Ámame 7 veces - Carlos Alemán - E-Book

Ámame 7 veces E-Book

Carlos Alemán

0,0

Beschreibung

Es el año 2012. Cam es un hombre feliz en su trabajo y en su hogar, casado y con dos hijos, Uriel y Jeliel. Las situaciones de la vida se imponen: divorcio, la muerte de uno de sus hijos y una enfermedad mortal lo llevan a una fuerte depresión, abandono, tendencias suicidas y un odio personal contra la vida. Ataques e insultos a la vida hacen que ella se presente a él como una esbelta dama, quien le hace ver su realidad confrontándolo a él mismo. Cam se reencuentra después de 33 años con el amor de su juventud, Nael, casada, con tres hijos y una vida agitada y dolorosa, para revivir esa relación de amor intenso nunca olvidada, días de pasión, recuerdos, promesas, un combate entre el amor y el dolor donde Cam estará obligado a confrontar su pasado y Nael su presente. Cam conoce más tarde a los 7 hijos de la vida: el Miedo, la Muerte, la Soledad, el Tiempo, el Perdón, el Cambio y el Amor, entidades quienes le hacen entender la vida a través de enseñanzas indescifrables, donde Cam tomará valor para confrontarse él mismo. Es la magia envuelta en la realidad de cualquier rincón de este mundo. La vida de Cam desata rumbos de búsqueda espiritual y desafíos muy profundos con él mismo donde el valor será su herramienta principal en un tiempo corto que harán que su vida sea vívida.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 504

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Ámame 7 veces

Los siete encuentros

Ámame 7 veces

Los siete encuentros

Carlos Alemán

Ámame 7 veces

Los siete encuentros

© del texto: Carlos Alemán

© diseño de cubierta: Equipo Mirahadas

© corrección del texto: Equipo Mirahadas

© de esta edición:

Servicios de autoedición Mirahadas, 2024

Editorial Mirahadas, 2024

Avda. San Francisco Javier, 9, 6ª, 24

Edificio Sevilla 2

41018 - SEVILLA - España

Tlfns: 912.665.684

[email protected]

www.mirahadas.com

Primera edición: mayo, 2024

ISBN: 978-84-10329-77-5

Producción del ePub: booqlab

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o scanear algún fragmento de esta obra»

Asímismo la editorial no se hace responsable del material fotográfico recogido, ni de las fotografías, sobre los cuales el autor declara y garantiza disponer de todos sus derechos de explotación.

Índice

Introducción

El final

Divorcio

Primer diálogo con la vida

Camila

Segundo diálogo con la vida

Nael

Tercer diálogo con la vida

Nael y Saile

La soledad

Reunión entre Nael y sus amigas

Percance

El miedo

El tiempo

Astrid

Disputas en conexión

Alan y Handy

La muerte

Ruptura

El perdón

Cáncer

El cambio

La parroquia

Hospital psiquiátrico

Guillermo y Cam

La verdad

Buenas noticias

Un día en tu vida

One day in your life

El libro

Encuentro con el séptimo hijo

Discurso

Introducción

Nada ocurre por casualidad y todo tiene un significado en la vida. Aunque no lo crean, estas dos frases me han interpelado mucho a lo largo de mi vida y han hecho de mí una persona más consciente de ella misma. Ahora se han preguntado: ¿Por qué suceden las cosas que a veces no queremos?, ¿quién organiza todo esto?, ¿es que alguien tiene un plan para nuestra vida?, o ¿qué es la vida o quién es la vida?, ¿por qué vivimos cosas que no queremos?, ¿por qué damos más importancia al dolor que al placer, al sufrimiento que al amor, a lo palpable que a lo impalpable?, ¿qué es vivir?

Nacemos todos del vientre de nuestras madres, donde todo parece calmo, silencioso, nos sentimos de repente seguros, pero cuando venimos a este mundo, las cosas cambian por completo, todo parece complicarse y no sabemos cómo llevar nuestras vidas. Queremos todos sentirnos amados, entendidos, aceptados y conseguir nuestros objetivos, pero no sabemos cómo hacerlo, estamos tanteando el terreno que avanzamos, con los ojos bien abiertos pero ciegos en nuestras miradas, lo que nos hace el camino oscuro y temeroso. El mundo exterior nos doctrina y nos lleva a donde ellos quieren llevarnos, pero una voz fuerte en nuestro interior nos habla en todo este camino, desde hace muchos años, nos dice que la escuchemos, pero la oímos sin escucharla.

Bueno, les contaré una historia de alguien que me transportó a hacerme preguntas existenciales, entre lo real e irreal, una historia que me hizo entender a mí mismo el sentido que damos a la vida. Muchos de entre nosotros buscamos un sentido a la vida, pero a lo largo de mi experiencia como terapeuta, somos nosotros quien damos un sentido a la existencia. Queremos entenderla, pero no queremos confrontarnos nosotros mismos, en otros términos, queremos que nuestro alrededor cambie, pero no nos atrevemos a cambiar y tomar nuestra vida por el mango. La vida de esta persona refleja, una vida con altibajos, con movimientos de dolor y de placer, en sí, una vida de desesperación tranquila, como dijo R. Descartes. Nos es fácil vivir inconscientemente el placer, mejor expresado, vivimos el placer de manera inconsciente, pero el dolor nos lleva siempre a una toma de consciencia que nosotros mismos no lo percibimos, a una vida conscientemente inconsciente.

Esta historia te dará a entender qué es ella y por qué vives lo que vives.

Esta historia resonó mucho en mi pensamiento al mismo tiempo que en mi sentimiento, pero lo que más va a interesar de ella es por qué sucedió lo que sucedió, sus resultados, porque cada cosa que hagamos, nos lleva a un resultado. Como dije antes, todo empezó con un pedido, lo que hacemos cada uno de nosotros cuando sentimos cansancio emocional y desesperación, para mejorar algo en nuestra vida, un invoco a ella, llámenlo como quieran, una simple llamada de auxilio cuando nos sentimos solos o a veces abandonados. Esta novela está enfocada en la toma de consciencia de quién es la vida y su descendencia, entidades que solemos mencionarlos constantemente sin entender realmente quiénes son. Es un encuentro profundo con cada uno de ellos, quienes dan respuesta a Cam de qué trata la vida, cómo vivirla y por qué vivimos lo que vivimos. Estas entidades funcionan independientemente unas de otras y al mismo tiempo unidas en todo, el tiempo, la soledad, la muerte, el miedo, el cambio, el perdón y el amor, quienes responden a Cam sus preguntas llevándolo a aclarar confusiones que su propia mente ofuscaba y trababa su vida. Una vez con respuestas a sus preguntas, la vida de Cam cambia radicalmente, donde el dolor de la pérdida de un hijo, el combate por el amor de su vida, recuperar su salud de una enfermedad muy grave, hicieron de él un hombre de paz, de aceptación, comprensión y amor.

Cuando estén en plena lectura, entenderán lo que les quiero decir. Para no perderse en más rodeos y sin más preámbulos, vayamos al grano.

