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Hay un lugar donde se enaltece la valía del más apto para cada función, lo que redunda en la solución de conflictos extremos como la cura del cáncer y la cura de la maldad. Hay un lugar donde es posible lo humano, por sobre las materialidades que interesan a los hombres. En la ficción científica de Daniel Eduardo Greco y Edgardo Omar Martínez, Alfa-Omega se erigió como un complejo a 150.000 kilómetros del planeta Tierra, donde la prioridad es el almacenamiento de todos los datos y conocimientos que podrían ser eliminados en un próximo conflicto bélico. Los homodios, habitantes de la plataforma espacial, se mancomunaron en secreto para sostener los postulados de una nueva nación. Analizadas las inclemencias económico-políticas, ya en 1995, se avizoran las condiciones para una lucha armada definitiva: la Tercera Guerra Mundial. Por su parte, las tentaciones de Satán se querrán imponer a partir del sometimiento religioso de los que creen en un dios para soportar el vacío existencial. ¿Los homodios lograrán sobrevivir al diabólico odio de su poder? ¿Habrán cumplido, al menos, su cometido de sobrevivir y conservar la historia de la humanidad? ¿Dios escuchará sus súplicas? ¿Habrá un fin o vendrá un nuevo comienzo?
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Seitenzahl: 277
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Alfa-Omega
Alfa-Omega
Recuerdos del fin del mundo
Daniel Eduardo Greco
Edgardo Omar Martínez
Greco, Daniel Eduardo
Alfa-Omega : recuerdos del fin del mundo / Daniel Eduardo Greco ; Edgardo Omar Martínez. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tercero en Discordia, 2024.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-631-6602-38-1
1. Ciencia Ficción. 2. Apocalipsis. 3. Guerras. I. Martínez, Edgardo Omar II. Título
CDD A863
© Tercero en discordia
Directora editorial: Ana Laura Gallardo
Coordinadora editorial: Ana Verónica Salas
Corrección: Gisela Mancuso
Maquetación: Ivana Franco
Diseño de tapa: Paula Figueroa
www.editorialted.com
@editorialted
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor.
ISBN 978-631-6602-38-1
Queda hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Prólogo
Esta novela encierra, en su conjunto, un mensaje profundo para todos aquellos que imaginan un mundo distinto, contemplado en primera instancia desde la justicia.
Dibuja la posibilidad de un cambio fundamental en la estructura de una sociedad que necesita “Luz” para distinguir lo verdadero de lo falso.
La elocuencia de su contenido resalta rasgos inconfundibles, a través de los cuales se pasa del puro conocimiento a una visión proyectiva de una nueva Humanidad, desde un enfoque marcadamente espiritual y pragmáticamente político.
Refleja, en sus páginas, las angustias y frustraciones, como así también las glorias y las reivindicaciones que se desean, desde la perspectiva humana, en torno a una sociedad justa, compasiva y merecedora de un tiempo de paz.
Indagar en su información es bañarse en las aguas claras de una vertiente inagotable que se derrama y hace del libro un elemento válido tanto para consultar como para responder.
Toda novela muestra algo de la realidad, de esa realidad que el hombre con afán y que, sugiero convenir, sea equilibrio y armonía, de modo que alcancemos un mundo mejor. Esa es la meta de este libro.
Como dijo Julio Verne: “Todo lo que un hombre pueda imaginar otro podrá realizarlo”. Imaginemos juntos esa posibilidad de un cambio hacia un destino de hermandad y sana convivencia, en la que principie en nuestro corazón un brote de esperanza que nazca en la raíz de la fe y de simiente en el fruto de los hechos que conducen hacia la fuerza mayor del universo: el Amor.
Para definir con precisión esta obra es necesario mencionar lo actual, lo racional y la vertiginosidad de sus relatos, que hacen de esta un verdadero patrón con que medir las álgidas temperaturas de esta época y con proyección hacia un futuro no muy lejano.
No demoro más la expectativa de su lectura e invito al poseedor de este texto a que se sumerja en su contenido, para comenzar así el viaje hacia Alfa-Omega.
Daniel Eduardo Greco
Capítulo 1
“Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre. En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del Hombre”.
“Evangelio de Mateo”, Cap. 24, vers. 37 al 39
En una aparentemente desolada isla del océano Pacífico, cuya situación no figura en la mayoría de los mapas, tiene cabida la base subterránea internacional bautizada con el nombre clave de “Celeste”. Su existencia solo es conocida por los máximos dirigentes de las potencias del planeta, y pocos oficiales aeronáuticos y navales, pertenecientes a estas, quienes guardan con celo este secreto.
