos de la literatura clásica rusa, Kuzmín los reelabora desde un punto de vista personal y los presenta bajo el manto de un clasicismo renovado, casi sinestésico, con necesarias referencias a otras artes. Sin Mijaíl Kuzmín, artista representativo de la cultura rusa y soviética, no se comprendería a la perfección y en su totalidad el arte posterior, pues significó la base para el cambio revolucionario que ese arte necesitaba. Algunos escritores y críticos, como Ósip Mándelshtam o Alexéi Purin, comparan su obra con la de Goethe o la de Pushkin, pues, al igual que él, estos supusieron un filtro para toda la literatura y el arte de sus contemporáneos y de los que vinieron después. Aún hoy el ejemplo de Kuzmín debe ayudarnos a recuperar la belleza de la Antigüedad, de lo que hicieron quienes vivieron antes que nosotros, y pensar en un arte futuro consciente de las necesidades de los tiempos oscuros que corren; a salvaguardar la riqueza y el esplendor de lo creado y a seguir creando sobre los escombros de esta modernidad como medio de curación del ser humano.

Alas

Alas aparece por primera vez publicada en el número 11 de la revista Vésy, dirigida por el escritor, poeta y dramaturgo Valeri Briúsov, en 1905. Es el año de la primera Revolución rusa, del Domingo Sangriento y del motín del acorazado Potiomkin. Como no podía ser de otro modo, Alas supone un escándalo en la sociedad biempensante de la época, si bien supone un gran éxito en la sociedad, tendríamos que decir, malpensante. La novela es acogida con satisfacción en los círculos literarios progresistas de la época, y pronto su fama va a traspasar las fronteras rusas.

Alas es, esencialmente, una novela de amor, tema cultivado triunfalmente por la literatura rusa en tantas y tantas obras. Pero la peculiaridad que presenta es que es la primera novela rusa que narra un amor romántico homosexual. Y lo hace con la delicadeza y la inteligencia que cabría esperar. Parece que al autor no le interesaba asustar ni impresionar ni escandalizar al lector, sino contar una historia en apariencia muy sencilla, muy rusa y chejoviana en ese aspecto, pero que, bajo esa superficie tranquila, esconde el océano turbulento de cualquier ser humano en sociedad. A Kuzmín sólo le interesa dejar constancia de una realidad, y lo hace de manera bellísima.

El protagonista es un joven huérfano, Iván Smúrov, o Vania, como se refieren a él la mayor parte de las veces en la novela. Nada más comenzar el relato lo encontramos en un tren con su tío Kostia. Acaba de morir la madre de Vania y Kostia se encargará de su educación. Ese viaje en tren saca a Vania de su ciudad de provincias y lo lleva al populoso Petersburgo. Pero lo que realmente supone para el joven protagonista es un inesperado viaje iniciático. Kuzmín aprovecha la ocasión para llevar al papel algunos sucesos de su vida, por lo que podemos considerar que la novela tiene ciertos tintes autobiográficos. En ese viaje iniciático, el adolescente Vania va a vivir su despertar al amor y a los sentimientos. Pero ese despertar está acompañado de un terror inexplicable que no concuerda con el ideal comúnmente extendido del amor romántico. Vania es inocente e inexperto, pero tan inteligente como para escucharse a sí mismo y ser consecuente aunque se vea obligado a enfrentarse a algo desconocido.

Junto a Vania, los otros personajes principales de la obra son Larión Dmítrievich Shtrup y Daniíl Ivánovich. Larión Dmítrievich Shtrup pertenece a la clase alta, no tiene oficio conocido, viaja por el mundo y disfruta del arte. Es de origen inglés, por lo que no sería raro ver en él una especie de trasunto ruso de Oscar Wilde, cuya literatura ha influido claramente en nuestro autor. También podemos encontrar en él rasgos que nos hacen pensar en el príncipe Georges, primer amor de Kuzmín. Shtrup ayuda a Vania a mirar el mundo con nuevos ojos y le anima a ser ese hombre nuevo que Rusia y el mundo necesitan, un hombre sin las ataduras del pasado, culto y con capacidad crítica. Es decir, un hombre libre al que «le crecerán alas». Daniíl Ivánovich es el profesor de lengua griega de Vania en el gimnasio. Él le muestra la belleza de la Antigüedad, de la cultura, del saber. Y será el catalizador entre Vania y Shtrup. Los personajes están trazados con ligereza, pero no por ello resultan endebles o convencionales. Tanto los personajes protagonistas como los secundarios tienen la necesaria profundidad psicológica para llevar a cabo su cometido y sus características son fácilmente reconocibles.