El final

Es el año 2065 y esa bella señora dueña de unos ochenta y cinco años, en un cuarto acogedor, recostada en una cama doble con coberturas ligeras y calurosas, observaba los rayos del sol que ingresaban por la ventana y una pequeña resolana de luz azul caía exactamente sobre la mano de ella cuando cogía otra mano, cerrándola muy suavemente. Un suspiro se emitió de su aliento y al lado de ella un hombre de unos noventa y tres años, reposaba con los ojos cerrados, sin movimiento alguno. Esta bella y anciana dama, giraba su mirada alrededor de ella, donde era acompañada por algunas personas que ella conocía, pero su mirada estaba palustre al rostro de aquel hombre de edad recostado al lado de ella, diciéndole «Mi amor, ya estoy lista». Esa paciente y sosegada dama, llevó un vaso hacia su boca e ingirió un líquido al ritmo de su hálito, sintiendo cómo dicho líquido recorría su garganta llegando hasta el fondo de su estómago, como una caída de agua de una cascada, hasta acabar todo el contenido del vaso. Su mirada barría ese espacio, y con una sonrisa ligera expresó: «Me enseñaste a vivir y allá te encontraré». Posó su cabeza sobre el hombro de dicho hombre y así quedose dormida cerrando los ojos lentamente, alejándose de esta vida como el sol que se aleja en el horizonte del océano. Las miradas de otros se desvanecían ante sus deteriorados ojos y una sola palabra se pronunció lentamente: «La vida es hermosa».

Divorcio

Era el año 2012. El día empezó con buen pie y Cam terminó su día laboral tomando rumbo en dirección a su casa. Parecía un hombre feliz, alegre, solía cantar en su auto y cuando caminaba tarareaba tangos de Carlos Gardel a quien él admiraba enormemente. Un viernes para muchos de entre nosotros como un pequeño sábado; de regreso a su casa y dos horas antes de lo previsto, ya en su hogar, cansado en su caminar y a la espera de sus dos pequeños hijos que no se encontraban en dicho momento, posó las llaves de su auto en una pequeña canasta de paja azul, donde al lado se encontraba una foto con su esposa y sus dos hijos de trece y once años. No acaeciendo ningún ruido en ese preciso instante, creyendo que sus hijos le estaban gastando una broma, lo que lo indujo también a él a no hacer ruido. En un momento, Cam escuchó un gimoteo que procedía del cuarto de huéspedes, entrando él suavemente, encontró a su mujer con otro hombre en pleno acto sexual. Un gran malestar lo invadió cáusticamente, salió corriendo hacia el baño para vomitar. Esto lo llevó a un divorcio muy prematuro y violento donde meses más tarde, él obtuvo casi todos los bienes materiales debido a que la mayoría de estos eran de su pertenencia antes de su matrimonio con dicha mujer.

El tiempo vuela como las cenizas de un cigarro despojada por el viento. Diez años más tarde, Cam vivía solo en su nuevo departamento que era muy moderno y sencillo, sentado sobre su sillón preferido habitualmente y con un bloc en la mano, fijaba su mirada al gran espejo que se encontraba delante de él, retorciendo la primera hoja del bloc, la arrancó, la estrujó y la lanzó contra el espejo, diciendo: «¿Por qué eres tan dura conmigo?». Este espejo era tomado por él como un medio donde desencadenaba su dolor.

Cada día para él es un diálogo intenso, a través del espejo, entre él y un supuesto personaje, la vida. Cam pasó casi estos diez años quejándose y guardando cólera contra su exesposa; él no era la misma persona de antes, era todo lo contrario, no sonreía, no cantaba en sus regresos hacia su vivienda, un hombre con mucha cólera, como si su vida ya estuviera prevista, una vida arruinada. El timbre sonó. Era su hijo el menor, Uriel.

—Hola, pa, ¿cómo estás? —preguntó su hijo dándole un beso en la mejilla.

Uriel era un joven de veintitrés años, estudiante en tercer año de medicina, y muy apegado a su padre. Uriel solía visitar a su padre casi todos los días, trayéndole siempre un presente y con un buen humor siempre en su mirada, era una persona llena de vida, jovial, bromista y con grandes aspiraciones en su vida. Cam tenía dos hijos: Uriel, que era el segundo hijo adoptado que vivió con su padre desde el divorcio y Jeliel, el hijo mayor biológico que vivió con la madre. Uriel se ocupaba de su padre, le preparaba la comida e impedía que este sucumbiera al alcohol como lo hacía cada noche desde el divorcio. Una vez terminada la cena, un diálogo profundo se impuso entre padre e hijo.

—Papá, rehaz tu vida, tienes todo por delante, no te dejes llevar por el pasado, la vida está delante de ti.

—No me hables de la vida, porque ella no me ha dado nada, al contrario, me ha quitado mucho.

—Papá, estás cegado por tu rencor y odio. Es hora de ir a dormir, estás muy cansado.

Cam, durmiéndose sobre el sofá del salón, solo escuchaba la voz de su hijo. Uriel lo acompañó a su dormitorio para que su padre llevara una noche aplacada.

Al día siguiente, el timbre suena. Era nuevamente Uriel.

—Pasa, hijo, estoy bien si me lo vas a preguntar.

El hijo, radiante en su hablar, respondió:

—Ya me ves, estoy aquí otra vez y me dije que quería invitarte a comer esta noche a un restaurante que han abierto hace una semana, y aparentemente hacen buena comida. Se me hace agua la boca y quiero que vengas conmigo.

—Gracias, Uriel, pero ahora no tengo muchas ganas, he tenido un día cargado y estoy un poco cansado.

—Sí, sí, yo te voy a poner esas ganas, ven, ponte este traje y ya vamos.

Tomó un bello traje de una bolsa, para ofrecérselo a su padre.

—Pero, esto es un saco de marca, ¿para qué haces esto, Uriel? —manifestó el padre.

—Ay, pa, ya para de hablar, pruébatelo, quiero ver cómo te queda.

El ánimo de Uriel hizo cambiar de idea a su padre, llevándoselo así a un restaurante muy convival y elegante. Una vez en el restaurante, Uriel se detuvo en contarle todos sus proyectos de vida a su padre.

—Pa, te veo en otro mundo —agregó.

—Si te escucho, hijo, y estoy orgulloso de ti —le dijo tomándole la mano.

—Me da gusto que estés orgulloso de mí, pero yo no lo estoy de ti, pa. —Cam lo miró atentamente y sorprendido por esa frase—. Te veo siempre ido, con cólera, reniegas de todo, de tu trabajo, de mamá, de Estela, de la vida y eso no me da buena espina, no te veo feliz, pa.

—Con Estela ya terminé, no la soportaba, ella no era clara.

—OK, eso lo entiendo, pero, rehaz tu vida, todavía eres joven. Mi hermano y yo, cada uno lo hace a su manera. La vida nos da cosas en forma de sorpresas, como si fueran regalos envueltos en papel, acontecimientos que a veces no son bonitos y tenemos que cogerlos, para enseñarnos lo que la vida es, eso es la vida.

—Uriel, por favor, cámbiame de tema, no me hables de la vida porque la mía no es tan agradable. Hablamos como si la vida fuera alguien que nos da algo, ella solo me ha dado dolor.

—¿Me estás diciendo que no estas agradecido con lo que tienes?, si me tienes a mí y a mi hermano.

—Yo no he querido decir eso, a ti te tengo, pero a tu hermano no lo veo hace meses y no me contesta ni al teléfono cuando lo llamo, como si me rechazara.

—Ya sabes cómo es él, siempre se mantiene al margen de todo, y no muestra sus sentimientos, pero en el fondo, él te ama.

La conversación duró unas tres horas, y en medio de ella, Cam le agradeció a su hijo por esa majestuosa noche y ese magnífico traje.

—Bueno, pa, te llevo a casa y yo de allí me voy, hay amigos que me esperan en un bar-discoteca, vamos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos en el bar de la universidad.

—Está bien, Uriel, cuídate mucho. —Uriel se acercó a la mejilla de su padre para darle un beso. Lastimosamente ese fue el último beso que Cam recibió de su hijo Uriel, quien fallecía luego en un accidente de tráfico.