Allí se adiestran a numerosos individuos para realizar una tarea muy especial. En la sala “A”, frente a una veintena de alumnos, un militar de alto rango exponía:
—Hace casi diez años que los gobiernos de algunas de las potencias de la Tierra han encarado en forma conjunta un proyecto espacial secreto denominado Alfa-Omega, cuya construcción se encuentra a punto de finalizar. A pesar de ello, existe una dotación constante, que es relevada cada dieciocho meses aproximadamente.
»La misión de este complejo es almacenar en su computadora, la más grande que se haya construido jamás, todos los conocimientos científicos e históricos que tuvieron lugar en la Humanidad y preservarlos de los peligros que afrontarían ante una probable Tercera Guerra Mundial, que no solo podría destruirlos, sino al planeta en sí.
»Este computador responde al nombre de Atenea VII. Podría agregarse que su nombre proviene de la diosa de la sabiduría, de la mitología griega, Palas Atenea y que el número 7 representa una imagen de perfección, como dicen los teólogos; pero, en realidad, este se refiere a la generación de los múltiples procesadores que lo componen, interconectados a un teramacrocerebro de cristal, que almacena y procesa los datos en forma de luz. Por ello, como computador tan avanzado y único en su especie y tamaño, tiene una velocidad de respuesta en automático de 106 segundos y de 1,18 segundos en respuesta oral.
»Sí habla y, además, con una agradable voz femenina. A la vez, si esto fuera necesario, todos los tripulantes del complejo espacial pueden evacuar sus dudas al mismo tiempo, mediante un pequeño transmisor que llevan consigo, colgados de los cinturones de sus uniformes o, en su defecto, por terminales de video ubicadas convenientemente, cuya particularidad es la de proporcionar facsímiles en el caso que se los requiera.
»Por otra parte, debo comentarles que el principal problema, de origen, era trasladar con rapidez y eficacia, de la Tierra a Alfa-Omega todo ese enorme paquete de información.
»Al principio la tarea era ardua. Consistía en hacer creer a centenares de operadores, de casi todos los países del planeta, que se estaba desarrollando un nuevo sistema educativo, basado en la informática y, por esta razón, debían grabar en cintas electromagnéticas, la mayor cantidad de libros posibles. Estas cintas luego eran transmitidas, por ondas de radio codificadas, a esta base subterránea y, recién aquí, retransmitidas por un satélite, llegaba la información a Atenea VII.
»Actualmente el sistema se ha simplificado. La red satelital que, en un primer momento, fue concebida con el propósito de determinar con precisión durante las veinticuatro horas del día la posición de cualquier objeto fijo o en movimiento que se encuentre sobre la Tierra, llamada Sistema de Posicionamiento Global o, vulgarmente, GPS Navsar, ha sido modificada. A cada uno de los satélites que componen este sistema se los ha provisto de un sistema adicional que intercepta las comunicaciones terrestres y copia los datos registrados en los bancos de memoria que existen en la superficie planetaria. De esta forma, se podría decir que, en la práctica, los datos pasan del operador al GPS y, de allí, a Alfa-Omega, donde Atenea VII selecciona automáticamente cada byte de información para su posterior almacenamiento.
»Alfa-Omega, denominación que seguramente obedece al fin con que ha sido concebida, si bien fue construida con una capacidad para mil quinientas personas, cuenta en la actualidad con una dotación estable de trescientas cincuenta y ocho personas, las que fueron seleccionadas para esta primera etapa de adaptación y prueba por medio del computador maestro, al igual que ustedes, en base a sus conocimientos y capacidad, en los respectivos puestos que desempeñan. Entre ellos hay astronautas y científicos de todas las nacionalidades, operadores técnicos de mantenimiento y en comunicaciones, ecologistas, programadores y una extensa lista, cuya lectura me llevaría un tiempo significante.
»Fueron previstas, en su construcción, salas de esparcimiento, meditación y observación, gimnasios, peluquería, cinco grandes cafeterías y restaurantes, en los cuales existen ventanas encortinadas que dan marco a murales tridimensionales pintados para producir la ilusión de paisajes de bosques, lagos, ciudades y montañas; gran cantidad de laboratorios, dado que el conocimiento científico se sigue desarrollando y se aprovechan determinadas condiciones físicas del espacio; una planta metalúrgica, donde se funden y estampan las piezas que se utilizan para el montaje de la estación; una procesadora de materiales plásticos, y una pequeña, pero completísima, fábrica de materiales electrónicos, entre otras, que hacen al común desenvolvimiento de las actividades necesarias para la vida humana.