Alas es una novela corta estructurada en tres partes, tres paradas en ese viaje iniciático de Vania que corresponden claramente con la exposición, nudo y desenlace aristotélicos. La primera parte tiene lugar en Petersburgo, la segunda en el campo y la tercera en Italia. Desde lo impersonal de la gran ciudad llegamos a un lugar mítico, misterioso, modelado a partir de la idealización de los protagonistas. Sólo puede ser allí donde tenga lugar el desenlace. Kuzmín utiliza una lengua elegante y refinada, con frases largas y gran riqueza léxica. No obstante, se adapta con maestría en cada momento al nivel exigido por el lugar, la acción y los personajes, tanto en la narración como en los diálogos.

La narración es fragmentaria. Tan sólo se nos da a conocer lo más indispensable para conocer la acción y su transcurso, al igual que el esbozo de los personajes. Con esta técnica impresionista, Kuzmín obliga al lector a rellenar los huecos existentes entre escenas, que unas veces son sencillas y breves y otras más largas y de complicada estructura. Las imágenes, de gran importancia en la novela, son igualmente evocadoras y significativas. Con ellas, el autor dibuja el decorado interior de lo que ocurre en el texto. Saca las emociones, los pensamientos de los personajes y los transforma en un objeto, en un paisaje, a veces tan sólo en un color, que informan de lo que se mueve dentro de los personajes o, de forma profética, de cuál será su porvenir.

No olvida tampoco Kuzmín recrear el ambiente y los lugares de la época. Los personajes se pasean por las calles de Petersburgo, van a la ópera, viajan en tren o en coche de caballos, descansan en la dacha, conocen a viejos creyentes (con los que en su infancia y juventud el autor estuvo tan relacionado), nadan en ríos y lagos y comen en restaurantes lujosos. Nada es gratuito y todo tiene su significado y su objetivo. Los símbolos se convierten en parte esencial de la narración y debemos estar atentos a ellos si queremos apurar a fondo todo el contenido del texto. También reproduce el ambiente homosexual de la época: baños para hombres, reuniones masculinas donde se toca música, se leen poemas y se goza del arte. E introduce más sutilmente detalles que podrían pasar desapercibidos pero que son una semilla de información y predisponen y adecúan el paisaje narrativo. Un vaso con jacintos, la flor nacida del personaje mitológico del mismo nombre, amante del dios Apolo. Una representación frustrada de Sansón y Dalila, ópera del compositor francés Camille Saint-Saëns, reconocido homosexual. Las continuas referencias a la Grecia clásica. O una habitación pintada de azul claro, el color representativo de los homosexuales en la Rusia del XIX, pues para reconocerse entre ellos los homosexuales vestían prendas de ese color.

Mijaíl Kuzmín crea con Alas una bellísima novela de amor, sin más. No debería preocuparnos cuál es el sexo del objeto amoroso del protagonista. Pero, tristemente, todavía esto nos llama la atención y hablamos de ello y juzgamos Alas como una novela de amor homosexual. Sí, evidentemente existe en la novela la temática homosexual, pero el autor no se queda sólo en eso (lo cual sería muy loable), sino que llega más allá y construye una obra cuyo trasfondo es el valor del amor y de la libertad, ambos intrínsecamente unidos. El amor se nos presenta como el resultado de la libertad. Y la libertad no puede existir sin el conocimiento, sin la cultura, sin la comprensión profunda de los vericuetos del alma humana, sin la consciencia del yo y del otro, que no son otra cosa que el amor. Y ese conocimiento y esa comprensión sólo pueden llegar a través del estudio y del arte, algo que queda bellamente materializado en la gran figura mitológica final, síntesis de varios dioses.