Cam tuvo con su menor hijo Uriel una relación de amigos, una relación que cualquier padre anhela, lo que un padre desea tener, pero en su dolor intenso, no pudo aceptarlo. En la hora del funeral de su hijo, Cam no se atrevió a entrar, permaneció estático al abrigo de la gente y escondido detrás de un muro, llorando a cántaros como un niño de cinco años. Tomó asiento, y decía: «¿Por qué me haces esto?, ¿por qué me torturas?, ¿qué te he hecho? Esto no es vivir, esto es morir, si te gusta que yo sufra, entonces llévame a mí ya, ¡llévame ya, carajo!, has arrancado mi corazón, lo has arrancado», se arrodilló y lloró sin detenerse, era tanto su dolor, que mordió los labios hasta sangrar. En ese momento, una mano lo cogió por debajo del brazo. Era su otro hijo, Jeliel.

—Papá, papá, ven conmigo, por favor, ven, levántate.

Su hijo mayor Jeliel lo levantó llevándolo a un banco bajo un árbol frondoso de ramas. Cam alzó su mirada, y solo pidió perdón. Jeliel dudó en posar su mano sobre la cabeza de su padre mientras que este continuaba en su sollozo insondable y con un poco de esfuerzo lo hizo, en pleno lamento, con su vista nublosa, Cam vio a una esbelta dama, con cabello blanco que lo observaba detrás de dicho árbol, lo que llamó enteramente su atención. La mirada de esa dama penetró reciamente al ser de Cam de manera muy imponente, e hizo remover sus pensamientos como sus emociones, era una mirada tan especial, que un hombre común lo interpretaría como muchas miradas en una sola persona, una mirada que Cam nunca desecharía.

Cam veía su vida como un campeonato de supervivencia, una lucha constante entre él y la vida, ansiando de más en más morir. Su confort material, donde aparentemente no carecía de nada, no lo compensaba, sintiéndose vacío y desamparado, porque algo muy grande le faltaba en sí mismo, que ni él sabía lo que es, porque se perdía entre un vivir y un morir.

Cinco años más tarde de la desaparición de Uriel, ya casi con cincuenta y cinco años, Cam continuaba viviendo solo desde casi aproximadamente los cuarenta años, con esa antigua costumbre de hablar en continuidad con él mismo y culpabilizando a la vida de todo su dolor. A veces, se decía él mismo que estaba loco, pero cada vez que se hablaba, las lágrimas emergían, insultos se manifestaban en sus labios hacia la vida, llegando hasta maldecirla. Suele muy a menudo caminar por las calles y sobre todo al borde del lago. En invierno le embarga tomar su auto los domingos después del deporte y pasear por las calles que son casi solitarias. Cam emigró a Europa hace más de 40 años donde formó una vida, según él, con mucho material, un reino a base de juegos materiales, pero en penurias.

Él es de origen sudamericano y trabajaba como responsable en una empresa de producción de diseño para computadoras de alta gama, un buen puesto de trabajo. Un hombre esbelto, deportista, donde hizo su regocijo y como una recarga de batería física por una liberación emocional, pero a pesar de esto se mostraba cada vez más cansado, pero no un cansancio físico, sino psicológico y emocional. Renegaba por todo, no se mostraba atento, como si el odio lo condujera a una escapatoria, agresivo con las personas, un comportamiento controlado entre un resentimiento y una tristeza. Un miércoles por la mañana se levanta medio agripado y se dice: «Siempre he ido a este puto trabajo enfermo y esta vez que se vaya a la mierda, diré que no estoy en condiciones de trabajar hoy, este trabajo me está matando y yo no estudié una carrera para ser esclavo de alguien». Después de haber tomado esa decisión, se para delante de la ventana de su dormitorio y en voz alta dice: «¿Esta es tu vida?, ¿por qué me has hecho tanto daño?, ¿qué te he hecho para que me tortures tanto?, ¿qué quieres de mí?, si te viera delante mía, te golpearía, te juro que lo haría». Arrodillándose sobre su sofá café del salón y echándose de nuevo a llorar. Estas preguntas, Cam las repetía constantemente, pero en esta ocasión había un énfasis emocional con arrebato y frustración que lo llevaron a recostarse minutos después en su cama.

Primer diálogo con la vida

El diálogo en voz alta resurgió de nuevo de sus labios decidiendo posar sus dedos sobre una hoja de papel A4 y escribir:

«¿Qué quieres de mí? Si Dios existe, entonces por qué la vida es tan dura y severa conmigo. Si existes, dile a la muerte que venga aquí en este momento, carajo, que me recoja ¡ya!, detente conmigo y llévame».

Se levantó, tomó una cuerda y la ató al techo a una barra de acero, con la intención de suicidarse y en ese momento la cuerda cedió y se rompió, cayéndose él bruscamente. Como de costumbre, tomó su lata de cerveza que ingería cotidianamente, y sentado se dijo:

—Está bien, yo soy responsable de todo y me rindo, pero ya no puedo más, no deseo continuar más aquí, por favor. Yo no sé quién soy, ni lo que soy, te pido, te suplico que me ayudes, por favor. —Guardó silencio por un momento, luego levantó la cabeza diciendo—: En sí, ¿quién o qué soy?, ¿la vida es sufrir?, ¿qué quieres de mí?, ¿qué me pasa?, estoy delirando en este momento, pero ¿por qué digo y hago esto?, necesito que me ayudes.

Volviéndose a levantarse y tomando un vaso con agua, con lágrimas en los ojos volvió a hablar con él, mirando desde su ventana del noveno piso hacia abajo, dijo:

—¿Dime qué soy?, y ¿por qué no puedo olvidar? Si me escuchas, te digo, si esto es vida, entonces prefiero la muerte. —En su balcón, su contemplación fijaba hacia abajo—. Si existes, entonces impídeme que salte, ni para eso tienes coraje.

Con algunas copas de alcohol ya ingeridas, su cuerpo se contoneaba, su suspiro aceleraba, y en un momento dado, un ave gris con pico blanco se ubicó en la baranda de dicho balcón. Cam se la quedó observando y el ave respondió fijando su mirada a los ojos de Cam, la duda entre el abajo y el arriba le fueron confusos en ese momento, como una lucha entre la vida y la muerte lo corroían, su cuerpo continuaba en ese balance perdiendo poco a poco el equilibrio, su cabeza rondaba dando vueltas, haciendo que el peso de su cuerpo le venciera, perdiendo completamente el equilibrio. La reacción fue de cogerse fuertemente de las tuberías que se ubicaban al exterior de la baranda del balcón,. Cam no tuvo otra alternativa, quedándose suspendido en el aire, sus pies sin ningún apoyo; en ese instante, el timbre de su casa sonó. Mientras que él escuchaba el timbre, el ave no le quitaba la mirada de los ojos. Cam, como en las nubes, ubicó su mirada hacia abajo diciendo:

—OK, OK, no estoy listo. —Por momentos dudaba, su mano se iba resbalando de las tuberías y queriendo remontar, su cuerpo no podía más. Cam miró al ave—. OK; ganaste, yo sé que estás aquí para decirme algo. —El timbre continuaba sonando, Cam cerró los ojos, y dijo—: Te pido perdón. —Sin que él se diera cuenta, esa esbelta dama de cabello blanco que había dejado un recuerdo frondoso en su mente, se encontraba al lado del ave—. ¡Ayúdeme, por favor, me estoy resbalando!

—Solo tienes que poner tu pie derecho en el borde del muro, te servirá de punto de apoyo. —Efectivamente, él colocó su pie en un pequeño espacio lo que le sirvió para retomar fuerzas y aquietarse.

—¿Quién es usted? —preguntó sin pensar.

—Sabes quién soy, no has parado de llamarme, no has parado de convocarme y culpabilizarme, y en tu ajetreo emocional, en tu desesperación pasiva me preguntas quién soy. Pienso más bien que te debes preguntar qué quieres de ti mismo, y si vas a decidir de señalar a otros y asumir lo que eliges.