»El oxígeno y algunos alimentos son provistos por la sección de cultivo que se encuentra ubicada en el segundo nivel.
»En el nivel inmediato superior se halla la sección destinada a la ganadería y acuario, de donde proviene el resto de los alimentos. Los animales que allí se encuentran fueron generados “in vitro”, merced a los modernos métodos de gestación artificial desarrollados. Para esto se implementó un depósito de óvulos y semen de diversas especies que, conservados a baja temperatura, son utilizados en la medida necesaria para la generación de ganado y peces. Las diversas especies son mejoradas constantemente mediante los modernos métodos de ingeniería genética. »El agua se obtiene por el sistema de recuperación eco-sistémica y el método de síntesis.
»El cuarto nivel aloja los almacenes de minerales, en los que se encuentra depositadas enormes reservas de casi todos los elementos descubiertos por el ser humano hasta el día de hoy.
»En el quinto nivel tienen cabida los talleres de mantenimiento, la planta metalúrgica, la procesadora de materiales plásticos, la fábrica de componentes electrónicos, el depósito de deshechos para recuperación y el área de acceso y despegue de las naves que provienen de la Tierra, con los respectivos hangares que guardan treinta y ocho naves para diversas aplicaciones, cada una de ellas con una capacidad para cuarenta y cinco personas, y una autonomía de treinta y cinco meses aproximadamente.
»El sexto alberga al computador que les he referido anteriormente y, con exclusividad, sus bancos de memoria.
»En el séptimo se encuentran los laboratorios, las áreas de divulgación y aprendizaje, la zona médico-asistencial, gimnasios, saunas, y salas de esparcimiento.
»El nivel siguiente es ocupado por el comando general de la estación, el complejo habitacional y las salas de video, comunicaciones y oficinas.
»En el noveno y último nivel tienen lugar las salas de observación, radares, sensores, exalídares, que son radares ópticos que utilizan rayos láser en lugar de ondas de radio, sistemas de defensa e iluminación, el sistema de síntesis y recuperación de agua y la piramidal sala de meditación.
»Alfa-Omega cuenta con cuatro propulsores principales y doce accesorios. La alimentación de estos proviene de un gigantesco reactor nuclear que, en caso de falla, es sustituido por otros dos más pequeños. Dichos propulsores, a su potencia máxima, impulsarían el complejo a una velocidad cercana a la de la luz.
»La iluminación interna de toda la estación está dada por millares de captores lumínicos dispersados sobre la superficie exterior. Los fotones capturados son transmitidos a todas las secciones interiores por medio de fibras ópticas. Dicha luminosidad es ampliada o reducida, a su vez, por lentes o diafragmas respectivamente. Este sistema no solo funciona con la luz solar, sino también con la emitida por las estrellas.
»En íntima relación con lo descripto, se ha desarrollado un escudo láser que suministra protección al grueso casco exterior ante una eventual lluvia de meteoritos.
»Todo el complejo se encuentra interconectado por veloces ascensores y sus callejuelas son recorridas por pequeños vehículos eléctricos.
»Las cafeterías se encuentran distribuidas en los cinco niveles superiores y se encuentran, anexadas a estas, las correspondientes plantas elaboradoras de alimentos.
»La velocidad orbitaria en aceleración constante y su proceso inverso compensatorio, que mantiene Alfa-Omega, proporciona cierta gravedad, la cual es ligeramente inferior a la de la Tierra.
»En la actualidad, se está trabajando en el mejoramiento de un sistema anti-inercial, basado en la inversión de la polaridad del campo magnético-gravitacional, para contrarrestar los efectos que tendría la inercia cuando se utilice, si fuera necesario, la velocidad máxima.
Mientras el general Donniel explicaba estos conceptos introductorios a un selecto grupo de futuros integrantes de la dotación del complejo, en la estación, el personal se aprestaba a recibir al contingente de relevo, trasladado en cuatro naves, y cuyo tema casi exclusivo eran todas las actividades que debían realizar a lo largo del próximo año y medio en Alfa-Omega.
En la plataforma, el coronel Lippton se encuentra en la sala de monitores observando el sector del reactor nuclear principal. Como corresponde a su rango de tercer oficial a cargo del complejo, cada dos horas recibe un informe detallado con las novedades que pudieran presentarse. De todos modos, no menos de dos veces al día se encarga de acudir a cada área para verificar el curso de todas las actividades.