Una novela de la Edad de Plata rusa

Mijaíl Kuzmín nace bajo el reinado de Alejandro II, que gobernó entre 1855 y 1881. En 1861 queda abolida la servidumbre, aunque esta permanece residualmente en la práctica durante bastantes más años. El zar realiza ciertas reformas que auspician la entrada del capitalismo en Rusia, lo que favorece la organización de las masas obreras que luchan por sus derechos y la aparición de partidos y organizaciones de izquierda. Entre 1877 y 1878 tiene lugar la Guerra Ruso-Turca, en la que la victoria rusa otorga la independencia del Imperio otomano a los eslavos del sur (Bulgaria y Serbia y Montenegro) y a Rumanía.

En 1881, tras el asesinato de Alejandro II, hereda la corona su hijo Alejandro III, cuyo reinado se caracteriza por un refuerzo de la autocracia y una vuelta a los planteamientos más conservadores. Nicolás II, que continúa con la ortodoxia establecida por su padre, Alejandro III, sube al trono en 1894. La represión contra los obreros, campesinos e intelectuales que claman por una apertura democrática se acentúa, y tiene su punto álgido en la brutal represión de la manifestación pacífica de alrededor de doscientos mil trabajadores, dirigidos por el pope Georgui Gapón, que pedían al zar mayores derechos y mejoras salariales el domingo 22 de enero de 1905. Es lo que se conocerá como el Domingo Sangriento, con un resultado de doscientos muertos y ochocientos heridos. Ese mismo año tiene lugar la rebelión del acorazado Potiomkin, que pone en jaque durante meses a la Corona y a la Armada Rusa, rebelión a la que también se unen numerosos buques y marinos. En 1905 se produce igualmente la derrota de Rusia en la Guerra Ruso-Japonesa. Rusia y Japón deseaban extender sus territorios a Corea y Manchuria, lo que se tradujo en una guerra de desgaste que duró siete meses, de febrero a septiembre. Esta derrota es vista por muchos historiadores como el fermento de la Revolución rusa.

En 1914 Alemania declara la guerra a Rusia y el país entra de lleno en la Primera Guerra Mundial. A pesar de que la nobleza estuvo a favor de la guerra, pues veía cómo la posición de Rusia y sus privilegios podían mejorar, las clases bajas la rechazaron de pleno y no mostraron ninguna verdadera simpatía por ella. Todo ello, unido a las derrotas de Rusia en el frente, a las malas condiciones de los soldados y a la situación próxima a la esclavitud de los trabajadores en el país, hizo que en 1917 tuviera lugar en Rusia un proceso revolucionario. La Revolución de Febrero obliga al zar Nicolás II a renunciar a la corona, por lo que toma el mando de Rusia un gobierno provisional presidido por Alexandr Kérenski. Este gobierno provisional, a pesar de sus promesas, no saca a Rusia de la guerra y continúa prestando más atención a las clases altas que a las necesidades de los obreros y campesinos. El 25 de octubre según el calendario juliano (o el 7 de noviembre, según el gregoriano) se produce la Revolución de Octubre. Los bolcheviques toman el Palacio de Invierno e instauran un gobierno socialista. Pronto comienza un periodo de industrialización y de alfabetización que saca a Rusia de su situación casi medieval. Las reformas emprendidas por el nuevo gobierno soviético, con Lenin a la cabeza, se transforman en cambios sociales y económicos. Queda abolida la propiedad privada de los medios de producción, se aprueba el decreto de propiedad de la tierra, la jornada de ocho horas, la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia, la educación y la sanidad universales, la igualdad de sexos, el divorcio, la separación de Iglesia y Estado. En poco tiempo Rusia se convierte en una potencia económica, política y cultural mundial.