—No sé cuánto tiempo soportaré estar en esta posición.

—Pienso que mucho —respondió ella.

—¿Cómo dice?

—Sí, como acabas de oír, has soportado mucho tus propias torturas emocionales, que es mucho más de lo que estás soportando ahora. Hay que tener coraje para destruirse a gran velocidad, para eso se necesita fuerza y si lo has hecho, utilizando un poco de esa fuerza, podrás salir de donde estás en este momento.

El timbre continuaba sonando con insistencia con más toques a la puerta. Las palabras de dicha dama removían su interior, mientras ella acariciaba al ave que continuaba en la baranda del balcón. Cam cerró los ojos y se dijo: «Vamos, yo puedo hacerlo». Fijó sus ojos en su pie derecho donde se apoyaba, dio un impulso casi sobrehumano agarrándose de una sola mano, mientras que la otra mano estaba a la espera de la baranda para cogerse completamente. En dicho impulso, con un gran vaivén, su mano que estaba libre se sujetó rápidamente de la baranda, recogió su pierna derecha, subió hacia ella y tomó un suspiro.

—Gracias, me pudo haber ayudado un poco, dándome la mano.

—Y es eso lo que he hecho, te he dado la mano.

—No ha hecho nada, solo atinó a acariciar ese pájaro.

—La ayuda no es como tú esperas, es como el otro te la da.

En un momento de hacer el intento de subir la otra pierna con gran esfuerzo para entrar completamente al interior de su casa, el peso del cuerpo lo venció, resbaló, cogiéndose fuertemente esta vez con las dos manos.

—¡Por favor, ayúdeme!, ya no me queda más fuerza, me estoy cayendo.

Su cuerpo se le vencía, su respiración se acortaba, y su visión se volvía nebulosa, perdiendo la silueta de aquella dama. En lo poco que le quedaba de visión y de fuerza, él vio que la dama lo cogía del brazo para introducirlo al interior; en ese preciso momento se desvaneció y la voz de su hijo Jeliel decía:

—Papá, papá, ¿estás bien?

—Ah, ah —mencionaba el padre.

—¿Qué te ha pasado? ¿Qué has estado haciendo? Si no llego a tiempo y te cojo, te matas.

—¿Fuiste tú el que me has cogido?

—Claro que fui yo, ¿quién más pudo haber sido?

Se levantó, caminó como sonámbulo dirigiéndose al interior de su gran apartamento.

—¿Dónde está?

—¿Quién?, ¿de quién hablas?, ¿estás bien? —respondió con curiosidad su hijo.

—Ella, ella…

—¿Quién es ella? Papá, estamos tú y yo solos, aquí adentro. Te escuché pedir ayuda, por eso entré, porque pensé que necesitabas ayuda, y si no llego a tiempo, te matas. ¿Qué te pasa?, ¿estás buscando la muerte o qué?

—No sé qué me pasa, no sé qué tengo.

Después de una hora, un momento de discusión se inició entre padre e hijo, de repente, una pequeña disputa comenzó.

—He venido a verte, te veo que estás suspendido de la baranda, hueles a alcohol, no hablas nada, solo de una dama que no sé quién es.

—Tienes razón, te pido disculpas, gracias, Uriel.

—¿Cómo has dicho?

El padre se levantó de la silla, y agregó:

—No, quise decir Jeliel.

—Mira, papá, escúchame bien. Uriel ya no está más con nosotros, ¿entiendes? Te pido, por favor, te ruego, entiéndelo, grábatelo en tu cabeza, Uriel ya no está más con nosotros, él está muerto, ahora estoy yo, pero veo que no te das cuenta.

—¡Stop! —levantó la voz el padre—. Uriel no está muerto, él sigue aquí con nosotros, solo que no puedo verlo.

—Acéptalo, papá, tienes que aceptarlo, no podrás ir contra la corriente de la vida, Uriel ya no está más aquí, ni lo estará.

El padre caminó hacia adelante y retrocedió rápidamente.

—¡YA, basta!

—¿Sabes, padre?, no solo tú tienes dolor, yo también, porque Uriel era más que un hermano para mí, él decía que tenía un padre y cuánto quise decir eso yo. Siempre tus ojos fueron hacia Uriel y no hacia mí, eso me mató, pero hubiese, ¿sabes?, hubiese querido ser yo en vez de Uriel quien muriera. Ahora entiende, Uriel está muerto. —Guardó unos segundos silencio Jeliel, miró a su padre y calmamente agregó—: Pienso que estoy muerto también para ti. —Con estas palabras, Jeliel abandonó el apartamento.

Cam tomó asiento, se llevó sus manos al estómago en señal de dolor, se condujo al baño con intención de vomitar y arrojó un chorro de sangre. Luego de haber arrojado dicha sangre, el timbre de la puerta principal sonó. Cam alzó la mirada y se dirigió a abrir la puerta, pensando que era nuevamente su hijo, pero era aquella dama esbelta que estaba hace unas horas en su apartamento, la dama quien había marcado su vida.

—Ya vas a parar con tu teatro —dijo la dama y se introdujo al salón. Cam la siguió, frotaba sus ojos, y decía:

—¿Quién eres?

—Me parecería muy lógico y respetuoso de decirme primero, gracias por haber salvado tu vida, ¿no?

—Disculpa, pero no fuiste tú, fue Jeliel, pero dime, ¿quién eres?

—Yo soy la persona a la cual no has parado de llamar y de insultar, me has culpabilizado, me has difamado, me has echado casi todo encima de mis espaldas, me has maldecido, encima no reconoces lo que Jeliel te dice, estás completamente ciego, te encanta no ver, dime ahora, ¿qué deseas?

—¿Quién eres?

—Te acabo de decir que no has parado de llamarme estos últimos años y sabes quién soy. Paremos con este chamboneo de palabras y dime qué deseas.

—¿Eres Dios?

Ella sonrió suavemente y dijo:

—Somos todos, una parte de él, pero no soy él en su totalidad, él está conmigo y yo con él, pero no quiero defraudarte, no soy el dios que tú piensas,

—Entonces eres la Vida, ¿no?

—Tanto te demoras algo que ya sabes, ya para, ¿qué quieres de mí?

—Tengo mucho que pedir, deseo recuperar mi vida.

—No vas a poder.

—No me das mucho aliento.

—No he venido para darte aliento, solo para responder a tus preguntas. No podrás recuperar tu vida porque no puedes nunca recuperarme, porque nunca te he pertenecido.

—OK, pero, pero, pero…

—Vamos, hombre, atrévete, porque no tengo todo el tiempo.

—OK, ¿por qué eres tan dura conmigo?

—Yo solo te doy lo que tú me das, en otras palabras, yo te creo a cada instante porque tú me has creado y estoy para servir a aquel que me lo pida. Cuando despiertes de todo esto, verás que yo soy solo alegría y eso lo verás cuando estés a mi servicio, así de simple.

—¿Yo a tu servicio?

—Sí, exactamente, es todo lo que debes hacer, pero lo comprobarás con el tiempo.

—Mi vida es dura y con sufrimientos, quiero rehacerla, quiero retroceder en el tiempo.

—Podrás rehacerla a cada instante, a cada segundo, a cada suspiro, pero no podré regresarte al pasado, esa no es mi función. Para rehacerla tendrás que decidir, y para llevar una vida en paz tendrás que tomar conocimiento, y…

Mientras que la Vida hablaba, Cam estando atrás de ella, tomó un lapicero y se lo introdujo en su espalda, el bolígrafo atravesó su cuerpo unos cuantos centímetros. La Vida volteó su cabeza diciéndole:

—¿Qué estás haciendo?

—Pero, no eres real.