Por uno de los monitores se ve a dos hombres con uniforme color gris plomo y azul, solo utilizados por los agentes de mantenimiento. Uno de ellos es de contextura amplia, con piernas notablemente largas y espaldas anchas. Si no fuera porque ya tiene casi setenta años, podría decirse que se trata de Ray, el inseparable amigo de su padre.
El general Marrel Lippton había fallecido a fines de 1978 a causa de una afección pulmonar aguda, cuando su hijo, el entonces teniente Peter Lippton se encontraba realizando el curso superior de comunicaciones aeroespaciales en Houston. Recordar a Ray lo llevaba a rememorar a su padre y, por ende, los relatos que ambos le contaron desde niño acerca de la Segunda Guerra Mundial, en la cual habían participado juntos, a bordo de un B-29 y en el que Ray se desempeñaba como ingeniero de vuelo de su padre. Recordaba también las charlas de sobremesa después de la muerte de su padre, en las que Ray siempre concluía admitiendo, con cierto aire de derrota, que las guerras —con independencia de cuáles fueran las naciones que triunfaran en el conflicto y de las millones de muertes que cobran para darle posterior nacimiento a los innumerables héroes—, solo sirven, en definitiva, para argumentar (y a veces hasta para intentar justificar) las miserias del hombre, sus ambiciones desmedidas y la lucha del poder por el poder mismo.
Todo demuestra que el armamentismo de posguerra mantuvo latente la posibilidad de un nuevo enfrentamiento y, por lo tanto, la guerra, que se está desarrollando en estos momentos en cualquier lugar de la Tierra, será con seguridad la secuela de todas las anteriores, cuyas heridas no han cerrado aún y que los gobernantes de turno se encargarán de que no cicatricen, a pesar de los brillantes discursos a favor de la paz que sus representantes pronuncien en el foro de las Naciones Unidas.
A unos ciento cincuenta mil kilómetros de la Tierra, llevando adelante el proyecto Alfa-Omega con hombres y mujeres de las distintas naciones, aun de aquellas que alguna vez beligeraron entre sí, y ahora mancomunados en preservar la historia y la ciencia de la civilización, el coronel Lippton profundiza, para sí, en el cambio radical de los valores.
En la plataforma la idea aglutinadora es el verdadero sentido de la hermandad que debería regir las relaciones humanas. Este sentimiento, que allí se manifiesta de manera espontánea, como si sus tripulantes desconocieran otra verdad superior o no arrastraran rencores del pasado, se debe a que allí, donde se encuentran, todos dependen de los demás. No existen diferencias de razas ni condiciones sociales, apellidos célebres ni glorias de antepasados para hacer valer el ejercicio de un poder personal, porque este tampoco existe. Todo gira alrededor del respeto al semejante, por ser tan importante como uno mismo y la disciplina de obedecer a los superiores jerárquicos por el solo hecho de estar convencidos de encontrarse bajo las directivas del mejor capacitado para hacerlo, sin lugar a dudas. Idea que no se impone, sino que se demuestra a diario con regocijo para todos, ya que los conocimientos y nuevos descubrimientos se comparten entre todos en los cursos denominados “CCC” (cursos de crecimiento cultural), donde el crecimiento del conocimiento del grupo se materializa como una de las premisas de Alfa-Omega. Por lo tanto, todos deben asistir a las terminales de video donde cada uno informa semanalmente sobre los logros obtenidos, sus dudas y sus incógnitas. De esta manera, se cultiva el intelecto y se activa, asimismo, la imaginación del espectador y, en consecuencia, pueden dar lugar al nacimiento de nuevas ideas, que son expuestas con posterioridad y enriquecidas con la información que posee la computadora central, para debatirlas luego y sacar conclusiones. Estas últimas son analizadas por Atenea VII a fin de indicar la viabilidad de cada una, sus fallas de conceptos y, en su caso, qué tipo de experiencia debería llevarse a cabo para su demostración y posterior aplicación. Cada idea, por ridícula que parezca, se somete a este proceso. De este modo se evita dañar el amor propio de cada individuo y se adquieren nuevos conocimientos. Además, los descubrimientos obtenidos no son propiedad de nadie, sino que son patrimonio de todos; lo que despierta, de alguna manera, un sentimiento de hermandad, de solidaridad y de igualdad para con el prójimo.
De pronto, los pensamientos del coronel Lippton son interrumpidos por la voz del comandante Navarro, que emerge de los altavoces de comunicación interna:
—Atención, por favor. Se solicita la presencia del comité de recepción en el área de acceso. El contingente de relevo se encuentra próximo a arribar. El ingreso de las naves se concretará en dieciocho minutos exactamente, a partir de... ¡Ahora!