—Lo que no entra en tu cabeza, no es real, sin embargo, estás escuchando mi voz y me estás viendo. ¿Qué es real para ti?

Cam se detuvo, la miró y respondió:

—No lo sé, estoy tan perdido.

—Eso es más honesto, pero no importa, el día vendrá y lo entenderás. Lo que importa en este momento es continuar. No hay fórmula matemática que pueda probar que estoy contigo, solo estoy porque tú estás tomando la decisión de que esté.

—Tú acabas de decir que me das lo que yo te doy, pero yo no te doy dolor, ni sufrimiento —señaló él.

Con un retozo en sus labios, respondió:

—Sí, sí lo has hecho y en repetición, porque desde el momento que tú te trates mal, me tratas mal a mí y, en consecuencia, te das cosas que no quieres darte, pero estás eligiendo dártelas. Yo soy parte tuya y tú me haces, yo solo te otorgo lo que tú me pides y nada más.

Cam atentamente al diálogo agregó:

—Entiendo, a veces me digo que la vida que llevamos es así de complicada o de repente es fácil. Tú dices que eres la Vida y trato de entenderte, cosa que mucha gente se rompe la cabeza en comprenderte. He visto tantas personas de todo tipo, estatus social, de diferentes países, religiones, pobres, ricos, enfermos, deportistas que se quejan de ti.

—Entenderme es como entender a Dios —respondió ella.

—¿Dios?

—Sí, Dios, ¿tú lo entiendes?

—Sí, él es amor.

—Yo he dicho si tú lo entiendes, no lo que es él. Ahora si tú dices que él es amor, es que tú entiendes el amor.

Cam se quedó pensando.

—Te toma tiempo responder, es por eso por lo que no entiendes. Muchos piensan que el amor es complicado, así como también que Dios los ha abandonado, los juzga y otros lo rechazan, y en consecuencia a mí me culpabilizan de la misma manera, intensamente y me etiquetan, porque los facilita no responsabilizarse, y todo para sentirse mejor, pero lo que hacen es justamente lo contrario, se hunden más y más.

—Es verdad lo que dices. Sabes que mi vida es dura y sigue siendo dura, perdí a mi hijo, perdí mi matrimonio, perdí a mi enamorada, y ahora estoy perdiendo mi trabajo,

—Sí, ya lo sé, y también estás perdiendo a tu otro hijo y, sobre todo, a ti mismo.

—¿Por qué dices eso?

—No quieres ver, pero no importa, pero ya vendré en su momento, ahora veamos lo que vives, y lo que vives no tiene nada que ver conmigo, lo que vives eres solamente tu imagen, yo soy otra cosa más superior que tus pedidos y de lo que te rodea.

Cam se exaltó y alzó la voz:

—Tú me has robado a mi hijo, y eso tienes que admitirlo.

—Pasas toda tu vida en echar la culpa a los demás, a señalar a otros porque te es fácil, pero te entiendo, porque no puedes ver o de repente tienes miedo ver.

—Sí, lo veo, así como te veo ahora.

—Sí, ¿crees verme?, y ¿te ves tú?

En un momento dado, la Vida ya no estaba delante de él, se encontraba detrás, Cam volteó la mirada y ella volvió a desaparecer, haciendo esto varias veces

—Ya para.

—¿Quieres que pare? Ahora te pregunto yo, ¿estás seguro de que me ves o solo me estás imaginando?

—No lo sé —dijo llevándose sus manos a la cabeza.

—Yo soy lo que soy, una creación simultánea de todos ustedes y de cada uno de ustedes, solamente eso, aunque no lo creas, cada uno me crea y cada uno me construye, y Uriel me creó y me construyó, e inclusive la muerte. En mí suceden cosas que ustedes no pueden entender, cosas que ya están allí, como el dolor y el placer, el amor y el miedo, la desgracia y la felicidad, la vida y la muerte, pero que en realidad están y no están.

—No te entiendo.

—No importa, ahora dime, ¿de qué sirve vivir en el pasado, si no podrás recuperarlo?

Cam bajó la cabeza.

—No lo sé.

—Viviendo en tu pasado, nunca apreciarás tantos regalos de tu presente. Cada uno me construye y cada uno es responsable de cómo lo hace y esto incluye a la muerte.

—¿Quieres decir que escogemos la muerte?

—No respondería tan radical, pero en una gran parte, sí.

—Me estás diciendo que Uriel construyó su muerte.

—Aunque no lo creas, sí, pero no como tú lo piensas, porque en realidad la muerte no existe, es solo la representación de lo que no puedes ver, pero en realidad no existe y existe, diríamos que es un acompañante mío, es un estado diferente.

—Ya no me digas más, estoy muy confundido.

Cam se puso a llorar, la Vida posicionó su mano sobre su espalda y una luz amarilla brotaba de él. Cam alzó la mirada e indicó:

—¿Sabes?, en todos estos últimos años he tratado de buscarme a través de libros de todo tipo, sin encontrar una fórmula que pueda ayudarme a mejorar mi vida, a saber de repente quién eres, saber lo que eres y por qué es tan duro vivir. Bajo este análisis de mi vida también me di cuenta de que no soy lo que he estudiado, no soy lo que hago, ni lo que tengo, no sé quién soy, lo que me engendra dolor, tengo mucho odio contra ti.

—Sí, lo sé.

—Cuando me identifico con algo, tengo una fuerte impresión que me encierro en algo que es volátil, en algo efímero que en realidad no existe, porque es pasajero, mejor dicho, algo que se cobija en mi mente y, sin embargo, tengo que hacerlo para que la gente pueda identificarme y yo pueda vivir, y ¿qué es vivir? Me he pasado mucho tiempo de mi vida observando alrededor mío, de hacerme tantas preguntas y decirme: ¿Qué es lo que quiero?, y si sé lo que quiero, ¿cómo obtenerlo?, y ¿qué hacer para llegar a lo que quiero?, ¿cómo vivir mejor?, ¿cómo puedo salir del pasado? Lo más doloroso e importante es la perdida de mi hijo, eso me derrumbó, me carcome. Dime, ¿por qué es tan difícil vivir en felicidad? Hay una pregunta que me viene seguido a la cabeza y quiero que me respondas tú, ¿esto es lo que eres?, ¿esto eres tú? Definir lo que quiero ya me es a veces complicado, pero en sí, yo sé que existe algo que trasciende nuestra comprensión y nuestra mente, pero mí más gran anhelo y deseo es recuperar mi vida.

—Tu falta de claridad de visión te crea dolor, avanzas y avanzas sin claridad y finges tener confianza y es así como avanzas, este mecanismo es muy delicado y así creas lo que has creado.

—Pero si no he creado nada —respondió él.

—Sí, has creado dolor. Tu falta de coraje de verte a ti mismo fingiendo que tienes confianza y sin visión es funesto. Has caminado así por mucho tiempo y has creado dolor para ti y para aquellos que te rodean. Necesitas humildad, pero para esto tendrás que conocer a ciertas personas, la humildad te hará pedir ayuda, te podrá dar visión y claridad en tu camino, caminarás más despacio y no tan rápido como lo has hecho desde la partida de Uriel.

—Yo pensaba que no tenía nada y que todo se iba a solucionar, pero mírame cómo estoy, fui un hombre seguro y de mucha confianza en mí mismo.

—Te equivocas, Cam, estuviste lleno de orgullo, hasta soberbio eras en ciertas ocasiones. Confundiste luminosidad con confianza y la confianza sin luminosidad puede ser mortal. Cuando empieces a aceptar lo que vives, las cosas comenzarán a tomar otro rumbo y así me recuperarás, no podrás retroceder en ella.

—Pero tú puedes hacerlo, ¿no es así?

—Las cosas son como son, no podrás entender y tú terminarás por aceptarlas. Si regresas al pasado, no podrás cambiar nada, ni detener nada, porque de todas formas pasará y eso es lo que soy, la continuidad en el cambio.

Han pasado años que Cam se hace este tipo de preguntas, continuando cotidianamente en una rutina que lo atosiga y sus preguntas no dejan de cesar. Actualmente Cam vive solo en un gran apartamento, lo que lo lleva fácilmente a la melancolía y a la tristeza muy profunda desde que Uriel dejó de existir. Vivió con la madre de sus hijos diecinueve años y tuvo después varias relaciones con mujeres que no le condujeron a nada, la última que tuvo fue aquella que vivió casi dos años. A veces toma conciencia de lo que tiene, pero a pesar de eso, el vacío aumenta en su interior y sentirse bien es como buscar una aguja en un pajar.

—Dime tú, quiero ver a mi hijo Uriel, por favor.

La Vida lo miró, y con una sonrisa suave se evaporó poco a poco.

—No me dejes, ¿por qué te vas? Solo pido que me respondas, por favor. ¡Regresa!

La Vida desapareció delante de sus ojos apaciblemente. Después de tantas llamadas sin detenerse hasta que, en un momento dado, se quedó dormido en su sofá hasta el día siguiente. Se levantó más tarde de lo debido, llegando una hora tarde al trabajo. Su jefe mandó a llamarlo y como pueden imaginar, recibió una fuerte advertencia, visto que, en las últimas semanas, Cam no se mostraba eficaz como antes. Se retiró del trabajo diciendo que no era eso lo que quería, después de tantos años de haber dado lo mejor profesionalmente, no se sentía útil ni necesario en ninguna parte, porque su miedo y frustración aumentaban consecuentemente.

Camila

Retornó a su casa atravesando las calles, un poco meditabundo permaneció, sin preguntarse nada en ese momento. Seguidamente recibió una llamada de su exnovia, diciéndole que él había olvidado recuperar algunas vestimentas en su casa.

—Hola, ¿qué tal, cómo estás? Sí, gracias por todo, pasaré uno de estos días a tu casa para recuperar mis cosas —respondió él.

Ella, de manera tajante, le dijo:

—¿Eso es todo?

—¿Cómo si es todo? —replico él. Un momento de silencio se instauró y ella replicó:

—Ah, tú me haces reír, nunca entiendes lo que te digo, es más, ¿sabes?, te enviaré tu ropa por correo, así no tienes la necesidad de pasar por aquí. —Y le colgó el teléfono de un porrazo.

—¿Qué he dicho?, ¿está loca o qué le pasa? —interpeló rápidamente y añadió—: ¿Quién entiende a las mujeres?

Llegó a su casa, se cogió de nuevo el estómago porque un pequeño dolor, se preparó una taza de té y se dijo:

—Ah, ¿qué tengo?, quizá sea el estrés que he tenido ahora, este té me calmará.

Se ubicó de nuevo en su sofá, quedose pensando sin concluir lo que lo condujo a que se durmiera repentinamente. Al día siguiente, sábado, decidió ir a la casa de su exnovia para recoger la ropa que le faltaba.

—Hola, ¿cómo estás? —saludó Cam.

—¿Qué haces aquí? —respondió ella.

—He venido a buscar mi ropa, para que no te molestes en enviármela, estuve de pasada por tu casa y me dije, me doy un salto.

—No te hubieses molestado, porque no me costaba nada enviártela por correo, espera, te la voy a buscar.

Ella regresó hacia adentro dejándolo en la puerta de su casa. En ese momento, el perro de ella salió repentinamente y Cam lo cogió antes que se escapase hacia la calle. Cargándolo suavemente y acariciándolo, se lo entregó a ella en sus brazos.

—Toma, lo cogí antes de que se escapara. —Él la miro y le dijo—: ¿No me dejas pasar?

—No, disculpa, es que estaba a punto de salir.

—¿En pijama? —preguntó Cam—. ¿Qué tienes contra mí?, estás agresiva y sin razón alguna, mira en el fondo tuyo y dime, ¿qué tienes?

—No tengo nada, y voy a salir en cinco minutos —respondió ella con un gran suspiro.

—No sé si eso es lenguaje de las mujeres o es el tuyo en especial, egoísta y fría —agregó repentinamente.

Ella lo miró fijamente y de manera penetrante, le dijo:

—¡Tú has sido egoísta conmigo!, solo buscabas tus deseos de llenar tu ego, y no pensaste nunca en mí, yo te di todo lo que pude y con corazón, ni siquiera unas gracias recibí. La mínima cosa que se puede hacer es al menos llamar y decir cómo estoy, ¿no te parece? Me di cuenta tarde lo que eras, ahora quiero que te retires de mi vida, llévate tu ropa y deseo estar sola.

—En fin, eso era. —Él sonrió y añadió—: Disculpa si hice algo indebido, estás en cólera y no deseo discutir, tomaré mi ropa y no te incomodare más.

—¿Ves?, ni coraje tienes para batallar por algo que quisiste.

—No quiero pelear, solo quiero entender.

—¿Entender, qué? ¿Que eres egoísta?, escucha, acepta lo que pasó y vive el presente, te escapas de tu realidad y no vives tu vida, no podrás recuperar el pasado y eso es lo que te lleva al egoísmo. Mírate cómo estás, te veo desarreglado, hueles a alcohol, ¿qué te pasa?

Estas palabras resonaron en él, guardó silencio, solo atinó a decir:

—Tienes razón, pero yo solo he venido a verte.

—¿Y por qué no lo dijiste antes?

—Disculpa, pero tú tampoco eres clara, sabes lo que viví y sabes que me cuesta mucho, pero no quiero discutir más de eso. Me votas, me jalas, ¿quién te entiende?

En ese momento de emociones, el nuevo dolor lo acogió y esta vez más fuerte que la última vez, se llevó sus dos manos al estómago y se dobló repentinamente. Ella le dijo:

—¿Qué te pasa?

Él levantó la cara, y tenía algunas gotas de sangre en la boca, poco a poco se desvanecía viendo el rostro de ella evaporarse, la voz de ella acompañada con algunas palabras, resonaba en eco y no pudo en consecuencia más pararse. Ella lo cogió y lo llevó al hospital, quedándose con él casi todo el día. Una vez allí, con los médicos, Cam perdió casi el conocimiento y recibió la noticia: tenía un tumor en los intestinos, sin saber si era maligno o benigno.

Ella responde al nombre de Camila, una mujer de unos cuarenta y seis años, de baja estatura, tipo latina, como le gustaba a Cam, fuerte carácter y muy dominante, teniendo una debilidad, el de hacerse seducir por los hombres y controlar todo a su paso, la razón principal por la cual Cam le pidió terminar la relación. Cam era más directo y transparente que ella, quien transigía era ella, por muchos años, etapas de abandono. A pesar de su dolor, cosa que él se dio cuenta en los dos años de relación, que esta actitud de ella lo hizo tomar la decisión de separarse, a pesar de los sentimientos que él tenía hacia ella.

Cam salió del hospital con medicamentos prescritos. Camila lo condujo a la casa de él, llevándolo al dormitorio de su apartamento y lo ayudó a caminar, para recostarlo en su cama.

—No, en mi cama, no, me voy hacia el sofá —dijo él.

Ella le preparó un té, y le puso una colcha por encima. Cam le agradeció por eso, y le dijo:

—Otro día pasaré a recoger mi ropa, lo siento mucho. —Y con tristeza en los ojos, comenzó a dormirse, a causa de que había recibido un relajante y un somnífero.

—No te preocupes por tu ropa, yo te la traeré.