Poco después, con uniformes de gala y dispuestos en formación, el comité de recepción, presidido por el comandante Navarro, daba la bienvenida a los pasajeros que acababan de abordar al complejo. Tras un breve y caluroso discurso, los nuevos tripulantes fueron invitados a recorrer las distintas dependencias de la nave. Los recién llegados no salían de su asombro al contemplar los distintos sectores. Si bien, durante su instrucción, habían estudiado detalladamente la estructura de Alfa-Omega, ninguno de ellos jamás había tomado conciencia de su magnitud.
Con posterioridad al ágape, el comandante Navarro, dirigiéndose a los recién llegados, dijo:
—Bueno, señores... Fue un verdadero placer haberlos recibido. Como ustedes comprenderán, debo volver a mis funciones. Por vuestra parte, pueden disfrutar a su antojo de las comodidades de esta Estación..., pero solo por veintisiete horas, al término de las cuales deben ajustarse a los cronogramas establecidos, cuya entrega será formalizada en sus respectivas habitaciones de manera inmediata. Recuerden que en veintiocho horas y media deberán asistir a su primer curso de crecimiento cultural, que, por lo que sé, será bastante interesante y, además, por supuesto, estoy a su entera disposición. Sepan que quiero que vean en mí a uno más de sus amigos. Gracias y hasta luego.
Algunas horas más tarde, daba comienzo un CCC. Todas las pantallas de las salas de video estaban encendidas y por sus parlantes se escuchaba:
—Hoy es un día que culmina con una época. Aquí, los científicos han hallado el método para acabar con uno de los grandes azotes de la humanidad: el cáncer.
»Físicos nucleares, médicos, bioquímicos, ingenieros en electrónica y otros científicos de distintas especialidades habían comenzado, hacía once meses, una investigación que tuvo por principio un, aparentemente, absurdo comentario dado por el encargado de depósito de elementos halógenos.
»Un día, el anátomo-patólogo Isaac Gitelman exponía sobre el resultado negativo de sus experiencias con las toxinas producidas por diversos gérmenes comunes en la Tierra. Fue entonces cuando Evgeni Alksnis recordó una plática que tuvo alguna vez, durante su educación secundaria, con su profesor de Anatomía. Este le había dicho que, para su entender, los melanomas se originaban a causa de algún tipo de radiación, no conocida, que provocaba un tipo de degeneración celular.
»Ante este comentario, el físico John Jurievich se retiró por tres días a una sala de meditación. Al cuarto día, en el transcurso de un nuevo CCC, expuso una teoría que fue trabajada con intensidad durante este tiempo.
»Como fruto de esta labor se logró descubrir que múltiples agentes externos, al ser admitidos por el organismo, son disgregados. Esta degradación produce una liberación de energía electromagnética de una determinada longitud de onda. En solo una de muchísimas probabilidades, esta partícula o fotón choca con el electrón de la última órbita cuántica de un átomo de carbono perteneciente a una de las cuatro bases ligadas al ADN; de una de las cientos de células de la región; en este caso, para ser más preciso, en el gen denominado P-54 o gen anticáncer, cuya función es la de actuar como controlador de autenticidad genética en los procesos reproductivos de las células.
»El choque, así descripto, en ocasiones cambia el giro sobre su propio eje, es decir, cambia el spin del electrón colisionado, de lo que resulta la expulsión de su órbita.
»Este átomo de carbono, ahora con un electrón menos, se torna susceptible de ser combinado de una manera distinta de la original, toda vez que, como radical, ha cambiado su capacidad de combinación. Si recordamos que de acuerdo a cómo estén dispuestas las cuatro bases que integran el código genético, entenderemos que, al alterarse o suprimirse la disposición de una de ellas, obtendremos como resultado una modificación del mensaje impreso en dicho código, el cual será transmitido a la herencia, por el mal funcionamiento de este gen controlador.
»Llegado el momento de la reproducción de la célula que contiene el cromosoma adulterado, se genera una nueva célula, la cual conocemos con el calificativo de neoplásica o cancerosa. Esta se reproduce constantemente hasta formar un tumor. Ahora bien, ha sido alterada una parte pequeñísima del código genético, como si se cambiara una letra de un telegrama extenso, lo que se traduciría a interpretar todas las palabras menos una. Así, entendemos por qué las otras células no son atacadas y fagocitadas por el sistema inmunológico: el organismo humano las reconoce como propias, como consecuencia de las características bioquímicas “no alteradas” heredadas de su predecesora.