Él llevó su mano hacia la cara de ella y le dijo:

—Perdona por todo. —Y guardó en su mente el rostro de aquella esbelta dama, la Vida. Poco a poco comenzó a entrar en ese universo de sueños, borrándose de nuevo de su mente el rostro de la Vida, apareciendo por momentos la de Camila, al mismo tiempo una confusión del sonido de voz entre Camila y la Vida.

Al día siguiente se levantó, como si nada hubiera pasado, no tenía dolor, se dirigió hacia su baño para tomar una ducha. Se acordó del día de ayer, tomó su teléfono y llamó a Camila quien no respondió la llamada. Encontró su hoja donde había desahogado sus frustraciones y recordó nuevamente su estado de infortunio y el acontecimiento del día de ayer. Trató de calmarse, diciéndose:

—El doctor me ha dicho que mis emociones crean ácido y lastiman la úlcera que tengo, entonces me controlaré.

Fue a la cocina donde había dejado sus medicamentos. «¡Qué raro!, las dejé ayer aquí, ¿dónde las habré dejado?». Buscó por todos lados y no encontró nada. «Bueno, ya las encontraré».

Tomó nuevamente unas hojas en blanco A4, preparado a escribir todo lo que había escuchado el día anterior. Escribía a la Vida pidiéndole que regresara, se empeñó tanto a esta idea que la vida existía como una entidad que dominaba sus sentimientos y emociones deseando dialogar cada día con ella, mencionando que la conversación no había acabado. Se levantó de su sitio de costumbre y se miró frente al espejo de su sala. «Ven, por favor, ¡ven!». Después de algunos minutos, llamó a Camila.

El teléfono sonó muchas veces, pero sin llegar a contactar con ella. Esa misma tarde, Cam encontró a Camila en el supermercado y la conversación se reinició nuevamente con respecto a la salud de Cam, quien evadía cada pregunta. Después de unas horas de discusión, terminaron en el apartamento de ella e hicieron el amor.

—¿Qué significa esto para ti? —le preguntó ella.

—¿Y para ti? —respondió con una pregunta él.

—No puedes responderme, eso es lo que no me gusta de ti, te evades, no afrontas, solo soy para ti un desfogue de tus emociones, de tu dolor.

—No, no, solo que me gusta estar contigo y para ser honesto, no sé lo que quiero,

—Pero ¿quieres estar conmigo?

Cam la miró, la abrazó fuertemente y le dijo:

—No deseo hacerte daño, te llamaré, te lo prometo.

Tomó su ropa, se vistió, le pidió perdón y salió del apartamento.

Segundo diálogo con la vida

Una vez en su casa, retomó sus hojas y encontró una frase. «¿Estás listo?». Dio vuelta a las hojas sin encontrar nada. Soltó inmediatamente lo que tenía en su mano dejándolo caer y tembloroso posicionó las hojas en su lugar, no puede ser, ¿qué me pasa?, se decía en su mente. Retomó su bolígrafo, sentándose en su sofá, listo para escribir.

Existe algo en nuestro interior de cada uno de nosotros, algo que nos acaricia, nos calienta, nos cosquillea que de una forma u otra nos interpela y de repente acabara por cumplirse o no, la verdad, no lo sabemos. Cada uno de nosotros vive emociones que nos hacen perder o crear realidades diferentes y a veces no se sabe qué es real o no. Este instante o en otro, en el momento de dejar este mundo o en otras vidas, tendremos de repente respuestas a preguntas que cada uno de nosotros se las hace, y la de Cam no tiene todavía respuesta.

Una semana más tarde, después de haber escrito hojas y hojas, sentado siempre en su viejo sofá, alzó la mirada hacia ese pequeño espejo y agregó con énfasis sobre las hojas donde escribía:

«SÍ, tú, Vida, tienes bravura a regresar, yo estoy dispuesto a escucharte y esta vez con más atención, porque yo sé que tú existes y has conversado conmigo, sé que lo que viví hace unos días fue real, regresa, te lo suplico, tú puedes hablar si te lo propones, regresa, por favor, y te tomare más importancia, disculpa si te falté el respeto».

Al cabo de dos horas, tomando las hojas y cerrándolas fuertemente en sus manos, las lanzó contra el espejo diciendo:

—No tienes un puto coraje de regresar, de responderme lo que te digo, sabes, ándate a la mierda, y ya no quiero nada de ti…

El dolor lo invadió y se dobló en posición casi fetal por unos minutos, retomó luego consciencia, buscó las hojas que había lanzado, las abrió y escribió:

«Voy a tomar el toro por los cuernos y exigirte que regreses. En estos años de dolor, dime: ¿Cuál es la razón que yo continúe viviendo?, ¿por qué me es tan difícil vivir?, ¿por qué para unos les es fácil y para mí no? A pesar de lo que me hayas dicho, sabes no consigo nada contigo, no aprovecho nada de ti, si dices que eres vida, entonces enséñame a vivir, si me queda algo de vida, ¿cómo hago para sentir un poco de ti? Pienso que tú eres responsable de todo esto, de este dolor humano, vida, y lo gracioso es que sé que me escuchas, pero no te atreves a regresar y confrontarme».

Se recostó en su sofá, dejó las hojas caer poco a poco de sus manos, desparramándose estas por el suelo de tal manera que él podía alcanzar a leer algunas hojas que había escrito. Fijó su mirada en una de ellas y encontró una pregunta: «¿Estás verdaderamente listo?». Dilató su mirada, frotó sus ojos, no encontrando nada más. Antes de entrar al universo de los sueños, dijo apaciblemente:

—¡Por favor, regresa ahora!

Era las 15 horas de un domingo, se levantó gradualmente, sin esperar nada; escuchó una voz que decía: «Cada instante cambia». Cam se levantó de sopetón, ¿estoy loco?, ¿qué me pasa? Sacudió la cabeza rápidamente de izquierda a derecha, preguntándose, ¿qué me pasa? La voz no vino más, Cam se dirigió a su baño para echarse un chapuzón de agua en la cara, se detuvo mirando la imagen de su rostro en el espejo, luego se desnudó para tomar una ducha; en ese preciso momento, al salir del baño y cuando abrió la puerta, la dicha dama muy bien vestida, elegante en su paso y segura al mismo tiempo, se encontraba parada frente a la puerta, lo miró fijamente diciéndole:

—¿Estás listo?

Cam dio un grito casi femenino, un grito de susto, tomó la toalla poniéndosela alrededor suyo. La Vida se dirigió al salón y le habló:

—Me vas a escuchar, de una vez por todas, vas a parar de quejarte, hasta un sordo te escucha. No te sientas mal si te veo así, porque así veo a todos.

Él se colocó su bata y no tuvo otra cosa que dejarla hablar, cosa que esa garbosa dama ya se había impuesto de antemano en su actitud.

La miró fijamente y las palabras se extinguieron en su garganta, dudaba y el cuerpo se le trepidaba. Ella tomó silencio, lo miró a los ojos y dijo:

—Te faltó decir: «Estamos viviendo crisis o momentos difíciles en esta vida», «la vida es un combate», o «la vida hay que ganársela», o «qué dura soy» o «qué difícil te la hago» ¿no? o también, «ya no es como antes» o de repente esta, «la vida es cruel» Es verdad, ya no es como antes, esta frase encierra mucha verdad, pero no como muchos la piensan, sino como una simple pregunta de decirse: ¡basta, puedo cambiar!, levanta tu mirada y escucha esto, una parte mía es el cambio, todo lo otro depende de ti.

»Ah, los hombres, no han parado de invocarme y acusarme hasta molestarme, y ahora me dices: ¿Quién soy?, yo sé lo que soy y tú sabes. ¿Quién eres tú? Vamos, que no tengo mucho tiempo y vayamos al grano.