»Todo sucede “normalmente” hasta que se desata la crisis. Esto es cuando el tumor crece demasiado de tamaño. Comienza entonces a manifestarse algunas disfunciones orgánicas y consecuentes dolores. Pero antes de la primera manifestación de dolor, bastante tiempo antes, debido a la hipertrofia del tumor y el exceso de presión regional que eso implica, se detona la alarma general: entra en acción el sistema inmunológico.
»Los anticuerpos rodean a las células tumorales, inspeccionando su estructura, pero sin destruirla. El tipo de tumores denominado “malignos” tienen la particularidad de que sus células, al ser envueltas por anticuerpos en este período, se desprenden sencillamente del resto de la masa tumoral, ingresando de esta forma al torrente linfático, envueltas por anticuerpos.
»Llega el momento en que la “inspección” termina y la célula o grupo de ellas es abandonada a su suerte, comenzando un nuevo proceso reproductivo y dando lugar a la inflamación de ganglios. La corriente existente en los vasos linfáticos arrastra algunas de estas células a otros lugares del organismo, repitiéndose el proceso hasta que las diversas masas tumorales se interesan por órganos vitales, dando lugar a disfunciones simultáneas y culminando con la vida del enfermo.
»El cáncer es prevenible con una dieta rica en betacaroteno. Esta sustancia, que se encuentra en forma abundante en zanahorias y en algunas algas marinas, evita que dichos virus puedan aparearse con las células y, a su vez, sus componentes cierran la posibilidad de que se transmita mal un código genético, mediante el refuerzo de la estructura de la doble cadena de ADN y la neutralización de posibles radicales libres que queden en esta.
»¿Cuál es el método para su cura entonces? Pues bien, hemos desarrollado un generador de partículas primarias que unido a un acelerador de estas, nos da la posibilidad de bombardear el electrón cuyo spin se halla alterado, y el efecto que este bombardeo produce se manifiesta retornando el spin electrónico a su estado original. En consecuencia, cada célula degenerada vuelve a convertirse en una célula normal.
»La localización de dichas células se lleva a cabo mediante sistemas micro-fotográficos, termo-sensibles, tomográficos y electromagnéticos simultáneamente, reduciendo la posibilidad de error a 1/1032. La determinación del lugar y el momento preciso del disparo es calculada por un simple ordenador, que no solo controla el proceso de bombardeo, sino que también coordina todo el procedimiento.
»Se estima que la cura de un individuo en estado terminal dura aproximadamente unas setenta y dos horas y su restablecimiento es indoloro y casi instantáneo...
Pocas veces, a pesar de la importancia de los descubrimientos suscitados en los últimos tiempos, el auditorio estalló en aplausos. Lágrimas de emoción se deslizaban por las mejillas de otros y la euforia no tardó en manifestarse en los eventuales habitantes del complejo.
Horas más tarde, se festejó el descubrimiento en todos los niveles de Alfa-Omega.
—Doctor Gitelman, venga a brindar con nosotros... —llamó el biólogo Jorge Ramírez a su colega que se encontraba reunido con otros investigadores.
—Por supuesto, es un honor... Salud, caballeros...
—Porque el próximo descubrimiento sea la cura del SIDA... Salud.
—¿No sería demasiado peligroso traer los gérmenes de esa enfermedad aquí? —acotó la doctora Elizalde, miembro del grupo.
—Presumo que sí —respondió Gitelman y poco tiempo después se dirigió a su laboratorio, tras haberse escusado en el agasajo.
Ya en su lugar de investigación, el doctor Gitelman se sentó cerca de un monitor y estableció comunicación con el computador maestro.
—Atenea VII.
—Diga usted, doctor Gitelman, ¿En qué puedo serle útil?
—¿Cómo se originó el Síndrome de Inmuno—deficiencia Adquirida, conocido como SIDA?
—Busco la información, doctor Gitelman... El SIDA fue una de las tantas enfermedades elaboradas por el ser humano para controlar el crecimiento de la población mundial...
—¡¿Qué estás diciendo?!
—Es la información que usted requirió, doctor Gitel...
—¡¿Quieres decir que mis colegas y yo arriesgamos nuestras vidas ante un probable contagio para lograr la salud de nuestros congéneres y en el resto del mundo se trabaja para quitarla?!