Se sacó su gran chaqueta colocándola sobre las manos de Cam.

—Me suponía que no sabes lo que eres y que eres uno de esos más que culpabilizan a otros y no se ven ellos mismos.

Ella se dirigió hacia su balcón, observando toda esa hermosa vista que Cam privilegiaba desde su apartamento, se hincó desde la baranda hacia adelante.

—¡Oh!, si desde aquí te caías, te iba a doler mucho, y como estás acostumbrado al dolor, te ibas a matar, pero en realidad no ibas a morir, solo cambiabas.

—Yo sabía que tú lo sabías, eso pasó ayer, ya sabía, tú me lo estás confirmando —se interpuso él.

—Claro que pasó, ey, despierta, todo está sucediendo y punto. Desde este lugar, de un noveno piso, puedes ver mucho y lejos de aquí, pero no te puedes ver tú mismo, entonces de qué sirve tener algo que no nos otorga satisfacción.

Entró ella hacia el salón, lo miró y guardó silencio, solo atinó a levantar la cabeza en señal de decir, vamos, habla, ¿hasta cuándo te vas a torturar?

—Eh, eh, eh, tú, tú eres la persona a quien siempre quise ver —dijo él.

Ella continuó moviendo la cabeza y tomó asiento en el sofá preferido de Cam.

—Sí, ya sé, este es tu sofá preferido, pero eso no es lo importante en este momento, dime: ¿Qué quieres saber?

—No puedo creerlo, no lo creo.

—Entonces, ¿te has estado divirtiendo conmigo? Si ese es el caso, entonces me retiro en este instante.

—No, no, no, por favor. No puedo permitir divertirme contigo, pero quiero que me entiendas, no es fácil creerlo. Déjame servirte un té, por favor.

Cam se levantó rápidamente acercándole una tetera caliente y en el momento de servirle, unas gotas hirviendo cayeron sobre dicha dama y traspasaron su piel. Cam quedose doblemente sorprendido y perduró en silencio. Ella tomó la tetera hirviendo con sus manos.

—No, no, espera, te vas a quem…

—¿Quemar? —respondió ella—, ¿eso querías decir?

—Sí, sí —respondió Cam con movimientos lentos casi aturdidos.

—Bueno, hijo, yo he escuchado tus preguntas y vayamos al grano porque el tiempo transcurre y para que transcurra necesita movimiento.

Cam tomó una silla y suavemente la posicionó delante de ella, sus movimientos eran lentos y con un respirar profundo y sigiloso, no dijo nada.

—Vamos, vamos, Cam, ¿qué quieres saber?

—¿Por, por, por qué es tan dura la vida?

—Ey, aprovecha este momento y regresa en ti, lo que quieres decir es por qué soy tan dura, ¿no?

—Eh, eh, sí, —siguió sorprendido él—, sí.

En un momento pensó que era solo una señora que se introdujo en su vida para hacerle una farsa, pero lo que le hizo salir de esta hipótesis es que ella sabía exactamente lo que él había pronunciado y había hecho, las palabras exactas que había dicho, las cosas que había hecho y escrito. Esto hizo simplemente que creyera. Se dijo: «este instante es un regalo y lo aprovecharé». Dejando muchas cosas sin cumplir en ese momento solo atinó a mirarla, preguntar y escucharla. Repentinamente se sintió cada vez más tranquilo, era como si la tranquilidad cazara sus angustias. Se sentó, respiró suavemente y la sed de conocer respuestas a sus preguntas ganó su mente.

—Del momento que respiro, yo creo vida o de repente ella me crea, ahora que estoy frente a ti, te pregunto directamente, ¿eres tú, vida?

Ella lo miró y le dijo:

—Vamos, no pierdas tiempo, sabes muy bien que sí, pregunta algo que valga la pena, como, ¿es que tú me has creado?

—¡Exacto! —dijo él con ímpetu.

—No, no soy yo quien te ha creado, como no creo a nadie, ni creo nada, esa no es mi función, por el contrario, tú me has creado, y el conjunto de todo lo que posee energía me ha creado.

Le preguntó si podía tocarla, y ella se lo impidió diciéndole que, si lo hacía, ella desaparecería. Él creía en espíritus, creía en ángeles, hasta en extraterrestres, pero esto era increíble, tenía a la VIDA frente a él, por segunda vez en su propio apartamento.

—Espérame, ya regreso rápidamente —dijo.

Se levantó de improviso, y se dirigió al baño echándose un chorro de agua hacia su rostro. Cuando retornó, ella ya no estaba allí.

—¿Dónde estás? ¿Dónde te has metido? No te vayas, por favor, regresa.

Ella se había ido, dejando la taza de té sobre el sofá.

—No puedo creerlo, ¿qué me está pasando?, ¿estoy soñando?

Trató de recentrarse, se ubicó sobre su sofá, fijó su mirada al pequeño espejo frente a él y la silueta de aquella dama permaneció en su mente. «¡Qué idiota soy! En vez de aprovechar el momento y hacerle preguntas, me quedo como un perfecto idiota», se dijo.

Nael

Tres días más tarde, Cam retomó su vida. Era un miércoles, al mediodía, en plena pausa en su trabajo, como de costumbre, sus colegas de trabajo se reunían frente a una gran cabaña bajo el sol, a unos 26 grados de temperatura. El diálogo entre ellos era expresivo, entre bromas y cosas de la vida. Cam tenía un gran compañero de trabajo «Joe» que se conocían hacía casi 25 años. Trabajaban en el mismo sector y la amistad los llevaba a una confianza íntegra.

—¿Cómo estás, Cam?

—Bien.

—Te veo raro desde hace algunos días, ¿pasa algo?

—No, no pasa nada, ¿por qué?

Él sabía que su comportamiento había cambiado, pero no pensó al punto que un amigo lo había captado.

—Caaamm, no me mientas, pienso que te conozco, estás raro, estás en tu mundo, hasta te he visto hablar solo en el almacén, en sí, siempre te ha gustado hablar solo, pero esta vez me parecía que estabas invocando un espíritu.

Cam se sorprendió con lo que le dijo su amigo. Trató de disimular, diciendo:

—Ah, sí, estaba cantando una canción en voz alta.

—No me digas bobadas, porque en todo caso, no fue lo que vi. Cam, a veces me preocupas, ya no eres el mismo de antes, tienes que voltear la página y continuar con tu vida, sigue adelante, por favor, y no te pares, yo siempre estaré a tu lado, como un amigo. Si hay algo que te preocupa, acuérdate que estoy aquí, solo dame una señal.

Joe lo tomó por el hombro, levantándose y retornando a su trabajo. Al final de la jornada, Cam regresó a su casa, dirigiéndose hacia su sofá con la intención de relajarse y continuar. De repente, su celular se alumbró, un mensaje recibía de su amigo Joe: «Te tengo una gran sorpresa que te va a encantar, ¡llámame!».

Cam no tuvo ninguna intención de llamarlo, quedándose dormido con una botella de cerveza en la mano.

Al día siguiente Joe lo llamó, pero Cam no respondía, lo que llevó a Joe a visitarlo a su casa.

Cuando llegó a la casa de Cam, después de haber tocado la puerta, sin que su amigo abriera, Joe entró, encontrando a su amigo dormido con la ropa sobre el sofá, emanando un olor fuerte a alcohol. El apartamento descuidado, sin limpieza, todo completamente desordenado. Joe lo despertó retirando la botella entre sus dedos. Cam se despertó, diciendo:

—Ah, ¿qué pasa?

—Ay, Cam, me preocupas, amigo. ¿Qué estás haciendo?

Lo levantó, lo llevó a la sala de baño, ayudándolo a lavarlo, le hizo de comer, y en todo este tiempo Cam regresó en sí mismo.