—No se exalte, doctor Gitelman, mis sensores telemétricos muestran indicios de que su presión arterial está subiendo. El mundo funciona así y lo ha venido haciendo de esta forma desde hace más de dos décadas. La creciente población mundial, el hambre, la escasez de alimentos, las diferencias políticas, sociales y raciales son algunos de los factores que indujeron a las potencias a tomar esta decisión... El virus del Ébola es algo similar...
Lágrimas de indignación se deslizaban por la mejilla del investigador, hasta que juntó fuerzas nuevamente y, con un ligero aire de resignación, pidió al computador maestro que continuase con la información solicitada anteriormente.
—Bien, doctor, continúo... Ante distintas manifestaciones sociales que proclamaban derechos y reivindicaciones de los homosexuales en los EE.UU. en la década de los ‘80, el gobierno de ese país del norte vio peligrar el equilibrio ético y moral de su sociedad. Dichos desequilibrios podían traer aparejados cambios substanciales de importancia en la etnia, religión y en la idolatría política de esa nación. En resumidas cuentas, el avance de un tercer sexo en el país pondría en peligro a la soberanía de este.
»Las autoridades norteamericanas, alarmadas por lo avizorado, propugnaron, a través de los organismos de competencia, un programa que tenía por objetivo aislar y exterminar la célula social infectada en cuestión.
»El programa consistía en conformar, en los laboratorios del Pentágono, un virus que ataque específicamente a un gen desvirtuado que solo existe en las personas de condiciones homosexuales y que denominaron “H”.
»El virus atacaría al gen “H” y, como consecuencia de esto, los homosexuales sufrirían un desequilibrio en su código genético; precisamente, en la porción que actúa en la codificación de las células que integran el sistema inmunológico del cuerpo. De esta manera, los infectados quedarían a merced de cualquier enfermedad oportunista, la cual, ante la carencia de un adecuado sistema de defensa, no tardaría en provocarle la muerte.
»El virus “H”, llamado así por el gen que ataca, tenía que ser experimentado para determinar los alcances y consecuencias letales como arma biológica.
»Los científicos del Pentágono y la CIA determinaron utilizar un grupo humano de homosexuales y no animales de laboratorio para el ensayo experimental, tal como lo especificaría el mejor criterio científico; mas, como el objetivo estaba definido con claridad, consideraron que esa pérdida de tiempo no tendría mucho sentido.
»El grupo humano homosexual con el que experimentaron fue de sexo masculino y extraído de las cárceles nacionales donde cumplían condenas a perpetuidad. El grupo elegido firmó un convenio con el gobierno mediante el cual ellos aceptaron ser inoculados con el virus “H” y, si en el transcurso de cinco años no ocurrían manifestaciones letales para estos, serían puestos en libertad automáticamente por los servicios prestados a su nación. A este grupo se lo aisló de los otros penitenciarios por el término establecido y se les otorgó tratamiento preferencial.
»Cumplido el plazo prefijado, los pacientes no presentaron sintomatología alguna y fueron puestos en libertad con la condición contractual pre-estipulada de no efectuar reclamos que tomaren público conocimiento y de no alertar a la población de la intención gubernamental de desarrollar un proyecto atroz e inhumano que atentaba contra gran parte de la humanidad, sin distinción de razas, credos o condición social. El experimento biogenético mostraba toda la apariencia de haber fracasado.
»A partir de este momento se manifiesta la tragedia del siglo. Los experimentadores, por falta de idoneidad profesional, criterio científico y sentido común, no advirtieron la conveniencia de llevar a cabo un seguimiento de sus “cobayos”, grupo de alto riesgo, por llevar en su sangre el virus “H”. El grupo inoculado continuó con su vida sexual acostumbrada transmitiendo en cada contacto su patología pasiva y el tiempo hizo lo suyo: el virus mutó.
—¿Crees que realmente vale la pena que investigue el tema ? Y si lo hiciera... ¿Crees que curarán a los infectados?
—Realmente no, doctor Gitelman...
Mientras en la Tierra continúan sangrando las heridas abiertas por los sucesos acaecidos en lo que va de esta segunda mitad del siglo XX, a las que se sumaron otras que parecían ya cerradas, y que segregan aún del vital elemento. Ejemplo de esto último son los viejos rencores que quedaron entre Japón y los Estados Unidos de América que comenzaron con los resultados de la Segunda Guerra Mundial y continuaron con la Revolución Industrial nipona, iniciada antes de la década del sesenta, minando en forma alarmante los mercados internos de Norteamérica en rubros importantes, como electrónica e industria automotriz al principio; e informática, con posterioridad, entre otros.
Por otra parte, las secuelas que quedaron en los occidentales que participaron en la guerra de Vietnam por la utilización de desfoliadores —entre ellos el denominado agente naranja—, provocó cierto cambio de pensar en los habitantes del país americano con respecto a este tipo de armas químicas.
A pesar de ello, con posterioridad a su prohibición, se lo siguió utilizando en los países subdesarrollados como producto agrario, lo que trajo aparejado un sinnúmero de manifestaciones de cáncer y casos de teratogenia. Los motivos por los cuales se siguió utilizando este compuesto obedecen a dos circunstancias interrelacionadas: la superproducción y alto nivel de stock al momento de su prohibición y su bajo costo.
Siempre hubo un común denominador: “el dinero”. Esta siempre fue la herramienta del poder que hizo grandes a unos y pequeños a otros. La atracción por el vil elemento económico hizo trastabillar en reiteradas oportunidades a los altos intereses de más de una nación; a tal punto que se ha permitido que cierto tipo de drogas y medicamentos se utilizaran a modo experimental en los pueblos del tercer mundo y, luego de haberse comprobado su eficacia y descartado el riesgo, recién se expendieron en los países de origen. Todo esto como resultado de negociados internacionales y sin ofrecer reparo alguno para someter al ser humano a una de las bajezas más repudiables de la humanidad.
La llamada Guerra Fría, que presuntamente quiso aparentar su principio del fin con el derrumbamiento del muro de Berlín y la consecuente unificación de Alemania, parece querer resurgir. El monstruo germano, que había sido desmembrado vergonzosamente como pago de indemnización por los daños ocasionados por la “segunda gran guerra”, se encontró reconstituido, con la pretensión de llegar a ser la cabeza de las demás naciones europeas en la proyectada, futura y próxima unificación de las componentes del viejo continente, para antes de que finalice el presente siglo y ahora con la experiencia acumulada y la suma de los conocimientos técnicos, científicos y estratégicos adquiridos de ambos bloques durante el período en que se encontraba dividido.
En el hemisferio sur se gesta algo similar. El denominado “Mercado Común del Sur” o “Mercosur”, tratado integracionista de relaciones económicas para la libre comercialización de productos propios, suscripto entre países de la Sudamérica oriental —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay—, dio ya sus primeros pasos. Pasos que se sumaron a los pocos dados por sus vecinos, los países sudamericanos occidentales, reunidos en el llamado “Pacto Andino” y que no tardaron en manifestar su voluntad de adhesión al nuevo bloque económico, y admitidos con posterioridad.
Como era de imaginar, los Estados Unidos de América, “la potencia mundial indiscutida”, tal como así se refiriera su propio presidente en 1994 tras el desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, no se quedó con los brazos cruzados para ver como las “pseudo-colonias de Sudamérica” se unían entre sí para formar un poderoso bloque económico que podría llegar a ensombrecer en un futuro no muy lejano la economía de su imperialismo. En efecto, en primera instancia, trató de incorporar a Argentina al “Nafta”—tratado de libre comercio celebrado entre Canadá, Estados Unidos y México—, como para dejar una puerta abierta para acceder al Mercosur indirectamente y, luego, accionar los servicios de inteligencia, en contra del narcotráfico internacional, para que un grupo de este último provocara el levantamiento armado en México a fines de dicho año, dando cabida a la conveniente repercusión económica en Latinoamérica. Dicho de otra forma: fue la eficaz manera de retrasar por un tiempo más el surgimiento del nuevo y poderoso grupo del sur, que podría haber ensombrecido al titán del norte.
Sin duda, siempre fue de conveniencia de las superpotencias mantener sometidas a las naciones productoras de insumos y materias primas a un constante régimen de regresión económica. Para ello, como es lógico suponer, han utilizado una herramienta que ha dado un resultado más que satisfactorio: “los préstamos internacionales”.
Suministrados con una bondad excesiva, no tardaron en ser impagables y, por esta característica, es donde encaja, con la precisión de un cirujano, la herramienta del sometimiento. Como si fuera poco, la herramienta fue lubricada con el aceite llamado corrupción gubernamental. Los encargados de ese mantenimiento fueron los propios servicios de inteligencia, cuyos miembros se encargaron del soborno y posterior cuidado de los funcionarios estatales de las naciones subdesarrolladas, con un cierto beneficio pecuniario para estos últimos y en detrimento de sus propios compatriotas.
Japón, como resultado de la Guerra del Golfo Pérsico, sufrió la consecuente reducción de su importación de petróleo, indudable alma de sus industrias.
